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Psicoauditación - Adriana

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 26/05/2022 Aldebarán, Núria

 


Sesión 26/05/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Recuerda pasadas situaciones que le han marcado parte de su vida, y repasándolas y contándolas a otro quizá pierdan gravedad, importancia. De todas maneras no se encuentra a sí misma viéndolo todo en perspectiva.

 

Sesión en MP3 (2.670 KB)

 

Entidad:

-Me siento con mucho júbilo.

-¿Por qué? -pregunté.

-Descubrí un hijo nuevo, solucioné el tema de mi esposa. Me siento muy bien.

-Y sí, ¿cómo te ibas a sentir?

-No entiendo -dijo Anán-, noto como un tono agresivo.

-¿Agresivo?, ¡agresivo para nada! ¿Alguna vez hablé con algo que no fuera verdad?, ¿quieres comparar mi vida con la tuya? Fuiste un huérfano, yo fui una criada que luego fue una especie de ama de llaves o dama de compañía.

-Bien, bien ahí.

-Pero en tu caso, ¿qué pasó?, te encontraste con tus verdaderos padres que eran reyes, fuiste príncipe de un día para el otro.

-Pero parece que lo hablaras con envidia. O me pareció

Lo miré.

-¿Me estás acusando de envidiosa? Tengo una fortaleza que tengo más poder que tu palacio.

-Entonces no entiendo, Núria, no entiendo el... como que yo tuve suerte o que mi vida me favoreció. He pasado por muchas cosas que tampoco sabes.

-Ah, sí, que tu primera mujer te envenenó. ¿Y quién habla de mí? Si Samia hubiera seguido viviendo yo hubiera seguido como su sombra, porque no era más nada que una sombra. ¿Qué opinaba? Sí, opinaba. ¿Y qué más? Cuando murió, que la hija de una manera muy altanera... Yo tengo una joven, quedas en libertad de acción... ¿Y a dónde iba? Estuve toda mi vida en palacio, ¿a dónde iba? Después, por aquel que está más allá de las estrellas, otra vez me topé con Ligor, fue como si recobrara mi vida. No, fue como si naciera. Porque todo el tiempo anterior fui una sombra. Hubo un lapso o dos donde apareció Ligor. Recuerdo cuando lo conocí, él no sabía que yo tenía descarga eléctrica y lo sorprendí. Después lo atendí otra vez cuando cayó mal herido con ese orco y después cuando formamos pareja. Y sí, fuimos felices, fuimos felices, es como que él era otra persona, tranquilo, calmo, no hablaba con desdén ni con burla, era una persona normal con su pasado. A veces me contaba del viaje en barco en el nuevo continente que había uno que era un poco raro que hacía notas, que buscaba piedras... Me encantaba, levantaba el farol con la vela encendida y me contaba sus anécdotas, pero las anécdotas serias cuando estuvo en los apartados, sus luchas, el temor de chico que le tenía a los dracons. ¿Y sabes cuando terminó todo eso?, cuando llegaron con el mensaje de ese Andahazi que quería unificar los reinos y él ser el que mandaba. Pero hasta ahí todo bien, hasta ahí todo bien. Hasta que apareció Randora. ¿Sabes cuántas veces pensé has qué punto la odiaba?, ¿hasta qué punto quería matarla? Recuerdo que ella vino a decirme que había tenido algo con él. Después se descubrió que no, pero... Y sé que él la rechazó, se que él la rechazó. Se. Pero inconscientemente, inconscientemente, ¿por qué tanta avidez de matarla que me apartó? La guerra ya había terminado, habíamos vencido y a toda costa quería ir a cazarla. ¿Para qué, con qué objeto?

Y después el tema de Donk. Muchos me echaron la culpa a mí como que yo a Donk le di como entrada, como que permití que él se acercara. Pero yo lo veía tan lejos, aún antes de ir a buscar a Randora lo vi tan alejado... Y estaba al lado mío.

-Le digo:

            -¿En qué piensas?

            -Nada. -Seco, cortado-. Habla con Donk, que él te va a entender mejor.

¿Entenderme? Donk había sido un héroe, había salvado aldeas, pero tuvo la debilidad de cruzarse con esa mujer que lo despreció desde que lo conoció hasta que terminó la relación. Es más, tuvo un hijo con otro. Es como que a él algo se le rompió adentro, él buscaba alguien que lo entendiera, alguien que lo volviera a convertir en quien había sido, en Novo. Y yo me sentía sola, pero más de unos escarceos, unos abrazos no pasó más nada. ¿Y por qué? Y no hay explicación. Me sentía débil, débil emocionalmente. Me sentía muy débil emocionalmente y Ligor no, no, no, no cazó en ese momento a Randora y se alejó de mí. Pero yo terminé forzando la situación, yo terminé forzando la situación porque no tenía sentido, no tenía sentido, estaba con un desconocido. No estoy exagerando, Anán, estaba con un desconocido. Yo forcé el divorcio, yo, lo reconozco. Pero mira la paradoja: ¿Cómo vencieron a Randora? Gracias a Donk. Donk fue el que hizo la trampa. Y hasta el último momento Ligor pensaba como que Donk se había unido a Randora. Le deseo que le vaya bien, le deseo de verdad que le vaya bien, que recupere su... Porque él mismo se burlaba de Donk: "Este es el héroe, este es el que vestía de blanco. Este es Novo, es un pobre llorón que cuenta sus cosas, que nos tiene cansados a todos". Y él ya no era el héroe de la espada, no era. Y deseo de corazón que lo vuelva a ser, porque cuando llevas algo adentro en un momento tiene que sobresalir, salvo que bajes los brazos y dejes de luchar. Pero a mí no me regalaron esa fortaleza, hubo una nueva batalla. Al fin y al cabo esa fortaleza, esa fortaleza es una contradicción, es una enorme contradicción y me sorprende que estemos cerca porque podría haber estado en el otro lado de Umbro.

-¿Por qué una contradicción?

-Porque en el palacio yo me sentía como que no era nadie. A veces Samia me trataba como una hermana, me hacía sentir bien. Y a veces "Ahora no, ahora no. Ve a tu habitación, porque...". Y más en los últimos tiempos, porque de jóvenes éramos compinches, cómplices en el buen sentido, jugábamos juntas. Jugar...  jugar a un juego de cartas, a adivinanzas. Pero ella fue madurando, yo fui madurando, pero ella fue como cuando ese vino toma un gusto amargo que hueles a vinagre. Bueno, así era ella, es como que había quedado mustia por dentro y se había alejado de mí. Entonces era como una sombra y sin embargo ahora he creado una fortaleza. Pero a veces me invaden los recuerdos y digo "¿Qué hago aquí? ¿Qué título tengo? ¿Qué poder tengo?". En realidad soy noble porque Samia lo nombró caballero a Ligor, así como tú nombraste caballero a Aranet, y el hecho de ser su esposa heredé la nobleza. No importa, el título de nobleza no se quita si uno se divorcia. O sea, que soy una dama pero no tengo como un lugar de pertenencia. Es como que a ti te fue más fácil, de repente esa mantita... "¡Ah! Es Anán. Que se saque esa ropa. Una tina, rápido, una tina con agua tibia". A mí me costó mucho. Aclaro que no tengo envidia de ningún tipo en el sentido de decir "¡Oh! Cómo me gustaría estar su lugar". No, no, cada uno en su lugar. Si yo tengo que conseguir algo, bien lo conseguiré. Es una fortaleza. Tengo una segunda, que sabe mucho de espada, que me apoya, que me ayuda como mi guarda espalda, pero a veces estoy más aquí a conversar, no sé con Émeris, con Ervina converso... ¿Por qué no vienen allá? Y no, es como que... Honestamente, no sé cómo levantar mi estado de ánimo. Muchos me dirán: "No, son días, son amaneceres, ya va a pasar". El recuerdo de mi soledad en los años de Samia no va a pasar nunca, el recuerdo de Ligor viéndolo como... ¿Quién es esta persona?, viéndolo como un desconocido. ¿O fui yo la que cambió, fui yo la qué demandaba más? Fue a partir de Andahazi. Teníamos un pequeño palacete, no nos molestaba nadie y él se olvidó de usar la espada, la tenía colgada en una pared. Se iba a los grandes almacenes, se iba sin espada, ¡je, je!, se iba sin espada. Vivimos felices. Quizá hubiera cambiado la cosa si hubiéramos tenido hijos, no sé, pero ya... No sé, ya era grande. No, no, No sé qué más decir, no sé cómo, cómo... Me dirás "Deja que Bastián te tome de la mano, que te de armonía". ¡Ay, armonía! Pero eso no es algo permanente. Aparte yo no quiero algo artificial. Bueno, dirás "No es artificial". No sé cómo explicarlo. Pensarás, no es que te adivine el pensamiento pero pensarás "¿No estará necesitando alguna persona que...?". Y no sé, porque yo tengo mi manera, ya no soy una niña. Tendría que ser alguien que..., no que me obedeciera, porque yo quiero un hombre, no quiero alguien, un pelele, un títere, pero de repente por ahí conozco a una persona de carácter y chocamos. Entonces no sé qué me calzaría como un guante, qué hombre me calzaría como un guante. No sé si se entiende. Y pensé que desahogándome contigo, porque encima te... sé que te agredí con mi ironía, pensé que al hablar contigo me iba a descargar pero no me descargué, al contrario me duele la garganta de la angustia, tengo los ojos llorosos, mira, mira. No estoy descargando hablando contigo. Y yo sé que me escuchas porque me miras a los ojos, me prestas atención, pero no sé con quién más hablar. ¿Con Fondalar? Hablé mil veces con Fondalar, quizá hay cosas para las que no hay solución. Aunque la vida da tantas vueltas... No lo sé, no lo sé. Hoy no lo sé, hoy no lo sé. No quería incomodarte con eso, voy a ir abajo que me preparen un té caliente y comer algunas masas no, no quiero entretenerte más.

-Bajaré contigo -exclamó Anán.

-Está bien. Sé que Marya está durmiendo, no..., nada. Comparte un té conmigo, me duele el pecho, me duele mucho el pecho. No quiero hablar más.