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Psicoauditación - Angels

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 31/11/2007

Sesión del 16/2/2011

Sesión del 18/8/2011

 


Sesión del 31/11/2007

Médium: Jorge Raúl Olguín.

Entidad que se presentó a dialogar: Tethán de Angels.

 

Relató una vida en Puebla en una familia de labradores, pobre pero feliz. Un día ayudó a una niña que estaba explotada por sus familiares, extendiéndose en diversas conclusiones positivas que extrajo de la situación así como de otras circunstancias.

Sesión en MP3 (3.700 KB)

   Que atroz que es pensar en las vivencias ocurridas en distintas vidas donde te sientes oprimida como ser humano, donde te sientes doblegada, donde no solamente sufres por ti misma, sino que sufres por otras, que finalmente terminan siendo víctimas.

   Entre todas las encarnaciones que encarné, en Puebla, en el territorio conocido como México, me llamaba Clarita, Clarita Juárez.

   Estaba en una familia bastante buena, de labradores, una familia pobre pero feliz. Éramos cuatro hermanos, tres varones y yo. Los varones todos trabajaban con mi padre.

   Teníamos muchos animales. Íbamos únicamente al almacén de ramos generales en el centro del pueblo, a comprar alguna que otra cosa que no teníamos en la granja, pero éramos felices.

   Yo fui creciendo, al igual que en otras muchas vidas, expectante de conocer a Dios, de saber cómo era la figura del Padre, porque no me creía, un señor mayor con barba, como nos hacían creer las maestras.

   A veces estaba en éxtasis.

   Me encontraba al atardecer de cara al volcán, y pensando ¿por qué Dios hizo este volcán? ¿Qué hay dentro de él que a veces puede sacar humo, lava? ¿Es el infierno que sale a la superficie? o es simplemente un movimiento de este mundo llamado tierra y que el volcán es una especie de descompresión de la gran presión interna.

   No me preocupaba tanto de los asuntos terrenales si bien era curiosa por naturaleza.

   Era tan curiosa que estudiaba todos los libros religiosos, pero tenía muchas dudas.

   ¿Por qué dibujaban a los Ángeles con alas si teóricamente los Ángeles eran seres no materiales, no precisaban alas para sustentarse en el aire?

   ¿Por qué decían que había gente que había ascendido al cielo en cuerpo y espíritu? si yo sabía positivamente que el cielo, como cielo, era algo falso porque el cielo era algo espiritual y eso nadie me lo había enseñado. Nadie.

   ¿Por qué tenía que haber un infierno eterno cuando la falta era pequeña?

   ¿Por qué los sacerdotes en los templos hablaban de misericordia divina si al rato hablaban de castigo eterno, y ambos no se conjugaban entre sí?

   ¿Por qué en el antiguo Testamento hablaban de venganza y en el Nuevo Testamento hablaban de perdón?

   ¿Por qué tal diferencia entre el "ojo por ojo" y el "diente por diente" y el "ser como niños y llegaréis al reino"?

   El Antiguo Testamento me chocaba, me chocaban sus luchas fraticidas, sus dioses vengativos; porque mi Padrecito, -como yo le llamaba a Dios- no podía ser tan cruel como lo que le hizo a Job. No podía ser mi Padrecito.

   Cuando cumplí dieciocho años, había una niña, una pequeña llamada Juanita, de ocho, que era considerada como una santa. Juanita Vargas. Su familia dicen que venía del norte, y dicen que curaba.

   Estaba en las afueras de lo que hoy se conoce como México Distrito Federal, y como Puebla estaba cerca fuimos con mi familia.

   Atamos un par de caballos al carro, y fuimos. Fuimos papá, mamá, un hermano y yo. Los otros se quedaron trabajando en la granja y cuidándola.

   Había una fila como de doscientas personas, dicen que la niña trabajaba de las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche.

   Me preguntaron si quería pasar, solamente yo podía dejar unas monedas, porque la chica no cobraba y por casualidad o por causalidad me tocó ser la última y la niña le dijo a su familia que no quería atender a más nadie que me atendía a mi. Me miró a los ojos, unos ojos negrísimos tenía la niña, los míos eran marrones y los de ella eran negrísimos.

   -Ven, pasa. ¿Qué problema tienes?

   Le digo -Ninguno mi amor. Soy feliz, yo solamente quiero conocer al Padrecito, a Dios. Dicen que tú curas.

   -Bueno, que suerte que no precises nada de mí.

   -¿Por qué tesoro?

   -Porque así puedo hablar, salvo que estés apurada...

   -No, para nada. -Y escuché a la niña santa-.

   Y a diferencia del ser encarnado, el espíritu tiene una memoria exacta, y repito, gracias a este decodificador, palabra por palabra de lo que decía la niña santa.

   -Empecé con esto hace menos de un año, curando a una señora que tenía un malestar en el pecho, y dice que se sanó. Y mi familia vio en mí la fuente de dinero porque si bien mi familia no cobra con lo que yo hago, dejan las arcas llenas de monedas, o de billetes.

   No sé si curo. Yo sólo les paso la mano y hago una pequeña oración. Estoy menos de dos minutos por persona y le agradezco al que tú llamas Padrecito que tú hayas sido la última. Así podemos estar más tiempo.

   Siento una enorme opresión, no tengo deseos de vivir, no tengo deseos de respirar, no tengo deseos de comer, solo quiero dormir, solo quiero que me dejen tranquila. Yo antes era feliz, jugaba, disfrutaba, era ignorante y lo sigo siendo. Aprendí algunas palabras de la gente grande para lo que estoy haciendo, que ellos dicen que es un trabajo. Para mí es una obligación tremenda.

   Me levanto apenas amanece, me lavo la cara, tomo un poco de leche con unas galletas, y estoy todo el día. Paro únicamente para hacer mis necesidades e ingerir algo de alimento al mediodía. A la tarde quisiera parar un poco pero mi familia se enoja, dice que hay mucha gente para atender.

   Y hace meses que estoy haciendo esto, y se corre la voz en los distintos pueblos que voy. Me siento muy oprimida, me quiero escapar. No puedo más. Yo no nací para esto. Esto no es lo que tu Padrecito, -como tú le llamas- quiere para mí. No creo que yo cure. No creo que sane. No creo en los milagros. Creo que todo tiene un porque.

   Pero yo era feliz. Tenía una pequeña muñeca cosida con algunos trapos y dos puntos negros que hacían de ojos, dos puntos que hacían de pequeños agujeros en la nariz y un trazo de boca, con un poco de la cola de una de las potrancas le había hecho el pelo a la muñeca.

