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Las burradas de Clarín
(agorafobia)

Grupo Elron
Sección Autoconocimiento y Salud - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

¡Bienvenido!

Un prestigioso diario como lo es Clarín debería

tener buen cuidado en no emitir notas falsas,

especialmente en materia de salud…

Las burradas cuando no provocan ningún daño sólo causan risa, pero en materia de salud siempre son dañinas –y obviamente generan severo karma– porque apartan a los enfermos del verdadero camino de la curación.


L. Ronald Hubbard, el más eminente científico del siglo XX, descubrió la existencia de la mente reactiva y los engramas, que son los causantes de todas las enfermedades mentales, y tales descubrimientos, junto con la técnica para eliminarlas del planeta, fueron hechas públicas en su libro, best seller mundial, “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”, editado por primera vez en 1950. Más información aquí.

JORGE R. OLGUÍN 
Los medios de comunicación son responsables de la difusión de las verdades científicas que contribuyen a la evolución humana, y por eso el periodista que se precie de tal debe estar siempre actualizado y abstenerse de publicar informes que son completamente obsoletos, no importando la supuesta alta autoridad de donde provinieren, especialmente de la Psiquiatría y el Psicoanálisis, que son las profesiones más atrasadas del planeta.

 

 

¿Qué es una burrada?

Una burrada es decir lo que nunca se hubiera

dicho  de haberse sabido lo que debía saberse. 

(Diccionario de la Real Academia Española)

 

Según la Psiquiatría la agorafobia es fundamentalmente el miedo a los espacios abiertos y de hecho su nombre significa eso: agora=plaza; fobia=miedo, y que muy a menudo está presente junto con otros trastornos de la ansiedad, como el de pánico o fobias específicas.  Sin embargo, la agorafobia es simplemente una enfermedad psicogénica (no psicosomática, como se dice por error terminológico) y desaparece cuando se elimina el engrama que la causa.

 

 

Este artículo fue publicado por el diario Clarín el 7 de febrero de 2006. La burrada consiste en que se hace creer que la solución está en la Psiquiatría (¡la Psiquiatría ignora totalmente la causa de la agorafobia!) y que la única salida es que el enfermo tiene que afrontar las situaciones que le provocan la enfermedad para solucionarla. Es casi imposible concebir una terapia más aberrante que ésta.

 

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SALUD

Agorafobia: la enfermedad de los que no pueden salir del encierro

 

Un miedo insuperable a salir de casa, a estar solo o entre la gente. Algunos no saben que tienen agorafobia hasta después de muchos años de permanecer recluidos. Aquí, una historia y su recuperación.

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Por María Farber. Especial para Clarin.com.

conexiones@claringlobal.com.ar

 

“Nunca pude identificar la zona exacta ni definir con precisión la molestia, pero sí lo desagradable que se sentía: una especie de opresión que me dejaba, de golpe, sin aliento. Al principio era más frecuente con la práctica de ejercicios físicos o al realizar algún esfuerzo, pero con el paso del tiempo se repetía a cualquier hora y en cualquier momento: manejando, comiendo, e incluso me sorprendió durmiendo”, relata Silvia Linares Vilarasau, 33 años, española, que vive en Barcelona y es ingeniera química. Así fue, según recuerda, como empezaron los síntomas de su agorafobia, una enfermedad que ella no sospechaba que tenía hasta dos años después, cuando su situación ya le resultaba insostenible.

 

“La sensación de ahogo era cada vez más intensa y frecuente y con ella, venía el miedo. Había renunciado a mis aficiones (jugar a tenis, pasear a mis perros), incluso me daba pánico subir las escaleras hasta el tercer piso del edificio donde vivía. Poco a poco, pero de forma progresiva, yo misma, incitada por el miedo, ponía obstáculos a mi vida, que se limitaba al trabajo en un pequeño taller familiar y a la lectura”. Silvia, como la mayoría de quienes padecen agorafobia, lo primero que pensó fue que el problema estaba en su cuerpo. “La gente da vueltas por las guardias, ve al médico clínico, al cardiólogo. Cree que es algo físico porque siente sofocación, taquicardia y mareos. Pero la respuesta es siempre la misma: que no tienen nada”, explica Enzo Cascardo, director del Centro IMA (http://www.centroima.com.ar/) y vicepresidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad.

 

“Hasta hace un tiempo, desde los primeros síntomas hasta la consulta con un psiquiatra pasaban, en promedio, unos siete años. Ahora es menos, según nuestros estudios, entre uno y cinco años”, explica Cascardo. El encierro que caracteriza la enfermedad es el resultado de evitar, en principio, algunos lugares o situaciones que generan el temor de sufrir una crisis de pánico, hasta que esas evasiones se convierten en regla general y la persona queda limitada a su propia casa. A Silvia, los cerrojos la iban aislando en forma progresiva, primero evitaba salir a la calle sola, hasta que se le hizo imposible hacerlo acompañada. Entonces se recluyó en su casa, pero tampoco fue suficiente para mantenerse calmada.

