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Crónicas de Sargón
Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Segunda parte - Primera parte - Sesiones Raeldan

Sesiones

08/03/10

09/03/10

10/03/10

17/03/10

17/03/10-J

01/04/10

15/04/10

12/07/10


 

Sesión del 8/3/10
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Rigular

 

Se le han reactivado muchos engramas de vidas anteriores, por ejemplo una en Egipto como Cirilo. Relató una vida relacionada con Sargón donde fue violada de pequeña y mató al violador. Estudió política y fue utilizada por el líder de la revuelta contra Sargón como espía.

 

 

Sesión en MP3 (2.850 KB)

 

            Entidad: Me comunico con el plano físico. Mi nombre como Thetán es Rigular y estoy en el plano Maestro 4, subplano 2. En este momento estoy encarnado en Sol 3 como femenina. He pasado por distintas situaciones muy delicadas que en esta misma vida me han causado engramas aunque, en realidad, el noventa por ciento de mis engramas se han reactivado porque ya venían de vidas anteriores.

 

Tuve vidas en Japón y en Egipto. No siempre estuve en el plano 4. He estado en el plano 2 -un plano de crueldad- debido a que en Egipto prácticamente di la orden de que lapidaran a Hipatia. Yo había encarnado como masculino y mi nombre era Cirilo.

 

Pero hay engramas que son más complicados. Me diréis: -¿Más complicados que ser el autor intelectual de una muerte? Seguramente que sí, como por ejemplo ser el responsable o el cómplice de miles de muertes en una guerra fratricida donde no hay ganadores, porque aún aquellos que se erigen en victoriosos llevan en su recuerdo el luto de las pérdidas.

 

Encarné hace 3.800 años terrestres en Dromo, un planeta de la periferia del brazo galáctico a siete años-luz de Ferro. Corría el año 6.200 de la Era Galáctica. Sargón 4 -a 12.000 años luz de distancia de Sol 3- había creado un imperio que empezó a formar 400 años antes comenzando a anexar territorios de planetas de sistemas solares cercanos, llegando a formar una Federación de cincuenta mundos. Pero 100 años después se topó con el Imperio Mordon, una raza de reptiles que dominaba treinta sistemas planetarios sometiéndolos bajo el hambre, la opresión y el terror.

 

La Federación Sargón y el Imperio Mordon tuvieron cientos de batallas y recién 100 años después -en 6.000- la Federación Sargón acabó con el imperio reptiliano, sumando para sí los otros treinta mundos. Cincuenta años después hubo una rebelión con la consiguiente escisión y 35 planetas de la periferia declararon la guerra a Sargón, conflicto que dura hasta el momento del relato.

 

Ferro era el planeta principal de la rebelión. Su jefe rebelde era Airan, un hombre que comenzó con un tremendo ideal y luego se encontró con una batalla que no quería. Pero pasemos a mí, porque llegó todo.

 

Mi familia era muy humilde. Eran trabajadores en una pequeña plantación. Mi padre tenía tres hermanos más -eran cuatro hermanos varones-. Se llamaba Ribo Salvius. A mí me habían puesto Lorna. Mi nombre real era Lorna Salvius.

 

Me gustaba mucho disfrutar. Era feliz. Prácticamente Dromo no se metía en política. Si bien ya estábamos en batalla con la Federación de Sargón es como que Dromo se mantenía al margen, a pesar de estar apenas a 7 años luz de Ferro.

 

Cuando cumplí 16 años un capataz de mi padre, Rejo Tribo, me esperó en un granero. Sabía que yo iba por la tarde a recoger alimento para el ganado. Me dio distintos bofetones, me arrancó la ropa a tiras y abusó de mí. Nunca olvidaré el rostro de Rejo mientras se reía, mientras torpemente abusaba de mí. Y digo torpemente porque era tan dañino para conmigo…

 

¡La mente reactiva y sus roles es tan compleja! Ya lo dicen grandes Maestros de Luz en la actualidad. Rejo estaba dominado por el instinto y no razonaba en ese momento las consecuencias. Una vez que satisfizo su necesidad física se puso a pensar -con las pocas neuronas que tenía- lo que había hecho. En la parte de atrás de su cintura tenía un cuchillo y me dijo: -Lo lamento niña pero si te dejo viva pierdo mi empleo y yo tengo hogar e hijos.

 

Y yo pensé: "¿Cómo alguien que tiene hogar e hijos hace lo que hace? ¿Es toda mente reactiva? ¿O es la crueldad innata en el espíritu?”.

 

Cuando toma el cuchillo y se abalanza contra mí tomo de la parva un rastrillo con mis dos manos, clavo el mango contra la tierra y las cuatro puntas del rastrillo se clavan en el pecho del capataz, atravesándolo. Su mismo impulso lo hizo clavar porque yo solamente sujeté el rastrillo apuntándolo a su pecho. Sus ojos me miraban mientras se iban dilatando las pupilas. Me quedé mirándolo, temblando, hasta que me di cuenta de que no me veía. Quedé con un shock tan grande que estuve dos horas temblando mirando a nada.

 

Uno de mis tíos me encontró allí, al lado del cadáver del capataz, con la ropa desgarrada. Gritó pidiendo auxilio y vino un médico amigo. Tardé semanas en volver a recuperar la normalidad. La normalidad “relativa”, porque nunca iba a recuperarla del todo.

 

Cuando cumplí 18 años me fui para la ciudad principal de Dromo y conseguí un pequeño empleo. Estudié en un instituto. Me interesaba todo lo que era la política y os aseguro que en dos años tenía tanto conocimiento como el mejor de los estudiantes con seis o siete años de antigüedad. Conseguí un trabajo en el mismo lugar de estudio. Enseñaba a los alumnos más jóvenes mientras seguía aprendiendo. Siempre esquivaba las relaciones afectivas, hasta que conocí a Ovidio. Él era un joven más bien de rostro débil y de poco carácter.

 

El que no me conocía me tildaba de una persona amable, amorosa, de unos ojos -como diríais vosotros en Sol 3- angelicales, pero tenía carácter y me cuidaba mucho.

 

Comencé a tomarle un tremendo cariño a Ovidio y al año empezamos a salir. Tardamos meses en intimar. Al comienzo intimábamos y él lo hacía con una dulzura extrema, como si yo fuera un cristal frágil. Y eso me hacía olvidar aquel abuso de casi 6 años atrás.

 

Pero luego es como que se despertó en mí la mujer, y si bien me gustaba la cortesía y la dulzura –incluso durante el acto- en determinado momento lo notaba demasiado pasivo. No es que extrañaba la brutalidad del capataz, no. Sentía que le tenía aprecio pero yo misma no sabía lo que quería, porque lo adoraba… Era la persona que más quería pero por la noche soñaba…

 

Empecé a estudiar historia de Sargón. Busqué distintos autores que no fueran nacionalistas a Ferro -autores revisionistas buenos-, aquellos que no se comprometían con una política y que eran objetivos. Empecé a admirar la disciplina, la forma de vida, cómo fue creciendo Sargón y su Federación de mundos.

 

Admiraba a Ascardín, el comandante de la flota principal. Supe que era hijo del ministro Obradín. Era hijo del mandamás, como si fuera el príncipe si Obradín hubiera sido el rey. Pero algo iba a cambiar mi vida.

 

Cuando Ovidio va a combatir y vuelve herido, en ese momento es como que odié a Sargón y a su Flota, porque no era objetiva. Ya sabían de mí en Ferro porque tres veces había viajado allí a seguir indagando en las distintas universidades sobre historia y política.

 

Y un día se contacta conmigo nada menos que Airan. Me dice: -¿Tú eres la pareja de Ovidio?

 

-No, señor, soy la novia. Me llamo Lina.

 

-Ajá, Lina. Bien. ¿De dónde eres?

 

-De Dromo, señor, a siete años-luz de aquí, pero no tengo familia. Soy huérfana.

 

Negué que me llamara Lorna Salvius. Era simplemente Lina, la huérfana.

 

Airan me dice: -Tú puedes ser muy útil para esta rebelión.

 

-¿Cómo? Si soy apenas una estudiante.

 

-No, tienes mucho potencial. ¿Conoces la historia de Sargón?

 

-Sí, señor, pero usted ya lo sabía.

 

-Por supuesto que sí. Te he mandado investigar desde hace por lo menos dos años. Sé que te llamas Lorna Salvius. No te asustes, no se trata de meterse con tu familia. Hay un refrán -que seguramente se utilizará en el futuro en muchos planetas- que dice: "Favor con favor se paga". Yo puedo hacer que Ovidio no vaya más a batallas y tú puedes ser espía mía.

 

-¿Cómo, señor?

 

-Llámame Airan. No soy tan mayor para que me digas señor.

 

-Me cuesta… Pero, ¿cómo?

 

-Tengo amigos espías en los planetas de la Federación Sargón o el Imperio Sargón -como le decimos nosotros ahora- y tú puedes dar allí conferencias en contra nuestra.

 

-¿En contra de Ferro?

 

-Por supuesto. Se trata justamente de que la gente se reúna.

 

-¿Y qué ganamos con ello?

 

-Tú, nada. Tú solamente haz eso y después de que termine la conferencia te vas. Nosotros nos encargaremos del resto.

 

Y el resto era detonar bombas para destruir los edificios de conferencias -las universidades donde yo daba las charlas-, matando a cientos de personas que se unían justamente para escucharme a mí. Me sentía la mensajera de la muerte. Si eso no es engrama, ¿es una excusa que haya sido abusada a los 16 años? ¿Es una excusa que quiera proteger a mi novio, la única persona que me trató con dulzura? ¿Es una excusa para todo lo que vino después que hasta llegué a conocer nada menos que a Ascardín, con quien hoy en Sol 3 otra vez estoy contactada? ¡Dios mío!

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión del 9/3/10
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Rigular

 

Explicó circunstancias en diversas encarnaciones y su evaluación. Relató un episodio como amazona en Aldebarán IV donde se encontró con Lígor, también sus cuestionamientos al actuar como espía en la federación de Sargón.

 

 

Sesión en MP3 (2.530 KB)

 

            Entidad: Estoy de nuevo aquí, comunicado con vosotros. Mi nombre es Rigular. Estoy en el plano 4, subnivel 2. En esta vida -en Sol 3- estoy encarnado como femenino, vida en la cual he tenido muchos altibajos, donde me cuesta a veces confiar en las personas pues hubo muchas de ellas que fingían en muchos aspectos ser leales, agradables, permisivos… Y fueron todo lo contrario. Se podría decir que fueron abusadores.

 

            Muchos de los trastornos de esta vida en Sol 3 reactivaron engramas de hace 3.800 años cuando estaba en la Federación Sargón. Yo había nacido en Dromo, el planeta central de la rebelión, a 7 años luz de Ferro. Fui abusada a los 16 años y me quedaron muchísimos engramas. Cuando conocí al que creí mi gran amor, Ovidio, es como que muchos de esos engramas creí haberlos erradicado sólo por el hecho de vivenciar una experiencia distinta con una persona dulce y tierna. Hasta que conocí a Ascardín, el comandante de la Flota de la Federación Sargón -nacido en Sargón 4- e hijo del ministro Obradín. Era la antítesis de Ovidio: un hombre de carácter, arrojado, valiente pero también profundo, inteligente, coherente -aunque a veces estaba reactivo y tenía ciertos impulsos, principalmente cuando discutía con su padre-.

 

            Los Maestros de Luz del 5º plano dicen que no existen los lazos kármicos, por lo tanto no es –entre comillas, como decís vosotros en Sol 3- obligatorio encarnar con quien tuvimos una relación una y otra vez, porque si cometimos un acto hostil con el otro -o el otro lo cometió con uno- el karma se lo genera la propia persona y no le debe nada al otro. Es una cuestión de sentido común. Sin embargo, con quien es Raeldan, encarnamos en distintas oportunidades -entre ellas una en el mundo que conocéis como Aldebarán 4, y que nosotros le llamábamos Umro-.

 

            Yo encarné como una amazona. Me llamaba Azara y conocí a quien fue el rol de Raeldan en esa vida -Ligor, el guerrero-, el que conquistó otro continente, el que venció a los nórdicos, el que venció incluso en Zardez a los samurais orientales… En definitiva, el que fue una leyenda en Umro cuyo padre manejaba las tormentas.

 

            Como Azara tuve una experiencia distinta porque fui una joven que-tal vez por eso haya cogido muchos engramas- usaba a los varones a nivel íntimo. Era muy atractiva y robusta -medía lo que sería para el planeta Tierra 1.80 metros- y manejaba la espada, el arco y la flecha. También sabía utilizar cuchillos pequeños; o sea, conocía el arte de la lucha.

 

Tuve relaciones íntimas con infinidad de varones pero ninguno pudo dominarme puesto que a los pocos días me aburría y les decía que se fueran. Los que se resistían o trataban de imponerse conocían mi poder. Dos de ellos me desafiaron a espada y quedaron bajo tierra. Me gané una pequeña fama.

 

Ligor venía en una barcaza -no sé cómo se mantenía a flote de tan pequeña que era- del continente del oeste. Cuando lo conocí me preguntó de dónde era y le respondí: “De por ahí”.

 

Conversamos y fuimos a la taberna. Tomamos bastante bebida espumante -muy similar a la cerveza terrestre- y luego de varias copas –que, en realidad, eran latas metálicas- intimamos cerca de un arroyo. Me descolocó porque, a diferencia de otros hombres, no se sintió admirado por mí sino que lo tomó como algo natural. Al día siguiente preparaba la montura de su hoyuman y se iba. Yo quedé descolocada y le pregunté: -¿Qué haces?

 

            -¿No lo ves? Me marcho.

 

            -Pensé que te quedarías unos días.

 

            -No te preocupes. Ya volveré. Preguntaré por ti y cuando queramos tener otra intimidad te lo haré saber.

 

            Siempre fui reactiva ante la demanda -nunca ante el desprecio- y le dije: -¿Tú me harás saber? ¡Yo soy Azara, la amazona!

 

            -Sí. Y yo soy Ligor, el guerrero. Mucho gusto.

 

            Toqué el mango de mi espada. Me miró con sorna, como preguntándose: “¿Qué hace?”. Pero no habló.

 

            Le dije: -Me pareces muy impertinente y no sé si tienes la habilidad que se cuenta por ahí.

            Con cara de burla –y eso me ponía más reactiva- no monta el hoyuman, se acerca a mí, saca su espada y me dice: -¿Quieres jugar unos minutos? Pero sólo unos minutos porque después tengo que ir hacia la ciudad.

 

Fui irreflexiva porque ataqué de una manera reactiva -lo que no es correcto porque se debe tener la mente fría como en ese momento la tenía Ligor-. En menos de un minuto me tenía dominada y, burlonamente, me dice: -Eres bastante buena. ¿Puedo ya guardar mi arma?

 

            Mi impulso era seguir combatiendo. Pero en un momento analítico le dije: -Por supuesto. Cuando tú quieras nos vemos.

 

            Nos vimos otras veces. Quería comentar ese episodio del encuentro con Ligor en Umro -o como le decís vosotros, Aldebarán 4-.

 

            Me remito nuevamente a la Federación Sargón. Lorna era mi rol -aunque me hacía llamar Trina en la Federación Sargón o Lina, para Airan- y estaba dando una conferencia: “Todos los mundos de la Federación son mundos prósperos que en el pasado han estado divididos -incluso en los mismos mundos- en países con conflictos, enfermedades, desigualdades, etc. Había regiones pobres donde miles morían de inanición y en otros países sobraban la comida y los lujos. Demos gracias a Sargón porque en el pasado nos ha salvado del imperio reptiliano y ha logrado la igualdad en todos los mundos -igualdad para arriba, que es lo que muy pocas veces se consigue-. No hay un sólo mundo en la Federación Sargón que diga: “Estamos mal”. He estudiado mucho la historia de la Federación y de verdad no entiendo a los rebeldes del planeta Ferro, que han sumado mundos en una campaña de liberación. ¿Liberación de qué? ¿De la armonía? ¿Del orden? ¿De la prosperidad? ¿De la paz? ¿Para someter a esos mundos a sangrientas batallas involucrándonos a nosotros? Por supuesto que Sargón toma represalias pero no porque quiera sojuzgar o someter; simplemente porque busca que cada vez sean más mundos en este brazo de la galaxia donde puedan decir: “Vivimos en paz larguísimos años con una alta longevidad en amor, donde la familia se siente segura y los hijos están protegidos”. Por eso no entendemos el por qué de la rebelión, de qué se quiere liberar. ¿De qué yugo? ¿De tener un alimento? ¿De que me den un libro para instruirme? ¿De que me tiendan la mano? ¿De que no me falte nada? ¿De que cada uno tenga libertad espiritual? Porque sé que hay mundos donde tienen otras religiones y al Creador lo llaman de otras maneras. ¿Qué buscan? Nosotros somos el futuro. Pero somos el futuro porque brindamos armonía, paz, prosperidad e igualdad en este presente”. Un aplauso invadió la sala.

 

Un colaborador, Arverius, recogió mis notas, me llevó en el elevador hacia la terraza -en el piso 64- y un heliocoche nos llevó. No nos habíamos alejado ni 100 metros cuando se escucharon cuatro detonaciones. Miro espantada hacia atrás y veo que el edificio se desmorona en fuego y nubes de humo. Y me sentí mal porque sabía que Airan me utilizaba para dar charlas a favor de Sargón. En ese momento no sabía si era la gran patriota Trina, la gran traidora Lina o la desaparecida Lorna Salvius. ¿Lorna, la hija del humilde Salvius? ¿Lina, la creyente de la rebelión de Ferro, la que no quería que su novio Ovidio fuese a la lucha? ¿O era Trina, la que estaba convencida de todo lo que había dicho sobre Sargón?

 

            Tenía un gran admirador de mis charlas y se contactó conmigo. No podía creer ese contacto. Tenía frente a frente a un hombre imponente, que solamente su apostura hacía intimidar al otro. Pero yo -que era muy buena actriz- lo miré a los ojos fijamente, puse mi mejor sonrisa y percibí que fue él, el gran Ascardín, el comandante de la Flota, quien titubeó. ¿Sería yo la protagonista que cambiara la historia?

 

            Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión del 10/3/10
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Radael

 

Continuó relatando vivencias como Airan, líder de la rebelión contra Sargón. Fue traicionado por Lina en una misión para destruir una gran nave. Explicó los principales engramas que le afectan.

 

 

 

 

 

            Radael: Estoy de nuevo aquí con vosotros. Mi nombre, a nivel conceptual, es Radael y...

 

Interlocutor: Bueno. Vamos a continuar con las sesiones de Psicoauditación a partir del momento en que lo dejamos la vez pasada. ¿Estás de acuerdo?

 

            Radael: Sí.

 

Interlocutor: Si quieres decir algo antes, bien, y si no, directamente entramos en sesión.

 

            Radael: Sigo reestimulándome por haber no solamente manipulado sino también coaccionado a gente, como cuando a Lina -que trabajaba para mí como espía de Ascardín- le prometí: -Tú termina con todo y como recompensa te podrás ir a un mundo donde nadie te conozca y puedas tener una nueva identidad.

            Ella me dijo que su nombre no era Lina sino Lorna y que venía del planeta Dromo –a poco más de 7 años luz de Ferro- pero que, obviamente, tampoco podía ir a allí porque no quería comprometer a su familia, puesto que tarde o temprano saldría a la luz todo lo que hacía.

Una tarde, en mi despacho secreto de una pequeña ciudad subterránea en un planeta que quedaba a 27 años luz de Ferro -Taxar 3, un planeta insignificante de 30.000 kilómetros de circunferencia que giraba a 120.000.000 de kilómetros de una enana naranja- cité por una comunicación subespacial a Lina y a Vargon, un militar. Éste entra en mi despacho y al poco tiempo llega Lina, que me mira, luego mira a este hombre y respinga:

-¿Qué hace él acá?

Y le digo: -Es un capitán.

-Sí, lo sé, pero tiene el uniforme de la Federación Sargón.

¿Te piensas que eres la única que trabaja para mí?-le dije-.

-Conozco a muchos militares y a este hombre... –delante de él lo decía- lo conozco; hace años que está bajo el mando de Ascardín.

-Sí. Ha estudiado en la escuela de oficiales, en el propio Sargón.

-No entiendo–dijo Lina.

Y le respondí: -¡Si supieras cuanta gente tengo infiltrada y cuántos darían la vida por la rebelión! Y te pido un favor más.

Lina me dijo: -Quisiera estar tranquila con Ovidio, o sea, vivir mi vida y no dañar más a nadie.

-Es un último favor: Ascardín mandó a este joven a que patrullase la periferia y quiero que este joven vaya en el navío Arguni.

Lina empalideció y me dijo: -El navío Arguni es incluso más grande que la mayor astronave de la Flota; es una nave mixta, de carga y pasajeros.

-Quiero que te conectes y digas que vas a viajar en ese navío, que tienes confianza con él y que lo conociste en Tergonix.

-Espere, señor…

-No me digas señor… llámame Airan.

-Me cuesta acostumbrarme… Ese planeta que menciona está a sólo 20 años luz de Sargón.

-Lo has conocido y te lo ha presentado el embajador Mixer. Tienes confianza y es un buen soldado para custodiar la nave.

Pasó una semana y Lina hizo todas las conexiones. Ascardín, convencido, citó el capitán y lo envió a que protegiese la nave.

Por un lado Lina estaba contenta porque vuelve y me dice: -No entiendo cuál es la jugarreta, señor, pero estoy contenta porque el propio Ascardín va a viajar conmigo en esa nave.

-No –le dije.

-¿No?

-No. Tú, en el último momento, finges que te surgió un contratiempo o una conferencia en otro mundo. No viajarás en esa nave.

-Perdón, pero no capto. ¿Qué va a hacer el capitán?

-Hija, ¿eres ingenua o directamente no quieres entender?

-No quiero entender. ¿Va a estallar una carga?

-No, Lina, él va a ser la carga.

-Señor, ¿estamos hablando de que él va a llevar encima una cantidad de explosivo para que sacrifique su vida y despedace el navío?

-Exacto.

 

Interlocutor: Una especie de kamikaze.

 

            Radael: Una especie de kamikaze del Japón del siglo pasado de Sol 3. Y a mí, como Airan, me servía porque el cargamento era de alimentos y de armas… Lo lamentaba por los 1.200 pasajeros y los 300 tripulantes –era un navío inmenso que tenía, en medidas terrestres, 1.200 metros de largo- pero de paso me sacaba de encima a Ascardín…

            Faltaban 12 días para el atentado y Lina se mostró conforme. Me sorprendió porque tuvo un contacto mucho más fluído con el capitán, y parecía que hasta simpatizaba con éste. El capitán era una persona reacia y sospechaba de todo y de todos por su trabajo: haberse metido en las fuerzas de Ascardín como capitán siendo simpatizante de Ferro. Y era tan actor como actriz era Lina haciendo de Trina…

 

Interlocutor: Dos espías.

 

            Radael: Sí. El día anterior a la partida del navío me comunican por subespacial que necesitaban verme. Obviamente, la gente que venía a mi reducto -por así llamarlo- era absolutamente filtrada pero no en el mismo planeta sino en otro con el fin de que no llevasen ningún aparato localizador -ni espacial ni subespacial- porque había localizadores subespaciales. Y de ahí eran llevados a este mundo. En este mundo pasaban por otra revisión con escáneres ultramodernos ya que incluso había espías que se tragaban los localizadores y los guardaban en su vientre, de la misma manera que en pleno siglo XXI de Sol 3 muchos tragan cápsulas de drogas.

 

Interlocutor: Claro, para pasarlas por la aduana o para llevarlas a otro país. Está claro.

 

            Radael: Obviamente, a quien encontraban con aparatos ocultos los ejecutaban. Llegó un militar de alto rango con un Ministro de ese mundo adherido a Ferro y me comunicaron la mala noticia: alguien había disparado contra el capitán con un arma de un alcance de 2.500 metros terrestres, que ya llevaba consigo la carga y que en un lugar casi desértico lo hicieron estallar, sin lamentar víctimas.

 

Interlocutor: ¿Fue una casualidad o lo sabían?

 

            Radael: Yo no tenía gente tonta. Fueron averiguando y localizaron al tirador, que estaba muerto. Sería muy largo de explicar cómo pero dieron con el paradero de quien ejecutó al tirador y...

 

Interlocutor: ¿El tirador que mató a este capitán?

 

            Radael: Sí. Dieron con el paradero de la otra persona pero también estaba muerto.

 

Interlocutor: ¿Dispararon contra el capitán que llevaba la carga porque averiguaron qué era lo que tramaba?

 

            Radael: No pasó así. Esta persona que disparó contra el capitán fue mandado. Fue todo tan tramado que pensaban que iban a pescar al tirador,  y entonces lo mataron. Quien mató al tirador se tomó una cápsula de un veneno indoloro y murió. Pero no contaban con un hombre –un testigo- que vio a quien se mató con una joven de cabello rubio y de ojos claros, descripción que encajaba con Lina. O sea, Lina no permitió el atentado contra la nave de Sargón.

 

Interlocutor: ¡Ah! Ahora está claro. O sea, te traicionó.

