Índice
Magonia, el Yeti y Pie Grande

¡No me miren como si fuera un Yeti!

 

 

PARADIGMA DE LA ESTUPIDEZ ESCÉPTICA

Reinhold Messner, escritor, director de films, y considerado una leyenda viva del alpinismo, después de investigar siguiendo la pista de los antepasados de los sherpas, replicando la ruta migratoria que realizaron hace siglos desde el este del Tibet (antigua provincia de Kham) hasta su hogar actual, en la zona del Everest (Nepal), concluyó que "el Yeti es la suma de las múltiples narraciones de una leyenda; los lugareños creen en muchas criaturas fantásticas porque no tienen televisión ni Hollywood, así que deben crear sus propios mitos” (?). Su veredicto final es que no hay ningún hombre-mono en los Himalayas y que, en realidad, el causante de todo es una enorme y extrañísima variedad de oso pardo…

CARL SAGAN

¡Por favor, no me vengan con esa tontería

de que el Yeti es un animal extraterrestre!

HORACIO VELMONT

Tengo un gran dilema, no sé sí creer a los Maestros de Luz que nos enseñan que tanto el Yeti o Pie Grande son simplemente animales extraterrestres, dejados aquí hace miles de años, o a los escépticos que afirman que se trata de una variedad de oso pardo, y que algunos han sido domesticados y trabajan en el circo, aunque al parecer mal pagados…

¿No les dije que no me confundan con un Yeti?


Fotograma de una filmación REAL de un Pie Grande

La película fue rodada por Roger Patterson, antiguo jinete de rodeos, el 20 de octubre de 1967, después de permanecer por más de siete días acampado junto a su amigo Bob Gimlin en las regiones boscosas del noreste de California, cerca de la frontera con Oregon. Ambos se dirigían hacia el norte, atravesando el arroyo de Bluff que desemboca en el río Klamath, cuando vieron un gran animal oscuro sentado en la orilla al otro lado de la quebrada. Los caballos se encabritaron y el de Patterson tiró a su jinete. Cuando éste logró ponerse de pie, echó mano de su cámara y pudo rodar, a una distancia de unos veinticinco metros (en otros textos dice cincuenta metros), poco más de un minuto de película (pues la cinta estaba prácticamente agotada), cuyos fotogramas muestran a Pie Grande. Después vino la polémica y por supuesto los escépticos adujeron que era un hombre disfrazado… La filmación puede ver en http://www.espaciomix.com/masvideos/bigfoot.html

JORGE OLGUÍN

El Yeti y Pie Grande son criaturas extraterrestres pertenecientes al reino animal, que fueron traídas hace miles de años por habitantes del planeta Aní, situado a 35 años luz de la Tierra —47 Ursae Majoris (Osa Mayor) —, que no previeron que los seres humanos avanzarían tan rápido en la evolución. El análisis del pelo que uno de estos seres dejó prendido en la rama de un árbol probó que el animal era real pero que no pertenecía a la fauna terrestre. Este hecho, naturalmente, los escépticos lo ocultan porque desbarataría su postura, desde ya infantil, de que los extraterrestres no existen…

¡Por favor, no me vengan con esa

tontería de que el Yeti es un oso!


 

Los escépticos acusan a los parapsicólogos, a los ufólogos y a los médicos alternativos de que no hay ningún avance científico que pueda atribuirse a ellos, cayendo en aquello de “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. ¿Con qué derecho acusan a otros –que por lo menos intentan dar alguna explicación a los diversos enigmas de nuestro mundo que la ciencia oficial no ha dado–, precisamente aquellos que lo único que hacen es criticar destructivamente, sin jamás aportar otra solución. El escepticismo no es más que la crítica por la crítica misma, que es la crítica más deleznable. El escéptico no se juega, nunca arriesga, dejando que los otros lo hagan para ponerle de inmediato el pie encima. ¿O no es esto lo que hacen? Para tener derecho a criticar hay que brindar una explicación mejor, de lo contrario hacen como el gallo, que cacarea pero nunca pone un huevo…


Jueves, 09/02/2006

Un 'mundo perdido', sin criptozoólogos

Vista aérea de las montañas Foja, en la parte occidental de la isla de Nueva Guinea. Foto: Conservación Internacional.

El especialista en mamíferos Kris Helgen, con un ejemplar de canguro arborícola dorado en los brazos. Foto: Conservatción Internacional.

Un misión científica ha encontrado en la selva tropical de Papúa, en la isla de Nueva Guinea, un auténtico mundo perdido. Ha descubierto decenas de nuevas especies de plantas, mariposas, ranas, pájaros y mamíferos, en un paraíso poblado por animales que nunca antes han tenido contacto con el hombre y por eso no le temen. Los biólogos han rastreado durante unas semanas sólo los alrededores de su campamento base y han centrado su atención sobre todo en los vertebrados, pero los resultados han sido extraordinarios, lo que lleva a pensar que entre los seres vivos más pequeños esperan miles de sorpresas en los miles kilómetros cuadrados de selva tropical virgen de las montañas Foja, en Indonesia.

Lo que no ha habido es ningún criptozoólogo implicado en el descubrimiento, aunque supuestamente se dedican a la búsqueda de especies desconocidas. Pero es que ha ocurrido lo de siempre: mientras los criptozoólogos intentan dar caza al monstruo del lago Ness, al yeti o a un pterodáctilo, los biólogos se topan con animales nuevos y los presentan al mundo. Lo mismo sucede en otras disciplinas. No hay ni un avance del conocimiento que pueda atribuirse a parapsicólogos, pseudohistoriadores, ufólogos y médicos alternativos. Sin embargo, los psicólogos y neurólogos nos ayudan a entender cada vez mejor cómo funciona nuestro cerebro; los historiadores nos aclaran episodios oscuros del pasado reciente y hasta de los tiempos en que éramos chimpancés bípedos; los astrónomos nos abren los ojos a un cosmos siempre sobrecogedor; y los médicos desarrollan terapias para ayudarnos a superar o sobrellevar la enfermedad. La ciencia nos ayuda, nos ofrece beneficios y conocimiento; la pseudociencia nos promete una y otra vez la piedra filosofal en forma de seres asombrosos o superpoderes, pero ¿qué ha aportado al ser humano? Nada. Exactamente lo mismo que los criptozoólogos al hallazgo del mundo perdido de la isla de Nueva Guinea y los pseudohistoriadores al descubrimiento del hombre de Flores, el pequeño antepasado nuestro que se extinguió hace sólo 18.000 años y del que hasta 2004 no sabíamos que hubiera existido.

 

Escrito por Luis Alfonso Gámez a las 01:59 am  <>Ver/Hacer comentario (63)


     Enlace permanenteEnlace permanente Monstruos, Varios, Avance de la ciencia, superstición e incultura

 

Lunes, 30/01/2006

Malasia, tras los pasos del Bigfoot

Presunta huella del Bigfoot encontrada en el Estado malayo de Johor.Foto: Sociedad Naturalista Malaya

La versión local del Bigfoot, el peludo homínido de los bosques estadounidenses, causa furor en Malasia, donde se han sucedido desde noviembre las apariciones del monstruo. Hace tres meses, los trabajadores que excavaban un estanque vieron a tres individuos -miembros de una misma familia, dicen- en la orilla de un río en la reserva de Kota Tinggi, en el Estado sureño de Johor. La mejor prueba de la realidad de esa y otras observaciones es una huella de 45 centímetros, encontrada en una ciénaga de la región, que correspondería a un ejemplar de entre 2,5 y 3 metros de altura. El ministro del Estado, Abdul Ghani Othman, ha organizado ya una búsqueda del primate, en la que es la primera operación oficial de estas características en el mundo. Que una población de homínidos de grandes dimensiones haya pasado desapercibida hasta ahora me parece harto improbable, hasta en las selvas malayas. Por eso, aunque jugar a adivinos tiene sus riesgos, creo que el del Bigfoot no va a ser el descubrimiento de 2006.

 

Escrito por Luis Alfonso Gámez a las 01:35 pm  <>Ver/Hacer comentario (16)

 

 

 

SIMPLEMENTE CRIATURAS EXTRATERRESTRES

 

POR HORACIO VELMONT

 

Por ahora los escépticos son pocos, en realidad casi no molestan y uno puede reírse un poco a costa de ellos. Y ya sabemos que la risa es salud.

Pero supongamos que en un futuro lejano, donde ya hayamos fabricado naves espaciales y viajado a otros mundos como cosa rutinaria, los escépticos proliferen y a las personas que tenemos más de dos dedos de frente y un poco de sensatez comiencen a provocarnos algunos molestos sarpullidos, ¿no los cargaríamos a todos en una nave espacial, los llevaríamos a un planeta desierto y después regresaríamos sin ellos?

Pues esto es algo parecido a lo que hicieron los habitantes del planeta Aní cuando los Yeti y los Pie Grande se reprodujeron en tal cantidad que empezaron a crearles problemas.

Hace miles de años la Tierra era un lugar desierto y los pocos humanos que había vivían en cavernas y eran pocos menos que animales, y por eso los extraterrestres de Aní pensaron que esos seres tan peludos como bonachones podrían convivir juntos.

No se equivocaron por un largo tiempo, pero resulta que los humanos evolucionaron muy rápidamente y los Yeti y los Pie Grande quedaron relegados y poco a poco se fueron diezmando, quedando a la fecha muy pocos y los pocos que quedaron fueron perseguidos, sea para embalsamarlos y exhibirlos como trofeo o para utilizarlos, igual que a los osos, como números circenses.

Algunos pueden preguntarse sobre cuál es la razón de que no se hayan encontrado restos de estos animales, pero una de las razones es que forman parte de la cadena alimenticia, y por supuesto que no son los únicos animales de los cuales por esta misma razón no se han encontrado vestigios.

Pero en definitiva lo cierto es que los Yetis y los Pie Grande existen, son animales extraterrestres dejados aquí a su suerte, y sirven fundamentalmente para que los escépticos nieguen su existencia y nosotros podamos hacer algunas bromas sobre esta cuestión divirtiendo a muchos de los que consultan nuestros website.

Como se ve, nada inútil en la obra de Dios y, como siempre se dice, “todo es por algo”.

Por supuesto que, y ya que estamos imaginando sigamos imaginando, en la nave espacial junto con los escépticos también pondríamos, de paso, a los psiquiatras y a los teleevangelistas, y así resolveríamos tres problemas al precio de uno…

 

 

UN ENIGMA DE OTRO MUNDO

 

La verdad sobre el Yeti y Pie Grande.

Estimado profesor Velmont: Soy escritor profesional y la revista para la cual trabajo me ha pedido un artículo sobre el Yeti, que no se sabe si existe o no, y que pertenecería a una especie única: un intermedio entre hombre y animal. Los nativos del Nepal que afirman haberlo visto lo llaman así, Yeti. Pero también dicen haberlo divisado los indígenas de las zonas nevadas del Canadá, y ellos lo llaman “Sasquatch”, que significa “gigante peludo”.

En ambos casos, algo más grande o más chico, su apariencia es la de una mezcla entre gorila y humano. En la lengua de los nativos del Nepal, el idioma llamado “sherpa”, Yeti significa: “esa cosa”. El Yeti nepalés come de todo: musgo, roedores, frutas podridas. Pero según los “sherpas” (también se llaman “sherpas” los escaladores nepaleses que conocen los caminos del Himalaya, la cordillera más grande del mundo), lo que más le gusta al Yeti es la carne de yac. El yac es un mamífero, como una vaca peluda.

Dicen los nativos de esas tierras que los gruñidos del Yeti son aterradores, sus dientes espeluznantes y que su cabeza en forma de cono lo vuelve un ser de pesadillas. Pero la verdad es que nadie testimonia haber sido atacado por el Yeti. Muy por el contrario, cada vez que alguien lo ve, el Yeti huye, teme, se esconde. Tiene muy mal olor, pero no mal carácter.

Debido a que escalar el Himalaya no es un chiste, ni una tarea para cualquiera, son escasísimos los testimonios de quienes aseguran haber visto a esta criatura. Las huellas más cercanas se encontraron a 5000 metros de altura, y revelaban un pie de 65 centímetros de largo por 25 de ancho.

La primera vez que se habló de las huellas de “el eslabón perdido” (porque, supuestamente, es un eslabón intermedio entre el animal y el hombre) fue en 1889, cuando fueron encontradas, precisamente en esta cordillera pegada al cielo. Tuvieron que pasar 22 años para que se encontraran nuevas evidencias, esta vez en el Tibet. Y en 1925 un fotógrafo testimonió haber visto un bicho muy similar, pero encorvado (mientras que lo que distingue al Yeti es justamente que camina erguido, como los humanos). Como siempre pasa con los mitos: nunca hay fotos ni pruebas concluyentes.

Por eso son misterios, pedazos de este planeta que quedan sin investigar, enigmas sin resolver. El mito del Yeti no quedó relegado a los pasados siglos: en 1972 sus huellas armaron otro gran escándalo. Y en la actualidad no se lo deja de mencionar.

Estos son los datos que yo tengo hasta el momento. Todo lo que usted me pueda agregar será bienvenido y muy agradecido.

Gastón N.

 

RESPUESTA

Apreciado Gastón: Con la antojadiza expresión de "Abominable hombre de las nieves", los investigadores han rotulado a una extraña criatura del Himalaya, también conocido como Yeti, que hasta el momento ha desafiado a la ciencia respecto de su verdadera existencia.

Muchos que sostienen haberlos visto lo describen como de fuerte constitución, de más de dos metros de altura, cubierto de pelo y muy parecido al mono.

Algunos aseveran que huelen bastante mal, se comunican a través de gruñidos, gritos o silbidos y tienen semejanza con los hombres salvajes de los bosques de la antigüedad que aparecen en el Poema de Gilgamesh como enkidus o en la mitología grecorromana como faunos y sátiros.

Los investigadores divergen en cuanto a si las últimas referencias sobre el Yeti son el resultado de tradiciones muy antiguas, o si simplemente corroboran que tales criaturas han existido durante generaciones y que es posible que aún vivan en regiones remotas.

Las comprobaciones físicas —huellas, partes del cuerpo, pelos, fotografías e incluso alguna filmación ocasional (que hemos visto innumerables veces por televisión)— han sido muy cuestionadas por los expertos, siendo para algunos burdos engaños y para otros simplemente interpretaciones erradas de huellas de animales conocidos.

En 1960, el legendario montañista sir Edmund Hillary formó una expedición para encontrar al "abominable hombre de las nieves" y determinar fehacientemente cuánto había de fantasía y cuánto de realidad en esta tan extraña como elusiva criatura, incluyendo el que fue visto por el padre de su guía sherpa, Tenzing Norkay, pero no pudo hallar nada en uno u otro sentido.

Los monjes de un monasterio tibetano que sostenían poseer el cuero cabelludo de un Yeti quedaron sorprendidos cuando su análisis demostró que se trataba de piel de cabra.

En todas las épocas se han organizado expediciones por perseguidores de bigfoots, y la publicaciones sobre el tema es profusa y sumamente controvertida.

Sus investigadores han coleccionado muchos moldes de huellas, han revisado el folclore nativo de las regiones donde se afirma haberlos visto y han diseñado planes para su captura.

Algunos autores proponen que una especie de simio aún por descubrir o un último sobreviviente del hombre de Neanderthal podría explicar estos extraños avistamientos. Otros van más lejos, y los relacionan con seres extraterrestres.

Los escépticos sostienen que, sin evidencias físicas, el peso de las pruebas aportadas no tiene ningún valor.

Por otro lado, como las noticias que se tienen de estos seres proceden de áreas remotas, y casi siempre se han visto desde una considerable distancia al borde de un claro, atravesando un camino o sendero, se piensa que las posibilidades de confusión con cualquier ser son muchas, por lo que los escépticos interpretan esos avistamientos como símbolo de la fascinación que persiste en el mundo moderno por lo salvaje, así como de la sensación que tiene la civilización moderna de haber explorado todo el planeta, a excepción de pocos reductos de misterio y naturaleza salvaje.

El Grupo Elron sabe con toda certeza, porque así nos fue revelado por nuestros Guías espirituales, que el Yeti es una criatura extraterrestre, que fue traído hace miles de años por habitantes del planeta Aní, situado a 35 años luz de la Tierra —47 Ursae Majoris (Osa Mayor) —, pero que no previeron que el humano avanzaría tan rápido en la evolución.  

Al contrario del “Hombre lobo”, mal llamado Lobisón, que también es extraterrestre aunque humanoide, el Yeti es una criatura buenísima que está emparentada con el célebre Pie Grande norteamericano, que también proviene de Aní.

Los investigadores que analizaron restos de pelo dejados por estos seres prendidos a los árboles, demostraron científica e irrefutablemente que no pertenecían a ninguna criatura terrestre.

Creo que con estas explicaciones tendrás suficiente material para tu artículo. Parafraseando a Kipling, que te crean es otra historia. Por lo tanto te deseo suerte.

Bienvenido al Club. Un fuerte abrazo.

Horacio Velmont.

 

Nota: Si te interesa el tema del Lobisón haz clic aquí: "Lobisón"

 

 

SESIÓN DEL 17/3/2000

 

Médium: Jorge Olguín.

Interlocutor: Horacio Velmont.

Entidades que se presentaron a dialogar: Ketter, el Anciano de los días, y Johnakan Ur-el, Yo Superior o Thetán de Jorge Olguín.   

 

 

Interlocutor:  Quisiera hacerle otra pregunta antes de que se retire, y pido disculpas por hacer una pregunta tan banal… ¿Hay algún dato que me pueda dar de los Yeti o los Pie grande, que sabemos que provienen de su planeta Aní?

Ketter: La mayoría de los especimenes que fueron traídos a este planeta hace miles de años, no se pudieron adaptar y la mayoría está en peligro de extinción…

Interlocutor:   ¿O sea que quedarían muy pocos aquí?

Ketter: Prácticamente son contados los que quedan… Apenas serán algunas decenas…

Interlocutor: Lo extraño es que no se han encontrado restos de ellos, ningún esqueleto, ningún rastro, nada…

Ketter: Puede deberse a que sus restos fueron devorados por otros animales de la cadena alimenticia o que hayan sido retirados en vida del planeta por alguna raza extraterrestre.

Interlocutor: ¿Se refiere a que pueden haber sido abducidos?

Ketter: Así es.

Interlocutor: ¿Ustedes los protegen de alguna manera?

Ketter: En nuestro planeta sí, pero aquí no.

Interlocutor: ¿Es decir que están librados a su suerte?

Ketter: En principio así es, pero si por casualidad encontramos algún ejemplar lo retiramos y lo llevamos a Aní…

Interlocutor: Bueno, por ahora no tengo más preguntas…

Ketter: Que la Luz esté con ustedes…