 

“La enfermedad iba ganando terreno. Un día estaba sola y empecé a sentir esos síntomas tan molestos. El saber que no había nadie y que empezaba a sentirme tan mal, como si tuviera que sucederme algo muy grave, aumentaba los síntomas. Intenté distraerme pero fue imposible, estaba al límite del desvanecimiento. Desesperada, llamé a mi hermana mayor. Quedarme sola en casa había pasado a ser otro obstáculo”, cuenta Silvia. Después se agregó el miedo a las personas. “No hacía falta que fueran grandes multitudes ni gente desconocida. Cuando nos reuníamos en la mesa para comer mis dos hermanas y mis padres me sentía nerviosa, no podía seguir la conversación ni prestar atención a la televisión. Mis esfuerzos se concentraban en evitar un ataque de pánico”.

 

La tarde en que no pudo ir al bautismo de su sobrina, Silvia tocó fondo. Hasta tenía un vestido que le habían regalado para la ocasión, pero la impotencia pudo más. Y no sólo no podía participar, además se sentía culpable por “obligar” a su novio a quedarse con ella, porque tampoco podía estar sola. Sentada en el piso de la cocina, se dio cuenta de que le era imposible llevar una vida normal. “Un día que tenía que ser especialmente feliz se convirtió en uno de mis peores momentos. La desesperación me llevó al consultar a un psiquiatra, en noviembre de 2003, casi dos años después de los primeros síntomas. Ese fue el mayor esfuerzo de mi vida y sólo alguien que haya sufrido agorafobia puede valorarlo.”

 

Recién entonces Silvia supo que tenía agorafobia. Fue de gran ayuda para ella y su familia, porque no solamente había un nombre y una explicación para su padecimiento, también había un tratamiento. Dice Cascardo que la primera visita al psiquiatra es un alivio para el paciente. “Lo primero que se hace es informar al paciente, explicarle que el índice de recuperación para estos casos es altísimo, que en un plazo de meses van a poder hacer lo que no hizo en años. Entonces deja de llorar y aparece una sonrisa”. Las posibilidades de mejorar son buenas, no mágicas. Hay que encarar una terapia cognitivo-conductual y farmacológica, y, según Cascardo, en un promedio de cuatro meses la calidad de vida mejora muchísimo.

 

Además de conquistar sus primeras victorias en el tratamiento, que implica afrontar las situaciones de temor, Silvia sintió la necesidad de escribir sus experiencias. Dos años después, eso se convirtió en un libro que espera publicar en breve. “Lo escribí mientras me recuperaba, no después, y en él cuento todas las estrategias que la enfermedad me obligó a aprender para superar mis salidas en el mismo momento que me enfrentaba a ellas”. Ese libro para Silvia cristaliza el éxito de su recuperación y espera que a otros pueda mostrarles la luz al final del camino.

 

“Ahora me siento muy bien, recuperé completamente mi independencia y hago todas mis salidas sola. También trabajo con absoluta normalidad, viajo en auto, y nunca me siento acechada por el miedo. Llevo un tiempo largo en el que ya no necesito tomar ansiolíticos para superar mis salidas y no siento ninguna dependencia. Yo misma me puse a prueba hace unos tres meses: viajé sola en avión, pasé unas horas en un centro comercial bastante concurrido, comí allí mismo y compré sin ningún síntoma extraño”.

 

LA VERDADERA CAUSA DE LA AGORAFOBIA

 

POR HORACIO VELMONT

 

SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE L. RONALD HUBBARD

 

La agorafobia, como todas las fobias y los trastornos mentales, tiene su origen en la mente reactiva, más precisamente en engramas que ordenan imperativamente esa conducta de pánico.

Los psiquiatras, al ignorar la causa de la agorafobia, han inventado el descabellado sistema de hacerle afrontar al pobre infeliz que la sufre todo aquello que le cause miedo.

Este sistema, propio de mentes perversas, es apoyado por el diario Clarín, que no pierde oportunidad de difundir estas deleznables terapias al publicar los artículos de la Psiquiatría o del Psicoanálisis, otra terapia aberrante que también está en el banquillo de los acusados.

Veamos entonces, para clarificar esta cuestión, cómo puede producirse el trastorno de la agorafobia:

Supongamos cualquier situación en la que una persona tiene un accidente en el cual queda desmayada o con pronunciada reducción analítica.

En esta situación de no supervivencia entra a funcionar de inmediato la mente reactiva, la segunda mente del hombre, que es un mecanismo de supervivencia previsto precisamente para circunstancias en que la mente analítica queda fuera de combate.

