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Ed Gein, el carnicero de Plainfield |
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ED GEIN El caso de "El carnicero de Plainfield" es para la Psiquiatría un profundo misterio, porque al ignorar la existencia de la mente reactiva y los engramas todo lo atribuyen a la única mente que conocen, la mente analítica o consciente.
Foto de su última víctima, Bernice Worden, tomada por la policía en el momento de la inspección de su domicilio. El cadáver se encontraba decapitado y con el cuerpo completamente abierto en canal.
El diagnóstico de los psiquiatras que examinaron a Ed fue que tenía un complejo de Edipo (?).
Cuando un engrama se restimula, su fuerza compulsiva es similar a la de un potro indómito, siendo capaz de arrastrar a su víctima a las conductas más descabelladas.
L. RONALD HUBBARD “Los engramas no son experiencia sino acción impuesta. Los engramas son manejados por la mente reactiva, que piensa exclusivamente en identidades, de que todo es igual a todo. Y ellos imponen sus órdenes al organismo blandiendo el látigo del dolor físico. Si el organismo no hace exactamente lo que ellos dicen (y cualquier clear te dirá que es imposible hacerlo), se conecta el dolor físico. Ellos dirigen a una persona como un domador dirige a un tigre, y durante el proceso pueden convertir a un hombre en un tigre sin mucha dificultad y además pegarle la sarna”.
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ED GEIN El carnicero de Plainfield Aparentemente era un hombre inofensivo... pero su personalidad ocultaba un terrible psicópata que convirtió su granja en un matadero humano. Sus espeluznantes crímenes proporcionaron a Hitchcock las bases para su clásica película de terror Psicosis. En la tarde del 8 de diciembre de 1954, un granjero de Plainfield, en Wisconsin, entró en "la taberna de los Hogan" a echar un trago en esa fría tarde de invierno cuando descubre con espanto un gran reguero de sangre que cubría las tablas de madera del suelo. La propietaria Mary Hogan, había desaparecido. El sheriff observó que no había señales de lucha aparentes y que la caja registradora seguía llena, pero determinó que la mujer había sido asesinada y que su cuerpo había sido arrastrado hasta un coche que esperaba fuera. Los informes forenses tan sólo confirmaron las conclusiones a las que había llegado el sheriff y no arrojaron ninguna luz sobre el caso. La desaparición de Mary era un misterio. Aproximadamente un mes después de este suceso, el propietario del aserradero de Wisconsin comentaba el caso con un hombre pequeño y tímido que vivía en una granja de madera a pocos kilómetros de allí. Su nombre era Ed Gein. Gein vivía solo desde la muerte de su madre en 1945 y se ganaba la vida haciendo toda clase de trabajos a los vecinos de Plainfield. Fue su habilidad en este tipo de trabajos, por la que este hombre de complexión débil, mediana edad, pelo rubio y ojos azules empezó a ser conocido entre las gentes del lugar como una persona trabajadora, cumplidora, fiable pero excéntrica. El propietario del aserradero no se llevaba muy bien con Gein. Encontraba extremadamente difícil hablar con él por que a veces éste comenzaba a reír con nerviosismo sin motivos como un desequilibrado, o por sus comentarios inoportunos que dejaban a la otra persona sin saber que decir. En esta ocasión, el hombre recordó que Gein solía sentarse solo en un rincón de la taberna mirando fijamente a la dueña del local absorto en sus pensamientos con una jarra de cerveza, y supuso que estaba enamorado de la mujer. Le sugirió bromeando, que si le hubiese hablado a Mary con claridad de sus sentimientos, probablemente en ese momento estaría en su granja cocinando y esperando a que volviera en lugar de haber desaparecido presumiblemente asesinada. Gein, con un extraño gesto puso los ojos en blanco y le respondió con una de sus conocidas sonrisas: "No está desaparecida. Ahora mismo está en la granja". El hombre se encogió de hombros y no le tomó en serio, después de todo, era el tipo de comentario que se esperaba de él... Nació el 27 de agosto de 1906, hijo de madre austera y fanática religiosa que despreciaba a su débil y borracho marido. Cuando ambos discutían, que solían hacerlo con frecuencia, el hombre se emborrachaba y pegaba a sus dos hijos. Desde el primer momento, la vida de Ed estuvo completamente dominada por su madre, quien se había prometido a sí misma que su hijo no sería nunca como esos hombres lascivos, ateos y alcoholizados que veía a su alrededor. Seguía una disciplina muy dura castigando a sus hijos, e incapaz de darles el consuelo y el amor de una madre. Gein no tubo contacto con otros niños, pues todo el mundo suponía ante los ojos de esa madre una amenaza para la pureza moral de su hijo. Así durante treinta y nueve años hasta que la mujer moría víctima de un ataque al corazón, dejando tras ella un hombre dependiente, reprimido y sólo, en un mundo que apenas comprendía. La mañana del sábado 16 de noviembre de 1957, Ed Gein asesinaba a la dueña de la ferretería del pueblo, Bernice Worden, disparándole una bala con su viejo rifle de caza del calibre 22. También en esta ocasión se llevó el cadáver en la furgoneta, dejando el suelo del local encharcado de sangre. Pero esta vez, habría un testigo... el libro de contabilidad. En su última anotación figuraba el nombre de Ed Gein, a quién habría vendido su último anticongelante. Dos oficiales de la policía arrestaron a Gein, mientras otros dos se dirigían inmediatamente hacia su granja con la intención de llevar a cabo un registro. Al pasar dentro, el sheriff sintió como algo le rozaba el hombro, y al volverse se topó con un cuerpo decapitado de mujer con un profundo agujero en el estómago que colgaba del techo. Después de recuperarse del shock por el horror que habían presenciado, y tras pedir ayuda por radio, los dos hombres volvieron a la casa. El cadáver colgaba de un gancho por el tobillo y con un alambre le habían sujetado el otro pie a una polea. Habían rajado el cuerpo desde el pecho hasta la base del abdomen, y las tripas brillaban como si las hubiesen lavado y limpiado. No había duda que el causante de ese terrorífico espectáculo era una persona enferma. Era difícil de creer que un ser humano pudiera vivir allí. Por todas partes se veían montañas de basura y desperdicios, cajas de cartón, latas vacías, herramientas oxidadas, excrementos, revistas pornográficas, de terror y de anatomía humana, chicles pegados en las tazas y una dentadura sobre el mantel de la mesa... Había varios cráneos por la cocina, algunos partidos por la mitad y empleados como cuencos. Más tarde, en cuanto llegaron más patrullas, se descubrió en el interior de la casa todo el horror que allí escondía. Había varios cráneos esparcidos por la cocina, unos intactos y otros partidos por la mitad y empleados como cuencos. Una inspección más detenida reveló que una de las sillas de la cocina estaba hecha con piel humana, como las pantallas de las lámparas, las papeleras, las fundas de los cuchillos e incluso alguna prenda de vestir, como un chaleco o un cinturón formado con pezones humanos. Entre los más atroces descubrimientos, se encontraron unas cajas con los restos humanos pertenecientes a diferentes cuerpos sin identificar, el corazón y la cabeza amputada de Bernice Worden en una bolsa de plástico, una colección de nueve máscaras de piel humana con el pelo intacto, de las cuales, cuatro colgaban en la pared que rodeaba la cama de Gein, etc. Había decorado el interior de su casa de madera con esas máscaras confeccionadas con tiras de piel procedentes de auténticos rostros humanos y con los cráneos colgados de las columnas de su cama. La única habitación de la casa que parecía normal era una sellada con tablones en la puerta y perfectamente ordenada... la de su madre. Desde que su madre muriera en 1945, doce años antes, la habitación había estado cerrada con clavos como un sepulcro. Ed explicó a la policía después de su detención que después de su fallecimiento, su madre se mantuvo en contacto con él durante más de un año, hablándole mientras se adormecía. Dijo que había sido en esa época cuando desarrolló su fascinación por la anatomía. Le fascinaban los reportajes sobre la operación de cambio de sexo y se planteó el convertirse él mismo en mujer. Gein declaró que tan sólo recordaba, muy confusamente, haber matado a Bernice Worden, y que los demás restos humanos que se habían hallado en la granja pertenecían a nueve cadáveres que había sacado del cementerio. Explicó que en los últimos años sentía de vez en cuando la necesidad de profanar tumbas, y que en algunas ocasiones incluso conocía a las víctimas en vida y se enteraba de sus muertes leyendo los periódicos. Luego, en la noche del entierro, se dirigía al cementerio, sacaba el cadáver y rellenaba de nuevo la tumba (eso lo pudo comprobar la policía más tarde, cuando al exhumar las tumbas, algunas de las que Gein había dicho, se encontraban vacías). Muchos de los objetos domésticos y muebles que se descubrieron a raíz del arresto de Gein, procedían de las profanaciones de tumbas. Unas veces arrastraba cadáveres enteros hasta su casa, otras cortaba las partes más interesantes y se las llevaba como recuerdo. El 30 de marzo de 1958 la casa de Gein fue confiscada, después de difundirse el rumor de que estaba destinada a convertirse en una atracción para turistas como la Casa de los Horrores. De todas formas, su camioneta Ford sobrevivió y se vendió en una subasta pública para ser utilizada en ferias locales con un letrero que anunciaba: ¡El coche de Ed Gein! ¡Vea el coche que transportó a los muertos de las tumbas! En su casa guardaba varias cabezas casi intactas, además elaboraba muebles con la piel y huesos de los cadáveres, asimismo se elaboró prendas de vestir como un chaleco con la piel humana de sus víctimas. Los médicos del hospital Central del Estado deciden que el asesino no está capacitado para ir a un juicio y es internado hasta los años 68, cuando después de un juicio que duraría una semana, se le declara culpable de dos asesinatos, pero al aducirse su locura, es de nuevo internado. El caso de Ed Gein es, desde un punto de vista médico, uno de los más complejos de la criminología. Voyerismo, fetichismo, travestismo y puede que necrofilia, integraban su personalidad. Sin embargo, a medida que se iba conociendo su verdadera historia se hizo evidente que esas perversiones eran meras manifestaciones de una psicosis profunda, un trastorno mental que tenía sus raíces en la relación anormal que tenía con la madre. Cuando los psiquiatras comenzaron a considerar las posibles razones de su comportamiento patológico, supusieron que se trataba de un caso de "Complejo de Edipo", que Gein estaba enamorado de su madre y que a raíz de su muerte se obsesionó en buscar a alguien que la sustituyera, pues se encontraron extraordinario parecido entre sus víctimas y su madre. De niño, buscaba el amor de su madre de manera obsesiva, que le era negado una y otra vez, fue así como en su mente se desarrolló una nueva personalidad, un Ed que odiaba a la mujer. Gein murió por insuficiencia respiratoria el 26 de julio de 1984, tras décadas de reclusión en una unidad psiquiátrica, donde resultó ser un paciente modelo. En la actualidad, sus restos descansan en el cementerio de Plainfield, al lado de los de su madre... Fuente de Información: http://elultimosello.iespana.es
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LOS ASESINOS SERIALES Por Horacio Velmont El caso de Ed Gein, apodado el Carnicero de Plainfield, en realidad no reviste ninguna importancia, salvo para destacar una vez más el terrorífico poder de compulsión que tienen los engramas cuando se restimulan. Naturalmente que se trata de casos excepcionales, porque no todos los engramas restimulados impulsan al asesinato y al canibalismo, pero como ejemplo de su poder vale. Asimismo, da la pauta de la labor extraordinaria que están haciendo los cienciólogos en cuanto al “aclaramiento” del planeta. El aclaramiento del planeta significa lisa y llanamente liberar a todos los seres humanos del contenido engrámico de la mente reactiva. Desde ya que la mente reactiva no puede