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La solución óptima
Grupo Elron

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L. RONALD HUBBARD

 

LA SOLUCIÓN ÓPTIMA

POR L. RONALD HUBBARD

I

LAS DINÁMICAS

La supervivencia se logra por ocho rutas que se conocen como las dinámicas. La primera dinámica es el impulso hacia la supervivencia como uno mismo.

La segunda dinámica es el impulso hacia la supervivencia mediante el sexo, tanto el acto en sí como la creación y crianza de los niños.

La tercera dinámica es el impulso hacia la supervivencia mediante grupos: sociales, raciales, políticos.

La cuarta dinámica es el impulso hacia la supervivencia mediante la especie: la humanidad.

La quinta dinámica es el impulso hacia la supervivencia mediante los animales.

La sexta dinámica es el impulso hacia la supervivencia mediante la materia, la energía, el espacio y el tiempo del universo físico.

La séptima dinámica es el impulso hacia la supervivencia mediante los espíritus.

La octava dinámica es el impulso hacia la supervivencia mediante un Ser Supremo.

Un individuo busca la supervivencia en una de estas dinámicas o en todas ellas, y fracasa cuando abandona una dinámica como ruta de supervivencia. Por ejemplo, alguien que ha abandonado todas las rutas hacia la supervivencia excepto la de sí mismo, la primera dinámica, está en un estado desesperado.

El individuo que dice "puedo vivir solo", es muy interesante. No puede vivir sin liquen y musgo. Estos crean el suelo para que los vegetales puedan crecer. No puede vivir sin un montón de cosas diversas, como por ejemplo, árboles para hacer leña. Esa es una forma de vida y él tiene que tener una dependencia mutua con esta forma de vida. Más importante es que existe una dependencia mutua entre él y el universo físico, ya que sin duda pasaría las de Caín para sobrevivir como organismo humano si no tuviera una tierra sobre la que caminar.

Las dinámicas significan, simplemente, cuántas formas de supervivencia hay. El número de dinámicas meramente quiere decir el número de campos o entidades con que un hombre tiene que cooperar para tener éxito.

El individuo está tratando de sobrevivir, de un modo u otro, en todas estas dinámicas a la vez. Ninguna solución es una solución óptima a menos que tenga en cuenta todas las dinámicas en las que influye y dé a cada una su solución óptima. Eso parece complicado, pero significa que si tú y Guillermo fueseis socios e intentaras poner en práctica una solución que te diera a ti todo el beneficio y no le diera ninguno a Guillermo, encontrarías que no sería funcional. Algo fundamental en estas dinámicas es que cada vez que llegas a una solución en la que las demás dinámicas no se tienen en cuenta, en la que sus intereses no se tienen en cuenta, tienes un fracaso general.

Tan pronto como eliminas una de estas dinámicas en un ser humano y dices: "Para este individuo, no hay posibilidad de que esta dinámica pueda existir", tienes problemas, porque todas ellas se eliminan. En otras palabras, bajan al mismo nivel. Si excluyes la mitad de una dinámica, has excluido la mitad del resto de las dinámicas. Este conjunto de dinámicas es muy vital para la supervivencia de un individuo.

II

LA ÉTICA Y LAS DINÁMICAS

Todo ser tiene una capacidad infinita para sobrevivir. Lo bien que llegue a lograr esto depende de lo bien que use la ética en sus dinámicas.

La tecnología de ética existe para el individuo.

Existe para darle al individuo una forma de aumentar su supervivencia y así librarse de la espiral descendente de la cultura actual.

El tema completo de la ética es un tema que, en el actual estado de la sociedad, ha llegado casi a perderse.

De hecho, la ética consiste en racionalidad hacia el más alto nivel de supervivencia para el individuo, la raza futura, el grupo, la humanidad y las demás dinámicas tomadas colectivamente.

La ética es razón.

El arma más poderosa del hombre es su razón.

El nivel más alto de ética serían conceptos de supervivencia a largo plazo con destrucción mínima, a lo largo de todas las dinámicas.

La solución óptima a cualquier problema sería aquella solución que produjera los mayores beneficios al mayor número de dinámicas. La peor solución sería aquella solución que produjera el mayor daño al mayor número de dinámicas.

Las actividades que aportaran una supervivencia mínima a un menor número de dinámicas y dañaran la supervivencia de un mayor número de dinámicas, no se podrían considerar actividades racionales.

Una de las razones de que esta sociedad esté muriéndose y todo lo demás, es que ha llegado a tener una excesiva falta de ética. La conducta racional y las soluciones óptimas han dejado de usarse hasta un punto en que nuestra sociedad está desapareciendo.

Cuando decimos que hay falta de ética hablamos de una acción o situación en la que el individuo está involucrado, o algo que el individuo hace, que es contrario a los ideales, a los mejores intereses y a la supervivencia de sus dinámicas.

Que un hombre desarrolle un arma capaz de destruir toda la vida en este planeta (como en el caso de las armas atómicas y ciertas drogas ideadas por el ejército de los Estados Unidos) y la ponga en manos de políticos criminalmente dementes, no es obviamente un acto de supervivencia.

Que el gobierno provoque y cree de forma activa la inflación hasta un punto en que la depresión sea una verdadera amenaza para los individuos de esta sociedad, es una acción contraria a la supervivencia, por no decir algo peor. Esto llega a ser una chifladura tal, que en una de las comunidades del sur del Pacífico, el infanticidio se convirtió en una pasión dominante. Había un suministro de alimento limitado y deseaban mantener bajo el índice de natalidad. Comenzaron a usar el aborto, y si esto no daba resultado, mataban a los recién nacidos. La segunda dinámica se extinguió. Esa comunidad casi ha desaparecido.

Estos son actos calculados para ser destructivos y nocivos para la supervivencia de la gente de la comunidad.

La ética son las acciones que el individuo toma consigo mismo para alcanzar la supervivencia óptima para sí y para los demás en todas las dinámicas. Las acciones éticas son acciones de supervivencia; sin el uso de la ética no sobreviviremos.

Sabemos que el principio dinámico de la existencia es: ¡Sobrevive!

A primera vista, eso puede parecer demasiado básico; puede parecer demasiado simple. Cuando uno piensa en la supervivencia, está propenso a cometer el error de pensar en términos de "necesidades mínimas". Eso no es supervivencia. La supervivencia es una escala graduada con el infinito o la inmortalidad en la parte superior y la muerte y el dolor en la parte inferior.

III

BIEN Y MAL, CORRECTO E INCORRECTO

Hace años descubrí y demostré que el hombre es básicamente bueno. Esto significa que la personalidad básica y las intenciones básicas del individuo, hacia sí mismo y hacia los demás, son buenas.

Cuando una persona se encuentra a sí misma cometiendo demasiados actos dañinos contra las dinámicas, se convierte en su propio verdugo. Esto nos da la prueba de que el hombre es básicamente bueno. Cuando se encuentra a sí mismo cometiendo demasiados males, entonces, o bien de forma causativa, o bien de forma inconsciente o inadvertida, el hombre se impone la ética destruyéndose, y acaba consigo mismo sin ayuda de nadie más.

Esta es la razón por la que el criminal deja pistas en la escena del crimen, por la que las personas desarrollan extrañas enfermedades que las imposibilitan y por la que se provocan accidentes e incluso deciden tener un accidente. Cuando violan su propia ética, comienzan a decaer. Esto lo hacen por sí mismas, sin que ninguna otra persona haga nada.

El criminal que deja pistas tras él, lo hace con la esperanza de que aparezca alguien que le impida continuar dañando a los demás. Es básicamente bueno y no quiere dañar a los demás, y al carecer de la capacidad de detenerse por completo a sí mismo, trata de imponerse la ética haciéndose encarcelar para así no poder cometer más crímenes.

En forma análoga, la persona que se imposibilita con una enfermedad o en un accidente, está imponiéndose ética a sí misma, reduciendo su capacidad de dañar, y puede que hasta retirándose totalmente del entorno que ha estado dañando. Cuando tiene malas intenciones, cuando está siendo "intencionalmente maligna", sigue teniendo un impulso de detenerse a sí misma también. Trata de suprimirlas, y cuando no puede hacerlo directamente, lo hace indirectamente. El mal, la enfermedad y la decadencia, a menudo van de la mano.

El hombre es básicamente bueno, es básicamente bienintencionado. No quiere dañarse a sí mismo ni a los demás. Cuando un individuo daña a las dinámicas, se destruirá a sí mismo en un esfuerzo por salvar esas dinámicas.

Esto se puede demostrar y se ha demostrado en innumerables casos. Es este hecho lo que evidencia que el hombre es básicamente bueno.

Sobre esta base, tenemos los conceptos de correcto e incorrecto.

Bien y mal, correcto e incorrecto

Cuando hablamos de ética, estamos hablando de conducta correcta e incorrecta; estamos hablando del bien y del mal.

Se puede considerar que el bien es una acción constructiva de supervivencia. Se da el caso que no puede haber ninguna construcción sin alguna pequeña destrucción, al igual que se debe derribar la destartalada casa de pisos para que haya espacio para el nuevo edificio de apartamentos.

Para que algo sea bueno, debe contribuir al individuo, a su familia, a sus niños, a su grupo, a la humanidad o a la vida. Para que algo sea bueno debe contener construcción que exceda la destrucción que contiene. Un nuevo método curativo que salva cien vidas y mata una es un método aceptable.

El bien es supervivencia; el bien es estar más en lo correcto que equivocado. El bien es tener más éxito que fracaso en el desarrollo de actividades constructivas.

Las cosas que complementan la supervivencia del individuo, su familia, sus niños, su grupo, la humanidad, la vida y el MEST [el universo físico. Un término acuñado con las iniciales de Materia, Energía, Espacio y Tiempo, (del inglés, Matter, Energy, Space, Time).], son buenas.

Los actos que son más beneficiosos que destructivos, a lo largo de esas dinámicas, son buenos.

