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Psicoauditación - Alfonso

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 31/07/2012

Sesión del 04/02/2013


Sesión 31/7/12
Médium: Jorge Raúl Olguín
Interlocutor: Karina
Entidad que se presentó a dialogar: Fonduel thetán de Alfonso

Comentó que sí hay cuestionamientos positivos que no provienen del ego y que sirven para que uno coja el rumbo en su vida. Relató una vida en Italia donde era dibujante. No compatibilizaba con su familia debido a sus ideas espirituales avanzadas. Abrió una escuela y fue un profesor respetado. Tuvo una pareja incompatible, la cual enfermó y murió. En un momento determinado donó la escuela y decidió vivir tranquilo. Finalmente habló sobre los engramas de incomprensión que tiene y dejó un mensaje para su 10%.

Sesión en MP3 (2.428 KB)

 

Interlocutor: Bienvenido...

 

Entidad: Es una suerte estar aquí con vosotros. Es para mí un placer comunicarme a través de este canalizador.

 

Interlocutor: ¿Cómo te sientes?

 

Entidad: Bien. Suprafísicamente hablando, bien.

 

Interlocutor: ¿Cómo ves a tu 10% encarnado?

 

Entidad: Con entusiasmo, con algunos altibajos, con ansiedad, con incertidumbres, con avidez de conocimiento. Por momentos con abatimiento por incomprensión del entorno, quizá no del entorno directo pero sí de cómo se va mostrando la sociedad actual y por cómo este hermoso mundo los seres encarnados lo están destruyendo de alguna u otra manera. Y bueno, uno, al estar encarnado, vive en este mundo.

 

Interlocutor: Dime, ¿cuál es tu nombre como thetán y en qué plano te encuentras?

 

Entidad: Mi nombre como thetán es Fonduel. Estoy en el plano 4 subnivel 1.

 

Interlocutor: ¿Cuál es el nombre de tu espíritu guía?

 

Entidad: Arbedol. Es un espíritu del plano 5 subnivel 5, no está encarnado. Es un ser que estuvo encarnado en la época del renacimiento en Francia. Ayudó a leprosos y murió joven, a los 42 años. Muy querido pero desconocido en la historia.

 

Interlocutor: ¿Cuál es el nombre de tu ángel guardián?

 

Entidad: Bilsar. Está en el plano 6 subnivel 1. Encarnó como mujer en la Italia del siglo XIV. Fue una persona que nació pobre, ayudó a muchos niños. No volvió a encarnar tampoco y es una entidad que me alienta mucho como ser suprafísico.

 

Interlocutor: ¿Cuál es tu misión en esta encarnación y cuál sería la lección a aprender?

 

Entidad: Mira, quizá mi frase sea un común denominador en lo que dicen muchos thetanes. Todos tenemos distintas misiones pero la misión en común es elevarnos y ayudar en la manera en que cada ser encarnado le sea más posible y lo pueda hacer más útil hacia sí mismo y hacia los demás. Y lección a aprender seguramente hay más de una pero no lo tomaría como karma porque no estaría en el plano 4, que es un plano Maestro...

 

Interlocutor: ¿Digamos que son unas asignaturas pendientes?

 

Entidad: Sí, son asignaturas pendientes a nivel engrámico porque en el plano 4 no tenemos ego, si bien mi parte encarnada sí lo tiene. Pero no es que tenga un ego de manipulación o un ego de dominación sino que es un ego...

 

Interlocutor: ¿Digamos un ego sutil?

 

Entidad: Sí, pero, aparte, cuestionamientos. Los cuestionamientos, de alguna manera, son roles de ego. Cuestionamientos quizás justificados, quizás no...

 

Interlocutor: ¿Consideras que está mal cuestionarse las cosas?

 

Entidad: No mientras uno se haga replanteos, porque a veces los replanteos sirven para que en la vida física uno pueda -cual barca que va a la deriva- enderezar el timón.

Y si tú me dices: ¿Qué lección a aprender no karmática? El no justificar todo, porque, a veces, justificar te puede hacer cómplice del error, el tolerar pero tolerar desde la altura, no tolerar desde roles de ego. Lección a aprender sería el aceptarme más como ser encarnado...

 

Interlocutor: Y aceptar a los demás.

 

Entidad: Por supuesto, aceptar a los demás. Pero aceptarse uno no significa transformase en dueño de la verdad. El quererse, el no vivir de la aprobación del otro no te transforma por eso ni en pedante ni en narcisista, te transforma en un ser que tiene el suficiente sano orgullo, la suficiente dignidad para aprender a decir no cuando hay que decir no.

 

Interlocutor: ¿Qué número en total de encarnaciones has tenido hasta ahora?

 

Entidad: Setecientas noventa y seis.

 

Interlocutor: ¿Quién fuiste en tu anterior vida?

 

Entidad: Mira, tuve una vida muy, muy longeva, 96 años. Me llamaba Andreo Botinetti. Obviamente, por el nombre te das cuenta que estuve en la península Itálica. Estuve en lo que es Milano. Fui dibujante, lo que llamarías ahora a lápiz, a grafito. Mi familia era de clase media-alta y despreciaban a los italianos de sur, al punto tal que llegaban a decir que entre la gente del sur y los africanos prácticamente no había diferencia.

 

Interlocutor: ¿Tú no te sentías identificado con tu familia?

 

Entidad: No, porque me parecía que el alma -y estoy hablando de una vida donde no tenía la concepción actual de lo que es el mundo espiritual, pensaba razonablemente bien- que el alma no tiene color, que el alma no tiene cuenta bancaria, que el alma no tiene raza, credo, religión. Y el alma se mancha "con actitudes nefastas" pero no se mancha por el lugar donde naces, donde encarnas, ni por el entorno que te rodea; se puede manchar con tus actitudes si no son benévolas, si no son tolerantes, si son actitudes despreciativas hacia el otro.

Hasta los 21 años estuve con mis padres. Mamá tuvo una larga enfermedad, muy larga enfermedad. Papá, dentro de todo, con su orgullo desmedido, se portó muy bien con ella. Obviamente, yo también ayudaba en la casa. El trabajo mío lo hacía como hobby, ayudaba a papá en la carpintería.

 

Interlocutor: ¿Fuiste feliz en esa vida?

 

Entidad: Sí, fui feliz dentro de lo que pude serlo. Al comienzo, mamá...

 

Interlocutor: O sea, tuviste una infancia feliz hasta la enfermedad de tu madre.

 

Entidad: Mamá desencarnó y, a los seis meses, por un problema del corazón -pero no de corazón amoroso-, del corazón real, falleció papá.

 

Interlocutor: ¿Qué hiciste a partir de ese momento?

 

Entidad: Vendí todos los bienes y marché hacia el sur de la península. Me establecí allí. Yo sabía italiano, sabía francés, sabía castellano y con el dinero puse una escuela.

 

Interlocutor: ¿Cómo te fue con ella?

 

Entidad: Me fue bien, fui muy querido, fui muy respetado. Yo era formador, incluso, de maestros y maestras.

 

Interlocutor: Digamos que en esa vida pudiste sentirte desarrollado.

 

Entidad: Sí, sí, verdaderamente sí.

 

Interlocutor: Y en el plano afectivo, ¿cómo te fue?

 

Entidad: Me casé con una joven española, de Cataluña; se llamaba Montserrat. Ella era más materialista pero buena persona. Con el tiempo fue trasmutando su carácter, se fue haciendo más materialista y más amarga en su forma de ser.

Ella no trabajaba. Cuando venía a la escuela no era tolerante con los niños, decía que los niños eran criaturas ruidosas y no los soportaba. Jamás discutía con ella cuando estaba exaltada porque era como dialogar con una higuera. Cuando estaba calmada le decía:

-Pero tú has sido niña y tú habrás cometido travesuras.

-¡Jamás! ¡Jamás!

 

Interlocutor: Dices que ella cambió con el tiempo, que no fue la persona que tú conociste en un principio.

 

Entidad: No. Al contrario, yo me sentía -con sano orgullo lo digo-, me sentía más elevado. Me gustaban temas espirituales, obviamente con el pequeñísimo conocimiento de aquella época.

Montse me decía: -Tú vives soñando, no estás con los pies en la tierra.

Y tenía poder sobre mí, poder de hacerme sentir mal.

 

Interlocutor: ¿Crees que esa situación, de alguna manera, se repite en esta encarnación?

 

Entidad: No. Entiendo que cada vida es distinta pero en esa vida tenía el poder de sacarme de mi calma porque yo le respondía:

-Si yo no vivo con los pies sobre la tierra pero he formado una escuela con 300 alumnos es porque para algo sirvo.

No era una indirecta, era casi una directa y ella me lo tomaba y me decía:

-O sea, que tú me acusas de inservible. Será porque no te puedo dar hijos.

Siempre buscaba el rol de víctima. Sí es verdad, no podíamos tener hijos pero yo me sentía cómodo con los niños.

Un día le dije: -¿Pero para qué quieres hijos si dices que son chillones los niños?

-Yo nunca dije eso.

O sea, se contradecía en lo que había dicho meses atrás, y era una eterna disputa.

Me sentí con complejo de culpa porque tras tres años de convivencia enfermó gravemente, algo muy parecido a lo que tuvo mi madre allá en la altura de Milano, y en tres meses falleció.

Si bien yo tenía la conciencia tranquila, extrañamente o tontamente, como tú le quieras llamar, me sentía como con...

 

Interlocutor: ¿Frustración, quizás?

 

Entidad: No, acongojado, con complejo de culpa por no haberla tratado mejor, pero yo hacía lo que podía, yo hacía lo que podía.

 

Interlocutor: Entiendo. Y, ¿cómo continuó tu vida? ¿Volviste a tener pareja?

 

Entidad: Hasta los 60 años seguí enseñando. Después, con un notario hice un documento y dejé al municipio la escuela, la doné. Me quedé con una pequeña casa y obviamente tenía dinero para el resto de mi vida, que fue bastante larga. Siempre tenía visitas en casa. Era muy querido. Siempre tuve amigos pero no esos amigos que te vienen a lisonjear, a halagar porque, ¿qué iban a sacar de mí?

 

Interlocutor: Los reales, los verdaderos, los que dicen las cosas de frente.

 

Entidad: Los reales, sí. Pero en algunas cosas me sentí frustrado, frustrado porque con mi padre no nos entendíamos, con la que fue mi pareja hablábamos otro idioma y, a veces, eso es como una asignatura pendiente. Pero te das cuenta de que no son karmas, son engramas, engramas de incomprensión, de que no todo el mundo habla tu idioma, como dije antes.

 

Interlocutor: ¿Ese era el momento de buscar la compatibilidad?

 

Entidad: Buenos, creo que por instinto todos los seres encarnados buscamos la compatibilidad en amistades, en pareja, en familia.

 

Interlocutor: ¿Por qué crees que muchas veces nos sentimos frustrados?

 

Entidad: Porque...

 

Interlocutor: ¿Buscamos o creemos buscar?

 

Entidad: No, no, buscamos, lo que pasa es que a veces cometemos el error de idealizar y al idealizar, luego vemos la realidad de la persona, que al fin y al cabo, el verdadero amor es amar a todos como son, no solamente a nivel de pareja, a un compañero, a un amigo.

 

Interlocutor: Digamos que idealizar y prejuzgar serían los dos extremos, que quizá tengamos que buscar un punto intermedio más realista.

 

Entidad: ¿Sabes qué? Idealizar y prejuzgar son los dos extremos, pero al igual que el infinito, se unen. Porque cuando tú idealizas de alguna manera prejuzgas porque se puede juzgar para bien o se puede juzgar para mal. El idealizar no deja de ser un prejuicio.

 

Interlocutor: Digamos que son los dos extremos de una sola línea que es la de la idealización.

 

Entidad: Claro, es así. Es como tú dices.

 

Interlocutor: ¿Hay algún mensaje más que quisieras darle a tu 10%, algo puntual que le pueda servir para esta encarnación?

 

Entidad: Mira, sí. Todo lo que emprendas, querido 10%, empréndelo con convicción primero.

Segundo: Asúmelo con perseverancia.

Tercero: Ponle voluntad.

A ello súmale templanza. Eso no te hará infalible.

Proyectos, afectos, sueños. Algunos se darán y otros no. Aun con todo ese sazonar que te he dado recién, a veces no depende de nosotros, a veces depende de los demás, de la sociedad. Y la sociedad, a veces es mediocre -y no creo que eso sea prejuicio- y te frena. A veces te ponen palos en las ruedas y esos palos en las ruedas hacen que no todos los sueños se te cumplan pero no por eso hay que agachar la cabeza ni tampoco hacer lo opuesto, atropellar ciegamente, como un toro al trapo rojo.

 

Interlocutor: Hay que perseverar.

 

Entidad: Hay que perseverar, hay que seguir adelante. No ser esclavo de las palabras de los otros, ni ser esclavo de nuestros propios perjuicios. Eso es lo que tengo para mi 10%.

 

Interlocutor: Se entiende, es un mensaje muy bonito. Te envío toda la Luz y agradezco que estés aquí. Estaremos en contacto.

 

Entidad: Me siento contento de haber departido con el 10% de una entidad angélica.

 

Interlocutor: ¿Te queda algo pendiente que te gustaría hablar en una próxima charla?

 

Entidad: Sí, ¿cómo no? De todas maneras, me siento feliz por haberme permitido hacer esta descarga porque todos los thetanes, al sentir la vibración del lenguaje hablado, hacen como catarsis, siempre, siempre. Y, bueno, hay que trabajar más sobre los roles de ego de mi parte encarnada, sutiles y no tanto, pero trabajar más.

Gracias por escucharme.

 

Interlocutor: Gracias a ti y hasta todo momento.

 


Sesión 04/02/13
Médium: Jorge Raúl Olguín
Interlocutor: Karina
Entidad que se presentó a dialogar: Fonduel thetán de Alfonso

En una vida en Francia recogió numerosos engramas porque la Iglesia obligaba al cumplimiento y perseguía a los que no comulgaban con ella y tenían otras ideas de cómo debe ser la religión. Luchó toda su vida contra sí mismo al tener que esconder su pasado, su identidad pues su familia peligraba por ello.

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Interlocutor: Bienvenido...

 

Entidad: Gracias, hermana, por permitirme conversar contigo a través de este receptáculo. Siento una dicha inmensa por tener la oportunidad de repasar una vida que me ha dejado bastantes engramas. Mi nombre es Fondu-El.

 

Interlocutor: ¿Cómo te encuentras como thetán y cómo ves a tu parte encarnada?

 

Entidad: Con inquietudes, lo cual no es negativo. Cuando nos cuestionamos algunos temas sanamente es un signo de que queremos aprender, no sólo para mejorar nosotros sino para poder enseñar a otros y de esa manera se forma una cadena de crecimiento hermanando a todos los seres.

Hace muchos siglos, exactamente en 1292, encarné en el territorio que se conoce como Francia. Mi nombre era Jacques D'Arbignac y cuando tenía poco más de dos décadas, exactamente a los 22 años, mataron a mi padre.

Yo había aprendido a amar a la caballería. Muchos nos acusaban de oportunistas, de materialistas, de poco religiosos. Sin embargo, la misma Iglesia Católica, que antes incluso que naciera mi padre, le dio a sus compañeros la facultad de poder luchar por la cristiandad fue la misma Iglesia en complicidad con el Rey de acusar a mi padre y a sus compañeros de traición, de traición contra la Iglesia, de adorar no a otros dioses sino directamente a demonios.

Perder a mi padre fue un vacío total dentro de mi alma. Todo el mundo lo quería a mi padre: "Alain, ayúdame con esto", "Alain, acompáñame a tal lado". Y sentí como que el odio que despertaba la religión era algo que no podía sacármelo de mi interior. Gente que era amiga mía me daba la espalda, gente que era como mi hermano no me hablaba para no comprometerse.

 

Interlocutor: ¿Qué actitud tomaste tú respecto a esta situación tan dura?

 

Entidad: Es verdad que todos tenemos miedo y que el valiente no es el que carece de miedo. El que carece de miedo es inconsciente o su mente está trastornada o vive fuera de la realidad, valiente es el que lo afronta. Pero cuando sabes que no llevas las de ganar ya no eres valiente, eres inconsciente.

Y si bien yo era demasiado joven para que me persiguieran las distintas murmuraciones hicieron que lacayos del Rey y lacayos de la Iglesia se fijaran en mí: "Jacques no sólo lleva la sangre de su padre Alain sino también seguramente sus ideas".

Me tuve que ir de la gran ciudad, que no era la urbe gigantesca que casi un milenio después fue París, y me fui al sur, muy al sur.

 

Interlocutor: ¿Tenías contactos en el sur?

 

Entidad: No, directamente en aquella época las distancias eran iguales a hoy pero se tardaba muchísimo más. Cogí un pequeño carro tirado por un caballo y me marché con mis pertenencias y un poco de dinero que tenía ahorrado. Llevé un traje humilde, dejé el traje de caballero. Tenía conocimientos de herrería, era experto en hacer buenas herraduras y me instalé con el poco dinero que me quedaba en lo que hoy se conoce como Toulouse.

 

Interlocutor: ¿Pudiste olvidar todo ese dolor pasado o quedó en ti ese, como lo llamabas tú, odio?

 

Entidad: No se si era odio o rencor...

 

Interlocutor: ¿O impotencia, quizás?

 

Entidad: ...impotencia, mortificación, la angustia de sentirte no traicionado porque aquí los traidores eran el Rey y la Iglesia...

Ya estábamos en 1318. Habían pasado 4 años de la ejecución de mi padre y otros grandes jefes de aquella famosa caballería y pasé a ser un simple herrero. Mamá había fallecido un año antes que papá por una penosa enfermedad.

Ella siempre me decía "Jacques, tú vas a seguir el mismo camino que tu padre. No es un camino sano, la guerra no es buena: cristianos, musulmanes... La guerra es ilógica. No conozco lo que es un campo de batalla, hijo, pero, ¿qué ves? Cadáveres de amigos y enemigos. Al fin y al cabo, todos son seres humanos en luchas ideológicas, religiosas, políticas sin ningún sentido". Mamá era sabia.

 

Interlocutor: ¿Sentías que había una lucha interna en ti desde aquellos mensajes de tu madre y los que eran de tu padre?

 

Entidad: Padre era un idealista, igual que su jefe. Su jefe era el maestro de una orden pero los acusaron de enriquecerse, de guardar secretos, de usar magia, alquimia, cosas que jamás he visto. La misma iglesia, para difamar, era la creadora de esos...

 

Interlocutor: Rumores.

 

Entidad: ...falsos rumores.

 

Interlocutor: ¿Consideras que tu padre, de alguna manera, podía ser realmente un problema para la iglesia?

 

Entidad: No mi padre, la orden en sí era un problema porque había logrado muchas conquistas. También tuvieron fracasos sangrientos. Habían tomado ciudades, los musulmanes acabando con cientos de vidas cristianas, pero se luchaba y se ganaba y entonces eran considerados héroes por la población. Y la Iglesia no quería héroes, la Iglesia no quería que nadie opaque su falsa luz, entonces acabó con todos ellos. Mi padre era uno más, era un soldado más.

 

Interlocutor: ¿Y qué pensabas tú respecto a estos temas?

 

Entidad: Yo amaba la caballería por la caballería en sí.

 

Interlocutor: ¿Admirabas a tu padre?

 

Entidad: Admiraba su idealismo. Yo también era idealista. Pero por otro lado madre me decía: -El idealismo pasa por otro lado, no pasa por ganar batallas, pasa por conquistarse a sí mismo.

No la entendía. Le digo: -La única conquista es derrotar al enemigo.

-No -me decía madre-, la única conquista es vencer nuestros impulsos y ser cautos.

Y me dijo una frase que no entendía, de aquel que consideraban hijo de Dios, Jesús de Nazaret, que decía "Sed mansos como corderos y astutos como serpientes".

Madre me explicó la frase: "No es necesario que seáis mansos como corderos pero ante el que tiene el verdadero poder aparentad ser mansos como corderos y ahí seréis astutos como serpientes pero no una astucia para engañar a nadie malamente sino para conservar la propia vida".

Y de alguna manera la Iglesia y los súbditos del reino pusieron los ojos en mí al comienzo porque mi rol no era el de una persona lista, era de un joven que vivía en las nubes, aparentaba torpeza. Pero después que murió mamá sentí que la vida era injusta, porque con ella conversaba mucho más que con padre.

Mamá se quejaba muchas veces: -No tienes idea, Jacques, de lo que es la soledad. En un año a tu padre lo vi cuatro veces, estaba más en batalla o en campaña que conmigo.

 

Interlocutor: ¿Cómo fue tu vida en Toulouse? ¿Fuiste una persona feliz, pudiste hacer tu familia, pudiste vivir en paz de allí en más?

 

Entidad: Fue una vida, una vida rutinaria al comienzo. En 1320 me casé con una joven, de lo que hoy se conoce como Toledo, una joven española, María Dolores, y adopté un perfil bajo. Tuvimos dos niños, dos varones. Íbamos a la iglesia, éramos fervientes cristianos. Yo no quería ser hipócrita pero amaba a mi esposa, a Dolores, amaba a mis niños y la única manera de estar bien es estar bien con la Iglesia. Cuando los niños crecieron Dolores les contaba a los niños andanzas de los caballeros y ella sabía de mi pasado.

Me dijo: -Te admiro de todas maneras. -Palabras sabias me dijo. Era sabia como mi madre-. Jacques, la esencia que tú llevas dentro la llevas aunque seas un caballero con espada, con lanza, con el traje, sin el traje, que seas herrero, que agaches la cabeza. Tu dignidad está intacta y sé que tú no comulgas mucho con esta falsa cristiandad pero sé que lo haces por nosotros porque nos amas más que a ti mismo o por lo menos tanto como a ti mismo.

Dolores había aprendido mucho. Ella era religiosa pero no de las religiosas fanáticas; era una religiosa sana, se podría decir. Cuando cumplí 45 años voy a una pequeña taberna y había un hombre muy obeso, la cara roja, los ojos celestes, vociferando. La gente no le prestaba atención. Me siento al lado y tomo un trago de mi bebida y el hombre obeso me mira con ojos celestes.

Me dice: -¡Jacques!

Lo miro y le digo: -Sí.

-¿No me reconoces? Estuvimos luchando juntos.

Lo cogí del brazo y nos sentamos a una mesa. Le hago señas para que hable bajo y le digo: -Pero tú pesabas 20 kilos menos.

-La buena vida. Ahora trabajo con cueros. ¿Te acuerdas de aquellas luchas? Nadie se va a olvidar de los Caballeros.

Miraba para todos lados. Terminamos la bebida, lo cojo del brazo nuevamente y salimos.

En la calle le digo: -¿Siempre eres así de imprudente?

-¿Qué me van a hacer? ¿Qué me van a quitar? No me casé, no tengo familia, vivo al día, hago lo que quiero. Algunos me toman por loco porque vocifero. ¿Y tú?

Le conté que era casado con dos hijos.

Pero había cogido temor de que él viniera a casa. Yo no es que tuviera un comportamiento egoísta pero mi familia, para mí, era sagrada y mi ex-compañero vociferaba mucho y sabía que lo tenían marcado y con todo el dolor del alma no le invité a casa y a la semana lo encontré muerto en un callejón. Alguien lo había apuñalado.

Una vez vino el Padre Pablo: -El domingo hacemos una fiesta en la Iglesia. Traed, por favor, a los niños.

-Sí, Padre, por supuesto, nunca faltamos. Incluso voy a llevar una colaboración para vosotros.

-Os agradezco, querido Jacques. A propósito, ¿tú conocías a aquel señor obeso?

-Padre, era una persona tan rara... -le digo-. Sí nos encontramos a beber un par de tragos y vociferaba cosas que me ponían incómodo.

-¡Oh, sí! Él estaba en contra del clero, de la religión. Por eso te alejaste, ¿no?

-Bueno, Padre, usted sabe, es mi vida, jamás me meto en disturbios y me aparto de todo aquel que habla mal de Nuestro Señor.

Me palmeó el hombro y me dijo: -Eres un buen cristiano.

-Eso espero, Padre.

Me miró a los ojos y se marchó. Estoy seguro que vino a tantearme, a ver qué relación tenía con el difunto, pero ahí quedó todo. No sé si fue cobardía de mi parte pero yo me debía a mi familia y opté por negar toda relación con mi ex-compañero asesinado.

Fui feliz con Dolores. Mis hijos crecieron con una enseñanza religiosa. Sentía como un dolor interno porque ellos tomaban a los Caballeros como oportunistas. Mamá nunca les contó mi pasado y ellos tenían una opinión contraria.

Una vez el mayor me dijo: -Papá, esos Caballeros de tiempo atrás muchos eran delincuentes y amasaron fortunas.

Le respondí: -No creas todo lo que escuches. Si hubieran amasado fortuna todavía habría alguno de ellos y no hay nadie, los han matado a todos.

-Padre, yo converso con gente y yo sé que hubo cientos de ellos que se han escapado a otras regiones. Incluso se comenta que algunos están aquí.

-Los conoceríamos.

-Y tú, padre, cuando eras joven, ¿nunca te interesó la caballería?

-¡Oh, sí! He tratado mucho con caballos. -Y le mostré una herradura. Largó una carcajada y se marchó-.

Me sentí molesto de negarle mi pasado a mi propio hijo pero él... Si el abuelo resucitara y viera que su nieto estaba en contra de sus ideales y que su propio hijo negara a su abuelo... En realidad lo hacía por su propia protección. El poder de la Iglesia seguía creciendo y tenía mucha ascendencia sobre los distintos reyes de turno.

 

Interlocutor: ¿Crees que de alguna manera engramas de esta vida que nos estás relatando puedan estar afectando a tu 10% en este momento?

 

Entidad: Quizá no como condicionamientos, quizá como inquietudes porque en esa vida en Francia hubo engramas de pérdidas, engramas de ocultar los verdaderos ideales, engramas de negar a tu propia descendencia tu verdadero origen, engramas de negar a la Iglesia que tú tenías un compañero que había sido un Caballero de andanzas. Y la negación hace que te niegues a ti mismo, niegues tus ideales, tus verdades, pero no para conservar tu vida...

 

Interlocutor: Sino para cuidar a los que tienes alrededor.

 

Entidad: ...porque mis hijos no lo hubieran entendido.

 

Interlocutor: Muchas gracias por este relato y, bueno, espero que te puedas sentir más desahogado.

 

Entidad: Hay mucho más para contar pero lo guardaré para una próxima oportunidad. Pero la historia la escribe aquel que tiene el poder y se ha desfigurado mucho, mucho se ha desfigurado. Mis ideales están intactos pero tenía razón quien había sido mi madre biológica en esa vida de que la batalla es vencerse a uno mismo, las otras batallas no sirven. De todas maneras, el amar la caballería no significa que vayas a un campo de batalla a luchar contra hombres de otras creencias o conquistar ciudades; pasa por otro lado, y el que no lo entiende por más que tú se lo quieras explicar con mil palabras va a seguir sin entenderlo. Quizá tú me captes a qué me refiero, querida hermana. Te agradezco.

 

Interlocutor: Toda la Luz para ti y para tu 10%. Estamos en contacto. Hasta todo momento.