suprimirse, pero sí los engramas. Una mente reactiva sin engramas es tan nociva como un vaso de agua pura. Incluso a alguien de perversidad extrema como Ed Gein si se le hubieran eliminado los engramas que lo impulsaban actuar así hubiera quedado como manso como un corderito mamón e incapaz de matar una mosca. Sólo con una humanidad clear podremos estar seguros de nuestros semejantes, porque nadie sabe, a excepción del propio Absoluto claro está, el tipo de engramas que tiene cada uno y las consecuencias que puede acarrear su dramatización. Como se dice vulgarmente, “mejor prevenir que curar”. Y esto es lo que está haciendo Cienciología, tan mal entendida por aquellos que hablan sin haber estado jamás dentro de la organización. Naturalmente que no nos olvidamos de los espíritus del Error, que nunca pierden la oportunidad de alterarles el decodificador a quienes están dispuestos, consciente o inconscientemente, a aceptar sus nefastas influencias. Las atrocidades cometidas por Ed Gein no hubieran sido posibles a tal punto de perversidad sin su participación. Y lo mismo hicieron con Charles Manson y su “familia” (asesinaron a la conocida actriz Sharon Tate), con el Jeffrey Dahmer, "El carnicero de Milwakee" (se comía a sus víctimas y guardaba los restos en la heladera), con Ted Bundy, el famoso “El asesino de la carretera”, con Santos Rodino, “El petiso orejudo” (asesinaba niños hundiéndoles un clavo en la cabeza), con Andrei Chikatilo, “La bestia de Rostov”, considerado uno de los mayores asesinos en serie de la historia, y la lista es interminable. Y por supuesto, no podemos dejar de mencionar al legendario “Jack el Destripador”, que dio origen a la jocosa frase “vamos por partes”. Otra cosa para destacar la constituye el diagnóstico, desde ya disparatado, de los psiquiatras que examinaron a Ed, pues concluyeron en que se trataba de un caso de "Complejo de Edipo", aduciendo que Gein estaba enamorado de su madre y que a raíz de su muerte se obsesionó en buscar a alguien que la sustituyera. Este dictamen se basó en que se encontraron extraordinario parecido entre sus víctimas y su madre. También sostuvieron que de niño buscaba el amor de su progenitora de manera obsesiva, que le era negado una y otra vez, y fue así como en su mente se desarrolló una nueva personalidad, un Ed que odiaba a la mujer. ¿Cómo es posible que profesionales que se suponen serios digan tantas tonterías, máxime que hace más de medio siglo que L. Ronald Hubbard publicó su libro “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”, donde daba cuenta del descubrimiento del origen de todos los trastornos mentales. ¿Qué leen los psiquiatras, solamente los Comics? EL PODER DESTRUCTIVO DEL ENGRAMA (Según las enseñanzas de L. Ronald Hubbard) El origen de todas las enfermedades mentales son los engramas. Las aberraciones, entre las que se incluye todo comportamiento desequilibrado o irracional, son causadas por engramas y únicamente por engramas. Todas las psicosis, neurosis, compulsiones, represiones, etc., son causadas por engramas. Y éste es su único origen. No hay otro. Cualquier enfermedad puede ser precipitada por engramas. El individuo tiene un engrama en el sentido de que puede enfermar y en cumplimiento de esta orden general enferma de cualquier cosa que haya a mano. Además, el engrama reduce la resistencia física y como consecuencia el organismo se predispone más fácilmente a la enfermedad. Un engrama es una imagen mental de una experiencia que contiene dolor físico y/o emocional, inconsciencia (analítica) y una amenaza, real o imaginaria, para la supervivencia. Es un registro completo, en la mente reactiva, hasta el más mínimo detalle, de cada percepción presente en un momento de inconsciencia analítica, total o parcial. El engrama, por definición, debe tener impacto (golpe) o lesión como parte de su contenido. Los engramas son mecanismos de estímulo-respuesta, pro y contrasupervivencia, y no están al alcance de la mente analítica como experiencia. Lo únicos momento en los que pueden recibirse engramas son los de inconsciencia analítica, es decir, aquellos en los que la mente consciente se encuentra disminuida en alguna medida o directamente desconectada. Destacamos inconsciencia analítica porque la mente reactiva está siempre alerta, lo que significa que la inconsciencia total no existe: cuando la mente analítica está desconectada está conectada la mente reactiva. ¿Cuál es la diferencia entre un engrama y un recuerdo? El banco reactivo no almacena recuerdos, según el concepto que nosotros tenemos de ellos, sino que almacena engramas. La palabra engrama, en su sentido más preciso, es una huella definida implantada por un estímulo en el protoplasma (sustancia constitutiva de las células) de un tejido. Se le considera un grupo unitario de estímulos que inciden únicamente en el ser celular. La Biología considera al engrama como un registro permanente, pero esto en la actualidad no tiene vigencia porque Ron Hubbard descubrió la forma de borrarlo (Dianética). Es demostrable a satisfacción de cualquiera que el banco de la mente reactiva se encuentra en el interior mismo de las células y no es parte de los bancos de recuerdos o de memoria de la mente analítica, compuestos de células nerviosas. Los engramas se encuentran alojadas en cualquier clase de células y para existir no dependen en lo más mínimo de la estructura nerviosa. Usan y viven de la estructura nerviosa pero no depende de ella, de modo que no nos estamos refiriendo a recuerdos cuando hablamos de engramas, sino a registros celulares del tipo de los registros fonográficos, registros olfativos, registros de sensación orgánica, todos ellos muy precisos. Los registros engrámicos son tan exactos como cualquier otro registro en el cuerpo, pero tienen su propia fuerza. Son semejantes a grabaciones fonográficos o películas cinematográficas, si estás tuvieran todas las percepciones de vista, sonido, color, gusto, sensación orgánica, etc. Sin embargo, la diferencia entre un engrama y un recuerdo es bastante manifiesta: un engrama puede estar permanentemente soldado a todos y cada uno de los circuitos del cuerpo y conducirse como una entidad. Estos engramas poseen fuentes inagotables de poder para mandar al cuerpo. Esto ha sido comprobado en diversas pruebas de laboratorio, no quedando ninguna duda al respecto. No importaba cuántas veces se reactivara un engrama en una persona, su potencia seguía intacta. En rigor, proporcionalmente a su reactivación, cada vez se volvía más capaz de ejercer su poder destructivo. Ahora bien, ¿cuáles son los factores que distinguen a los bancos estándares de recuerdos o de memoria de la mente analítica de los bancos engrámicos de la mente reactiva? Pues el dolor físico y el dolor emocional. El dolor físico y el dolor emocional no se encuentran en los bancos estándares de recuerdos de la mente analítica, sino sólo en los bancos engrámicos de la mente reactiva. Fundamentalmente es el dolor físico el factor que fija al engrama en la mente reactiva, y cuando se lo elimina a través de Dianética dicho engrama pasa automáticamente a los bancos de memoria de la mente analítica, pero ya no como engrama sino como recuerdo (un recuerdo no es aberrativo). Veamos ahora un ejemplo del registro de un engrama. Una mujer es derribada de un puñetazo por su marido y al caer golpea contra el piso y se desmaya. Su mente analítica se desconecta quedando entonces inconsciente y con su mente reactiva conectada totalmente. El marido le da un puntapié y fuera de sí le dice que es una farsante, ignorando que todo lo que le diga y suceda se está grabando en la mente reactiva de su esposa y que esto operará más tarde, cuando el engrama se restimule, como una orden poshipnótica de gran poder. Mientras la esposa está desmayada cae una silla, un grifo de la cocina chorrea estrepitosamente y un automóvil pasa rápidamente haciendo sonar en forma estridente su bocina. El engrama contiene un registro consecutivo de todas estas percepciones: vista, sonido, tacto, gusto, olor, sensación orgánica, sentido cinético, posición de las articulaciones, registro de sed, etc. El engrama de este ejemplo