   No tengo tiempo de jugar. Duermo y no puedo dormir. Tengo pesaditas. Sueño con monstruos que me vienen a devorar. No creo en los demonios. Los monstruos son la gente que me rodea. Necesito irme. No tengo el coraje para escaparme.

   Quisiera de verdad, aquí vosotros de donde tú vienes tienen volcanes, me quisiera tirar adentro, y quemarme viva. Verdaderamente no puedo más.

   Y le respondí -diles que se te ha ido el poder, diles que era provisorio. A la mañana temprano les dices que no tienes más poder.

   -No me van a creer. Incluso están enojados que corte ahora porque hay cientos de personas afuera.

   -Yo lo arreglaré esto. Yo lo arreglaré. Pero tú escucha lo que yo digo y hazme caso.

   Salí de la pequeña carpa improvisada y todavía había gente y en voz muy alta grité: -es tremendo como me duele el estómago después de que la niña me tocó, parece que ha perdido sus poderes, porque fui para que me cure un pequeño dolor al costado y ahora el dolor se me multiplicó. Creo que Dios le ha quitado la gracia, le ha quitado la gracia porque era algo provisorio que tenía.

   Se escucharon -Ohhh... Ahhh...- de la gente y salió atrás la niña llorando -no tengo más poder... Dios me ha quitado la bendición... Qué voy a hacer ahora si yo quería seguir sanando gente...

   ¡Y de repente tocó una anciana con las manos y la anciana se asustó!-No me toques, no me toques.

   -No la toques -le dije yo-. Mira, está peor, le está doliendo la cabeza en este momento.

   -Sí, sí, sí, -decía la anciana. Porque eran endebles con la sugestión.

   Y la gente huyó como si viniera una avalancha y huyeron.

   Le hice una mirada cómplice a la niña, sin llegar a ser una sonrisa, y pensaba entre mí ¡Que la familia trabaje! y que la niña siga jugando con su muñequita.

   Nunca supe más de ella. Siempre rogué que no la hayan castigado porque les dio de comer bastante tiempo a esos parásitos que se decían padres y tíos y primos y amigos.

   Pero la liberé. La liberé de una esclavitud. Porque yo no estaba en contra del servicio, yo estaba en contra del servilismo. Lo que le estaban haciendo a esta pobre niña era obligarla al servilismo. La niña no estaba preparada todavía ni mental ni espiritualmente para hacer eso.

   Volvimos con mis padres y uno de mis hermanos a Puebla y en el camino miraba el volcán y me reía y pensaba en la tontería que había dicho la niña de querer sumergirse en el cráter.

   Rogué siempre porque sea feliz, porque crezca sanamente, que el día de mañana tenga su pareja, que tenga hijos y no esclavos.

   -Ves Padrecito -pensaba yo-. Eso es lo que me has hecho hacer, un servicio por esa niña. La he sacado de su esclavitud. La volví a su normalidad.

   Si hay algo que odio más que las religiones cretinas, es el servilismo con que someten a muchas personas. Y esto pasa hoy mismo, en este siglo veintiuno, como decís vosotros en el plano físico.

   Yo le transmito a mi 10% encarnado, femenino, que lo mejor que podemos hacer es ponernos en el lugar del otro y ver a través de nuestro corazón el corazón del otro y las necesidades del otro para poder ayudarle.

   Creo que si bien hay una civilización distinta a ésa de México, a ésa de Puebla, hoy hay tanto salvajismo y tanta ignorancia como en aquel entonces.

   Hay más gente sometida que antes, más guerras, más indiferencia. Nadie se involucra, nadie tiene compromisos. Al contrario; tratan de que la gente sea más iletrada para poder manipularla mejor; llevarla de la anilla como al ganado, que los llevan a una exhibición. Y esos mismos seres sumergidos en la apatía no saben adonde los llevan.

   -¡Despertad!, -decía el Maestro Jesús-. Sed como niños, pero como niños inocentes. ¿Quién dijo que un adulto no puede jugar, divertirse, reír o llorar?

   Pero la mayoría de los niños carecen de la hipocresía que tiene el grande; el grande finge, el grande disimula, el grande... el grande miente. Por supuesto que hay niños que mienten porque se copian de los grandes.

   Pero en general son auténticos. Les molesta algo y lo dicen. El grande no lo dice. El grande acumula en su enorme ego. En lugar de dejar las cuentas claras acumula odio, resentimiento, que solamente lo lastima a él.

   En esa encarnación, luego del episodio de Juanita, me sentí más conforme conmigo misma. Ya no busqué tanto a Dios, porque sabía que lo tenía al alcance de mi mano, de mi vista, de mi comprensión y sabía que estaba conmigo. Y lo único que tenía que hacer era afinar mi mente, como si lo escuchara y Dios me decía lo que tenía que hacer.

   Es muy difícil -cuando tienes un entorno ignorante- hacer buena letra. Porque el mismo entorno te entorpece tus acciones. Tú quieres hacer cosas y tu entorno te entorpece.

   Entonces es como que le tomé idea al entorno y veía mucha hipocresía entre los varones de los alrededores de Puebla.

   Tenía como temor a involucrarme porque sabía que la mayoría mentía, quizás no de chicos pero ya de adolescentes o de adultos mentían y no quería terminar con el corazón destrozado, con un amor personal más bajo, más denso que el amor impersonal a Diosito, que era lo único que no me iba a fallar.

   Y como espíritu reconozco que estaba mal esa postura; -Señorita Juárez, la invito a dar un paseo en mi hermoso carro. -No, muchas gracias, tengo que ayudar a mi madre. Siempre muy cortés, pero siempre me negaba.

   Pero de todas maneras fui feliz. Tuve amigas, tuve amigos. A medida que fui creciendo mis hermanos se casaron, muchos se mudaron, uno se fue hasta a Chihuahua.

   Y tenía niños jóvenes a los que les enseñaba. Porque había aprendido a leer y a escribir y les ensañaba a ellos. Era muy lindo. Era muy hermoso.

   Aparte había unas plantas que tenían hojas bastante duras y servían para hacer una especie de reposera.

   No puedo quejarme de esa vida y no puedo quejarme del amor porque amé mucho y me amaron mucho; amigos, conocidos.

   No siempre uno es feliz con el gran amor porque a lo largo de distintas vidas conocí parejas que eran absolutamente desafortunadas, a las que no había nada que envidiarles.

   Nunca envidié la pareja de nadie y fui feliz como maestra, trenzando las hojas para hacer las reposeras.

   Fui bastante feliz y a partir del episodio de Juanita encontré a Dios. Porque la misma Juanita era una partícula de este Dios.

