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Violencia familiar
Grupo Elron
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La ONU define la violencia contra la mujer como:

“Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o en la vida privada".

(Consejo Económico y Social, ONU, 1992)


 

 

La historia conocida

Como puede verse en este artículo, publicado en Femme uol Familia, los "expertos" siguen sin encontrar la verdadera solución al problema, a pesar de que los descubrimientos de L. Ronald Hubbard sobre la mente humana ya datan de más de medio siglo...

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La violencia en la familia

Tiene consecuencias emocionales personales en cada uno de nosotros y forma parte de la realidad de muchas familias. Cómo enfrentarla.

(En Plenitud) - El Diccionario de la Real Academia Española explica que "violentar" es "la aplicación de medios sobre personas o cosas para vencer su resistencia". Así se ha definido a la violencia como "el uso de una fuerza, abierta u oculta, con el fin de obtener de un individuo o de un grupo lo que no quieren consentir libremente".

La violencia familiar es toda acción u omisión cometida en el seno de la familia por uno de sus miembros, que menoscaba la vida o la integridad física o psicológica, o incluso la libertad de uno de sus integrantes.

La violencia siempre es una forma de ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza (ya sea física, psicológica, económica, etc) e implica la existencia de un "arriba y un abajo", reales o simbólicos. Para que la conducta violenta sea posible tiene que darse un cierto desequilibrio de poder, que puede estar definido culturalmente o por el contexto, o producido por maniobras interpersonales de control de la relación.

La violencia dentro del núcleo familiar (violencia hacia la mujer, maltrato de los padres hacia sus hijos, maltrato de los hijos adultos a sus padres ancianos) no constituye un problema ni moderno ni reciente, por el contrario ha sido una característica de la vida familiar desde tiempos remotos. Es sólo recientemente que comienza a concientizarse como fenómeno muy grave y que daña la salud de la población y el tejido social.

El reconocimiento del fenómeno se debe a múltiples factores, en primer término, la familia ha dejado de ser un reducto privado infranqueable, sujeto a las decisiones internas y a la autoridad de quien la gobierna. Las políticas estatales mundiales tienden a la protección integral de la familia y de los miembros que la componen, la autoridad del "Padre de familia", ha declinado, se han modificado la posición de la mujer en la sociedad y el niño es considerado sujeto de derechos.

La neutralidad del poder público desaparece ante circunstancias que ponen en peligro la integridad de las personas en el seno familiar. El resguardo de la intimidad doméstica no excluye el apoyo o auxilio de la comunidad. Para eso deben conocerse los conflictos y problemas que afectan la dinámica familiar. Se ha debido luchar muy duramente para correr la imagen idílica que portaba el concepto de familia, y que oscurecía el reconocimiento de hechos aberrantes cometidos en el seno de la misma.

La observación clínica, la investigación empírica, las noticias periodísticas, y los boletines informativos, nos describen dolorosos actos de violencia entre esposos, de adultos hacia los niños a su cuidado, y de los ancianos dependientes en el núcleo familiar. Todos estos hechos han acrecentado la conciencia pública y nos han obligado a reconocer que la violencia en el interior de la familia es un fenómeno común de nuestra sociedad moderna y que atraviesa todos los niveles socioeconómicos y culturales.

Esta compleja realidad deja a nuestro sistema social inadecuadamente preparado para aliviar el sufrimiento de las víctimas y sus familias. Todas las disciplinas involucradas en la detección, intervención, y tratamiento (medicina, educación, servicios sociales, servicio de justicia, salud mental) no cuentan con el entrenamiento adecuado y específico. Las políticas sociales no responden a las realidades emergentes. Los servicios sociales y de salud, el sistema de justicia criminal y civil lidian con el problema sin adecuadas medidas de seguimiento y con incompetencia técnica del personal asignado. La comunidad en general experimenta alienación, confusión y falta de información básica acerca de cómo trabajan los distintos servicios de la red y su interdependencia.

¿Por qué la Violencia en la Familia?. La familia, como una organización social, se ordena jerárquicamente de acuerdo con principios que varían históricamente. Sin embargo hay uno que se ha mantenido estable a través de los siglos: el de la estructuración jerárquica en función de la edad y del sistema de "género". Esto es, las creencias y valores sostenidos culturalmente acerca del comportamiento de hombres y mujeres, de las relaciones entre ellos y de las características de los sexos. Las consideraciones valorativas acerca de lo que es predominantemente masculino y femenino, determina los modelos sociales acerca del lugar del hombre, de la mujer, de las relaciones en el seno de la familia, del lugar de los hijos.

Así se forman supuestos implícitos que subyacen a la organización familiar, y que regulan la distribución del poder entre sus miembros. Para poder enfrentar la violencia en la familia hay que reconocer y analizar algunos de estos supuestos históricos implícitos culturalmente son:

1) La familia está organizada en jerarquías de poder desiguales entre hombres y mujeres.

2) La desigualdad proviene de un ordenamiento biológico entre los sexos que otorga superioridad al hombre.

3) Las mujeres están destinadas a ejercer funciones maternales, más allá de su capacidad reproductiva.

4) Es ésta condición natural la que les otorga características de debilidad, pasividad y sensibilidad.

5) Los hombres dominan la naturaleza por medio de la intrusión, la acción y la fuerza.

Todos estos supuestos implícitos consensuados socialmente, corresponden a un modelo autoritario de familia, donde el respeto no es entendido como reciprocidad entre los miembros, sino que es definido a partir de una estructura de poder vertical. La dependencia de los más débiles a los más fuertes se refuerza, y la autonomía es un derecho no reconocido igualitariamente para todos los miembros del sistema familiar.

Claves para enfrentar el problema:

·  Reconocer el problema.

·  Conversar el tema.

·  Dejar de justificar la violencia.

·  Pedir ayuda. Hay intituciones que ayudan y orientan en estas instituciones.

·  Denunciar la situación o recurrir a instituciones de tu comunidad no aislarse y buscar ayuda.

 

 

 

La historia verdadera

EL MATRIMONIO REACTIVO

¿Por qué un hombre golpea a una mujer?

Estimado profesor Velmont: Soy lo que vulgarmente se llama una "mujer golpeada". Cuando me casé estaba muy enamorada y el matrimonio iba de maravillas, pero un día mi esposo, que era una persona naturalmente serena, se transformó en alguien irascible y comenzó a golpearme con cualquier excusa. Mi rostro y mi cuerpo están llenos de moretones. Sabemos que no sirve de nada hacer la denuncia, en principio porque no es la solución, y por el otro, porque las autoridades simplemente la toman y el culpable queda libre, ni tampoco se puede recurrir a los psicólogos o psiquiatras porque tampoco tienen soluciones.

Lo más insólito es que mi esposo es el primero que quiere resolver el problema, pero hemos concurrido a diversos profesionales y ninguno ha podido hacer algo. Es obvio que no tienen la menor idea de por qué un hombre se transforma, de persona serena, buen padre y buen esposo, en un golpeador.

Si usted pudiera darme alguna solución se lo agradecería eternamente.

Gloria H.

RESPUESTA

Apreciada Gloria: Detrás de todo hombre golpeador hay un engrama que se ha restimulado y que lo impulsa irracionalmente a esa actitud. El engrama es similar a una orden hipnótica de alto poder y por definición contiene dolo como parte de su contenido, que es lo que lo hace más compulsivo.

Te voy a poner un ejemplo muy claro. Supongamos que tu esposo tenía un padre que golpeaba a su esposa, es decir a su madre.

Veamos la escena: la madre lleva la comida a la mesa y el padre se enoja por una futileza, quizás le faltaba sal a la carne o la sopa estaba algo fría. Bien. El padre se levanta de la silla y comienza a decirle a la madre, mientras la zamarrea fuertemente y la golpea, cosas como "no sirves para nada, no debí casarme contigo, a las mujeres siempre hay que golpearlas para que hagan las cosas bien" , y quizás también le profiera insultos.

Tu esposo, que en ese momento tiene cinco años, contempla esta escena de su padre golpeando a su madre y llora. El padre, molesto por ello, le pega también.

¿Qué sucede entonces? Pues el pequeño, ahora tu esposo, tiene un engrama, es decir una orden hipnótica, en su mente reactiva, que dice: ". a las mujeres siempre hay que golpearlas para que hagan las cosas bien" . Y ese engrama está bien fijado a su mente reactiva por el golpe recibido del padre y el dolor consecuente, y sólo espera la ocasión propicia para entrar en acción.

Tienes que tener en cuenta que un engrama nunca se restimula si no encuentra en el medio ambiente el restimulador adecuado. Tampoco se restimula si la persona está plenamente analítica.

¿Pero qué sucede? Pues se casa contigo, que eres parecida a su madre, quizás en el pelo, quizás en la voz, o simplemente tú pronuncias palabras que están contenidas en el engrama en un momento en que él tiene un fuerte dolor de cabeza (es decir, su poder analítico está disminuido), y como consecuencia de ello el engrama se restimula y él cumple, sin ser consciente de ello, la orden de golpearte, porque tu eres mujer y "a las mujeres hay que golpearlas para que hagan las cosas bien" .

Esto significa, en este ejemplo, que tu misma persona o las palabras que pronuncias -quizás también lo insultes a él reprochándole cosas- son el restimulador y tu esposo, sin darse cuenta de lo que está sucediendo, cumple inconscientemente la orden de golpearte.

Esto no es más que mentes reactivas contra mentes reactivas, es decir, máquinas contra máquinas. Y las máquinas no "actúan", sino que reaccionan automáticamente ante un determinado estímulo .

No importa el hecho de que tú verdaderamente le hayas servido la sopa caliente o la carne correctamente salada, pues cuando el engrama se restimula cualquier excusa es buena. El engrama es, por definición, irracional; detrás de la dramatización de un engrama no hay nada lógico.

Con esto quiero decirte que todo engrama exige la justificación de la conducta irracional. Y así tu esposo, para justificar su conducta absurda (el no es consciente de que es absurda), dirá que la comida estaba fría o le faltaba sal, aunque nada de eso sea cierto.

En el ejemplo que puse, las palabras del engrama estaban claras, es decir, ordenaban claramente golpear a las mujeres, pero no es necesario que sea así, pues cualquier palabra puede provocar una reacción similar.

Por ejemplo, si el engrama contiene la expresión: "Tú eres diferente", cuando se restimula puede transformar a un hombre sereno en golpeador, porque la mente reactiva puede "interpretar" que "ser diferente" es golpear a las mujeres, porque los hombres que no son diferentes no las golpean.

Los engramas son, de por sí, irracionales y por tanto de resultados impredecibles. No es dos más dos es cuatro. Puede ser 5, 3 o 100.

Como ya te estarás dando cuenta, la única solución para tu esposo, y por ende para ti, es el borrado de ese engrama u orden hipnótica, algo que solamente lo puede lograr Dianética.

No obstante, existe una solución mejor, dependiendo de la capacidad de tu esposo para comprender y de la potencia del engrama, porque si el engrama es muy poderoso, mejor es eliminarlo o reducirle su poder primero con Dianética.

Me refiero a la técnica desarrollada por el profesor Jorge Olguín, director del Grupo Elron, llamada Psicointegración. Esta técnica integra la mente y transforma a la persona en dueña de sí misma y no en esclavo de sus yoes.

El ser humano tiene muchos yoes y cada yo tiene un rol distinto. Hay un yo que es siempre víctima, otro que es susceptible y siempre se enoja. También hay un yo sabio y, sí, también un yo que es "golpeador", entre muchos otros.

En este caso no sería necesario eliminar el engrama, porque tu esposo estaría por encima de la mente reactiva y podría perfectamente manejar la situación no dándole cabida a la dramatización.

Cuando hay niños en la familia, éstos son los que en definitiva más sufren y como los engramas son contagiosos como los virus, esos niños más tarde pueden también transformarse en "esposos golpeadores".

Una vez más queda patente las sabias palabras de Siddharta: "La ignorancia es la raíz de todos los males", a lo que yo agrego lo que de por sí es obvio: "Y el único antídoto es el conocimiento".

La "Ciencia Oficial", lamentablemente, es ignorante de la existencia de la mente reactiva y de su contenido de engramas, a pesar de que ya hace más de medio siglo que fue descubierta por L. Ronald Hubbard, y entonces no puede dar solución a este problema de la violencia familiar, que no sólo la ejerce el esposo contra la esposa, sino también los miembros de la familia entre sí.

No está de más que te diga que mientras llega la salvación dianética, lo mejor que puedes hacer, si puedes lograrlo, es mantenerte serena y no antagonizar con tu esposo. Como se dice vulgarmente, "seguirle la corriente".

Si replicas a lo que te diga con la misma violencia que la de él, lo que estarás haciendo es aumentar la restimulación del engrama, lo que lo llevará correlativamente a aumentar también su antagonismo y por ende la golpiza.

Seguirle la corriente no significa hacer silencio sepulcral, porque esto también es una forma de antagonismo. Tienes que simplemente acusarle recibo de los insultos sin respondérselos y contestarle únicamente y en forma amable y serena las otras cosas que te diga.

Por ejemplo, si te dice "eres una pésima cocinera y justo hoy vienen mis padres a cenar", simplemente le acusas recibo de lo primero con un "sí, realmente me hubiera gustado cocinar mejor", y luego le contestas "no sabía que venían, ahora mismo les voy a preparar la comida que a ellos les gusta", o algo así.

Esta actitud sincera (si lo dices irónicamente estarás en serios problemas) disuelve el poder del engrama y a los pocos minutos verás a tu esposo otra vez sereno como si nada hubiera sucedido. Pruébalo, funciona. Es algo realmente mágico.

Y no te sorprendas si al rato tu esposo se da cuenta de que fuiste a la peluquería y luego de decirte lo bien que te queda el nuevo peinado hace el comentario de que están exhibiendo una película muy buena y que esa noche misma, después que se vayan sus padres, te llevará a verla.

Claro que es muy difícil hacer esto cuando tu esposo, en el punto más bajo de la escala tonal, te está repitiendo por enésima vez lo mala cocinera que eres (y tú sabes que eres de lo mejor), pero, bueno, a veces asumir esta conducta puede ser la única alternativa que tienes para salvar tu vida y la de tus hijos.

Cuando dije que tienes que hablarle a tu esposo con sinceridad, me estoy refiriendo a que te tienes que ponerte en el lugar de él y comprenderlo, porque él también está pasando por un mal momento.

Bienvenida al Club. Un fuerte abrazo.

Horacio.

EL AMOR REACTIVO

por Horacio Velmont

(según las enseñanzas de L. Ron Hubbard)

Probablemente, ningún tema individual en las preocupaciones del hombre ha recibido tanta atención como el amor. No es mentira que, donde una encuentra la mayor polémica, ahí encontrará también la menor comprensión. Y donde los hechos son menos precisos, ahí encontrará también las mayores discusiones. Y así sucede con el amor. Sin duda, el amor ha arruinado más vidas que la guerra y ha hecho más felicidades que todos los sueños del paraíso. Enredado con un millar de canciones al año y sumergido bajo un montón de toneladas de literatura barata, el amor debería tener una oportunidad adecuada para ser definido". L. Ronald Hubbard

La propiciación.

En el proceso de la auditación dianética se pasará por una etapa, en el nivel superior de apatía, de propiciación. Esta conciliación es un esfuerzo por aplacar a una fuerza totalmente destructiva o sacrificarse por ella.

Es un estado en que el paciente, con profundo temor de otro, ofrece regalos caros y palabras suaves, pone la otra mejilla, se ofrece a sí mismo como víctima y, en general, hace el ridículo.

Muchísimos matrimonios no son matrimonios por amor sino por ese mezquino sustituto, la propiciación.

La gente tiene el hábito de casarse con gente que tiene mentes reactivas similares. Esto es desgraciado, pues esos matrimonios son destructivos para ambos cónyuges. Ella tiene un cierto conjunto de aberraciones que cuadran con las de él. Ella es pseudomadre ; él es pseudopadre . Ella tuvo que casarse con él porque su padre trató de asesinarla antes de que naciera. Él tuvo que casarse con ella porque su madre le golpeaba cuando era un niño.

Por increíble que parezca, estos matrimonios son muy frecuentes: uno u otro de los cónyuges se vuelve mentalmente enfermo, o ambos pueden deteriorarse. Él es infeliz; su entusiasmo se ha destruido; ella es desgraciada.

Cualquiera de ellos, con otro cónyuge podría ser una persona feliz; sin embargo, debido al miedo, no se pueden separar. Deben propiciarse mutuamente.

El auditor dianético que encuentra un matrimonio en esta condición e intenta tratar a uno de los cónyuges, más le vale tratar a ambos simultáneamente. O más le vale a esos cónyuges tratarse mutuamente, y pronto. La tolerancia y la comprensión casi siempre se fomentan con la ayuda mutua.

La propiciación, en el tratamiento dianético, tiene valor de diagnóstico. Las personas que empiezan a traer al auditor regalos caros lo están propiciando, y eso probablemente significa que ellos tienen una computación que les dice, engrámicamente, que morirán o se volverán locos si se curan.

Puede que el auditor disfrute de los regalos, pero mejor sería que comience a buscar un engrama de compasión del que aún no se ha sospechado su existencia ni se ha tocado.

El amor.

Puede decirse que existen tres clases de amor entre los seres humanos: 1) el afecto con el que la humanidad apoya a la humanidad (ley de afinidad); 2) el magnetismo real entre los componentes de una pareja (selección natural), y 3) "amor" compulsivo (dictado por la aberración).

Tal vez en las leyendas de héroes y heroínas hayan habido ejemplos de la segunda clase, y afortunadamente, al observar nuestro entorno, es posible descubrir muchas parejas felices basadas en una admiración natural y fuertemente afectuosa.

Pero donde encontraremos mayor abundancia es en la tercera clase, es decir, el amor compulsivo engrámico y en la cual los medios de comunicación sensacionalista encuentran pasto para sus crónicas.

Esta tercera clase de amor compulsivo aberrado es la que hace desbordar los tribunales con peticiones urgentes de divorcio, con querellas criminales y juicios civiles de diversa índole, la que manda los niños rincón, lejos de las disputas, cuando no al reformatorio, y expulsa de sus hogares desquiciados a mujeres y hombres jóvenes también desquiciados.

Esta clase de "amor" se ha denominado, apropiadamente, de "mentes reactivas". Aquí hay un encuentro de mentes, pero que están en el nivel de computación más bajo poseído por el hombre.

Unidos el hombre y la mujer, no por un magnetismo real entre ellos, sino por la compulsión reactiva, no encontrarán en esa unión otra cosa más que pesadumbre y desesperanza.

Así, él es un seudohermano que la golpea regularmente, o es un seudopadre al que ella tenía que aplacar, y él podría ser el médico que tanto daño le hizo.

Ella puede ser la seudomadre de él, su seudoabuela a la que él tenía que querer a pesar del modo en que ella minaba su decisión. Ella puede ser una seudoenfermera de alguna operación de hace mucho, o la seudoprofesosra que le hacía quedarse en el colegio para satisfacer su sadismo con él.

Antes del matrimonio sólo saben que existe entre ellos una compulsión que les hace estar juntos, un sentimiento de que cada uno debe ser extremadamente agradable con el otro. Y luego se celebra el matrimonio y se siente más y más restimulación de antiguos pesares, hasta que al final ambos están enfermos y la vida, quizás ahora complicada por hijos infelices, es una desgraciada ruina.

El mecanismo de la propiciación lleva consigo hostilidad encubierta. Los regalos hechos sin motivo y por encima de la capacidad de gastar, autosacrificios que parecen ser tan nobles en ese momento, constituyen propiciación.

La propiciación es un esfuerzo apático por mantener alejada una fuente peligrosa de dolor, real o imaginada. La identidad equivocada es uno de los errores menores de la mente reactiva. Sobornar, anular la posible ira de una persona que tal vez haya muerto hace mucho tiempo, pero que ahora vive de nuevo en el cónyuge, es la esperanza de la propiciación. Pero un hombre debe luchar a veces, no propiciar, porque el hombre que no lucha está muerto.

La hostilidad puede estar disfrazada; incluso puede ser completamente "desconocida" para el individuo que da rienda suelta a ella. Ciertamente, siempre está justificada en la mente de la persona que la ejerce, y se supone que es una consecuencia natural de alguna ofensa absolutamente obvia.

La esposa que "mete la pata" inadvertidamente ante los invitados, y que, debido a sus meteduras de pata deja escapar "accidentalmente" la verdad sobre la anécdota favorita de su esposo; la esposa que de repente le da un pinchazo con un alfiler "lógico" en la zona de sus esperanzas; éstas son esposas que viven con compañeros a los que deben propiciar a causa de algún perjuicio, hecho por otro hombre, que hizo añicos tales esperanzas antes de su noviazgo.

Y éstas son esposas que, propiciando, paralizan las esperanzas y malentienden las aflicciones de sus esposos.

El esposo que tiene relaciones clandestinas con otra mujer y "accidentalmente" se deja el carmín en la corbata; el esposo que encuentra mala la excelente cocina de ella y pereza cuando tiene el período; el esposo que olvida las cartas de ella que él debe echar al correo; el esposo que encuentra idiotas las opiniones de ella; éstos son los esposos que viven con esposas a las que deben propiciar.

Cuando alguien observe en un matrimonio oscilaciones entre la guerra y la paz, falta de comprensión, reducciones mutuas de libertad y autodeterminismo, vidas desgraciadas, hijos más desgraciados aún, divorcio en ciernes o concluidos, debe saber con toda certeza que se trata de uniones reactivas.

Impulsados a casarse por una amenaza desconocida, apartados de la confianza por miedo o dolor, este "encuentro de mentes" es la causa primaria de todo el desastre conyugal.

Algún día quizás exista una ley de matrimonio más inteligente que diga que sólo los no aberrados podrán casarse y tener hijos. La ley actual solamente estipula que los matrimonios deben ser, en el mejor de los casos, lo más difícil posible de separarse. Tal ley es como una sentencia de cárcel para el marido, la esposa y los hijos; todos y cada uno.

La solución.

Se puede salvar un matrimonio aclarando a sus componentes, a través de la terapia dianética, de sus aberraciones. Una solución óptima incluiría esto en cualquier caso, pues lo más difícil para una esposa o esposo es elevarse a un plano futuro de felicidad, aun cuando se hayan divorciado. Y cuando hay niños, si no se ha llevado a cabo la aclaración, se ha cometido una gran injusticia.

Generalmente se descubre que, cuando a ambos cónyuges en un matrimonio de mentes reactivas se les quita la aberración, la vida se hace mucho más que tolerable, pues los seres humanos a menudo tienen una atracción natural, aun cuando no haya estado presente una selección sexual.

La restauración de un matrimonio aclarando a los cónyuges puede que no produzca uno de los grandes amores de los que los poetas hacían loas, pero al menos traerá un alto nivel de respeto y cooperación hacia la meta común de hacer que la vida merezca la pena de ser vivida.

Y en muchos matrimonios que han sido aclarados se descubrió que los cónyuges, por debajo del sucio vestido de la aberración, se querían bien el uno al otro.

Una ganancia importante de esa aclaración es el bien de los hijos. Prácticamente todo el descontento marital tiene como factor más importante la aberración en la segunda dinámica y el sexo. Y cualquier aberración así incluye una actitud irritable hacia los niños.

Donde hay niños de por medio el divorcio no sirve, el aclaramiento sí. Y con el aclaramiento llega una página nueva y fresca de la vida sobre la que se puede escribir la felicidad.

 

* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html

 


Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación