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Psicoauditación - Francisco H.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 10/02/2017

Sesión del 20/02/2017

Sesión del 02/03/2017

Sesión del 17/05/2017


Sesión del 10/02/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco H.

En una vida, en Ran II, sus progenitores no le ayudaron en nada. Tuvo que desenvolverse no solamente sin ellos sino además arrastrando engramas que su padre le producía con su odio. Dejó la casa familiar. Debería afrontar la maledicencia de su padre.

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Entidad: A veces me da la sensación de que hay circunstancias que en distintas vidas se repiten, no de la misma manera -aún con distintos esquemas, distinta labor, distinto entorno familiar-, pero es como que hay aproximaciones, y si revivimos situaciones similares, esos engramas que se nos implantaron muy, muy profundo vuelven a surgir al punto tal de que nos condicionan de tal manera que nos sentimos ahogados, como que estuviéramos debajo el agua, figurativamente hablando, y no nos permitieran respirar esos condicionamientos, ¡Dios!, haciendo que apenas pudiéramos sostenernos a nosotros mismos.

 

Mi nombre era Osmar Belami, había nacido en un mundo Ran II, el segundo planeta de la estrella Ran. En lo laboral, si dijera que estaba bien me quedaba corto, estaba más que bien, más que bien. En lo familiar, a ver, madre siempre fue una persona sobreprotectora. Me acuerdo que de pequeño, como todos los niños, se peleaban y mi madre, de sobreprotectora, me había criado demasiado tímido al punto tal de que si peleaba con otro niño ella se metía y nos separaba y me llevaba a casa llorando. Ella me decía:

-Bueno, Osmar, no llores, ya va a pasar, madre está contigo. -Y yo me sentía bien. ¡Cómo me quería, cómo me protegía!

 

Pero era un niño, era un niño, no me daba cuenta de que me estaba haciendo mucho daño. Padre prácticamente no me dirigía la palabra, a veces hasta pensaba que me odiaba. Hasta que fui creciendo. Allí me decía:

-Eres bueno para nada. Este año te has llevado dos materias, nunca vas a ser bueno como yo. -La cantidad de engramas que me ponía.

 

Mi padre, Rector Belami, era un conocido profesor en nanotecnología y medicina de nanotecnología. Yo aspiraba a ser como él, admiraba su imagen, lo admiraba tanto como él me despreciaba. Jamás me sugería nada, me imponía, me gritaba, me desvalorizaba hasta que en quinto año de la facultad me recibí con las mejores notas sin deber una sola materia. Otros padres dirían "Bien Osmar, estoy orgulloso de ti". Padre no. Fui contento a mostrarle el diploma, porque no vino a mi graduación, mamá sí.

-¿Para qué querías que fuera?, ya sabía el desenlace, no esperaba menos. Es decir, de haber esperado menos directamente no te hubiera recibido acá en casa. -Lo miré como extrañado-. No me mires de esa manera, te hubieras tenido que buscar un lugar porque aquí no queremos parásitos.

 

Ya había cumplido veinte, casi veintiuno de vuestros años de Sol 3. Había jóvenes que eran mayores que yo y todavía les faltaba un año para recibirse, o sea, padre tendría que estar orgullos. No, para él era mi obligación el recibirme.

-Trabajarás conmigo, así te tendré controlado. -¡Controlado!

 

Me fui a trabajar a la clínica de papá. Papá había estudiado con el esfuerzo del abuelo, el abuelo ya fallecido lo había ayudado muchísimo, lo ayudó incluso a montar la clínica. Apenas la clínica quedó terminada, siendo yo pequeño, el abuelo falleció. Siempre me sorprendió siendo tan pequeño que en el velorio del abuelo, padre tuviera cara de piedra, ni una lágrima, ni un gesto de dolor. Madre se prendió de su brazo, se recostaba en su hombro sollozando y padre sin disimulo la apartaba y se iba a servir una bebida muy similar, prácticamente la misma que vuestro café.

 

Y fui creciendo, me especialicé en medicina de nanotecnología, fui creciendo al punto tal de investigar, el haber hecho nuevos descubrimientos, el trabajar con nanobots, nanobots donde podías transportar determinadas enzimas detectando únicamente células cancerosas para modificarlas o bien destruir esas células cancerosas evitando la radioterapia y toda otra medicina invasiva. Me sentía orgulloso.

Por fin, por fin ya cumplido treinta de vuestros años, padre me miraba de otra manera.

 

El problema es que me dediqué tanto, tanto, tanto al estudio, a la investigación de nanotecnología que no dejé lugar al amor. Sí, salía con amigos, conocí a algunas chicas pero no llegué a comprometerme seriamente con ninguna, tal vez los engramas que me había dejado mi padre, Rector, afectaban también el trato con las mujeres. Pero era bien parecido, joven aún, la expectativa de vida de Ran II era mucho más elevada que la que tenéis vosotros en Sol 3. Una sociedad que manejaba el dinero electrónico, no había papel moneda, en todos los países era el mismo dinero electrónico. Vivíamos en un mundo apenas más pequeño que Sol 3 con tres mil quinientos millones de personas prácticamente la mitad o menos de la población de Sol 3, respetábamos la fauna y la flora, éramos un mundo agraciado.

El hecho de ser soltero, de alguna manera era una ventaja porque no tenía que cuidarme. ¿En qué sentido? En el sentido de que para evitar superpoblación, la sociedad, de acuerdo con el estado, habían acordado que los matrimonios no podían tener más de dos hijos; de no hacerlo, el hijo restante era llevado al nacer -por el estado-, protegido, cuidado pero sin apellido y nunca más en el resto de su vida sabría quienes eran sus padres. Tendría buen estudio, buen trabajo, sería recibido en la sociedad como cualquier otro porque el niño, luego joven, luego adulto no tenía ninguna responsabilidad, ante la sociedad era igual a cualquier otro, sencillamente que no tenía padres.

 

Dentro de mi timidez yo era una persona frágil, en el sentido afectivo. Tenía una tremenda compasión por los carenciados porque si bien nuestro mundo era equitativo había gente que era carenciada por falla propia, dificultad para estudiar, no era constante en su trabajo, entonces los créditos que llevaba acumulados estaban en rojo en su cuenta electrónica. Recuerdo que se internó en nuestra clínica un gran amigo mío que lo conocía de pequeño, estaba con cáncer avanzado y no había manera de... Ya prácticamente era irreversible. Recuerdo que lo conversé con padre. Le digo:

-Padre, tú sabes que he hecho un descubrimiento con nanobots donde los nanobots pueden detectar cuáles son las células comprometidas y poder destruirlas o directamente modificar ciertas enzimas para desactivas esas células...

Padre me cortó en seco:

-Osmar, no pareces hijo mío, todos los premios que has recibido han sido por mí.

Quizá es la primera vez que me revelé. Le digo:

-Padre te equivocas, han sido por mí, es mi afán, es mi tesón, es mi estudio.

-¿Pero quién te alentó?

-¿Tú? ¿Tú, padre, me has alentado? -Levantó la mano como para darme una bofetada.

 

Lo miré desafiante, ya no era un niño, ya no era un párvulo, ya tenía treinta y tres de vuestros años. Y me marché. Mi escape, lo que me hacía sentir bien era que por la tarde noche daba cátedra de nanotecnología y medicina en la facultad. Me sentía bien, me sentía cómodo con mis alumnos, me sentía joven con ellos.

 

Recuerdo que una tarde mi amigo me dice:

-Despídeme de la familia.

-No, no.

 

Era un fin de semana, la clínica prácticamente tenía el personal auxiliar. Cogí los nanobots y se los inyecté en el torrente sanguíneo. En menos de seis días su aspecto había mejorado.

Fui descubierto. Padre vio la mejoría de mi amigo y le hizo un scanner electrónico, en el scanner saltaron los nanobots.

-Has roto las reglas. Has puesto en riesgo la clínica. No te autoricé, sabes que este tratamiento aún no fue autorizado por Salud Pública.

-Padre, no fue autorizado por burocracia.

-Yo sabía que no eras un buen hijo. -Y más engramas, y más engramas.

-¿Por qué? ¿Porque no soy como tú?

-Por ser mi hijo, únicamente por ser mi hijo te daré una pequeña indemnización, pero esta misma tarde te llevas tus bártulos, tus cosas y dejas la clínica.

-¿Me estás echando?

-¡Te estoy echando! Tendría que denunciarte a las autoridades.

-¡He salvado una vida!

-Casi destruyes la fábrica, casi destruyes todo. Sabes que yo aparte tengo una fábrica de nanotecnología que forma parte de la empresa de la clínica y tú echas todo a perder, como siempre. Siempre has echado todo a perder.

-Me he recibido con las mejores notas, -le respondí con su mismo tono de voz-. Siempre me has despreciado, siempre me has valorado de menos. Entre madre que me sobreprotegió y tú, que siempre me has despreciado, ninguno de los dos vale la pena el que yo sufra.

-¡Cállate! Todavía te debo una bofetada.

-Jamás. Ya no soy un niño.

-Eres poca cosa.

-¿Y tú qué eres? -le respondí-, un ser sin alma. Y te voy a decir una cosa -riéndome irónicamente se lo dije-, ¿sabes lo qué no admites?, ¿sabes lo qué no admites?, que yo, Osmar Belami te superé. Soy mejor que tú, estoy entre los cinco mejores médicos en nanotecnología en todo Ran II. Te superé, y eso tú no lo puedes soportar.

-¡Vete! ¡Vete, basura! ¡Vete de aquí!

-Me iré. Me iré de casa también.

 

Esa tarde me marché, roto por dentro. Nunca entendí a padre su desprecio. Él no competía conmigo, él buscaba desmerecerme. ¿Qué le hice? Desde pequeño me odiaba. Yo recuerdo que tenía cinco de vuestros años, me peleaba con otros niños que me ganaban, madre me llevaba dentro llorando y padre no me dirigía la palabra. ¿Por qué nunca me aceptó? ¿Por qué?

 

Pedí una licencia en la facultad. Me tomé un tiempo, tenía una propiedad bastante importante y tenía de alguna manera créditos como para sostenerme meses sin trabajar. Para colmo de males no solamente padre no me dio una recomendación sino que encima, en mi hoja de servicios, que es electrónica y va directamente al fisco, había puesto que yo había quebrantado las reglas de la clínica. ¡A su propio hijo! O sea, que mi hoja estaba manchada. No sé quién me tomaría en adelante.

 

Siempre tienes engramas en las distintas vidas por vivencias, por actos hostiles de terceros, pero que tus propios seres queridos te dañen, eso va más allá de cualquier fuerza humana interna, y esos engramas no se van de un momento para el otro.

Le pido disculpas a este receptáculo que me alberga, que traslada a lenguaje hablado mi concepto suprafísico, porque le estoy transmitiendo todo mi dolor de pecho y él lo está sintiendo enormemente. Lo lamento. Y a su vez le agradezco por haberme permitido descargar aunque sea un poco de esos engramas.

 

Nada más, por ahora.

 

 


 

Sesión del 20/02/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco H.

La entidad relata que el mundo Ran II estaba militarizado, se trabajaba con tecnología adelantada a su momento y que no se daba información de qué estaba ocurriendo. Él y unos amigos consideraban la situación planetaria como la más grave posible.

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Sesión del 02/03/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco H.

La entidad reflexiona acerca de las situaciones últimamente vividas en Ran II. Personalmente estaba en momentos bajos, parecía, resultaba que todo, todos estaban en su contra, desde el planeta en sí hasta su mejor amigo, un gran genetista que parecía haberle vuelto la espalda, a él y a todos. También la suerte de Ran II estaba echada.

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Sesión del 17/05/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco H.

Su carácter era introspectivo, no expansivo y poco dado a relacionarse con las personas. Había tenido fracasos y evitaba lo social refugiándose en su trabajo. Un consultor genetista le dio unas pautas con las que resolvería ese problema. Pero tendría que trabajarlas.

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