| Índice |
La homosexualidad
|
Sección Autoconocimiento y Salud - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección |
|
Los textos bíblicos han sido usados para condenar a la homosexualidad,
pero la Biblia no sólo no es la palabra de Dios fue escrita
por hombres mediocres, ignorantes y en muchos casos oportunistas,
sino que sólo expone costumbres de otros tiempos que hoy por
su ridiculez no tienen vigencia alguna. Más información
en Biblia y homosexualidad.
El quirófano es uno de los mayores productores de enfermedades psicogénicas de carácter engrámico, inclusive la homosexualidad. Frases al parecer inocentes como siempre es mejor por atrás, aunque el cirujano se refiriera a cualquier otra cosa, quedan grabadas en las células del paciente como una orden hipnótica de alto poder de cumplimiento porque contienen dolor. Es imposible saber de antemano cuál será la conducta reactiva que más tarde adoptará el paciente si la orden siempre es mejor por atrás se le restimula por alguna razón (por ejemplo si una de las enfermeras se parece a su esposa o algún ruido del quirófano es similar a algún ruido de su casa). Por eso, en el quirófano, el silencio es más que salud, es cordura.
|
|
ORIGEN Y CURACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD[1] POR HORACIO VELMONT Según las enseñanzas de L. Ronald Hubbard
PRELIMINARES Muchos sexólogos opinan que un orificio naturalmente de salida como lo es el recto puede transformarse en un orificio naturalmente de entrada para practicar el coito anal. En esto estamos de acuerdo todos: también un orinal puede utilizarse para hacer un riquísimo caldo. J. Conrad Lewis.
INFORMACIÓN MÉDICA RESPONSABLE SOBRE EL COITO ANAL Sexo anal, ¿es dañino? El ano no pertenece al aparato reproductor, por lo que no está fisiológicamente condicionado para el acto sexual, es un órgano contaminado con el material fecal y con muchos microorganismos. El riesgo de infección se incrementa, pues el esfínter anal es mas rígido a la penetración y menos elástico que la vagina, con la consiguiente mayor fricción, ocurriendo mayores microtraumatismos durante el acto sexual. Tampoco tiene la lubricación que normal y fisiológicamente tiene la vagina. El riesgo de contaminación no es solamente local, las microfisuras que se producen durante el sexo anal producen microsangrado en el pene y en el ano, que posibilita la contaminación sangre a sangre, mecanismo por el cual se explica que el sexo anal sea el de mayor riesgo para la transmisión del virus del SIDA (VIH) y de otras Enfermedades de Transmisión Sexual. Por último, el sexo anal, como práctica común, puede producir desgarros musculares en el esfínter anal. Por todo ello no es recomendable hacerlo.
CAPÍTULO I HOMOSEXUALIDAD, ¿NORMAL O ANORMAL? La cuestión de la naturaleza de la homosexualidad viene siendo discutida desde tiempos inmemoriales, sin que hasta ahora se haya llegado a una verdad aceptada por todos como irrefutable. Y ésta es la razón fundamental de que existan dos bandos irreconciliables en pugna: los heterosexuales por un lado, y los que no lo son por el otro. Los motivos por los cuales estos dos bandos estén en pugna es la ignorancia de aspectos esenciales de la homosexualidad que son necesarios para resolver el problema. Los pondremos en evidencia a fin de que la pugna desaparezca para siempre y los dos grupos puedan vivir finalmente en paz. Está totalmente fuera de discusión que desde el punto de vista genético sólo hay dos opciones: o se es hombre o se es mujer, no habiendo nada, científicamente hablando, que esté en el medio. En este universo la clave es el amor. Así puede sentirse amor por los padres, por los hijos, por los hermanos, por los amigos, por los animales, por las plantas e incluso por los objetos inanimados. Todo está bien. El amor es un fenómeno de espacio, y esto se comprueba porque quien ama quiere tener lo más cerca posible al objeto de su amor. El odio lo aleja. Con respecto a la homosexualidad, nadie es tan necio como para objetar el amor entre dos personas del mismo sexo. ¿Por dónde pasan, entonces, las objeciones si no se cuestiona el amor? ¿Acaso por el sexo? La respuesta es que las objeciones tampoco pasan por el sexo, porque el sexo es placer y cada uno lo obtiene como mejor le cuadre, que para eso el Absoluto dio a todos libre albedrío. El sexo, como pauta, no tiene nada que ver con lo espiritual y los problemas que produzcan su abuso o las desviaciones serán en todo caso un problema médico o, según las circunstancias, un delito (abuso deshonesto, violación, estupro, etc.). De más está decir que vejar a la pareja no es ningún acto de Servicio, y según el grado de perversión hasta puede hacer descender de nivel a quien lo comete, pero esto es harina de otro costal. Las prácticas sexuales, sean cuales fueren, son lícitas mientras las partes estén de acuerdo. Comienzan a ser ilícitas desde el momento en que se fuerce a la otra parte de la relación a tenerlas, y más aún si provocan daño. Aunque no es tema de esta introducción cabe señalar, como de pasada, que los actos hostiles no son gratuitos, como pudiera parecer, para quien los comete, porque quedan grabados como carga negativa en las células, carga que es fácilmente detectable con el E-Metro (abreviatura de Electropsicómetro), un aparato diseñado por L. Ronald Hubbard para descubrir fácilmente los engramas. Los actos hostiles sólo pueden ser eliminados cuando quien los cometió los vuelve a recordar y repasar, de acuerdo a la tecnología diseñada también por Hubbard, tal como sucedieron. Y advierto que no es nada fácil confrontarlos. Muchas lágrimas se derraman, pero afortunadamente se compensan con el alivio que se siente después. Volviendo al tema de las objeciones a la homosexualidad, ¿si no pasan por el amor ni por el sexo por dónde pasan entonces? La respuesta es que las objeciones pasan únicamente porque los homosexuales pretenden hacerles creer a los heterosexuales que lo que es claramente anormal es absolutamente normal. ¡Y esto es lo único que se les puede achacar a ellos! Es imposible que se le haga tragar a un heterosexual este "sapo", por más que públicamente lo acepten por temor a que se los tilde de discriminadores: "Quienes están en contra de la homosexualidad son homofóbicos". En esto hay que reconocerles bastante astucia a los homosexuales, pues utilizan la misma táctica de los psiquiatras: "Quienes están en contra de la Psiquiatría están dementes". No se necesita acudir a estadísticas, que las hay, incluso hecha por los propios homosexuales, para saber que en el 99 % de los casos la práctica sexual homosexual consiste en el coito anal, que llega prácticamente al 100 % si se le agrega el sexo oral. Ahora bien, el ano no está previsto por la naturaleza (dejemos a Dios de lado en este asunto) para ser un órgano sexual, sino para la defecación, es decir, para la salida de excrementos. Siendo naturalmente, entonces, un orificio de salida, resulta claro que es antinatural pretender convertirlo en un orificio de entrada. Obsérvese que no se está objetando que se use el ano para las prácticas sexuales, lo que se está objetando es que se pretenda sostener que el ano es un órgano de índole sexual como la vagina, máxime que no tiene la lubricación natural de ésta durante la cópula. Además, los tejidos rectales se rasgan fácilmente y se dañan con cicatrices, y por eso la transmisión de enfermedades venéreas ocurre más frecuentemente en el sexo anal que en el sexo natural de pene y vagina. Las relaciones sexuales de los homosexuales, por lo tanto, desde el vamos están teñidas de anormalidad. Se podrá poner sobre el tapete que los heterosexuales también utilizan el ano para las prácticas sexuales, pero en los heterosexuales es sólo una alternativa, por un lado, y por el otro lado ningún heterosexual será tan necio como para sostener que introducir el pene en el recto es un acto normal. Se lo usa a sabiendas de que no lo es. Y para que no quede ninguna duda, cabe reiterar que el coito anal, a pesar de su anormalidad intrínseca, es lícito si la pareja está de acuerdo en esta práctica. De más está decir que se requieren infinitos cuidados para introducir el pene en el recto por los riesgos de toda índole que involucra. La homosexualidad, en conclusión, desde el mismo momento en que la única alternativa es la práctica anormal del sexo, cabe considerársela como enfermedad. Y nadie dice que los enfermos no puedan practicar el sexo como les guste y puedan. Pero lo que no es correcto es tratar de presentar a la sociedad como salud lo que no lo es. Un punto interesante a considerar es la práctica del sexo oral. El orificio bucal, ninguna duda cabe, tiene funciones concretas, que precisamente no tienen nada que ver con el sexo. Sin embargo, con sus precauciones, no es objetable que se la utilice como variante sexual. Pero nadie en su sensato juicio sostendría que la boca es un órgano sexual ni que usarla en materia de sexo es lo "normal". El sexo oral, seamos concretos en esto, está dentro de las anormalidades del sexo, no dentro de las normalidades, aunque sea lícito practicarlo si las partes están de acuerdo. Introducir el pene en la boca es tan anormal como introducir el humo del cigarrillo, aunque cause placer. La diferencia, bastante afortunada por cierto, es que el semen no llega a los pulmones. Queda claro, entonces, que en todas estas cosas la necedad consiste en pretender, para reforzar la argumentación, hacer ver como normal lo que es manifiestamente anormal. Y ésta es la única razón, por lo tanto, de la pugna entre heterosexuales y homosexuales. A estas alturas cabe preguntarse por qué los homosexuales no quieren admitir que su inclinación es simplemente una enfermedad mental. Las razones son dos: por un lado, porque la misma Medicina en general, y la Psiquiatría en particular, aún ignoran el origen de esta enfermedad, presentándola algunas veces como tal y otras veces como una variante de la sexualidad. Por el otro lado, la razón está en la esencia misma del origen de la homosexualidad: el engrama. El engrama es similar a una orden hipnótica de alto poder, y los homosexuales tienen uno o varios engramas que los impulsan imperiosamente a relacionarse con personas de su mismo sexo. Los homosexuales, por lo tanto, no son libres para decidir sobre su inclinación sexual ya que los engramas deciden por ellos. Es un absoluto mito eso tan declamado de la libertad del homosexual para decidir hacia qué lado se inclinarán sus deseos sexuales. El homosexual no tiene opción, porque no se es homosexual por elección sino por imposición. Cabe la pregunta, reitero, a pesar de todo lo dicho, sobre por qué razón un homosexual no admitiría nunca que es un enfermo. La respuesta está, insisto, en la esencia misma del engrama. El engrama, por definición, es irracional, lo que significa que no puede ser computado ni aceptado como tal por la mente analítica. Éste es el máximo error de los psiquiatras, es decir, tratar de encontrarle una explicación a la conducta homosexual, cuando desde el comienzo no puede ser explicada, simplemente porque el engrama no puede ser razonado, ya que, como dije, por definición es irracional. A todo esto debe señalarse que el engrama incluye algo más, y es la justificación de la conducta aberrada que le impone a la mente analítica. Cuando alguien comete un acto ilógico a causa de un engrama, nunca lo reconoce como tal, sino que trata de justificarlo por todos los medios. No es necesario profundizar sobre esto porque esta conducta absurda la vemos cotidianamente en quienes nos rodean. Esto se puede probar perfectamente a través del hipnotismo, ya que los engramas son similares a las sugestiones hipnóticas. Si a una persona se la somete a un trance hipnótico y el operador le implanta la orden de que al despertar, en cuanto oiga determinada palabra, se sacará las medias y las colgará de la araña, al despertar y escuchar la palabra así lo hará, sin importar que la habitación esté llena de personas y sin darse cuenta de lo disparatado de su conducta a pesar de las risas de los presentes. Cuando el operador le pregunte por qué razón se sacó las medias y las colgó de la araña, nunca reconocerá que se trató de un acto irracional de su parte, sino que lo justificará de alguna manera, quizás diciendo que las tenía húmedas y que en la araña se secarían más rápido. Con la homosexualidad sucede exactamente lo mismo: los engramas que la producen le impiden al homosexual reconocer que su conducta es irracional, y por eso la justifican con explicaciones tan risibles que el heterosexual queda asombrado al ver que no se dan cuenta de algo tan obvio. El heterosexual es, en cierta forma, como el operador hipnótico: se da cuenta de la irracionalidad de la conducta homosexual porque está fuera del engrama, ya que no es él quien lo tiene. Y esto es todo lo que hay que decir sobre una cuestión tan sencilla en el fondo.
ACLARACIONES ADICIONALES
Nada mejor que concluir estas explicaciones con los esclarecedores diálogos mantenidos con L. Ronald Hubbard respecto a la homosexualidad y otros trastornos psicogénicos engrámicos.
SESIÓN DEL 13/12/02 Médium: Jorge Olguín. Interlocutor: Horacio Velmont. Entidades que se presentaron a dialogar: Ron Hubbard, fundador de Dianética y Cienciología; Johnakan Ur-el, Thetán o Yo Superior de Jorge Olguín. . Interlocutor: . Ahora quiero pasar a preguntar sobre las enfermedades psicosomáticas y las enfermedades psicogénicas. Estoy un poco confundido respecto a qué debemos llamar en la actualidad enfermedades psicosomáticas. Ron Hubbard: Enfermedades psicogénicas son, por ejemplo, soriasis, úlceras, asma, alergias... Interlocutor: Entiendo. Es decir, son enfermedades psicogénicas todas las que usted en Dianética llamó engrámicas... ¿Está bien dicho "enfermedades engrámicas psicogénicas"? Ron Hubbard: Está perfecto. Interlocutor: ¿Cuáles serían los ejemplos de enfermedades psicosomáticas? Ron Hubbard: Puede ser que una persona tenga una enfermedad común, leve o grave, como una pulmonía, una neumonía, y la persona, por ser hipocondríaca, lo agudiza. Es decir, lo psicosomático es agudizar el problema... Interlocutor: ... a nivel psicogénico lo que la persona ya tiene... Ron Hubbard: No, no, no es a nivel psicogénico sino a nivel físico. Hay trastornos que son físicos. De pronto, tú puedes tener un malestar estomacal y no tiene que ser necesariamente psicogénico, ya que puede ser simplemente porque algo te cayó mal. Si tú eres hipocondríaco, psicosomatizas y lo agravas. No estás, por lo tanto, agravando lo psicogénico sino que estás agravando lo real. Tienes placas en la garganta que te provocan intenso dolor y de pronto psicosomatizas y agravas el problema. No tiene nada que ver con lo psicogénico. Interlocutor: A ver si entendí... Todo lo que es psicogénico es lo que la gente llama psicosomático... Ron Hubbard:... y todo lo que es psicosomático son enfermedades reales, virósicas, bacterianas o por accidente, y que se agravan mentalmente. Esto es enfermedad psicosomática. De pronto yo, estando encarnado, tengo un problema lumbar: psicosomatizo y lo agravo, porque soy hipocondríaco y empiezo a revolver y a revolver el problema. Interlocutor: Y ahí no estamos agravando un problema psicogénico... Ron Hubbard: Estamos agravando un problema físico. Esto es psicosomático. Porque psico es alma, es decir, el pensar, y soma es cuerpo: psicosomático. Interlocutor: Esto quedó claro. Ahora quiero preguntar sobre cómo se pueden clasificar los trastornos. Tomemos, por ejemplo, la homosexualidad, que puede ser: 1) engrámica; 2) genética. Y la genética puede subdivirse en genética por razones kármicas y genética por razones, digamos, evolutivas, por ejemplo que alguien quiera encarnar como homosexual para hallar una cura. ¿Y no habrían más clasificaciones? Ron Hubbard: Más clasificaciones no, sino subclasificaciones. La homosexualidad, por ejemplo, puede somatizarse. Interlocutor: No percibo claramente la idea... Ron Hubbard: Supongamos que determinada persona no tiene ninguna enfermedad genética ni engrámica de homosexualidad y supongamos que de pequeño ha practicado juegos eróticos, algo que es muy común entre los niños de la primaria, donde solamente hay apoyamientos sin penetración. Pero cuando ya es mayor, en las escuelas superiores, estos juegos eróticos incluyen también penetración y uno de los dos involucrados puede ir acostumbrándose a esto y resulta que le llega a gustar... Interlocutor: Pero si no hubiera sido provocado por la otra persona es posible que su vida se desarrollara con una orientación heterosexual... Ron Hubbard: Exacto. Se vuelve homosexual porque la otra persona lo indujo. Ahora supongamos que el futuro homosexual tiene, por ego, una muy baja estima. Entonces, psicomatiza. Ya no estamos hablando de una dolencia física. Psicomatiza el síntoma y dice: "Claro, yo no sirvo para nada, mi misión en esta vida es ser homosexual, voy a agarrar a cualquier tipo y a acostarme con él porque yo, como hombre, soy un fracaso...". Por lo tanto, psicomatiza la homosexualidad. Es decir que no sólo se puede psicosomatizar una dolencia física. Y eso no es psicogénico, porque no es algo que él provocó sino que es algo provocado por otro que lo penetró. Repito, entonces, que está psicosomatizando, y no es una enfermedad, porque en este caso la homosexualidad no tiene origen virósico, ni bacteriano ni por accidente. Interlocutor: ¿Se podría decir de que "está somatizando una inclinación"? Ron Hubbard: Sí, es correcta la expresión. Interlocutor: Y supongo que es curable... Ron Hubbard: En este caso, sí, porque no es genético. Pero ten en cuenta lo siguiente: en el ejemplo hay un problema engrámico, que se lo trajo la persona que lo sedujo y hay un problema de ego, que la propia persona tiene por baja estima. Interlocutor: Usted aquí está uniendo dos problemas... Ron Hubbard: Claro, porque hay otras personas que tienen una autoestima altísima y que tienen muy poco ego y que de pequeños han jugado eróticamente con otros compañeritos y son perfectos heterosexuales. Simplemente han hecho juegos eróticos que no se han transformado en engramas. Interlocutor: Esto quedó aclarado perfectamente... Ahora bien, desde el punto de vista espiritual, ¿cómo podemos subdividir a los trastornos genéticos? Porque se puede tener un problema genético por razones kármicas y también por decidir tenerlo... Ron Hubbard: Puedes subdividirlo en dos categorías: problema genético kármico y problema genético por elección. Y a veces, por elección, puede ser para él o para ella, según decida encarnar como hombre o como mujer, o bien para que los padres aprendan determinada lección de otras vidas. Interlocutor: ¿Concretamente, entonces, no hay más categorías y subcategorías que las señaladas? Ron Hubbard: Así es, no hay otras. Interlocutor: Bueno, otro punto que quedó aclarado.
SESIÓN DEL 16/9/03 Médium: Jorge Olguín. Interlocutor: Horacio Velmont. Entidad que se presentó a dialogar: L. Ron Hubbard, fundador de Dianética y Cienciología. . Interlocutor: . Paso ahora al segundo caso. Se trata de un travesti, de los llamados "de closet". Le leo el mail que me envió:
". llegué por investigación a su página y leí entre tantos temas interesantes el de la homosexualidad. Quisiera orientación (si está a su alcance), ayuda o guía sobre el travestismo. Soy un travesti heterosexual, he investigado mucho sobre el tema durante varios años y definitivamente coincido en que no es una conducta normal, pero lo siento como una tendencia inevitable en mí. No es una situación que me consume, la puedo controlar por mucho tiempo, pero siempre ronda en mi mente la idea de hacerlo. De hecho se lo he confesado a la mayoría de mis parejas (mujeres todas), lo cual siempre me ha causado cierta incomodidad, tanto a mí como a ellas (sufrimiento, para ser más exactos). ¿Habrá alguna forma de entender el por qué de mi enfermedad? (si es programada por mi mismo cuando encarné) o la causa de la misma en todo caso. ¿Habrá forma de curarme?, siendo que yo no lo veo como algo monstruoso y de hecho me gusta, pero como dije anteriormente sé que no es normal. Si puede ayudarme u orientarme se lo agradecería, si no muchísimas gracias por tener esa página que por lo menos me ha dado otro punto de vista en qué pensar e investigar. Atentamente, Luis H.".
Bueno, hasta aquí llega el texto del email. Mi pregunta es si se trata de un trastorno engrámico o genético. Ron Hubbard: Se trata de un trastorno de naturaleza engrámica, no te quepa la menor duda. Es engrámico y es como que está jugando al límite. Interlocutor: ¿En qué sentido dice que está jugando al límite? Ron Hubbard: En el sentido de que inconscientemente su ego le quiere hacer experimentar otras cosas, en este caso la homosexualidad. Interlocutor: ¿Convendría que lea Psicointegración para ver cómo influyen en nosotros los distintos yoes y la forma de integrar la mente de forma de ser uno mismo siempre el amo? Ron Hubbard: Totalmente. Interlocutor: Pero la pregunta es por qué tiene un yo de esta naturaleza, es decir, cuál es el engrama que lo impulsa a la homosexualidad. Ron Hubbard: Tiene dos engramas. Uno es familiar y lo contrajo de pequeño, donde siempre fue desvalorizado, y el otro directamente por alguno de sus compañeros, que lo dejaban de lado. Interlocutor: ¿Y a qué edad surgieron esos engramas? Ron Hubbard: El familiar, desde los tres a los siete años. Interlocutor: ¿Y cuál sería el contenido de las palabras del engrama? Ron Hubbard: Insultos, palabras despreciativas, y cosas así. Interlocutor: ¿Y por qué este tipo de palabras lo impulsarían a la homosexualidad? Ron Hubbard: Porque la persona se siente desvalorizada y uno de los egos lo toma como una especie de rebelión. A esto se le suma el hecho de que al tiempo de terminar la primaria y comienzo de la secundaria, los chicos, que a veces suelen ser muy crueles, lo cargosearon y un montón de cosas más. Con esto tienes un panorama completo del caso. Se comprende, entonces, que esta persona inconscientemente trate de entender el mundo del homosexual vistiéndose con ropas de mujer. Interlocutor: ¿Podría solucionar el problema simplemente con darse cuenta del origen de su inclinación? Lo pregunto porque parece que no está muy conforme con su situación. Ron Hubbard: Sí, por supuesto. Además, no llegó a consumar ninguna experiencia homosexual. Interlocutor: ¿Es decir que solamente tiene la tendencia? Ron Hubbard: Así es. Interlocutor: ¿Dianética le podría servir? Ron Hubbard: Sí, le podría ser muy útil, y también que lea las notas de Psicointegración. Interlocutor: ¿Algo más sobre esto? Ron Hubbard: No, con lo dicho basta. capítulo II HOMOSEXUALIDAD, LA ENFERMEDAD DISIMULADA[2]
Hace ya más medio siglo que L. Ronald Hubbard demostró científicamente que todas las desviaciones sexuales (homosexualidad, lesbianismo, transexualismo, bisexualidad, etc.) son enfermedades psicogénicas (erróneamente denominadas "psicosomáticas" por la Psiquiatría) provocadas por engramas. Cuando los engramas se eliminan de la mente reactiva, todas las desviaciones sexuales desaparecen, y quienes las padecían comienzan a actuar según su patrón óptimo, como hombre o como mujer. No hay, ni hubo, ni habrá, un tercer sexo. Es un hecho científico invariable que el hombre o la mujer, libre de engramas que desvíen sus impulsos sexuales naturales, busca espontáneamente la unión con el sexo opuesto. Es paradójico que los homosexuales, que tanto pregonan sobre la libertad sexual, sean precisamente quienes menos posibilidades tienen de elegir, ya que los engramas lo hacen por ellos. Aunque al homosexual se le concediera toda la libertad del mundo seguiría siendo un esclavo. Ahora bien, ¿por qué los homosexuales defienden su condición catalogándola de "normal" desechando de plano cualquier atribución de anormalidad? La razón se encuentra en que la mente analítica siempre justifica la conducta provocada por los engramas restimulados, sin importar lo irracionales que fuere. Esto puede verse fácilmente en los experimentos hipnóticos: cuando el operador le dice al hipnotizado (por ejemplo hombre heterosexual) que cuando despierte, al pronunciar determinada palabra, se sentirá una mujer y actuará como una mujer, al despertar y escuchar la palabra clave así actuará. Pero lo sugestivo son las respuestas que brinda el hipnotizado cuando el operador le pregunta por qué actúa así. ¡son las mismas respuestas que brindan los homosexuales!
I EL MITO DEL TERCER SEXO Apenas se conoció la decisión de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos (20/5/96), prohibiendo explícitamente la discriminación contra los homosexuales por considerarla anticonstitucional (el fallo también afirmó el derecho de la comunidad homosexual de ese país a ser protegida por tratarse de una minoría), manifestantes de organizaciones de gays y lesbianas se reunieron en las escalinatas del Parlamento de Uthah en apoyo a la resolución. Estos pronunciamientos y estas manifestaciones resultarían innecesarios si los descubrimientos de L. Ronald Hubbard sobre la mente humana y las enfermedades mentales, como la homosexualidad, el lesbianismo -y cualquier otra desviación de los impulsos sexuales normales- fueran conocidos por todos, en especial por la comunidad médica. El homosexual es una persona enferma y, como cualquier ser humano enfermo, merece todo el respeto de la comunidad sin necesitar de fallos que prohiban su discriminación. Incluso el propio homosexual, al saber con toda certeza que el origen de su inclinación no es más que un trastorno mental como muchos otros, y que esto lo saben todos, simplemente buscaría su curación como lo haría cualquiera que tenga un padecimiento, sin necesidad de verse obligado a defender sus derechos, que desde ya los tiene sin que ningún tribunal del mundo tenga que reconocércelos. ¿Qué padre recriminaría a su hijo por sus inclinaciones homosexuales sabiendo que se trata de un trastorno mental que incluso él mismo puede habérselo causado? Si los que son pilares de la sociedad -y tienen poder para modificar el estado de cosas- se muestran indiferentes a esta problemática siguiendo la política del avestruz, menos lo harán los que se encuentran en los estamentos más bajos.
II HOMOSEXUALIDAD Y LESBIANISMO
La prueba concluyente de que los engramas son el único origen de la homosexualidad y el lesbianismo, lo brinda el incuestionable hecho científico de que cuando ellos se eliminan de la mente reactiva desaparecen para siempre tales desviaciones y la persona actúa de acuerdo a su patrón genético, como hombre o como mujer. No hay un "tercer sexo"[3]. La homosexualidad, que puede definirse como la conducta sexual consistente en la atracción hacia personas del mismo sexo, comenzó a ser estudiada científicamente por Rodolfo Westphal, profesor de psiquiatría de Berlín, a fines del siglo pasado. Este profesor publicó, en 1870, en una revista para la comunidad médica, la historia de una joven que desde su infancia usaba trajes de niños y solamente le interesaban los juegos varoniles. Ya adolescente, cuando sintió los primeros impulsos sexuales, prefirió relacionarse con las mujeres, sintiendo placer mediante caricias mutuas y roces recíprocos de pechos. Las intenciones del psiquiatra alemán se dirigían a probar que la anormalidad era congénita y no adquirida. Por su trabajo a Westphal le llovieron críticas, ya que hasta ese momento las manifestaciones de esta naturaleza eran catalogadas, sin demasiado estudio, como simples estados de locura. Un siglo antes, en 1771, se publicó la historia de dos hombres que preferían relacionarse amorosamente con personas de su mismo sexo, aunque el hecho pasó desapercibido para la sociedad de esa época. El primer alegato a favor de la homosexualidad probablemente se debe a un suizo llamado Hossli, que en 1936 publicó una novela llamada Eros, cuya trama se basaba en un hombre joven, adinerado, que impulsado por un amor profundo y por celos, asesina a un joven. Muchos científicos se empeñaron en demostrar el carácter congénito de la homosexualidad. Entre ellos, un médico gay, Carlos Alberto Urichs, investigó esta problemática allá por 1840, pero sus trabajos no tuvieron repercusión porque se lo consideró parcial, ya que el mismo admitió ser homosexual. Este reconocimiento público lo obligó a utilizar el seudónimo de Numa Numatius. Urichs consideraba que un alma de mujer se unía a un cuerpo de hombre, y viceversa, desde el vientre de la madre. En Europa, la cuestión de la homosexualidad comenzó a difundirse a partir de 1880. En Francia el tema empieza a interesar en 1881. Charcot y Magman la catalogan como "un proceso profundo de degeneración hereditaria relacionada con la dipsomanía y la cleptomanía". También investigadores italianos como Ritti, Lombroso y Tamasia exponen sobre el tema. El término "inversión sexual" probablemente provenga de la península itálica. En 1905, Sigmund Freud publica Ensayos sobre sexualidad, que comprendía tres capítulos: 1) las aberraciones sexuales; 2) la sexualidad infantil y 3) la metamorfosis de la pubertad. En el primero delinea una respuesta, señalando que "ni con la hipótesis de la inversión congénita ni con la contraria de la inversión adquirida queda explicada la esencia de la inversión. En el primer caso, habría que explicar qué es lo que se considera innato de ella si no se quiere aceptar la burda explicación de que una persona trae ya establecida al nacer la conexión con el instinto sexual. La inversión puede ser suprimida por sugestión hipnótica, cosa que constituiría un milagro si se tratase de un carácter congénito. En la segunda hipótesis se plantea si las diversas influencias accidentales bastan por sí solas para explicar la adquisición, sin la existencia de algo favorable en el individuo, cosa inadmisible". En Roma, la homosexualidad tomó estado público cuando comenzó a ser practicada por muchos de sus emperadores. Julio César fue precisamente uno de los emperadores a quien más se le conoció su vida sexual (se lo llamaba "el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos"). Emperadores de elevada intelectualidad y, desde el punto de vista romano, también de elevada moral, fueron acusados, con más o menos fundamento, de prácticas homosexuales: Calígula, Augusto, Tiberio, Nerón, Gelba, Tito, Adriano, Heliogábalo, entre otros. La homosexualidad ha existido desde que el mundo es mundo, pero la polémica acerca de ella fue avivada por Edward Carpenter, quien en 1894 publicó en un periódico de Manchester un artículo en abierta defensa de tal condición. El autor criticaba sin pelos en la lengua la corriente psiquiátrica que comenzaba a afirmarse. Además, sostenía que "el amor de los gays está sujeto a las mismas leyes que el heterosexual" y exaltaba "el compañerismo y el alto grado espiritual de los homosexuales por sobre los héteros". Una de las víctimas que se registran por la condición de homosexual, fue un distinguido humanista de apellido Muret (mediados del siglo XV, comienzos del Renacimiento). De gran inteligencia, enseñó filosofía y derecho civil en París. Sus propios alumnos, en cuanto supieron su condición, lo denunciaron y lograron que se lo encarcelara. Sumido en una profunda depresión, intentó suicidarse. Liberado por sus amigos, se refugió en Tolosa, donde enseñó derecho romano. Pero enteradas las autoridades de sus preferencias sexuales, por las relaciones que mantenía con uno de sus alumnos, nuevamente lo denunciaron. Fue sentenciado y condenado a morir quemado en la hoguera. En Grecia, sin embargo, la homosexualidad se admitía en la vida social sin que a nadie se le ocurriera matar o segregar a alguien que amara a personas de su mismo sexo. Parménides se había ocupado de investigar el asunto, llegando a la conclusión de que la homosexualidad era hereditaria. En el norte de Europa -explica Germán Pitelli (Clarín, 1/2/92, 2ª sesión, p. 27)-, Suecia, Noruega y Dinamarca, en la época en que eran Escandinavia del Norte (antes del siglo XIII), los guerreros que poseían rasgos femeninos eran tratados con desprecio y expulsados de las fuerzas. Con la llegada del cristianismo se les dio, según lo dice el libro Jahrbuch für Sexuelle, un salvoconducto: convertirse en sacerdotes o en frailes. En el Nuevo Catecismo, la Iglesia considera a la homosexualidad como contraria a la naturaleza, pero pide respeto y compasión hacia los homosexuales. Un tanto al margen de este asunto, pero que se puede mencionar acerca de la perversión sexual, era que la mejor explicación que antes había para ella era algo sobre que las chicas envidiaban el pene de papá, o que los chicos se trastornaban por esa cosa terrible, la vulva, que imprudentemente mamá mostró un día.
III Medicina y homosexualidad ¿Qué sabe la medicina sobre la homosexualidad? La pauta puede darla la respuesta brindada por el psicoanalista argentino David Rosenfeld, en su carácter de vicepresidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) y miembro didacta de la Asociación Psicoanalista de Buenos Aires (APDeBA), al diario Clarín (20/9/92), 2ª sesión, artículo firmado por Fabiana Fondevilla titulado "Gays, ¿para nosotros, la libertad?", p. 7), donde, al preguntársele sobre el origen de la homosexualidad prefirió no arriesgar una respuesta explícita por considerar que ello implicaría entrar en "consideraciones ideológicas"(?). Luego formula algunas especulaciones sobre lo que a su juicio podría ser su origen, reconociendo, según su propia clasificación, tres tipos básicos de homosexuales. El primer tipo es el que se describe como "depresivo, originado en un duelo precoz no elaborado, de madre o padre, generalmente en los primeros años de vida". Ilustra con el siguiente ejemplo: "Un hombre que perdió a su madre en la temprana infancia puede intentar reconstruir ese vínculo a través de una relación sexual fantástica con otro hombre, en donde uno hace de mujer. Entonces, en su fantasía, hay tres personas haciendo el amor: dos hombres y una mujer. En esa relación triangular recupera a la madre muerta". El segundo tipo sería la ecuación conocida como "arquetípica" de la historia homosexual: padre ausente (real o afectivamente)-madre dominadora. En este caso -especifica Rosenfeld- "la madre o grupo de mujeres de la familia destruyen el mensaje paterno. Suele tratarse de una madre que sintió el parto como la pérdida de un pedazo de su cuerpo y, entonces, intenta recuperarse anexando ese trozo de carne al que dio a luz, haciéndolo nuevamente una parte de ella para llenar el vacío. Por eso asesina cualquier aproximación padre-hijo". Este tipo de homosexualidad, sostiene este analista, sería difícil de tratar porque la identificación primitiva es muy profunda. En cuanto al tercer tipo, Rosenfeld lo describe como "el más perverso", definiendo este término como "aquel que obliga a otros a entrar en actos homosexuales, generalmente seduciendo a los más jóvenes". Esta clase de gay es el que representa "una actuación burda y exagerada de conducta feminoide, un disfraz de mujer". Considera a este tipo de paciente casi imposible de tratar, porque suele estar rodeado por un grupo de referencia de las mismas características. Si hemos de tomar como válidas para la Psicología estas consideraciones, y no vemos ningún inconveniente en hacerlo por provenir de tan alta autoridad médica, debemos concluir que la medicina ignora en forma absoluta el origen de la homosexualidad, el lesbianismo y de cualquier otra perversión sexual. Si desconoce el origen de estas desviaciones, es obvio que tampoco puede curarlas. Las explicaciones que brinda el doctor Rosenfeld carecen totalmente de asidero, por no decir disparatadas. Con todo el respeto que merece este profesional, no se puede dejar de criticarlo acerbamente porque son realmente inconcebibles a estas alturas, máxime si se tiene en cuenta que el problema del origen de la homosexualidad, así como también de todas las enfermedades mentales, ya fue resuelto definitivamente hace medio siglo y lo mismo respecto del tratamiento para erradicarlas definitivamente de la sociedad.
IV El derecho y la homosexualidad? La perplejidad de la Psicología tradicional respecto del origen de la homosexualidad se extiende también al ámbito jurídico. El doctor Elías Neuman, prestigioso penalista argentino, dice en su libro El problema sexual en las cárceles (2ª edición, 1987, p. 103), que "la homosexualidad es una manera sexual de ser, de la que, poco o mucho, participaron (o participan) -en ese aspecto el tema ha merecido una profunda investigación histórico-psicológica- todos los hombres. No parece ser una enfermedad física. Al menos no daña la salud y no debe confundirse con la bisexualidad, donde la tendencia heterosexual puede hacerse triunfar reprimiendo o eludiendo la otra". Líneas más adelante, ratifica sus dudas: "Aunque fuere por el hecho de que muy pocos hombres escapan a la anécdota homosexual (fantaseos, pensamientos, actos fallidos), esto debería hacer pensar. Se ha dicho que también lo antinatural forma parte de la naturaleza... Por ser normal no se debe difamar, atacar o reprimir lo que no se es, o acaso no se conoce. Nadie puede estar orgulloso de algo que nada hizo por obtener. No hay mérito en ello. Nadie hizo nada para ser judío, ni negro, ni mahometano, ni mujer, ni varón, ni argentino, ni invertido. Ninguna práctica sexual hecha con amor y aceptación de ambas partes puede parecer, en principio, criticable. Respecto del robo podemos teorizar sobre sus móviles, sobre los aspectos, sobre los controles de poder y aun sobre el papel de la víctima, pero otra cosa es el impulso irremediable debido a la atracción sexual, o el hambre o el deseo de dormir". Si un investigador de la talla del doctor Neuman, autor de más de diez obras, permanentemente consultado por los medios de comunicación, ignora que ya hace medio siglo fue resuelto definitivamente el origen y la curación de la homosexualidad, cabe deducir con toda lógica que esta ignorancia cabe extenderla a todo el Derecho.
V El culto de Maniqueo La perversión puede tener otros aspectos. En una sociedad examinada, estas aberraciones se habían multiplicado en tal medida que había surgido un importante culto místico que sostenía que toda afección mental provenida del sexo. Naturalmente, eso dio más ímpetu a las aberraciones en torno a la segunda dinámica del sexo, ya que una creencia veneradora así tiene que haber sido originada por alguien que tenía aberraciones en dicha dinámica. La creencia de que el sexo era la única fuente de aberración y de tribulación humana, como era lógico, atrajo como sus seguidores a individuos que tenían modelos aberrativos similares. Y así, el culto siguió reforzando factores aberrativos que ya existían en la sociedad, puesto que toda su actividad estaba dirigida a hacer del sexo una cosa monstruosa y horrible, etiquetándolo como la fuente primaria de las enfermedades mentales. El profeta de este dios era Maniqueo, un persa del siglo III, que enseñó que todo lo que tenía que ver con el cuerpo, especialmente el sexo, era malo. El culto de Maniqueo continuó con éxito hasta principios de la Edad Media, y después desapareció para, afortunadamente, no molestar más al hombre.
VI La solución del enigma de la homosexualidad La discusión en torno a la homosexualidad, así como también la del aborto o la pena de muerte, está tan impregnada de ignorancia y de prejuicios, que la objetividad científica que debe campear en la materia se esfuma en cuando alguien pretende aproximarse a ella, máxime con especulaciones teóricas trasnochadas en lugar de los datos verdaderos que hoy disponemos, y que ya deberían estar al alcance de todos, estudiosos del tema o no. El tema fundamental sobre el que gira la discusión es si la homosexualidad constituye una enfermedad o una variante de la sexualidad, criterio este último adoptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La homosexualidad, como cualquier otro trastorno del sexo (impotencia, frigidez, voyeurismo, transexualismo, exhibicionismo, etc.), es una enfermedad de origen psicogénico provocada por engramas. A pesar del origen mental de la homosexualidad, quienes la padecen están también muy enfermos físicamente (por ejemplo, desarrollo o subdesarrollo de los órganos sexuales, inhibición o exageración seminal, etc.). El camino para resolver el problema de la homosexualidad es el camino para resolver cualquier trastorno mental, ya que el origen es el mismo. Veremos seguidamente, entonces, cuál es el mecanismo que transforma a un heterosexual (patrón genético óptimo) en un homosexual. Es posible trazar una analogía entre el hipnotismo y las enfermedades mentales. Mediante sugestión imperativa, el hipnotismo introduce en la mente reactiva, erróneamente denominada por la Psicología tradicional "inconsciente"[4], una u otra forma de demencia. La sugestión poshipnótica puede ayudar a comprender el accionar básico de los trastornos mentales y la irracionalidad. Instalando sugestiones imperativas en un individuo puede hacérsele actuar como una persona demente. Mediante este experimento puede comprobarse que con diversas sugestiones es posible crear la "apariencia" de las diversas neurosis, psicosis, compulsiones, represiones, etc., enumeradas por la psiquiatría. Se le pueden dar sugestiones de cualquier tipo, por ejemplo que tendrá un insistente impulso de recortar tiritas de papel y que cuando lo haga sentirá que le disgusta hacerlo, o que tendrá fantasías eróticas con respecto a cierta actriz, pero que cuando las tenga sentirá que le duele la boca del estómago. La psiquiatría cataloga estas actitudes como neurosis. Se le puede decir que es un asesino peligroso y que la policía lo está buscando afanosamente, o que cada vez que camine por la calle creerá que alguien lo está siguiendo sigilosamente. Estas actitudes son catalogadas como psicosis. Estas sugestiones operarán cuando esté despierto, y seguirán operando hasta que el hipnotizador lo libere de ellas. Se le puede ordenar que tendrá necesidad de pegar un puñetazo en la mesa cada vez que escuche sonar el teléfono y así lo hará en cuanto lo oiga. También puede ordenársele que debe sobresaltarse cuando vea encenderse una luz y se sobresaltará cada vez que alguien lo haga. Experimentará todas estas cosas, que se catalogan como compulsiones. De este modo puede recorrerse toda la lista de trastornos mentales y, creando sugestiones imperativas como para provocar el estado de ánimo apropiado, obtener en el sujeto despierto una apariencia de cada demencia. Decimos que estas actitudes son "apariencias", en el sentido de que son semejantes a la demencia y el sujeto "actúa" como demente, pero no padecería en realidad el trastorno sugerido ya que cuando se elimina la orden hipnótica éste desaparece. El hipnotismo, entonces, no es otra cosa que la técnica de implantar en la mente reactiva ("inconsciente") sugestiones imperativas. Esto, apenas si es necesario advertir, reduce el autodeterminismo de las personas al obligárselas a obedecer órdenes ocultas introducidas sin su autorización consciente. La hipnosis y el engrama son en el fondo cosas similares. Con mayor precisión, puede decirse que el engrama es una orden hipnótica de alto poder, porque, por definición, contiene dolor físico, algo que la hipnosis común no tiene, ya que generalmente se practica con el consentimiento del sujeto.
