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Psicoauditación - Benjamín

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 24/11/2015

Sesión del 27/11/2015


Sesión 24/11/2015
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Benjamín

Combatió en el ejército de Roger de Flor y en camino hacia San Juan de Acre fue sentenciado a muerte por traición.

Sesión en MP3 (1.034 KB)

 

Entidad: Muchas veces pensamos que nuestros proyectos van a salir bien, somos optimistas, nos rodeamos de vibraciones positivas y por acciones de terceros -nunca es por casualidad, porque no creo en las casualidades-, las cosas salen mal, pero también ha pasado al revés.

 

En distintas vidas he vivenciado situaciones donde parecía llegar al final y cual diestro timonel, hacía un giro de noventa grados haciendo que la barca esquive la tormenta. Gracias a Dios, la mayoría de las veces he logrado esquivar la tormenta, pero sí, sí, desgasta enormemente. El momento en que tú no sabes que destino te espera, ¿La gloria? ¿La muerte? ¿El desenlace? Porque en siglos anteriores, a diferencia del actual, la vida era distinta... porque lo peor que te puede pasar hoy es nada comparado con aquellos siglos.

 

Mi nombre era igual que el actual, Benjamín, Benjamín Rocaforte. Había nacido en Sicilia. Estuve en varios barcos justamente de timonel y muy confiable para la tripulación. Tenía veinte años cuando conocí a Roggiero. Lo precedía una gran fama por batallas que había ganado y ahora, cuando ya había pasado el temporal, nos mandaban a San Juan de Acre a rescatar a los cristianos que allí habían quedado. Era una ida, difícilmente una vuelta. Para peor, en el camino, unas hordas nos atacaron, los vencimos, estábamos muy preparados, pero tuvimos treinta bajas, pocas comparadas con las doscientas ochenta bajas que tuvieron nuestros atacantes, pero para Roggiero da Fiore, una sola baja ya era mucho.

 

Fue especulando a ver quién sería el traidor que les avisó por dónde iríamos, porque teníamos un trecho largo por tierra. Y me miró a mí:

-¡Tú, Benjamín, eres el indicado!

-¿En qué sentido, señor?

-¡En habernos traicionado! ¡Tu muerte será lenta!

 

Los demás estaban pálidos porque no podían creer que yo fuera el traidor.

Sacó su sable:

-¡Yo mismo te ejecutaré! ¡Sigan adelante!

 

Todos siguieron, él y su amigo Gastón se quedaron. Me puse de rodillas esperando el final y me dijo:

-¡Levántate! Sabemos que tú no eres el traidor, esto lo hicimos para dar confianza al verdadero traidor. Comunícate en aquel pueblo con un hombre llamado Mesina, te dará más hombres y una barcaza.

-Toma. -Me dio dos monedas de oro-. Llévale esto de parte de Roggiero.

 

Me dio un mapa y me dijo donde nos reuniríamos. Le agradecí su confianza y lo que era el final no fue tal, una nueva aventura me esperaba, me tenía que encontrar con Mesina, encontrar a los hombres, tomar el timón de la barcaza y encontrarme en determinado punto esperando que Roggiero da Fiore encuentre al verdadero traidor, porque todavía nos esperaba San Juan de Acre.

 

Hasta todo momento.

 


Sesión 27/11/2015
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Benjamín

En barcos de Roger de Flor tenía la responsabilidad de timonel y se dirigían a una batalla definitiva. Había miedo y no sabía si llegaría a mañana. La muerte era segura.

Sesión en MP3 (2.351 KB)

 

Entidad: Roggiero da Fiore me había dado una responsabilidad que era muy difícil de asimilar. Habían llegado a lo que se conoce como Ramallah pasando por Nablus, llegando a Yenin y no seguí la ruta para no ser detectado. Marché hacia el Mediterráneo, hacia el puerto de lo que se conoce como Cesárea. Ya sabían de mi llegada y me esperaban no sólo como timonel sino para conducir la barca que al final fue acompañada por cinco barcas más hasta San Juan de Acre. En lo que se conoce como Haifa tres barcas más se unieron, llegamos a ser ocho barcas. Del lado de Nahariya, casi al límite de lo que hoy es el Líbano, vinieron dos barcas más y una directamente del norte, de Tiro.

 

Por su lado, Roggiero da Fiore y su gente fueron por tierra; Ramallah, Nablus, Yenin, se desviaron hacia Tiberiades. Allí había más gente, volvieron hacia Nazaret y por tierra iban a San Juan de Acre, nos íbamos a reunir a pocas millas. De todas maneras era muy fuerte la aventura para lo que yo estaba acostumbrado. Roggiero te transmitía una fuerza que o la sacabas de adentro o te la contagiaba él.

 

Tres semanas más tarde, exactamente veintiún días después, nos reunimos cerca de la bahía y allí pasó algo para lo cual no estaba acostumbrado.
La mayoría de los que acompañaban a Roggiero da Fiore, menos Gastón, obviamente, si bien los demás pensaban que me había ejecutado él sabía que no había sido yo. Uno de sus segundos, Martino, al verme se asombró sobremanera:

-¿Qué hace este bastardo aquí? ¿No era que estaba muerto?

Roggiero le preguntó:

-¿Y por qué?

-¿Por qué te piensas que vino la gente de Faisal? ¡Por Benjamín!

 

Roggiero lo miró a Martino y le dijo:

-Nunca dije que la gente que nos atacó y a la cual pudimos vencer, estaba comandada por Faisal. -Sacó su espada.

 

Martino se puso pálido, todos los demás miraban la escena.

-Toma tu espada, puedes defenderte. No te voy a ejecutar, te voy a matar en duelo.

 

Apenas Martino cogió la empuñadura de su sable, la espada de Roggiero hizo un giro separando la cabeza del tronco de Martino. Cogió la cabeza por los cabellos y se la mostró a la gente. No habló, hizo un giro de ciento ochenta grados con la cabeza, la sangre caía en la arena:

-¡Mirad! -Exclamó a lo último-. -¡Nadie tiene la vida comprada! ¡Los traidores directamente no la merecen! -Abrió la mano, la cabeza cayó al lado del cuerpo decapitado.

 

Me sentía paralizado. Me tomó de un hombro y me lo apretó hasta dolerme, hasta dolerme mucho. Con la otra mano cogió mi mentón:

-¡Mírame a los ojos! -dijo-. ¡Siempre debes estar alerta! Si tú te paralizas ante lo que yo hice, cuando lleguemos a Acre vas a ver mucho más y si te paralizas te matarán. Eres tú o ellos. ¿Quieres volver? -Asentí con la cabeza.

-No te escucho ¿Quieres volver?

-Sí, señor -le respondí.

-Bien. Sé como liberar a los cristianos de San Juan de Acre, sé cómo hacerlo.

-¿Qué hacemos con el cuerpo, lo enterramos? -pregunté.

-¿Y quitarle el manjar a los cuervos? ¡No! Déjalo allí.

 

Dio permiso para que algunos se lleven su espada, sus botas, su cinturón y lo que hiciera falta. Se me revolvía el estómago al ver como el cadáver quedaba casi despojado de ropas. Roggiero da Fiore miraba como si un camello estuviera alimentándose. Su mirada era insensible, quizá eso me parecía a mí, quizá Roggiero estaba curtido por tantas aventuras, las que me han contado y las que seguramente no sé. A su lado me sentía protegido, pero íbamos a entrar en una fortaleza donde han fracasado fuerzas de Bretania, fuerzas de las Galias, fuerzas de Europa del Norte.

Lo vi sonreír y tomar un trago de su cantimplora. Y me dijo:

-Bien, hay una docena de barcos, bien, bien.

-Pero no es mérito mío, señor, se fueron juntando. Ya estaba todo programado por usted, señor.

-No te quites mérito, eres un gran timonel. Seguirás conmigo después de Acre, hay mucho por hacer.

 

Me asombraba su optimismo o su delirio, ya daba por descontado que iban a liberar a todos los cristianos. Estaba tan ajeno a todo que decía "iban", no "íbamos", no me incluía. Ya me daba por muerto antes de comenzar la aventura porque todo lo anterior fue un preludio, un prologo de lo que vendría.

Pero hay algo que aprendí, con voluntad todo se logra. Y lo sostengo y lo repito las veces que sea necesario. En mi rol actual como Benjamín, la mayor de las penalidades que pueda pasar es insignificante comparada con cualquier situación de aquella época. Y a veces nos quejamos o nos sentimos impotentes por cosas que creemos irresolutas, siendo que en aquel siglo no sabías si al día siguiente seguirías vivo. El problema no era laboral ni la relación con una joven, era saber si al día siguiente tendrías la posibilidad de seguir vivo o ya serías inerte con una flecha clavada en el pecho. Y yo le llamaba la aventura... yo le llamaba locura. Permitidme tener aunque sea ese punto de vista.

 

Gastón, el segundo de Roggiero da Fiore, me preguntó:

-¿Te sientes bien? Te veo pálido.

-No, Gastón. ¿Qué más puedo pedir? Vivo un día más.

 

Lo miré a los ojos y le pregunté:

-Y la semana que viene estaremos de regreso, ¿no?

Me miró y me dijo:

-Así lo dice Roggiero.

-¿Pero tú qué opinas?

-Yo no opino, si él lo dice, así será.

 

Buscaba un apoyo, un aliciente, alguien que diga todo va a salir bien. Creo que Gastón pensaba como yo pero el hecho de conocer mejor a Roggiero, ¡je!, la vida misma le había enseñado a disimular. Y la gota de sudor de nuestros rostros, ¿era del infernal calor?, ¿de ansiedad?, ¿de excitación por la futura batalla? Yo estaba cualquier cosa menos excitado, mi corazón latía a más de cien por minuto. Pero hay una cosa importante que digo para terminar: Latía. O sea, que estaba vivo y por ahora había un futuro.

Alguna vez Roggiero dijo:

-Tanto preocuparse por el mañana, tanto preocuparse por el mañana y te pierdes el hoy.

 

Pero ¿qué es el hoy? Planificar. A veces pierdes tiempo en planificar y el destino o lo que fuera cambia tu visión, tu perspectiva, tu horizonte, tu sendero, tu marcha y todo lo que has ideado cae al tacho de basura o a las aguas del Mediterráneo.

 

Me quedó un engrama de no darle tanto valor a las cosas pero como decís vosotros, el hecho de hacer catarsis relatando esos momentos previos a Acre es como que si todo mi ser fuera un tubo a punto de explotar y alguien sacara el tapón para que la presión saliera, y ya veríamos que pasaría. Ya veríamos.