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Anatomía del fracaso
Grupo Elron

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ANATOMÍA DEL FRACASO

Dos cosas son de capital importancia en Cienciología: GANAR y PERDER.

Una persona puede estar bloqueada bien en triunfos o bien en derrotas. Esto podría parecer una sorpresa: el que una persona pueda estar bloqueada en un triunfo; pero las realidades de un caso son que una persona está bloqueada en cualquier inversión entre intención o expectación. Se sabe del hombre que vive siempre atorado en el hecho de haber ganado la carrera, y se sabe también del hombre que vive siempre atorado en el fracaso de su negocio.

Principalmente, la persona que vive siempre de ahí en adelante en alguna especie de episodio, está viviendo la supervivencia de algo que la abrumó, en vez de su propia supervivencia.

La anatomía de ganar o perder, cualquiera de las dos, es la anatomía del postulado y del postulado inverso. (Un postulado es ese pensamiento autodeterminado que comienza, para o cambia esfuerzos del pasado, del presente o del futuro.) Tienes la intención de hacer algo haciendo un postulado de que eso ocurrirá, sin embargo ocurre alguna otra cosa. Esto es una inversión del postulado.

Ahora bien, consideremos qué es exactamente un fracaso. Es únicamente un fracaso del postulado. Es el fracaso de una intención. La intención es una cosa; el resultado de la intención es algo inverso. Esto es un fracaso.

Dirías, de buenas a primeras, que una persona que estrellara un automóvil contra un muro de piedra tendría un fracaso. Sin embargo, esto es simplemente una creencia social de que no se deberían estrellar automóviles contra un muro. Hay cuatro condiciones que podrían tener que ver con estrellar un automóvil contra un muro. Estrellar un automóvil contra un muro no es un fracaso sin la adición de los postulados.

No tienes la intención de estrellar el automóvil contra el muro y, sin embargo, lo estrellas contra el muro. Esto es un fracaso.

Tienes la intención de estrellar el automóvil contra el muro y estrellas el automóvil contra el muro. Esto es un triunfo.

Tienes la intención de no estrellar el automóvil contra el muro y no lo estrellas contra el muro. Esto es un triunfo.

Tienes la intención de estrellar el automóvil contra el muro y no lo estrellas contra el muro. Esto es un fracaso.

Por lo tanto, podemos ver que el estrellar el automóvil contra el muro, o el no estrellar el automóvil contra el muro, no determinan por sí mismos, excepto por el acuerdo público respecto a las condiciones del fracaso, un verdadero fracaso. El fracaso se deriva del no hacer lo que se tenía intención de hacer. Cuando se hace lo que se tiene intención de hacer, se tiene un triunfo. Cuando se tiene intención de hacer una cosa y se logra algo diferente, se tiene una pérdida.

Una persona está bloqueada en "triunfos" sólo cuando tuvo intención de perder, y ganó. Por ejemplo: Un corredor nunca esperó ganar. Simplemente fue parte de los participantes la mayor parte de su carrera, y entonces, espectacularmente, y casi por accidente, ganó. Es seguro que se va a estar bloqueado en ese triunfo. Por lo tanto, los únicos triunfos en que una persona se queda bloqueada son los que no fueron intencionales.

El arrepentimiento mismo es exclusivamente el estudio del postulado invertido. Alguien tuvo la intención de hacer algo bueno e hizo algo malo. Análogamente, también podría ocurrir que alguien tuviera la intención de hacer algo malo y accidentalmente hiciera algo bueno. Cualquiera de los dos episodios que ocurriera sería para lamentarse. Ejemplos de la primera condición son fáciles de concebir. En la segunda categoría, hubo una vez un hombre que tuvo la intención de "vencer" a una mujer de proporciones nada menos que hercúleas. En algún punto de esta contienda, la mujer cayó enferma y él la curó, y lo hizo en un grado tan excelente que la mujer, para quien la clemencia era desconocida, inmediatamente después lo arrolló por completo. Aquí tenemos la creencia pública de que curar es bueno, pero en este caso en particular, el individuo lo lamentó, y lo habría lamentado aunque no experimentara una pérdida posterior.

Es un comentario interesante sobre la anatomía mental del hombre que este rara vez tiene la intención de hacer algo bueno sin que realmente logre algo bueno. Siempre se puede ir hacia arriba, hacia hacer el bien. Los fracasos son más notorios cuando uno tiene la intención de hacer algo malo y no lo logra. Por ejemplo, un pistolero no acierta con su disparo a su enemigo. Él vive generalmente para lamentarlo porque su intención básicamente no era para el mayor bien para el mayor número.

El fracaso consiste exactamente en que suceda otra cosa diferente a aquello que se tenía la intención de que sucediera.

Un ejemplo de esto: Se nos enseña que "Todos los hombres son amables con todo el mundo; no hay asesinato, demencia o trastorno en ninguna parte en la vida", y así, gradualmente, procuramos conseguir que se produzca una vida tranquila, sin incidentes y fructífera. Entonces descubrimos que la gente hace cosas malas a la gente; que la gente nos fastidia para obstaculizarnos. Que nuestras metas, ambiciones y logros no valen la pena según las opiniones de otra gente, y entonces tenemos un fracaso. Aquí el fracaso es en realidad el fracaso de tener una intención correcta hacia la vida. ¿Cuál es la intención correcta hacia la vida? Para no correr ningún riesgo en absoluto, es la intención de hacer que suceda lo que sucederá. Si uno sabe que la vida va a ser difícil, cruel, ardua y despiadada a veces, entonces esto no le sorprende. No espera con mucho optimismo, o no tiene una intención tan intensa y despiadada, de que todo será "color de rosa", y no se desanima tanto cuando no todo es "color de rosa".

Las novelas románticas nos enseñan que el héroe siempre gana y que el bien siempre triunfa. Ahora bien, da la casualidad de que el héroe no siempre gana, y que el bien no siempre triunfa. En una perspectiva más restringida, podemos ver que la infamia triunfa por todas partes a nuestro alrededor. La verdad del asunto es que tarde o temprano la infamia va a perder de una manera completamente diferente de lo que el malo espera. No se puede ir por la vida convirtiendo en víctimas a nuestros semejantes sin acabar de otra forma que atrapado: siendo él la propia víctima. No obstante, esto no se observa en el curso común de la vida. Ves a los malos tener éxito por doquier, amasando dinero de una manera evidente, cortándole el cuello a sus hermanos, beneficiándose de los fallos de los tribunales y llegando a gobernar a los hombres. Sin considerar la consecuencia final de esto, que está ahí con tanta seguridad como que el sol sale y se pone, comienzas a creer que el mal triunfa, aunque se te haya enseñado que sólo triunfa el bien. Esto hace que la persona misma tenga un fracaso y, de hecho, causa su ruina. La forma segura de tener la intención de que la vida siga su curso es la manera en que la vida sigue su curso. Una actitud mucho más sana es cambiar la vida donde uno pueda cambiarla, y no descorazonarse porque uno no la haya cambiado más. En otras palabras, se puede tener la intención de cambiar la vida para mejorarla y se puede tener éxito. Con Cienciología, particularmente, se puede lograr esto. Antes de Cienciología, probablemente no se podía, así que no habría sido seguro o saludable esperar cambiar la vida en modo alguno. Pero ahora se puede al menos cambiar la vida en el ámbito en que uno existe; y de esta manera, el que las cosas puedan mejorar se vuelve una realidad.


Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación