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Los tics nerviosos |
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Los tics nerviosos son movimientos complejos, rápidos, súbitos, impredecibles, sin propósito y de intensidad variable, que pueden ser motores, fónicos, o una combinación de ambos…
La mujer que posó para Leonardo Da Vinci tenía un tic nervioso muy particular que el gran artista supo representar muy bien…
Uno de los tics nerviosos más comunes es el de la mano temblorosa…
Entre los tics nerviosos más comunes también está el de llevarse los dedos a la nariz…
Los tics nerviosos pueden aparecer en cualquier momento, como sucedió con el actor Charlton Heston durante la filmación de “El planeta de los simios”…
Hay movimientos involuntarios que no entran en la categoría de tics nerviosos…
Algunos psiquiatras han tratado de curar los tics con métodos extremos, pero no han dado ningún resultado…
¿Así que dices que le guiñaste el ojo a la vecina de la cueva de al lado porque tienes un tic nervioso?
Algunos círculos están formados por aquellos que tienen el mismo tic nervioso. Curiosamente, admiten travestis pero no mujeres…
Hay tics nerviosos que son tan persistentes que ni siquiera el fallecimiento de la persona los elimina…
Dígame, profesor Velmont, ¿usted tiene algún método infalible para curar los tics nerviosos?
HORACIO VELMONT
¿Si tengo algún método infalible para curar los tics nerviosos? A ver, a ver, déjame pensar un poco…
JORGE OLGUÍN
La clasificación que hace la Psiquiatría de los trastornos carece totalmente de valor porque todos provienen de la mente reactiva y de la restimulación de engramas, y como las consecuencias de esta restimulación son infinitas, su exhaustiva tipificación resulta imposible, además de conducir al absurdo. Y quien lo dude puede examinar los diversos nombres con que los psiquiatras han catalogado a las fobias…
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¿QUÉ SON LOS TICS?
por Horacio Velmont
Los tics, en rigor, son hábitos, significando esto que su origen se encuentra en la mente reactiva y en la consecuente restimulación de engramas. Los tics motores simples son los más frecuentes, por ejemplo parpadeo o guiño de los ojos, sacudidas verticales u horizontales de la cabeza y el encogimiento de hombros. Hay otros tics que también afectan a brazos y piernas. Dentro de los tics motores complejos, aunque bastante infrecuentes, se encuentran el golpearse a sí mismo, saltar, pisotear, etc. En la categoría de tics fónicos o vocales simples se agrupan aquellos que consisten en aclararse la garganta, gruñir, sorber por la nariz, resoplar, etc., y entre los complejos, la repetición de las palabras que le dirigen o de sus propias palabras, la emisión de palabras obscenas, etc. La Psiquiatría considera que el síndrome de Gilles de la Tourette es un desorden neuroconductual genéticamente heredado, que se manifiesta inicialmente durante la infancia o la adolescencia y que se caracteriza por la aparición de tics motores o fónicos, simples o complejos, de presentación variable a lo largo del tiempo. También lo asocian a problemas de conducta, como obsesiones y compulsiones, impulsividad, ansiedad e irritabilidad, hiperactividad y dificultades de concentración. El síndrome recibe su denominación en reconocimiento al neurólogo que lo describió por primera vez en 1885. En realidad, todos los tics, cualesquiera de ellos, son trastornos psicogénicos provocados por engramas. Lo que ocurre es que los psiquiatras tienen la manía de ponerles nombres a los trastornos para dar la sensación a los legos de que saben de que se trata. Un trastorno, en rigor, no es más que la dramatización de un engrama que se ha restimulado. Esto nos lleva a la inutilidad del diagnóstico, porque sería lo mismo que los plomeros diferenciaran la humedad de la pared por el aspecto que presentan, cuando todos sabemos que la causa única es un caño roto. Cuando un caño se rompe es impredecible la mancha que provocará en la pared, y, de la misma forma, cuando un engrama se restimula también son impredecibles los trastornos que causará. Por eso es absolutamente superfluo intentar diferenciarlos. Ese intento de diferenciar los trastornos dándoles un nombre es precisamente lo que vuelve locos a los psiquiatras porque, como se dice vulgarmente, “no le encuentran la vuelta”. Además, la única forma de tratarlos es ubicar el engrama que lo causa y eliminarlo. Como se dice vulgarmente, “muerto el perro se acabó la rabia”. En resumen, quienes compulsivamente guiñan los ojos, se muerden los labios, se roen las uñas, juegan, beben o fuman tienen un hábito. ¿Pero qué es un hábito? Buscando en el Google encontramos la siguiente definición: “Tendencia a actuar de una manera mecánica, especialmente cuando el hábito se ha adquirido por ejercicio o experiencia. Se caracteriza por estar muy arraigado y porque puede ejecutarse de forma automática”. Mala, muy mala, pésima, errónea, definición de hábito, porque lo que se está definiendo no es el hábito sino el patrón o modelo de entrenamiento: “Estímulo-respuesta dispuesto por la mente analítica para ocuparse de la actividad rutinaria o de la actividad de emergencia. Permanece en la mente somática, y la mente analítica puede cambiarlo a voluntad”. Un patrón o modelo de entrenamiento es, por ejemplo, cuando alguien aprende a manejar los cambios de un automóvil hasta poder hacerlos en forma automática. Supongamos que por equis razones lo vende y se compra un tractor. Los movimientos de los cambios de un tractor son distintos a los de un automóvil, pero por más que aquéllos los tenga “arraigados”, igualmente puede cambiarlos y aprender a manejar los del tractor sin mayores problemas. Esto significa que los patrones o modelos de entrenamiento, contrariamente a lo que sucede con los hábitos, pueden ser cambiados a voluntad. Según relata el eximio pianista Arturo Rubinstein, un día en que actuaba interpretando uno de los conciertos para piano y orquesta de Beethoven practicó, aprovechando un momento en que la composición indicaba un espacio de silencio para el solista, una nueva digitación y cuando le tocó nuevamente el turno la empleó con todo éxito. ¿Por qué lo pudo hacer? Por lo que hemos dicho recién, es decir, porque los patrones o modelos de entrenamiento pueden cambiarse a voluntad. Recuerdo haber conversado en cierta ocasión con un concertista de piano que me confesó que nunca abordaba ante el público la famosa Sonata en si menor de Liszt porque siempre, llegado a un punto, se equivocaba en la digitación a pesar de que sabía cuál era la correcta. En estos dos ejemplos podemos ver la diferencia entre un hábito y un patrón o modelo de entrenamiento. Rubistein había aprendido una determinada digitación como modelo o patrón de entrenamiento y cuando después encontró una nueva que podía mejorar la ejecución, simplemente la cambió, incluso en medio de un concierto. Pero el otro concertista había aprendido una digitación errónea que la tenía incorporada como hábito y no como modelo o patrón de entrenamiento, y por eso no podía modificarla. Esto significaba que cuando llegaba a ese preciso momento la ejecución se le trababa y el pasaje salía “sucio”, como se dice comúnmente en la jerga pianística. ¿Cómo podríamos, entonces, definir el hábito para diferenciarlo claramente del modelo o patrón de entrenamiento? “Un hábito es la reacción de estímulo-respuesta dictada por la mente reactiva a partir del contenido de los engramas y ejecutada por la mente somática. Puede ser cambiado únicamente por aquellas cosas que cambian los engramas”. Un modelo o patrón de entrenamiento se graba en los bancos de recuerdos de la mente analítica, mientras que un hábito se graba en los bancos de engramas de la mente reactiva. La computadora nos brinda uno de los mejores ejemplos para comprender lo que es un engrama y su relación con el hábito. Todos los procesadores de textos, como por ejemplo el Word, tienen incorporados la corrección automática de las palabras para cuando éstas se escriben mal. Es decir, si uno escribiera “baca”, que va con “v”, de inmediato el corrector la cambia por “vaca”. Naturalmente siempre que tal corrección se encuentre incorporada en el procesador de texto. Pero supongamos que por un error la persona incorporara en el corrector automático una palabra mal escrita, por ejemplo, “baca” en lugar de “vaca”. ¿Qué sucedería entonces? Pues sucedería que cuando quiera escribir “vaca” el procesador de texto escribiría “baca”. Esto sería un ejemplo claro de lo que es un engrama, o más precisamente, en el caso que nos ocupa, de un hábito. Para que el procesador de texto no escriba “baca” cuando nosotros queremos escribir “vaca”, hay que eliminar esa corrección errónea. No hay otra forma. Un hábito, consecuentemente, no es más que una grabación errónea en la mente reactiva, y en el caso de los tics, aunque el enfermo no quiera guiñar un ojo o morderse el labio lo hará lo mismo. Por supuesto que puede resistir la tentación durante un determinado tiempo manteniendo la conciencia alerta, pero como nadie puede estar todo el tiempo así, al final, en cuanto la atención se desvíe hacia las labores cotidianas, muchas de ellas automáticas, volverá a recaer en el hábito. Para curarse de un hábito la única solución, como ya señalé, es eliminar el engrama que impulsa a comérselas. Y ésta es toda la simple historia de los tics, que puede aplicarse a todos los hábitos, no importa como se los llame: “vicios”, “manías”, “Síndrome de Tourette”, etc.
Referencias.
La mente reactiva automática. http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/lamentereactivaautomatica.htm
El engrama http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/elengrama.htm
Lista de temas de salud mental http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/temassaludmental.htm
Lista completa de temas http://www.grupoelron.org/general/listacompletadetemas.htm
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