| Índice |
Trastorno obsesivo compulsivo |
Sección Autoconocimiento y Salud - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección |
Bambi, creo que ambos tenemos un trastorno obsesivo compulsivo…
Yo tengo la obsesión de mirar lo que tengo dentro de la cabeza…
Hay trastornos obsesivos compulsivos que son muy peligrosos…
Créame, Martha, que su supuesto trastorno obsesivo compulsivo cesará en cuanto se le acabe la pila al vibrador…
No me vengas ahora con la excusa de que tienes un trastorno obsesivo compulsivo…
Lamento decirle, González, que su trastorno obsesivo compulsivo ha empeorado…
Algunas comunidades, como por ejemplo la de los cienciólogos, contraen un trastorno compulsivo obsesivo muy específico, aunque no faltan quienes sospechen que es un signo secreto para reconocerse entre ellos…
Dígame, profesor Velmont, ¿usted tiene alguna obsesión compulsiva?
JORGE OLGUÍN
La psicocirugía, que de tanto en tanto intentan reflotar los psiquiatras, está siempre destinada al fracaso, incluso aunque la operación en sí resulte un éxito. Esta paradoja se da porque todos los trastornos mentales, entre ellos el denominado “trastorno obsesivo compulsivo”, tienen origen en la mente reactiva y en la dramatización de engramas. Como esta mente es un mecanismo de supervivencia que considera –inherentemente– que las enfermedades son supervivencia, cualquier intento de eliminarlas, sea con cirugía o fármacos, es abortado por ella con consecuencias físicas y mentales impredecibles…
|
PSICOCIRUGÍA, LA “MEDICINA DEL BARBERO”
En siglos pasados la práctica de la cirugía se hacía en la barbería. El barbero tanto cortaba el pelo a sus parroquianos como les sacaba una muela o les extirpaba un miembro infectado. Generalmente sin entrenamiento en los procedimientos médicos, sus "tratamientos" eran muy dolorosos, con infecciones graves, y a menudo sobrevenía la muerte como resultado de las condiciones insalubres. Todo parte del absurdo de considerar que el hombre es sólo materia y que se puede reparar como cualquier artefacto de cocina.
por Horacio Velmont
Ya desde el principio la misma palabra “psicocirugía” suena a disparate, porque se la define como cualquier intervención quirúrgica del cerebro para tratar enfermedades mentales. ¿Extirpar porciones del cerebro para curar trastornos psíquicos? Bueno, con el mismo criterio se podría amputar las manos de los ladrones o cortar la lengua de los que calumnian o cegar a quienes tienen la mala costumbre de fisgonear. Ahora bien, ¿en quiénes se usa la psicocirugía? Pues en aquellos pacientes que no mejoran con los psicofármacos o que mantienen niveles altos de agresividad, sea a uno mismo (autoagresividad) o a terceros. Podríamos no ser tan estrictos en la evaluación de la psicocirugía, sin embargo, ya que en casos muy extremos quizás podría ser aplicada, pero la respuesta es que la psicocirugía nunca podría funcionar, incluso aunque la operación resulte un éxito. Supongamos que a un ladrón, que por supuesto tiene un trastorno mental que lo impulsa a robar, se le amputan las manos. ¿Por eso está curado y ya no robará más? Por supuesto que no está curado porque el impulso de robar continúa, y lo seguirá haciendo sin manos, utilizando la boca o incluso los dedos de sus piernas o contratará a alguien para que lo haga bajo su dirección. Y si no puede dar lugar a ese impulso sufrirá por no poder hacerlo y su infierno será peor que antes. ¿Ésa es la maravillosa solución que propugna la psicocirugía? De la misma forma, si se extirpa la parte del cerebro que le sirve de vehículo a un trastorno mental, el trastorno continuará buscando la salida mediante la utilización de otras partes del organismos con los impredecibles trastornos que tal situación provocará al paciente intervenido. Un ejemplo aclarará debidamente esta cuestión: supongamos que un caño roto provocó a través de la humedad el deterioro de una pared. Hay un solo camino para solucionarlo: dirigirse a la causa, es decir, a reparar el caño roto. Si se le encargara la solución a un plomero que tuviera las mismas ideas que un neurocirujano, ¿qué haría aquel? ¡Pues se ocuparía directamente de la pared y no del caño roto! ¿Cuál sería el resultado? ¡Pues que la humedad aparecería en otra parte de la pared, porque el agua seguiría fluyendo. Con la psicocirugía sucede exactamente lo mismo, y ésta es la razón de que no funcione. Por supuesto que el plomero puede tirar toda la pared abajo, y entonces no habrá pared que el agua pueda deteriorar, y el neurocirujano, de la misma forma, puede extirpar todo el cerebro, y así el trastorno no podrá aparecer porque el paciente se ha transformado en un zombi. En el ejemplo del caño roto está perfectamente clara la razón por la cual no tiene sentido reparar la pared mientras siga fluyendo el agua del caño roto, pero en el caso de la psicocirugía la cuestión es más compleja. El denominado “trastorno obsesivo-compulsivo” es una enfermedad psicogénica causada por engramas, pero esa denominación carece totalmente de valor porque todos los trastornos mentales son enfermedades psicogénicas y tienen el mismo origen. La clasificación que hace la psiquiatría de los distintos trastornos es tan inútil como catalogar la humedad de acuerdo a la forma y color de las manchas en la pared, ya que todas tienen la misma causa: un caño roto. En el caso de los trastornos mentales la cuestión es similar, pues todos tienen el mismo origen, la mente reactiva. Para comprender cabalmente por qué la psicocirugía nunca puede prosperar hay que tener en cuenta la existencia de la mente reactiva, la segunda mente del hombre, que es un mecanismo de supervivencia. Cuando alguien tiene un accidente cuyo impacto lo desmaya, la mente analítica o consciente se desconecta, y de inmediato la mente reactiva de la víctima graba en sus células todo lo que sucede a su alrededor para información de futura supervivencia. La mente reactiva, mientras la mente analítica o consciente está desconectada graba más de cincuenta percepciones, sonidos, tacto, olores, palabras, etc., incluso, y fundamentalmente, el dolor. Cuando más grande sea el dolor, más profundamente se graban todas esas percepciones. Esa grabación en la mente reactiva se denomina “engrama”. Los engramas operan como órdenes hipnóticas de alto poder porque es precisamente el dolor el que las hace más compulsivas. En el futuro, cuando en el medio ambiente se reproduzca algún contenido de la mente reactiva, especialmente las palabras, el engrama se activará e impulsará al organismo a huir. El hombre primitivo, de la misma forma que los animales, que también tienen mente reactiva aunque en mayor proporción –los animales tienen 5 % de mente analítica y 95 % de mente reactiva–, huían de inmediato frente al aviso de peligro que les procuraba este mecanismo de supervivencia, pero el hombre civilizado no, y entonces sufre el dolor del engrama que no es obedecido. Las mente reactiva, como mecanismo de supervivencia que es, se hace obedecer mediante el dolor, y si el organismo no huye, entonces impone más y más dolor hasta que lo logra. ¿Pero qué sucede si fracasa? Pues el organismo colapsa por alguna enfermedad crónica impredecible. Es el precio de la civilización. En cualquier circunstancia de la vida en que una persona disminuya su poder analítico, la mente reactiva se pone en funcionamiento, y si la grabación contiene palabras como, por ejemplo: “jugarás hasta el cansancio”, “te comerás las uñas hasta sangrar”, “te golpearás la cabeza contra la pared”, “limpiarás los vidrios hasta gastarlos”, “aplaudirás hasta rabiar”, o cualquier otra similar, esa persona tendrá lo que se denomina un “trastorno obsesivo compulsivo”. Como las personas ignoran que una persona desmayada o semidesmayada graba todo lo que se dice a su alrededor como órdenes hipnóticas de alto poder, hablan desaprensivamente a su lado, lo cual configura un atentado a la cordura de la víctima. En el hombre de la calle puede justificarse esta ignorancia, pero no por ejemplo en los cirujanos, que podría decirse que son los máximos “especialistas” en implantar engramas “de lujo” en sus pacientes, ya que están presentes los dos factores que profundizan los engramas: la profundidad de la inconsciencia y el máximo dolor. Todo esto se sabe porque existe la técnica para encontrar estas órdenes hipnóticas e incluso borrarlas de la mente reactiva, en cuyo caso desaparece definitivamente la compulsión. Desde ya que esto está explicado de una forma sencilla para que el lector tenga rápidamente un panorama del funcionamiento de la mente reactiva, porque, por ejemplo, en realidad no es necesario que las palabras sean las exactas para producir determinado trastorno compulsivo, ya que cualquier palabra –incluso un simple “hazlo”– que se restimule en la mente reactiva puede producir eventualmente esa compulsión. La mente reactiva es un mecanismo impredecible y puede salir disparado, para decirlo bien ilustrativamente, “para cualquier lado”. Además, en la vida de cualquier persona existen cientos de engramas que se encuentran alineados en el tiempo como los eslabones de una cadena y pueden restimularse todos al mismo tiempo. De ahí su complejidad y peligrosidad. Ahora bien, siendo la mente reactiva un mecanismo de supervivencia, no lo sería si al mismo tiempo no estuviera preparada inherentemente para proteger a sus engramas. Recuérdese que para la mente reactiva los engramas son “supervivencia”. Como el trastorno obsesivo compulsivo tiene origen en la mente reactiva, si el neurocirujano extirpa una parte del cerebro, esta mente, que es un mecanismo montado a nivel celular, sigue conteniendo el o los engramas que provocan dicho trastorno, y entonces buscará seguir teniéndolo por otros conductos. Una psicocirugía puede ser exitosa, pero como la mente reactiva no se puede eliminar, proseguirá dramatizando, de cualquier manera que sea, el o los engramas que ordenan compulsiones. Ésta es la razón de muchos de los cambios de conducta que se han observado en aquellos pacientes a los que se les ha practicado una psicocirugía. Ni siquiera puede hablarse a favor de la psicocirugía de que se cuenta con la esperanza de que al paciente le salga un comodín y se cure, ya que en esta materia los comodines no existen: la mente reactiva al final siempre triunfa, siendo la única manera de que pierda la eliminación de los engramas que contiene. Y ésta es toda la historia de por qué es inevitable que la psicocirugía fracase, y de la razón de que en definitiva este tipo de operaciones no sea más que uno de los tantos disparates a los que nos tiene acostumbrado la Psiquiatría.
Referencias.
El cerebro http://www.grupoelron.org/quees/luxlvii_cerebro.htm
La lobotomía http://www.grupoelron.org/quees/epdlsxiii_lobotomia.htm
El electrochoque, ¿cura o mata? http://www.grupoelron.org/quees/elelectrochoque.htm
Los trastornos mentales http://www.grupoelron.org/quees/epdlsviii_transtornosmentales.htm
Drogas para borrar recuerdos http://www.grupoelron.org/quees/epdlsv_drogasborrarrecuerdos.htm
La terapia de aversión http://www.grupoelron.org/quees/epdlslii_terapiaversion.htm
La ludopatía http://www.grupoelron.org/quees/epdlslv_ludopatia.htm
El Casanova http://www.grupoelron.org/quees/epdlslviii_scasanova.htm
La disfunción eréctil http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/epdlslxi_derectil.htm
El froteurismo http://www.grupoelron.org/quees/epdlslxv_froteurismo.htm
El voyeurismo http://www.grupoelron.org/quees/epdlslxiv_voyeurismo.htm
El exhibicionismo http://www.grupoelron.org/quees/epdlslx_exhibicionismo.htm
La ninfomanía http://www.grupoelron.org/quees/epdlslvii_ninfomania.htm
La necrofilia http://www.grupoelron.org/quees/epdlslix_necrofilia.htm
La cura de sueño http://www.grupoelron.org/quees/terapiasuenoprofundo.htm
Eduard Punset y el alma cerebral http://www.grupoelron.org/quienes/eduardopunsetyelalmacerebral.html
Lista de temas de salud mental http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/temassaludmental.htm
Lista completa de temas |