 

            Radael: Sí. Se ve que se habrá cautivado por Ascardín o lo que fuera… Mandé traer a Ovidio y le pregunté si tenía el paradero de Lina, pero me lo negó.

 

Interlocutor: ¿Ovidio sabía todo esto o ignoraba lo de Lina?

 

            Radael: Lo supo después.

 

Interlocutor: ¡Ah! Después…

 

            Radael: Sí. Lo sometí a torturas para que dijese donde estaba y verdaderamente no lo sabía…

 

Interlocutor: Te quiero hacer una pregunta: ¿A qué plano fuimos cuando desencarnamos en esa vida?

 

            Radael: Al plano 2.2.

 

Interlocutor: Está bien. Adelante.

 

            Radael: Buscamos en los tres o cuatro lugares donde habitaba Ovidio comunicadores espaciales y subespaciales en su holoordenador pero no había ningún rastro de dónde podía estar Lina.

 

Interlocutor: ¿Por qué la buscaban? ¿Cuál era la intención?

 

            Radael: Ejecutarla, porque ya no me era útil. Al contrario…

 

Interlocutor: ¿Pero era una especie de venganza?

 

            Radael: No era una venganza porque entiendo que el próximo paso era por su mente reactiva… Para que tú y todos lo entiendan: la mente reactiva no solamente actúa impulsivamente para actos hostiles sino que también actúa impulsivamente para desenmascararse a sí mismo, por amor o por una supuesta lealtad... Yo era bastante listo y pensé: “El próximo paso que va a dar esta chica es desnudarse de alma y destapar todo”. Y no importaba si Ascardín tomaba medidas contra ella.

No ataqué en Dromo a la familia de Lina -o Lorna- pero puse una vigilancia de más de veinte personas –no como en vuestras películas donde miran y hasta un niño pequeño se da cuenta de que le están espiando- trabajando como labradores, algunos con ganado y otros eran carpinteros. Muchos tomaron contacto con la familia, y uno trabajó para ellos, pero Lina –Lorna- no se acercaba a Dromo para nada, pues no quería poner en peligro a su familia.

 

Interlocutor: Está bien. Antes de que continúes, ¿en este momento sientes carga? ¿Hay una gran carga con todo este asunto y no ha tenido salida todavía?

 

            Radael: Como Thetán, estoy absolutamente contento -desde mi plano de Luz- de que no se haya podido llevar a cabo ese atentado.

 

Interlocutor: Claro, pero como estamos haciendo Psicoauditación y como justamente ayer tuve una fuerte reestipulación estoy preguntando si estás sintiendo que hay carga en todo este asunto y que no se haya descargado todavía. Y si hay alguna relación con la reestimulación fuerte que tuve ayer.

 

            Radael: Claro que sí. Y queda un poco de carga… A ver si logro explicar, a través de este receptáculo, el concepto que quiero plantear: los roles son roles. Una vez que el ser físico desencarna el rol deja de ser. Podrá quedar, en la memoria conceptual, con o sin engramas o roles del ego. El rol del ego conceptual no permite que el Thetán –o el espíritu puro 100 %- suba más allá del plano 3.9 debido a una cuestión de gravitación -con engramas sí que puede estar hasta en el 5º plano-.

         A veces –y no hay una palabra física para que yo pueda traducir el concepto, por más que este decodificador me lo traduzca al 99.99%- el subconsciente del rol queda con esa carga. Yo, como Radael, puede que mi carga sea absolutamente inconsciente o subconsciente pero cuando repaso me pongo las ropas –para que se entienda- de Airan y transmito en primera persona como protagonista, o sea, soy de vuelta el rol. Al ser de vuelta el rol esos engramas, ese dolor, esa frustración y ese desengaño lo vuelvo a tener…

 

Interlocutor: Lo vuelves a tener porque está aquí, ya que no ha sido descargado.

 

            Radael: Por supuesto.

 

Interlocutor: Entonces, lo que estamos haciendo ahora nosotros es justamente descargar eso.

 

Radael: Claro. Aparte, me sentía con la impotencia de saber que a Obradín le molestaba ver que la guerra se extendía para largo, por eso dije en una sesión anterior que él, en parte, era un “aliado” nuestro, ya que no quería más guerras. Y, en realidad, yo tampoco porque estaba acobardado puesto que Sargón se había militarizado por completo. De todas maneras yo tenía otro espía -Oman Craniz, militar- que llegó a ser edecán del propio Ascardín, e incluso llegó a escuchar una conversación brutal entre Ascardín y su padre que luego me transmitió. Y me digo: o Ascardín es muy ingenuo o estos espías son cien veces mejor que cualquier espía de Sol 3 de cualquier época. Esto verdaderamente me causaba una tremenda vanidad egoica por haber logrado “sototerra” meter tantos espías.

Obradín le dijo a su hijo: - Mira, la idea es tratar de contactarnos subespacialmente con la gente de Airan y ofrecer una tregua. No tiene sentido seguir con esto, ni seguir segando más vidas.

            Y Ascardín le respondía: -No podemos dar marcha atrás.

            -No se trata, hijo, de dar marcha atrás sino de que no nos manchemos más de sangre…

            -Pero, padre, nosotros no tenemos la culpa.

            -No hablemos de culpa sino de responsabilidad –dijo Obradín-.

            -Pero si de repente estás en tu mundo y vienen cien naves a atacar y tienes cómo defenderte, no es responsabilidad sino un compromiso que tienes que asumir, padre.

            -Lo asumí y tengo tanta confianza en ti que te dejé como comandante de la Flota. Recuerda cuando empezaste con Brendanar, que patrullabas el Sistema Solar -cuando recién empezabas- y luchabas contra los piratas… Y mira ahora...

            -No hablo de eso; hablo de que no quiero más. Padre, no te ofendas...

            -No me ofendo hijo, si me ofendiera... Mi ser interior no se puede ofender porque sé quien soy, por más que tú me critiques.

            -Bueno, mejor si no te ofendes. Tú ya estás para retirarte y no puedes comandar. No puedes ser Primer Ministro.

            -¿A quién quieres que deje? ¿A ti? Parece que le has tomado el gusto a la guerra…

            -No, padre. Hay un hombre de mucha confianza: Inardín.

-A Inardín le gusta tanto lo bélico como a mí vivir en este momento en un bosque rodeado de árboles. Me quedan pocos años y quiero retirarme. Verdaderamente estoy muy cansado mentalmente. Y deja a esa persona. Lo que pasa es que si dejo a alguien y renuncio eso la rebelión de Ferro lo puede tomar como una debilidad. A veces siento en mi cabeza como puntadas, dolores, malestares...

            -Padre, es una obligación, como Ministro, hacerte escáneres médicos.

            -Y me los hago. Tengo como una pequeña deficiencia en mi parte cerebral, quizás porque pienso tanto... Creo que parte de mí, a nivel espiritual, se contacta conmigo y me dicta lo que debo hacer.

            -Padre, creo que estás divagando. Te escucho y me asusto.

            -Me encanta que seas práctico, hijo. Tú eres muy objetivo pero a veces se debe ser subjetivo…

          El edecán que me transmitió esto a mí –Iran- no pudo escuchar más nada porque siguieron conversando en otra habitación y Ascardín le dijo: “Que espere ahí”.

          Por lo que percibí, el Ministro Obradín no estaba bien de salud y quería dejar a otro Ministro a cargo de toda la Federación Sargón. No sé hasta qué punto eso era bueno o era malo pero, de alguna manera, me traía más inquietud porque ese otro Ministro, a diferencia de Obradín, no quería paz, y era absolutamente más bélico con las nuevas armas que tenían. Nos iban a borrar del mapa, como se dice vulgarmente.

Entonces, sentía como temor por mí -porque no soy hipócrita- y una  sensación de fracaso por haber alimentado una rebelión que no llegaba a nada, y también rencor, porque confiaba en una joven que, al final, me terminó traicionando. Sus conferencias eran tan emotivas a favor de Sargón –todo con el objetivo de atraer a los que luego íbamos a volar en pedazos- que ella misma se convencía de lo que decía. Me quedé con engramas de que no tenía un lugar de pertenencia y de que no me sentía bien en ningún lado. Sentía como que no tenía un lugar pues a Ferro no podía ir… ¿O piensas, querido 10%, que Obradín se cruzaba de brazos? Estoy convencido -como Thetán lo sé- que Ascardín tenía en Ferro y en distintos mundos de la rebelión tantos o más espías de los que yo tenía en la Federación Sargón. Hasta el punto de que algunos hasta conocían a mi familia… ¿Por qué piensas que me refugié en un mundo donde para entrar tenías que pasar por muchos filtros?

 

Interlocutor: Está bien. Entonces, una pregunta: Aparentemente, ¿eras una especie de amo absoluto?

 

            Radael: Sí.

 

Interlocutor: Porque no veo que haya alguien cerca de ti, como socio o algo parecido…

 

            Radael: No. No confiaba en nadie, y eso me producía una tremenda soledad…

 

Interlocutor: Porque ni siquiera Hitler estuvo… ese aparente poder que tienes en esa encarnación -o que tenemos-… porque Hitler tenía alrededor gente también…

 

            Radael: Claro.

 

Interlocutor: …porque acá daba la impresión de estar totalmente solo como amo de todo…

 

Radael: ¿Piensas que el Hitler encarnado confiaba en quienes tenía a su lado? ¿De verdad crees eso?

 

Interlocutor: No, supongo que no. Pero de alguna manera los tenía al lado.

 

            Radael: Yo no confiaba en nadie. Hasta mis más íntimos eran escaneados para comprobar que no me espiaban.

 

Interlocutor: ¿Teníamos amores?

 

            Radael: No. Estaba solo. Me sentía con un engrama tremendo de soledad. Había tenido una relación con una mujer que era dos años mayor que yo pero ya de joven -menos de 40 años terrestres- tuvo un problema en su decodificador y perdió la razón. Y si bien teníamos aparatos superiores a los que hay en Sol 3 no hubo manera de revertir eso. Dos años después había bajado 18 kilos terrestres y desencarnó.

 

Interlocutor: Está bien. O sea, sentías -o sentíamos- lo que se puede llamar “la soledad del poder”. ¿Algo de eso?

 

            Radael: Sí. Está bien definida la palabra. Pero no solamente la soledad del poder: no tenía lugar de pertenencia. Estaba solo y me había agarrado una especie de zozobra. Tenía pánico de transmitir por el comunicador subespacial porque pensaba que iban a interferir la transmisión y me iban a encontrar. Cuando salía –porque verdaderamente quería sentir en el rostro los rayos de la estrella- lo hacía disfrazado: me tiznaba, me ponía otro color de cabello y salía con ropa que me hacía más obeso. Era tal el camuflaje que no me reconocían ni mis “íntimos”, aunque yo no los tenía.

 

Interlocutor: ¿Teníamos un doble por casualidad? No. Tanto como eso, no.

 

            Radael: Una vez, seis meses terrestres antes del episodio frustrado del navío, mandé un doble en una nave de inspección. Y al capitán que Lina mandó matar le hice esparcir la noticia de que Airan iba a ir de tal a tal sitio, y obviamente…

 

Interlocutor: Lo mataron.

 

            Radael: Destruyeron la nave con misiles espaciales. Lo hice a propósito para esparcir la noticia de que Airan había muerto…

 

Interlocutor: Radael: en lo que falta de la sesión, ¿podríamos ir a descargas máximas que tiene este incidente para tratar de eliminarlas? ¿O las estamos eliminando?

 

            Radael: Es la que estoy repasando. Estoy repasando la soledad, el entender que Airan era sólo un rol. Y creía, en su mente tan reactiva, que tenía razón pues estaba convencido de que todo lo había hecho por patriotismo. A medida que fue pasando el tiempo ese rol se fue dando cuenta de que todo –las muertes, los sabotajes, las batallas ganadas y perdidas…- era estéril, y que si hubiera dejado las cosas como estaban hubieran estado mejor. Él escuchaba en el holovisor las conferencias de Lina –Trina, en ese personaje- y se apasionaba de ellas a favor de la Federación Sargón, y de la plenitud de trabajo, comida y educación que había en los mundos de la Federación. Y ha habido veces que -le duele tanto el pecho a este receptáculo por todo lo que transmito, pero tengo que terminar- mi rol llegó a dudar de si lo que hacía estaba bien o mal…

            He descargado muchísimo.

 

Interlocutor: O sea, a ver: ¿esto que estás descargando ahora es lo que se me reestimuló ayer?

 

            Radael: Totalmente.

 

Interlocutor: ¿Por eso fue tan fuerte?

 

            Radael: No puedes hacerte una idea del dolor de pecho que tiene este receptáculo, Jorge.

           

Interlocutor: ¿Descansas un poco y después continuamos?

 

            Radael: No. Mi deseo es terminar.

 

Interlocutor: Está bien. Adelante.