constaría de la declaración completa que el marido le hizo cuando estaba analíticamente inconsciente: los tonos de la voz, el sonido y la sensación del primer golpe y de los subsiguientes, el tacto del suelo, la sensación y el sonido de la silla derribada, la sensación orgánica del golpe, quizás el sabor de la sangre en su boca o cualquier otro sabor presente, el olor de la persona que la ataca y los olores de la habitación, el sonido del motor y de las ruedas del coche que pasa, la bocina, etc. Ahora bien, ¿qué es lo que hay aquí además de sugestiones imperativas? Aquí hay algo nuevo, algo que no está en los bancos estándares de recuerdos de la mente analítica, excepto sus circunstancias: el dolor físico y el dolor emocional. El dolor físico y el dolor emocional, precisamente, son las cosas que determinan la diferencia entre los bancos analítico y reactivo. El dolor físico y el dolor emocional representan la diferencia entre un engrama, que es la causa de todas las aberraciones y un recuerdo. El recuerdo es cualquier concepto de percepciones almacenadas en los bancos estándares de memoria de la mente analítica, el cual es potencialmente recordable por el yo. Así, por ejemplo, una escena contemplada por la vista y percibida por los otros sentidos se convierte en un registro de los bancos estándares de memoria de la mente analítica, y más tarde puede ser recordada para referencias. Todas y cada una de las frases que contiene el engrama pueden considerarse como órdenes. Estas órdenes, cuando el engrama es restimulado, operan contra la mente analítica, de tal modo que hacen que ésta se conduzca de manera impredecible. La mayor parte de estas órdenes contenidas en los engramas no se pueden computar de ninguna forma, ya que son contradictorias o exigen actos irracionales. Precisamente, lo que hace que un individuo esté aberrado es la imposibilidad de computarlas y ponerlas de acuerdo con el pensamiento y la existencia. Este hecho científico da por tierra con todos los esfuerzos de psiquiatras y psicoanalistas de interpretar las razones por las cuales un individuo aberrado actúa de determinada manera: un engrama no es computable. Veamos ahora otro aspecto del mecanismo mental, la racionalización. ¿Qué es la “racionalización” o el “pensamiento justificado”? Al estar las diferentes formas de poder analítico reducido por la influencia o sugestión imperativa del engrama, la mente analítica es incapaz de descubrir ninguna razón verdaderamente válida sobre la conducta del organismo. Por lo tanto, inventa una razón, pues su trabajo es asegurar que el organismo tenga siempre razón. Una vez despertada, la persona hipnotizada a la que se le ordenó sacarse los zapatos y las medias, al ejecutar estas acciones irracionales proporciona una cantidad de explicaciones tontas sobre las “razones” por las cuales lo hace. Así, la mente analítica, observando al organismo entregado a acciones irracionales, incluyendo la palabra, para la que parece no haber explicación, las justifica. El engrama puede dictar todos los diversos procesos que sobrevienen en el curso de la vida. Puede forzar creencias, opiniones, procesos de pensamiento o carencia de ellos y acciones de todas clases, y puede establecer condiciones sorprendentes, tanto por su complejidad como por su estupidez. Un engrama puede imponer cualquier cosa que contenga –y los engramas pueden contener todas las combinaciones de palabras del idioma–, y la mente analítica está obligada, ante el comportamiento o la convicción irracional, a justificar los actos y condiciones del organismo, así como sus propios y extraños errores. ¿Cuántas veces en la vida diaria hemos escuchado las más asombrosas explicaciones “lógicas” para actos descabellados? Esto, entonces, es racionalización o pensamiento justificado, el esfuerzo de la mente consciente por justificar siempre la aberración, sin admitir, ya que por su propia e inherente naturaleza no puede hacerlo, que le ha fallado al organismo. Referencias: “Mente reactiva automática”.
* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación |