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El origen de la estupidez |
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DOCUMENTO HISTÓRICO QUE LIBERA AL HOMBRE DE CULPA
UNO DE LOS MAYORES DESCUBRIMIENTOS DEL SIGLO XX
EL ORIGEN DE LA PROVERBIAL ESTUPIDEZ HUMANA Este informe está basado en hechos científicos irrefutables, que en todas partes del mundo son utilizados desde hace medio siglo en forma masiva para eliminar tanto enfermedades mentales como la misma delincuencia. Inexplicablemente, la Medicina, la Psiquiatría y la Criminología los ignoran. COPIA DE LAS CARTAS ENVIADAS POR EL GRUPO ELRON A LOS PRESIDENTES DE LA NACIÓN ARGENTINA, CORTE SUPREMA DE LA NACIÓN, Y ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE LA REPÚBLICA ARGENTINA Buenos Aires, 1 de enero de 2000
Sres. Presidentes de la Nación Argentina, de la Corte Suprema de la Nación y de la Academia Nacional de Medicina, y por vuestro intermedio a todos los hombres de buena voluntad que tengan "ojos para ver, oídos para escuchar y mente para comprender". Ref.: 1. A mediados del Siglo XX, L. Ronald Hubbard, científico norteamericano, descubrió que la Psiquiatría se había equivocado al considerar a la mente analítica como la causante de todas las aberraciones humanas, porque la culpable era una segunda mente, la mente reactiva, que había permanecido oculta hasta ese momento. 2. Este descubrimiento fue ocultado ominosamente por los psiquiatras porque significaba el fin de su reinado. De nuestra mayor consideración: En estos días, algunos medios de comunicación han reseñado los principales descubrimientos del siglo XX, no mencionando el más importante de todos, por lo que es lógico deducir que lo ignoran. En 1950, L. Ronald Hubbard, científico y humanista norteamericano -sin duda alguna, junto con el Prof. Jorge R. Olguín, uno de los dos grandes avatares de esta época-, anunció al mundo el increíble descubrimiento de que el hombre, además de mente analítica, tenía una segunda mente, la mente reactiva, que era la verdadera causante de todas las aberraciones humanas, desde los trastornos más leves, como las alergias y las cefaleas, hasta las enfermedades más graves, como el cáncer, la diabetes o la hipertensión. Incluso también descubrió que los delitos, cualquiera fueren ellos, también tenían origen en la mente reactiva. Hubbard, gozoso con el descubrimiento, que implicaba el comienzo de una nueva era para la Humanidad, lo ofreció desinteresadamente a los médicos de la época, especialmente a los psiquiatras, que lo rechazaron asustados porque demostraba que sus teorías sobre la mente estaban totalmente equivocadas y, además, porque ponía la curación de las enfermedades en manos de cualquier persona, medianamente inteligente, que tuviera un mínimo de amor por el semejante. Los descubrimientos de Hubbard constituían el fin de la Psiquiatría, y entonces optaron por desacreditarlos. Naturalmente que no pudieron -la verdad siempre triunfa al final- y hoy la Psiquiatría está en una vergonzosa retirada. En la actualidad, los descubrimientos de L. Ronald Hubbard están diseminados por todo el mundo (en Rusia hasta se enseña en las escuelas, Japón y China los conocen y aplican, etc.). Pero en nuestro país, la Medicina y el Derecho aún los ignoran supinamente. Y lo más insólito es que no estamos hablando de teorías sino de hechos científicos comprobados hasta el cansancio y cuyo soporte son axiomas demostrados irrefutablemente, que cuando se los pone en práctica siempre funcionan, sin excepción. El descubrimiento de Hubbard, fundamentalmente, es que cada palabra dicha alrededor de una persona inconsciente (por ejemplo, anestesiada) queda grabada como orden hipnótica de alto poder en la mente re-activa de la persona porque contiene dolor (la hipnosis de salón no lo tiene y aun así es intensamente aberrativa), y puede reestimularse más tarde en forma impredecible, porque el engrama no actúa sino que reacciona automáticamente. En un caso real, por ejemplo, una enfermera dijo (no importando a qué podría referirse): "No lo soporto más", y la mente reactiva, interpretando caprichosamente que se trataba del cuerpo, en cumplimiento de esa orden que tiene incorporada, cortó la circulación en las piernas produciendo parálisis y el paciente quedó postrado hasta que se le encontró y eliminó el engrama. En otro caso, el anestesista dijo: "Este paciente no es como los demás", y la mente reactiva interpretó que el organismo debía ser distinto y por lo tanto desarrolló una malformación tipo "hombre elefante". Ejemplos como éstos hay millones en todo el mundo, debidamente documentados y a disposición de quien quiera consultarlos. ¿Qué esto no tiene sentido? Pero sin embargo así de irracional es el mecanismo de la mente reactiva (y tiene su razón de ser porque se trata de un mecanismo de supervivencia que todo ser vivo posee). Y precisamente su carácter de increíble ha hecho que su descubrimiento se haya demorado hasta mediados del siglo XX. La proposición a ustedes de una campaña de esclarecimiento está, obviamente, ínsita en esta carta. Recuerden que cada minuto que pase sin que esto se haga público significa el implante de engramas, potencialmente aberrantes, en una persona inocente cuyo poder analítico se encuentra disminuido momentáneamente. Si los que son los pilares de la sociedad -y tienen poder para modificar el estado de cosas- se muestran indiferentes, menos lo harán los que se encuentran en los estamentos más bajos. Sin otro particular, y quedando a disposición de cualquiera que desee ampliar estas explicaciones o aclarar dudas, los saludo muy atentamente. Horacio Velmont (fundador) LA INFALIBLE E INJUSTAMENTE ACUSADA MENTE HUMANA En 1950, L. Ronald Hubbard, científico, filósofo y humanista norteamericano, descubrió, contrariamente a las teorías escolásticas -que predicaban la necedad y la maldad congénitas del hombre-, que el ser humano era inherentemente inteligente, inherentemente sano e inherentemente bueno y solidario. Pero lo más asombroso que descubrió fue que la mente humana era un mecanismo infalible, incapaz de cometer un error. ¿Por qué, entonces, los hechos parecen demostrar lo contrario? Todo ser humano tiene sobre sus hombros una máquina perfecta, que jamás se equivoca. Simplemente es infalible. La mente humana puede compararse a una computadora. Cuando uno compra una computadora, compra una computadora perfecta, que jamás se equivoque. ¿Quién compraría una computadora que cometa errores? Muy bien, uno la compró y entusiasmado la lleva a su casa y le instala un programa, digamos el procesador de textos Word. Ahora bien, como todos sabemos, el Word es un programa muy bueno pero que tiene fallas, y es así como al dos por tres aparecen cartelitos en la pantalla que los anuncian y que pueden enloquecer a cualquiera. ¿Qué pasó con la computadora perfecta que compró? Por supuesto que sigue siendo perfecta, pero el que tiene fallas es el programa instalado. Y eso es todo. Con la mente humana sucede lo mismo. La maquinaria es perfecta y computa sin equivocarse. Y no se equivoca ni siquiera cuando se le incorporan datos falsos. Así, si alguien tiene el dato (obviamente falso) de que todos los políticos son corruptos, computará perfectamente, cada vez que hable de política, sosteniendo que "todos los políticos son corruptos", porque esos son los datos que tiene para computar. Para la computación, la verdad real sobre si todos los políticos son o no corruptos no interesa. Naturalmente que si a pesar de tener incorporado el dato de que "todos los políticos son corruptos" computara todo lo contrario, es decir que "no todos los políticos son corruptos", entonces sí que no sería infalible y no podría confiarse en ella, porque obviamente la máquina está "demente" ya que no computa con los datos que tiene. Ahora bien, observemos que la computadora a la que uno le instaló el Word no le presenta un cartelito en pantalla que por ejemplo diga: "Me niego a computar con Word porque tiene datos falsos, ya que hay políticos que son honestos. Coloque otro programa que tenga datos verdaderos". No, no hace eso. Simplemente sigue adelante y computa con los datos falsos, porque la computadora no está preparada para hacer esa evaluación, sino para computar con los datos que tiene y nada más que con los datos que tiene. Esta evaluación la tiene que hacer el operador, no la computadora, que es una máquina. Lo que ocurre es que en algunos casos el operador no sabe que se trata de datos falsos, y entonces no hace ninguna corrección, y en otros es obligado compulsivamente a computar con esos datos falsos, y entonces tampoco hace ninguna corrección. Con la mente humana también sucede lo mismo. No está programada para dejar de computar por el hecho de que el dato sea falso. La mente humana, en razón de que es una máquina, no sabe si el dato es o no falso y entonces computa con los datos que tiene, sean falsos o verdaderos, porque no hace ninguna evaluación al respecto. ¡Si el dato es falso o verdadero no es de su incumbencia! Y la computación que hace es perfecta, absolutamente infalible, como la computadora que uno compró. ¿Por qué esto es así? Simplemente porque es imposible la construcción de una computadora que deseche los datos falsos que se le introdujeron y compute con datos verdaderos que no se le introdujeron. Esto puede verse fácilmente en el siguiente ejemplo: si uno compra un casete con un concierto de piano y orquesta en el que el ejecutante pifió una nota, el grabador lo reproducirá tal cual, sin corregirle el error del pianista. Y nadie dirá que el grabador no es un mecanismo perfecto, infalible, que no reproduce tal cual lo grabado. La mente humana, como la computadora, está obligada a computar aunque el dato sea tan falso como dos más dos igual a cinco. El hipnotismo es un buen ejemplo de esta circunstancia. Si a una persona se la hipnotiza y se le impone la orden de que al despertar responderá afirmativamente a cualquier pregunta que se le haga, no importa que se le pregunte si es posible pasar un camello por el ojo de una aguja, simplemente dirá que sí. Y seguirá diciendo que sí a cualquier cosa que se le pregunte, por más disparatada que sea la respuesta. ¿Por qué actúa así? Simplemente porque se le ha introducido un dato falso y tiene que computar con él. Incluso el hipnotizador le puede revelar la orden que le implantó, pero para el sujeto esto no es real y no variará su computación. Seguirá respondiendo afirmativamente a cualquier pregunta. El dato falso se llama engrama, cuyo mecanismo es similar al de una orden hipnótica, y es ignorado supinamente por la Psiquiatría. La mente reactiva tiene mayor poder que la mente analítica y es la que finalmente impondrá su "opinión" anulando todo pensamiento y análisis racional. Mientras el engrama no le sea eliminado, la persona con un engrama así seguirá con la misma postura, creyendo que la opinión proviene realmente de él y que por supuesto que es válida porque así lo cree. Si se le pide que explique las razones que tiene, las dará absolutamente convencido de que son valederas sin importar lo disparatadas que sean. Esto se denomina "racionalización del engrama". El ser humano no podrá evolucionar hasta que no se le eliminen de su mente reactiva todos los engramas (datos falsos) que contiene. Afortunadamente, eso ya se está haciendo. Nota: Quien desee ampliar este tema puede solicitarnos el material denominado "Origen de la estupidez humana" a grupo_elron@hotmail.com y en 48 horas se lo enviaremos en forma gratuita. * Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación
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