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Círculo escéptico y el Incidente Roswell

Tienes mucho sueño, mucho sueño, los párpados te pesan, ahora estás dormido, completamente dormido... Cuando despiertes te convertirás en un perfecto escéptico y cuando alguien te diga que vio un Ovni tú le dirás que en realidad vio al planeta Venus, y si insiste le responderás que era un globo meteorológico, y si insiste le dirás que fue una alucinación…

Los escépticos hacen como los gallos, que cacarean sin nunca poner un huevo, limitándose a proclamar “sesudamente” que los Ovnis no existen, y que quienes dicen verlos mienten o confunden al planeta Venus con una nave espacial, que las abducciones son únicamente el producto de alucinaciones, y que, por supuesto, los llamados “fenómenos paranormales” son trucos de ilusionismo...

CARL SAGAN

¡Por favor, no me vengan con esa tontería

de que en Roswell cayó una nave espacial!

HORACIO VELMONT

La verdadera historia del llamado “Incidente Roswell” es que sí cayó una nave espacial, que sí estaba tripulada, y que sí en un primer momento los militares revelaron la verdad pero que después se retractaron porque consideraron que debía clasificarse como secreto de Estado. Entonces divulgaron la noticia de que se trataba de un globo meterológico...

Fotograma de la filmación de la autopsia que le hicieron a uno de los tripulantes del Ovni estrellado en Roswell. Los Maestros de Luz nos confirmaron su autenticidad y también que el extraterrestre aún vivía (esto puede verse si se examina con atención el film).

Muchos se preguntan la razón de que los extraterrestres no desciendan y proclamen públicamente su existencia. Hay muchas respuestas para esto, pero una de ellas, y no la menor, es que para que ese encuentro pueda darse sin sobresaltos la humanidad tiene que estar preparada. Un escéptico, por ejemplo, que está plenamente convencido de que los extraterrestres no existen, podría sufrir un colapso mental al enfrentarse con la verdad…

¿Una golondrina hace verano?

JORGE OLGUÍN

El error de los escépticos radica en no tener en cuenta el viejo refrán que dice que “una golondrina no hace verano”. Es decir, un escéptico descubre una foto trucada de un Ovni y entonces deduce que todas las fotografías de Ovnis son trucadas; descubre que es una simple pintura la supuesta imagen sobrenatural que aparece en una pared y entonces deduce que todas las imágenes que aparecen en las paredes son un fraude; descubre que alguien que dijo haber sido secuestrado por extraterrestres en realidad lo alucinó, y entonces deducen que todas las abducciones son el fruto de una alucinación…

 

 

 

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Artículos: Roswell, el platillo volante sin ABS
Por Ricardo Campo

En un lugar de Nuevo Mexico... En 1995 medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de unas imágenes en las que, presuntamente, se observa la autopsia a un ser extraterrestre accidentado en 1947 en la localidad de Roswell (Nuevo Mexico). No sería extraño que en los próximos meses, al cumplirse 10 años de esta ridícula farsa, resurja de nuevo el mito de Roswell con la pretensión de explotar al máximo la credulidad de los fanáticos de los platillos. Veamos las claves de esta historia.

Platillo volante de caucho y aluminio

Una de las características del mercado de lo oculto y lo paranormal, especializado en aprovecharse de ciertas creencias irracionales muy difundidas, es su periódico retorno a los mismos temas, a los "clásicos", a pesar de haber sido en su momento completamente refutados por investigadores críticos y escépticos. Aún hoy en día, fraudes como el triángulo de las Bermudas o el de las piedras de Ica (Perú) son divulgados como grandes misterios del siglo XX, a pesar de que no hubo tal triángulo ni más desapariciones que las que pudieron ocurrir en cualquier otro lugar; y a pesar de que los famosos pedruscos peruanos -en los que se observan batallas entre humanos y dinosaurios, amén de otros disparates- eran tallados por los indígenas de la zona para impresionar a los turistas despistados. Roswell es todavía, para los que disfrazan su déficit de juicio crítico de "mente abierta", un enigma, como si una mentira repetida mil veces se transformase en verdad. En la práctica es así, y hay consumados maestros en tal arte.

Roswell es una ciudad del estado norteamericano de Nuevo México donde, según los creyentes en platillos volantes y en conspiraciones gubernamentales, se habría estrellado una nave interplanetaria a principios de julio de 1947. Pocas semanas antes, el 24 de junio, la fiebre de los platillos volantes había saltado a la fama en la prensa norteamericana, con la observación de Kenneth Arnold en el estado de Washington, probablemente debida a la observación de ciertos prototipos aeronáuticos, entre otras posibilidades.

Fue un ranchero de la zona, Willian Brazel, quien halló unos extraños restos en el rancho Foster, y quien dio aviso a la Fuerza Aérea. Rápidamente se filtró la posibilidad de lo caído podía tratarse de un platillo volante, expresión que entonces carecía de las connotaciones que actualmente posee. El comandante Jesse Marcel fue designado para investigar el asunto, junto con dos ayudantes. Por su parte, el General Roger Ramey, que había ordenado que le enviaran los restos a Fort Worth para examinarlos, ofreció una rueda de prensa, con Marcel presente, en la que anunció que los restos pertenecían simplemente a un globo meteorológico.

El jefe del popular proyecto Libro Azul -del que se realizó una serie televisiva emitida en España en los años 70-, el capitán Edward Ruppelt, aseguró en 1953 que no había nada en los restos de Roswell (ni en ningún informe recibido por la Fuerza Aérea) que sugiriera la presencia de algún material u objeto desconocido. Otros organismos, como la CIA en 1952 y un informe de Inteligencia de la Fuerza Aérea de 1948, concluyeron que no hay evidencia alguna que avalara un crash en Roswell. El asunto fue olvidado durante décadas, hasta que en 1978 algunos investigadores propensos a detectar imaginarias conspiraciones divulgaron la historia, y Roswell, cual zombi, volvió a la vida del rumor y el sensacionalismo. Surgieron "testigos" como setas que se contradecían mutuamente, o que mentían sin más bajo la influencia de escritores especializados en "enigmas". Se habló entonces de un número no determinado de extraterrestres fallecidos a consecuencia del impacto, trasladados en secreto a las dependencias del Ejército norteamericano.

En realidad, lo que cayó en Roswell no fue otra cosa que los restos de un globo lanzado como parte de un programa secreto bautizado como proyecto Mogul. Tras la cortina de humo del "globo meteorológico" se ocultaba un proyecto top secret con la finalidad de monitorizar posibles detonaciones nucleares soviéticas por medio de micrófonos acústicos de baja frecuencia localizados a gran altitud. La Universidad de Nueva York desarrolló los globos aerostáticos que permitieran la adecuada colocación de los micrófonos en la alta atmósfera. Los restos hallados por Brazel y llevados posteriormente a Fort Worth se corresponden con el vuelo número 4 del citado proyecto. Según las descripciones aportadas por los testigos fiables, se trataba de fragmentos de material parecido al caucho, de color gris, humeantes y malolientes, entre otros restos, lo que lleva a pensar en los globos de neopreno de la Universidad neoyorkina. Además, otros restos hallados en Roswell, como varillas de metal, láminas metálicas y papel con dibujos florales, son similares al material usado para los dispositivos reflectores de radar. Informes desclasificados por la Fuerza Aérea norteamericana en septiembre de 1994 y junio de 1997 confirmaron que los restos hallados en la localidad más popular de Nuevo México, alrededor de la cual surgió en la última década todo un mercado de productos platillistas y un museo, se debieron a la caída de uno de los vuelos del proyecto Mogul. Como es lógico, la Fuerza Aérea norteamericana no podía confesar en 1947, al inicio de la guerra fría, la auténtica naturaleza de los restos.

El matemático y escéptico Dave Thomas tuvo la oportunidad de conversar con Charles B. Moore, profesor emérito de Física de la NY University que participó en el diseño de los globos que debían mantener en la atmósfera los micrófonos del proyecto Mogul, aunque éste tenía un carácter tan secreto y se hallaba por este motivo tan compartimentalizado que ni siquiera supo hasta los años 90 su nombre. Moore afirmó, en el curso de sus declaraciones sobre su participación en este proyecto, que la descripción de los restos por parte de la familia Brazel -las varillas metálicas, el papel pintado, los motivos florales, la goma quemada y maloliente, los anillos de aluminio de unos 10 centímetros de diámetro y el recipiente de color negro- coincide con los globos en cuyo diseño y fabricación participó.

En 1987 el caso Roswell experimentó un nuevo empujón al divulgarse unos supuestos documentos secretos de 1947 en los que se hacía referencia a la creación de una comisión de doce científicos y militares, bajo orden directa del presidente norteamericano Harry S. Truman: el objetivo de este grupo, conocido como Majestic-12, habría sido investigar el accidente de la nave alienígena y la tecnología con que estaba construida. Fue sencillo para el escéptico Philip Klass (http://www.csicop.org/klassfiles/Home.html) poner de manifiesto las peculiaridades de los informes del pretendido proyecto secreto: incoherencias tipográficas, estilo inverosímil del presidente Truman en los fragmentos de su autoría, ausencia de numeración oficial y de filigrana, etc.

Como suele ocurrir en todas las historias basadas en el rumor con cierta proyección social, las versiones han proliferado: las dimensiones del "objeto estrellado" y de los "cadáveres alienígenas" recuperados varían de unas a otras, así como el número de éstos y el punto de impacto.

Lo paranormal y los pseudo-misterios del espacio gozan habitualmente de patente de corso en los medios de comunicación; si no, no se puede explicar el crédito otorgado a un burdo fraude -último capítulo de la fraudulenta historia de Roswell- que en el verano de 1995 difundieron medios de todo el mundo y desató un enorme revuelo en torno a su naturaleza. La filmación en la que se podía observar la "autopsia" a un ser extraterrestre presuntamente accidentado en el incidente de 1947 había sido comprada por un productor inglés, Ray Santilli, a un cámara retirado de la Fuerza Aérea norteamericana, contratado en su momento para rodar las imágenes. Luego habría robado la película escondiéndola en su casa durante décadas, tontería que a muchos probablemente no les llevó a sospechar de todo este asunto.

Las imágenes del film son tan nebulosas como todos los productos salidos de la fábrica de ovnilandia: medias verdades, gigantescas mentiras, nada de claridad, ruido ensordecedor y ni una sóla nuez, divisa de todos los investigadores de "enigmas" radiotelevisivos y de ocultistas "vibracionales" de todo a cien. Las imágenes de la autopsia fueron contempladas por médicos especialistas en autopsias que aseguraron que el procedimiento seguido carece de rigor y profesionalidad. Además, el camarógrafo fue todo menos hábil, pues los primeros planos -que pondrían en evidencia aún más el fraude- son muy breves y desenfocados. ¿Quizá porque a escasos centímetros el látex canta demasiado? Asimismo, diversos técnicos en efectos especiales cinematográficos (Pinewood Studios, Londres; FX, Argentina) opinaron que es evidente que se trata de un fraude y de la imitación de un cuerpo humano: "están cuidados todos los detalles para que no se descubra que es un muñeco a ojos inexpertos", confirmaron.

Como no podía ser menos, en España, el mismo año 1995, el novelista Javier Sierra publicó un libraco titulado Roswell: secreto de estado, compendio de falacias y de la retórica usual entre los escritores especializados en misterios de cosecha propia, todo ello convenientemente refutado con ironía en una excelente reseña de Luis R. González en Cuadernos de Ufología, nº 19-20 (www.anomalia.org).

Secretismos que rayan en lo ridículo, "testigos" no identificados, grandilocuencia de los autodenominados "investigadores del misterio", descarado cinismo (que me perdonen los antiguos cínicos) por parte de los que han pretendido obtener rendimiento económico de toda esta infantil trama... El misterio de Roswell no fueron los restos del globo, el inexistente comité presidido por Truman y las imágenes de la cutre-autopsia: el auténtico enigma es cómo pudo pasar un montón de "especulaciones, suposiciones, licencias periodísticas y falta de sentido crítico", en palabras de Kal K. Korff, el mejor estudioso de le leyenda de Roswell (The Roswell UFO Crash: What They Don't Want You to Know, Prometheus Books, 1997) por una historia verosímil. Korff, tras más de una década de minuciosa revisión de todas las fuentes, propició - junto con Klass- el desmoronamiento de la historia del platillo de Roswell, destino natural de todos los enigmas y misterios.

 

 

 

LA VERDAD SOBRE EL INCIDENTE ROSWELL

Y LOS EXTRATERRESTRES

 

POR HORACIO VELMONT

 

Cuando en Roswell cayó a tierra una nave espacial con sus tripulantes a bordo, algunos muertos y otros heridos, hecho que realmente sucedió, no se trató en realidad de un accidente sino de un abatimiento fruto de un enfrentamiento de dos naves extraterrestres.   

Los escépticos no pueden comprender algo tan simple como esto, y dando por sentado estúpidamente que la Tierra es el único planeta habitado, una revelación así la consideran lisa y llanamente falsa.

No todos los escépticos, justo es decirlo, consideran a la Tierra el único planeta habitado, ya que el astrónomo Carl Sagan admite la posibilidad de otros mundos también habitados, pero no, por supuesto, que sus naves ya hayan llegado hasta aquí.

¿Cómo es posible que alguien de la inteligencia de este científico sostenga algo tan burdo?

Hasta un niño se daría cuenta de que si nosotros en pocos años de existencia hemos llevado una nave tripulada a la Luna –y que dentro de algunas décadas estaremos viajando a otros mundos en naves espaciales con técnicas que nos permitan acortar distancias, utilizando "grietas espaciales", ya sugeridas por la física cuántica o bien, acortando camino a través de los hole worm o agujeros de gusano–, otros habitantes planetarios que nos lleven millones de años de adelanto tienen necesariamente que haber desarrollado la tecnología indispensable como para viajar a través del espacio exterior y, por supuesto, para haber llegado hasta aquí.

La verdad, y a pesar de todas las negativas escépticas –un escéptico tiende a imitar al avestruz, vaya uno a saber por qué–, es que los extraterrestres han venido a nuestro planeta desde tiempos inmemoriales, y en algunos casos han convivido con nosotros enseñándonos.

En el fondo todo es cuestión de armar el rompecabezas, y quien desee hacerlo puede hacer ir a la Lista de temas extraterrestres”.

En cuanto al incidente Roswell, el tema lo hemos desarrollado extensamente en esta página.

Antes de concluir quisiera hacer una reflexión final: ¿Habrá que pensar que la única forma de que los escépticos se convenzan de la existencia de extraterrestres en nuestro planeta sea cuando los secuestren y los pongan en una camilla y experimenten con ellos, justamente cuando ya es tarde para contarlo?