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Ataques a Cienciología I
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ATAQUES A CIENCIOLOGÍA
Las verdaderas razones
LOS QUE LUCHAN CONTRA CIENCIOLOGÍA
Dianética no nació de una manera sosegada. Incluso antes de la publicación del libro de L. Ronald Hubbard Dianética: La ciencia moderna de la salud mental, ya se había creado un clima de interés a una escala relativamente pequeña, si se compara con lo que vendría después. Todo comenzó con una copia mimeografiada de su más temprana obra: Dianética: La tesis original, que pasó de mano en mano por todo el país, y continuó con un artículo en el diario del Explorer's Club. Más adelante, el 9 de mayo de 1950, Dianética: La ciencia moderna de la salud mental llegó a las librerías. Casi de forma inmediata, una oleada de entusiasmo público colocó el libro en las listas de best seller. Las tiendas simplemente no podían mantener las reservas de ejemplares, ya que cientos de miles de personas en toda la nación se reunían en grupos de lectura en voz alta; incluso los descubrimientos del Sr. Hubbard habían comenzado a afianzarse en tierras lejanas. Para hacer frente a tan sorprendente respuesta desde todos los sectores de la sociedad - las corrientes de moda, el mundo académico y, lo más importante, el hombre de la calle -, el editor mandó imprimir nuevas ediciones rápidamente. Sin embargo, la oferta a duras penas podía suplir la demanda. Al cabo de seis semanas, Dianética era no sólo un fenómeno; también suponía el comienzo del movimiento global que hoy en día sigue creciendo. Sin embargo, había unos cuantos entre ciertos sectores sociales, que no eran tan entusiastas, es decir, ciertos miembros del sector médico y (o) psiquiátrico norteamericano. El hecho de que constituyeran un grupo penosamente pequeño - literalmente se podían contar por docenas - era algo que no les preocupaba necesariamente. Estaban bien atrincherados y tenían buenos contactos, y cuando decidieron que debían ponerle freno a Dianética para preservar su dominio, se prepararon a conciencia para hacer uso de cada uno de estos contactos. Por ese motivo, ocurrió que se desataron dos fuerzas diametralmente opuestas el 9 de mayo de 1950. Por un lado estaban los cientos de miles de hombres y mujeres de la calle que leían y aplicaban ávidamente Dianética con un éxito extraordinario. Por otro, una pequeña camarilla de médicos y psiquiatras que no sabían nada sobre la mente humana y que ni siquiera habían leído Dianética. No obstante, estaban seguros de que un libro que hiciese factible el automejoramiento para cualquiera, constituiría una seria pérdida económica para el statu quo médico. Después de todo, según argumentaban, ¿cómo podían los psiquiatras esperar exigir grandes salarios si los ciudadanos de a pie tienen más conocimientos sobre la mente que ellos mismos? Considerado en este contexto, el 9 de mayo de 1950 no presenció solamente el nacimiento de Dianética, sino también el primer disparo por parte de la psiquiatría que comenzaba una guerra.
LAS VERDADERAS CUESTIONES
Para comprender las fuerzas que se alinearon contra L. Ronald Hubbard en esta guerra que él nunca empezó, es necesario echar una rápida ojeada a la vieja y venerable ciencia de la psiquiatría; que en realidad no era nada de eso. Como institución, su aparición se remonta a poco antes del cambio de siglo; sin duda no es digna de respeto por razones de edad o dignidad; tampoco responde a ninguna definición conocida de ciencia, con su mezcla de teorías sin probar, que nunca han dado ningún resultado: excepto una habilidad para volver más dócil y apaciguado al rebelde e ingobernable, y convertir en almas apáticas a los aquejados de problemas, sin relación alguna con lo que es la asistencia.
La psiquiatría, tal y como la conocemos hoy en día, es más una parodia que una ciencia. Su conglomerado de teorías "a medio hacer" las transmite una élite arbitraria: autoridades que han conseguido alcanzar esa condición a través de sus conocidos y engatusando al gobierno para que les conceda aún más dinero en subvenciones. Mientras tanto, en cuanto a lo que hacen en realidad, existen solamente tres métodos primarios de "tratamiento": electrochoque, psicocirugía y fármacos psicotrópicos. Para ilustrar la base científica de esta "ciencia", en la Italia fascista de los años 30, el catedrático Ugo Cerletti señalaba que allá por el año 43 después de Cristo aproximadamente, los ciudadanos romanos a veces intentaban librarse de los dolores de cabeza colocándose un pez torpedo sobre la cabeza. Un pez torpedo genera unos veinticinco voltios de electricidad. Tal vez se trataba sólo de una coincidencia el hecho de que el imperio cayese poco después de esto, pero sea como fuere, Cerletti no se dejó impresionar por esta observación y estableció una nueva senda. Comenzó sus experimentos sacrificando perros por medio de enormes descargas eléctricas. De todos modos, antes de que pudiese reducir de forma considerable la población canina de Roma, le llegó la inspiración en forma de visita a un matadero de cerdos. Allí, para deleite suyo, descubrió que los cerdos no morían por la electricidad administrada, sino que esta les provocaba convulsiones de tipo epiléptico, para que los carniceros les pudiesen cortar con comodidad la garganta. Después de mucha experimentación - con la consecuente pérdida de cerdos - para descubrir qué cantidad de electricidad se necesita para sacrificar una de esas criaturas porcinas, ya estaba preparado para experimentar con hombres.