Supongamos que en ese momento algunas personas que vieron el accidente se acercan para ayudar y una vez al lado del accidentado entablan el siguiente diálogo:

 

– Se lo ve muy mal, hubiera sido mejor que hoy no saliera de su casa.

            – Sí, a veces es mejor quedarse en casa. Bueno, a mí siempre me dieron miedo los espacios abiertos. Cuando uno se queda en casa encerrado nunca le ocurre nada malo.

– Es cierto, yo por ejemplo cada vez que tengo que acompañar a Pepe al estadio de fútbol tiemblo de miedo, tengo náuseas, realmente no sé qué es lo que me sucede y por eso siempre que puedo no salgo y me quedo en casa mirando televisión.

 

Estas palabras, que en otras circunstancias serían anodinas, quedan inevitablemente grabadas a fuego en la mente reactiva (es decir, a nivel celular) de la víctima y más tarde operarán como órdenes hipnóticas de alto poder porque contienen dolor como parte de su contenido, que es el que potencia la compulsión del engrama.

Naturalmente que no es necesario para sufrir de agorafobia que la persona tenga implantada la orden engrámica de tener miedo a los espacios abiertos, ya que cualquier engrama, no importa su contenido verbal, puede producirla.

Esto es así porque la mente reactiva no interpreta los engramas racionalmente, sino irracionalmente, siendo por lo tanto las consecuencias impredecibles. La agorafobia no es más que una de esas consecuencias impredecibles.

Como la mente reactiva es por su propia naturaleza inherente una mente literal, todo lo interpreta según la ecuación A=A=A=A, es decir, cualquier cosa es igual a cualquier cosa: “tuvo” es lo mismo que tubo; “va riendo” es lo mismo que barriendo; “acecinar” (ahumar) es lo mismo que asesinar, y “matar” a alguien a besos es exactamente eso, matar…

Cuando a través de la terapia dianética se encuentra y eliminan los engramas causantes de la agorafobia o de cualquier fobia o trastorno mental, automáticamente desaparecen tales trastornos.  

Por eso, cualquier tratamiento que no sea el de eliminar los engramas que los causan es lisa y llanamente un disparate y quien lo utilice o fomente debe ser denunciado como alguien que intenta cercenar la cordura de un ser humano.

Originalmente el concepto de Agorafobia hacía referencia al miedo intenso a los espacios abiertos (del Griego, “agora”: plaza pública, donde los antiguos griegos se reunían a dialogar y a debatir).

En la actualidad, la Psiquiatría incluye también en este término la presencia de alguno de los siguientes síntomas:

 

Miedo a salir solo/a del hogar o a alejarse de él.

Miedo a situaciones o lugares en donde escapar pueda resultar dificultoso o avergonzante. Por ejemplo un estadio de fútbol o un cine repleto donde  la salida se encuentre obstruida o exista dificultad para "huir" en forma inmediata.

Miedo a lugares o situaciones que, en el caso de padecer una crisis de pánico, no pueda disponerse de ayuda inmediata

Miedo a viajar en tren, aviones, automóviles  o autobuses. En este caso el temor suele ser proporcional a la distancia que se encuentra del hogar o del lugar donde la persona se sienta segura. Cuanto más lejos del "hogar" más miedo o angustia.

Miedo a cruzar la calle.

Miedo a encontrarse en medio de multitudes o embotellamientos de tránsito en donde la vuelta a un lugar "seguro" (generalmente el hogar) sea dificultosa de realizar en forma inmediata.

Las situaciones que provocan agorafobia tienden a evitarse (por ejemplo: viajar o estar solo fuera de casa) o en el caso de realizarse provocan un gran malestar (angustia, ansiedad o miedo) y se hace indispensable la presencia de un ser conocido que brinde seguridad para soportarlas.

Este trastorno, en grado severo, es sumamente incapacitante y dificulta el normal desempeño de las tareas habituales ya sean laborales, familiares o sociales. Por ejemplo: incapacidad para asistir al trabajo o realizarlo con gran esfuerzo acompañado por una persona que dé seguridad. En las mujeres es frecuente que no puedan ir a realizar las compras diarias sin la compañía de alguien. En las formas muy severas de Agorafobia suele haber una incapacidad absoluta de salir del hogar e incluso de permanecer en el mismo sin el acompañamiento de seres queridos que le brinden seguridad.

 

La dificultad de la Psiquiatría para establecer las características que definirían a la agorafobia se debe precisamente a la impredecibilidad de los engramas, cuyo contenido verbal-orden hipnótica puede ordenar cualquier conducta dependiendo del restimulador que en ese momento se encuentre presente.

 

Nota: Estas explicaciones pueden ampliarse en estos links del Grupo Elron:

La mente reactiva automática

Nivel hipnótico de la anestesia

El origen de la estupidez

 

Puede verse un disparatado tratamiento en:

http://www.eita.uji.es/espanol/investigacion/panico-agorafobia/panico-agorafobia.htm

* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html


Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación