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Psicoauditación - Edgar Martínez |
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección |
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Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
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Sesión del 24/04/2026 Sargón, Fidis Sesión del 25/04/2026 Sargón, Fidis Sesión del 08/05/2026 Sargón, Fidis
Sesión 24/04/2026 Una raza llamada los Autómatas estaba sembrando el pánico en otros mundos y los había atacado. La Federación Prima lo mandó llamar para comandar el contraataque.
Entidad: Me llamaron por radiofrecuencia ultralumínica: -Fidis, es importante que vengas. -Era el primer ministro de Prima, cuando lo reconocí le di un fuerte abrazo-. ¿Sabes lo qué está sucediendo, Fidis? -asentí con la cabeza-, necesito que te alistes. -¿Alistarme? ¿Y mi esposa y mis crías? -Pensarás 'uno más no suma', pero en matemáticas 'uno más, suma'. Además, tienes experiencia en navegación galáctica, tienes experiencia en naves ultralumínicas, en cómo dar micro saltos. -¿Y Alexis? -Alexis en este momento está desaparecido, te puedes comunicar con la comandante Kirana, está en la nave Quimera IV. -Yo vine en un multiplaza... -No, te daremos un crucero y estarás al mando. -Pero todos tienen entrenamiento militar. -Mira, Fidis, los Autómatas son algo contra lo que nunca hemos luchado. Lo miré al querido primer ministro y le dije: -¿Habéis pensado quién los hizo? No tienen vida, dicen que son biomecánicos. -No, son mecánicos. El capitán Steve Cordell estuvo haciendo experimentos para en todos los sistemas de Prima y de Sargón eliminar lo digital. -Es absurdo -le respondí-, y voy a explicar por qué. Tengo entendido que hay mundos que ni siquiera han logrado la velocidad de curvatura, o sea, son mundos que apenas han llegado a algunos planetas de su sistema estelar con naves a propulsión y sin embargo me figura en los puntos en rojo de los mapas galácticos que han sido asimilados. -Fidis, esos mundos que no tenían todavía velocidad de curvatura ya trabajaban desde hace cientos de años con sistemas digitales. -¿Quién los quiere apagar? -El capitán Steve Cordell. -¿Dónde se encuentra en este momento? -En un asteroide de un sistema gaseoso. -¿Te puedo pedir las coordenadas? -Allí las tienes, te las pasé a tu holoordenador. -Vaya. Bien, ¿para que necesito tanta tropa?, hay mil hombres aquí. -Esta es la nave Imperio, es una de las tres mejores de Prima con triple capa de cobertura, con sistema de invisibilidad física y calórica. -Bien. Dame una hora, hablaré a Sargón, hablaré con mi esposa. -Dile que no se preocupe -me dijo el primer ministro-, dile que estás en una de las mejores naves, todos los capitanes, tenientes, alféreces saben quién eres tú. -Han pasado años, primer ministro, estoy como oxidado. -Si supieras lo que le costó a la comandante Kirana que Alexis vuelva a la acción... -Sonreí. -Sé lo que gozaba Alexis con sus pequeños mamíferos aquí en los jardines. ¿Pero qué le podemos reprochar?, ha salvado un cuadrante entero de la galaxia, y no una sola vez, dos o más veces. ¿Cómo que está desaparecido? -Estaba con una nave y los Autómatas tienen dos tipos de naves: las cúbicas que son gigantescas y las esféricas más maniobrables, y aparentemente con una bomba de vacío se estrelló con un cubo gigantesco y desapareció todo. -¿Cómo la noticia no se difundió? -¿Difundir la noticia de que Alexis ha desparecido? No, no, causaría en la tropa una baja brutal de moral, no. -¿Y tú piensas que yo lo soporto? -No, no saco conclusiones, es necesario que la tropa vea a alguien que es conocido en todos los sistemas. -¡Je, je! Pensé que ibas a decir "a alguien del pasado". -Fidis, apenas ha pasado poco más de una década. -¡Je! Una década donde yo pensaba que no había más riesgo, más problemas, todo felicidad criando con mi esposa a nuestras tres crías... Estoy descolocado mentalmente. -Fidis, tú sabías lo que pasaba. -No me imaginaba que iba a estar a cargo de una nave insignia. -Aún no has aceptado. -Sonreí. -Sabes que sí. Hablaré con mi esposa por vídeo ultralumínico y a las cero doscientos marcharé a las coordenadas de ese satélite. -Sé que podrás. -Honestamente, no sé lo que me dirá Steve Cordell, el capitán. Honestamente, no sé. ¿La veré a la comandante? -Posiblemente. -No pierdas la comunicación con ninguno de ellos, esta nave tiene comunicación digital, o sea, seré fácil de que me ubiquen. Sé que en Sargón están sacando todas las naves digitales, esto es un retroceso de siglos. Querido primer ministro, ¿qué queremos ganar o sobrevivir en tinieblas? Me miró con una mirada indescifrable: -En este momento, Fidis, lo que queremos es sobrevivir en tinieblas, y después veremos cómo armamos los distintos contraataques. -¿Y el hijo de Alexis? -La madre le dijo que no se acercara. Obviamente ha vuelto, ha desobedecido a la comandante. -¿Lo ha castigado? -Fidis, no es momento de castigos, todo suma. -Nos dimos un abrazo.
Y en mi cabina personal hablé con mi amada casi cerca de una hora. Admiré su grandeza espiritual, en ningún momento me pidió "No lo hagas", y sabía que si yo moría en el intento me llevaba parte de ella, parte de su alma, parte de su corazón. Pero nunca me dijo: "No lo hagas", sólo vi su rostro con cara de no querer develar nada, pero por dentro de mi ser sabía que estaba partida en mil pedazos pero no lo demostraba, por algo había sido primer ministra de Sargón.
Sesión 25/04/2026 Idearon un plan para que los Autómatas no los detectara, apagarían todos los sistemas y señales digitales que los Autómatas esperaban encontrar y mientras ganarían tiempo para atacarlos.
Entidad: Estaba llegando a Auriga, el satélite de un gigante gaseoso que es el cuarto planeta de Crisel, una estrella roja.
Tenía una contraseña y pude aterrizar en un plano, me sentí conforme porque el terreno era bastante irregular, la nave insignia quedó orbitando. Los tripulantes se opusieron a que baje yo solo, pero no quise teletransportarme.
Había unos mineros que me dijeron: -Señor Fidis... -Sí. -Venga con nosotros, por favor.
Bajé por un ascensor antiquísimo que tenía por lo menos dos siglos, se escuchaban ruidos de cadenas, maquinarias. Descendimos como seiscientos metros bajo tierra. Se abrió la puerta. Me acompañó el humano. Abrimos una puerta de titanio y el resplandor me dañó prácticamente los ojos, era una especie de laboratorio. Y vi dos hombres. -¡Alexis! -Me miró sonriendo-, dijeron que habías desaparecido. -Es otra historia. Fue prácticamente cierto, pero una comandante prácticamente me salvó la vida. Él es Steve Cordell. -Le tendí la mano y luego me abracé con Alexis.
-¿Qué sucede aquí? -No estamos usando nada que sea... -Explícate, no te quedes callado. -No queremos que nos capten los Autómatas, no importa que estemos bajo tierra. Todo lo que sea digital, tú por ejemplo tienes ultraradiolumínica, apágala. -Voy a quedar desconectado. -Coméntales en breves segundos que apagarás tu radio. -Lo comenté a la tripulación-. Diles antes de cortar que queden en órbita y que todo aparato digital sea apagado. -Imposible, imposible, Alexis, nuestra nave no vino preparada para ello. -Entonces coméntales que vuelvan. ¿De dónde vinieron? -De Prima. -Que vuelvan a Prima. -Pero tenemos todas las capas... -No, no sirve, que vuelvan a Prima. Tú te quedarás con nosotros. -Bien. ¡Están usando papel!, ¡pero hace siglos que no se usa papel! -Lo que pasa que si activamos, como ya le expliqué a Steve, los transmisores de válvulas en Auriga podemos coordinar la flota sin que los cyborgs detecten un solo bit. -¿Por qué? -Porque para la Colmena, Fidis, seremos invisibles, seremos simples fantasmas en sus radares.
