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Hipocondría, ¿enfermedad imaginaria?
Grupo Elron
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La hipocondría, llamada también “enfermedad imaginaria”, es un término inventado por los médicos para referirse al paciente cuyos exámenes no registran aparentemente ninguna enfermedad. Entonces diagnostican, en su ignorancia, y obviamente para zafar, que el enfermo imagina estar enfermo. Sin embargo, el supuesto hipocondríaco no inventa la enfermedad porque realmente está enfermo. Que el médico sea incapaz de determinar la causa del trastorno es harina de otro costal…

L. RONALD HUBBARD 

La hipocondría es una enfermedad psicogénica producida por engramas. Si una persona tiene un engrama cuyo contenido verbal le sugiere que en lo único que puede pensar es en lo enfermo que está y que hará suya toda enfermedad sobre la que lea, esto le hará reaccionar como un hipocondríaco. Cuando se elimina de la mente reactiva el engrama que provoca la hipocondría mediante la terapia dianética el enfermo se cura definitivamente.


JORGE RAÚL OLGUÍN

Las enfermedades psicogénicas engrámicas, en rigor, son todas las que la Psiquiatría, por un error terminológico, ha catalogado como “enfermedades psicosomáticas”. La enfermedad psicogénica y la enfermedad psicosomática son cosas distintas y por lo tanto no hay que confundirlas. ¿Qué es, entonces, una enfermedad psicosomática? Pues es un problema físico común, grave o leve, como una pulmonía o una neumonía, que es agudizado por el propio enfermo. Es decir, lo psicosomático es agudizar el problema físico.

 

 

La medicina, al ignorar la existencia de la mente reactiva y los engramas, brindas datos erróneos sobre el origen de la hipocondría atribuyéndolo a la imaginación del paciente.

 

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LA HIPOCONDRIA: EL ENFERMO IMAGINARIO


    La hipocondría es, en esencia, una actitud que el individuo adopta ante la enfermedad. La persona hipocondríaca está constantemente sometida a un análisis minucioso y preocupado de sus funciones fisiológicas básicas, pensando en ellas como una fuente de segura enfermedad biológica. 

    La característica esencial de la hipocondría es la preocupación y el miedo a padecer, o la convicción de tener, una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de alguna sensación corporal u otro signo que aparezca en el cuerpo. Puede ocurrir, por ejemplo, con lunares, pequeñas heridas, toses, incluso latidos del corazón, movimientos involuntarios, o sensaciones físicas no muy claras. Aunque el médico le asegure que no tiene nada, el hipocondríaco solamente se queda tranquilo un rato, pero su preocupación vuelve de nuevo.

      La interpretación catastrófica de los signos corporales más ínfimos por parte del individuo, es el mecanismo que desencadena la hipocondría. Se sabe que este trastorno afecta a menudo a ambientes familiares, es decir, que muchos miembros de una familia tienden a estar afectados. Hay familias que son especialmente sensibles y están muy inclinadas hacia la interpretación de los signos de enfermedad en todos los ámbitos de la vida. De esta forma, los miembros de la misma familia aprenden a interpretar de negativamente cualquier signo corporal y lo asocian con angustia, miedo o ansiedad.

     No debemos descartar que una persona hipocondríaca esté realmente enferma. En muchas ocasiones lo que hace es centrar su atención en síntomas leves o imaginarios (mareos, dolor de cabeza, etc.), y no en los verdaderamente importantes. Asimismo, el hipocondríaco al centrar su atención emocional en una determinada función biológica, puede terminar por formar síntomas orgánicos reales (reacciones psicosomáticas).

Sintomatología

    Estamos ante un trastorno asociado muy a menudo con la ansiedad, por lo que el principal síntoma de la hipocondría es la preocupación exagerada que siente por su salud. El hipocondríaco medita constantemente sobre sus síntomas, reales o imaginarios, llegando a percatarse de signos funcionales que normalmente se escapan a la conciencia (intensidad de los latidos cardíacos, funciones digestivas, etc.). Puede describir su cuadro clínico con una sutileza impresionante, aclarando repetidas veces el alcance de cada uno de sus síntomas físicos. La atención del hipocondríaco se centra no sólo en el estudio de sí mismo (se toma el pulso, la temperatura, el número de respiraciones por minuto y la tensión arterial varias veces al día), sino también en la cantidad y composición de los alimentos. Sabe con qué aguas hace mejor la digestión, qué grados de ventilación o de temperatura le convienen, etc.