 

            Radael: Y me sentí con complejo de culpa. A su vez había contradicción en los roles del ego porque al sentirme traicionado por Lina quería buscar destruir por todos los medios otro navío tan grande como ese atentado frustrado, aunque encontrar otra oportunidad no era tan fácil.

          Vosotros, en Sol 3, tenéis filmes donde hacen atentados como si fuérais a comprar una golosina…

 

Interlocutor: ¿Al supermercado?

 

            Radael: …a vuestros mercados. Y no es así. A veces hay meses terrestres de preparación. ¡Sois tan ingenuos a veces!

            Me siento bastante más descargado. Me cuesta ahora transmitir conceptos al receptáculo porque no está bien de tanta carga emotiva que absorbió de mí. Le voy a dejar descansar.

 

Interlocutor: Bueno. ¿Y seguimos la próxima vez, entonces?

 

            Radael: Sí.

 

Interlocutor: Muy bien. Hasta luego, entonces.

 


Sesión del 17/3/10
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Radael

 

Continuó relatando vivencias como Airan. El líder de Sargón fue cambiado por un militar cruel que sometió a la gente mediante control mental, atacando sin piedad a la rebelión. Airan quedó sin posibilidades y deshecho psicológicamente.

 

 

 

 

 

            Radael: Estoy de nuevo comunicado con vosotros.

 

Interlocutor: ¿Radael?

 

            Radael: Sí, así es.

 

Interlocutor: Bueno, perfecto. Directamente, si te parece, entramos a la Psicoauditación, salvo que quieras decir algunas palabras antes. Si no, entramos directamente en sesión.

 

            Radael: No. Es importante que me termine de sacar esta espina clavada, que todavía quedan unos centímetros dentro de la carne…

 

Interlocutor: Está bien. Comencemos, entonces, con la Psicoauditación. Te escucho.

 

            Radael: ¿Recuerdas el rol de Airan en Ferro?

 

Interlocutor: Sí.

 

            Radael: Han sucedido muchas cosas... Tengo un nuevo aliado, Vidor, que está infiltrado en las huestes de Sargón. Tiene un rostro tan común que pasa totalmente desapercibido en todos los lados. Es amigo íntimo de un amigo íntimo de Ascardín y me transmitió cabalmente que el ministro Obradín renunció porque se sentía trastornado por esta guerra que ya lleva tanto tiempo y tantos muertos. En su lugar no está el que él quería -que era un hombre de confianza- sino que una especie de Junta aprobó a un hombre con una malicia tremenda y con un apetito de poder tan grande que está haciendo las cosas mucho más graves todavía que antes. Y como la renuncia de Obradín es irrevocable no hay manera de dar vuelta atrás a la página. Este hombre se llama Rosend –terminaría con “d”, en vuestro idioma- y ha instalado en todo Sargón 10.000 torres que emiten en una frecuencia que modula la mente de todos los habitantes con el objetivo de fanatizarlos. No podría explicar de qué manera trabajan en la parte neuronal del cerebro -ya que no hay manera de que lo pueda decodificar el cerebro de este receptáculo-; solamente puedo decir que esas torres emiten una frecuencia tan extraña que modulan la mente de los habitantes y de los trabajadores de Sargón. Están instalando, con distintas naves, torres en distintos planetas de la Federación Sargón para someter mentalmente a los demás habitantes y que todos se fanaticen, pero no por un convencimiento egoico o engrámico -como sucedió en la mitad del Siglo XX en Sol 3, en los países que vosotros llamabais “El Eje”- sino de una manera diferente, como si fuese una especie de lavado de cerebro. Entonces, los que luchan contra nosotros contra los rebeldes de Ferro son como autómatas en este momento, y no les importa morir ni perder a su familia. No les importa nada. El propio Ascardín, en este momento, cuestiona algunas decisiones de Rosend. Prácticamente Sargón 4 está militarizado y ya no queda personal civil de los millones que había; son todos militares y obreros que siguen fabricando armas, naves, campos de fuerza energéticos, etc. O sea, Sargón dejó de ser un planeta para ser una fortaleza. Y no se sabe el paradero de Obradín…

            En la última batalla perdimos la tremenda cantidad de 630 naves. De verdad que no puedo más. Ya prácticamente no tengo colaboradores para hacer atentados. Aparte, los atentados en este momento no tienen sentido porque en los planetas de la Federación Sargón están todos como autómatas. Y tal vez lo que diga no tenga relación con el relato de hace 3.800 años atrás, pero habrás visto esas películas cómicas de humanos zombis que cuando les disparan caen y se vuelven a levantar tambaleantes…

 

Interlocutor: Hay una película: “Los muertos vivos”, por ejemplo, sí…

 

            Radael: Hay, por lo menos, 10 sagas de esa serie. Bien. Colaboradores míos han visto caer bajo balas con pólvora a soldados de la Federación Sargón, y vuelto a levantarse. Obviamente que no estaban heridos en un punto vital -porque morir, mueren, como cualquier ser encarnado- pero los rebeldes se aterrorizaban porque no les veían a ellos gestos de dolor, de angustia o de pesar. Es como que hubieran perdido la humanidad…

 

Interlocutor: Hay muchas películas así de ese tipo, con robots…

 

            Radael: En este caso son seres humanos que, en su mundo, tienen esas torres que emiten una frecuencia que les maneja la mente…

 

Interlocutor: Está bien. ¿Pero en el 100% de la población o en algunas personas solamente?

 

          Radael: En el 100% de la población de los mundos donde están instaladas esas torres.

 

Interlocutor: Es impresionante.

 

            Radael: Y por lo que presumo –porque no tengo pruebas-, o bien la mente queda por algún tiempo lavada –entre comillas- o están instalando un circuito similar al de las torres en la Flota. Por ejemplo, esta persona –que, a su vez, es un gran amigo de un amigo de Ascardín- comenta que Ascardín está con su intelecto sano, y eso quiere decir que o bien en su nave no han instalado nada o él es demasiado fuerte. Yo creo que en su nave no permitió que instalaran nada. Y aparentemente no está bajando a ningún planeta de la Federación porque siente como que es un paria, y como que Rosend estaba esperando agazapado a que Obradín renunciase para hacerse con el mando. Y fíjate la diferencia: Obradín era una persona cabal, humana, amable; y yo, Airan -lo estoy reconociendo- estoy convencido de que si no hubiera iniciado esta revuelta -y de ahí este engrama de culpa tan grande- la prosperidad hubiera aumentado y hubiéramos anexado otros planetas de otros sistemas estelares, en beneficio de sus habitantes. Aun más: se respetaba tanto la libertad, que si había un planeta pobre y no quería ser anexado igual se le enviaba alimentos, en el caso de que los aceptaran. Es distinto porque nosotros ya estábamos anexados e iniciamos la revuelta porque nos sentíamos dependientes de un gobierno central y queríamos independizarnos -porque creo que es inherente a todo ser el querer ser independiente-, pero no a ese costo.

          En este momento, la Federación Sargón está dirigida por una persona que no está cuerda. Y no hablemos de engramas ni de roles del ego. Es una persona cuyo decodificador no está bien…

 

Interlocutor: Claro. ¿Espiritualmente está sano?

 

            Radael: Su Thetán, en la época de la que hablo –hace 3.800 años atrás-, estaba en el plano 2.2. O sea, un Thetán de absoluta crueldad con una parte encarnada de absoluta crueldad, Rosend, y con un decodificador averiado ávido de poder. Y Obradín desapareció. Para colmo, Ascardín está como perdido. De verdad que no sé los pasos a seguir. Tengo a mano, en mi escondite, distintas armas cortas -una de un rayo disgregante, un arma antigua de balas de pólvora…- y he pensado en quitarme la vida.

 

Interlocutor: Una pregunta antes de que continúes: ¿Rosend era inmune a los rayos de las torres esas?

 

            Radael: Yo creo que nadie es inmune. Supongo que usaría un casco o tendría un cableado… Ignoro en su cabeza qué lo haría inmune… De todas maneras, él, siendo inmune, estaba robotizado -o zombi, como le quieras llamar- porque era una persona fanática de sí mismo y de su poder. En realidad no tenía amor por los suyos porque los mandaba a la muerte, y no le importaba. Le han escuchado decir: -“Hemos tenido 12 naves de baja pero, ¿qué importa? El enemigo tuvo 24”. Si en su nave había 2.000 personas de Federación Sargón muertas no le importaba porque del lado de Ferro había 4.000 personas.

 

Interlocutor: Entiendo. Yo te corté… Me interesaría que siguieras con lo que estabas contando, relatando.

 

            Radael: Es muy duro y fuerte. No deseaba continuar con esa vida, pero eso no me quitaba responsabilidad. Como Airan creía que había un mundo más allá de este mundo que tocamos y que sentimos, de este aire que respiramos, y no me salvaba de eso. Ignoraba si existía una ley o un castigo porque no conocía en ese momento lo que hoy, como Thetán, conozco. Ese rol era ignorante en muchas cosas. Veía que cada vez el cerco se estrechaba más y verdaderamente no sabía dónde ir…

            Otro de mis colaboradores, Trepaz, me dice: -Señor, he visto naves que no son de las nuestras cerca de nuestro sistema, como si supieran que usted se está escondiendo en este planeta. A ese loco, Rosend, no le importa destruir el planeta si puede destruirle a usted.

Siempre supe qué hacer pero estaba tan obnubilado -bajo de defensas psicológicas, como diríais hoy- que le pregunté a este colaborador: -¿Qué me aconsejas?

-Hay un nuevo espacioplano que recorre distancias interestelares. Podríamos ir lo más lejos posible para preservar su vida, porque usted es necesario todavía. Y a través de comunicación subespacial puede seguir dando órdenes.

            -Valoro tu consejo –le respondí- pero es que no sé qué más órdenes dar…

            Al final le hice caso, y con él y otros dos colaboradores -éramos cuatro- subimos al espacioplano y nos alejamos hacia la periferia. Dimos un salto entrando por una grieta y salimos a 12 años luz del escondite que tenía en un planeta pequeño -más pequeño que Sol 3-, en una estrella naranja -era el tercer planeta, a 125 millones de kilómetros terrestres-.

Y éste es el fin. No voy a seguir relatando porque me hace muy mal y le hace mal a este receptáculo, pero…

 

Interlocutor: ¿Pero no tendrías que continuar hasta sacarlo de encima? Porque si no quedo yo también enganchado. Vamos adelante y relátalo.

 

            Radael: Me cuesta muchísimo pero…

 

Interlocutor: Y no hay otro remedio que sacarlo de en medio, de encima.

 

            Radael: Cerca del nuevo escondite teníamos un observatorio que veía hasta los confines de este sistema estelar, a siete horas luz. Y a siete horas luz con este telescopio -que estaba en órbita- percibimos una nave gigantesca, desconocida, que se acercaba a este mundo. En este sistema había dos planetas habitados: el tercero -donde estaba yo- y el cuarto, que se utilizaba como reserva de naves de Ferro. Y mandamos siete naves de gran combate a interceptar a esa nave gigante. Primero nos comunicamos con un aparato interespacial. Como no contestaban le dimos un plazo de menos de una hora para responder y si no obteníamos respuesta abriríamos fuego. Y así lo hicimos, pero tenía un campo energético tan grande que no le hizo mella.

 

Interlocutor: ¿Qué largo tenía? ¿O ancho?

 

            Radael: La nave era de un poco más de dos kilómetros terrestres. Lanzó contra nuestras astronaves una especie de rayo energético -desconocido para nosotros- que lo único que hizo fue inutilizar su armamento. Me sorprendió de varias maneras: primero, el tremendo escudo energético que tenía; y segundo, que no respondió al fuego con fuego, sino que inutilizó el armamento. Y no se comunicó: simplemente ignoraba a las naves y se seguía acercando.

 

Interlocutor: Obviamente su tecnología era superior a la de ustedes…

 

            Radael: Me da pudor el relatar esto pero…

 

Interlocutor: Adelante. Vamos a pasar a través.

 

            Radael: Nunca fui cobarde. He estado en el frente en naves de batalla y he combatido. Tengo conocimientos de un arte marcial similar al karate terrestre y varias veces fantaseé con enfrentarme mano a mano con Ascardín -aún siendo él más joven- pero no me importaba. No sé si tú conoces la mente del ser encarnado pero cuando pasas por distintas odiseas donde vas perdiendo estima pierdes el coraje, la valentía… Los engramas te van debilitando… Y capaz que eso no se entiende muy bien, pero me fui debilitando de tal manera que hasta tenía pánico de ser torturado. He recibido heridas, me han cosido…

 

Interlocutor: No olvidemos que también le sucedió a Jesús -creo que en el huerto de Getsemaní-, y era Jesús…

 

            Radael: Tenía unos comprimidos que, sin dolor alguno, me iban durmiendo, y en un plazo de entre seis y diez horas –porque no actuaban instantáneamente- me quitarían la vida… Y me tomé dos.

