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La onicofagia, origen y curación |
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No entiendo cómo hay gente capaz de comerse las uñas…
Yo no me como las uñas, me las afilo…
Menos mal que nosotras no padecemos de onicofagia…
Algunos especialistas catalogan a la onicofagia como un trastorno típicamente femenino...
Muchos psiquiatras aconsejan sustituir los dedos por alguna prenda de vestir que se tenga a mano…
Cuando la onicofagia es muy grave, la Psiquiatría utiliza métodos extremos de dudosa eficacia…
Algunas escuelas psicoanalíticas consideran que el mejor remedio para la onicofagia es el autocastigo…
Yo sugiero, doctor Wundt, que no perdamos tiempo con el electroshock y que directamente le amputemos las manos…
No sé si con esto te curarás de la onicofagia, María, pero de lo que no tengo dudas es de que no te vas a sentar para comértelas…
Si de algo estamos seguros es de que la onicofagia no se cura con el castigo o la humillación como pretende la Psiquiatría…
La clave para abordar con éxito la onicofagia es hallar un sustituto más apetecible que las propias uñas...
No siempre el onicófago dirige sus impulsos contra sus propias uñas...
No me importaría si te hubieras comido tus propias uñas, Juanita, pero te devoraste las del todo el regimiento…
Dígame profesor Velmont, ¿cuál sería el método más eficaz para combatir mi onicofagia?
HORACIO VELMONT
¿Cuál sería el método más eficaz para combatir tu onicofagia? A ver, a ver, déjame pensar un poco...
JORGE OLGUÍN
Los hábitos tienen origen en la mente reactiva, lo que significa que al no ser analíticos no pueden ser modificados como si fueran patrones de comportamiento. Son patrones de comportamiento el caminar, el andar en bicicleta, el manejar, etc., que con la práctica logramos automatizar. Pero pueden ser cambiados a voluntad. Un hábito, como lo es la compulsión de jugar, de fumar o de roerse las uñas, al tener origen reactivo la única forma de cambiarlo es eliminando el engrama que lo causa.
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xml:namespace prefix = o /> xml:namespace prefix = o /> UN HÁBITO PELIGROSO
por Horacio Velmont
Es probable que quien tenga el vicio de comerse las uñas, al leer esta página Web se haya sentido molesto por nuestras bromas sobre un trastorno tan dramático como lo es la onicofagia. En realidad, lo que es para tomarse a risa son los disparates vertidos por aquellos que hablan de esta enfermedad sin saber cuál es su real origen. ¿Con qué base pueden entonces de hablar de tratamientos si ignoran algo tan elemental? Recorramos un poco la Red y tomemos al azar algún artículo sobre el tema (http://www.podium.es/podium/anom8.htm)
La onicofagia. Definición: Hábito compulsivo de comerse las uñas. Las personas nerviosas están más predispuestas. El borde libre desaparece y la uña se sumerge en el lecho ungueal. Su reiteración en el tiempo provoca lesiones varias, como la inflamación y elevación de los bordes laterales o incluso formaciones verrugosas secundarias a la hiperplasia cuticular. Los hábitos de morderse las uñas más agresivos pueden provocar hemorragias subungueales y pérdida de tiras ungueales, que pueden dejar espolones ungueales residuales o conllevar la pérdida de toda la uña. Los desperfectos a nivel de los pliegues ungueales, como son las cutículas y padastros, pueden manifestarse en forma de "paroniquia crónica" (inflamación aguda del tejido celular de los dedos) con exacerbaciones infecciosas agudas. En los casos severos se produce un deterioro de la placa ungueal y la formación de cicatrices locales con distrofia de toda la unidad ungueal y anomalías de la matriz. Las uñas mordidas y posteriormente ingeridas pueden impactarse en la faringe y producir reacciones inflamatorias. También pueden aspirarse y pasar al árbol bronquial favoreciendo sobre infecciones o diversas complicaciones en el tejido pulmonar. Pero lo más habitual es que pasen al tubo digestivo y acaben mezclándose con las heces al final del trayecto dada la imposibilidad de digerir el resto ungueal. Las uñas son herramientas que se nos han brindado para facilitarnos la tarea de coger cosas, abrir objetos así como proteger de agresiones externas el extremo de los dedos. Un dedo sin uñas es un dedo amputado que no puede desempeñar todas sus funciones como es debido. Igualmente morderse las uñas desde temprana edad puede provocar cuando esta es intensa y se prolonga en el tiempo hipertrofia de los tejidos adyacentes, retroceder la raíz ungueal del borde de la uña, y llevar a graves alteraciones en la estética dental y bucal.
Causas que pueden llevar al hábito de comerse las uñas:
Causas psicológicas: Estados obsesivos, compulsivos, agresividad o como forma de calmar momentos de nervios, ansiedad , angustia etc.. Cualquiera de estos estados puede desencadenar inconscientemente y de una manera frenética un impulso de comerse las uñas. El estrés, dificultades para resolver problemas cotidianos que sean sociales, Laboral o escolar (exámenes) son causas frecuentes que pueden desarrollar un complejo que lleva a una persona a comerse las uñas.
Causas psicosomáticas: Es difícil agrupar en un mismo patrón a la cantidad de personas que sufren este mal hábito por causas psicosomáticas. Pero en los casos muy severos en formas más conscientes de lesiones autoinfligidas, podemos enumerar algunos de los rasgos distintivos que pueden favorecer actitudes negativas y influir emocionalmente en el comportamiento del sujeto durante la niñez, adolescencia y hasta la edad adulta. Por ejemplos: Cambios dramáticos en la unidad familiar, no asumir la pérdida de un ser querido, violencias y disputas domesticas reiteradas ante el sujeto, divorcios y separaciones de los padres, rechazo a los padrastros o madrastras, rechazo a la incorporación en la familia a nuevos hermanos y hermanas, malos tratos y humillaciones, presión por los estudios en el ambiente familiar o escolar, y un sin fin de otras causas. Pero en la mayoría de estas causas las frustraciones acumuladas, la timidez y la baja autoestima son los rasgos más significativos que llevan al sujeto a morderse las uñas. Desaparecerá esta manía cuando se adquiere confianza y seguridad en el área familial, escolar o laboral.
Ningún cuestionamiento cabe hacerle al autor de este artículo cuando señala las consecuencias de la onicofagia porque ellas saltan a la vista, pero sí en cuanto incursiona en sus causas y en su tratamiento. Desde ya que también es un error terminológico hablar de ”causas psicosomáticas” en lugar de “causas psicogénicas”, pero esto es harina de otro costal. Quien se come las uñas tiene un hábito, el hábito de comerse las uñas, valga la redundancia, de la misma forma que tiene un hábito el jugador compulsivo, el fumador compulsivo, el bebedor compulsivo, y así por el estilo. ¿Pero qué es un hábito? Buscando en el Google encontramos la siguiente definición: “Tendencia a actuar de una manera mecánica, especialmente cuando el hábito se ha adquirido por ejercicio o experiencia. Se caracteriza por estar muy arraigado y porque puede ejecutarse de forma automática”. Mala, muy mala, pésima, errónea, definición de hábito, porque lo que se está definiendo no es el hábito sino el patrón o modelo de entrenamiento: “Estímulo-respuesta dispuesto por la mente analítica para ocuparse de la actividad rutinaria o de la actividad de emergencia. Permanece en la mente somática, y la mente analítica puede cambiarlo a voluntad”. Un patrón o modelo de entrenamiento es, por ejemplo, cuando alguien aprende a manejar los cambios de un automóvil hasta poder hacerlos en forma automática. Supongamos que por equis razones lo vende y se compra un tractor. Los movimientos de los cambios de un tractor son distintos a los de un automóvil, pero por más que aquéllos los tenga “arraigados”, igualmente puede cambiarlos y aprender a manejar los del tractor sin mayores problemas. Esto significa que los patrones o modelos de entrenamiento, contrariamente a lo que sucede con los hábitos, pueden ser cambiados a voluntad. Según relata el eximio pianista Arturo Rubinstein, un día en que actuaba interpretando uno de los conciertos para piano y orquesta de Beethoven practicó, aprovechando un momento en que la composición indicaba un espacio de silencio para el solista, una nueva digitación y cuando le tocó nuevamente el turno la empleó con todo éxito. ¿Por qué lo pudo hacer? Por lo que hemos dicho recién, es decir, porque los patrones o modelos de entrenamiento pueden cambiarse a voluntad. Recuerdo haber conversado en cierta ocasión con un concertista de piano que me confesó que nunca abordaba ante el público la famosa Sonata en si menor de Liszt porque siempre, llegado a un punto, se equivocaba en la digitación a pesar de que sabía cuál era la correcta. En estos dos ejemplos podemos ver la diferencia entre un hábito y un patrón o modelo de entrenamiento. Rubistein había aprendido una determinada digitación como modelo o patrón de entrenamiento y cuando después encontró una nueva que podía mejorar la ejecución, simplemente la cambió, incluso en medio de un concierto. Pero el otro concertista había aprendido una digitación errónea que la tenía incorporada como hábito y no como modelo o patrón de entrenamiento, y por eso no podía modificarla. Esto significaba que cuando llegaba a ese preciso momento la ejecución se le trababa y el pasaje salía “sucio”, como se dice comúnmente en la jerga pianística. ¿Cómo podríamos, entonces, definir el hábito para diferenciarlo claramente del modelo o patrón de entrenamiento? “Un hábito es la reacción de estímulo-respuesta dictada por la mente reactiva a partir del contenido de los engramas y ejecutada por la mente somática. Puede ser cambiado únicamente por aquellas cosas que cambian los engramas”. Un modelo o patrón de entrenamiento se graba en los bancos de recuerdos de la mente analítica, mientras que un hábito se graba en los bancos de engramas de la mente reactiva. La computadora nos brinda uno de los mejores ejemplos para comprender lo que es un engrama y su relación con el hábito. Todos los procesadores de textos, como por ejemplo el Word, tienen incorporados la corrección automática de las palabras para cuando éstas se escriben mal. Es decir, si uno escribiera “baca”, que va con “v”, de inmediato el corrector la cambia por “vaca”. Naturalmente siempre que tal corrección se encuentre incorporada en el procesador de texto. Pero supongamos que por un error la persona incorporara en el corrector automático una palabra mal escrita, por ejemplo, “baca” en lugar de “vaca”. ¿Qué sucedería entonces? Pues sucedería que cuando quiera escribir “vaca” el procesador de texto escribiría “baca”. Esto sería un ejemplo claro de lo que es un engrama, o más precisamente, en el caso que nos ocupa, de un hábito. Para que el procesador de texto no escriba “baca” cuando nosotros queremos escribir “vaca”, hay que eliminar esa corrección errónea. No hay otra forma. Un hábito, consecuentemente, no es más que una grabación errónea en la mente reactiva, y en el caso de la onicofagia, aunque el enfermo no quiera comerse las uñas se las comerá lo mismo. Por supuesto que puede resistir la tentación a comérselas durante un determinado tiempo manteniendo la conciencia alerta, pero como nadie puede estar todo el tiempo así, al final, en cuanto la atención se desvíe hacia las labores cotidianas, muchas de ellas automáticas, volverá a recaer en el hábito. Para curarse de un hábito como el de comerse las uñas, la única solución es eliminar el engrama que impulsa a comérselas. Y ésta es toda la historia del hábito de la onicofagia, que puede aplicarse a todos los hábitos, no importa como se los llame: “vicios”, “manías”, etc.
Referencias.
La mente reactiva automática. http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/lamentereactivaautomatica.htm
El engrama http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/lamentereactivaautomatica.htm
Lista de temas de salud mental http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/temassaludmental.htm
Lista completa de temas http://www.grupoelron.org/general/listacompletadetemas.htm
Querido Grupo Elron:
Dear friend: Como tu ya sabrás, los engramas son similares a las órdenes hipnóticas. Entonces, la persona que se come las uñas, de la misma manera que el que juega compulsivamente, el que bebe compulsivamente alcohol o el que fuma compulsivamente, tiene un engrama que le ordena hacer estas cosas. No es que el contenido verbal sea, por ejemplo: "¡cómete las uñas!", sino cualquier contenido verbal que ordena algo, incluso puede ser simplemente: "¡Hazlo!". La dramatización de un engrama es impredecible, y las órdenes engrámicas en cada persona tienen resultados distintos. Un abrazo. Horacio
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