   Mi única curiosidad, y desencarné con esa curiosidad, era saber si Juanita fue feliz.

   Desencarné a los cincuenta y dos años y lo primero que hice como espíritu en lugar de pensar en mí fue tratar de localizar la parte espiritual de Juanita. Y la encontré en el sur, en la zona de Mérida, Yucatán. Era una señora de cuarenta y dos años, casada con dos hijos, feliz.

   Y me sentí tan contenta como espíritu.

   Pude ver en su campo conceptual que nunca más habían abusado de ella a nivel de crear de ella una niña santa, y si bien durante algunos meses sus padres y sus tíos estuvieron algo reacios, nunca más la molestaron con eso. Leí en su mente conceptual que ella muchas veces me recordó, y lo mismo que yo preguntaba, lo mismo preguntaba ella. -¿Que habrá pasado con esa chica grande que me salvó de una vida de esclavitud?

   Hoy esta Juanita no está encarnada, me comunico con su parte espiritual, es un espíritu del quinto plano, un espíritu de luz, es una maestra de música, de música suprafísica y me ha hecho muy feliz.

   -¿Qué engramas tuve en esta vida? Al comienzo tuve engramas de soledad, engramas de no poderme contactar con mis hermanos porque tenían otra manera de ser.

   Luego tuve engramas de impotencia, cuando vi en esos minutos que estuve con esa niña a la esclavitud que la habían sometido, que luego mentalmente supe que un par de veces se hizo pis encima porque ni siquiera le daban tiempo para ir al retrete. Y a pesar de que minutos después con artimañas liberé a esa niña de la esclavitud, me quedó como tomado un engrama ajeno, pero ya no es así, pero me quedó tomado un engrama ajeno.

   No fue una vida tan difícil como otras vidas. No desencarné joven. Si bien no tuve pareja, tuve muchos seres encarnados que me quisieron y a los que yo también quise. Si bien con mis hermanos no dialogaba y con mis padres tampoco... pero tampoco eran altivos, demostraban amor...

   No puedo quejarme; hay vidas que son de aprendizaje, hay vidas que son de reflexión, DE REFLEXIÓN.

   Aprendí que la religión no te lleva a ningún lado, aprendí que el verdadero camino espiritual es el servicio y no el servilismo como muchos nos hacen creer, porque suena parecido en castellano pero no es lo mismo.

   Agradezco a este receptáculo el traducir casi casi con una fidelidad del ciento por ciento lo que expreso como entidad espiritual y si bien al comienzo comencé con angustia por relatar esta vida, en este momento me siento con una felicidad muy amplia que espero, espero de corazón transmitírsela a mi parte encarnada.

   Quiero transmitirle felicidad a mi parte encarnada.

   Muchas gracias. Gracias.

 


Sesión del 16/2/2011

Médium: Jorge Raúl Olguín.

Interlocutor: Karina

Entidad que se presentó a dialogar: Tethán de Angels.

 

Habló sobre cómo se toma las cosas. Se cuestiona cierta actividad mental que considera perturbadora. Destacó la importancia de la amplitud de criterio. En una vida como mujer no pudo desarrollar su interés por las matemáticas, por el machismo imperante.

Sesión en MP3 (3.463 KB)

Interlocutor: Bienvenida...

Entidad: Muchas gracias.

Interlocutor: ¿Cómo estás?

Entidad: Muy bien, es un gusto estar conceptuando contigo a través de este receptáculo. Es una experiencia distinta que, obviamente, va a sumar, de alguna manera, una motivación más. ¿Por qué motivación?, porque soy optimista y trato de que mi 10% sea optimizadora. La diferencia estriba en que alguien que es optimista está mostrando una manera...

Interlocutor: Una manera de ver las cosas, ¿verdad?

Entidad: Y optimizadora es quien la aplica en su vida cotidiana para consigo y/o para los demás.

Interlocutor: Ser optimizador es una palabra que me encanta. De hecho, comparto contigo eso de ser optimizador. El optimizador trata de rescatar lo bueno aún de lo negativo. Ese es el optimizador.

Entidad: Pero –porque siempre hay un pero- en el plano físico no es tan sencillo el llevar a cabo esa voluntad de optimizar, porque nosotros mismos, como 10% encarnados, caemos, a veces en la trampa de la vida: necesitamos, tenemos cierta dependencia, nos acostumbramos a determinadas cosas. No hablo de ser rutinarios, no; pero sí es como que a veces somos metódicos. Hay una pequeña diferencia entre ser metódico y ser rutinario: uno puede ser metódico sin caer en rutinas innecesarias, pero a veces, es difícil convivir ya sea en relación de pareja, ya sea con entorno familiar o tratar con amistades o conocidos o en una labor.

Aprendí a no idealizar -porque sé por vidas anteriores que ahora no quiero tocar, no ahora; después veremos-, aprendí que idealizar frustra, frustra porque luego...

Interlocutor: Depositamos un montón de expectativas en determinadas cosas o personas, y como estamos idealizando, luego, en algún momento, vamos a sufrir las consecuencias de algún dolor que nos provoque y que realmente la realidad no es así.

Entidad: Pero a veces, ni siquiera hay un contraste. Contraste, me refiero a que tú idealizas algo al extremo y cuando te sacas la venda de los ojos ves que era todo yermo lo que habías idealizado como un jardín de frutos. No es tan así; seguramente que el jardín de frutos sigue estando pero quizás haya más... monotonía no es la palabra -hay un Excelso Maestro que dice que el lenguaje es mucho más pobre que el concepto espiritual-, y es verdad, cuesta a veces, incluso a través de este receptáculo que me recepciona bastante bien -valga la redundancia- cuesta expresar el concepto.

Uno, como thetán está –no sé si la palabra sería acostumbrado, porque eso lo tomaría como algo del plano físico, pero bueno, para no complicar, digamos- acostumbrado a conceptuar con otra entidad espiritual, en milésimas de segundo transmitir conceptos que tú, como ser encarnado, tardarías horas o días en volcarla en palabra o en escrito a otra persona. Entonces, es como si tú quisieras pasar –y esto también dicho por aquel Excelso Maestro- un océano por un embudo, no va a pasar más allá de lo ancho que sea el agujero del embudo. Y el embudo en ese caso, sería el lenguaje hablado.

Interlocutor: Entiendo, sé a lo que te refieres. ¿Cómo te sientes ahora con respecto a la última sesión?, ¿sientes algún cambio en ti?, ¿algún cambio en tu 10%?, ¿y qué crees que tendría que seguir mejorando?

Entidad: Esta es la primera sesión que hago y me siento bien, me siento con ganas, me siento con deseos de –en el plano físico sería- hacer cosas, y en el plano suprafísico sería idear proyectos, que luego se pueden plasmar al 10% encarnado, o bien idear proyectos desde una base espiritual, porque –y esto puede resultar risueño- hay vida más allá del 10%; entonces, muchos no entienden que cuando el 10% desencarna, no es que estamos vagando aletargados hasta una nueva encarnación decidida al segundo o dentro de un siglo, no estamos vagando aletargados: conceptuamos, intercambiamos ideas, planificamos a quien ayudar... Yo estoy en el plano 4.4, que es un Plano Maestro, entonces, es como que desde mi nivel suprafísico, independientemente de lo que planifique mi 10%, yo, a su vez, colaboro con otros thetanes de mi vibración orientando a otros seres, y eso me hace muy feliz. En el plano físico no es exactamente lo mismo, porque como dije antes, en el plano físico dependemos: tenemos necesidades, tenemos afectos... lo cual no está mal, dicho por Maestros del plano 5º. Hay apegos y apegos. Obviamente que hay apegos innecesarios, aferrarse a cosas inútiles que no tienen ningún sentido...

Interlocutor: ¿Hay algo que en este momento que te moleste?, ¿quizás algún rol del ego o alguna vivencia en alguna vida pasada?, ¿cómo te sientes con respecto a esto?

Entidad: ¿Qué me molesta? No, yo obviaría la palabra molestia, no sé si incomoda también sonaría fuerte... yo diría perturba -todo esto es lenguaje del plano físico, no precisaría esa aclaración a nivel suprafísico-. ¿Qué me perturba? No soy ciclotímica pero hay momentos en que quiero abarcar más y hay momentos en que las cosas me pueden sobrepasar: no digo me sobrepasan, pienso que me pueden sobrepasar y entonces es como que me recojo, es como que hago un recogimiento dentro de mí misma.

Interlocutor: Quizá sea por tu deseo de plasmar, de hacer, de abarcar, de hacer obras. Quizás sea que tengas demasiadas ganas y bueno, quizá por eso sientas que por momentos abarcas más de lo que puedes.

Entidad: Claro, pero por momentos, pensemos que en el plano físico nos cansamos, en el plano físico, a veces, queremos distendernos, y si bien una puede ser metódica en algunas cosas, en otras no; y busca abrir los brazos, respirar profundamente, mirar hacia ese sol que nos ilumina y gozar de una dicha impalpable, una dicha no de recuerdos, una dicha por la dicha en sí. Si no se entiende, lo profundizo.

Tú puedes tener una dicha por un recuerdo de algo lindo que te ha sucedido o de un proyecto que se va a plasmar pronto o por algo que estás haciendo ahora y que te gusta. Dicha impalpable, yo le llamo a gozar el verde de las plantas...

Interlocutor: Gozar los pequeños momentos.

Entidad: ...sin un porqué. O en el plano físico diríamos: "Porque sí". Pero hay momentos en que mi mente física está tan ocupada en cosas no diría triviales, creo que nada es trivial, por lo menos, lo que yo hago, pero cosas que como thetán –porque me pongo como 10% y como 90%- veo que quizá no es tan importante, y me pregunto yo, ¿por qué mi 10% deja –provisoriamente, ¿eh?- de lado esa dicha de "del porque sí", para hundir su mente en eso que casi sería rutinario, que puede ser una labor, que puede ser lo diario...

Interlocutor: ¿Es posible que tu 10% quizá piense que con esas acciones cotidianas o rutinarias, quizá pueda aspirar -a lo mejor- a un proyecto mayor y entonces se olvide de disfrutar del mientras tanto?, ¿es posible?

Entidad: No, no; no es tan así, porque mi 10% tiene un sentido de la ubicación, tiene un sentido de la ubicación, y aparte –y me copio de una frase vuestra- "no todo fue siempre de color de rosa". Hubo momentos de infelicidad o momentos donde la dicha no se percibía ni con binoculares... Hubo momentos. Pero se trata justamente de intentar que esos momentos perturbadores –que perturbaron ese pasado- no perturben ese presente y no perturben el futuro a venir, porque ahí sí sería responsabilidad de mi 10% el que permita que le invada esa perturbación del pasado, y no necesariamente tiene que ser algo importante, pueden ser pequeñas cosas, detalles...

Interlocutor: Es decir, no permitir que el pasado engorre el presente o no nos permita ser felices en el presente, ¿verdad?

Entidad: Claro, de todas maneras, yo, como thetán, por felicidad, entiendo disfrutar el momento y que el disfrutar el momento no impida olvidarme de lo que voy a hacer mañana, -porque se puede entender mal- que puedo vivir el ahora y estar con mi mente también el mañana.

Interlocutor: ¿Qué consejo le darías a tu 10% hoy?

Entidad: Que cada día es único, cada momento es único, que a veces aún los momentos de incomodidad, de dolor, de insatisfacción, también son únicos y uno puede obtener de ellos aprendizaje o no. Por otro lado –y quizá sea un atrevimiento de mi parte- no todo aprendizaje es útil, y quizás, el aprendizaje que es útil para un 10% no es útil para otro 10%, porque no somos todos iguales. Ni siquiera gente que es cercana en el plano físico a nivel pareja, a nivel familia, pueden gustarle las mismas cosas. Y ese Excelso Maestro a quien ya mencioné anteriormente sin dar su nombre, dijo que lo importante no es vibrar en sintonía -como tanto se afirma- sino tener amplitud de criterio y aceptar cosas que en otro momento nos cerraríamos a ellas.

Obviamente, aceptar cosas con amplitud de criterio no es ser permisivo; acepto lo que verdaderamente evalúo, sopeso lo que verdaderamente veo que puede serme útil a mí. Si determinada música no me agrada del todo pero veo que a alguien que está cerca mío le agrada, trataré de captarla. O determinada comida que no me atraía, trataré de saborearla. Doy ese ejemplo como puedo dar cien ejemplos mas, eso es amplitud de criterio. Una lectura, una idea, un concepto, una manera de ser, una aceptación apenas a los cuales antes estaba cerrada, ¿se entiende?

Interlocutor: Sí, se entiende.

Entidad: Esos son cambios que a mí me parecen evolutivos.

Interlocutor: ¿Cuál sería tu asignatura pendiente en esta vida?

Entidad: Voy a hacer una broma. Tú tienes experiencia en el sentido de que a veces puedes firmar contratos, ¿no es cierto?

Interlocutor: Sí...

Entidad: Entonces, cuando tienes asignaturas pendientes –voy a hacer un chiste-, ¡tengo que ver también la letra chica!, porque si veo la letra chica, hay infinidad de asignaturas pendientes, que capaz que son menores.

Interlocutor: Me imagino que habrás tenido otras vidas anteriores, no sé aún cuantas has tenido, cuando quieras me lo podrás comentar...

Entidad: Mucho más de cien, mucho más de cien.

Interlocutor: Pero quizás haya algo que te gustaría hacer en esta vida o que lo tienes planificado, como thetán, y que no lo has hecho hasta el momento, a eso me refiero.

Entidad: Tuve una frustración que fue en una vida pasada. No la voy a relatar en profundidad. Me llamaba María José, nací en Valencia. María José López Carrillo. Me decían Jose. Prácticamente el acento prosódico en la 'o' para diferenciarme del José, nombre de varón.

Y en esa época, hablo de un par de siglos atrás, el rol de la mujer era nulo en función de sociedad, y a mí me gustaba mucho la matemática, o sea, tenía nueve años y sabía leer y escribir perfectamente -una tía, Isabel Rondón, tenía libros de su padre, y que a su vez los tenía de su abuelo-, y a mí me gustaba mucho hacer cuentas.

Yo, a mis padres los amaba, pero me frustraron tremendamente haciéndome que me mire en un arroyo.

-Mira, ¿qué ves?

-Un rostro.

-¿De qué?

-De niña.

-Eso, eres una niña, no eres un varón. Olvídate. Dedícate a cosechar, a juntar los granos. Deja de pensar en cuentas.

Y yo veía matemáticos en Italia, gente que dibujaba croquis. Me gustaba también ver las estrellas... Yo no tomaba las estrellas como pequeños puntitos, yo digo: -Son bolas de fuego.

Obviamente que era ignorante en cuanto a qué tamaño tenían esas bolas de fuego, y cuando veo una estrella fugaz, la diferenciaba de las estrellas. Decía: -No, no, no, son pequeños pedacitos de roca que no tienen nada que ver con aquellas estrellas. Pensaba, y es como que no se me permitía pensar. Quizá me quedó un engrama débil -no digo un engrama fuerte- de esa vida en Valencia donde pensar, en una mujer, estaba mal.

Interlocutor: Imagino que tu 10% actual se ha de sentir mucho más libre, en este sentido, porque las épocas han cambiado, ¿verdad?

Entidad: Totalmente, y te aseguro que piensa, piensa y mucho. Pero para que entiendas –seguramente lo entiendes-, un engrama de una vida pasada es como si a ti, de pequeña, te censuran y te censuran y te censuran sobre algo y por más que luego, cuando crezcas, seas una mujer superada –como decís vosotros ahora- te va a quedar como grabada a fuego en tu corazón –en tu corazón figurativamente hablando- esa censura. Y en esta misma vida. En una vida pasada es como que es más sutil porque tú, al estar encarnada no tienes la memoria de esa vida, sin embargo sientes como que hay una censura interna y -utilizo una jerga cotidiana- te rompes la cabeza pensando "¿qué es lo que no me permite llegar a?". Y nada, nada; porque no hay un obstáculo, es un obstáculo que tú lo tienes grabado a nivel ADN…

Interlocutor: Entiendo, pero lo importante es que mientras tú tengas en claro que esa sensación es una sensación del 10% que tenías en esa vida, en esa encarnación, o sea, ese rol…

Entidad: El rol de Jose.

Interlocutor: Exacto. Mientras tú tengas en claro eso, tu sabes la piedra fundamental como para que tú lo puedas superar. Me da la sensación de que eres un espíritu muy fuerte y confío en tu fortaleza para poder superar esto. Ya es un gran paso que lo puedas reconocer y asumir ese inconveniente, esa molestia que tienes y cual es el origen.

Entidad: Venga, te cuento. Hay muchas más vidas que no tocaré ahora, pero es como que siempre me ha perturbado –aprendí la palabra- la censura, porque creo que la censura es la antítesis de lo que es la amplitud de criterio. Y amplitud de criterio no significa libertad ilimitada, porque vosotros mismos, en el plano físico tenéis un refrán: "Mi libertad termina donde empieza tu libertad". Eso significa que no voy a invadirte. Entonces, amplitud de criterio significa aceptar lo que para mi es agradable, no significa que voy a aceptar todo, y no significa que porque a la otra persona le guste determinado tema me va a gustar determinado tema; aceptaré lo que primero evaluaré y aprobaré en mi interior. Estrechez de criterio significaría directamente no tener en cuenta nada, cerrarme como una ostra.

Interlocutor: Bueno, es que todos podemos opinar de manera distinta pero nuestra amplitud de criterio es la que nos permite aceptar al otro aunque piense distinto a nosotros. Obviamente que no estoy hablando de aceptar situaciones aberrantes, estoy hablando de aceptar…

Entidad: Ni actos hostiles.

Interlocutor: Exacto. Estoy hablando de aceptar una opinión distinta sobre las cosas, porque todos somos diferentes y podemos ver las cosas con nuestros ojos de manera distinta.

Entidad: Es una maravilla como me siento. Ha sido un placer hablar contigo y bueno, si entiendes lo que es un abrazo conceptual…

Interlocutor: Sí, obviamente…

Entidad: …te lo doy y intenciono a que tu thetán me lo de a mí y que se deje percibir y que él me dé un abrazo conceptual.

Interlocutor: Un abrazo conceptual para ti y toda la Luz. Y estamos en contacto. Hasta todo momento.

Entidad: Hasta pronto. Gracias.

 

 


Sesión del 18/8/2011

Médium: Jorge Raúl Olguín.

Interlocutor: Karina

Entidad que se presentó a dialogar: Tethán de Angels.

 

Relató una vida en Aldebarán IV donde era medio Lomante. Acabó marchando de su pueblo por no estar de acuerdo con el modo de vida. Encontró un ser afín de otra raza con quien pudo compartir vivencias en armonía.

Sesión en MP3 (4.392 KB)

            Jorge Olguín: Estoy reunido con Karina, quien va a hacer de interlocutora en la sesión con el thetán de Angels para que pueda expresar algunas vivencias o bien sacar a relucir algún tema que en este momento le esté pesando conceptualmente. Comenzamos.

 

            Interlocutor: Bienvenida…

 

            Entidad: Muchas gracias.

 

            Interlocutor: ¿Cómo te encuentras?

 

            Entidad: Me encuentro bien y quiero comentar algo antes de relatar una historia.

            Hay distintos mundos lejanos, a muchísimos años luz unos de otros, incluso lejanos en el tiempo, donde suceden historias. Historias que, a veces, fueron plasmadas por escritores, por dibujantes o por filósofos de la antigüedad aquí, en Sol 3. Fíjate que en Umbro, el cuarto planeta de Aldebarán, existían unos animales voladores llamados dracons, que fueron representados en la mitología terrestre.

            Me relacioné, en una vida que tuve en Umbro, con una raza de mujeres, llamémosle así, que fueron representadas en la mitología terrestre, también. Evidentemente, mucha de la mitología terrestre está basada en experiencias de distintos mundos.

            Tú me preguntarás: -¿Cómo?

            Evidentemente, por medio de los thetanes que le transmiten ciertas memorias a escritores, filósofos, etc., y que luego plasman al papel, a la pintura o directamente a la palabra esa supuesta mitología que en otros planetas fue realidad.

 

            Interlocutor: ¿Es posible, también, que algunos de esos escritores tengan algunos recuerdos o déjà vu acerca de esas vidas o de sus propias vidas pasadas?

 

            Entidad: Seguramente que sí, incluso hay obras muy conocidas de aventuras supuestamente fantásticas que reproducen -obviamente, con muchas variantes- lo que ha ocurrido en otros mundos. Con muchas variantes, obviamente, porque el ser encarnado no tiene memoria completa sino que tiene flashes.

            En Umbro me llamaba Landeres, era femenina y era despreciada por mi raza…

 

            Interlocutor: ¿Cuál era tu raza?

 

            Entidad: Pertenecía a una raza de seres más grandes, los lomantes, y bueno, mi -me da emoción recordar, emoción dolorosa, porque siempre me sentí como segregada de lo que era el tener una familia- mi padre había recorrido distintos lugares y no me da vergüenza decirlo porque entiendo que no nos tenemos que hacer cargo por los errores de nuestros ascendentes, sino por los nuestros.

 

            Interlocutor: Tú me dices que ellos te dejaban de lado, ¿tú te sentías igual que ellos o te sentías distinta?

 

            Entidad: Mi padre formaba una banda de saqueadores, iban a pueblos cercanos y a veces raptaban o violaban a humanas, que tenían una contextura más pequeña. Y no era porque les gustaba, porque así como a los humanos -pequeños, les decíamos nosotros- nos miraban a nosotros con desagrado porque éramos más altos y para ellos -quizá- deformes, a nosotros nos parecía lo mismo. Mira cómo será el espíritu encarnado de discriminador, que vosotros mismos, en Sol 3, tenéis una sola raza -la raza homo sapiens- y a veces, por la distinta coloración de piel, ya es como que os discrimináis -imagínate cuando hay una raza completamente distinta- hasta tal punto que vosotros al distinto color de piel le llamáis raza, cuando no es raza sino que la raza es humana, es homo sapiens y los demás son directamente familias, en cuanto a colores de piel.

            La nuestra, directamente era una raza, pero aún con la diferencia de cuerpo -evidentemente teníamos un ADN similar al punto de que podíamos engendrar familia- mi padre embarazó a una joven -llamémosle- humana y la raptó y tuvieron una hija que era yo.

            Mamá falleció cuando dio a luz y yo me crié con padre, pero padre vivía de un lado para otro con una horda saqueando, algo que yo, desde pequeña rechazaba.

 

            Interlocutor: ¿Es posible que la raza de ese padre, de esa vida, tuviera una forma más reactiva de conducta y tú fueras más conceptual o más espiritual?

 

            Entidad: Era más conceptual y me gustaba entender el misterio de las distintas razas. Si bien yo no salía con mi padre, mi padre tenía un hermano que era comerciante -dentro de lo que era la raza de los lomantes- y a veces me llevaba a los distintos poblados que eran poblados dentro de los límites de nuestra tierra y eran poblados mixtos y estaban acostumbrados a vernos. Y he conocido otras razas, pero no nos miraban con agrado.

            Cuando en uno de los saqueos padre muere, yo me quedo con el tío. Pero el tío, una cosa es que me lleve de paseo o que lo acompañe a hacer compras, y otra cosa es hacerse cargo de mí, y se hizo cargo -como diríais vosotros- a regañadientes y me obligaba desde pequeña a trabajar con él como para cubrir mis gastos de comida.

            Pero yo me sentía como que no pertenecía a ese lugar, aparte, era más baja de estatura que ellos, justamente por la mezcla con la humana, con la que fue mi madre.

            Y cuando cumplí dieciséis de vuestros años -porque la rotación de mi planeta era distinta a la de Sol 3- me marché. Me marché por los caminos tratando de estar en las poblaciones el menor tiempo posible como para surtirme de comestibles. Me alimentaba de frutos, trataba de no cazar mamíferos porque sentía que era como una crueldad. A veces iba cerca de un arroyo y trataba de pescar.

            Y fui llegando a distintos poblados no teniendo lugar de pertenencia, sintiéndome no querida, sintiéndome no aceptada. Tenía como un engrama de no entender porqué había elegido esa vida, porqué aquel que está más allá de las estrellas me había hecho nacer en ese mundo. Y si bien nadie me había enseñado, yo entendía que dentro de mí tenía algo que me animaba. Yo no sabía lo que era un alma, no sabía lo que era un espíritu, no sabía lo que era nada porque éramos una raza que vivíamos en una edad antigua, prácticamente entonces, más la ignorancia, más lo salvaje que era ese mundo. Era innato en mí el conocimiento de saber que algo me animaba, que mi pensamiento era mío, pero era por algo que yo llevaba dentro, como una especie de luz que llevaba, que me animaba. Tenía una idea aproximada de lo era el espíritu sin saber de qué se trataba, como que una partícula de aquel que está más allá de las estrellas estaba dentro mío.

 

            Interlocutor: Y dime, ¿cuando saliste de ese mundo donde te criaste, tu pueblo, saliste en la búsqueda de algo?, imagino que un lugar de pertenencia, y me gustaría saber si en algún momento lo encontraste.

 

            Entidad: No. Me fui para el lado del océano saliendo de la parte desértica, porque nosotros estábamos en unas montañas detrás de la parte desértica, todavía. En la geografía del continente principal de Umbro, más para arriba casi llegando a la zona norte o bien en la zona oriental, están justamente los llamados orientales, muy similares a los antiguos samuráis terrestres, y más abajo hay un territorio inexplorado en la zona ecuatorial oriental, y más abajo estábamos los lomantes. Mucho mucho más abajo donde el continente se estrechaba, estaba una zona inexplorada que luego me enteré, más adelante, que existían las amazonas, y cerca del mar los apartados. Yo me fui para el otro lado, para el norte, y había una región donde habitaban los obscuros, y eran lo más parecidos en los rituales a lo que hoy serían los rituales religiosos de Sol 3. Y ellos no aceptaban a nadie, pero había una comunidad de obscuros que estaba lejos de la comunidad principal que me permitieron compartir unos días con ellos y estuve varios amaneceres. Decían que con esos rituales podían conseguir cosas, creían en lo que vosotros llamáis magia y ellos decían que esa magia daba resultado y que nadie era más poderoso que ellos excepto unas mujeres sin edad -porque no se sabía cómo se multiplicaban porque no tenían un masculino que las engendrara- que se llamaban las nornas. Las nornas eran como unas tejedoras del destino. Ellas tejían pero decían que con esas redes que tejían podían saber tu destino, como que adivinaban, y mi razonamiento me decía que eso no podía ser, porque sólo aquel que está más allá de las estrellas podía saber tu futuro. Entonces, los obscuros -que eran temidos- respetaban a las nornas, que estaban un poco más abajo pero en una región similar.

            Les pregunté si me podía quedar con ellos y me dijeron que no, porque a veces venía la comunidad principal de obscuros y los hubieran segregado si hubieran sabido que aceptaban a alguien.

            No me instruyeron de conocimientos de magia pero sí me enseñaron algunos rituales, me enseñaron a preparar hierbas, hierbas sanadoras del cuerpo. Y me marché.

            Me marché con algún comestible en mis alforjas. Iba siempre a pié porque me parecía que era demasiado grande para montar un hoyuman y un gromodan -muy similar a vuestros camellos- era únicamente para la zona desértica, no se adaptaba a otra zona. Iba a pié.

            Y llegué a una región inexplorada que tenía montañas, cavernas y hubo una fuerte tormenta con una lluvia tan intensa tan intensa que si bien yo no le tenía temor a la lluvia me refugié para no enfermarme. Adentro vi una luz y había mujeres que parecían humanas, pero de rostro avejentado, de tez muy muy blanca, cabello canoso, una voz chirriante.

            Me preguntaron: -¿Quién eres?

            Les dije que venía de una zona lejana, que no tenía historia porque no tenía experiencia de ningún tipo, me gustaba conocer las distintas razas, me gustaba encontrar alguien que me comprendiera y que yo pudiera comprender, me encontraba sola.

            Me dieron de comer algo caliente y se pusieron tres de ellas a tejer y me dijeron que vieron mi futuro y que mi futuro era de muy pocos amaneceres, que no iba a vivir mucho. Me intranquilicé pero les creí, porque esas eran las respetadas nornas, las que decían que sabían lo que iba a pasar, el porvenir.

            Me dormí -como diríais vosotros con un ojo abierto y con mis oídos a la escucha- y hablaban entre ellas a muchas líneas de distancia, pero yo escuchaba.

            -Va a ser un buen sacrificio para el Obscuro, le daremos algo de beber y cuando esté dormida la sacrificaremos.

            -¿Quién lo hará? -Hablaban entre ellas.

            En ese momento me desperté y había como diez nornas cortándome la salida y tenían puñales. Yo no le tenía miedo a los puñales porque en mi alforja tenía un garrote.

            Dos de ellas me dijeron: -En la punta, estos puñales tienen un veneno, así que quédate donde estás o morirás ya.

            En ese momento escuché una voz no chillona sino una voz distinta. Era una humana de cabello castaño más alta que las nornas comunes y distinta de tez. Si bien tenía la tez muy muy blanca, no parecía una norna; el cabello largo casi hasta la cintura, castaño, ojos grises.

            Y dijo: -¡Basta!

            Las nornas la miraron y dijeron: -Émeris, ¿qué haces aquí?

            -¿Qué estáis haciendo vosotras?

            -Aquí tenemos un sacrificio para el señor Obscuro.

            -Mil veces os he dicho que los sacrificios son estériles y que el señor Obscuro es un mito vuestro, no existe ningún señor Obscuro. Hacéis esto para alimentar vuestra maldad.

            -No es cierto, hemos hecho otros sacrificios y hemos tenido resultados. Nos han dado más ofrendas de los poblados cercanos.

            Y entonces me enteré de que vivían de las ofrendas, que a veces es mentira que leían el porvenir sino que asustaban a la gente y que les prometían cambiarle el destino a cambio de ofrendas.

            Pero miraba a esa tal Émeris. ¿Quién era Émeris?

            Las nornas se acercaron a Émeris y vi como que los ojos grises de Émeris brillaban y las nornas cayeron de rodillas, todas.

            Una de ellas gimoteaba: -Te hemos criado, ¿eres de las nuestras y así nos pagas?

            -Yo no soy del todo norna y no me gusta lo que hacéis. Convivo con vosotras porque no tengo donde ir pero no me gustan los sacrificios porque los sacrificios son estériles.

            -Aparta de nosotras ese dolor de cabeza.

            -Dejad los puñales y dejad a esta mujer.

            Las nornas se marcharon y le pregunté quién era.

            -Mi madre era una norna. A mi padre no lo conocí.

            -¿Pero cómo las has dominado?

            Y Émeris me dijo: -Con mi mente. Tengo como cierto poder mental. Seguramente habrá venido de mi padre.

            Le conté a Émeris mi vida, la muerte de mamá cuando nací, la muerte de mi padre -que era un saqueador- cuando era niña, el desamor de mi tío, no tener un lugar de pertenencia entre los míos, entre los lomantes, ir recorriendo lugares, pueblos, donde me rechazaban, viviendo sola y acostumbrándome a la soledad, y uno no debe acostumbrarse a la soledad.

            Le conté que dentro de mí sentía como algo vivo, como que aquel que está más allá de las estrellas me animaba.

            Y Émeris me dijo: -Pienso de la misma manera y me han pasado cosas similares. Prácticamente me crié con la que era mi madre, que falleció cuando yo era una niña. Me crié con esta gente a la que le tengo aprecio pero que nunca me han tratado bien, pero como desde pequeña ya tenía poderes, nunca me pudieron dominar. Descubrí mis poderes cuando una de las nornas quiso que yo iniciara un sacrificio no con un humano sino con un animal y yo me negué. Me dio una bofetada que me rajó con sus uñas largas el rostro y me marcó y en ese momento me reactivé y con una mirada de furia la hice caer retorcida de dolor y me di cuenta de que mi mente tenía el poder de hacerles sentir dolor a los demás. A partir de ese momento me respetaron pero nunca intenté dominarlas, mientras yo estaba ahí nunca hacían sacrificios.

            A veces iba a conocer otros lugares, porque yo, si bien tenía la característica norna de la piel muy muy clara y los ojos grises, mi cabello era distinto, podía pasar por cualquier aldeana común.

            -Pero portas una espada.

            -Bueno, por las dudas, pero detesto la violencia.

            Se formó como una especie de afinidad entre las dos. Obviamente que, si bien Émeris era alta, yo le llevaba más de media cabeza de altura, obviamente era media lomante.

            Y nos fuimos del territorio de las nornas.

            Me explicó cuál era la costumbre de ellas: -No es cierto que adivinen el porvenir, son malignas, muy ritualistas.

            -¡Ah!, como los obscuros de más al norte.

            -Sí, pero la raza de los obscuros se toman los rituales en serio, las nornas lo hacen para engañar a la gente. Generalmente no salen de su región pero viene gente a visitarlas y con sus redes les dicen que les va a pasar tal cosa y a cambio de distintos metales dicen que le cambian el destino y que van a tener más suerte. Obviamente, después, cuando esa gente ve que no les pasó ninguna desgracia le atribuyen esa suerte a las nornas que en realidad no han hecho nada, simplemente le han inventado algo que nunca iba a ocurrir. Y a mí, eso no me gusta.

Émeris sentía como que no tenía un lugar de pertenencia.

            -Y yo le dije: -Pero a mí me pasa lo mismo con los míos.

            Y Émeris, muy sabiamente me dijo: No hay míos, no hay tuyos, somos seres que vivimos en un mundo y dentro nuestro portamos una partícula de aquel que está más allá de las estrellas. Pero me gustaría saber mi origen.

            Y yo le dije: -Humildemente, Émeris, ¿puedo darte una opinión?, ¿tu madre era norna?

            -Sí.

            -Bueno, he escuchado en distintos poblados que estuve, que cerca de los turanios, un poquito más al este, hay una pequeña raza que no se mete con nadie que se llaman los mentos. Quizá tú, Émeris, hayas tenido un padre mento.

            -Pero nunca supe qué pasó con él. Y si él estuvo con madre y luego la dejó no debe ser buena persona, tampoco.

            -¿Qué te parece si antes de irnos volvemos y le sacas la verdad a las nornas?

            -Es que ya casi estamos a medio amanecer de viaje.

            -¿Qué perdemos?

            Émeris dio vuelta a su hoyuman y yo caminando, volvimos.

            Había una norna bastante bastante mayor, llamada Cetis.

            Émeris la enfrentó: -Quiero hablar contigo.

            Con esta voz chirriante, Cetis le dijo: -¿De qué?

            -Quiero saber qué pasó con mi padre, quién era mi padre.

            -Tu madre nunca lo dijo.

            -¡Quién era mi padre!

            Y vi que los ojos de Émeris se encendían. Vi que Cetis empezaba a retorcerse de dolor.

            -Tu padre era un mento, se llamaba Analar. Estaban enamorados y lo sacrificamos para que nos traiga suerte.

            -Sacrificaron a mi padre y han mantenido este secreto por amaneceres y amaneceres y amaneceres... ¿Y mamá aceptó?

            -No, tu madre no aceptó, tu madre nos odiaba. Por eso le fuimos poniendo pequeños venenos en su líquido para que no nos molestara.

            -Así que mataron a mis padres. ¿Sabéis lo que yo podría hacer con todas vosotras?

            La mujer se encogió.

            La tome de un brazo a Émeris, y me dijo: Quédate tranquila, jamás sería igual que ellas. Pero por lo menos me siento contenta de saber que mis padres se amaron.

            Sentí admiración por Émeris.

            Émeris, me tocó la cara y me dijo: -Eres una persona tan noble...

            -¿Por qué dices eso si no me conoces?

            -Porque leo tus ojos.

            -Pero, ¿tú eres adivina?

            -No, no soy adivina, no existe la adivinación. Sé leer los rostros, sé leer los ojos, sé leer tu mirada. Eres buena, eres leal.

            -Pero no tengo un lugar de pertenencia...

            -Yo tampoco. Quizá nuestro lugar de pertenencia sea el mundo.

            Nos abrazamos y nos marchamos de la región de las nornas.

            Y buscábamos un camino, el conocimiento.

            Estuvimos varios de vuestros meses de región en región y cada atardecer, en una fogata, Émeris me enseñó a leer. Le pregunté dónde había aprendido ella y me dijo que las nornas, dentro de todo, eran bastante cultas. Porque que un habitante de Umbro supiera leer, era algo improbable. Que una femenina supiera leer, ya era altamente improbable.

 

            Interlocutor: ¿Qué tipo de escritura utilizaban?

 

            Entidad: Una escritura antigua muy parecida a los signos arábigos de vuestro mundo. Era una escritura muy muy rica, nuestro idioma era muy rico. Dentro de lo salvaje que era el mundo teníamos mucha gramática y a diferencia vuestra, de Sol 3, en todas las regiones había un idioma único. Incluso, en el otro continente, habitado por unos seres similares a vuestros indígenas, con un rostro muy parecido a una raza desaparecida vuestra, los Neanderthal, también hablaban el mismo idioma. Evidentemente, hubo conexión entre los continentes y debido a ello es como que el planeta estaba unificado en cuanto al idioma.

            Por primera vez en cientos y cientos de amaneceres me sentí acompañada de una persona que era tan leal como yo, frontal como yo, amable como yo, enemiga de la violencia como yo, pero si tenía que defenderse se iba a defender. Nos hemos encontrado con distintos asaltantes por el camino. Tratamos de no usar la violencia pero hubo casos en que fue necesario y salimos indemnes. Éramos como hermanas -vosotros diríais- espirituales. Nosotros decíamos hermanas de esa Luz interior de aquel que está más allá de las estrellas.

            Y le decía: -Pero, Émeris, ¿todos tienen esa Luz adentro?

            -Sí, pero no la saben ver. Pero tengo la esperanza, estoy casi segura -me dijo Émeris- que conoceremos a gente similar a nosotros. No de forma, no de tamaño, no de raza, que eso es lo menos importante, pero que adentro de su pecho tenga una Luz que tenga la misma llama -como diríais vosotros hoy- que vibre en sintonía.

            Y marchamos con mi hermana de Luz.

            Antes de retirarme querida interlocutora, Émeris eras tú.

            Eras tú, Kar-El.

            Eras tú, Kar-El.

 

            Interlocutor: Qué emocionante. No te pongas mal... Es una alegría que me digas eso. De alguna forma lo intuía.

            Serénate. Serénate.

 

            Entidad: Me retiro.

 

            Interlocutor: Estate tranquila.

 

            Entidad: Hasta pronto.

 

            Interlocutor: Hasta todo momento. Toda la Luz para ti.