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Psicoauditación - Andahazi

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 24/08/2018

Sesión del 18/09/2018

 


Sesión 24/08/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Entidad que fue Andahazi

El señor de Villa Real, en Umbro, relata cómo llegó a dominar reinos, cómo llegó a hacerse respetar, temer y a odiar incluso. Engramas de niño, adolescente y hombre le llevaron a ello. Pero estaba de acuerdo con que fuera así.

Sesión en MP3 (2.598 KB)

 

Entidad: Muchos me tildarán de cruel, otros me tildaran de despiadado pero quisiera veros a vosotros pasar por distintas situaciones de humillación como he pasado yo, y después me diréis qué pasa por vuestra mente ante maltratos, desprecios, burlas. Luego me diréis -y no me tachéis de vuestra lista porque estoy siempre presente, el maltrato me ha dado fuerzas-, diréis "Deseos de venganza, desquite". ¿Pensáis que me importa vuestra opinión? No, para nada.

 

Mi nombre era Rendo. Mi padre estaba en la feria feudal y quizá su cabeza no funcionaba bien y intentó trabajar llevando fardos, luego trayendo verduras. En un momento dado se quiso poner un puesto en la feria feudal pero no le daba la cabeza, incluso fue maltratado, una mano le quedó inútil, la derecha. Entonces empezó a pedir, aunque sea metales cobreados, para comer. Era mendigo, Nunca lo comenté con mi compañero, pero padre conoció a madre en una posada y ella se deslumbró con él pensando que era un comerciante y bueno, quedó embarazada de mí. Me tuvo, nací bien, pero al poco tiempo ella murió de una infección. Así que me quedé con padre acompañándolo en su inútil mendicidad. La mayoría de mis compañeros me despreciaban, no querían jugar conmigo "¡Ja, ja, ja! ahí va Rendo, el hijo del mendigo.

Había un niño que a veces me defendía no de la burla si no del ataque de otros compañeritos, se llamaba Silas, era hijo de un soldado. A veces me enseñaba a espadear con espadas de madera.

 

No se trata de jactarme pero de pequeño era muy muy inteligente, muy muy intuitivo y me daba cuenta de que Silas me apreciaba de verdad. Había otros chicos que quizá se juntaban conmigo pero cuando los veían se apartaban de mí, es como que les daba vergüenza que los vean con el hijo del mendigo. No así Silas, más de una vez ha sacado la cara por mí. Incluso cuando gente grande intentó atropellarme o sacarme del medio, Silas se interpuso y como sabían que era el hijo de un soldado no le decían nada, seguían su camino.

 

De la misma manera que soy rencoroso, lo reconozco, de la misma manera soy también agradecido. ¿Que fui maltratado? ¡Buf!, muchísimas veces.

Hasta que un día me enteré de que mataron a mi padre. No sé quien lo mató, sólo sé que tenía una bolsa muy pequeña de metales cobreados. ¡Je! Le alcanzarían para comprar alimento para dos días, hasta eso le robaron.

Me llevaron como esclavo al palacio del señor Murahazi, me sentía más que intimidado. ¡Al palacio del señor! Hasta que lo vi. Una figura imponente, una mirada de fiereza, pero puso atención en mí:

-¿Quién es este joven? -El jefe de la guardia le dijo:

-Rendo, el hijo de un mendigo que mataron.

-¿Y qué hace aquí?

-Bueno, lo trajimos como esclavo, que haga las limpiezas, que limpie la cuadra, los deshechos, que junte el abono de los hoyumans.

-No, no, no -dijo Murahazi-, dejádmelo a mí.

 

Yo temblaba de miedo a lo desconocido. Me llevó a la planta alta y habló con dos sirvientas, me despojaron de toda la ropa y me metieron en una tina con agua tibia perfumada, me daba vergüenza porque estaba desnudo delante de las sirvientas, pero bueno, era un niño. Me lavaron la cabeza con una crema perfumada y luego me llevaron a la cocina donde me dieron de comer, parecía ave, un ave sazonada acompañada por verduras, algo tan rico que nunca había comido. Y estuve así días y días y días hasta que recuperé peso porque estaba famélico, desnutrido y me empecé a sentir mejor, más seguro.

Hasta que después de tantos días apareció de vuelta el señor Murahazi y me dijo:

-Dormirás en mis aposentos.

 

Me abrazaba como nunca me había abrazado mi padre, me acariciaba -no digo como nunca me había acariciado mi madre porque prácticamente no la conocí-, y para mí era algo normal esa muestra de afecto de Murahazi que nunca había tenido hijos. Y entendí que sus caricias, sus abrazos eran paternales aunque por momentos el acercamiento era como demasiado incómodo para m. No quiero entrar en detalles pero era un acercamiento muy muy muy incómodo, y no puedo decir que me fui acostumbrando sino que me fui adaptando.

A medida que fui creciendo me di cuenta de que no era afecto lo que sentía el señor Murahazi por mí si no que eran abusos cariñosos de parte de mi protector, y me di cuenta de que esos abusos cariñosos eran la paga por ser el protegido del amo, ¡je!

Y pasó el tiempo hasta que un día el señor Murahazi enfermó, ya no me prestaba tanta atención en el sentido de caricias y abrazos y eso me hacía sentir como más... ¡ah!, libre, pero por dentro sentía un tremendo rencor porque estaba como cohibido. Veía varias jóvenes nobles en la corte pero es como que no me llamaban la atención entonces qué ¿me había adaptado o me había acostumbrado al abuso cariñoso de mi protector?

 

Tomó un par de pergaminos los hizo sellar y se los mostró a los oficiales de la corte, obviamente me había enseñado a leer y a escribir, me había enseñado las cuentas matemáticas también, o sea, que estaba muy bien ilustrado, más que la mayoría del reino.

Y finalmente mi protector murió y me encuentro con la sorpresa de que había decretado con todos esos pergaminos sellados de que yo iba a ser su sucesor y que si alguno se opusiera le cortarían literalmente la cabeza.

 

Nadie sabía lo que había pasado en los aposento de Murahazi, para todos, para todo el reino, para todo Villa Real yo era su protegido. Y vaya sorpresa, asimilé rápidamente que ahora tenía todo el poder. Miré todos los decretos, ahora me llamaba Andahazi el nuevo señor de Villa Real, el heredero de Murahazi. Y como dije antes, así como guardo rencor, de la misma manera también tengo gratitud. Y tuve mucha gratitud por Silas, lo nombré mi lugarteniente. Silas era el único de todos los que conocí que me tenía un aprecio real, y yo también tenía un aprecio tremendo por él, el único que cuando yo era el hijo del mendigo me había defendido, el único que no tenía vergüenza de estar conmigo. Pero claro, ahora yo era el señor de Villa Rea. Silas, mi leal lugarteniente, él me decía señor y yo no lo corregía.

 

Rendo ya no existía. Rendo había muerto de la misma manera que había crecido, que había resurgido del fondo de mis entrañas ese tremendo rencor por la enorme humillación que había tenido de chico. Y vaya, recorría la fortaleza de punta a punta y era enorme, la cantidad de soldados que tenía pero quería más, quería más y sabía cómo hacerlo. Sometería primero a los reinos cercanos, les ofrecería protección contra hordas extrañas a cambio de su sumisión y de un pago obviamente. Sí, me llamarían el conquistador, me tildarían de tirano pero no, nadie era más inteligente que yo, era el amo de la estrategia, era el dueño de la táctica y era el señor de la desconfianza. Si desconfiaba de alguien no preguntaba, lo hacía ejecutar y punto. ¿Que con eso sembraba terror? ¡je, je! ¡Qué me importa! No deseaba que me quisieran, quería que me temieran, quería que me tuvieran pavor. ¿Que si me daba pena someter a los demás? ¡je, je!, ¿Y quién tuvo pena de mí? ¿Quién tuvo pena de mí, quién sois vosotros para juzgarme? Nadie, no sois nadie. Y sé que van a venir enemigos, pero van a rodar sus cabezas.