El mal es lo opuesto al bien, y es cualquier cosa que sea más destructiva que constructiva a lo largo de cualquiera de las diversas dinámicas. Algo que causa más destrucción que construcción es malo desde el punto de vista del individuo, la raza futura, el grupo, la especie, la vida o el MEST que destruye.

Cuando un acto es más destructivo que constructivo, es malo; carece de ética. Cuando un acto ayuda a sucumbir más de lo que ayuda a la supervivencia, es un acto malo en proporción a lo que destruye.

El bien es, francamente, supervivencia. La conducta ética es supervivencia. La mala conducta no es supervivencia.

La construcción es buena cuando favorece la supervivencia. La construcción es mala cuando inhibe la supervivencia. La destrucción es buena cuando acrecienta la supervivencia.

Un acto o decisión es correcto en la medida en que favorezca la supervivencia del individuo, la raza futura, el grupo, la humanidad o la vida al tomarse la decisión. Estar absolutamente en lo correcto sería sobrevivir hasta el infinito.

Un acto o decisión es erróneo en la medida en que perjudique la supervivencia del individuo, la raza futura, el grupo, la especie o la vida responsable de realizar el acto o de tomar la decisión. Lo más equivocada que una persona puede estar en la primera dinámica es muerta.

El individuo o grupo que, por lo general, es más correcto que incorrecto (puesto que estos términos no son absolutos, ni con mucho), debería sobrevivir. Un individuo que, por término medio, es más incorrecto que correcto, sucumbirá.

Aunque no podría existir la corrección absoluta o la incorrección absoluta, una acción correcta dependería de que ayudara a la supervivencia de las dinámicas que se relacionan de forma inmediata con ella; una acción incorrecta impediría la supervivencia de las dinámicas relacionadas.

Bien y mal, correcto e incorrecto

Veamos ahora cómo encajan estos conceptos de correcto e incorrecto en nuestra sociedad actual.

Esta es una sociedad que agoniza. La ética es algo que se ha perdido a tal extremo y que se comprende tan poco, que esta cultura va rumbo a sucumbir a una velocidad peligrosa.

A menos que se comprenda bien la tecnología de ética y se ponga en práctica, la persona no va a recuperar su dinámica vital y esta sociedad no va a sobrevivir.

Cuando vemos Vietnam, la inflación, la crisis del petróleo, la corrupción del gobierno, la guerra, el crimen, la demencia, las drogas, el libertinaje sexual, etc., estamos viendo una cultura en vías de extinción. Este es el resultado directo del fracaso de los individuos en no aplicar la ética a sus dinámicas.

Esto realmente comienza con la ética individual.

La conducta deshonesta no es supervivencia; cualquier cosa que produzca la destrucción de los individuos, de los grupos, o inhiba el futuro de la raza, es irracional o mala.

El que una persona mantenga su palabra, cuando la ha dado solemnemente, es un acto de supervivencia, puesto que entonces se le tendrá confianza, pero sólo mientras mantenga su palabra.

Para el débil, para el cobarde, para el irracional censurable, los tratos deshonestos y clandestinos, perjudicar a los demás y frustrar sus esperanzas, parecen ser la única forma de conducirse en la vida.

La conducta no ética es en realidad la conducta de la destrucción y el miedo. Las mentiras se dicen porque uno tiene miedo de las consecuencias si dijera la verdad. Los actos destructivos por lo general se hacen por miedo; así, el mentiroso es inevitablemente un cobarde, y el cobarde es inevitablemente un mentiroso.

La mujer que es sexualmente libertina, el hombre que falta a la palabra dada a un amigo, el pervertido codicioso, todos están obrando en tales términos que perjudican tanto a la supervivencia que la degradación y la desdicha son parte integrante de su existencia.

Es probable que a algunos les parezca completamente normal y perfectamente correcto vivir en una sociedad muy degradada, llena de criminales, drogas, guerra y demencia, en la que nos encontramos ante una amenaza constante de aniquilación total de la vida en este planeta.

Bueno, permíteme decirte que esto no es normal y que no es necesario. Es posible llevar vidas felices y productivas, sin que los individuos tengan que preocuparse de si les van a robar o no si salen a la calle, o de si Rusia va a declarar la guerra a los Estados Unidos o no. Es una cuestión de ética. Es simplemente una cuestión de que los individuos apliquen la ética a sus vidas y tengan sus dinámicas en comunicación y sobreviviendo.

IV

LA MORAL

Ahora, tenemos la ética como supervivencia. Pero ¿qué hay con las cosas como la moral, los ideales, el amor? ¿No están estas cosas por encima de la "mera supervivencia"? No, no lo están.

Las novelas románticas y la televisión nos enseñan que el héroe siempre vence y que el bien siempre triunfa. Pero parece que el héroe no siempre vence y que el bien no siempre triunfa. Mirando en una perspectiva más limitada, podemos ver que la maldad triunfa por todas partes a nuestro alrededor. La verdad del asunto es que tarde o temprano la maldad va a perder. Uno no puede ir por la vida escogiendo como víctimas a sus congéneres sin acabar de otra forma, más que atrapado: siendo la víctima él mismo.

No obstante, uno no observa esto en el curso normal de la vida. Uno ve que los malos tienen éxito por doquier, amasando dinero de manera evidente, cortándole el cuello a sus hermanos, beneficiándose de los fallos de los tribunales y llegando a gobernar a los hombres.

Sin considerar la consecuencia final de esto, que está ahí precisamente con tanta seguridad como que el sol sale y se pone, uno comienza a creer que el mal triunfa, aunque se le haya enseñado que sólo triunfa el bien. Esto puede hacer que la persona misma tenga un fracaso y de hecho puede causar su ruina.

En lo que respecta a los ideales, a la honestidad, al amor que uno tiene por su prójimo, uno no puede encontrar una buena supervivencia para sí mismo o para muchos otros, cuando faltan estas cosas.

El criminal no sobrevive bien. El criminal promedio pasa la mayor parte de su madurez enjaulado como las bestias salvajes, y vigilado por los rifles de buenos tiradores que le impiden escapar.

A un hombre del que se sabe que es honesto, se le recompensa con supervivencia: buenos trabajos, buenos amigos. Y el hombre que tiene sus ideales, sin importar lo cuidadosamente que se le pueda persuadir para que los abandone, sobrevive bien sólo en la medida en que sea fiel a esos ideales.

¿Alguna vez has visto a un médico que motivado por el beneficio personal comienza a atender secretamente a criminales o a traficar con anfetaminas? Ese médico no sobrevive mucho después de abandonar sus ideales.

Los ideales, la moral, la ética, son todos parte de esta forma de entender la supervivencia. Uno sobrevive mientras sea fiel a sí mismo, a su familia, a sus amigos, a las leyes del universo. Cuando falla en cualquier aspecto, su supervivencia se reduce.

En los diccionarios modernos encontramos que ética se define como "moral", y moral se define como "ética". Estas dos palabras no son intercambiables.

La moral debería definirse como un código de buena conducta dictado por la experiencia de la raza para servir como norma uniforme para la conducta de los individuos y los grupos.

La moral es, en realidad, las leyes.

El origen de un código moral se produce cuando se descubre, mediante experiencia real, que cierto acto perjudica más a la supervivencia que la favorece. La prohibición de este acto entra entonces a formar parte de las costumbres de la gente y puede, al final, convertirse en una ley.

A falta de mayores poderes de razonamiento, los códigos morales, en la medida en que proporcionen una supervivencia mejor para su grupo, son una parte vital y necesaria de cualquier cultura.

No obstante, la moral se convierte en una carga onerosa y se protesta contra ella, cuando se vuelve anticuada. Y aunque la rebelión contra la moral puede tener como objetivo explícito el hecho de que el código ya no es tan pertinente como lo fue en su día, las rebeliones contra los códigos morales generalmente ocurren porque los individuos del grupo, o el grupo en sí, han llegado a carecer de ética hasta un punto en que desean practicar el libertinaje en oposición a estos códigos morales, no porque los códigos en sí sean irracionales.

Si un código moral fuera completamente racional, se le podría considerar, al mismo tiempo, completamente ético. Pero sólo en este nivel superior se podría decir que estos dos son lo mismo.

Lo máximo en razón es lo máximo en supervivencia.

La conducta ética incluye la adhesión a los códigos morales de la sociedad en que vivimos.

V

LA JUSTICIA

Cuando un individuo deja de aplicar la ética a sí mismo y deja de actuar de acuerdo a la moral del grupo, la justicia entra en escena.

En general, uno no se da cuenta de que el criminal no sólo es antisocial, sino que también es anti-él mismo.

Una persona que carece de ética, que tiene sus dinámicas fuera de comunicación, es un criminal potencial o activo, ya que continuamente comete crímenes contra las acciones de los demás que favorecen la supervivencia. El crimen podría definirse como la reducción del nivel de supervivencia a lo largo de cualquiera de las ocho dinámicas.

La justicia se usa cuando la falta de ética y el comportamiento destructivo del individuo comienzan a afectar demasiado seriamente a los demás.

En una sociedad regida por criminales y controlada por una policía incompetente, los ciudadanos identifican en forma reactiva cualquier acción o símbolo de justicia con la opresión.

Pero tenemos una sociedad llena de gente que no se aplica la ética, y a falta de una verdadera ética, uno no puede vivir con los demás y la vida resulta miserable. Por lo tanto tenemos la justicia, que se desarrolló para proteger al inocente y al recto.

Cuando un individuo deja de aplicarse la ética y no actúa de acuerdo a los códigos morales, la sociedad toma medidas de justicia contra él.

La justicia, aunque por desgracia no se puede poner en las manos del hombre, tiene como intención y propósito básicos, la supervivencia y el bienestar de aquellos a quienes sirve. No obstante, la justicia no sería necesaria cuando los individuos fueran lo suficientemente cuerdos y éticos para no intentar reducir la supervivencia de los demás.

La justicia se usaría hasta que la propia ética de la persona la convirtiera en compañía adecuada para sus semejantes.

VI

LA ÉTICA, LA JUSTICIA Y TU SUPERVIVENCIA

En el pasado, el tema de la ética en realidad no se ha mencionado demasiado, pero sí se mencionó el de la justicia. Los sistemas de justicia se han usado durante mucho tiempo como sustituto de los sistemas de ética. Pero cuando tratas de sustituir la ética por la justicia, te metes en dificultades.

El hombre no ha tenido un medio funcional real de aplicarse la ética. Los temas de la ética y de la justicia han estado terriblemente aberrados.

Ahora hemos puesto en orden la tecnología de la ética y de la justicia. Este es el único camino de salida que tiene el hombre en este tema.

La gente ha estado intentando imponerse la ética durante eones sin saber cómo. La ética evolucionó con los intentos del individuo por obtener una supervivencia continua.

Cuando una persona hace algo que no es ético (daña su supervivencia y la de los demás), intenta corregir este daño. Por lo general simplemente acaba hundiéndose. (Hundirse significa sufrir un colapso mental o físico hasta el punto en que el individuo no puede funcionar causativamente.)

Las personas se hunden porque, en un esfuerzo por refrenarse e impedirse a sí mismas cometer más actos dañinos, comienzan a retirarse y a apartarse del área que han dañado. Una persona que hace esto se vuelve cada vez menos capaz de influenciar a sus dinámicas y así se convierte en víctima de ellas. Se anota aquí, que uno debe haberle hecho a las demás dinámicas esas cosas que ahora estas parecen tener el poder de hacerle a uno. Por lo tanto, está en posición de ser dañado y pierde control; de hecho, puede convertirse en una influencia nula y ser un imán para las dificultades.

Esto se produce porque la persona no tiene la tecnología básica de ética; nunca se le ha explicado. Nadie le dijo jamás cómo podía salir del atolladero en el que ella misma se ha metido. Esta tecnología ha permanecido completamente desconocida.

Y así, ha acabado en el vertedero.

La ética es uno de los instrumentos primarios que una persona usa para desenterrarse y salir de ese atolladero.

Sepa hacerlo o no, cada persona intentará desenterrarse y salir. No importa quién sea o lo que haya hecho, va a intentar imponerse la ética en sí misma de una u otra forma.

Incluso en el caso de Hitler y Napoleón hubo tentativas de auto-refrenamiento. Al ver las vidas de esta gente, es interesante lo concienzudamente que trabajaron hacia la autodestrucción. La autodestrucción es su intento de aplicarse la ética a sí mismas. Trabajaron hacia esta autodestrucción en varias dinámicas. No pueden imponerse la ética a sí mismas, no pueden refrenarse de hacer estos actos dañinos, así que se castigan a sí mismas. Se dan cuenta de que son criminales y ellas mismas se hunden.

Todos los seres son básicamente buenos y tratan de sobrevivir lo mejor que pueden; tratan de imponer ética en sus dinámicas.

La ética y la justicia se desarrollaron y existen para ayudar al individuo en su impulso hacia la supervivencia. Existen para mantener las dinámicas en comunicación. La tecnología de ética es la verdadera tecnología de la supervivencia.

Las dinámicas de un individuo estarán en comunicación en la medida en que él esté aplicando la ética a su vida. Si uno sabe la tecnología de ética y la aplica a su vida, puede mantener las dinámicas en comunicación y aumentar continuamente su supervivencia.

Esa es la razón por la que existe la ética, para que podamos sobrevivir como queremos sobrevivir, teniendo nuestras dinámicas en comunicación.

La ética no se debe confundir con la justicia. La justicia se usa sólo después de un fallo del individuo para usar la ética consigo mismo. Teniendo ética personal a lo largo de las dinámicas, la justicia de tercera dinámica desaparece como preocupación primaria. Ahí es donde logras un mundo sin crimen.

Un hombre que roba a su patrón tiene su tercera dinámica incomunicada con su primera dinámica. Va camino a una condena de cárcel, o en el mejor de los casos, al desempleo, que no es lo que uno llamaría supervivencia óptima en la primera y segunda dinámicas (por no mencionar el resto). Es probable que crea que al robar está mejorando su supervivencia, sin embargo, si conociera la tecnología de ética, se daría cuenta de que está dañándose a sí mismo así como a los demás, y que sólo empeorará, sumiéndose más en el vertedero.

El hombre que miente, la mujer que engaña a su marido, el adolescente que toma drogas, el político que está involucrado en tratos deshonestos, todos ellos están cavando su propia tumba. Están dañando su propia supervivencia al tener sus dinámicas incomunicadas y no aplicar la ética a sus vidas.

Puede que te sorprenda, pero un corazón limpio y unas manos limpias son la única manera de lograr felicidad y supervivencia. El criminal nunca tendrá éxito a menos que se reforme; el embustero nunca será feliz o estará satisfecho consigo mismo hasta que comience a tratar con la verdad.

La solución óptima para cualquier problema que presente la vida sería la que llevara a un aumento de la supervivencia en la mayoría de las dinámicas.

Vemos así que para la supervivencia es necesario un conocimiento de la ética.

El conocimiento y la aplicación de la ética es el camino de salida de la trampa de la degradación y el dolor.

Usando la tecnología de ética, todos y cada uno de nosotros podemos lograr la felicidad y la supervivencia óptima para nosotros mismos y para los demás.

VII

QUÉ SUCEDE SI SE PIERDE LA ÉTICA EN LAS DINÁMICAS

Es importante recordar que estas dinámicas constituyen la vida. No funcionan individualmente sin interacción con las demás dinámicas.

La vida es un esfuerzo de grupo. Nadie sobrevive solo.

Si se pierde la ética en una dinámica, esta deja de estar en comunicación (en mayor o menor medida) con las demás dinámicas. Para permanecer en comunicación, las dinámicas deben permanecer éticas.

Tomemos el ejemplo de una mujer que se ha apartado completamente de la tercera dinámica. No tendrá nada que ver con ninguno de los grupos o la gente de su ciudad. No tiene amigos. Permanece encerrada en su casa todo el día, pensando (con alguna idea descarriada de independencia o individualidad) que está sobreviviendo mejor en su primera dinámica. En realidad es bastante miserable, solitaria, y vive atemorizada de los demás seres humanos. Para aliviar su desdicha y su aburrimiento, comienza a tomar sedantes y tranquilizantes, a los que se hace adicta, y luego también comienza a beber alcohol.

Está ocupada "resolviendo" su dilema con más acciones destructivas. Puedes ver cómo ha llevado a su primera, segunda y tercera dinámicas a estar incomunicadas. Está destruyendo activamente su supervivencia en sus dinámicas. En estas acciones hay una falta de ética extrema, y no sería de extrañar que al final se quitara la vida con la mortífera combinación de sedantes y alcohol.

O tomemos al hombre que está cometiendo actos destructivos en el trabajo. No es necesario que estos actos sean grandes; pueden ser tan sencillos como llegar tarde al trabajo, no hacer un trabajo tan profesional en cada producto como de lo que él es capaz, estropear el equipo u ocultar cosas a su patrón. No tiene que dedicarse abiertamente a la destrucción total de la empresa, para saber que está cometiendo actos dañinos.

Ahora bien, a medida que pasa el tiempo, este hombre se encuentra a sí mismo deslizándose hacia una conducta cada vez más carente de ética. Siente que debe ocultar más y más, y no sabe cómo detener esta espiral descendente. Es muy posible que nunca se le haya ocurrido siquiera que podría detenerla. Carece de la tecnología de ética. Es probable que no se dé cuenta de que sus acciones están conduciendo a que sus dinámicas estén incomunicadas.

Esto puede afectar a sus demás dinámicas de varias maneras. Es probable que sea un poco miserable, y puesto que es básicamente bueno, se sentirá culpable. Llega a casa por la noche y su mujer dice con alegría, "¿Qué tal te fue hoy?", y él se encoge un poco y se siente peor. Comienza a beber para mitigar su desdicha. No se comunica con su familia. No se comunica en su trabajo. Su rendimiento en el trabajo empeora. Comienza a no cuidar de sí ni de sus pertenencias. Ya no disfruta de la vida. Su vida feliz y satisfactoria se le escapa de las manos. Puesto que no conoce la tecnología de ética y no la aplica a su vida ni a sus dinámicas, la situación, en buena medida, se sale fuera de su control. Sin darse cuenta, se ha convertido en efecto de su propia falta de ética. A menos que enderece su vida usando la ética, indudablemente morirá siendo un hombre miserable.

Ahora te pregunto, ¿qué clase de vida es esa? Por desgracia, es demasiado común en nuestros días.

Una persona no puede perder la ética en una dinámica sin que esto tenga consecuencias desastrosas en sus demás dinámicas.

Es en verdad muy trágico y la tragedia se agrava por el hecho de ser tan innecesaria. Si el hombre tan sólo conociera la simple tecnología de ética, podría lograr para sí la autoestima, la satisfacción personal y el éxito que sólo cree ser capaz de soñar, no de lograr.

El hombre busca la supervivencia. La supervivencia se mide en placer. Eso significa, para la mayoría de los hombres, felicidad, autoestima, la satisfacción personal de un trabajo bien hecho y el éxito. Un hombre puede tener dinero, puede tener muchas posesiones personales, etc., pero no será feliz hasta que no sea realmente ético y sepa que consiguió esas cosas con honestidad. Esos ricos criminales políticos y financieros no son felices; puede que el hombre común les envidie por su riqueza, pero son gente muy desdichada que la mayoría de las veces acaban arruinándose con la adicción a las drogas o al alcohol, el suicidio o algún otro medio de autodestrucción.

Echemos un vistazo a la falta de ética actual en la segunda dinámica que ocurre con tanta frecuencia. Por lo general, se considera que este comportamiento es perfectamente aceptable.

Es fácil ver como la falta de ética en la segunda dinámica afecta a las demás dinámicas.

Digamos que tenemos a una mujer joven que tiene un matrimonio medianamente feliz y decide tener una aventura con su jefe, quien resulta ser un buen amigo de su marido. Es obvio que esto no es ético en absoluto y también va contra la ley, aunque un número sorprendente de gente encontraría aceptable esta clase de comportamiento o a lo sumo, ligeramente censurable.

No obstante, este es un acto muy destructivo.

Ella sentirá culpa, se sentirá falsa y desdichada porque sabe que ha cometido un mal acto contra su esposo. Sin duda, su relación con él sufrirá, y puesto que su jefe está experimentando algo muy parecido en su casa, ella y su jefe comenzarán a sentirse mal el uno con el otro, puesto que empiezan a elegirse mutuamente como blanco por su desgracia. Sus dinámicas acaban bastante enredadas y sin comunicación. Ella se sentirá desdichada en su primera dinámica, ya que ha abandonado su propio código moral. Su segunda dinámica estará incomunicada y puede que incluso comience a criticar a su marido y que le empiece a desagradar. La situación en el trabajo está tensa, ya que ella ahora ha perdido la comunicación con su jefe y sus compañeros de trabajo. Su jefe ha arruinado su relación y amistad con el marido. Ella está tan enredada en estas tres dinámicas, que quedan totalmente incomunicadas con su cuarta, quinta y sexta dinámicas. Todo esto es el resultado de perder la ética en una sola dinámica.

Las repercusiones se extienden insidiosamente a todas las dinámicas.

Nuestra supervivencia se asegura sólo mediante nuestro conocimiento y aplicación de la ética a nuestras dinámicas para mantenerlas en comunicación.

Con la ética, podemos lograr supervivencia y felicidad para nosotros mismos y para el planeta Tierra.

VIII

CRIMEN, CASTIGO Y PSIQUIATRÍA

Si vamos a comprender al criminal del siglo veinte, nos dice L. Ronald Hubbard, entonces tenemos que enfrentarnos finalmente con lo que ha precipitado el crimen del mundo moderno: o sea, la influencia psiquiátrica y psicológica.

Por un lado, el vínculo es tan obvio, como cualquier conexión entre las drogas y el crimen; y cualquier astuto traficante atestiguará el hecho de que mucha de su mercancía había sido inicialmente preparada en laboratorios psiquiátricos. Ese vínculo, sin embargo, a fin de cuentas llega a un nivel mucho más profundo, y en realidad, abarca toda la base ideológica de la teoría psiquiátrica y psicológica.

La premisa es simple, insidiosa y nos ha llegado en buena medida a través de una línea continua desde Darwin, Wundt y Pavlov hasta todas las escuelas modernas de pensamiento psiquiátrico y psicológico: si el ser humano es esencialmente un animal que desciende de un simio erecto asesino, entonces, seguramente todavía debemos llevar dentro de nosotros mismos cierta propensión biológica hacia la violencia. Después de todo, se arguye, ¿cuál es la fuerza más obviamente apremiante que motiva la organización en todas las sociedades?

La respuesta, sin duda, es la guerra. (Mientras que, por lo general, se desecha a la religión, considerándola como un esfuerzo supersticioso para obtener mediante rituales lo que la guerra gana mediante la fuerza, es decir, la dominación social.)

Lo que sigue a partir de esta premisa, son entonces dos escuelas de pensamiento: aquellas que tienden a interpretar todas las formas de comportamiento en términos de un código genético ineludible, del cual se hablará más, posteriormente. Y aquellas que nos ven ligeramente más adaptables, con el comportamiento modificado por medio de partes iguales de experiencia adolescente y presión del medio ambiente. En cualquiera de los casos, sin embargo, la ecuación es bastante sombría: en el análisis final, no somos ni más ni menos que simios asesinos yendo a toda velocidad por el carril de la izquierda. Si ocasionalmente somos decentes, honestos y bondadosos, es simplemente porque hemos sido condicionados así (a riesgo de ser excluidos instantáneamente de la tribu). Pero quienes buscan una vida de significado más elevado, sólo están engañándose a sí mismos. Nuestros más o menos setenta años de supervivencia pueden medirse en realidad, sólo en términos de gratificación sexual, ingestión de calorías y protección contra los miembros de las tribus rivales, es decir, cualquiera que esté más allá de "los del barrio".

No es necesario decir, se podría argüir teóricamente, que bajo tal paradigma, la criminalidad, no es anormal en absoluto. Más bien, es simplemente otra manera de tratar con el contrato social (en buena medida de la misma manera en que se ha sabido que un chimpacé huraño empieza a exhibir un comportamiento "criminal" cuando la tribu crece más allá de la medida viable). Pero dado que la psiquiatría y la psicología dependen de los fondos públicos del estado y federales, ellos, también, han hecho del crimen un negocio.

Tradicionalmente, el enfoque psiquiátrico-psicológico con respecto al comportamiento criminal tomó dos formas, a menudo en conjunción una con la otra. Sacando una teoría de una bolsa de sorpresas desde el condicionamiento pavloviano hasta el psico-balbuceo freudiano, el psicólogo intentó establecer programas de rehabilitación; mientras el psiquiatra experimentaba con una serie creciente de drogas psicotrópicas. (Como nota triste en la historia, un buen número de presos sirvieron de hecho, sin saberlo, como conejillos de indias de los psiquiatras para los experimentos de esas drogas, al igual que los presos durante los años 30 y 40 sirvieron sin saberlo, como conejillos de indias para experimentos de electrochoques y experimentación psicoquirúrgica. En 1974, sin embargo, después de un estudio que tuvo mucha polémica, y del que posteriormente se descubrió que había sido llevado a cabo de forma totalmente errónea, se determinó que ningún programa importante podría dar pruebas de eficacia en la rehabilitación del criminal. Después de lo cual, el psicólogo se arrastró más o menos cautelosamente, saliendo de las celdas por falta de ingresos, mientras que el psiquiatra comenzó a distribuir drogas con cada vez más abandono.

En la actualidad, y a pesar de que se continúan dando fondos federales para la investigación psiquiátrica en las fuentes genéticas y neuronales del comportamiento criminal -todo lo cual ha quedado, igualmente, en nada- la rehabilitación del criminal es todavía generalmente vista como un sueño imposible. En lugar de eso, al criminal se le droga, de manera rutinaria, para mantenerlo manejable, pero por otro lado se le deja que siga su propio camino, para bien o para mal. Entre tanto, una doctrina psiquiátrico-psicológica que justifica la criminalidad con efectividad, continúa penetrando en la estructura de la sociedad hasta que, como LRH lo expresa sucintamente: "El psiquiatra y el psicólogo han desarrollado cuidadosamente una actitud pública, anárquica e irresponsable hacia el crimen".

Originalmente publicado en 1969, el artículo de Ronald "Crimen y psiquiatría" explora estos temas más adelante en sus crudos detalles.

 

IX

EL CRIMEN Y LA PSIQUIATRÍA

Cuando se ponen a cargo del crimen a criminales, el índice de criminalidad se eleva.

Las vertiginosamente ascendentes estadísticas de criminalidad, que la policía está combatiendo, comenzaron a elevarse cuando el psiquiatra y el psicólogo se introdujeron en el campo de la educación y de la ley.

Solía suceder que un crimen era un crimen. Cuando un oficial de policía hacía su deber, su deber se hacía.

Ahora todo eso ha cambiado. Los criminales son "inadaptados" y "toda la sociedad es culpable de que lo sean" y el oficial de policía es una bestia por atreverse a interferir con estos pobres tipos.

Los psiquiatras y los psicólogos han desarrollado cuidadosamente una actitud pública anárquica e irresponsable con respecto al crimen.

Lo primero y más importante es que el Hombre es sólo un animal sin alma que no puede responder por sus propios actos. Hacen propaganda del hombre como un robot con botones de estímulo-respuesta y sostienen que sólo ellos saben dónde se encuentran los botones.

Según estos "expertos" las personas "menesterosas" siempre se convierten en criminales, así que lo que hay que hacer es que el criminal sea un ser privilegiado con muchos más derechos que la gente normal.

Pero el error principal que se encuentra en esta influencia psiquiátrica y psicológica es que esta gente escapa de la soga del verdugo sólo por el hecho de que proclaman a bombo y platillo que se encuentran por encima de la ley.

Diariamente estos hombres llevan a cabo crímenes de extorsión, violencia física y asesinato, en nombre de la "práctica" y del "tratamiento". No hay un solo psiquiatra vivo, que trabaje en una institución psiquiátrica que, por ley criminal común, no pudiera hacérsele comparecer ante un tribunal y declarársele culpable de extorsión, violencia física y asesinato. Nuestros archivos están llenos de evidencia sobre ellos.

Por medio de un truco mental han hipnotizado a algunos políticos para hacerles creer realmente que están trabajando en la "ciencia" y que ellos están por encima de la ley ya que es necesario que cometan esos crímenes.

La brutal realidad es que esta gente no tiene ni idea de qué hace funcionar la mente. Si la tuvieran, podrían curar a alguien, ¿no es así? Pero ni lo hacen, ni pueden. Es obvio, ya que las estadísticas del crimen han subido vertiginosamente desde que estos arteros criminales se infiltraron insidiosamente como gusanos en el campo del crimen.

Si pusieras a un verdadero impostor en una sala de máquinas para que la hiciera funcionar, tu sala de máquinas pronto quedaría hecha pedazos.

Esto es lo que ha sucedido en la sociedad. En lugar de dejar que la policía haga su trabajo, toda una nueva jerarquía de expertos impostores se ha impuesto por encima de este campo.

Así pues, hay caos.

Si estos psiquiatras y psicólogos y sus grupos "Nacionales" de Salud Mental conocieran su trabajo, las estadísticas del crimen estarían descendiendo. Obvio. Pero no es así. Las estadísticas del crimen, desde que estos hombres se han hecho cargo de los tribunales de justicia, las prisiones, la educación y la asistencia social, se han elevado vertiginosamente hasta un punto en el que el policía honesto está cerca de la desesperación.

Cualquier funcionario con experiencia, encargado de la imposición de la ley, sabe más sobre la mente criminal que cualquier "psiquiatra con una carrera de 12 años" o cualquier "psicólogo con una carrera de 6 años".

No es el más pequeño de sus crímenes el que absorban todos los presupuestos para rehabilitar a la gente y lleven a cabo activamente campañas en contra de toda iglesia y todo grupo cívico que solía ayudar en este problema.

Pero entonces, los criminales del nivel realmente más elevado no querrían que se resolviera el problema del crimen. ¿No es así?

X

LA COMISIÓN REAL DE CANADÁ

Con la publicación en 1950 de "Dianética, La ciencia moderna de la salud mental" y la fundación, dos años más tarde, de Cienciología, profesionales de una serie de disciplinas comenzaron a buscar consejo en L. Ronald Hubbard. La respuesta de Ronald a la Comisión Real de Canadá, a preguntas relacionadas con "La demencia como defensa" es característica. Habiendo observado el éxito extraordinario del empleo de Dianética en la rehabilitación de los presos en las instituciones penitenciarias, así como el mayor significado de la obra de Ronald en lo que respecta a la justicia, el teórico en leyes canadiense D. M. Clouston le pidió una declaración a LRH. De la misma forma tan característica de Ronald su respuesta lo abarca todo globalmente. Habiendo tratado de redefinir la criminalidad en términos de una enfermedad mental incurable -explica-, el psiquiatra nos ha hecho otro flaco servicio. De hecho, "La verdad categórica y terrible es que mientras la demencia pueda seguir siendo utilizada como una defensa, invitará a los criminales a adoptar ese estado".

L. Ronald Hubbard

11 de Junio de 1954

Querido Mr. Clouston:

Quiero agradecerle su enérgica carta sobre su testimonio, tal como puede presentarlo ante una Comisión Real de Canadá, sobre los temas de "La demencia como defensa" y "Los psicópatas criminales sexuales".

Usted afirma que la Comisión Real de Canadá ha sido fundada con el propósito de investigar e informar sobre dos cuestiones:

1. Si debería existir alguna enmienda a las ley penal de Canadá relacionada con "La demencia como defensa".

2. Si debería existir alguna enmienda a las leyes existentes de Canadá relacionadas con "Los psicópatas criminales sexuales".

Por lo que entiendo, usted tiene pensado proponer que sólo un terapeuta profesional con los detectores de que pueda disponer, está cualificado para hacer un análisis justo del grado de cordura de una persona y, en el segundo caso, que usted tiene pensado, que para el castigo arbitrario que ahora se impone, deberían fijarse períodos de detención durante los cuales el preso debería recibir tratamiento terapéutico (preferiblemente cienciológico) y ponerlo en libertad sólo cuando se haya encontrado que ha dejado de tener las tendencias criminales por las que fue detenido.

Es muy alentador que una Comisión Real haya tenido a bien investigar en esta esfera de justicia y es muy reconfortante ver que hayan invitado a un hombre de su valía para expresar sus criterios. Puede que algo claramente definido pueda resultar de esto y parecería ser una perspectiva muy esperanzadora.

Me pregunta usted si considero si es o no acertada su forma de abordarlo y me invita a hacer las sugerencias que yo considere apropiadas. Y quiero darle las gracias por darme esta oportunidad y por su amabilidad.

En la página 402 de Dianética: La ciencia moderna de la salud mental (Libro 3, Capítulo 10) comienza un ensayo de tres páginas sobre "Dianética judicial" con el que -creo que por su carta- parece estar un tanto familiarizado.

En lo que puedan servirle, paso a expresarle algunos comentarios generales sobre este asunto.

Todo el tema de la "demencia" en el derecho está a la deriva ya que es como una astilla lanzada dentro de la definición ya existente de criminalidad. Cualquier confusión respecto a en dónde colocar la demencia dentro del derecho, proviene de la definición básica dentro del propio derecho, de la demencia y de la criminalidad.

El derecho define la criminalidad más o menos como "acción a pesar del conocimiento del bien y del mal" y la demencia como "una incapacidad de diferenciar entre el bien y el mal". Si el derecho se basa en la idea de que todas las personas son egoistas y únicamente interesadas en sí mismas, entonces podremos diferenciar entre la criminalidad y la demencia. Pero si el derecho considerase al hombre como un animal social, básicamente debería considerar que cualquier acto que fuera intencionalmente dañino se originaría en una perspectiva mental que omitiría la diferenciación entre el bien y el mal. En otras palabras, nadie que estuviera cuerdo, en el pleno sentido de la palabra, se sentiría motivado por las acciones que dañasen a su grupo o comunidad ya que se daría cuenta de que él, junto con los demás, sufriría como resultado de esas actividades. Y aún visto en términos prácticos, es evidente que el ladrón al cometer actos criminales refuerza la puesta en vigor de la ley en esa zona e inhibe todavía más su propia libertad.

Este es un problema, sobre todo, del grado de entendimiento de la ley misma. Es una cuestión de qué estándar la ley, o la sociedad, cuya voluntad la ley representa, está dispuesta a reconocer, un estándar de conducta más alto que el que la ley ha impuesto durante los muchos años pasados. La sociedad se inclina cada vez más a entender la criminalidad como "antisocial".

La jurisprudencia puede darse por satisfecha con mantener su definición de que la demencia es la incapacidad para diferenciar el bien del mal. Pero este punto de vista puede ampliarse mediante investigaciones como la de la Comisión Real, y por la propia presión del público, que de hecho esa Comisión representa, para considerar a la demencia como, simplemente, la incapacidad de diferenciar.

En los Estados Unidos, algunos modelos de pensamiento de los últimos años han obstaculizado el crecimiento de la justicia. El más sobresaliente entre ellos ha sido el extenderse largo y tendido sobre la "mente criminal" como una mente extrañamente diferenciada y distinta de las mentes de aquellos que no son criminales. Pero una mirada un poco más clara debería demostrar que aun "la mente criminal" entra dentro de la propia definición legal de demencia: la incapacidad de distinguir el bien del mal. Es obvio que es malo que un ser dañe a su propia especie, a su propio grupo, a su propia sociedad. Por lo tanto un ser que cometiera actos dañinos no estaría distinguiendo entre el bien y el mal y por lo menos debe tener un toque de demencia.

Aquí se plantea el problema de "dónde trazar el límite". ¿En qué punto cesa un individuo de ser cuerdo y se convierte en un criminal? ¿En qué punto, entonces, deja de ser un criminal y se convierte en demente? La costumbre, de la que nació la misma ley, ha propuesto hace largo tiempo la solución a este problema en su propia definición de demencia.

Para clasificar a los criminales, tendríamos que clasificar el crimen. Descubriríamos que el crimen estaba subdividido en crimen accidental y crimen intencional. La sociedad sólo castiga el crimen cuando lo considera intencional. Si el crimen es intencional, entonces la intención también tenía el motivo de dañar a la sociedad. De esta forma, una acción criminal, en términos generales, podía ser considerada como la acción de un demente, y todo ello dentro de la definición de la propia ley. Podría determinarse que cuando un hombre se rebaja a cometer una acción intencionalmente dañina contra sus semejantes, ha descendido al menos al primer estrato de la demencia. El derecho podría abrir su propio camino aplicando la clasificación de "demente" a los criminales. En vista del hecho de que los sistemas de castigo del pasado no han reformado ni reducido la criminalidad, el derecho parece más inclinado a adoptar esta perspectiva y la adoptaría si pudiera demostrarse que esta incapacidad para diferenciar el bien del mal pudiera ser modificada para el mejoramiento de la sociedad. Dado que se ha encontrado que los sistemas carcelarios han recrudecido la criminalidad más de lo que la han remediado, es plenamente factible que la ley pudiera considerar cómodamente un posible cambio de perspectiva sobre el tema y tratar a los criminales por lo que son: personas mentalmente trastornadas.

Con esta otra alternativa la ley se encuentra a menudo traicionada. Esta alternativa consiste en permitir que los criminales se escapen de la ley por razones de "demencia". Si se comprueba que un criminal está demente, se le permite, al menos hasta cierto punto, escapar del castigo que normalmente recibiría por su acto. La ley, al mantener esta segregación, echa por tierra sus propios fines y se priva a sí misma de su presa. Sólo frente a una casi absoluta falta de comprensión de la demencia, podrían las personas que se ocupan del gobierno convencerse de que la etiqueta de "demente" permitiría a los criminales escapar del castigo. Por lo tanto, en esa medida, la demencia en sí misma parece ser temida y es tolerada.

La verdad categórica y terrible es que mientras la demencia pueda seguir siendo utilizada como defensa, invitará a los criminales a adoptar ese estado. Además, esas leyes que proporcionan de ese modo un escape del castigo, desatan las energías de muchos contra sus semejantes, quienes de otra forma se refrenarían. Por ejemplo, una persona ligeramente loca debido a su "estado mental" podría considerar innecesario obedecer la ley que en realidad comprendía plenamente. Dista mucho de ser justo que la ley pueda proveer un escape para el culpable basándose en tales razones.

Al concentrar su atención en el hecho de que la demencia, si se demuestra, permitirá a una persona escapar de la justicia, la ley está pasando por alto el hecho de que el crimen aparentemente parte de manera uniforme de una incapacidad de distinguir al grado que un hombre cuerdo consideraría normalmente racional. La ley se enfrenta con el enigma de la demencia como una forma de frustrar la justicia. Y de esta forma se tiene que probar continuamente que la demencia es falsa, en el campo de la criminalidad. Considerando eso, es hora de que se demuestre que la criminalidad es demencia. He trabajado con muchos criminales y he sido policía durante un corto período, con el fin de observar la criminalidad. Y mi observación directa y muy de cerca, es que cualquiera que tenga tendencias criminales está, en un sentido mucho más amplio, demente, y que su demencia no sólo se extiende mucho más allá del campo del crimen, sino que invade las áreas de la alucinación, la manía persecutoria y las incapacidades mentales que en sí mismas son síntomas de demencia.

La demencia del criminal se produce debido a una convicción de que su primer grupo, la familia, no le encuentra utilidad ni le necesita, y se desarrolla a partir del reconocimiento de que la sociedad no le quiere. Este es aparentemente el origen de esa actitud antisocial a la que llamamos criminalidad. La demencia sigue evolucionando mediante la continua asociación con otros que comparten la misma convicción y que forman grupos, que están motivados por una necesidad de venganza contra la sociedad. Los métodos actuales de castigo y el trato policial sólo hacen más profunda esta convicción y puede decirse, en lo que respecta a las sentencias de prisión, que cuanto más castigo recibe un criminal, más aumenta su demencia en relación al mismo tema de su criminalidad. De esta forma la sociedad se convierte en víctima de sí misma al traer del ámbito de la alucinación a la cruda realidad el hecho de que el individuo no es querido por ninguno de sus congéneres a excepción de unos cuantos de sus más íntimos asociados. Al unir sus fuerzas en su sed de venganza contra la sociedad que los rechaza, estos criminales forman entonces sus propias sociedades. Y el resultado final de esta espiral descendente es el deterioro del conjunto de la sociedad bajo la coacción de leyes que, buscando reprimir a la minoría, acaban suprimiendo a la mayoría. Sin tales bandas criminales, gente como Hitler, que dependía completamente de ellos para su ascensión al poder, por sí solos carecerían de todo poder. De esta forma el tema de la criminalidad entra íntimamente en relación con el campo gubernamental.

Podríamos encontrar entonces que la demencia debería ser prohibida como defensa, pero que al mismo tiempo toda criminalidad definida como daño intencional contra la sociedad debería clasificarse como un grado mayor o menor de demencia, y que el criminal -como usted sugiere- debería ser uniformemente detenido para recibir tratamiento. Y también encontramos, al examinar este problema y ver los efectos desastrosos en la sociedad de las puestas en libertad demasiado tempranas o no calificadas, que un criminal debería ser detenido hasta que se pudiera comprobar con plena certeza que no seguiría dañando a la sociedad. Esto último le asesta un golpe directo al sistema de libertad condicional, que es insatisfactorio en el mejor de los casos, y responsabilizaría por completo a los consejos encargados del sistema de libertad condicional para proteger a la sociedad de más actos criminales del preso liberado.

A falta de un tratamiento que pueda remediarlo y medios prácticos para llevarlo a efecto, tal proceder sería considerado en extremo inhumano. Incluso el juez más endurecido podría retroceder disgustado ante la idea de que la demencia no debería utilizarse nunca como defensa, y ante la intención de encarcelar a los criminales de por vida, si fuera necesario defender a la sociedad contra sus depredaciones. Estas son medidas muy duras.

En la actualidad, sin embargo, varios experimentos han demostrado que el tratamiento de la criminalidad puede administrarse con muy bajo presupuesto para el estado. Este presupuesto es tan reducido como unos cuantos centavos por preso. Por medio de Procesamiento de Grupo, se ha hecho mucho en este campo. El tratamiento mismo, se administra mediante grabaciones en cinta magnética. El problema no podría haberse resuelto mientras fuera necesario administrar una terapia, que debido a la tecnología, era todavía individual. Pero con el avance del Procesamiento de Grupo, la mayoría de los criminales podrían ser rehabilitados y liberados por los consejos de libertad condicional, utilizando como criterio la cordura, sin daño para la sociedad. Aunque este procesamiento no fuera efectivo con todos los criminales a los que se les administrase, según los estándares y prácticas actuales, podría al menos ser efectivo con la mayoría.

En cuanto a la segunda parte de los objetivos de la Comisión Real de Canadá, mi opinión es que las leyes relacionadas con "los psicópatas criminales sexuales" no deberían ser diferentes de las leyes relacionadas con otros tipos de crímenes. Ya que el psicópata sexual, como Sigmund Freud reconoció hace tiempo, es una persona mentalmente enferma.

En ambos temas, encontramos que el derecho es capaz de progresar al grado en que esté dispuesto a aceptar su responsabilidad para con la sociedad en general. Es el objetivo y la función del derecho, proteger a los ciudadanos de la sociedad contra las depredaciones o prácticas criminales de la minoría.

Si el derecho fuera totalmente responsable actuaría de forma que protegiera totalmente a los ciudadanos contra el crimen. Esto no puede hacerse mediante la represión de la ciudadanía en general, ya que esta represión es la regulación de la mayoría para controlar a la minoría. Aun sin Cienciología, sin adoptar sus prácticas, la ley podía ser mucho más efectiva en proteger al conjunto de la sociedad, simplemente volviendo a clasificar lo que se quiere decir por criminal y respetando firmemente su propia definición de demente. Con Cienciología, una vez que se haya separado de los demás a los criminales y dementes, una vez que la ley haya establecido su propósito de forma definida y clara, el arresto de los criminales hasta que sean otra vez más sociales, podría resolverse administrándoles procesos comprobados, para ellos, y la puesta en libertad de aquellos que hubiesen respondido a nivel de grupo. Esto, sin embargo, es una perspectiva a un plazo muy largo y es una postura demasiado firme para esperar que la adopte el sistema judicial, ya que este no puede regirse más que por las costumbres de la gente a la que sirve. Podría iniciarse un paso de gigante en esta dirección, sin embargo, al demostrar que grupos de presos encarcelados podrían experimentar cambios individuales mediante una reorganización de sus ideas y liberando en la sociedad a los así beneficiados y siguiendo su trayectoria hasta que se estableciera con certeza si se habían convertido o no en seres sociales. Con este paso y con la evidencia así generada, podría muy bien resultar una amplia evolución de la ley.

Deseo agradecerle sinceramente por haberme escrito. Espero que me informe más ampliamente sobre este tema, pues me interesa profundamente.

Con mis mejores deseos, L. Ronald Hubbard

XI

LA SOLUCIÓN A LA CRISIS MORAL DEL SIGLO XIX

En 1972, después de una ausencia de alrededor de doce años, Ronald regresó a Estados Unidos para una estancia prolongada en la ciudad de Nueva York. Su misión era sociológica, o dicho de forma más sencilla: volver a familiarizarse con una nación donde residían la mayoría de sus lectores. Con ese fin, se sumergió literalmente en un ámbito urbano en proliferación, y lo que encontró probó ser muy preocupante. Entre las notas de este período, hay varias referencias a lo que describió como "la anulación del poder" del espíritu humano, y un impulso hacia "el olvido" en una ausencia de esperanza. Mientras que en una conversación posterior, habló de una crisis cultural como la que no se había visto desde la Roma del siglo IV. Sin embargo, cuando en un período posterior se le pidió que resumiera sus impresiones de la vida del Manhattan de alrededor de 1972 a 1973, de forma sencilla y evocativa, respondió que sentía como si "estuviera en una isla que había sido destruida por alguna fuerza superior".

La analogía es pertinente, y aunque las causas se han debatido durante largo tiempo, las estadísticas son indiscutibles: desde 1960 (el año siguiente a la partida de Ronald de Estados Unidos) el crimen -en su mayoría relacionado con las drogas- había aumentado en más de un quinientos por ciento. Durante el mismo período, los porcentajes de divorcio se habían cuadruplicado, los nacimientos ilegítimos se habían incrementado proporcionalmente, mientras que el suicidio de los adolescentes había aumentado en un doscientos por ciento adicional. Además, estaba lo que no se podía mostrar en estadísticas, pero que era finalmente igual de tangible: "Incluso alguien lo había notado y había escrito una canción acerca de ello", explicó Ronald, "Mi ciudad está muerta".

Él no sacó conclusiones precipitadas y, de hecho, en una conversación posterior pone esta pregunta en el tapete en dos ocasiones: "A esta cultura, ¿qué diablos le ha sucedido?" (Mientras añade, como si lo dijera para sí mismo, "Algo...") Sin embargo, sus notas de Nueva York, que comprendían varias páginas de observaciones iniciales, definitivamente parecerían ofrecer una pista. En primer lugar, escribe: "Cuando no existe un código sobre la conducta correcta, la represión puede ser endémica. De esta forma, todo comportamiento puede entonces ser acusado de incorrecto o dudoso, por lo que puede darse el hostigamiento y la incertidumbre en el individuo". Luego considera de manera significativa que hay un paralelismo entre la disminución de la asistencia a la iglesia y la proliferación de la pornografía, haciendo notar una vez más: "Se busca más el olvido que un más allá", y de ahí el aumento en el abuso del alcohol y las drogas. Finalmente, y aquí está la hebra que seguiría cierto tiempo después:

"Cuando la religión no tiene influencia en la sociedad o la ha perdido, el estado hereda toda la carga de la moralidad pública. Entonces debe usar el castigo y la policía. Sin embargo, esto no tiene éxito ya que la moralidad, que no es ya inherente en el individuo, no se puede imponer con gran éxito...

"Para ser moral, debe haber más razón y más motivación emocional, que la amenaza de disciplina humana".

A partir de ahí, continuó trabajando en este problema desde distintos frentes: con el desarrollo de un programa de Cienciología para la rehabilitación de las drogas (que finalmente demostró ser el de más éxito del mundo); con el aliento continuo de la tecnología de ética de Cienciología para la rehabilitación de las poblaciones criminales; y -notando la correlación entre el analfabetismo y la criminalidad- con la aplicación de las destrezas de aprendizaje de Cienciología en el ámbito laico. Pero lo que vio cada vez más como la crisis moral subyacente, es lo que nos hace regresar al mismo problema central de la influencia psiquiátrica y psicológica.

"¿Qué harán los hombres si creen que sólo son barro?" preguntaba LRH desde su casa en el sur de California en 1981. Entonces agrega de manera significativa: "Enseñado a creer que no es más que una bestia, ahora se está convenciendo de que él es la víctima indefensa de sus propias pasiones". Lo que le había conducido a esta declaración fue en efecto una pista de la investigación tomada en 1976, o al volver a establecerse en Estados Unidos. Y específicamente el punto en cuestión era la proliferación constante a la que Ronald se refería como un nuevo ataque de la teoría "el hombre-del-barro", pero que se conoce más generalmente o bien como psicología evolutiva o como Neodarwinismo Social.

Sus raíces son siniestras, y de hecho discurren precisamente a través de las teorías de la pureza racial del Tercer Reich y de la eliminación de los inferiores. Mientras que más recientemente, fue el evangelio neodarwiniano el que fomentó comparaciones tan obscenas como la de los porcentajes de homicidios dentro de las comunidades afro-americanas con la violencia en comunidades superpobladas de mandriles. (Y, por supuesto, quién puede olvidar los monstruosos comentarios del sociobiólogo de Harvard, Edward O. Wilson referentes a los paralelos de comportamiento evolutivo entre los humanos y las termitas.) Pero más siniestra todavía, es la creación final de esta psicología evolutiva, esa espada de Damocles que pende como la conclusión incierta de lo que LRH denominó como el "culto al átomo".

Resumida en una oración, la premisa es esta: si el hombre no es más que una suma de su herencia genética, carente de alma, surgido de la "ciénaga de escoria primigenia", como los neodarwinistas mismos lo han expresado, entonces todo lo que él siente y hace, igualmente, no es otra cosa que un producto de la genética. Si ama, se debe a que está programado genéticamente para amar para la propagación de la raza.

Si tiene miedo, similarmente sólo está respondiendo a algún código genético innato. Y por muy complejas que, social o políticamente, sean las circunstancias, si mata, de igual manera está actuando sólo por un impulso genético arraigado profundamente. No es necesario decir, que más de una defensa contra una acusación de homicidio se ha presentado bajo el estandarte neodarwinista que efectivamente dice: "todo estaba en los genes".

Y cuando uno toma todo eso y lo destila hasta la esencia, en lo que Ronald denominó como "el tubo de ensayo sagrado", el mensaje se convierte en esto: si el hombre es inmoral con demasiada frecuencia, se debe a que básicamente no hay moralidad más allá de la supervivencia según la ley del más fuerte, impuesta con una violencia encarnizada.

La respuesta de LRH, desde el otoño de 1980, fue El Camino a la Felicidad. En unas palabras preliminares, habló del código moral como una pauta tradicional para el acuerdo social. Si esos convenios tradicionales ya no parecían totalmente pertinentes para este siglo, habían servido lo suficientemente bien para su época. Como ejemplo pertinente, están los Diez Mandamientos, reflejo de una existencia nómada, cimentada por la devoción a un Dios. De ahí que el primer mandamiento sea: "No tendrás dioses ajenos delante de mí". Asimismo, y por mucho que en la actualidad parezca irrelevante, la prohibición en contra de los ídolos, tomar el nombre de Dios en vano y una estricta observación del Sábbat, funcionaron para aglutinar a una comunidad tribal con intenso fervor. Entonces, asimismo, debido a que el código de Moisés es esencialmente un artículo de fe, se mantuvo en vigor en la medida en que la fe perduró, -o para llevar el argumento de nuevo hasta su punto de partida- hasta que fue usurpado por una doctrina materialista y a lo que resulta ser un código puramente biológico: Si lo necesitamos, tomémoslo; si nos hace sentir bien, hagámoslo; y si nos sentimos amenazados, entonces huyamos o matémoslo.

De formas en verdad concretas y alarmantes, LRH declaró entonces: "Los viejos valores sociales se han roto. Los nuevos valores morales no los han sustituido. El mundo de la dignidad cultural actualmente se encuentra en un estado de desintegración. Los lazos que mantuvieron unidos a los hombres como humanidad y los hicieron honorables, han sido escindidos por el ataque de un materialismo erróneo". Luego continuó señalando muy correctamente que, pertinentes o no, las influencias religiosas tradicionales estaban declinando rápidamente, haciendo referencia específicamente a una decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos que prohibió, en efecto, la enseñanza de los Diez Mandamientos. En consecuencia, concluyó: "La gente e incluso los niños en las escuelas han adoptado la idea de que los estándares morales elevados son una cosa del pasado", que a su vez, lo condujo a esta pregunta de vital importancia: "¿Qué sucedería si uno sacara a la luz un código moral no religioso? Uno que fuera atractivo para el público. Uno que tuviera éxito entre la gente y se pudiera seguir. Uno que aumentara el potencial de supervivencia del individuo entre sus congéneres; y uno que la gente en general transmitiría a los demás".

El primer código moral que se basa plenamente en el sentido común, El Camino a la Felicidad ofrece 21 preceptos para la vida en lo que se ha convertido en una era cínica y en buena medida sin fe. La apelación es totalmente lógica. Cada precepto marca los lindes del camino hacia una mejor supervivencia y felicidad para uno mismo y su prójimo. Así, por ejemplo, se recomienda ser moderado y abstenerse de usar drogas dañinas, no por principio, sino porque ese camino a la felicidad no se puede recorrer a menos que uno físicamente pueda disfrutar de la vida. De igual manera, se advierte en contra del libertinaje sexual, no de forma arbitraria, sino más bien, debido a que las relaciones y las familias se harán añicos ante a la infidelidad. Con la misma lógica, se insta a los lectores a vivir con la verdad y a no presentar falsos testimonios, ya que "Nadie es tan infeliz que aquel que trata de vivir en un caos de mentiras". Su advertencia en contra del acto criminal es también un asunto de razonamiento incontestable. Quienes cometen crímenes, ya sea que se les arreste o no, escribe: "quedan aún debilitados ante el poder del estado". Luego, también, indudablemente, no puede haber felicidad si uno comete asesinato o es él mismo asesinado.

Hay más, incluyendo los preceptos relativos a cuidar a los niños, honrar a los padres, proteger nuestro entorno, apoyar a la gente de buena voluntad y cumplir con las obligaciones. Además, en cada precepto se incluye una nota sobre su aplicación, como en el consejo de LRH de practicar para adquirir competencia y alentar a los demás a ser industriosos. Mientras que a lo largo de todo el texto se encuentra esa verdad central tan clave y tan poderosa: La supervivencia, y de esta manera nuestra felicidad, está vinculada de manera inextricable a todas las dinámicas y así: "El guijarro, arrojado en un estanque, puede producir ondas que llegan a la orilla más lejana".

La diseminación de este pequeño libro por sí sola, nos dice Ronald, puede cambiar, de hecho, la estructura de esta civilización. Puede ser realmente el heraldo de "una nueva era en las relaciones humanas". Si la afirmación parece demasiado optimista, con 50 millones de ejemplares en circulación en la actualidad, no lo es. Aunque es difícil medir los efectos acumulativos (puesto que, ¿cómo se puede medir la tolerancia y la decencia con la misma precisión estadística que la de los porcentajes de asesinato?), como las páginas siguientes confirmarán, honestamente estamos siendo testigos de algo que puede describirse como milagroso.

"Los lazos que mantuvieron unidos

a los hombres como humanidad

y los hicieron honorables,

han sido escindidos por el ataque

de un materialismo erróneo".

L. Ronald Hubbard

XII

EL CAMINO A LA FELICIDAD

Con la publicación de El Camino a la Felicidad en 1981, llegó una respuesta popular inmediata y considerable. Principalmente, la distribución se logra por medio del patrocinio y la coordinación con la Fundación El Camino a la Felicidad en Los Ángeles. De forma ya habitual, se donan ejemplares en paquetes de una docena en nombre de escuelas, cuerpos cívicos, grupos juveniles, organismos de servicio social, organizaciones de policía y militares. De particular nota, se encuentra la Concerned Businessmen's Association of America (Asociación de hombres de negocios preocupados de América), una organización no lucrativa y caritativa, dedicada a asuntos de interés educativo. A través de los esfuerzos de esta asociación, se han puesto más de seis millones de ejemplares de El Camino a la Felicidad en manos de los niños de las escuelas, y se han lanzado dos campañas nacionales con un gran éxito. La primera comprende un concurso en el que a los estudiantes se les pide que demuestren la forma en la que usan el precepto: "Da un buen ejemplo", mientras que un segundo concurso les pide a escuelas enteras que "eliminen las drogas de los terrenos escolares".

Los que crean que estos concursos podrían fracasar completamente en esta era de cinismo y fría violencia, están equivocados. Hasta la fecha, más de cinco millones de estudiantes en casi ocho mil escuelas primarias, secundarias y preparatorias han participado en el programa; y más recientemente, en un período de sólo dos meses, otros 96.000 estudiantes enviaron textos para el concurso de ensayo sobre El Camino a la Felicidad. Tampoco estamos hablando únicamente de estudiantes de los vecindarios menos problemáticos en términos de estadísticas. Por ejemplo: después de que se distribuyeron ejemplares del libro en las escuelas de la zona Sur Central de Los Ángeles, miembros de la pandilla "Crips", notoria por su violencia, de hecho comenzaron a organizar, por su propia iniciativa, su campaña de "Protege y mejora tu medio ambiente". A partir de ahí, se vio a miembros de la pandilla limpiando pintadas de las paredes de 130 edificios del vecindario, mientras promovían la distribución de todavía más ejemplares. De manera similar, la distribución de El Camino a la Felicidad en los vecindarios del este de Los Ángeles inspiró la formación espontánea de equipos de fútbol y baloncesto entre jóvenes que previamente peleaban sin tregua, mientras que los homicidios relacionados con pandillas en zonas hispanas adyacentes cayó de 351 a cero. Por tanto, hay razones entonces, para que se haya descrito al folleto como un verdadero "don del cielo" según líderes de las comunidades de los barrios bajos de la ciudad, y como el catalizador singular más espectacular para el resurgimiento moral del que hayan sido jamás testigos.

En otros lugares, la distribución de El Camino a la Felicidad en 23 idiomas para 50 naciones, ha demostrado ser igualmente espectacular. Introducido a una Colombia profundamente problemática a principios de la década de los 90, el folleto pronto gozó de amplia distribución a través de los esfuerzos de las cadenas de periódicos nacionales y del Ministro de Educación, quien recomendó El Camino a la Felicidad a todos los educadores colombianos, mientras anunciaba simultáneamente la campaña de "Da un buen ejemplo" de su propia nación. Después, vino el decreto militar colombiano en el que 30.000 ejemplares se distribuirían a los soldados ocupados en las disputas civiles de la nación, y hay testimonios de apoyo similares de funcionarios del gobierno quienes vieron este pequeño libro como un catalizador para la eliminación del soborno (práctica que entonces era imperante y se llevaba a cabo sin freno, debido a la proliferación de los cárteles de cocaína).

Aunque los resultados inmediatos, otra vez, pueden ser difíciles de citar estadísticamente, la secuencia es lo bastante clara. Justo después de la campaña de El Camino a la Felicidad entre los niños de las escuelas, jóvenes estudiantes se unieron en un esfuerzo común para "dar un buen ejemplo" quemando pistolas de juguete. Aproximadamente diez semanas después, en lo que se ha considerado como una declaración notable del poder del folleto, los miembros de una facción de la guerrilla M-19 previamente en lucha abierta, depusieron sus armas de manera súbita. Luego vino la disminución coincidente de la violencia racial en Sudáfrica después de que se hubieran distribuido 114.000 ejemplares a la policía de esa nación y de forma similarmente coincidente la violencia en los estadios de fútbol disminuyó, después de que, como parte de esta campaña, aficionados deportivos italianos, se encargaron de la distribución del folleto en los partidos de fútbol. Finalmente, y no para suponer más que lo que los hechos sugieren, fue sólo dos semanas después de la diseminación de El Camino a la Felicidad en Bosnia (donde los periódicos locales reimprimieron el texto para el personal civil y militar, y el folleto gozó de una amplia difusión en los medios diplomáticos) que tres años de negociaciones finalmente fructificaron en la terminación formal de las hostilidades.

Lo importante es, y sin considerar la forma en la que uno desee interpretar cualquiera de los casos específicos que aquí se presentan, El Camino a la Felicidad ha demostrado ser una potente fuerza para la paz y para la reducción de la criminalidad. Más aún, como el propio LRH lo predijo, la calma que resulta tiende a "fluir hacia afuera sin parar", de manera que comunidades enteras han notado una disminución importante en el porcentaje de crimen con la adopción de El Camino a la Felicidad por parte de tan sólo una organización juvenil o comunitaria. En consecuencia, este pequeño libro ha recibido cuatro reconocimientos del Congreso de Estados Unidos y cientos de reconocimientos similares de organismos estatales y de las ciudades. Sin embargo, lo que en conclusión es lo más importante aquí, es lo que El Camino a la Felicidad representa en términos de prevención, en términos de elevar los estándares morales de los jóvenes antes de que caigan en el crimen. Si se distribuye lo suficiente, LRH comentó adicionalmente, este pequeño libro por sí solo podría ser el heraldo de un nuevo amanecer para la humanidad; y a juzgar por los resultados conseguidos hasta ahora con los primeros cincuenta millones de ejemplares, él tenía razón de forma verdadera y demostrable.

XIII

PRECEPTOS MORALES DE EL CAMINO A LA FELICIDAD

Los veintiún preceptos de El Camino a la Felicidad pueden compararse a los lindes de una carretera. Para quienes saben dónde están esos lindes, esa carretera se convierte en una autopista lisa y de alta velocidad. Para marcar esos lindes de forma clara, las 95 páginas de este pequeño libro ofrecen una explicación completa de cada precepto y su aplicación a la vida cotidiana. Bajo estas líneas se cita la introducción de Ronald al libro, y la simple declaración de los preceptos en sí.

I N T R O D U C C I Ó N

  • La verdadera alegría y felicidad son valiosas.
  • Si uno no sobrevive, no se puede lograr la alegría y la felicidad.
  • Es difícil tratar de sobrevivir en una sociedad caótica, deshonesta y que por lo general es inmoral.
  • Cualquier individuo o grupo busca obtener de la vida tanto placer y liberación del dolor como pueda.
  • Tu propia supervivencia puede estar amenazada por las malas acciones de otros a tu alrededor.
  • Tu propia felicidad puede volverse tragedia y pesar por la deshonestidad y mala conducta de otros.
  • Estoy seguro de que puedes recordar ejemplos en que esto de verdad sucedió. Tales injusticias reducen la supervivencia de uno y dañan su felicidad.
  • Tú eres importante para otras personas. Se te escucha. Puedes influir a otros.
  • La felicidad o infelicidad de otros que podrías nombrar es importante para ti.
  • Sin muchos problemas, al usar este libro, puedes ayudarles a sobrevivir y a llevar vidas más felices.
  • Mientras que uno no puede garantizar que cualquier otro pueda ser feliz, se pueden mejorar sus posibilidades de supervivencia y felicidad. Y con las suyas, las tuyas también.
  • Está en tu poder indicar el camino a una vida menos peligrosa y más feliz.

1. Cuida a tu persona.

2. Sé moderado.

3. No seas libertino.

4. Ama y ayuda a los niños.

5. Honra y ayuda a tus padres.

6. Da buen ejemplo.

7. Busca vivir con la verdad.

8. No asesines.

9. No hagas nada ilegal.

10. Apoya un gobierno planeado y administrado para toda la gente.

11. No dañes a una persona de buena voluntad.

12. Salvaguarda y mejora tu entorno.

13. No robes.

14. Sé digno de confianza.

15. Cumple con tus obligaciones.

16. Sé industrioso.

17. Sé competente.

18. Respeta las creencias religiosas de los demás.

19. Trata de no hacer a otros lo que no querrías que te hicieran a ti.

20. Intenta tratar a los demás como te gustaría que ellos te trataran a ti.

21. Florece y prospera.

XIV

CRIMINÓN

A pesar del millón de americanos que permanecen ahora en las prisiones del estado y en las prisiones federales, "No hay ninguna razón real", declaró

L. Ronald Hubbard, "por la que el criminal no pueda ser detectado y también reformado". Aunque la primera utilización de la tecnología de LRH para la rehabilitación de criminales vino con la publicación de Dianética en 1950, de hecho fue dos años más tarde cuando comenzó el primer programa formalmente. Una aventura bastante modesta, financiada con los fondos obtenidos por las conferencias de LRH, se dotó de miembros de la Asociación de Cienciólogos Hubbard de Londres y tenía como meta la rehabilitación de los delincuentes juveniles ingleses. Para 1954, se había lanzado un programa con similares intenciones, en la prisión Folsom de California, y el escenario para la fundación de Criminon (sin crimen) se había establecido de manera efectiva, al igual que para la introducción de El Camino a la Felicidad directamente al sistema de penitenciarías.

Inspirado por el extraordinario éxito de la tecnología de LRH en la rehabilitación de los presos -particularmente de los drogadictos- en una prisión del estado de Arizona, Criminon se inauguró oficialmente en Nueva Zelanda en 1967. Al final de una década, el programa se había convertido en un movimiento verdaderamente internacional; mientras hoy Criminon proporciona las tecnologías de LRH y de El Camino a la Felicidad en unas trescientas prisiones de Estados Unidos para beneficio de miles de presos, así como también en prisiones de Canadá, México, Argentina, Sudáfrica, el Reino Unido, Hungría, Polonia y Suecia.

Además de las herramientas de LRH para la ética y el curso por correspondencia de El Camino a la Felicidad para ayudar a los presos con la aplicación de los veintiún preceptos, el plan de estudios característico de Criminon incluye: el Curso para mejorar el aprendizaje de LRH, para incrementar las destrezas de estudio, el Curso de altibajos en la vida, para ayudar al preso a evitar que recaiga en la criminalidad después de salir de prisión, y el Curso de comunicación y percepción para ayudarle a encarar la vida en vez de retirarse de ella: el mismo acto que precipitó originalmente la condición criminal. El programa Criminon lo entregan más de cien instructores de curso voluntarios, algunos trabajando directamente con los presos, particularmente jóvenes, mientras que otros administran los cursos por correspondencia. No hace falta decir, que el programa no permite el uso tan generalizado de las drogas psiquiátricas o la igualmente destructiva terapia de aversión.

Los resultados, incluso cuando sólo se emplea El Camino a la Felicidad son fenomenales. En lo que resultó ser un estudio de caso de delincuentes juveniles en Butler County, Alabama, el entonces director del juzgado juvenil y el oficial jefe de libertad condicional Daniel O. Black había informado previamente de un ochenta por ciento de reincidencia entre los jóvenes en libertad condicional. El problema, como Black explicó: "Un par de zapatillas de tenis Nike en realidad tenían más valor que la vida de alguien para muchos de esos chicos. Así que resultó muy evidente que no llegaríamos a ninguna parte a menos que encontráramos alguna forma de reajustar esos valores a unos que fueran más apropiados para la sociedad". En lo que luego describió como un programa experimental, se distribuyeron copias del folleto a los presos o se les leyó en voz alta. Luego se animó a los jóvenes a encontrar formas en que se podrían aplicar los preceptos y, cuando los niveles de alfabetización lo permitían, a escribir un ensayo con cada precepto. "Podría pretender que fuera más complejo", confesó Black, "pero realmente es muy simple. Les ayudo con la definición de palabras que no entienden y por otra parte continúo animándoles en ese punto vitalmente importante de la aplicación". Después de lo cual, tan simple como lo puso, "los resultados llegaron a ser espectaculares". Mediante cifras, Black informó que mientras los porcentajes de criminalidad de Butler County habían estado subiendo en la misma proporción que los promedios nacionales a lo largo de 1990, los 5 años después de la introducción de El Camino a la Felicidad habían visto, de hecho, una disminución del crimen. Además, e incluso todavía más espectacularmente, ese porcentaje de reincidencia disminuyó de forma repentina y muy notable de un 80% a un 10%.

En lo que se ha convertido en un campo, en buena medida desesperanzado -en el que sólo el 2% del presupuesto para correccionales asignado ahora al tratamiento, y los celadores admitiendo de forma rutinaria que sólo pueden pasar el problema de rehabilitación al oficial de libertad condicional- la cifra resulta inmensamente significativa... Y tanto más cuando uno reconoce que tal éxito no es exclusivo de Butler County. "Espectacular", es como otro funcionario juvenil describió los resultados del programa Criminon en el centro de detención de Los Ángeles, y citó un marcado descenso de la hostilidad, un incremento del deseo de comunicar y, "extraordinariamente, ahora siente