 

Interlocutor: ¿Irreversible? O sea, que una vez tomada no se podía volver atrás. ¿Es así?

 

            Radael: Me siento muy mal por la cobardía de ese momento... Y, como siempre, lamento el dolor en el pecho que le causo a este receptáculo.

 

Interlocutor: Pero pasemos a través. Ya nos sucedió cuando nos suicidamos como Nerón. Pasemos a través y continuemos.

            Radael: Le mando tanta información que agoto tremendamente al receptáculo. Lo que te puedo decir, para tu tranquilidad, es que he descargado muchísimo más que en la sesión anterior. Como Thetán me siento con una gran armonía.

 

Interlocutor: ¿Los Maestros no pueden ayudar mandándole Luz a Jorge para tratar de continuar?

 

            Radael: Sí. El propio Maestro Jesús le está mandando Energía Crística, pero él es un círculo cerrado… Si bien yo, como Thetán, no tengo roles de ego, al relatar una vivencia estoy personificando el rol, y el rol sí tiene roles de ego. Eso quiero que se entienda bien. Entonces, ese rol de Airan, con ese sufrimiento, con ese tormento, con el dolor de garganta de la angustia, el dolor de pecho de los nervios, con esa tremenda baja estima por todos los cachetazos que ha recibido –y que nunca sintió temor ante la adversidad- estaba tan –como diríais vosotros- quemado o golpeado psicológicamente que no quería más. Y...

 

Interlocutor: ¿Desencarnamos?

 

          Radael: Yo, en este momento, no tengo la culpa porque entiendo como Thetán que la cruzada –copiándome del lenguaje terrestre- de Airan fue noble desde su punto de vista. En ningún momento quiso formar un nuevo Imperio; simplemente quiso una liberación para la gente que amaba… Pero se le fue de las manos. Es como si tú con tus manos quisieras parar un tornado: caes dentro del tornado y das vueltas y vueltas… Eso es lo que le pasó a ese rol.

 

Interlocutor: ¿Ahí desencarnamos, en ese momento, y descendimos de pie a…?

 

            Radael: Queda toda una nebulosa negra en la mente de Airan. Eso es lo que te puedo decir…

 

Interlocutor: ¿Pero desencarnamos?

 

            Radael: Queda una nebulosa negra. Eso es lo que te puedo decir.

Hasta todo momento, querido 10%.

Interlocutor: Hasta luego.

 


Sesión del 17/3/10
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Johnakan Ur-El

 

Explicó su visión como primer ministro de Sargón, cómo actuó y como terminó la rebelión.

 

 

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            Entidad: Queridos hermanos, toda mi Luz para vosotros. Mi nombre es Johnakan Ur-El y deseo relatar una experiencia que, de alguna manera, completa lo que mis hermanos han relatado sobre la Federación Sargón.

 

En el año 6.200 de la Era Galáctica, hace 3.800 años terrestres, conocí a Arduana. Era una joven muy inteligente y capaz. Apenas nos conocimos nos dimos cuenta que éramos compatibles tanto en lo espiritual como en lo físico –también en lo intelectual-. Y nos apoyábamos el uno al otro.

 

Estudié mucho la Historia de mi mundo -Sargón 4-, donde vencimos al Imperio Mordon, la raza reptiloide que dominaba treinta sistemas.

 

Crecí en la política. Arduana fue concejala mientras yo seguía evolucionando políticamente.

 

Tuvimos un hijo -al que llamamos Ascardín- y finalmente, antes de los 50 años, alcancé el cargo de Primer Ministro -una especie de Presidente Mundial, por así llamarlo-.

 

Amaba la paz y la prosperidad. Creía en una panacea universal -como decís vosotros hoy-, pero… ¿con respecto a qué? Los miles y miles de mundos habitados podían tener esa prosperidad. Sabíamos que había razas mucho más peligrosas que los Mordon, razas de insectos inteligentes que sometían mundos solamente para saquear su comida, como si esos mundos fueran inmensos graneros.

 

En el año 6.050 hubo una tremenda rebelión, con la consiguiente escisión de 35 planetas de la periferia del brazo galáctico. Nos declararon la guerra –conflicto que duraba todavía en el momento de este relato-. El Jefe rebelde -por así llamarlo- era Airan. Entiendo que Airan tenía un idealismo que quizá desequilibraba su raciocinio porque lo que quiso hacer obviamente fue para peor.

 

Estábamos avanzados tecnológicamente y también en la parte médica. Casi no sufríamos enfermedades pero, de todas maneras, a determinadas edades hay distintos tipos de cansancios. A veces uno quiere dedicarse a crear o a componer música... Y no se trata de deslindar responsabilidades, en el sentido malicioso de la palabra.

 

Al poco de cumplir 64 años le dije a mi hijo Ascardín -que comandaba la flota principal de Sargón 4 contra de los rebeldes-: -Verdaderamente quiero dejar el cargo de Ministro. Lo hablé con Arduana, tu madre, y está totalmente de acuerdo.

 

Aparte, no me sentía bien con una guerra tan sangrienta -como todas las guerras, porque no existe una guerra buena-. Donde hay una víctima ya no hay una guerra buena…

 

Hay un refrán vuestro que dice: “El fin justifica los medios”. Pero, a veces, los medios son muy crueles y duros. Finalmente renuncié a mi cargo y le dije a mi hijo Ascardín: -Dejemos que la Junta decida, pero yo propongo a dos íntimos amigos muy nobles como reemplazantes míos. Tú tienes 33 años -no eres un niño- y eres bastante maduro como para dentro de poco tiempo comandar tú la Federación; pero no ser un comandante, sino un ministro.

 

Había una joven -que era más que amiga de mi hijo- que yo apreciaba mucho, más que nada por todo lo que había hecho por él cuando lo encontró en el sector G del planeta Angustor… Hablo de Martial, una joven de un carácter muy fuerte. Mi hijo muchas veces chocaba con ella, hasta que finalmente rompieron y dejaron de verse porque él se había deslumbrado de una tal Trina -aparentemente defensora de Sargón- y que vivía dando conferencias. Pero aprendí desde joven a no creer en las casualidades sino en las causalidades. Y en cada conferencia que esta joven –Trina- participaba, luego había un atentado… Y es sumar uno más uno: dos.

 

Se lo hice saber a Ascardín. Le dije: -Trina no es quien tú crees que es.

Y averigüé sobre ella. Supe que su nombre no era Trina sino Lina, y era novia de un joven llamado Ovidio, soldado de la resistencia. En realidad, tampoco era Lina, sino que se llamaba Lorna Salvius, y había nacido en el planeta Dromo, a siete años Luz de Ferro. Había averiguado todo. Supe también que salvó la vida de mi hijo cuando Airan envió lo que hoy llamaríais un kamikaze, mandándolo a ejecutar salvando no solamente a mi hijo sino la vida de muchos habitantes de la Federación.

 

            Dicen que las cosas cuando no salen mal pueden salir peor… Los integrantes de la Junta de Sargón tenían poco carácter y, al poco de yo renunciar al cargo, un hombre llamado Rosend -y con sed de poder- toma el mando. Llamémosle intuición o porque yo, Obradín -al igual que hoy, este receptáculo que me alberga- tenía un tremendo contacto con mi Yo Superior.

 

            Se fue con su esposa a un paradero desconocido. Mi 10%, Obradín, se fue. ¿Qué hizo Rosend? Instaló en Sargón -y en muchos planetas de la Federación- unas torres especiales que emitían una energía que abotargaba la mente de los habitantes de los mundos y los inducía a fanatizarse por la causa, como lo llamaba Rosend. Así como yo derramaba lágrimas por cada soldado muerto –y por cada civil-, Rosend los mandaba a la guerra como si fueran números. No importaba si la Federación perdía 2.000 hombres mientras la resistencia perdiera 4.000. Pero no era así la cosa…

 

            Airan se jactaba de tener espías en todo Sargón, pero creo que hasta mi propio hijo Ascardín me subestimaba, y mucho. Yo tenía espías en todos los planetas alineados con Ferro. Supe dónde estaba –entre comillas- el escondite de Airan, y que éste escapó a otro mundo más lejano aún de la periferia. Podía prescindir de Airan.

 

            Había un planeta llamado Tironze, a 30 años luz de Sargón, donde tenía un segundo cuartel principal -por así llamarlo-, y si bien en Sargón teníamos la última tecnología, los más grandes investigadores los tenía conmigo y me los llevé a ese mundo fuera del alcance de las torres perniciosas contra la mente de todos los seres.

 

            Hice construir en órbita una nave con un campo energético capaz de resistir los impactos más grandes, y con armas destructivas, armas disuasivas, holoordenadores, holovisores con comunicación subespacial… Tenía –para que se entienda, porque no se lo puedo transmitir a mi propio 10% debido a su complejidad- como una especie de radar identificador de grietas espaciales para saber cuál es el atajo que debía tomar la nave para llegar a tal sistema más rápidamente. Y llegué con mi nave al sistema donde estaba Airan. Sabía que se sentía derrotado. También sabía que estaba desolado, arrepentido y absolutamente abatido por la guerra que él había comenzado. Mandó naves para que atacasen a mi nave, y obviamente, no le hicieron mella. Ordené que dispararan rayos leves para disuadirlos, y dejaron fuera de funcionamiento su armamento, pero dejando a las naves el soporte vital para que pudieran regresar y no pasase nada con la tripulación.

 

            Finalmente, con un pequeño espacioplano de solamente cuatro plazas -pero con un campo energético muy importante- descendí. Era tal la impresión de los colaboradores de Airan que, sin decirme nada, me dejaron pasar. Me encontré con una escena difícil: Airan estaba exánime, casi sin vida. Conmigo traía uno de los mejores médicos. Había tomado dos comprimidos letales pero mis médicos habían sacado adelante casos tan o más graves. Y no dejé que muriera.

 

            Cuando al día siguiente Airan abre los ojos ve mi rostro, rostro que él ya conocía. Intenta hablar y le hago un gesto de silencio.

 

Solamente le digo: -¿Estás lúcido?

 

            Asiente.

 

            -¿Entiendes lo que te digo?

 

            Asiente.

 

            -Mira, podríamos ejecutarte, ponerte como ejemplo, pero en este momento tú no eres el enemigo. (Veo su rostro de intriga). Tenemos un enemigo en común: Rosend. Evidentemente hice una mala jugada. Tenía que haber designado a mi sucesor y no dejar que la Junta lo decidiera. Rosend estaba agazapado esperando que diera un paso al costado para tomar mi puesto.

 

Intentó hablar otra vez y lo paré.

 

            -Te explico: así como tú tienes espías en la Federación, esos son los espías que tengo en Ferro, pero multiplicado por diez. Y multiplica de nuevo por diez y éstos son los espías que tengo en mi propia Federación. Tengo aparatos que anulan el efecto de las torres y, en pocas horas, la gente recuperará su raciocinio. No sé si soy un hombre de bien o no -siempre deseé la prosperidad- pero así como en vuestro pasado -en nuestro pasado- la gente tenía tumores y había que abrirle la carne para extirparlos. Y a veces es necesario extirpar esos tumores. Tengo gente que es ejecutora. No me mires asombrado, Airan: cien veces te podía haber ejecutado pero hubieras quedado como un mártir. Y hubiera habido diez para reemplazarte y fortificar la resistencia, y eso no me interesaba… Me interesaba que te fueras poco a poco destruyendo. Pero no lo malinterpretes: no por maldad, ya que no tengo ninguna animosidad en contra de ti. Te doy las explicaciones pertinentes porque quiero que estés bien, sano, fuerte y con alta estima para que le digas a todo Ferro y a todos los planetas alineados que derrocamos a Rosend y que la guerra termina. Si queréis seguir con la Federación, me parece bien. Si queréis ser independientes, también. Pero basta de batallas y atentados. Haced lo que queráis. En este momento en que yo estoy hablando contigo están cayendo las torres, y seguramente ya han ejecutado a Rosend. Envié un correo subespacial. Ascardín está enterado de todo lo que estoy hablando contigo. Le pedí que dejase por lo menos durante cinco años de Sargón que alguien gobernase, aunque mi aspiración es que luego el mismo Ascardín sea Ministro. Y a ti te dejaré seguir con tu vida y con tus culpas. Sé que muchos –incluso mi propio hijo- pensaban que yo era una decoración, pero no teníais ninguno de vosotros idea de la telaraña que iba tejiendo. Soy un ser humano -como todos vosotros- y tengo mis errores… Mi mayor error fue haber permitido esta escalada de Rosend. Quería decirte eso. Sé que entre vosotros, que os apodáis los rebeldes, y nosotros, la Federación, han quedado muchas heridas, y el tiempo las cicatrizará. Así que, por ahora, aunque quisiérais uniros a nosotros de nuevo, no os lo aconsejo. Pero tal vez ni tú ni yo estemos cuando se produzca la unión nuevamente. Es importante dejar el mensaje a los que nos sucederán. Entiendo que Ascardín –aunque a ti no te interese te lo cuento- está de nuevo con Martial; y lo que pase con esta joven llamada Lina, también arrastrará sus culpas. No me interesa la venganza, pues me parece necia. También creo que el perdón viene desde la vanidad. No se trata de perdonar ni de olvidar, porque está bien tener memoria. Se trata de hacer una cuenta nueva -no borrón y cuenta nueva-, pero no empezar de cero. Empezar. Lo que es yermo volverá fertilizando, y las almas volverán fertilizadas. Yo me dedicaré a pintar -me encanta pintar cuadros- y a la música -es algo que muy pocos saben-. Estás invitado a visitarme cuando quieras. Mi ayudante te va a dejar un pase de holoplástic. Solamente quería decirte que todo ideal es bueno en tanto y en cuanto esté acompañado por cordura porque ningún ideal justifica tantas pérdidas de vidas, salvo en los casos en donde no hay otra posibilidad, como cuando mi planeta guerreó contra los reptiles. Pero vosotros... ¡Ponte a pensar!

 

          Si te miras al espejo rasúrate, date un baño de vapor y cámbiate de ropa. Soy más mayor que tú pero todavía puedo zurrarte. A pesar de que dices que sabes artes de combate no tienes la menor idea de cuántos puntos débiles tiene el ser humano... ¡Hay tantos Maestros de combate que malenseñan! Pero ésa es la clave: cuanto más sabes lo frágil y lo débil que es el cuerpo humano, más lo respetas. Cuanto más frágil es el espíritu del otro, más lo respetas. Si todos lo entendieran así...

 

            Nuevamente Airan quería hablar y le digo: -No hace falta que digas nada. No eres tonto y me has comprendido perfectamente. Estoy en todo: te traje un alimento congelado, que ahora calentamos. Y luego de darte el baño de vapor te alimentas y hablas a nivel subespacial con los otros mundos.

 

            Airan asintió y nos dimos la mano. Solamente dijo una frase: -Espero conocer a su hijo.

 

            -Lo conocerás –le respondí- pero será para estrecharos la mano. Entiendo que nunca seréis los mejores amigos porque, como dije antes, hay muchas heridas de ambos lados y la memoria está, y está bien que esté. Hay cosas que no deben olvidarse para no volver a cometer los mismos errores.

 

            Y así es como puse fin a la guerra entre la Federación Sargón y los rebeldes de Ferro y me dediqué a la música y a la pintura. Seis años después Ascardín fue Primer Ministro de Sargón, ya casado con Martial.

 

            Nunca supe más nada de Lina -o Lorna-. Podía saberlo, por supuesto, porque seguía teniendo gente que investigaba… Pero no me interesaba.

 

            Mientras estuve encarnado las heridas no cicatrizaron. Tuvieron que pasar 200 años más para que volviera a haber una gran Federación y un Primer Ministro, descendiente mío, estuviera al frente de ella en paz y en armonía. Obviamente no todo es para siempre: cambian los gobernantes, cambia la política… Hay seres con ansias de poder porque no se dan cuenta de lo efímeros que son en el plano físico, como si se pudieran llevar al plano suprafísico lo que cosecharon en el plano material. En el plano suprafísico te llevas tus karmas, tus engramas y tus roles de ego, pero no te llevas otra cosa.

 

            Queridos hermanos, como Johnakan Ur-El -quien fuera el Ministro Obradín- les mando toda la Luz y ese Rayo Violeta que transmuta lo negativo en positivo pero que, al fin y al cabo, esa transmutación depende de vuestra aceptación. Porque sois vosotros los que tenéis el libre albedrío de elegir qué queréis. La mano está tendida: recogedla.

 

          Gracias.

 

 


Sesión del 1/4/10
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Radael

 

Habló de sus sensaciones como Airan tras ser salvado del suicidio, su sentimiento de responsabilidad, sus engramas… Decidió ayudar a reunificar la federación. Respondió a diversas preguntas sobre la captación conceptual de los espíritus.

 

 

 

            Interlocutor: Hola. ¿Radael?

 

Entidad: Bien.

 

Interlocutor: ¿Ya estás allí?

 

Entidad: Sí.

 

Interlocutor: Bueno. Ya sabes que ésta es una Psicoauditación exclusiva que comenzaremos, pienso yo, a partir del momento en que Obradín te ayuda a salir del casi suicidio. Te escucho.

 

Entidad: Me siento extraño porque son muy pocos los seres encarnados en los distintos mundos que toman la decisión. Su mente se adecúa a esa situación y, de repente, abres los ojos y sigues otra vez en el plano físico… Es como que te desprogramaste. Te desprogramaste significa… Para mí no tenía razón de ser mi vida aquí.

He cometido errores y abarqué más de lo que tenía que abarcar. Y, de repente, la figura que consideraba como mi segundo gran enemigo -el papá de mi enemigo- es quien me salva la vida.

 

Interlocutor: Obradín.

 

Entidad: El Ministro Obradín de la Federación Sargón. Por otro lado luego me quedo tranquilo porque pienso, para mis adentros: no me salvó desinteresado; lo hizo porque me necesita. Él, a todo esto, fue tejiendo redes, y ese tirano que se había erigido en Sargón con esas torres que manipulaban el pensamiento, en el momento que él llega a mí -y le creo cuando dice que tiene cien veces más espías de los que podía tener yo porque creía que era pleno en todos los planetas de la periferia- ya cortó con la conspiración y la Federación Sargón volvió a la normalidad sin la tiranía de ese nuevo Ministro, impuesto seguramente por debilidad de lo que sería su senado -no sé cómo es la política de Sargón-.

Pero yo le era necesario para frenar que siguiera corriendo la sangre. En el poco diálogo que tengo con este hombre me doy cuenta que es una persona capaz, amorosa y justa, dentro de sus posibilidades para decidir que puede tener un ser encarnado en el plano físico, donde uno no puede estar en todo. Es muy difícil estar en todo ya que no somos Dios.

Y fui leal a mi palabra. Hablé con mis colaboradores y pacté la tregua. Es decir, puse mi granito de arena. Muchos se pusieron en contra porque, en realidad, lo que propuse fue que volviéramos a unirnos a la Federación Sargón y que no iba a haber represalias ni castigos de ningún tipo con los planetas rebeldes, pues ya había demasiadas muertes. Y, aparte, creía en la palabra del Ministro Obradín. Pero hubo un planeta con dirigentes propios que me obedecían, pero en determinado momento se pusieron en contra de mí: -¿Cómo? ¿Tú nos mandas a la guerra en pos de una independencia y ahora quieres unirte de nuevo con el enemigo? ¿Eres un traidor a la causa?

Tuve comunicaciones con Obradín por el ordenador subespacial y le comentaba las inquietudes. Prácticamente nos hicimos aliados, pero no amigos.

Es tan grande este hombre que una vez me dijo: -Aquellos planetas que no se quieran unir, que no se unan. Tú has luchado por una independencia de Sargón.

¿Pero qué significa independencia? Independencia se aplica cuando eres una ‘colonia de’, como en Sol 3 hoy -siglo XXI- hay territorios que siguen siendo estados coloniales de otros. Aquí no éramos colonia de nadie, pues la Federación Sargón daba total libertad al que quisiera.

Y Obradín me dijo: -Aquellos planetas que no quieran pertenecer, que no pertenezcan.

Y yo le decía: -Perfecto. Entonces que tampoco pidan ayuda luego…

Fíjate qué Maestro era Obradín, que me dice: -¿Por qué, Airan? Pueden ser independientes, pero a la vez podemos intercambiar manufactura. Ellos pueden darnos algún grano de alguna planta y nosotros les daremos materiales.

A mí me extrañaba porque digo: “¿Cómo? ¿Son planetas que le dan la espalda y, sin embargo, Obradín les quiere seguir ayudando?”.

Me sentí con una culpa tremenda porque pensé: “Soy el mayor culpable de esta tremenda guerra porque ese imperio reptiliano sólo quería someter… Y capaz que muchos no me entienden porque es más justificable lo que hacían ellos, ya que tenían un motivo absolutamente hostil, pero era motivo al fin y al cabo… Si digo ‘justificado’ me van a decir: ¿Cómo se justifican los ataques y la depredación? No. Digo motivo justificable en el sentido que había un motivo, y punto. Yo no tenía un motivo, porque si mi vida fuera una de esas antiguas filmadoras vuestras donde rebobinas y puedo volver al comienzo, ¿cómo te piensas que estaba en mi mente hacerse político en mi mundo, y cómo me gesté como líder y acepté una revolución? Hoy, derrotado, me pongo a pensar qué hice, si no estábamos prisioneros de nadie ni éramos colonias de Sargón -porque teníamos estatutos similares-. ¿Porque la política tenía una cabeza, que era Sargón 4? ¿Y qué? Teníamos educación y alimentos porque si tú te fijas en los miles y miles de mundos de la Vía Láctea -y te hablo de 3.800 años atrás de Sol 3- hoy pasa lo mismo. En este planeta Sol 3, hoy -hablo de un planeta, no hablo de miles- hay países que crecen en la abundancia, donde el hogar de una sola persona -que capaz que no es político sino practicante de un deporte- tiene una piscina más grande quizás que un campo entero de un campesino… Y hay aldeas donde mueren de hambre día a día niños mientras que en otras ciudades tiran la comida. Eso no sucedía hace 3.800 años atrás en la Federación Sargón. Hasta el último de los mundos era asistido -no por ningún interés- donde había intercambio comercial, pero eso no es especulación. Por ejemplo, yo soy el Presidente de un país y estoy hablando con otro presidente, quien tiene algo que yo quiero, pero jamás voy a utilizar la fuerza para tomar eso, sino le voy a proponer un intercambio. De repente, si ellos tienen un terreno fértil yo le voy a ofrecer mis granos de trigo o de soja a este presidente y él, a cambio, me dará otra cosa. O sea, los intercambios nunca son negativos. Entonces, ese complejo tremendo de culpa no me lo pude sacar nunca.

Tiempo después conozco a Ascardín. Nos saludamos y me dice: -Por fin nos conocemos.

-Lamento todo lo que pasó.

Y me responde: -Yo, seguramente, lo lamento más pero como dice mi padre: “El rencor lo carcome a uno, no al otro”. Entiendo para mi propia salud mental y física que tenías un motivo que creías honesto. Entonces, mientras no lo hayas hecho por ningún…

 

Interlocutor: Interés mezquino…

 

Entidad: …o de ambición. No digo que esté bien, pero se justifica, entre comillas. Lo que no puedo justificar es que hayas mandado a esa joven para que me manipule.

-Ascardín, nosotros vemos holofilms en los holoordenadores y nos gusta la fantasía. Vemos películas de batallas y la guerra real no es así, pues ésta es un 20% de lucha y un 80% de estrategia y táctica -sabotajes, atentados-. Aparte, nosotros éramos los más débiles y una de las estrategias fue enviar una joven, quien me fue más útil que cien naves de combate.

-Claro. Lo entiendo. Y verdaderamente la admiro porque me hizo dudar. Me había cogido justo en una época en que yo discutía a diario con Martial, y esta joven me encandiló y engañó.

-Ascardín, no sé si eres vanidoso pero para que tu vanidad no se caiga a pedazos como un cristal roto te digo que esa joven se enamoró de ti y me dio la espalda a mí. O sea, si es por tu hombría, quédate tranquilo, que...

 

Interlocutor: Está a salvo.

 

Entidad: -Había planificado matarte. Tú ya estabas en una nave de las más importantes cuando un militar de confianza -que trabajaba para mí-, con infinidad de explosivos, se iba a explotar dentro del aparato, pero esta joven lo mató antes de que llegaras. O sea, se puso en mi contra.

-De todas maneras -me dijo Ascardín- me culpo a mí mismo porque verdaderamente en los momentos en que estaba tan reactivo no valoré lo que era Martial. Ella siempre me aconsejó bien. Si bien tuvo un carácter muy intempestivo me ayudó mucho. Mi padre, Obradín, se retira. Él quiere dedicarse a hacer otras cosas.

-¿Y entonces Obradín se retira y tú, Ascardín, serás el nuevo Ministro?

-No. Yo seguiré como militar en la Federación y supongo que en unos cuantos años, cuando tenga más edad, ocuparé el puesto. Ahora tenemos una persona de total confianza, muy buena y leal para que sea Ministro.