VII ¿Qué enfermedades producen los engramas? Los engramas producen "cositas" como esquizofrenia, paranoia, autismo, epilepsia, parálisis, artritis, tartamudez, trastornos coronarios y de la vesícula biliar, amnesia, ceguera y sordera histérica, miopía, anorexia, bulimia, mareos, caries dentales, alcoholismo, drogadicción, insomnio, impotencia sexual, dolores de cabeza, depresión, y, claro está, todas las enfermedades catalogadas y a catalogarse en el futuro por la psiquiatría. Por supuesto, sería absurdo afirmar que todas las enfermedades son psicosomáticas, puesto que existen formas de vida llamadas microbios, cuyas metas son también la supervivencia, pero cabe señalar que la restimulación crónica de los engramas reduce las defensas del organismo. Todo el mundo posee mente reactiva. Ningún ser humano, examinado en cualquier parte, se encontró exento de ella o libre del contenido aberrativo de su banco de engramas[5]. Ésta es la mente que hizo que Calígula nombrara a su caballo para un puesto en el gobierno, o que César mandara cortar la mano derecha de miles de galos. Ésta es la mente que hace que alguien encuentre gratificación sexual mirando actos eróticos o de desnudez o los genitales a quienes ignoran ser vistos (voyeurismo). Ésta es la mente que hace que alguien encuentre placer en comer heces (coprofilia) o que se sienta compulsionado a transformarse en el sexo opuesto, aunque tenga que recurrir a medios quirúrgicos (transexualismo). Ésta es la mente que hace que un individuo tenga acceso carnal con animales (zoofilia) o exponga sus genitales en público para conseguir gratificación sexual (exhibicionismo). Ésta es la mente que hace que un hombre se avenga a ser humillado, atado, golpeado o torturado por cualquier medio para poder excitarse sexualmente (masoquismo) o que se sienta impulsado a infligir sufrimiento físico o psicológico a otro ser humano con el propósito de satisfacerse, inclusive causándole la muerte (sadismo). Ésta es la mente que hace que alguien pida la implantación de la pena de muerte o que una multitud encuentre placer en presenciar ejecuciones públicas, corridas de toros, el propio boxeo o los funerales. Ésta es la mente que provoca desastres en las canchas de fútbol, la que mantiene la amenaza de la guerra, la que hace que la política sea irracional, que el marido golpee a la esposa o que la madre castigue a sus hijos. Esta es la mente que hace gritar a los oficiales superiores o llorar a los niños por miedo a la oscuridad. Ésta es la mente que hace que un hombre suprima sus esperanzas, la que mantiene sus apatías, la que le da indecisión cuando debería actuar y la que lo mata antes de que haya comenzado a vivir. Si alguna vez hubo un diablo, éste fue el que inventó la mente reactiva.
VIII El poder del engrama para desviar los impulsos sexuales naturales Se ha comprobado científicamente que las células del feto, las células del embrión y las células del cigoto registran. La grabación o registro engrámico comienza, pues, con la concepción. Las pruebas habían apoyado el descubrimiento de que todos los datos (en estado despierto, dormido e inconsciente), a partir del momento de la concepción, se registraban siempre en alguna parte de la mente o del cuerpo. El minúsculo asunto del revestimiento de mielina, que ya había sido descartado por la investigación de laboratorio, que incluía llegar hasta el nacimiento, fue descartado. La teoría de que no puede registrarse nada en la mente hasta que los nervios estén recubiertos, dependía de un postulado meramente teórico que en la práctica nunca había sido comprobado. El bebé está compuesto de células y, después de mucha investigación, se pudo probar que es la célula, no un órgano, la que registra el engrama. A partir de entonces, se descubrió que la criatura dentro de la matriz también registra una gran cantidad de cosas que no son engrámicas. Los impulsos masoquistas y sádicos provienen, generalmente, de engramas de coito. Si el sadismo o el masoquismo está presente en la persona, el impulso a actuar así está provocado por engramas que contienen violaciones, golpes para gratificación sexual, disfrute del dolor, etc., y por engramas que homónimamente parecen afirmar que sexo y dolor son lo mismo. Por ejemplo, un coito donde la mujer dice "¡Me gusta tanto que me duela!; ¡hazme daño otra vez, hazme daño otra vez!; ¡métemela hasta el fondo; ¡haz que me duela para que me venga!". Esto, dramatizado por un niño, con toda probabilidad podría producir sodomía, porque, debe recordarse, el engrama, obrando similarmente a una orden hipnótica, no es acción razonada o analizada, sino una serie de órdenes tomadas y actuadas literalmente.
IX Consecuencias de la eliminación de los engramas ¿Qué sucede cuando se eliminan los engramas de la mente reactiva? Pues que el esquizofrénico finalmente se enfrenta a la realidad, el maníaco-depresivo se lanza a lograr cosas, el neurótico deja de aferrarse a libros que le dicen cuánto necesita su neurosis y empieza a vivir, la mujer deja de pegarles a sus hijos, el marido no pelea más con su esposa y el dipsómano puede beber cuando quiera sin ser atrapado por el vicio. Eliminándose los engramas de la mente reactiva la artritis se desvanece, la miopía mejora, la enfermedad cardíaca disminuye, el asma y los dolores de cabeza desaparecen, los estómagos funcionan correctamente, y todo el catálogo de enfermedades mentales de la psiquiatría, incluyendo, por supuesto, la homosexualidad y todas las perversiones sexuales, se van para no volver jamás. Esto no es teoría, son hechos científicos. La circunstancia, por cierto muy lamentable, de que la medicina en general y la psiquiatría en particular lo ignoren, no los hacen menos ciertos. La mente reactiva y su contenido engrámico es la única fuente de la aberración humana, entendiéndose por "aberración" cualquier desviación del pensamiento o del comportamiento racional, es decir, lo opuesto a la cordura, como las enfermedades mentales o la delincuencia. Se ha probado, más allá de toda duda, durante casi medio siglo, en millones de casos en todo el mundo, debidamente documentada, que no hay ninguna otra fuente. Cuando se descarga el banco de engramas, todos los síntomas indeseables se evaporan definitivamente y el individuo comienza a actuar óptimamente, con su capacidad y salud a pleno, obrando no sólo para su propia felicidad sino también para la de sus semejantes. Para concluir, hacemos votos para que estas explicaciones, basadas en los descubrimientos científicos del genial L. Ronald Hubbard, fundador de Dianética y Cienciología, sobre la mente humana, concluyan con el bochornoso espectáculo, tantas veces visto por televisión, de homosexuales que se ven obligados a defender su condición porque por ignorancia son discriminados, algo que obviamente no sucedería si fuera de público conocimiento que tal condición no es más una enfermedad psicosomática, cuyo origen se conoce exactamente, y que hoy tiene cura definitiva. Y para que esto suceda, quizás sean los propios homosexuales quienes tengan que dar el primer paso, atreviéndose a cruzar el umbral de las puertas que desde hace cincuenta años está abiertas también para ellos y de cuya existencia los médicos aún no se han dado (o no quieren darse) por enterados. ***** La homosexualidad y el respeto por el enfermo. Estimado profesor Velmont: En su email de el Club de los Enigmas Develados usted ofrece responder preguntas sobre los misterios que aún siguen preocupando a la humanidad. Entre ellos, obviamente, se encuentra el de la homosexualidad. La Medicina y la Psiquiatría desconocen su origen, y esta ignorancia ha creado una tremenda confusión, no solamente entre los homosexuales sino también entre los heterosexuales, muchos de los cuales acusan a los gays y a las lesbianas de pervertidos. Le ruego encarecidamente que me envíe todos los datos que usted tenga sobre el tema, aunque sean pocos, porque cualquier dato puede ayudar. Mi interés, más que científico es personal. Roy. RESPUESTA Apreciado Roy: No me voy a andar con rodeos: desde el punto de vista estrictamente científico, la homosexualidad es un trastorno mental que provoca el desvío de la sexualidad normal, es decir, de la heterosexualidad, en algunos casos producidos por engramas (enfermedad psicogénica engrámica), y en otros casos por decisión del propio ser antes de encarnar (enfermedad genética), sea por razones kármicas o por razones de experimentación (evolutivas). Pero en ambos casos son trastornos de la sexualidad. El homosexual es hombre y punto. No hay un tercer sexo. El desconocimiento de esta verdad ha contribuido a generar confusión, como tú dices, tanto entre los heterosexuales como entre los homosexuales. El día que se acepte científicamente que la homosexualidad es una enfermedad mental como cualquier otra, se acabarán las discriminaciones, y el homosexual será respetado, amado y ayudado como lo es cualquier enfermo. Estas explicaciones, obviamente, incluyen también otros trastornos como el lesbianismo, el travestismo, la bisexualidad, la impotencia, el vaginismo, etc., cuyo origen es siempre el mismo. Como este asunto es algo complejo, si quieres ahondar más en los aspectos científicos de la cuestión, te recomiendo leer Origen de la aberración humana (se envía únicamente por email, siempre gratuitamente). Bienvenido al Club. Un fuerte abrazo. Horacio Velmont. La homosexualidad y el respeto por el enfermo II. Estimado profesor Velmont: He recibido entusiasmadísimo el "Club de los enigmas Develados", pues comparto las mayoría de las respuestas, aunque considero que la humanidad aún no está preparada para aceptarlas. Con respecto a la homosexualidad, también estoy de acuerdo con su opinión en el sentido de que si se aceptara universalmente de que se trata de una enfermedad o desorden mental, se acabarían los problemas con ellos, ya que todos los conflictos los originan los propios homosexuales, que insisten en la normalidad de su condición, algo que para los heterosexuales es un "sapo muy difícil de tragar". Pero a mi juicio considero que es una pérdida de tiempo determinar objetivamente si se trata de una condición patológica o no: es una condición patológica si el homosexual se siente a disgusto con su inclinación y no la es en caso contrario. Me gustaría saber su opinión autorizada al respecto, ya que soy profesor de Psicología de una importante institución argentina. Profesor Javier Q. RESPUESTA Estimado profesor Javier: Hace poco tiempo, la Asociación Psiquiátrica China emitió nuevas pautas que eliminan toda referencia a la homosexualidad como una condición patológica. Las nuevas normas estipulan que el comportamiento homosexual no será considerado anormal por definición. Si bien sugieren que la atracción hacia el mismo sexo puede ser, para aquellas personas que no se sienten felices con su orientación, un "desorden mental", las personas que son felices con su homosexualidad son normales y no necesitan tratamiento. Si transcribo esto es porque concuerda con su opinión. Lamentablemente, este enfoque no es correcto porque elude la cuestión fundamental, es decir que el homosexual, esté o no a gusto con su condición, es en determinado grado un enfermo mental y, por supuesto, como cualquier otro enfermo mental, digno del mayor respeto. Las asociaciones psiquiátricas de todo el mundo, al ignorar el origen de la homosexualidad, tratan por todos los medios de encontrar alguna fórmula que salve su ignorancia. La mayoría de los países occidentales eliminaron a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales hace varias décadas. La Asociación Psiquiátrica Norteamericana (APA) lo hizo en 1973. Esta decisión es paradójica, porque la sacaron de la lista aun sin saber (los psiquiatras, claro está) si la homosexualidad es o no una enfermedad mental. En cuanto a la clasificación de la condición patológica de la homosexualidad, tomando como referencia la felicidad o infelicidad del homosexual con su orientación, no resiste el menor análisis. Hay una enfermedad mental llamada coprofagia, en la cual el enfermo se come sus propias heces. ¿Qué le parecería a usted sacarla de la lista de las enfermedades mentales y clasificarla como desorden mental según la felicidad o infelicidad que sienta el coprófago al comerse sus propios desechos? Y lo mismo podría aplicarse a la necrofilia, al sadismo, al masoquismo y a toda la lista de las perversiones humanas catalogadas por la Psiquiatría. Y, por supuesto, a la homosexualidad. Todas las enfermedades mentales tienen origen en la mente reactiva y su contenido de engramas. Y una de las características de la mente reactiva es justificar a ultranza la aberración. El ejemplo clásico es el de los estigmas. Los estigmas tienen origen en engramas que ordenan al organismo producir tal condición. ¿Cómo justifican los estigmatizados su condición aberrante? Pues atribuyendo los estigmas a una condición de santidad. ¡Y por supuesto que son inmensamente felices de tener estigmas! A través de la hipnosis puede estigmatizarse a una persona, lo que da la idea cabal de cual es su origen, pues los engramas son similares a órdenes hipnóticas de alto poder. Bienvenido al Club. Un fuerte abrazo. Horacio Velmont. La homosexualidad y la cuestión de lo normal o lo anormal. Estimado profesor Velmont: Mi intención no es otra que comunicarle mi plena o casi plena disconformidad con su artículo sobre Homosexualidad en el que usted claramente es parcial, además de permitirse tildar lo que es y no es normal... Según su punto de vista muy pocas personas mantienen un coito "normal", pero mi pregunta es: ¿qué es lo normal? ¿dónde esta escrito? ¿cuándo? ¿cómo?... Está demostrado que en la práctica sexual, como en casi todos los ámbitos de nuestra vida (ocio, educación, costumbres... ) existen multitud de variantes, porque cada ser humano es un mundo, y al que no le guste el helado de chocolate yo no le llamo "anormal". En definitiva, por favor, no seamos cínicos señor Velmont, en el articulo mencionado se ha hecho un estudio muy poco serio e imparcial, aunque si lo que pretendía era hacer demagogia barata sobre el tema, entonces mis felicitaciones. Atentamente, Luis S. M. RESPUESTA Apreciado Luis: No has leído bien el artículo, porque yo estoy a favor del amor, sea a una persona del mismo sexo o de distinto sexo. En lo que no estoy de acuerdo es en que se diga que es sano el coito anal y por eso una opción válida. Si tú quieres amar a un hombre, pues hazlo, pero respétale el trasero porque lo puedes lesionar o incluso matar, y no me estoy refiriendo solamente SIDA, que solamente constituye una de las alternativas. En este sentido estoy a favor de los médicos que advierten contra los riesgos de esta forma de practicar el sexo. Tienes que tener un poco más de sentido común, pues con tu criterio también habría que defender la coprofagia (el gusto por comer heces), la necrofilia (sexo con cadáveres), el "snuff" (sexo de extinción), etc. De cualquier manera, lo normal o lo anormal se mide por lo que hace la mayoría, esté mal o esté bien. Y en este planeta, la mayoría es heterosexual y practica el sexo por la vagina, no come heces y tampoco se acuesta con cadáveres o mata a su víctima después de copular con ella. ¿Qué más quieres que te diga? Bienvenido al Club de los sensatos. Un fuerte abrazo. Horacio Velmont. La homosexualidad y la bisexualidad ¿son enfermedades? Estimado profesor Velmont: Tengo 18 años y por casualidad encontré esta página web que me pareció interesantísima. Tras leer algunos artículos me decidí por escribirles ya que deseaba que me respondieran algunas preguntas y me gustaría debatir algunos temas de tipo religioso con ustedes. Lo cierto es que finalmente no llegue a enviarles ese "e-mail" ya que después de unas semanas volví a visitar su página web y leí un articulo muy interesante. Dicho articulo trata sobre la homosexualidad. Verán, después de leer el articulo en su mayoría, deduje que su opinión y la mía sobre este tema estaban muy lejos de ser iguales. Pues bien, para ser sincera, soy bisexual, o por lo menos es esa palabra la que me define en esta sociedad en la que vivimos, pero antes de nada me gustaría que supiesen cual es mi explicación del significado que tiene ser bisexual. Yo creo que soy perfectamente capaz de amar tanto a una mujer como a un hombre, soy consciente de los factores tanto físicos como psíquicos que nos diferencian pero en el campo de los sentimientos, yo simplemente soy capaz de sentir amor por cualquiera de los dos sexos. Aclarado esto, he de decir que en el campo sexual, sé perfectamente que tanto la boca como el ano no forman parte del aparato reproductor y que incluso algún tipo de acto podría dañarme físicamente. Pero también tengo muy claro que si en algún momento deseo concebir un hijo, practicare el sexo con un hombre, y que si por el contrario no deseo tener hijos, de igual forma (y si esa ocasión se da) practicaré el sexo con un hombre para satisfacer mis necesidades sexuales. Teniendo en cuenta que este tipo de acto es antinatural ya que para lo único que están diseñados los órganos genitales es para la reproducción y las necesidades fisiológicas. Si para satisfacer mis necesidades sexuales utilizo a un hombre, y este tipo de acto no busca como fin el embarazo, entonces sería lo mismo utilizar a una mujer para ello. Pues que al fin y al cabo solo se trataría de una masturbación asistida, independientemente de los sentimientos que me unan con esa mujer u hombre. Es perfectamente lógico que yo, como ser humano, trate de "defenderme" ante una acusación tal como la de que soy una enferma, y también muy lógico por su parte justificar mi reacción diciendo que no soy consciente de mi "enfermedad" porque yo soy la que esta enferma. No tengo ninguna prueba científica que pueda adjuntar con mi explicación, no porque tales pruebas no existan si no porque tengo tan solo 18 años y mi coeficiente intelectual es normal. No conozco a ningún científico que pueda apoyarme en esta causa porque simplemente no conozco a ningún científico, así que solo cuento con mis palabras. Sé que se basan en hechos, en pruebas, pero sinceramente, ¿no será un error creer tener la verdad en la mano? Yo no digo que ustedes se equivoquen afirmando que mi opción sexual es una enfermedad, solo digo que podría no serlo. Además, si una mujer, por ejemplo, ama y se acuesta con otra mujer y con ello no sufre ninguna de las dos, ni nadie mas sufre, ¿por qué considerarlo enfermedad?. Es decir, una enfermedad siempre es algo malo, ¿qué hay de malo en amar? ¿qué hay de malo en hacer lo que se vea conveniente con tu cuerpo si con ello no molestas a nadie? ¿Por qué se considera la homosexualidad una enfermedad? ¿es por qué no es lo "normal"? ¿por qué es diferente a la supuesta mayoría? Y aunque no fuera "normal" y fuera una opción diferente...¿tendría por ello que considerarse enfermedad? ¿Se considera enfermedad independientemente de tus gustos? En mi caso, mi infancia se desarrollo con la idea totalmente independiente de que si me gustaba una niña, era algo normal, porque nunca nadie me dijo que no lo fuera y jamás tuve un ejemplo de pareja homosexual. Mi recuerdo de la primera vez que alguien me atrajo, de la manera que sea, fue a la edad de siete años, y la protagonista fue una niña. Durante muchos años yo fui totalmente ignorante de lo que las palabras lesbiana, gay, bisexual y heterosexual significaban. Ni siquiera recuerdo cuando descubrí su significado ni por que y nunca tuve claro hasta los 12 años lo que significaba ser "normal" para la sociedad. De todo esto me di cuenta yo sola, nunca nadie me lo explicó y yo nunca pregunte. Mi primer contacto sexual, por decirlo de alguna manera, fue con una mujer y yo llevaba deseándolo como una adolescente cualquiera que se prepara para dar su primer beso. Nadie me obligó, ni nadie vino a hacerme propaganda de ello. Yo, como ser humano me busqué un entorno adecuado a mis preferencias, como hace cualquier otra persona que sea heterosexual. Es más, mis amigos ni siquiera eran homosexuales. Lo que trato de decir, es que en mi vida, todo a transcurrido hasta ahora de una manera totalmente natural, y he sufrido y he sido feliz compartiendo con mujeres y hombres, situaciones, sentimientos y necesidades, y no puedo hacer distinción entre ellos y decir que lo pasé mejor con hombres que con mujeres o viceversa, porque no hubo diferencia. Si estoy enferma, y la cura es mejor que la forma en la que concibo mi vida, entonces deseo curarme, pero ¿podría ser yo feliz reprimiendo un acto o un sentimiento que no molestan a nadie y en los que yo estoy totalmente de acuerdo? ¿podría yo estar a gusto ahogando una parte de mi personalidad? Tengo tantas preguntas y usted tan pocas respuestas... Sé que me he extendido demasiado pero me encantaría que pudiera contestarme, en la medida de lo posible. Sea como sea, esta es la forma en la que he elegido vivir, y esta es mi forma de pensar. Dudo que nadie pueda cambiar esas cosas y tampoco yo estoy dispuesta de ninguna manera a dejar de hacer lo que me guste mientras no haga daño a nadie. Bueno, creo que con esto es suficiente para que usted se haga una idea de lo que trato de explicarle. Espero impaciente su respuesta. Atentamente, Patricia S. RESPUESTA Apreciada Patricia: Tienes un malentendido. Nosotros no decimos que la homosexualidad es una enfermedad, ya que solamente lo es si su origen es genético o debido a un engrama. No es una enfermedad si se trata de una elección de vida. La enfermedad tiene síntomas y si la inclinación sexual es una elección de vida no existen síntomas y por lo tanto no existe enfermedad. Pero el hecho de que alguien opte por la homosexualidad o la bisexualidad como elección de vida y que ello no sea una enfermedad, no significa que sea sano. Y ésta es simplemente toda la historia. Por favor no la retuerzas. Y por supuesto que estamos a favor del amor y de la práctica de la sexualidad con quien uno desee, sea del mismo sexo o del opuesto, porque el sexo es esencialmente placer y cada uno lo obtiene como mejor le plazca y de acuerdo a sus posibilidades e inclinaciones. Te recuerdo, por otra parte, que el sexo es una cuestión exclusivamente del plano físico y no tiene nada que ver con lo espiritual. Bienvenida al Club. Un fuerte abrazo. Horacio Velmont. 12/6/2006 Profesor Velmont: Tengo dudas respecto a lo que realmente es la homosexualidad. He estado leyendo enigmas revelados, y según dice que la homosexualidad es una enfermedad mental. He leído también sobre lo de las almas gemelas, que según dice ud. son almas que vibran en un mismo nivel. El asunto es que me he enamorado de personas de ambos sexos, principalmente de mujeres (siendo yo mujer) y jamás lo vi como algo pervertido o sexual, y de lo que estoy segura es que lo que he sentido y siento es amor, y no puedo creer que esto sea una enfermedad porque nunca lo sentí así ni lo vi como algo pervertido. Como usted dice esto puede haber sido por causa de que mi alma haya estado vibrando al mismo nivel con esa persona, por ende la atracción y luego el amor (si se aplica el sexo homosexual a esto como solo una forma de expresión de amor según yo) es pervertido y enfermo? Siempre he pensado que el amor es libre, como la atracción de energías, de átomos que se unen y desunen sin prejuicios. Tampoco al enamorarme de una mujer o de un hombre lo vi como tal, es decir me enamoré y sin discriminar si era hombre o mujer, sino que me enamoré de un ser, de un alma. Compartir, pienso, que fue y es lo esencial antes del sexo, ya que el sexo es como la complementación o la expresión intensa del amor. No me considero lesbiana, ni bisexual, simplemente un ser que ama y se expresa sin discriminar. Según la Biblia Jesús amaba a sus discípulos y se expresaba hacia ellos con caricias y besos, y por Internet leí (algo que puede resultar una aberración por algunos) que Jesús era bisexual o mas bien amó a todo ser en toda su intensidad sin distinción de sexo, edad, etc. (no es necesario mencionar eso). También leí en Internet algo interesante que me gustaría que me aclare, sobre supuestas parejas homosexuales en la Biblia como David y Jonathan, Ruth y Naomi. Le agradezco de antemano por todo. Dear friend: Te responde el Prof. Olguín y te digo que coincido con mucho de tu razonamiento. Si bien genéticamente deben copular ambos géneros para tener descendencia y que la raza continúe, el Amor va más allá de una simple cópula. Se ama a la persona, se ama a su ser, a SU ESPÍRITU... Con respecto a Jesús, amaba a Juan Zebedeo de una manera impersonal, sin connotaciones de atracción física. En cuanto al rey David, desconozco si además de tener relaciones heterosexuales, también intimó con varones. Por último, en las páginas actualizadas, el Prof. Velmont dio un giro de 180º con respecto a la homosexualidad y defiende la postura del libre albedrío, mientras no lastimemos a terceros. Cordialmente: Prof. Jorge Olguín. [1] En este artículo se encara a la homosexualidad exclusivamente desde el punto de vista de su origen psicogénico engrámico, ya que también el trastorno puede ser de origen egoico o genético. Muchas veces el espíritu encarna con este trastorno genético por misión, por ejemplo para que alguien de su entorno aprenda determinadas lecciones kármicas pendientes. [2] En este artículo también se encara a la homosexualidad exclusivamente desde el punto de vista de su origen psicogénico. [3] Aún en los casos excepcionales en que la tendencia a la homosexualidad y al lesbianismo tengan origen genético, esta circunstancia no hace variar el hecho científico de que no existe un "tercer sexo". [4] Destacamos entre comillas la palabra inconsciente porque se descubrió que la mente reactiva es precisamente la única que siempre está consciente. La que se desconecta ante un golpe, conmoción, delirio, etc. es la mente analítica. Al decir "inconsciente", pues, queremos significar analíticamente inconsciente. [5] Se denomina Banco de engramas o Banco reactivo al depósito de datos que sirve al mecanismo literal de la mente reactiva.
* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación
|