 

Tengo mucho para planificar y voy a crecer hasta límites infinitos. Sé que aquel que está más allá de las estrellas me juzgará, pero por algo nací. No nací para ser el hijo de un mendigo. ¡Je, je, je!

¿Que Murahazi me sometió con amor? En realidad le agradezco, ahora soy el señor de Villa Real. Tengo una pequeña guarnición de seis mil hombres, sueño con tener sesenta mil hombres bajo mi mando y nadie, nadie se va a atrever a meterse conmigo. ¿Deseo fortuna? Tengo fortuna. ¿Mujeres? No me interesan. ¿Poder? Sí, sí, eso sí. Quiero poder. Quiero que todo Umbro quepa en mi mano. Y eso es lo que decreto desde ahora.

 

 


Sesión 18/09/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Entidad que fue Andahazi

El señor de Villa Real estaba siendo tentado por una mujer que le ofreció ayuda para ganar la batalla contra los rebeldes. ¿Qué esperaba a cambio?

Sesión en MP3 (2.766 KB)

 

Entidad: Mi humor... mi humor estaba cambiante; momentos de euforia, momentos de depresión, momentos de angustia, momentos de rencor. Y esta mujer...

-¡Randora!

-Sí, Andahazi.

-¡Soy tu señor! Ni siquiera Silas, que era mi lugarteniente, me llamaba por el nombre.

-Como tú digas, Andahazi.

-Primero pensé, cuando trajiste a esta mujer, Nuria, ¿no te preguntaste porqué te pagué? ¿No te preguntaste para qué la quería si estábamos ganando?

Me molestó que la mujer se encogiera de hombros y me respondiera: -Me imaginé que algún truco tendrías, porque no te creo generoso.

-Tienes el descaro de responderme. ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Qué me impide matarte? ¿Qué me impide llamar dos de mis soldados y ejecutarte? Te has pasado de lista, has traído una supuesta víctima y mira, estamos escondidos detrás del tercer muro. ¿A quién has traído, a una que tiene el poder del rayo? ¡Cómo te engañó, cómo te engañó! Y ese pequeño, ese pequeño engendro...

-¿Hablas de la niña?

-Eso no es una niña, eso es un engendro. ¿Cómo no acabaron con ella todavía, cómo no acabaron con ella? Mírame a mí: alto, con un tremendo garbo... Detesto las razas extrañas de este mundo. Nos atacan con hombres alados. No son hombres, igual que ese pequeño engendro de niña, no es humana, acabaría con ella ya mismo. Y esa que trajiste con el rayo... Esa gente no merece estar en este mundo. ¡Qué pasa con aquel que está más allá de las estrellas que produce este tipo de abominaciones! ¡Ah! Si fuera por mí ¡cómo limpiaría este mundo! Tendría soldados perfectos, gente que me obedezca. Y tú, tú, encima que has traído a alguien que te ha jugado en contra, te ha salido mal la jugada, se juntó con esa niña, con ese engendro. Ya están volteando la segunda muralla. Por suerte otro reino del norte se juntó y aportó mil hombres más y los estábamos venciendo, los estábamos venciendo. Ahora para sacarme el gusto, dime Randora, ¿por qué no tendría que matarte? -No le veía rostro de miedo, para nada, tampoco rostro desafiante; tenía una pequeña sonrisa como que ocultaba algo-: ¡Dime! -le exigí.

-¿Tú te piensas Andahazi que yo tengo un sólo plan? ¿Tú te piensas que yo me encontré con un esbirro tuyo y me dice "tú ofreces una recompensa por un rehén" y ya está?, ¿y que con eso me basta? Yo anduve mucho, anduve veinte ciclos por todas las regiones, conozco muchísima gente, tengo muchísimos informantes porque tengo metales guardados, esa bolsa que tú me has dado no es nada.

-No me has dicho nada. ¿Por qué no debo ejecutarte? -Insistí.

-Porque tenía otro plan, tenía otro plan. Busqué pueblos desconformes con la situación actual, pueblos que quieren vivir tranquilos aunque sea aportando un pequeño gasto para ellos y tendrían paz.

-Me sacas de las casillas mujer, explícate bien -exigí.

-Me enteré de que los lumarios no están conformes con su vida, les gustaría tener más posesiones, casas que no sean de madera que al primer viento se quiebren.

-¡Ja, ja, ja! Randora, lo vuelvo a preguntar: ¿qué me impide ejecutarte? Estamos hablando de gente que está desconforme, que va a pagar protección y si no entendí mal habría que ayudarlos a que mejoren sus casas, a que tengan mejores terrenos. ¿Y qué gano yo?

-A veces no te entiendo Andahazi.

¡Qué descaro esta mujer hablándome así!, pero me intrigaba. Si le abría la garganta me quedaba con la duda, con la intriga, con el interrogante. -¡A ver, sigue!

-A la larga ganas. Además, los lumarios si bien son buenos jinetes de hoyuman manejan muy bien los dragodractors.

Fruncí el ceño: -¿Y esos bichos?

-Son como estos dracons que están haciendo mella en nuestras huestes.

-¿Nuestras? ¡Mis huestes!

-Lo que digas, pero los dragodractors son mucho más maniobrables. Y uno de mis informantes me contó su disconformidad y le dije mi plan y en este momento, ya en este momento hay una horda de cien lumarios que vienen a ayudarnos.

-¡Ja, ja, ja, ja! ¿Cien lumarios? Acabo de decir que se anexó otro reino del norte con mil hombres. Me hablas de cien lumarios...

-Si en vez de interrumpirme prestaras atención, Andahazi...

Me tomé la cabeza, qué mujer desfachatada, se abusaba de mi intriga: -Sigue. A ver ¿por qué son tan valiosos cien?

-Porque montan cien dragodractors, atacan desde lo alto y vamos a ganar, vamos a vencer. Escucha, escucha ese griterío, ven asomémonos a la torre.

 

Nos asomamos, era la tercera y la última fortificación y me quedé asombrado, contento, excitado. Esos animales eran como los dracons, pero cuatro veces más pequeños, del tamaño de un hoyuman y desde lo alto estaban acabando con la resistencia. -¡Le pido a aquel que está más allá de las estrellas que una de las lanzas le pegue al pequeño engendro!

-Por las dudas, ¿ese túnel es el único túnel?

Fruncí el ceño.

-¿Por qué, planeas escapar? -La mujer se encogió de hombros.

-No, vamos a ganar, pero de la misma manera que tengo varios planes, de la misma manera hay que tener varias vías de escape.

 

Detrás de la fortaleza hay un pequeño río y hay otro túnel que ni siquiera mi ex-colaborador Silas que huyó, lo conocía. Queda detrás de la cocina, pero ni siquiera los que trabajan no lo conocen.

-¡Mira tú!

¿Estos jinetes con esos bichos alados son obra tuya?

-Obra mía no, plan mío, sí.

Respiré aliviado: -Bien, bien.

La atrevida me preguntó: -¿Puedo ser tu consejera? No creo que el que tuvieras antes valiera la cuarta parte de lo que valgo yo, porque yo no solamente doy consejos también planifico, y aparte tengo las agallas de corregirte si te equivocas en algo.

Obviamente que tocó mi orgullo y le dije: -Yo nunca me equivoco.

-¿A no?, ¿te piensas que hubiéramos ganado sin los lumarios montados en dragodractors?

-¡Claro que hubiéramos ganado! Aún con ese pequeño engendro. Le apretaría el cuello con mis manos. Sí, sí. Hasta que sus ojos estén vidriosos y no vean más. ¿Piensas que soy cruel, mujer? ¿Te asusto?

-¡Ja, ja, ja!

-¿Ahora te ríes tú?

-¡Ay! Andahazi, no conoces mi vida.

-Eres más joven que yo.

-Sí, seré más joven que tú pero he vivido más que tú. ¿Cuántas veces has salido de la fortaleza?

Me quedé pensando, me encogí de hombros: -Algunas veces, para cazar algún cervatillo, pero no, no he salido. ¿Por?

La mujer dijo: -Porque yo he conocido diez veces más mundo que tú, he conocido todo tipo de personas, todo tipo de regiones, sé lo que piensa cada persona en cada región sólo con verla.

-¿Que tienes poderes? -pregunté.

-No, tengo algo mejor: deducción.

-A ver, tú dices que tienes metales escondidos en un lugar, ¿qué ganas con ayudarme? Está bien, supongamos que te nombro mi segunda, supongamos. Tú ya tienes metales, entiendo que no le debes nada a nadie. ¿Qué te falta?

La mujer me miró a los ojos y dijo: -Me falta poder, ejercer el poder.

Negué con la cabeza: -Viniste al lugar equivocado, el único que ejerce el poder aquí soy yo, Andahazi, nadie más ejerce el poder. Puedo escuchar tus opiniones, puedo nombrarte mi segunda, mi consejera, lo que sea, el título es lo de menos, pero el poder lo detento yo, nadie más que yo. Así que si has venido por eso te permito marcharte por la ayuda que has traído con los lumarios, nunca había visto de cerca esos dragodractors. Bien. Una vez que acabemos con los rebeldes nada nos detendrá.

-¿Te das cuenta? -dijo la joven-, estás hablando en plural, nada nos detendrá. Cuentas conmigo.

¡Uf! Me ofusqué: -Es una manera de decir.

-Di la verdad -dijo la joven-, con confianza. Tú precisas una buena consejera que te cuide las espaldas.

-La palabra consejera me gusta, de confianza no me gusta, todos me dicen señor.

-¿Te molesta -dijo Randora-, que te llame por tu nombre?

 

Quizá me sentía descolocado de que alguien no me tuviera el respeto que me merecía pero por otro lado esta mujer tenía algo que me atraía, pero no, no, no, no, no en el sentido de mujer. Yo pasé por muchas vejaciones y si bien guardo un rencor tremendo con mi juventud es como que nunca tuve una intimidad, un acercamiento con una mujer. Y no sé si podría, me daría como... no rechazo, pero como impresión. No, no, no sabría cómo. Bueno, me molesta hablar del tema, no sabría cómo hacer, de verdad. O sea, que no, no me atraía en ese sentido; en el sentido de que siempre escondía algo. Siempre cuando estaba al borde del precipicio se le ocurría una idea.

Y le pregunté: -¿Y si hubiera fracasado lo de los lumarios, que no hubieran aceptado tu propuesta?

La joven sonrió muy segura de sí misma: -Tenía varios planes más, pero me los guardo para mí.

-¿Por qué?, tienes obligación de decirme. Te nombro mi consejera.

-Perfecto. Te doy consejos pero hay información que me la guardo para mí. Para mí la información es más cara que cualquier metal.

-¡Eres una zorra muy astuta!

Se rió descaradamente Randora: -¿Piensas que me insultas cuando me dices zorra?, es un elogio para mí. Mira, mira de vuelta, mira detrás los muros, mira los rebeldes como están cayendo bajo las lanzas de los lumarios, mira de cuántas regiones nos vamos a poder apoderar. ¡Ah! Dime la verdad, Andahazi, ¿te soy útil o no te soy útil?

Asentí con la cabeza sin hablar: -Pero soy prudente, no canto victoria hasta no ver el resultado final, todavía hay dracons volando, todavía el segundo patio está en poder de los rebeldes.

-Ya no. Fíjate, los rebeldes del segundo patio están cayendo, los vamos a hacer retroceder.

-¡Ah! -Inflamé el pecho de satisfacción.

 

Sí, al final debí admitir que esta mujer, zorra, me era útil, así que por ahora la iba a mantener con vida. Pero que no juegue mucho conmigo ¡porque el poder es mío!, ¡¡mío!!, y nadie me lo va a quitar, nadie. ¡¡Soy Andahazi, el señor de Umbro!!