-Bueno, no sé si esto es una despedida pero yo también me retiro. Entiendo que has vuelto con Martial. Disculpa que me meta en lo que no me interesa.

-Sí. He vuelto con ella, y en toda la Federación la noticia correrá como reguero de pólvora. Puedes venir cuando quieras; aquí no hay ningún tipo de prohibición para nadie. Y lamento si en algunos de los planetas de la periferia quedan rencores. Entiendo que en algunos planetas de Sargón hay miles de familias que han perdido a sus seres queridos y que también tendrán rencor para contigo. Yo quiero ser honesto, Airan: tú tienes todo el permiso del mundo para andar libremente por cualquier planeta de Sargón pero no te podemos garantizar que no haya atentados contra tu persona. Van a pasar años o décadas hasta que este rencor y estas heridas se curen. No pasa por los dirigentes.

-Lo entiendo, Ascardín.

Y sin entrar en detalles me volví en una nave para la periferia con engramas de soledad, de mucha responsabilidad. Por mi mente pasó de nuevo la idea del suicidio pero mi tarea iba más allá: mi tarea era curar heridas, hablar con la mayor cantidad de gente posible de los ex planetas rebeldes y con aquellos que ahora están erigidos como líderes y decirles que ya pasó, porque en la periferia también hay familias que han quedado destruidas y tienen rencor contra Sargón. Pero me voy a sacrificar. Me voy a echar toda la culpa. La Federación Sargón lo único que hizo fue defenderse de los ataques, porque fuimos los primeros en atacar. Hasta en eso soy responsable. Me hace muy bien hablar y contarlo.

 

Interlocutor: Una pregunta que viene a cuento de todo esto: Desde que comenzaste la Psicoauditación yo estuve bostezando, ¿es una descarga o no tiene ninguna relación mis bostezos con…? En la anterior técnica, por eso lo pregunto.

 

Entidad: Lo que tú estas haciendo, como 10% mío, es una descarga…

 

Interlocutor: A tierra, ¿diríamos?

 

Entidad: …física; o sea, de ti -como 10%-, que es una especie de respuesta a lo que yo estoy Psicoauditando.

 

Interlocutor: Claro, o sea, es una descarga de carga. Como el cable a tierra de...

 

Entidad: Correcto. Valida la Psicoauditación y lo que está transmitiendo, a través de codificación, este receptáculo.

 

Interlocutor: Eso quería aclarar.

 

Entidad: Seguramente este dato no es tan trágico como el anterior porque estoy comentando incidentes menores, ya que necesito de alguna manera llegar al final de la historia…

Interlocutor: Está bien, pero tú estás descargando también.

 

Entidad: Totalmente, y me siento mucho más calmo. Es como que –no como Airan sino como Radael- me estoy desidentificando de Airan. Al desindentificarme me desidentifico de la culpa, de cualquier rencor, de cualquier baja estima. Al contrario, siento compasión por el rol. Y no lo tomo como que fue un 10% mío sino como alguien independiente que tuvo un ideal errado -o no- pero actuó con honestidad consigo mismo. A diferencia de otros dictadores -que con ansias de poder someten- Airan tuvo un ideal errado o no. Como Radael no lo puedo juzgar; simplemente relato el hecho. Y en este momento estoy 100% Clear con respecto a los engramas de todo lo que ocurrió.

 

Interlocutor: Está bien. Te hago una pregunta: ¿Cómo percibes tú -o cómo percibe el espíritu- la eliminación de las cargas conceptuales?         Digo cargas en sentido… entre comillas.

 

Entidad: De la manera más sencilla que… Tengo el recuerdo absolutamente nítido de toda la vida de Airan y no siento ninguna carga negativa…

 

Interlocutor: Está bien. ¿Pero cómo percibe el espíritu esa carga? ¿Acaso como una mancha negra? Para decirlo de alguna manera, ¿una vibración negativa?

 

Entidad: No. El espíritu, al igual que tú, encarnado, siente la angustia…

 

Interlocutor: No, pero me refiero una percepción visual, entre comillas.

 

Entidad: Claro, porque no existe percepción visual.

 

Interlocutor: No. A ver: tengo carga de un engrama pero yo no percibo la carga, ni antes ni después de la eliminación del engrama.

 

Entidad: Tú, como 10%, no sientes la carga a veces. En otros momentos sí la sientes porque tu cuerpo actúa en consecuencia de esa carga. Pero también puedes sentir una angustia y no sepas ni por qué, ni cómo, ni dónde… Yo, como entidad espiritual, siento la angustia hasta tanto no descargue los engramas de esa vivencia…

 

Interlocutor: Está bien. Pero la pregunta va, diríamos, más allá: ¿Esa angustia está representada por una carga que el espíritu percibe? ¿O lo único que percibe es la angustia y esa angustia que se va?

 

Entidad: Se percibe como un peso conceptual, no como mancha negra ni nada por el estilo. Se percibe como si tú en el plano físico cargaras con una bola de hierro. El espíritu lo percibe como una carga conceptual que te jala pero, a diferencia del rol del ego que te hace bajar de nivel, el peso conceptual de un engrama no te hace bajar de nivel pero te condiciona. Y, sin querer, -como la varilla que se pasa por el ojo de la cerradura es siempre una sola varilla- si yo tengo un peso conceptual, tú también lo tienes.

 

Interlocutor: Claro. Ahora, en el plano físico, cuando uno va a la anterior técnica, el auditor puede medir a través del instrumento las cargas engrámicas que uno tiene y le puede decir al PC la cantidad de carga que aún le queda para eliminar. Ahora, la pregunta te la traslado a ti: ¿Cuánta carga nos queda aún para eliminar con Psicoauditación? Si es que se puede percibir, porque en el plano espiritual seguramente no tiene carga.

 

Entidad: Si hay carga pero no es de esta vida. Si tú tuvieras una máquina del tiempo y pudieras viajar al pasado y te encontraras con el rol de Airan -o pudieras traerle a este presente- y le hicieras tomar el instrumento tendría carga cero.

 

Interlocutor: ¡Ah! ¿En estos momentos?

 

Entidad: Airan, no Radael.

 

Interlocutor: Entiendo. Pero faltarían muchas Psicoauditaciones para quedar…

 

Entidad: Algunas psicoauditaciones, pero no de la vida de Airan.

Interlocutor: Entiendo.

 

Entidad: Digamos que yo, como Radael, no tengo ninguna emoción de esa vida. Tengo un recuerdo neutro.

 

Interlocutor: Está bien. La pregunta viene a cuento porque creo que ayer tuve una reestimulación de un dolor de cabeza. ¿Es justamente lo que hemos psicoauditado hoy o tiene relación, no con Airan sino con otras vivencias?

 

Entidad: Tiene relación con lo relatado ahora por los tremendos conflictos que tuvo Airan con sus antes colaboradores, que lo acusaron de traición. Él era el nuevo aliado de Ascardín y de Obradín cuando lo que en realidad quería transmitir era que había entendido que ya no tenía ningún sentido la lucha.

 

Interlocutor: Está bien. Una pregunta, Radael: ¿Cómo percibe el espíritu -o cómo percibes tú- los engramas de una persona en el plano físico? ¿O, diríamos, los engramas míos? No los conceptuales sino los engramas, diríamos, físicos. ¿Hay forma de percibirlos?

 

Entidad: Sí, por supuesto, pero se perciben como…

 

Interlocutor: ¿Se ven como una cosa negra?

 

Entidad: No, no tiene que ver con los sentidos físicos… Tiene que ver con una energía más densa… Hay como una energía.

 

Interlocutor: Está bien. Ahora, una cosa que nunca hemos preguntado, y dejando de lado la Psicoauditación: ¿Cómo ve el espíritu al plano físico y, en especial, a los seres encarnados? Porque es una cosa que nunca preguntamos. Porque ustedes, al no tener vista no pueden…

 

Entidad: No los vemos, sino que los conceptuamos. Pero los conceptuamos con tanta exactitud que podemos diferenciar una molécula de un virus.

 

Interlocutor: Sí, pero… ¿cómo haríamos para que yo pudiera tener la claridad de esa percepción? A ver...

 

Entidad: Aún habiendo una fidelidad muy alta en este receptáculo es muy difícil, a través de mi concepto, plasmar en palabras cómo conceptúo, porque tú, como todos los seres encarnados, se basan en su sentido, y ni siquiera muchos pueden entender cómo captan algunos insectos con sus antenas. ¿Cómo captan? El 99% no me lo sabe explicar. Me es muy difícil transmitirle a este receptáculo...

 

Interlocutor: Pero, a ver, vamos a suponer: Acá hay una mesa, ¿la conceptúas?

 

Entidad: Por supuesto que conceptúo; conceptúo hasta... Conceptúo todo.

 

Interlocutor: A ver: si yo la estoy cogiendo con la mano desde el centro hasta...

 

Entidad: Conceptúo todo movimiento y todo objeto, pero de una manera distinta.

 

Interlocutor: Claro, es difícil de transmitir…

 

Entidad: Claro, porque es un concepto. No se trata de... Yo puedo conceptuar colores, pero no los conceptúo como colores sino como distintas vibraciones, así como tu oído capta distintos tonos y timbres musicales. ¿Cómo le explicarías por señas a un sordo cómo captas un timbre? Es casi imposible de explicar. Pero, para el ser encarnado, el espíritu es sordo, ciego y mudo, aunque tenemos algo que se llama telepatía, y transmitimos a nivel de concepto -de paquetes conceptuales- nuestras ideas. Y te puedo decir que tenemos una percepción muchísimo mayor a la vuestra, exactamente igual que el ejemplo del águila y la hormiga, que quiere decir que desde lo alto se ve más. No tenemos una visión física –ojos- pero percibimos mucho más allá. De repente, cambias un gesto y yo no percibo tu gesto pero sí un cambio de vibración en tu rostro.

 

Interlocutor: Y lo interpretas.

 

Entidad: Y lo interpreto conceptualmente. Puedo interpretar un acto hostil, tristeza, alegría, depresión...

 

Interlocutor: Está bien. Una pregunta...

 

Entidad: Gracias, Johnakan, por ayudarme con el concepto.

 

Interlocutor: Vamos a suponer el espíritu, es decir, que tú no estás encarnado en mí ni nada por el estilo, sino eres un espíritu. Perfecto. ¿Qué amplitud de percepción tiene el espíritu?

 

Entidad: ¿Con respecto a qué?

 

Interlocutor: A eso voy… O sea, ¿puedes percibir a un ser, diríamos al Profesor Olguín, y también puedes percibir al mismo tiempo lo que está haciendo Bush? ¿O solamente...?

 

Entidad: Sí. De todas maneras...

 

Interlocutor: O sea, ¿hasta qué punto percibes conceptualmente a Jorge Olguín, a Bush, lo que está haciendo Puttin en Rusia y al minero que está en la mina, todo al mismo tiempo? ¿Hasta qué punto esa amplitud?

 

Entidad: Es una amplitud limitada porque no somos Eón. Somos parte de Eón pero no somos Eón…

 

Interlocutor: ¿Hasta qué punto?

 

Entidad: Cuanto más foco hago en una persona menos foco voy a tener en otra. Si mi atención conceptual... A ver, tú puedes hacer más de una cosa a la vez: de repente puedes escribir en tu ordenador y, a su vez, puedes escuchar el noticiero en la televisión o tu pareja te puede estar diciendo:”En diez minutos está la comida”. Entonces, estás prestando atención a tres cosas y no te vas a equivocar en lo que escribes en el ordenador…

 

Interlocutor: Pero si abarco más...

 

Entidad: Sí. Entonces yo, en lugar de diez, como espíritu puedo captar treinta cosas, pero no trescientas. O sea, cuanto más abarco menos fluidez voy a tener en la captación. Te doy un ejemplo: como sabes un poquito de fotografía hablemos de píxeles. Lo mismo pasa en la transmisión de televisión: la televisión digital tiene mayor cantidad de píxeles... Cuanto más tratas de acercarte a un objetivo, siendo la grabación muy limitada, más difícil es que puedas captar un rostro. Otro ejemplo: si el foco de un satélite que graba imágenes de superficie no es muy preciso, cuanto más quieras clarificar la imagen quizás llegues a ver un vehículo limpiamente pero si quieres ver el número de chapa del vehículo no lo puedes hacer porque el foco del satélite es limitado en cuanto a píxeles. Entonces, mi atención a ti va a ser absolutamente plena, y si reparto la atención va a ser menos plena, es decir, semiplena. Y si sigo repartiendo la atención va a ser cuatro veces menos plena.

 

Interlocutor: Está bien. Ahora, en este momento, tú estás incorporado al médium, ¿no es cierto?

 

Entidad: Correcto.

 

Interlocutor: ¿Eso limita la percepción?

 

Entidad: Por supuesto.

 

Interlocutor: Ahora, vamos a suponer que te pregunto –como espíritu, seas tú o sea otro-, por ejemplo -no ahora que estás incorporado sino fuera, como espíritu, inclusive como espíritu 100%-: ¿cuántos extraterrestres en este momento están en la Tierra? ¿Cuántos ovnis están revoloteando? ¿Ese espíritu puede captar la totalidad?

 

Entidad: Sí.

 

Interlocutor: No lo estoy preguntando para saber cuántos sino me refiero...

 

Entidad: Yo tengo un 10% -que en este momento está conectado con este receptáculo- y hay un 60% ó 70% disponible que puede hacer un paneo conceptual, salvo que algún Thetán de algún extraterrestre -o lo que fuera- tenga su cortina conceptual bajada y me impida visualizar todo. Pero voy a hacerlo con una precisión bastante acertada.

 

Interlocutor: Está bien. Quiero precisar algo. ¿El espíritu 100% puede saber las cosas únicamente contactando con otro espíritu o con el Thetán o puede saber directamente percibiendo las cosas materiales? Porque percibir un ovni es una cosa material, no es una entidad, no es un ser, no se puede cerrar...

 

Entidad: Al ovni lo percibo conceptuándolo, como tú percibes esta mesa viéndola o tocándola…

 

Interlocutor: A ver, un momentito… ¿Para conceptuar ese ovni tienes que saber que ese ovni está o lo puedes descubrir sin saber que está? ¿Haces un paneo y descubres un ovni acá, un ovni...?

 

Entidad: Un paneo o… De repente se acerca un automóvil y tú escuchas con tu oído su motor. Pues yo lo percibo conceptuando la energía de ese ovni. Y, automáticamente, así como tú miras de dónde viene el automóvil o el tren, yo “miro” conceptualmente dónde está ese ovni.

 

Interlocutor: Claro, pero mi pregunta va si ese automóvil no hace ruido ni tiene luces ni nada...

 

Entidad: No lo percibiría. Obviamente, el ovni tiene una vibración energética, por más que sus motores sean antigravitatorios y absolutamente silenciosos y la misma antigravedad –y sabemos que la gravedad, según lo han revelado Johnakan y Morgan-El, no es una cuarta fuerza sino una desviación espacial- yo directamente la capto.

 

Interlocutor: Está bien. Vuelvo a preguntar para concretar. Yo, hipotéticamente, pregunto al espíritu: ¿Cuántos ovni, -no cuántos extraterrestres- están en este momento en Argentina? ¿El espíritu no me lo puede decir?

 

Entidad: Sí, el espíritu te puede decir. Si los capta te puede decir: “Bueno, en este momento hay veintitrés”. Yo te puedo decir: “En este momento hay veintitrés en esta región que llamas Argentina”.

 

Interlocutor: Hay veintitrés ovnis…

 

Entidad: Veintitrés, que pueden estar orbitando, siempre orbitando en alguna región, o en tierra o en alguna base o cerrado.

 

Interlocutor: ¿No necesita el espíritu conectarse con los tripulantes?

 

Entidad: No, porque conceptúo el objeto, del mismo modo que tú lo puedes ver volar. Por eso tenemos mayores habilidades que vosotros, porque yo puedo conceptuar un ovni que está incluso en una base a cien metros bajo tierra, y tú no…

 

Interlocutor: Claro.

 

Entidad: Ésa es la ventaja. Y hemos trabajado muchísimo con este receptáculo, de modo que le estoy dando un aplauso conceptual.

Hasta pronto.

 

Interlocutor: Hasta pronto, Radael.

 


Sesión del 15/4/10
Médium: Jorge Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Juana

 

Vivia en Ferro. Poco antes del fin de la guerra con Sargón su marido, militar, murió en una batalla. En distintas épocas había perdido su hijo pequeño y padres por distintas causas, y tenía mucho rencor por todo. Aprovechó su posición de mando en un organismo de índole tecnológica para difundir virus que paralizaron muchos planetas. Cuando razonaba no entendía por qué lo había hecho. Se arrepintió y ayudó a erradicarlo. Nunca supieron que había sido ella. Le quedaron, entre otros, muchos engramas de culpa. Advirtió de lo vulnerable que es la tecnología.

 

 

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            Entidad: Fijaos qué difícil es erradicar engramas de vidas tan lejanas cuando muchas veces apenas podemos con dudas de esta encarnación. Fijaos qué difícil es tener seguridad y convencimiento de que uno está en el camino correcto cuando quien se comunica, como Thetán, guarda en la memoria muchísimos caminos que aparentemente parecían correctos y luego no fueron tales.

 

            No es fácil para quien está encarnado -y que conoce poco de lo que es el mundo espiritual- asumir que su Thetán o Yo Superior haya tenido cuantiosas experiencias.

 

            Mi nombre en esta encarnación es Juana, y mi nombre en la vida de la cual voy a hablar era Johanna -¿casualidad o causalidad?-. Estamos hablando de 3.800 años hacia atrás en el tiempo. Y eso es lo que muchas veces dificulta al rol actual el incorporar a su conocimiento una vida absolutamente distinta fuera de todo lo que podía llegar a imaginarse porque ni siquiera fue una vida en Sol 3 -lo que conocéis como la Tierra- sino una vida en la Federación Sargón.

 

            Había nacido en un mundo de la periferia llamado Ferro. Habíamos pasado por una sangrienta, cruel y dramática guerra contra la Federación Sargón, un conflicto inútil por una supuesta independencia que se iba a lograr con un conjunto de mundos que se adhirieron a una idea que les pareció correcta.

 

Yo, siendo mujer, tenía el título de física. Era astrofísica y astrónoma. Trabajaba con ordenadores cuánticos y también con aparatos de comunicación subespacial. Digamos que en mis treinta y seis años de vida -equivalentes a Sol 3- tenía un tremendo conocimiento que desde pequeña fui asimilando.

 

Me casé con un soldado de la resistencia llamado Máxim. Unos pocos días antes de terminar la guerra me vino a visitar el comandante Alberto para decirme que Máxim Oriol había muerto en combate.

 

            El año anterior, por un problema genético -que es uno de los pocos temas que medianamente dominaba- había fallecido nuestro niño de cuatro años debido a que tuvo disfunciones en su parte cerebral desde antes del nacimiento y, a pesar de la tremenda tecnología que teníamos, no pudimos hacer nada.

 

            Mi padre hacía diez años que había desencarnado y mi madre hacía cuatro. Tenía familia en algún planeta periférico pero eran parientes lejanos.

 

Con la familia de Máxim no me llevaba bien pues eran fanáticos religiosos. Si bien era una época y un sistema de mundos donde la religión no era lo imperante -había mundos que sí- la religión seguía siendo perniciosa, hasta el punto que decían que una mujer, por el hecho de trabajar en investigaciones prohibidas por Entes de Luz, éstos nos habían castigado trayendo a la vida a un niño con problemas. Lo menos que les dije fue ignorantes puesto que creía en la existencia de una Esencia Suprema, pero que no castigaba ni perdonaba sino que daba opciones.

 

Había cosas que yo no toleraba, como la hipocresía, la falsedad y la mala ignorancia -o sea, la necedad- porque he tendido manos a infinidad de gente ignorante –como dicen los Maestros excelsos de Luz: ignorar algo significa desconocer de un tema-. Pero la familia de Máxim era ignorante, perversa, necia, cretina y obcecada. Teníamos equinos similares a vuestros burros… pues ellos eran mucho más obcecados... Entonces, prefería no tratarlos porque si bien yo tenía una gran armonía me molestaba la gente obcecada sin razón.

 

Me había vuelto rencorosa y estaba enojada conmigo misma. Tenía rencor con la guerra pero no con esa Esencia Suprema porque sabía que no tenía nada que ver Él con la muerte del niño puesto que era un problema físico. Tenía rencor con la guerra -no con Sargón ni con Ferro- porque cada uno defendía su idea. Al fin y al cabo, y viéndolo retrospectivamente, creo que los de Sargón tenían razón: quisimos librarnos de unos yugos que no existían.

 

            Entonces, cuando uno no puede levantar el dedo contra nadie, ¿qué haces? ¿A quién acusas? A nadie. O a todos. Hay algo que los Maestros de Luz dicen, y es que en la desesperación se te nubla el análisis y te invade el impulso. Me invadió el impulso y, cuando todo se calmó, tenía -no digo poder porque suena a sometimiento de alguien- tenía conexiones con gente que verdaderamente era sobresaliente y que, a su vez, tenía amigos en las altas esferas -llamémosle política, pero no eran esferas de poder- y lo que consiguió un cargo muy bueno en Ferro. Y mi rencor, mi amargura y mi soledad cada vez crecían más. Seis años después –a mis cuarenta y dos años equivalentes de Sol 3- ya comandaba una cadena de servicios de contactos subespaciales en diecisiete sistemas solares de la periferia.

 

Aún con lo sofisticados que eran los equipos en esos mundos, donde había transmisión holográfica y cristales para guardar información, existían modificados casi imposibles de percibir los virus informáticos para tales aparatos. La mente reactiva no razona, y sabiendo eso no daré más explicaciones. Infiltré dentro del sistema informático de todos esos mundos distintos tipos de virus. No solamente quedaron sin comunicación subespacial sino también los ordenadores cuánticos que dirigían las naves. Vosotros conocéis las Crónicas de Sargón y habéis leído los grandes sabotajes que hizo la resistencia de Ferro en los planetas de Sargón con explosivos, derrumbando edificios, etc. Pues esto no era menor. El retraso que trajo fue considerable. Y a veces en mi cuarto –tenía una casa inmensa pero me encerraba en mi cuarto donde tenía todo: dos ordenadores cuánticos, dos aparatos de comunicación subespacial y otro cuarto de gimnasia- me refugiaba a llorar porque a veces yo misma no entendía lo que había hecho borrando toda pista, indignándome con mis subordinados e inquiriéndoles: -¿Cómo que no sabéis de dónde viene todo esto? ¡Mirad el daño que se ha provocado!

 

Verdaderamente me había transformado en una actriz. Lloraba porque de noche por momentos recuperaba la lucidez y el análisis y no entendía por qué había hecho todo eso contra gente que seguramente no tenía absolutamente nada que ver. Lo que yo había hecho no causaba muertes -como en los atentados de la gran guerra- pero fue tremenda la debacle económica de todos esos mundos, y la gente que se quedó sin trabajo… De modo que seguramente que sí provoqué tremendos males…

 

Cuando caí en la cuenta de lo que había hecho, desde mi postura como Jefa, busqué por todos los medios encontrar el antivirus informático y, en pocos meses, logré frenar todo eso. Pero no se podía reparar lo dañado…

 

Recibí felicitaciones de las altas esferas por haber “frenado” ese tremendo atentado informático -seguramente de alguna mente enfermiza de Sargón que quedó con rencor-.

 

Si bien por momentos estaba impulsiva mi mente también tenía un ego cobarde de frenar el impulso de decir: “Sí, fui yo, y lo hice porque no quiero ser la única que sufra”.

 

No desencarné joven. Viví hasta los ochenta y seis años equivalentes de Sol 3. Hasta diez años antes trabajé, cooperé y ayudé mucho. Creé nuevos medios de comunicación. Nunca me crucé ni con el comandante Ascardín ni con el jefe rebelde –Airan-, los dos ex líderes de ambos mundos. Solamente vi sus holofotos.

 

Me quedaron muchos engramas de esa vida, y a veces tengo que hacer un esfuerzo para entender si eran engramas de soledad, de abandono, de incomprensión… En realidad, estaba todo en mi mente porque le gente me comprendía, me acompañaba y me quería. O sea, era una mujer querida…

 

Se ve que mi mente quedó afectada con lo de mi hijo –y luego con lo de mi esposo Máxim- y, obviamente, tenía una psique debilitada por esa tremenda guerra sin sentido. También tenía un tremendo complejo de culpa por haber saboteado todo lo informático, dejando sin comunicaciones, sin navegación y sin luz ciudades enteras, porque era todo tan avanzado pero, a la vez, tan endeble... Si hoy, 3.800 años después, en Sol 3 la gente entendiera que cuanto mayor es la tecnología mayor es la vulnerabilidad. Si dentro de esas pocas -o muchas- neuronas que tiene cada uno entendiera lo frágiles que somos... Pero es más fácil enseñarle a sumar a una piedra…

 

Gracias por escucharme.


Sesión 12/7/10
Médium: Jorge Olguín
Interlocutor: Karina
Entidad que se presentó a dialogar: Ardan-El, thetán de Álvaro R.

 

Relató una vida como miembro del ejército de Sargón donde era un soldado apasionado por la guerra. Al ir viendo las desgracias causadas por esta fue cambiando.

 

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