Estuvieron más de una hora explicándome cómo funcionaba todo lo que era analítico. -¿Pero qué dice Sargón a todo esto, están de acuerdo?, ¡nos vamos a atrasar siglos! -Bueno, te explico. ¿Sabes que ahora hay un consejo aparte del primer ministro? -Sí. -Bien. Para que el consejo acepte lo que estamos planificando con Steve, tenemos que demostrar primero un factor sorpresa. -¿En qué sentido? -Fidis, la Colmena asimila lo que comprende. No comprende lo que está obsoleto. -Pero Alexis, tengo entendido de que hubo mundos que ni siquiera tienen velocidad de curvatura ultralumínica y sin embargo han sido asimilados. -¿Pero por qué, por qué, Fidis? Porque tenían todos aparatos digitales. Te confieso algo -Lo miré a Steve-. Y a ti también. Estamos en un momento crítico, Prima en este momento es la capital de la Federación aliada de Sargón, pero hoy representa la cúspide de la tecnología holodigital. Sí, Fidis, lo que en este momento la hace extremadamente vulnerable. -¿En qué sentido? -Acá hay un programa digital artificial que hace vulnerable a toda la Federación Prima, se propaga como un virus. Steve me dijo: -Tienes que tratar de entender, Fidis, el contraste entre la alta tecnología de la Federación y la "tosca" efectividad de lo antiguo. -¿Qué hacemos ahora? -Tenemos un bunker en Prima, es prácticamente un santuario de lo obsoleto. -¿Pero en Prima lo saben? -Sí, el primer ministro sí, en Sargón también, pero no hay difusión al respecto ni siquiera entre las tropas. -Pero has dicho que mi nave vuelva, es una nave insignia. -Sí, vamos a ir en una nave pequeña, en lo posible con todos los programas analíticos. -Alexis, para velocidad Warp se precisa sistema digital. -Sí, la daremos como impulsos. -Alexis, estás confundido, apenas cortes la velocidad de curvatura volvemos al espacio normal, tardaríamos miles de años en llegar a Prima, es imposible lo analógico para trasladarnos. -Quiero que veas este plano. -Sí. -Según este plano en dos días de Sargón estaríamos en Prima. -¿Cómo? -Porque tenemos un contractor de tiempo y nos puede llevar de una manera tan veloz como la velocidad de curvatura. -No conocía eso. -Fidis, yo vivo conectado con superordenadores y les doy instrucciones a quienes lo manejan que busquen maneras, que busquen distintas formas, y ellos después de meses de trabajo han encontrado un contractor de tiempo. Fui sincero: -Alexis, no tengo la menor idea cómo funciona eso. -Pero funciona, funciona Fidis, y esta nave está equipada para ello. Ahora nos vamos a trasladar a Prima a mi bunker.
La nave parecía una nave antiquísima, tenía solamente treinta tripulantes y fuimos con Alexis, con Steve Cordell, el capitán, y yo.
Llegamos al bunker de Alexis en Prima. Afuera había trenes de levitación magnética que se deslizaban en un silencio absoluto. Dentro del bunker se escuchaba el rítmico 'Tic Tac, Tic Tac, Tic Tac' de un reloj de péndulo. -Esto lo vi en libros de historia, no sabía que existían relojes analógicos. -Existen. -Steve Cordell dejó su comunicación holográfico, apagó el comunicador y lo guardó en una caja de plomo sobre la mesa de madera. -El consejo nos dio luz verde, Alexis -explicó Steve-. Su voz sonando extrañamente orgánica en esa habitación sin eco digital. Y yo guardaba silencio.
Lo miré a Steve y me dijo: -Creen que nos hemos vuelto locos, dicen que combatir a la Colmena con esto es como intentar detener un tsunami con una red de pesca. -No pude contener la risa. -Honestamente, pienso lo mismo. -Alexis con los ojos fijos en un esquema amarillento ni siquiera levantó la vista. -La Colmena no es un tsunami, Steve, la Colmena es una ecuación, Fidis, y las ecuaciones sólo resuelven lo que pueden leer. -Explícate -pedí. Alexis golpeó con el dedo un aparato lleno de válvulas de vidrio y filamentos de cobre-. Mira, Fidis, esto es un transmisor de radiofrecuencia por cristal, no tiene sistema operativo, no tiene protocolos de red, no tiene una sola línea de código que ellos puedan infectar. -Me acerqué, observando los cables de cobre trenzado. -¿Cómo pretendes, Alexis, que coordinemos una flota de quinientos cincuenta sistemas con..., con una radio? -Yo pregunto lo mismo -dijo Steve escéptico-, la señal es lenta, rebota en la atmósfera, cualquiera puede interceptarla. -Ese es el punto -replicó Alexis con una sonrisa afilada-. La Colmena va a interceptar la señal y buscará datos encriptados, buscará un lenguaje de máquinas pero sólo va a encontrar ondas senoidales. Para cuando intenten "traducir" el ruido senoidal, nuestras naves ya habrán disparado a los cubos.
Me quedé pensando. No entendía el concepto, Steve lo entendía a medias, pero tanto Steve como yo confiábamos en Alexis. Alexis nos miró y dijo: -Tengo más de quinientos jóvenes trabajando con diversos sistemas analógicos. Ellos bajo mi mando y bajo mi intuición elevada pudieron crear contractores de tiempo, hay uno colocado en la nave que vinimos. Me preguntó: -¿Qué pasó con la nave insignia que comandabas? -Está en este momento desactivada en un astropuerto. Me siento muy inquieto, confío como confío en el Creador, pero... Alexis me miró: -¿Te falta fe? -Tengo toda la confianza en ti ¿Pero quién eres, Alexis? -Un ser humano. -Sí. -Y tú un reptiloide. ¿Y? -No me refiero a eso, no eres un dios. -Entiendo. ¿Piensas que puedo equivocarme? -Sí. -Yo también. -¡Ah, bueno! ¿Hablas en serio o te estás burlando? -Un poco de cada cosa. Pero hasta que no probemos mi hipótesis no podemos saber si estoy equivocado o no.
Me quedé duro, pensando. No me sentía bien. Pienso que vamos con lanzas a pelear contra las armas más poderosas.
Sesión 08/05/2026 No sabía por qué estaba batallando contra los autómatas y no estaba con su familia pero estaba en peligro la Federación Sargón...
Entidad: La paz es un perfume dulce pero volátil, muy volátil. Durante diez años aprendí a respirar ese aroma en los jardines colgantes de Sargón. La gente decía: "Ahí va Fidis, un reptiliano de escamas color verde esmeralda". Sonreía.
El afecto de la gente en las encuestas me daba un 90% de aprobación siendo que yo simplemente era el esposo de Nubia, la mujer que una vez lideró la Federación como primera ministro, con mano de hierro pero corazón de seda. Y ambos compartíamos el silencio de un retiro bien ganado. Mi impresión, nuestro matrimonio había sido el escándalo del momento: "¿Un refugiado llegado del mundo de los Antiguos formando pareja con la futura primer ministro?". Pero se dio, un símbolo de una unión interplanetaria inquebrantable. Amaba..., amaba la calidez de Nubia, ella era mi vida, tenía una sabiduría milenaria que vibraba en mis pupilas verticales. ¡je, je, je!, pero el universo, ¡je, je, je!, el universo tiene una memoria cruel.
La notificación no nos llegó por canales oficiales sino a través de un heraldo de acero y sombras: Los cyborg de la franje de Omega habían despedazado un par de mundos. No buscaban recursos, buscaban la asimilación total de la vida biológica.
La Federación Sargón, no digo debilitada porque gracias a Alexis vencimos a los Langar, al imperio Mordon por segunda vez, pero pidieron mi opinión para orquestar una defensa táctica. -No eres sólo un estratega, Fidis, eres la voluntad de la gente -leyó Nubia en el holograma de la convocatoria. Por supuesto que ella no derramó lágrimas, como antigua líder entendía que el sacrificio no se elige, se acepta.
Pero al mirarme vio algo en los sensores que ellos mismos no detectarían: Un dolor intenso en el alma.
Me enfundé en mi vieja armadura de combate, el metal frío chocaba contra mis escamas, una sensación que antes me daba seguridad y ahora me provocaba nauseas. No era miedo a la muerte, un reptiliano de mi casta desprecia el fin físico; pasaba por otro lado, era la incertidumbre del destino.
Mientras caminaba hacia la rampa de mi nave, una nave insignia, la Soberana, el dolor se manifestó como una presión, una presión muy fuerte, asfixiante en mi pecho. Diez años de desayunos al amanecer, diez años de paseo por los valles de cristal y ahora el olor a ozono, el aceite de motor. Y sabiendo que el pulso electromagnético de los cyborg se acercaba. ¿Qué futuro esperaba? Una neblina negra.
Me detuve frente a la escotilla, Nubia estaba allí, pequeña pero firme bajo la sombra del coloso de metal. Ella me dijo: -El destino es una ecuación que aún no hemos resuelto, Fidis. -Adivinando mi tormento. -No, no, Nubia, no es la ecuación lo que me duele. -Con una voz que vibraba por la melancolía-. Es que por primera vez en años tengo algo que perder, que es más grande que mi honor, el alma me duele porque el mañana no nos pertenece y temo que al salvar la Federación nos perdamos el uno al otro en el vacío.
Llegué a la cabina de comandante, desde el puente de mando observé cómo Sargón se convertía en un punto azul en la distancia, los mapas tácticos se encendieron mostrando miles de señales enemigas, frías, calculadoras, carentes de alma. Cerré mis párpados, el dolor seguía y una ancla emocional en un mar de incertidumbre, sabía que la guerra con los cyborg sería total y que el destino, ese dios caprichoso no garantizaba regresos. -Inicien en el salto -ordené. Nuestra nave desapareció en el hiperespacio dejando atrás mis diez años de retiro y la paz.
En este momento estaba cargando parte del peso de la Federación, obvio que anhelaba volver al jardín donde el tiempo no necesitaba ser conquistado, pero ahora, en el vacío espacial pensaba si volvería a ver a Nubia y a nuestras tres crías. Sentía como, como ácido en mis entrañas por el dolor psicológico.
El salto al hiperespacio no logró dejar atrás el tormento, el puente de mando de la Soberana rodeado por el zumbido de los motores de curvatura y el parpadeo de los radares tácticos hacía que me sintiese como un extraño dentro de mi propia piel. El dolor no era físico aunque se manifestaba con una crueldad biológica, una sensación de ácido hirviente en mis entrañas que parecía corroer mis órganos internos. No, no era el miedo a los cyborg lo que me provocaba esa acidez sino el rostro de Nubia, la imagen de las tres crías que aguardaban en el hogar que acababa, que acababa de abandonar.
Mientras la flota se deslizaba por el vacío cerré mis ojos tratando de bloquear la fría lógica de los mapas estelares. Pensaba en Nubia, mi compañera, el pilar de mi retiro, el aroma a tierra húmeda y sol era lo único que calmaba mi instinto. Mis tres pequeñas crías, vidas de escamas tiernas que apenas comenzaban a entender el honor de nuestro linaje, ¿es este el precio? ¿Debo condenar mi felicidad para que el resto de la Federación pueda tener la suya? No, eso era ser egoísta. Si yo me dejaba estar era peor, yo trataba de sumar, dejarme estar era restar y no sumar. Pero entendía que el dolor psicológico era una espiral. Como comandante mi mente estaba diseñada para calcular probabilidades, pero mi corazón reptiliano ahora estaba contaminado por el amor, esa variante que mi esposa me había enseñado a valorar, cada señal que proyectaba terminaba en una encrucijada terrible.
¡Victoria, quiero una victoria!, destruir a los cyborg. Quedar a la deriva en un sector olvidado, eso es una victoria fría. Peor era la derrota. Ver como la marea metálica llegaba hasta Sargón convirtiendo a mi familia en chatarra biológica por sí sola, no, no, no, lo mío no era un sacrificio era una lucha por la vida.
Un oficial de comunicaciones se acercó pero se detuvo al ver mi postura encorvada, como al acecho. Apretaba los bordes de la mesa de manto con tal fuerza que el metal crujía. -Señor, los informes de largo alcance indican contacto en ten minutes, (diez minutos). El oficial estaba con voz temblorosa.
Tragué saliva, sintiendo esa quemazón ácida subir por mi garganta. Me enderecé ocultando el vacío de mi alma bajo la máscara de hierro del deber, no sabía si volvería a sentir el calor del nido, pero sabía que si saqueaba ahora no habría nido al cual regresar. -¡Prepárense ya los cañones de plasma, todos los cañones de plasma! -ordené. Mientras por dentro el ácido de la incertidumbre seguía devorándome vivo.
La victoria fue un estallido de luz cegadora que iluminó el vacío. La nave Esfera, una monstruosidad de geometría perfecta y lógica se desintegró en un millón de fragmentos de metal de metralla incandescente bajo el fuego de nuestra flota.
En el puente de mando hubo vítores contenidos y suspiros de alivio. Pero no me uní a la celebración, permanecí inmóvil observando cómo los restos de los autómatas flotaban como cenizas metálicas. El éxito táctico era innegable, pero para mí no era más que un respiro momentáneo en un mar de agonía.
A pesar del triunfo la sensación de ácido en las entrañas no disminuyó, de hecho se volvió más constante. Sabía leer las corrientes de la guerra mejor que nadie y lo que veía en los radares de largo alcance, unos radares que podían a años luz me helaba la sangre: la Colmena seguía viva, la Esfera era sólo un nodo, una extremidad sacrificable de una inteligencia colectiva mucho mucho más vasta. Era una tortura, una tremenda tortura. Porque quizás la tropa no pensaba, ellos gritaron el pequeño triunfo pasajero, sí, por eso no me uní al festejo, la Colmena seguía viva.
No lo comenté con la tropa pero por cada nave autómata destruida, nosotros, como Federación, perdíamos recursos biológicos irreemplazables, cada victoria me alejaba de más en tiempo y en espacio de los brazos de Nubia y la calidez de las pequeñas crías.
Me retiré a mi cámara privada y lejos de la mirada de la tripulación, allí el dolor psicológico me doblo por la mitad. Me llevé una pequeña garra al pecho sintiendo el latido errático de mi corazón... He ganado una batalla, pensé, pero he perdido un día más de juventud.
Me acordaba de mis tres crías jugando en los jardines de Sargón... Ahora lo veía como un sueño borroso, una frecuencia de radio que perdía fuerza a medida que mi nave principal y el resto de la flota nos internábamos más en territorio enemigo. La guerra no era una línea recta hacia la paz, ¿quién dijo esto? La guerra era una espiral que amenazaba con consumirme antes de que pudiera volver a ser esposo.
El oficial táctico me llamó a la puerta de la cámara: -Comandante, hemos detectado tres firmas térmicas similares a la Esfera en el sector contiguo, están reorganizando.
Me incorporé, el dolor del alma era ahora una parte de mi armadura, una cicatriz abierta que me mantenía alerta. Me limpié de rastro de fluido amargo de la comisura de mi boca y regresé al puente.
-Fijen el rumbo -ordené con una voz que sonaba a metal y a cansancio-. Si la guerra no termina hoy nos aseguremos, porque nos vamos a asegurar, los cyborg no van a tener un mañana.
Derrotamos cuatro Esferas más. Me comuniqué por ultrafrecuencia con el resto de la flota que acompañaba a nuestra nave principal: -¡Volvimos a ganar! -Lo felicitamos apreciado comandante Fidis. -No, no no no no. No hablemos de triunfos, la batalla había terminado pero nuestro destino sigue encadenado a las estrellas. Muchos de vosotros también tienen familia, no tienen que tener miedo a los autómatas, tienen que tener el miedo de no volver a ver a los suyos. Y eso los va a convertir en verdaderos guerreros. -Explíquese, comandante. -Es sencillo, es sencillo, capitanes, tenientes, alféreces, ese miedo de no volver a ver a la familia se va a convertir en el combustible de vuestra furia, pero no furia ciega de atropellar sin sentido, furia para no retroceder.
Pero el destino yo no puedo decir que el destino sea cruel, el un destino es el destino, crueles son los seres que buscan más y más, como si las vidas de todos duraran miles de años. Somos tan efímeros y sin embargo luchamos por lo que queremos, porque está en nuestra naturaleza el luchar por amor y no por expansión. Hay algo que tenía en mente, que una vez lo comenté con Nubia: "Ellos son una colmena, ellos no tienen alma, son biomecánicos y asimilan vida para alimentar la colmena y transforman en seres sin vida. Pero alguien, alguien vivo los tuvo que haber creado, y esa creación se le fue de las manos. Pero todavía no sabemos quién, qué mundo fue el responsable de crear estos autómatas.
El destino no era bueno, el destino no era malo, el destino era... inexorable.
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