    La característica esencial de la hipocondría es la preocupación y el miedoa padecer, o la convicción de tener, una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de uno o más signos o síntomas somáticos. La sintomatología más típicamente hipocondríaca es la sugestiva, que experimenta acompañada de una especial alteración negativa del estado de ánimo, sumamente desagradable, y que le hace colocarse en una actitud fóbica frente a sus molestias, de las que siempre cree que son el comienzo de enfermedades graves. Finalmente, el hipocondríaco acaba renunciando a casi todo para consagrarse a cuidar su enfermedad imaginaria.

    En la hipocondría las preocupaciones del enfermo hacen referencia a funciones corporales (latido cardíaco, sudor o movimientos peristálticos), a anormalidades físicas menores (pequeñas heridas, tos ocasional) o a sensaciones físicas vagas y ambiguas (corazón cansado, venas dolorosas...). El individuo atribuye estos síntomas o signos a una enfermedad temida y se encuentra muy preocupado por su padecimiento.  Pero en realidad no existe ninguna enfermedad médica asociada a los síntomas, y si el paciente está enfermo verdaderamente, su enfermedad no está relacionada con ellos.

Diagnóstico

    La hipocondría hay que distinguirla de ser aprensivo; en la hipocondría el malestar es significativo y afecta la vida laboral, social u otras áreas importantes de la vida del sujeto. Hay que considerar también que la duración de la sintomatología sea significativa, al menos 6 meses, antes de diagnosticar dicha enfermedad.

    Se debe asegurar que el paciente no tenga verdaderamente ninguna enfermedad física. Una vez que se ha descartado, si el paciente sigue con angustia, preocupación y dudas acerca de su estado de salud, es conveniente estudiar la posibilidad de un trastorno psicológico.

    Los Criterios Diagnósticos de Investigación (CIE 10) para la hipocondría especifican que debe existir la convicción de "estar padeciendo como máximo dos enfermedades médicas importantes" y exigen que, por lo menos, una de ellas sea correcta y específicamente nombrada por el individuo que presenta el trastorno hipocondríaco.

    En psiquiatría, la actitud hipocondríaca aparece como un síntoma en algunas formas de depresión endógena, especialmente en la melancolía involutiva (depresión de los ancianos). También puede adquirir en ciertos casos los rasgos de un desarrollo delirante, de contenido hipocondríaco, en la llamada paranoia hipocondríaca. Multitud de neuróticos, tanto histéricos, neurasténicos, como organoneuróticos y pacientes psicosomáticos, destacan en su cuadro clínico general la actitud hipocondríaca.

Tratamiento

    En algunos casos, se utilizan psicofármacos inicialmente para controlar los síntomas ansiosos tan importantes que padecen estos pacientes.

    Conjuntamente, se puede utilizar una terapia psicológica cognitivo-conductual, en la que se promueve la pérdida de la angustia y el miedo a la enfermedad que el hipocondríaco siente.

    En un principio se le pide que no acuda a más la consulta del médico ni a las urgencias hospitalarias y que no hable de salud ni de enfermedad. Para esto es muy conveniente la colaboración de la familia del paciente, ya que han de entender que tiene un problema real, aunque no el que el paciente refiere, sino otro igualmente preocupante. Una vez que se ha establecido este marco fuera de la consulta, comienza el tratamiento psicológico propiamente dicho.

    Como ya hemos dicho, el tratamiento básico consiste en perder el miedo a la enfermedad y a la muerte. Muchas veces la propia angustia producida por el pensamiento de estar enfermo, como sensación desagradable e incontrolable, se convierte en el desencadenante dicho miedo. Para conseguir la desaparición de estos temores, se emplea la desensibilización en la imaginación a situaciones temidas y evitadas, para que finalmente el paciente pueda acercarse a ellas sin angustia y sin miedo.

    El paciente puede entonces comenzar a reinterpretar sus sensaciones corporales y sentir también aquellas que son agradables o neutras y su cuerpo deja de ser una fuente de dolor o temor y se puede convertir en un generador de placer y confianza.

    Finalmente, se trabaja para que el paciente pueda enfrentar con éxito otros problemas que aparecen en su vida cotidiana: toma de decisiones difíciles, cambio de trabajo, separaciones, etc. Se intenta evitar de forma que en el futuro se desencadenen situaciones de depresión o angustia continuada que le pueden hacer recaer en sus problemas hipocondríacos.

