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Psicoauditación - Blanca |
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección |
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Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
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Sesión del 04/02/2026 Sargón, Kirana
Sesión 04/02/2026 Se le amontonaban cosas. La comandante de la nave de Sargón recordaba estar sin su esposo Alexis. También recordó cuando una nave de la Federación fue atacada por unos seres mecánicobiológicos. Todos fueron 'reprogramados'. La nave fue deshecha.
Entidad: -Capitana Kirana, disculpe comandante, estoy acostumbrado, fui su teniente durante tantos años que todavía le sigo diciendo capitana. Sonreí con un gesto triste: -Está bien, teniente Carter, está bien. -La veo preocupada, tendría que verla aliviada. -Quédate tranquilo, simplemente estoy descansando. Salvo algo urgente voy a mis aposentos. -Y me recosté en mi camastro.
Dicen que cuando algo terrible termina te sientes, ¡aaah!, relajada, con un tremendo cansancio, pero relajada sabiendo que todo pasó 'supuestamente'. Pero yo tenía una angustia que me carcomía el alma. Siempre supe, aun antes de noviar, aún antes de casarme que amaba desesperadamente a Alexis, su sonrisa, sus bromas, su rostro serio, impasible cuando tenía que combatir al enemigo eran varias personas en una, el que aconsejaba a otros capitanes, a tenientes, a alféreces, el que bromeaba, el que jugaba con pequeños animalitos en Prima.
Pero cuando pasó eso, tremendo por suerte, nuestro hijo estaba en misión en un mundo a más de sesenta años luz, por supuesto se enteró de lo que pasó, y le ordené no como madre, como gran comandante, de que se quede cumpliendo la misión allí. Hoy, después de que supuestamente pasó el peligro, me doy cuenta de que no puedo vivir sin Alexis. Alexis es una persona que es implacable en los ejercicios con los demás soldados, novatos, alféreces, tenientes, capitanes, y ha zurrado a más de uno que quiso medirse con mi esposo. Ese mismo esposo que acaricia a los pequeños mamíferos y que más de una vez le dije equivocadamente: -¿Qué haces de tu vida?, nada, estás ahí echado en el césped. ¿Esa es tu vida actual? No sumas nada a la Federación ni a Prima ni a Sargón. Y me respondía sonriendo, nunca se enojaba: -Me sirvo a mí mismo. -Me sacaba de quicio, como siempre. -¿Qué significa servirte a ti mismo?, yo lo llamaría egoísmo. Y ahí sí fruncía el ceño y se sentaba: -¿Cuánto he hecho por la galaxia? -¡Claro!, falta que te pongas la corona y digas 'He cumplido'. -Kirana, estás exagerando, yo no digo 'He cumplido', yo digo que he hecho bastante. -Hay miles de capitanes que pueden hacer cosas. -¡Ah! O sea, que tú reconoces que soy el número uno. -Y sonreí con ganas de pelear. -¿El número uno en qué, en rascarte las axilas, en jugar con esos bichitos? Ni siquiera lees para instruirte. Hay nuevos datos, nuevos mapas galácticos. -¿Acaso estás todo el tiempo conmigo? Vienes de una misión, te aseas, te cambias de ropa y te vas de vuelta. -¿Y sí tú tienes a tus animales para qué me quieres a mí? -Kirana, no debatas conmigo salvo que quieras perder. -¿Ah sí? Te acepto el desafío. -No no no, estoy verdaderamente dormido. -¿Ves?, tengo razón yo, Alexis, vives para eso, dormir y jugar con los bichos ¿Esta es tu vida? -Y hoy con un nudo en la garganta mis ojos se humedecen de haberle dicho eso, de haberlo tratado así con tanta petulancia de mi parte.
Voy a relatar lo que pasó aun lo que no he presenciado yo sino lo que me contaron después, pero debo contarlo en orden de sucesos porque es la manera de que podáis entender lo que pasó.
El eco metálico de la botas de Morex, el comandante de la nave Kimera de Sargón, resonaba en el puente de mando de la Kimera, pero no era el sonido de la marcha lo que le preocupaba, al contrario, el silencio, ese silencio al que no te acostumbras, un silencio de la marcha de la nave que preocupaba, un silencio antinatural que venía del vacío exterior. Diréis, 'en el vacío no hay sonido'. No, siempre hay sonido, siempre. No lo detectamos con oídos lo detectan los ultrasonares. Y en ese momento no detectaban nada, no en ese momento, un silencio antinatural del vacío exterior. Los radares no mostraban naves pero los sensores de presión gritaban, algo masivo se había adherido al casco de la Kimera.
-¡Informe de daños! -rugió Morex aferrando el pomo de su espada de plasma. -No hay brecha térmica, mi señor. -Respondió el oficial de cubierta con voz temblorosa. Y luego dijo-: Es una visión, una adhesión a nivel molecular, se están fundiendo con nosotros. -¡Pero qué dices!
Y después, en la Kimera, se dieron cuenta que a diferencia de otros invasores, estos seres que se hacían llamar 'Los autómatas' no buscaban la destrucción total, buscaban la expansión de su red. En los pasillos del sector cuatro de la Kimera, el acero tratado con duranión comenzó a latir en las paredes, pequeños filamentos de tejido biogenético, una mezcla de nervios sintéticos y fibra de carbono empezaron a brotar de las rejillas de ventilación. De pronto la puerta de seguridad estalló hacia adentro pero no por una explosión sino por una fuerza de tracción imposible. Hasta que entraron ellos era la anatomía del horror.
Los autómatas no eran máquinas frías sino un recordatorio grotesco de la evolución forzada. ¿Por qué? Porque sus cuerpos conservaban forma humanoide pero sus extremidades habían sido reemplazadas por cuchillas óseas reforzadas con titanio y sus ojos eran lentes carmesíes que procesaban miles de variables por segundo, era una asimilación táctica. No disparaban para matar, disparaban dardos de nanobot que paralizaban el sistema nervioso de los soldados de Sargón. Eran una mente de colmena, se movían en una sincronía perfecta sin necesidad de órdenes verbales, si uno caía los otros procesaban su muerte simplemente como una pérdida de datos. ¿Emociones? No existían, las emociones eran vanas.
Hasta que llegó el enfrentamiento. El comandante llegó al pasillo principal justo cuando el primer autómata clavaba un conector biotecnológico en la nuca de uno de sus guardias. El hombre no gritó, su cuerpo se arcó mientras sus venas se entornaban negras y mecánicas. -¡Atrás, engendros del vacío!
Morex activó su hoja dividiendo el aire con un zumbido eléctrico, el autómata principal giró la cabeza ciento ochenta grados ignorando la anatomía natural. Una voz que era la suma de mil voces superpuestas emanó de su pecho: -Humano de Sargón, tu estructura biológica es ineficiente, el caos de tu voluntad es un error, permítenos optimizarte.
Morex cargó, el acero chocó contra la carne cibernética y por un momento la tecnología antigua se enfrentó a la evolución implacable de los asimiladores. La luz de la Kimera seguía parpadeando mientras el color rojo de los autómatas se comienza a devorar el azul de la nave. ¿Qué pasaría, qué pasaría en ese momento? La señal de auxilio de la Kimera salió disparada al vacío como un último estertor de agonía, un pulso de datos comprimido cargado con las coordenadas de la masacre justo antes de que los cables de fibra óptica del puente fueran devorados por la biomasa metálica. La Kimera ya no era una nave de Sargón.
Y allí empezó el silencio de la transformación, no hubo una explosión final, lo que siguió al ataque fue mucho más aterrador: un silencio orgánico rítmico, los gritos de los soldados de Sargón se transformaron en un zumbido eléctrico uniforme. La asimilación no era una ejecución, para nada, era una reprogramación forzada.
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