El desafortunado vagabundo que eligió (generosamente cedido por la policía), recibió una descarga de setenta voltios en la cabeza, y cayó para después gritar: "Otra más no. ¡Me matará!". Más tarde, se descubriría que los seres humanos podían soportar entre 140 y 150 voltios en el cerebro. De esta forma nació la terapia de choque electroconvulsivo (ECT, Electro Convulsive shock Therapy). Según los historiadores médicos, la psicocirugía tuvo, de igual forma, unos principios mezquinos. En 1848, Phineas Gage, de Vermont, estaba observando atentamente un agujero para detonaciones cuando estalló una carga y una barra de apisonamiento le atravesó el cerebro: un desafortunado accidente al que logró sobrevivir. Sin embargo, su astuto médico advirtió con asombro que ¡Gage había cambiado! Un cambio bastante evidente: de ser diligente y capaz, a ser licencioso y frívolo. De esta manera, Gage puede ocupar su lugar en la historia como la primera persona que sobrevivió a una lobotomía. El hombre que realmente se consideró a sí mismo como el padre de la lobotomía (un procedimiento que se lleva a cabo en pacientes indisciplinados para poder manejarlos más fácilmente) fue el doctor Egas Moniz, que operó a un centenar de pacientes. De todos modos, la operación podría haber sido un éxito en un caso al menos, pero el doctor murió: le disparó uno de sus pacientes a los que había hecho lobotomías. Una de las más tristes ironías de la historia médica es que se le concediese en 1949 el premio Nobel por este cuestionable avance. Sin embargo, esto garantizó que muchos siguieran el camino trazado por él. En cuanto a los fármacos, los hechiceros han utilizado su variedad natural durante siglos. Los fármacos psicotrópicos actuales comenzaron su desarrollo en intentos de lavado de cerebro a ciudadanos rebeldes y a prisioneros políticos. Prácticamente la totalidad de la investigación original (en Rusia, Alemania y Estados Unidos) se consolidó gracias a los departamentos de inteligencia. Una vez más, el objetivo era hacer a los individuos más dóciles y manejables. Y en los Estados Unidos, al menos la mayor parte de esto, era ilegal y se realizó en militares y civiles que no sabían lo que estaba pasando. Excepto, por supuesto, en el ejemplo del psiquiatra de la CIA citado a menudo, el doctor Louis Jolyon West, el único hombre, que se sepa, capaz de haber matado a un elefante con LSD. Toda esta experimentación (drogas, psicocirugía, ECT), que nunca ha curado a nadie de nada sino, por el contrario, o bien ha hecho más dóciles a las personas o les ha causado daños más allá de lo imaginable, nunca ha frenado a la comunidad psiquiátrica a la hora de continuar con estas prácticas. Después de todo, son las únicas herramientas que poseen. Sin ellas, no tendrían nada que vender. Todo esto saca a relucir un tema crucial: ¿a quién venden sus servicios? No al público en general (e incluso a veces ni siquiera a sus propios pacientes), puesto que la mayoría no cree en esta parodia de la ciencia y jamás albergaría la idea de visitar a un psiquiatra. Luego, por supuesto, está también la vergüenza y la turbación que conlleva el ir al psiquiatra: lo cual se debe, en gran medida, a la forma en que los propios psiquiatras han descrito las enfermedades mentales en una campaña de ventas que fracasó. Los únicos clientes que tienen, los únicos dispuestos a pagar por sus servicios (y de forma muy generosa), son los gobiernos; en particular, los brazos clandestinos del gobierno, o los que desean controlar a la gente, ya sean prisioneros, niños o marginados. Estos constituyen, por tanto, la fuerza que intentó frenar a Dianética y Cienciología. Y este es el mundo en el que apareció Dianética. Un mundo donde la psiquiatría se atrincheró entre los servicios de inteligencia norteamericanos, viviendo a costa de las subvenciones del gobierno y experimentando (con la ayuda de científicos que habían sido nazis) con personas que no se daban cuenta de ello. Un mundo en el que a quienes los criticaban se les calificaba de locos y se decía que "necesitaban asistencia psiquiátrica". Así se trazaron las líneas de batalla. Dianética ofrecía un medio para llegar a la felicidad, la estabilidad y el éxito. Proporcionaba una solución contra las enfermedades de tipo psicosomático. Suscitó interés en el funcionamiento de la mente entre personas de todas las clases sociales y edades, y proporcionó un método a la gente de la calle que, por primera vez, se podía utilizar para mejorar la propia condición. Asimismo, no se debería olvidar que L. Ronald Hubbard consiguió algo que los psiquiatras llevan intentando mucho tiempo: escribir un libro sobre la mente que fuese genuinamente popular, que la gente quisiese leer de verdad y que fuese tanto comprensible como aplicable. Sin embargo, Dianética fue más lejos. Catalogó como peligrosos los fármacos más recientes e importantes. Y denunció de manera directa los delitos inhumanos cometidos por los psiquiatras y el daño que estos causaron con el ECT y las lobotomías, documentando el daño irreparable que estos tratamientos causaban en tejidos cerebrales sanos. Es comprensible que los profesionales de la salud mental se encolerizasen por las poco suaves recriminaciones del Sr. Hubbard, sobre todo porque él no formaba parte de su elitista camarilla. Sin embargo, una vez que estuvo todo dicho y hecho, el tema tomó un cariz claramente económico: ¿Durante cuánto tiempo más se podría continuar convenciendo al contribuyente norteamericano para que sufragara la factura multimillonaria de las subvenciones a los psiquiatras, frente a lo que Dianética podría lograr por el precio de un libro?
LA DISPOSICIÓN DE EFECTIVOS
Entre las muchísimas reseñas y artículos positivos sobre Dianética, se lanzaron unos pocos "golpes" diseñados de manera especial y colocados estratégicamente para disminuir el entusiasmo de la gente. Estas primeras "reseñas" negativas sobre Dianética llegaron a través de la Asociación Médica Norteamericana, la AMA, (American Medical Association): un grupo que se oponía instintivamente a cualquier medio no regulado o no perteneciente a su grupo para la mejora de la salud y la vida. Pero no era lo que parecía; era más bien el resultado de un acto de ventriloquia. El verdadero vínculo con la AMA lo llevó a cabo el director médico de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana, la APA (American Psychiatric Association), el doctor Daniel Blain, que sabía bien que la psiquiatría no gozaba en absoluto de la credibilidad que tenían sus colegas médicos, ni de su influencia. Lo que parecía ser la voz de la AMA era sobre todo la suya y la de sus colegas. Pero utilizar a la AMA para disparar al azar era sólo el primer asalto. El plan completo de la APA era bastante más elaborado. En primer lugar, se iba a publicar propaganda falsa en periódicos "de prestigio". A continuación, una vez que los "expertos" le hubieron dado el visto bueno, estas opiniones se trasladarían a los principales medios de comunicación. Se crearían expedientes que contuvieran toda esta poco halagüeña "información", y se iría mucho más lejos, incluyendo, desde luego, el apropiarse de organismos del gobierno. Aunque el plan era simple, tanto en diseño como en ejecución, las consecuencias iban a ser trascendentales. De hecho, en un grado u otro, los posteriores ataques a Dianética y Cienciología no serían sino el resultado de este programa original para confeccionar expedientes falsos y después distribuirlos por todas partes.
SE DENUNCIA EL CONTROL DE LA MENTE
Durante el continuo proceso de investigación sobre Dianética, como auditor y como observador de otros auditores, el Sr. Hubbard se encontró de forma natural con una amplia variedad de casos. Y era por tanto inevitable que entre estos se encontraran aquellos que habían estado en manos de psiquiatras estrechamente asociados con los grupos de inteligencia. De esta forma, veinticinco años antes de que el congreso hiciese públicos los hechos, resultó que el Sr. Hubbard fue el primero en anunciar y atacar los programas de manipulación de la mente por parte del gobierno. En definitiva, por supuesto, estas y otras revelaciones sobre el comportamiento impropio de la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA), cambiaron completamente la opinión pública sobre este organismo. El vehículo para su revelación fue su libro de 1951, La ciencia de la supervivencia, en el que el Sr. Hubbard describía en términos exactos el uso combinado del dolor, los fármacos y la hipnosis como una técnica de la peor clase para la modificación del comportamiento. Se utilizaba tanto en labores de espionaje, comentaba él, que ya hacía mucho que había pasado el momento en que la gente debiera alarmarse. Había sido necesaria la auditación de Dianética para descubrir la extendida existencia de estas técnicas de lavado de cerebro; y añadió que lo único que podía salvarlos era que Dianética podía anular sus efectos. Al hablar el Sr. Hubbard y los dianeticistas tan claramente de esta encubierta actividad gubernamental, él había agravado su "crimen": en su primer libro, ofendía a los psiquiatras; en el segundo, a los organismos de inteligencia. No era sorprendente que ambos, ya tan estrechamente relacionados, se uniesen ahora más aún en el esfuerzo común de frenarlo. Lo realmente sorprendente fue la velocidad y la frecuencia de los ataques posteriores. Hacia mediados de los años cincuenta, al menos media docena de organismos federales, incluyendo la Oficina de Información Federal (FBI), el Servicio de Tributación Interior (IRS, Internal Revenue Service) y la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, Food and Drug Administration), se unieron en el esfuerzo por detener a Dianética y su ataque al campo de la salud mental. "Habrías pensado que, como mínimo, yo estaba incitando al levantamiento de poblaciones enteras y la caída de los gobiernos", escribiría el Sr. Hubbard, ligeramente perplejo después de estos acontecimientos. "Todo lo que estaba haciendo en realidad era intentar explicarle al hombre que podía ser feliz, que había un camino para salir del sufrimiento y que podía lograr sus metas".
CRECE LA INTENSIDAD DE LA BATALLA
Sin embargo, aun cuando el Sr. Hubbard había explicado con éxito al hombre que podía ser feliz y el número de cienciólogos había aumentado, la psiquiatría estaba intentando reforzar su dominio de la sociedad. El plan conllevaba lo que se llegó a conocer como el Proyecto de Ley de Siberia, conocido actualmente como El Proyecto de Ley de Alaska sobre Salud Mental. Este nombre, más popular, procedía del hecho de que los resultados propuestos por este acariciado plan psiquiátrico se asemejaban a un campamento de tipo siberiano para pacientes de salud mental en los gélidos eriales de Alaska. Es de suponer que esto estaba lo suficientemente lejos de las transitadas carreteras del mundo como para permitir que los psiquiatras dirigieran su control mental y otros experimentos en una población reclusa, sin el obstáculo de la deslumbrante luz de la publicidad. Para asegurarse una población cautiva, la medida incorporaba un "procedimiento de internamiento simplificado", tan simple, de hecho, que acababa con actividades costosas e inútiles, como juicios con jurado y defensas legales, y permitía a agentes judiciales, amigos, médicos y, desde luego, psiquiatras, iniciar el procedimiento de internamiento. Pero justo después de enero de 1956 y con la aprobación unánime, aunque apenas perceptible, del proyecto de ley por el congreso, una coalición de miembros de la Iglesia de Cienciología y grupos pro derechos civiles lanzaron una campaña para informar a los norteamericanos de lo que les esperaba con este proyecto de ley. Bajo el grito unánime de "¡Siberia, EE.UU.!", una campaña masiva de cartas inspiraron a la oposición política. Cuando todo acabó, la sección del proyecto de ley relativa al internamiento estaba merecidamente muerta, quedando un simple decreto para autorizar la financiación de salud mental en el territorio de Alaska. Una psiquiatría herida devolvió el golpe; esta vez utilizando a la FDA como su principal ariete. Gracias al Decreto de Libertad de Información (Freedom of Information Act, FOIA), los cienciólogos descubrirían más tarde una montaña de documentos que demostraban perfectamente las actividades de sus participantes, incitados por miembros de la AMA y la APA. Tuvo lugar un verdadero desarrollo de frenética actividad, con correspondencia y reuniones entre las partes interesadas de la psiquiatría, el Departamento de Justicia, el departamento de policía de Washington DC, la oficina de correos estadounidense, el IRS, por supuesto la AMA, e incluso la Comandancia de Investigación Criminal del Ejército: todos ellos en conexión continua y constantemente espoleados por una psiquiatría ya extremadamente nerviosa. ¿Cuál ha sido el resultado de todas estas maquinaciones? La primera acción resultó un ridículo fracaso; la segunda, una pérdida de tiempo, y la tercera fue una situación embarazosa. La primera, basada en el "chivatazo" de un psiquiatra de que la Iglesia de Cienciología estaba utilizando drogas ilegales, llevó a una "incursión" en la iglesia de Washington, DC, por parte de un inspector federal que incautó unos cuantos frascos de dicha droga. Obviamente, ese caso no llegó a ninguna parte cuando resultó ser un compuesto corriente de vitamina B1, vitamina C, niacinamida y calcio. Cuando se demostró que el tráfico de drogas era una premisa que no se podía explotar, la FDA y otros organismos interesados decidieron que el hecho de que Cienciología practicase la medicina sin licencia proporcionaría tierra fértil para la exploración. El 19 de marzo de 1959, el agente de la FDA Taylor Quinn se infiltró en la iglesia, grabó un oficio religioso y pasó la información a la Oficina del Fiscal de EE.UU. Desafortunadamente, como informó a la FDA, la iglesia le había pedido que firmase un contrato según el que no iba a aprender a curar a nadie. Tampoco se encontró prueba alguna de fraude. Cuando se agotó por completo el tema de las drogas y las curaciones ilegales, el único camino que le quedaba a la FDA era el E-Metro. Tal vez, pensaron erróneamente, se utilizaba para "diagnosticar" o "curar enfermedades". Así que el 4 de enero de 1963, inspectores federales, estibadores habilitados como funcionarios y agentes de policía armados irrumpieron en la Iglesia Fundacional de Cienciología de Washington, amenazaron al staff y se marcharon con dos furgonetas no sólo de E-Metros, sino también de libros, textos y otros materiales. Sin embargo, a pesar de tanto escándalo, esto no fue comparable con la verdadera audacia de las acciones llevadas a cabo en Seattle, donde las huellas dactilares de miembros de la FDA estaban prácticamente por toda la pistola utilizada para asesinar al jefe de la Iglesia de Cienciología local. Un residente de la localidad, Russell Johnson, que había oído hablar de las acciones de la FDA en Washington, DC, pensaba que se mostrarían comprensivos con su problema actual. Acudió a ellos para quejarse sobre "las prácticas de un tal doctor William Fisk, que actúa en nombre de la Iglesia de Cienciología", y alegó que Fisk estaba intentando seducir a su mujer. El emprendedor funcionario de la FDA con el que habló, sugirió inmediatamente que Johnson aunara sus fuerzas a las de la FDA como "agente secreto" y se infiltrara en la iglesia. Johnson así lo hizo, cumpliendo con su deber; se presentó y se le dieron instrucciones de que regresara y obtuviera más información. Johnson llevó el cumplimiento de su deber como agente de inteligencia hasta extremos trágicos y sangrientos. El 10 de septiembre de 1963, entró en la iglesia de Seattle y mató a disparos al director ejecutivo en una habitación llena de horrorizados miembros de la congregación. La FDA llevó entonces el concepto de diligencia a nuevos y desagradables extremos. En lugar de admitir que uno de sus "agentes" acababa de cometer un asesinato, se pusieron en contacto con el departamento de policía de Seattle y se aseguraron de poder enviar a su propia gente de forma ilegal al recinto de la iglesia con el equipo de homicidios para recoger información para su "investigación". Sin embargo, y como de costumbre, la FDA no descubrió nada ilegal en la iglesia. Durante más de una década, la FDA permanecería obsesionada con el E-Metro. Junto con otros organismos del gobierno, infiltró de manera constante agentes e informadores en la iglesia, empleó micrófonos ocultos, puso un "sobrecargo" al correo de la iglesia y obtuvo información confidencial sobre las cuentas bancarias de la iglesia. No llegaron a ninguna parte. En 1969, el Tribunal Federal de Apelación de Washington, DC, declaró que la Iglesia de Cienciología era una religión genuina, protegida por la constitución norteamericana, y falló que el E-Metro no había sido etiquetado o utilizado incorrectamente. Sin embargo, no fue sino hasta 1973 cuando una reacia FDA devolvió finalmente los materiales robados de la iglesia: 5.000 libros, 2.900 folletos y los E-Metros.
COALICIÓN ENTRE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y EL GOBIERNO
Aún queda un punto revelador que exponer sobre el fiasco de la FDA. Este comprende el reclutamiento por parte de la FDA del Saturday Evening Post y de su redactor más carismático, James Phelan. Después de que la AMA se pusiese en contacto con el periódico para escribir una historia sobre Cienciología, el Post le asignó el tema a Phelan, que viajó a Inglaterra para entrevistarse con el Sr. Hubbard. Se le dio una cálida bienvenida y se le atendió de la mejor manera posible, como corresponde a un periodista con apariencia de estar realmente interesado y ser imparcial, que es como él se presentaba a sí mismo. Que Phelan era cualquier cosa menos eso, se podía extraer de dos hechos: inmediatamente después de su vuelta a Washington y antes de que la historia se publicase, entregó su historia a la FDA por motivos de coordinación; la historia resultante fue un incisivo trabajo de primer orden: un intento sin freno de calumniar al Sr. Hubbard y a Cienciología; obviamente, una acción paralela a las tentativas de la FDA contra el uso del E-Metro. A Phelan le siguieron muchos otros: una larga cadena de historias a través de los años, maquinadas para crear un clima que condujese al hostigamiento gubernamental. Era un modelo similar al que se dio en los años treinta en Alemania: las acciones de los medios de comunicación que tantísimo éxito tuvieron para despertar la "indignación" pública que legitimaría no sólo las más patentes violaciones de los derechos civiles sino, de hecho, el holocausto. Aún queda un punto revelador que exponer sobre el fiasco de la FDA. Este comprende el reclutamiento por parte de la FDA del Saturday Evening Post y de su redactor más carismático, James Phelan. Después de que la AMA se pusiese en contacto con el periódico para escribir una historia sobre Cienciología, el Post le asignó el tema a Phelan, que viajó a Inglaterra para entrevistarse con el Sr. Hubbard. Se le dio una cálida bienvenida y se le atendió de la mejor manera posible, como corresponde a un periodista con apariencia de estar realmente interesado y ser imparcial, que es como él se presentaba a sí mismo. Que Phelan era cualquier cosa menos eso, se podía extraer de dos hechos: inmediatamente después de su vuelta a Washington y antes de que la historia se publicase, entregó su historia a la FDA por motivos de coordinación; la historia resultante fue un incisivo trabajo de primer orden: un intento sin freno de calumniar al Sr. Hubbard y a Cienciología; obviamente, una acción paralela a las tentativas de la FDA contra el uso del E-Metro. A Phelan le siguieron muchos otros: una larga cadena de historias a través de los años, maquinadas para crear un clima que condujese al hostigamiento gubernamental. Era un modelo similar al que se dio en los años treinta en Alemania: las acciones de los medios de comunicación que tantísimo éxito tuvieron para despertar la "indignación" pública que legitimaría no sólo las más patentes violaciones de los derechos civiles sino, de hecho, el holocausto.
LA CAMPAÑA DEL IRS
La FDA había demostrado de forma concluyente su incompetencia, no sólo en su chapucera orden de destruir a Cienciología, sino también empleando tanto tiempo en llevarlo a cabo, permitiendo así que Cienciología creciera de forma meteórica, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. De esta forma, la FDA fue relegada a hacer lo que mejor se le da: acosar a los vendedores de vitaminas y dar carta blanca a las poderosas compañías farmacéuticas mucho antes de la finalización de las pruebas de seguridad de los productos. El peso de la misión pronto recayó sobre los hombros del IRS: más concretamente, sobre los hombros de un abogado de la oficina de la Asesora Jefe del IRS, una tal Charlotte Murphy. Un hecho digno de mención es su asistencia a reuniones, a mediados de los años cincuenta, del Comité de la Sociedad Médica sobre Salud Mental del Distrito de Columbia, junto con los principales patrocinadores del Proyecto de Ley de Siberia, el psiquiatra que había dado el "chivatazo" falso a la FDA de que la iglesia estaba implicada en asuntos de drogas ilegales, y unos psiquiatras de renombre que habían estado a la cabeza de los ataques a Dianética desde el primer día. Por lo tanto, no resulta sorprendente que la misma Murphy solicitara ocuparse exclusivamente de las cuestiones del IRS respecto a Cienciología. Tampoco eran sorprendentes sus intenciones. Las dejó bien claras en un comunicado al director de la delegación del IRS en Washington, en el que preguntaba si existían "estatutos locales u ordenanzas disponibles como herramientas para reducir o clausurar su actividad". Lo que siguió fue un esfuerzo total para acosar a la iglesia denegando la exención de impuestos a varias iglesias de Cienciología y emitiendo cargas de impuestos federales contra otras. Se proporcionó información a la oficina de correos para "apoyar un cargo de representación falsa"; y más adelante, muchos otros organismos del gobierno promovieron claras y ridículas falsedades del tipo de: "Los miembros consumen LSD y tal vez otras drogas de forma generalizada cuando se reúnen", así como que la iglesia empleaba el "choque eléctrico" en sus feligreses en una "ceremonia de iniciación": invenciones que serían risibles si no hubiese sido por sus consecuencias. El acoso al que se vieron sometidos la iglesia y sus líderes con fines totalmente ajenos a la correcta aplicación de las leyes sobre impuestos, salió a la luz de forma definitiva durante una serie de investigaciones y audiencias del congreso en los años setenta. Estas audiencias se centraron, entre otras cosas, en la infame "lista de enemigos" de la Casa Blanca de Nixon en 1969; salieron a la luz programas ilegales del IRS, que antes eran secretos, dirigidos contra individuos y organizaciones, incluyendo la Iglesia de Cienciología. La historia nos muestra que de los 213 nombres de la lista de Nixon, a 211 se les dejó en bancarrota, hundidos, dispersados o muertos. De hecho, de los individuos y organizaciones de esa infame "lista de enemigos", sólo dos quedaron intactos: L. Ronald Hubbard y la Iglesia de Cienciología. El hecho de que estos ataques continuasen durante tantos años como continuaron, sirve como estudio de cómo el ímpetu burocrático puede animar a tirar hacia delante, bastante después de que se haya olvidado la "razón" inicial. Con la agotadora historia de los ataques del IRS se podría escribir un libro. Al enfrentarse a la alternativa de defenderse a sí misma o desaparecer, la iglesia utilizó el Decreto de Libertad de Información para obtener y sacar a la luz definitivamente documentos que demostraban un amplio abanico de conductas discriminatorias y actos ilegales contra la Iglesia de Cienciología y sus feligreses por parte de ciertos elementos internos del IRS. Cuando este organismo negó el acceso a la información, la iglesia se vio forzada a pleitear en cientos de casos que, al final, sirvieron para sentar jurisprudencia, para la denuncia y confirmación de las cuestiones alegadas por la iglesia, y más aún. Un juez federal falló a favor de la iglesia en cuanto a la reforma de procedimientos del IRS que beneficiaban directamente "a unos 1.000 casos concernientes a temas legales idénticos". Un funcionario del Departamento de Justicia de los Estados Unidos hizo notar que las acciones de la iglesia "contribuían de forma significativa a la preservación de la democracia para todos". De hecho, hoy en día es prácticamente imposible leer un libro de texto legal sobre la FOIA sin encontrar un precedente establecido por la Iglesia de Cienciología. Los documentos conseguidos bajo la FOIA, llenaron montones de archivadores y revelaron un desfile genuinamente impactante de trucos sucios cuyos autores eran miembros del IRS que ansiaban la destrucción de la iglesia. Estos explican los intentos del IRS para redefinir el término "iglesia", expresamente para privar a Cienciología de la exención de impuestos. Al comprobar que esto no funcionaba, se produjo una historia aún más increíble: en un intento de eludir la ausencia de cualquier tipo de falta por parte de la iglesia, los desvergonzados empleados del IRS se dedicaron durante años a un complot corrupto de enormes proporciones. Al frente de este esfuerzo estaba la delegación de Los Ángeles de la División de Investigaciones Criminales del IRS, CID (Criminal Investigations Division), una unidad de infausto recuerdo, cuyos incontables abusos contra la iglesia y contra muchos otros contribuyentes se convirtieron en el centro de extensivas audiencias del congreso en 1989 y 1990, y condujeron por último a reformas substanciales en el IRS. No obstante, antes de esto, la CID del IRS de Los Ángeles, junto con las oficinas de la cercana iglesia madre de la religión de Cienciología, sostuvieron un tira y afloja sobre ciertas cuestiones clave del IRS relativas a Cienciología. El plan de la CID reclamaba nada menos que la destrucción completa de la iglesia. Sin embargo, aun cuando se hicieron intentos para infiltrarse en los locales de la iglesia y se forjaron conspiraciones para falsificar y colocar a escondidas documentos que más tarde serían "descubiertos" y utilizados como prueba, los abogados y el staff de la iglesia lo descubrieron todo. Así, además de preocuparse por la creciente humillación pública resultante de esta exposición, la CID tenía ahora que lidiar con otro problema: se habían pasado varios años investigando a la iglesia a un elevado coste para los contribuyentes, sólo para descubrir que no se había cometido ningún delito. Aun así, en un último esfuerzo por salvar su reputación, la CID de Los Ángeles intentó convencer al Departamento de Justicia para llevar a cabo algún tipo cualquier tipo de procesamiento para justificar lo que había hecho. Puede que la justicia sea ciega, pero rara vez es estúpida, y los abogados del Departamento de Justicia reprendieron a la unidad y se negaron a apoyar cualquier tipo de procesamiento o incluso investigaciones adicionales. Durante todo este ataque, la iglesia continuó con sus esfuerzos para conseguir un justo tratamiento por parte del IRS. Finalmente, en 1991, los dirigentes superiores de las organizaciones de la iglesia, se reunieron con funcionarios del IRS de Washington, DC. Una vez comenzadas las conversaciones, fuera del alcance y de la envenenada influencia de la CID de Los Ángeles, el resultado fue inevitable. Aun así, no fue ni rápido ni fácil, pues la IRS llevó a cabo una investigación de dos años, de una intensidad y profundidad sin parangón en la historia de las organizaciones libres de impuestos. Los funcionarios del IRS sometieron a las iglesias de Cienciología al escrutinio más intenso al que ninguna organización se haya enfrentado jamás, incluyendo una meticulosa revisión de sus operaciones y documentos de carácter financiero, así como un exhaustivo examen de todos y cada uno de los aspectos de la política de la iglesia y sus prácticas a todos los niveles, incluyendo los más altos niveles de su dirección. La revisión del IRS tuvo como resultado cientos de preguntas detalladas que necesitaron miles de páginas de narraciones y muchas más páginas de documentos de carácter financiero. Seis equipos de entre cuatro y ocho agentes dirigieron la revisión a tiempo completo durante periodos de hasta diez semanas seguidas. Y al final de la investigación, el IRS había revisado más de un millón de páginas de información relacionadas con la religión de Cienciología. La IRS también revisó e investigó completamente las historias sensacionalistas de los medios de comunicación sobre Cienciología basadas en los alegatos de algunos antiguos miembros descontentos. El organismo consideró que estos apóstatas no eran de fiar, y desestimó sus historias por considerarlas totalmente infundadas. Para cuando las iglesias de Cienciología recibieron la decisión final del IRS, se había compilado el mayor documento de tipo administrativo sobre una organización libre de impuestos (más de tres metros y medio de grosor) que se hubiera compilado jamás. Estas iglesias y sus representantes habían empleado cientos de horas en reuniones exhaustivas, y habían sido examinadas por los funcionarios de más alto rango en cuestiones de organizaciones libres de impuestos de la Oficina Nacional del IRS, que abarcaban las administraciones de tres comisionados del IRS. Finalmente, el IRS llegó a la única conclusión posible tras la exhaustiva investigación: las iglesias de Cienciología y las entidades relacionadas con ellas estaban organizadas y se movían exclusivamente con fines sociales y religiosos. Así que el 1 de octubre de 1993, el Servicio de Tributación Interior de Estados Unidos publicó circulares oficiales que reconocían la condición de exención de impuestos para más de 150 iglesias, misiones, organizaciones de reforma social y otras entidades de Cienciología por actuar exclusivamente con fines religiosos y sociales. El reconocimiento del carácter religioso por parte del IRS fue universal e incondicional, y fue el resultado del más detallado y exhaustivo examen de una organización de tipo religioso en la historia del organismo. Se le concedió al IRS acceso libre a todos los niveles de la jerarquía eclesiástica de la iglesia. De esta forma, el examen del IRS no se limitó a las entidades estadounidenses, sino que incluyó de forma específica aspectos económicos y de otro tipo de organizaciones de la iglesia desde Australia a Canadá y desde Europa a Sudáfrica. En consecuencia, Church of Scientology International (CSI), la iglesia madre de la religión de Cienciología, no solamente recibió el reconocimiento de estar exenta de impuestos, sino también una carta de exención que abarcaba a todas las iglesias de Cienciología bajo su supervisión eclesiástica. A los centros espirituales de la iglesia también se les reconoció la exención de impuestos, así como a las entidades editoriales de la iglesia. Scientology Missions International (SMI) recibió su propia exención. Asimismo, recibió un grupo de cartas de exención para todas las misiones de Cienciología bajo su supervisión eclesiástica. A Religious Technology Center (RTC) se le reconoció individualmente como exento de impuestos, y recibió por separado su propio documento oficial. El IRS también reconoció a la International Association of Scientologists como organización libre de impuestos. Además del fallo favorable a la exención de impuestos, la decisión oficial emitida por el IRS declaraba que todos los donativos hechos a todas las iglesias de Cienciología eran deducibles en la declaración de la renta hasta el límite total permitido por la ley. El reconocimiento del IRS no sólo puso fin a décadas de conflictos entre iglesias y el Servicio de Tributación Interior, sino que también trajo el reconocimiento formal del carácter religioso de Cienciología y de su naturaleza benéfica para la sociedad en su totalidad. Tras esa victoria y los esfuerzos de la iglesia por denunciar las acciones indebidas del IRS, llegaron muchas reformas que beneficiaba a todos los ciudadanos norteamericanos. La Declaración de Derechos del Contribuyente, ahora una realidad legislativa, existe actualmente debido en gran parte a la perseverancia de la Iglesia de Cienciología y sus feligreses, que denunciaron los extendidos abusos por parte del IRS y exigieron un freno a abusos futuros. A través de su empleo del FOIA, la iglesia sacó a la luz pública definitivamente la conducta impropia y los errores informáticos que podían haber tenido como consecuencia el gasto de mil millones de dólares en valoraciones incorrectas. El movimiento, que ya ha conseguido ímpetu en el congreso para hacer realidad -más que retórica- la arrolladora reforma sobre impuestos, es en gran medida fácil de atribuir al trabajo de apertura del camino que realizaron los cienciólogos. En resumen, cuando acabó la guerra con el IRS, el terreno ganado en el camino a esa resolución generó las victorias de que hoy disfrutan todos los norteamericanos.
EL FINAL DE LA CAMPAÑA MUNDIAL
Aunque el ataque de cuarenta años contra Cienciología había adquirido grandes proporciones, se debe recordar su origen: ese pequeño pero influyente círculo de psiquiatras. Tampoco cambiaron los medios con los años: las falsas imputaciones disimuladas selectivamente en los medios de comunicación y más tarde sembradas en los archivos federales como un "hecho" antecedente. Es un método, con pequeñas variaciones, que también sirvió para causar problemas en el extranjero. El conducto internacional partió de los Estados Unidos, principalmente mediante las conexiones del IRS y del FBI, viajó por los canales de la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol), ubicada en Francia, y llegó a los organismos de inteligencia y policía de varias naciones. Lo que ocurrió era bastante predecible: ataques contra Cienciología por parte de organismos gubernamentales en Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, España y Australia; todo ello con un fuerte apoyo de los medios de comunicación e implicando las más escandalosas imputaciones. Sin embargo, como de costumbre, triunfó Cienciología. Y justamente igual que habían aparecido miembros en el seno del IRS deseosos de examinar los hechos y acabar con las mentiras sobre Cienciología, ocurrió lo mismo con la Interpol. Tras el reconocimiento del IRS, los altos cargos de la iglesia pudieron reunirse con altos cargos de la Interpol para presentarles la verdad. De la misma forma, la Interpol reconoció el carácter religioso de Cienciología. La iglesia y el organismo policial resolvieron pacíficamente todas sus diferencias. Obedeciendo sus propios estatutos de no implicarse en cuestiones religiosas, hoy la Interpol no conserva informes sobre la Iglesia de Cienciología.
ESCARAMUZAS
El reconocimiento de Cienciología por parte del IRS fue un imponente golpe para aquellos que habían mantenido en marcha los ataques a la iglesia durante tantas décadas. Sin embargo, a pesar de esto y a pesar del final de la campaña internacional de desinformación que también se había mantenido todo ese tiempo, los psiquiatras que habían alimentado esta campaña entre bastidores continuaron atacando a traición en otros frentes. Uno de los vectores de ataque eran los llamados grupos "anti-secta". Durante muchos años, la psiquiatría había utilizado cierto tipo de grupos pantalla para atacar a Cienciología y a otras iglesias, tanto en los Estados Unidos como en Europa. Uno de los más notorios era el "Cult Awareness Network" (Red de Concienciación sobre Sectas), más conocido como CAN. CAN se había convertido en un ejemplo en los Estados Unidos de lo que es la información falsa y partidista que se utilizaba para fomentar prejuicios, odio y miedo hacia Cienciología y otras muchas religiones, tanto antiguas como nuevas. Se trataba de una organización que se aprovechaba de los crédulos para violar los derechos civiles de los inocentes a cambio de compensaciones económicas. Sus miembros estaban constantemente asociados a secuestros, ataques y violaciones. La Iglesia de Cienciología respondió con una campaña de información pública a nivel nacional en la que se contaba la verdad sobre esta organización a departamentos de policía, jueces, fiscales de distrito y organizaciones religiosas y sociales de todo el país. Y la ola resultante de indignación y condena públicas dio lugar a una reacción contra CAN. En 1996, se obligó a CAN a la liquidación, después de infructuosos intentos de escapar a una sentencia de pago de 1,1 millones de dólares por daños dictada por un tribunal de distrito de Seattle, declarándose en bancarrota. El caso implicó a un joven cristiano al que había secuestrado y atacado un "desprogramador" de CAN. Más tarde se lanzó un ataque más contra la iglesia desde una dirección diferente: el territorio tecnológico de Internet. Desde este, un puñado de apóstatas, con la ayuda de psiquiatras y apologistas procedentes de los medios de comunicación, que habían aparecido de forma destacada durante años en ataques contra Cienciología, empezaron a distribuir ampliamente escritos registrados y confidenciales que habían sido robados de una iglesia de Cienciología en Dinamarca. Cuando la Iglesia de Cienciología emprendió acciones legales contra estos piratas de los derechos de autor, los implicados reclamaron el amparo de la "libertad de expresión" por sus actos delictivos. Los tribunales lo desestimaron. En tres casos diferentes, los jueces emitieron su veredicto de forma inequívoca contra aquellos que distribuían los materiales robados, y apoyaron el derecho de la Iglesia de Cienciología a proteger sus textos sagrados de la distribución ilegal en Internet. Así está el asunto. Figuras clave del campo de la psiquiatría, sus aliados del gobierno estadounidense y sus colegas psiquiatras del extranjero han gastado juntos muchísimos millones de dólares en todo el mundo para detener a Cienciología. Y nunca lo han conseguido.