 

 

Los medios de comunicación también contribuyen al oscurantismo de la medicina, como puede apreciarse en este artículo del matutino Clarín, de Argentina, del 5/2/06…

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SALUD : LOS HIPOCONDRIACOS: ENFERMOS CRONICOS, PERO DE NINGUN MAL

Una de cada diez personas que van al médico no tiene nada

La cifra coincide en la Argentina con los estándares internacionales. Son pacientes que tienen la enfermedad como estilo de vida y que en ocasiones llegan a someterse a intervenciones quirúrgicas.

Para Paula, el cáncer es el resumen de todos sus miedos, su más temido fantasma. No puede siquiera mencionar la palabra. "Me angustio mucho cuando me entero de que alguien tiene esa enfermedad. Intento no escuchar nada sobre los síntomas porque enseguida los empiezo a sentir y arranca adentro mío un espiral de miedo y ansiedad tan grande que nada me tranquiliza. Voy al médico y me calmo por unos días, pero vuelve. Es desesperante. Sé que es irracional, pero sufro muchísimo".

El relato de Paula jamás podrá transmitir su profundo padecimiento, ese dolor que transita con el pudor (y a veces la culpa) de saberlo injustificado y dañino para ella y para los suyos, pero inevitable. Quizá la tranquilice saber que está lejos de ser la única: estadísticas internacionales que, según relevó Clarín, se repiten en Argentina, revelan que más de una de cada diez consultas por clínica médica no tienen sustento orgánico.

Son los famosos hipocondríacos o enfermos imaginarios, personas que acuden al médico con relativa frecuencia con una preocupación que perturba sus vidas: la sospecha de padecer una grave enfermedad. "La hipocondría se inscribe en los llamados trastornos somatomorfos: aquellos que presentan síntomas físicos que sugieren una patología médica pero no pueden explicarse por la presencia de una enfermedad ni por los efectos de una sustancia", explica el psiquiatra José Bonet, de la Fundación Favaloro.

Se llama hipocondría al miedo a tener algo grave a partir de una interpretación distorsionada de ciertos síntomas o de funciones corporales. "Es el exceso de atención a molestias corporales menores (o a cuestiones fisiológicas, como los latidos del corazón o los ruidos digestivos) que luego, intelectualmente, son proyectadas como posibles enfermedades graves", dice el psiquiatra Hugo Marietán, del Hospital Borda.

El problema es más frecuente de lo que uno imagina. "Entre el 15 y el 20% de las consultas a los clínicos responden a algún trastorno de somatización. Cuanto más síntomas trae un paciente a la consulta, más probable es que tenga un trastorno de ese tipo. Si a alguien le pasa de todo, probablemente no le pase nada", asegura el doctor Raúl Mejía, a cargo de Consultorios Externos del Hospital de Clínicas.

También el Hospital Rivadavia recibe frecuentemente este tipo de casos. "El 10% de las 10.000 prestaciones mensuales del servicio son por hipocondría y patologías similares. En general, el paciente llega derivado por un especialista (reumatólogo, neurólogo, gastroenterólogo o clínico), porque suelen ser personas que van de médico en médico, sometiéndose incluso a biopsias y exámenes invasivos, lo cual genera un alto costo a los centros de salud", comentó el doctor Alejandro Ferreyra, a cargo del servicio de Psiquiatría.

En las instituciones privadas el panorama no difiere. El doctor Esteban Gándara, del staff de Medicina Interna del Hospital Austral, dice que las consultas que no tienen sustento orgánico rondan el 10%: "La mitad cumple con todos los criterios del hipocondríaco. Son personas que tienen la enfermedad como estilo de vida. Consultan repetidas veces, los estudios no las tranquilizan y no se sienten satisfechas con la respuesta del médico".

En general, estos enfermos desgranan ante el médico un puñado de síntomas que justifican su autodiagnóstico. "No hay que negar el síntoma que manifiesta el paciente porque lo siente. Lo que uno hace es tratar de sacarle la carga que él le ha puesto innecesariamente", dice Mejía. Bonet coincide: "Hay que creerle. El paciente puede sentir 'subjetivamente' dolores u otros síntomas, pero eso no implica que haya una alteración orgánica o estructural", aclara.

Para el psiquiatra Carlos Malvezzi Taboada "todos tenemos en algún momento una faceta hipocondríaca. Es normal que alguna vez temamos que un síntoma sea algo grave. El problema es cuando esa preocupación se vuelve recurrente. Hay pacientes que tienen una farmacia en casa o se hacen estudios semanales. El hipocondríaco grave es un enfermo crónico, pero de nada".

