| Índice |
Psicoauditación - Angels |
|
Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
|
Sesión del 31/11/2007 Médium: Jorge Raúl Olguín. Entidad que se presentó a dialogar: Tethán de Angels.
Relató una vida en Puebla en una familia de labradores, pobre pero feliz. Un día ayudó a una niña que estaba explotada por sus familiares, extendiéndose en diversas conclusiones positivas que extrajo de la situación así como de otras circunstancias. Que atroz que es pensar en las vivencias ocurridas en distintas vidas donde te sientes oprimida como ser humano, donde te sientes doblegada, donde no solamente sufres por ti misma, sino que sufres por otras, que finalmente terminan siendo víctimas. Entre todas las encarnaciones que encarné, en Puebla, en el territorio conocido como México, me llamaba Clarita, Clarita Juárez. Estaba en una familia bastante buena, de labradores, una familia pobre pero feliz. Éramos cuatro hermanos, tres varones y yo. Los varones todos trabajaban con mi padre. Teníamos muchos animales. Íbamos únicamente al almacén de ramos generales en el centro del pueblo, a comprar alguna que otra cosa que no teníamos en la granja, pero éramos felices. Yo fui creciendo, al igual que en otras muchas vidas, expectante de conocer a Dios, de saber cómo era la figura del Padre, porque no me creía, un señor mayor con barba, como nos hacían creer las maestras. A veces estaba en éxtasis. Me encontraba al atardecer de cara al volcán, y pensando ¿por qué Dios hizo este volcán? ¿Qué hay dentro de él que a veces puede sacar humo, lava? ¿Es el infierno que sale a la superficie? o es simplemente un movimiento de este mundo llamado tierra y que el volcán es una especie de descompresión de la gran presión interna. No me preocupaba tanto de los asuntos terrenales si bien era curiosa por naturaleza. Era tan curiosa que estudiaba todos los libros religiosos, pero tenía muchas dudas. ¿Por qué dibujaban a los Ángeles con alas si teóricamente los Ángeles eran seres no materiales, no precisaban alas para sustentarse en el aire? ¿Por qué decían que había gente que había ascendido al cielo en cuerpo y espíritu? si yo sabía positivamente que el cielo, como cielo, era algo falso porque el cielo era algo espiritual y eso nadie me lo había enseñado. Nadie. ¿Por qué tenía que haber un infierno eterno cuando la falta era pequeña? ¿Por qué los sacerdotes en los templos hablaban de misericordia divina si al rato hablaban de castigo eterno, y ambos no se conjugaban entre sí? ¿Por qué en el antiguo Testamento hablaban de venganza y en el Nuevo Testamento hablaban de perdón? ¿Por qué tal diferencia entre el "ojo por ojo" y el "diente por diente" y el "ser como niños y llegaréis al reino"? El Antiguo Testamento me chocaba, me chocaban sus luchas fraticidas, sus dioses vengativos; porque mi Padrecito, -como yo le llamaba a Dios- no podía ser tan cruel como lo que le hizo a Job. No podía ser mi Padrecito. Cuando cumplí dieciocho años, había una niña, una pequeña llamada Juanita, de ocho, que era considerada como una santa. Juanita Vargas. Su familia dicen que venía del norte, y dicen que curaba. Estaba en las afueras de lo que hoy se conoce como México Distrito Federal, y como Puebla estaba cerca fuimos con mi familia. Atamos un par de caballos al carro, y fuimos. Fuimos papá, mamá, un hermano y yo. Los otros se quedaron trabajando en la granja y cuidándola. Había una fila como de doscientas personas, dicen que la niña trabajaba de las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Me preguntaron si quería pasar, solamente yo podía dejar unas monedas, porque la chica no cobraba y por casualidad o por causalidad me tocó ser la última y la niña le dijo a su familia que no quería atender a más nadie que me atendía a mi. Me miró a los ojos, unos ojos negrísimos tenía la niña, los míos eran marrones y los de ella eran negrísimos. -Ven, pasa. ¿Qué problema tienes? Le digo -Ninguno mi amor. Soy feliz, yo solamente quiero conocer al Padrecito, a Dios. Dicen que tú curas. -Bueno, que suerte que no precises nada de mí. -¿Por qué tesoro? -Porque así puedo hablar, salvo que estés apurada... -No, para nada. -Y escuché a la niña santa-. Y a diferencia del ser encarnado, el espíritu tiene una memoria exacta, y repito, gracias a este decodificador, palabra por palabra de lo que decía la niña santa. -Empecé con esto hace menos de un año, curando a una señora que tenía un malestar en el pecho, y dice que se sanó. Y mi familia vio en mí la fuente de dinero porque si bien mi familia no cobra con lo que yo hago, dejan las arcas llenas de monedas, o de billetes. No sé si curo. Yo sólo les paso la mano y hago una pequeña oración. Estoy menos de dos minutos por persona y le agradezco al que tú llamas Padrecito que tú hayas sido la última. Así podemos estar más tiempo. Siento una enorme opresión, no tengo deseos de vivir, no tengo deseos de respirar, no tengo deseos de comer, solo quiero dormir, solo quiero que me dejen tranquila. Yo antes era feliz, jugaba, disfrutaba, era ignorante y lo sigo siendo. Aprendí algunas palabras de la gente grande para lo que estoy haciendo, que ellos dicen que es un trabajo. Para mí es una obligación tremenda. Me levanto apenas amanece, me lavo la cara, tomo un poco de leche con unas galletas, y estoy todo el día. Paro únicamente para hacer mis necesidades e ingerir algo de alimento al mediodía. A la tarde quisiera parar un poco pero mi familia se enoja, dice que hay mucha gente para atender. Y hace meses que estoy haciendo esto, y se corre la voz en los distintos pueblos que voy. Me siento muy oprimida, me quiero escapar. No puedo más. Yo no nací para esto. Esto no es lo que tu Padrecito, -como tú le llamas- quiere para mí. No creo que yo cure. No creo que sane. No creo en los milagros. Creo que todo tiene un porque. Pero yo era feliz. Tenía una pequeña muñeca cosida con algunos trapos y dos puntos negros que hacían de ojos, dos puntos que hacían de pequeños agujeros en la nariz y un trazo de boca, con un poco de la cola de una de las potrancas le había hecho el pelo a la muñeca. No tengo tiempo de jugar. Duermo y no puedo dormir. Tengo pesaditas. Sueño con monstruos que me vienen a devorar. No creo en los demonios. Los monstruos son la gente que me rodea. Necesito irme. No tengo el coraje para escaparme. Quisiera de verdad, aquí vosotros de donde tú vienes tienen volcanes, me quisiera tirar adentro, y quemarme viva. Verdaderamente no puedo más. Y le respondí -diles que se te ha ido el poder, diles que era provisorio. A la mañana temprano les dices que no tienes más poder. -No me van a creer. Incluso están enojados que corte ahora porque hay cientos de personas afuera. -Yo lo arreglaré esto. Yo lo arreglaré. Pero tú escucha lo que yo digo y hazme caso. Salí de la pequeña carpa improvisada y todavía había gente y en voz muy alta grité: -es tremendo como me duele el estómago después de que la niña me tocó, parece que ha perdido sus poderes, porque fui para que me cure un pequeño dolor al costado y ahora el dolor se me multiplicó. Creo que Dios le ha quitado la gracia, le ha quitado la gracia porque era algo provisorio que tenía. Se escucharon -Ohhh... Ahhh...- de la gente y salió atrás la niña llorando -no tengo más poder... Dios me ha quitado la bendición... Qué voy a hacer ahora si yo quería seguir sanando gente... ¡Y de repente tocó una anciana con las manos y la anciana se asustó!-No me toques, no me toques. -No la toques -le dije yo-. Mira, está peor, le está doliendo la cabeza en este momento. -Sí, sí, sí, -decía la anciana. Porque eran endebles con la sugestión. Y la gente huyó como si viniera una avalancha y huyeron. Le hice una mirada cómplice a la niña, sin llegar a ser una sonrisa, y pensaba entre mí ¡Que la familia trabaje! y que la niña siga jugando con su muñequita. Nunca supe más de ella. Siempre rogué que no la hayan castigado porque les dio de comer bastante tiempo a esos parásitos que se decían padres y tíos y primos y amigos. Pero la liberé. La liberé de una esclavitud. Porque yo no estaba en contra del servicio, yo estaba en contra del servilismo. Lo que le estaban haciendo a esta pobre niña era obligarla al servilismo. La niña no estaba preparada todavía ni mental ni espiritualmente para hacer eso. Volvimos con mis padres y uno de mis hermanos a Puebla y en el camino miraba el volcán y me reía y pensaba en la tontería que había dicho la niña de querer sumergirse en el cráter. Rogué siempre porque sea feliz, porque crezca sanamente, que el día de mañana tenga su pareja, que tenga hijos y no esclavos. -Ves Padrecito -pensaba yo-. Eso es lo que me has hecho hacer, un servicio por esa niña. La he sacado de su esclavitud. La volví a su normalidad. Si hay algo que odio más que las religiones cretinas, es el servilismo con que someten a muchas personas. Y esto pasa hoy mismo, en este siglo veintiuno, como decís vosotros en el plano físico. Yo le transmito a mi 10% encarnado, femenino, que lo mejor que podemos hacer es ponernos en el lugar del otro y ver a través de nuestro corazón el corazón del otro y las necesidades del otro para poder ayudarle. Creo que si bien hay una civilización distinta a ésa de México, a ésa de Puebla, hoy hay tanto salvajismo y tanta ignorancia como en aquel entonces. Hay más gente sometida que antes, más guerras, más indiferencia. Nadie se involucra, nadie tiene compromisos. Al contrario; tratan de que la gente sea más iletrada para poder manipularla mejor; llevarla de la anilla como al ganado, que los llevan a una exhibición. Y esos mismos seres sumergidos en la apatía no saben adonde los llevan. -¡Despertad!, -decía el Maestro Jesús-. Sed como niños, pero como niños inocentes. ¿Quién dijo que un adulto no puede jugar, divertirse, reír o llorar? Pero la mayoría de los niños carecen de la hipocresía que tiene el grande; el grande finge, el grande disimula, el grande... el grande miente. Por supuesto que hay niños que mienten porque se copian de los grandes. Pero en general son auténticos. Les molesta algo y lo dicen. El grande no lo dice. El grande acumula en su enorme ego. En lugar de dejar las cuentas claras acumula odio, resentimiento, que solamente lo lastima a él. En esa encarnación, luego del episodio de Juanita, me sentí más conforme conmigo misma. Ya no busqué tanto a Dios, porque sabía que lo tenía al alcance de mi mano, de mi vista, de mi comprensión y sabía que estaba conmigo. Y lo único que tenía que hacer era afinar mi mente, como si lo escuchara y Dios me decía lo que tenía que hacer. Es muy difícil -cuando tienes un entorno ignorante- hacer buena letra. Porque el mismo entorno te entorpece tus acciones. Tú quieres hacer cosas y tu entorno te entorpece. Entonces es como que le tomé idea al entorno y veía mucha hipocresía entre los varones de los alrededores de Puebla. Tenía como temor a involucrarme porque sabía que la mayoría mentía, quizás no de chicos pero ya de adolescentes o de adultos mentían y no quería terminar con el corazón destrozado, con un amor personal más bajo, más denso que el amor impersonal a Diosito, que era lo único que no me iba a fallar. Y como espíritu reconozco que estaba mal esa postura; -Señorita Juárez, la invito a dar un paseo en mi hermoso carro. -No, muchas gracias, tengo que ayudar a mi madre. Siempre muy cortés, pero siempre me negaba. Pero de todas maneras fui feliz. Tuve amigas, tuve amigos. A medida que fui creciendo mis hermanos se casaron, muchos se mudaron, uno se fue hasta a Chihuahua. Y tenía niños jóvenes a los que les enseñaba. Porque había aprendido a leer y a escribir y les ensañaba a ellos. Era muy lindo. Era muy hermoso. Aparte había unas plantas que tenían hojas bastante duras y servían para hacer una especie de reposera. No puedo quejarme de esa vida y no puedo quejarme del amor porque amé mucho y me amaron mucho; amigos, conocidos. No siempre uno es feliz con el gran amor porque a lo largo de distintas vidas conocí parejas que eran absolutamente desafortunadas, a las que no había nada que envidiarles. Nunca envidié la pareja de nadie y fui feliz como maestra, trenzando las hojas para hacer las reposeras. Fui bastante feliz y a partir del episodio de Juanita encontré a Dios. Porque la misma Juanita era una partícula de este Dios. Mi única curiosidad, y desencarné con esa curiosidad, era saber si Juanita fue feliz. Desencarné a los cincuenta y dos años y lo primero que hice como espíritu en lugar de pensar en mí fue tratar de localizar la parte espiritual de Juanita. Y la encontré en el sur, en la zona de Mérida, Yucatán. Era una señora de cuarenta y dos años, casada con dos hijos, feliz. Y me sentí tan contenta como espíritu. Pude ver en su campo conceptual que nunca más habían abusado de ella a nivel de crear de ella una niña santa, y si bien durante algunos meses sus padres y sus tíos estuvieron algo reacios, nunca más la molestaron con eso. Leí en su mente conceptual que ella muchas veces me recordó, y lo mismo que yo preguntaba, lo mismo preguntaba ella. -¿Que habrá pasado con esa chica grande que me salvó de una vida de esclavitud? Hoy esta Juanita no está encarnada, me comunico con su parte espiritual, es un espíritu del quinto plano, un espíritu de luz, es una maestra de música, de música suprafísica y me ha hecho muy feliz. -¿Qué engramas tuve en esta vida? Al comienzo tuve engramas de soledad, engramas de no poderme contactar con mis hermanos porque tenían otra manera de ser. Luego tuve engramas de impotencia, cuando vi en esos minutos que estuve con esa niña a la esclavitud que la habían sometido, que luego mentalmente supe que un par de veces se hizo pis encima porque ni siquiera le daban tiempo para ir al retrete. Y a pesar de que minutos después con artimañas liberé a esa niña de la esclavitud, me quedó como tomado un engrama ajeno, pero ya no es así, pero me quedó tomado un engrama ajeno. No fue una vida tan difícil como otras vidas. No desencarné joven. Si bien no tuve pareja, tuve muchos seres encarnados que me quisieron y a los que yo también quise. Si bien con mis hermanos no dialogaba y con mis padres tampoco... pero tampoco eran altivos, demostraban amor... No puedo quejarme; hay vidas que son de aprendizaje, hay vidas que son de reflexión, DE REFLEXIÓN. Aprendí que la religión no te lleva a ningún lado, aprendí que el verdadero camino espiritual es el servicio y no el servilismo como muchos nos hacen creer, porque suena parecido en castellano pero no es lo mismo. Agradezco a este receptáculo el traducir casi casi con una fidelidad del ciento por ciento lo que expreso como entidad espiritual y si bien al comienzo comencé con angustia por relatar esta vida, en este momento me siento con una felicidad muy amplia que espero, espero de corazón transmitírsela a mi parte encarnada. Quiero transmitirle felicidad a mi parte encarnada. Muchas gracias. Gracias.
|