EL FINAL DE LA LUCHA
Mientras que la psiquiatría hacía que los organismos gubernamentales norteamericanos se infiltraran en la iglesia a principios y mediados de los sesenta y la asaltasen e investigasen, y en Australia y Gran Bretaña se realizaban pesquisas durante la misma década, las tecnologías de Cienciología y Dianética estaban ampliamente disponibles en cinco países. A pesar de los ataques ininterrumpidos, estas tecnologías llegaron a estar disponibles en cinco países más a mediados de los setenta, en cincuenta y seis países a finales de los ochenta, y en setenta y cuatro países a principios de los noventa. En 1998, existen más de 1.400 iglesias, misiones y grupos situados en unos 130 países. Todo esto demuestra que la psiquiatría ha sido prácticamente tan efectiva en frenar a Cienciología como lo ha sido en el tratamiento de las enfermedades mentales. De hecho, está cada vez más claro que la psiquiatría no ofrece una contribución valiosa en absoluto para la sociedad. El choque eléctrico, las operaciones cerebrales y el drogar de manera indiscriminada a los pacientes en cámaras de los horrores al estilo del siglo XIX se han estado dando mientras los hospitales mentales mataban y mutilaban gente de manera cotidiana. Y durante el período en que la psiquiatría ha mantenido su posición de autoridad, ha imperado la época más dramática de descontento social, desobediencia civil, proliferación de drogas y criminalidad en la historia del mundo occidental. En la actualidad, existen 500 dianeticistas y cienciólogos por cada psiquiatra, y, mientras Cienciología se expande, el número de matriculaciones universitarias en psiquiatría ha sufrido un descenso drástico desde que alcanzara sus cifras más altas en los sesenta. Sin las subvenciones del gobierno, incluso estos pocos psiquiatras no podrían sobrevivir económicamente, puesto que no tienen nada que ofrecer que merezca un céntimo del dinero público. De ahí que mientras que Cienciología es más visible que nunca, con iglesias diseminadas por todos los continentes de la Tierra y millones de feligreses en todo el mundo, hay que hacer un gran esfuerzo para encontrar un sólo psiquiatra con una placa en su puerta. Es cierto que todavía se les puede encontrar en desvencijados despachos estatales de linóleo y hospitales del condado o alojados en la burocracia federal. Pero, ¿cuándo fue la última vez que alguien vio un anuncio de lobotomías, choques eléctricos y drogas que incapaciten de verdad? En pocas palabras, mientras que la psiquiatría, que vive a costa de las ayudas del gobierno, se reduce, Cienciología, que solamente recibe dinero de donativos de gente que sabe cómo funciona, está creciendo más rápidamente que cualquier otra religión en el mundo. Y si Cienciología tuviese algo que esconder, no habría sobrevivido a los implacables ataques detallados en este capítulo. La historia de los ataques contra Cienciología es, pues, básicamente muy simple. Dianética y Cienciología interfirieron con intereses creados que, entonces, intentaron destruirla despiadadamente. La cuestión no fue nunca que la Iglesia de Cienciología actuara de forma incorrecta; se trataba simplemente de la intrusión en un territorio reclamado por una industria de salud mental que no se detendría ante nada para preservar sus intereses. Sin embargo, aunque la ofensiva de la psiquiatría contra Cienciología ha sido vencida, la batalla no ha terminado y continúan las escaramuzas. A pesar del reconocimiento por parte del IRS en Estados Unidos del carácter religioso de la Iglesia de Cienciología, existen países menos informados que no poseen una tradición de libertad religiosa, que están dominados por las religiones del estado, las cuales consideran como competidoras a las otras, y que poseen una larga y dolorosa tradición de intolerancia. En estos países, la estrategia es la misma que otrora existiera en Estados Unidos. Los mismos informes falsos que se colocan como semillas en los archivos del gobierno, la misma clase de psiquiatras realizando declaraciones de carácter autoritario y el mismo tipo de medios de comunicación que repiten ciegamente acusaciones sin sentido. Pero del mismo modo que en Estados Unidos, donde la verdad demostró una vez más su poder, triunfando sobre circunstancias que habrían aplastado a cualquier causa menor, así será también en estos países. Queda claro ahora que, cuando cualquier organismo del gobierno demuestra la suficiente integridad para investigar realmente a la Iglesia de Cienciología, para examinar los informes falsos, las difamaciones, los rumores y las insinuaciones, para comprobar por sí mismos qué es y qué hace la iglesia realmente, no le queda otra salida que reconocer el carácter religioso de Cienciología y el beneficio que reporta. Aunque algunos todavía se aferran a los mohosos y viejos archivos con recortes amarillentos que datan de aquellos primeros días de 1950, ellos también tendrán que adentrarse en el presente y entrar en la corriente del futuro. Estaría bien por tanto recordar que cuando se escuchen informes alarmantes sobre Dianética y Cienciología, procederán de aquellos que preferirían tratar los problemas con drogas que alteran la mente o con la suficiente electricidad para causar convulsiones a un cerdo; y, como hasta cualquier necio sabe, meter un dedo en un enchufe o sujetar electrodos al cráneo de alguien no cura nada (ni siquiera los psiquiatras son tan estúpidos: cuando les ofrecieron abiertamente 10.000 dólares por seguir su propio "tratamiento", nadie accedió a someterse a la terapia electroconvulsiva).
Las lecciones de historia proporcionan el mejor contexto desde el que considerar tales ataques. Todos los grandes movimientos que han abierto nuevas perspectivas y sacudido los pilares del pensamiento arcaico han sido atacados por los que se benefician de que prevalezcan las ideas obsoletas. Así, cuando los cienciólogos continúan con su trabajo hacia una civilización sin demencia, sin criminalidad y sin guerras, aquellos que tienen intereses millonarios justamente en esos males seguirán repartiendo golpes. Pero no deja de ser irónico el considerar estos ataques en un contexto temporal. Cienciología no eligió librar esta batalla con la psiquiatría y, desde luego, no fue la que disparó las primeras balas. El Sr. Hubbard era simplemente el único que proporcionó respuestas auténticas a los problemas de la mente. Tal vez al percibir los psiquiatras que, implícita en una solución para la mente, estaba su propia desaparición, estos decidieron destruirlo a él y a su tecnología. Y justo como temían, Cienciología se ha convertido en su justo castigo, sacando a la luz su brutalidad y sus crímenes. Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación
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