El doctor Jorge Galperín, del Departamento de Medicina Familiar de la UBA, dice que "todos somos un poco hipocondríacos, pero hay distintos grados. El problema asoma cuando ese trastorno se vuelve invalidante o impide una vida agradable y digna. Yo creo que está un poco estimulado por la industria farmacéutica porque gana más vendiéndoles a los sanos que a los enfermos".

El doctor Juan Manuel Bulacio, presidente del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas, dice que lo más frecuente "no es la hipocondría como patología sino el síntoma hipocondríaco, que aparece acompañando otro trastorno de ansiedad o trastornos depresivos. En esos casos, la terapia cognitiva suele andar muy bien. Se apunta a cómo la persona entiende esas sensaciones físicas y qué significados tienen para ella la muerte y la enfermedad".

La oferta de tratamientos para estos trastornos incluye desde psicoterapias e hipnosis hasta ansiolíticos y antipsicóticos. Cuando los miedos y angustias, que suelen tener un origen ajeno al cuerpo, se metabolizan mejor, la somatización y la ansiedad respecto a la salud ceden. La palabra se impone y el cuerpo calla.

 

 

 

HipocondrÍía, sÓlo un invento mÉdico

 

¿Yo realmente me imagino estar enfermo?

Estimado profesor Velmont: Soy una de esas personas propensas a enfermarme de cualquier cosa y el médico me dijo que imagino las enfermedades y por eso me enfermo. ¿Qué hay de cierto en esto? De paso le digo que mencionó la palabra “hipocondría”. ¿Hay cura para eso?

Isidro N.

 

RESPUESTA

Apreciado Isidro: La palabra “hipocondría” no es más que un término que utilizan los médicos cuando en los exámenes a los pacientes no aparece ninguna enfermedad física, entonces acuden al subterfugio de decir que el paciente está imaginando la enfermedad y por eso se enferma.

Nada más alejado de la verdad. No existe el paciente que imagina las enfermedades y no existe por lo tanto la hipocondría.

Todas las enfermedades mentales tienen origen en engramas, y la persona se enferma según el contenido verbal que tengan dichos engramas. Este contenido verbal opera como una orden hipnótica de alto poder porque hay dolor de por medio, que es el que fija más el engrama y lo hace más potente.

Así, si el contenido verbal del engrama dice algo como, por ejemplo,  “tú siempre te estás enfermando de cualquier cosa”, pues la persona estará enfermándose reactivamente de cualquier enfermedad de la que lea u oiga hablar.

Como base, y para que tengas una idea clara, te informo que todas las llamadas hasta ahora enfermedades ”psicosomáticas” (alergias, úlceras, psoriasis, etc.) son enfermedades psicogénicas.

¿Qué es, entonces, una enfermedad psicosomática? Pues un problema físico común, grave o leve, como una pulmonía o una neumonía, que es agudizado por el propio enfermo, por ejemplo por ser hipocondríaco. Es decir, lo psicosomático es agudizar el problema físico.

Recalco la palabra “físico” por que no se agudiza la enfermedad psicogénica (mental) sino la enfermedad real.

La enfermedad psicogénica y la enfermedad psicosomática son cosas distintas y por lo tanto no hay que confundirlas.

En síntesis, todo lo que es psicosomático son enfermedades reales, sean virósicas, bacterianas o por accidente, que se agravan por la mente. ¿Captas la idea?

De pronto tú tienes un problema lumbar, que es una enfermedad física, psicosomatizas el trastorno, empiezas a revolver el problema y entonces lo agravas. En este caso no estás agravando un problema mental sino directamente un problema físico.

Esto es, entonces, una enfermedad psicosomática, el agravamiento o agudización de un problema físico, de un problema real. Es psicosomático porque psico es alma y soma, cuerpo.

No quiero terminar mi explicación sin dejar bien aclarada la clasificación de las enfermedades: a) genéticas, b) psicogénicas, y c) psicosomáticas.

Las enfermedades genéticas se dividen, a su vez, en kármicas y por elección. Se entiende “por elección”, por ejemplo, cuando el espíritu decide encarnar con un determinado problema para facilitarse su misión en el plano físico. Es el caso de Stephen Hawking, que eligió nacer con una enfermedad física invalidante para dedicar todo su poder mental a desarrollar la teoría del Big Bang, cosa que hizo con todo éxito.

Otro ejemplo sería la elección de nacer como gay o como lesbiana, sea para aprender determinada lección o para que la aprendan sus padres.

Siguiendo con la clasificación, las enfermedades psicogénicas son las enfermedades engrámicas, es decir, reitero, todas las que la Psiquiatría llama erróneamente “psicosomáticas”.

Finalmente, las enfermedades psicosomáticas, de las que ya he hablado, son, y reiterando el concepto, todas las enfermedades físicas agravadas por la mente.

Ésta es. pues, toda la historia. La pregunta obligada es: ¿Cuánto tardará la Psiquiatría en darse cuenta del error y corregirlo? Bienvenida al Club. Un fuerte abrazo.

Horacio Velmont.

 

 

EL ASOMBROSO DESCUBRIMIENTO

DE LA MENTE REACTIVA AUTOMÁTICA

 

POR HORACIO VELMONT

 

Según las enseñanzas de L. Ronald Hubbard

 

Breve historia de un descubrimiento científico que cambio al mundo: la segunda mente, la mente reactiva, un mecanismo de supervivencia que poseen todos los seres vivos.

 

Experimentos realizados en la década del 40 por el científico norteamericano -físico nuclear y humanista- L. Ronald Hubbard dieron como resultado que una persona inconsciente registraba a nivel celular todo lo que sucedía en su entorno.

Esta grabación, de la misma naturaleza que las sugestiones hipnóticas, se veía potenciada cuando se encontraban presentes el dolor y las drogas, a tal punto que si se reestimulaban más tarde el sujeto debía cumplirlas inexorablemente ya que no podía resistirse a ellas.

Estas grabaciones, en Biología, se denominan engramas, que pueden definirse como las huellas que deja un estímulo en el protoplasma (sustancia constitutiva de las células) de un tejido (nota, el efecto en las células ha sido profundizado en estas sesiones).

El hombre, pues, además de mente analítica tenía una segunda mente, que Hubbard llamó reactiva porque en lugar de razonar, antes de actuar reaccionaba automáticamente ante una situación de peligro.

Se trataba, pues, de un mecanismo de supervivencia que tenían todos los seres vivos.

Según Hubbard descubrió, y actualmente es un hecho científico comprobado, la mente reactiva y su contenido engrámico son el origen de las enfermedades mentales y la delincuencia junto a los roles de ego(explicados posteriormente a Hubbard por Jorge Olguín).

Esto es verdad, porque cuando se elimina de la mente reactiva ese contenido engrámico, desaparecen los trastornos mentales causados por ello y la persona actúa racionalmente, según su patrón óptimo.

La técnica para eliminar definitivamente del planeta los engramas de la humanidad fue explicada minuciosamente por Hubbard en su libro, best seller mundial permanente (ya se llevan vendido más de 20 millones de ejemplares), Dianética, la ciencia moderna de la salud mental y desde hace medio siglo es aplicada exitosamente en todos los países del mundo. Posteriormente el profesor Olguín ha explicado los engramas que tienen su origen en otras vidas, los cuales no son accesibles mediante la técnica dianética tradicional, y que pueden eliminarse mediante la técnica llamada psicoauditación.

Hubbard también descubrió muchísimas leyes de la mente y del universo físico, las cuales están expuestas en los denominados "Axiomas de Dianética". Todas han sido comprobadas científicamente y la documentación se encuentra a disposición de quienes la soliciten.

¿Cuál es la razón de que un descubrimiento de tal magnitud aún no es patrimonio de toda la humanidad? La respuesta es muy simple, y es que históricamente los más importantes descubrimientos científicos siempre tardaron siglos en ser aceptados por la "ciencia oficial", y la velocidad actual de las comunicaciones, especialmente Internet, ha contribuido, no a difundirlos sino a que se pierdan en una maraña de divulgaciones presuntamente científicas, en su mayoría carentes de verosimilitud.

 Ver: Versión de Jorge Olguín

 

TRASTORNOS PROVOCADOS

POR LOS ENGRAMAS

 

Debe tenerse en cuenta que las órdenes engrámicas que provocan los trastornos mentales son impredecibles, es decir, en algunas personas pueden provocar impulsos suicidas o criminales o transformarlo en un "hombre elefante", y en otras personas ser tan inocuas como un vaso de agua pura.

Por lo tanto, el contenido verbal de los ejemplos es meramente aproximado. En todos los casos queda sobreentendido que la persona (en los ejemplos son niños) debe tener la mente analítica reducida por algún golpe o alguna conmoción, porque si la mente analítica está funcionando a pleno no hay grabación engrámica.

Cuanto más grande es la conmoción y el consiguiente dolor, más profunda y poderosa será la grabación engrámica y su cumplimiento en caso de restimulación.

Para comprender bien lo que es una grabación engrámica basta relacionarla con las sugestiones hipnóticas.

El engrama, por definición, contiene dolor, de modo que si una orden hipnótica contuviera dolor sería igual a un engrama.

La diferencia entre el hipnotismo y el engrama es que mientras por lo general la persona se presta voluntariamente a ser hipnotizada, el engrama entra subrepticiamente, es decir "sin permiso".

Debe tenerse en cuenta que los engramas, de la misma forma que las órdenes hipnóticas, no desaparecen con el tiempo, sino que, por el contrario, se hacen más fuertes al agregarse nuevos engramas a la cadena de engramas.

 

1) CONTENIDO ENGRÁMICO-VERBAL DEL AUTISMO: "Eres malo, siempre estás haciendo cosas malas, los chicos buenos siempre se quedan quieto, no molestan, no escuchan lo que no deben, no hablan para nada", o cualquier otras palabras similares sobre quedarse quieto y mudo. Cuando una orden engrámica-hipnótica así se reestimula, el niño puede volverse taciturno, estará siempre quieto, y en lugar de jugar con los demás chicos andará escondiéndose por los rincones.

 

2) CONTENIDO ENGRÁMICO-VERBAL DEL DALTONISMO: "Siempre estás confundiendo los colores, no distingues el verde del rojo", o cualquier otra cosa parecida sobre confundir los colores.

 

3) CONTENIDO ENGRÁMICO-VERBAL DE LA DISLEXIA: "Siempre confundís las letras, no distinguís la letra d de la b, ni la p de la q...", o cualquier otras palabras similares sobre confundir las letras.

 

4) CONTENIDO ENGRÁMICO-VERBAL DE LA OBESIDAD: "Tienes que comer, comer y comer. La gordura es saludable. Los flacos se enferman y mueren pronto. Come y no pares de comer hasta que llegues a los 100 kilos...", o cualquier otras palabras sobre comer en abundancia.

 

5) CONTENIDO ENGRÁMICO-VERBAL DE LA BULIMIA Y LA ANOREXIA: "Nunca paras de comer, estás todo el día comiendo" (bulimia) o "Nunca comes, bajarás de peso hasta morir..." (anorexia).

Naturalmente que si se le implantan ambas órdenes contrarias, el niño puede terminar siendo un esquizofrénico.

 

6) CONTENIDO ENGRÁMICO-VERBAL DE LA COMPULSIÓN DE JUGAR: "Nunca paras de jugar, estás todo el día jugando", o cualquier otras palabras sobre jugar mucho.

 

7) CONTENIDO ENGRÁMICO-VERBAL DE LA COMPULSIÓN DE BEBER: "Nunca paras de beber, estás todo el día bebiendo", o cualquier otras palabras sobre beber mucho.

 

Todo lo que antecede son hechos científicos, corroborados por los terapeutas dianéticos en todo el mundo (más de 100 organizaciones) que se encuentran diariamente, en las sesiones de ayuda, con pacientes, ya grandes, que relatan este tipo de trastornos provocados por los padres cuando ellos eran niños, precisamente con estos contenido verbales.

Así mismo hay engramas que tienen su origen en vivencias negativas donde la persona estaba bajo los efectos de roles de ego. Damos unos ejemplos:

- Diversos fracasos a nivel afectivo que pueden derivar en que por ejemplo la persona se aísle socialmente.

- Haber sufrido torturas en una vida lo que puede provocar diversos trastornos en una vida siguiente.

- Haber tenido algún tipo de enfermedad en una vida que por ejemplo cause una alergia en la vida siguiente.

Pueden verse diversos ejemplos en estos ejemplos de psicoauditación.

 

Los engramas pueden provocar infinitos trastornos, tantos como palabras y sus combinaciones existan.

El diagnóstico o la denominación de una enfermedad mental es superflua, porque todas provienen de una grabación engrámica, de la misma forma que la humedad de la pared siempre proviene de un caño roto.

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Ver también: Lista de temas de salud mental y cuestiones afines

 

* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html


Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación