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Psicoauditación - Francisco S.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 11/11/2020

Sesión 12/11/2020

 


Sesión 11/11/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

En Plena seguía conociendo gente de nivel. Encontró alguien que le simpatizó. Era una atracción mutua.

 

 

Sesión en MP3 (2.048 KB)

 

Entidad: Habían pasado tantas cosas... Plena, para mí, era deslumbrante, me costaba acostumbrarme. Y el hecho de alojarme en la mansión de Jorge de Wynot, si bien me hacía sentir cómodo, es como que me apabullaba tanta grandeza, tanto lujo, que a su vez contrastaba con la personalidad de Jorge, se lo veía sencillo sin altanería ni nada de ello.

 

En esos días conocí a Betty, una chica de la barra que evidentemente yo le atraía mucho. Era una hermosa joven, me gustaba, pero ella para quedar bien conmigo era como una confidente, de la misma manera que lo era Pocho, uno de los mejores amigos de Jorge. Pasó el día.

 

Un nuevo día amaneció, el sol iluminaba la tranquila calle, soplaba una leve brisa que no alcanzaba a apaciguar el reinante calor de la avanzada tarde. ¡Cómo pasó la mañana, cómo pasó la mañana!

Descendimos con Jorge del colectivo y nos encaminamos hacia la casa de Roberto, donde nos habíamos citado el día anterior. Yo observaba todo. Jorge llevaba un saco azul muy bien cortado y una camisa blanca de cuello alto como contraste. Vestía con abandono, como no dando importancia a su elegancia, y eso lo hacía más interesante. Y estaba recién rasurado y olía a loción. Quiero dejar en claro que lo admiraba como persona, pero yo tenía bien en claro mi importancia también.

 

No tuvimos necesidad de llamar pues el grupo se hallaba en la puerta. Roberto hizo las presentaciones.

-Él es Jorge, Sergio, y Beatriz, su novia.

-Encantado.

-Hola.

-Ella es Lili, mi novia. Y ella es Ana María.

-Hola Jorge, Roberto nos habló mucho de ti.

-También a mí me habló de ustedes -dijo Jorge-, me habló bastante de ustedes.

-¿Y qué habló?

-Bueno, me describió vuestra belleza, pero veo que para ello siempre faltan palabras.

-Gracias, eres muy galante.

-No, soy sincero.

 

Al lado estaba Betty, que me saluda con un beso.

-¿Cómo estás, Nándor?

-Excelentemente bien, Betty.

-Vamos caminando -propuso Sergio. Los ocho emprendimos la marcha. En el colectivo, Jorge se ubicó en un asiento doble, con Ana María.

-Por lo visto hoy es mi día de suerte.

-¿Por qué lo dices?

-Bueno, te he conocido a ti, ello ya es más que suficiente. -Yo escuchaba atentamente, estábamos sentados detrás.

-Noto que te gusta halagar a todo el que conoces.

-No, no, no es un halago, Ana María, simplemente soy muy espontáneo, expreso enseguida lo que pienso.

-Bueno, eso es una virtud. Lamentablemente a veces la espontaneidad acarrea problemas.

-¿En qué sentido? -inquirió Jorge para que ella se explique.

-Si opinamos mal de alguien y se lo decimos podemos llegar a un pleito.

-Llegado el caso yo no me callaría. ¿Y tú?

-Tampoco -dijo ella.

-¿Qué edad tienes? -preguntó él mirándola a los ojos.

-Dieciocho.

-Muy bien llevados. -Acotó, hablando despacito.

-No te callas nada, ¿eh? -dijo Ana María, sonriendo. Él juntó las manos como suplicando y le preguntó con gento dramático.

-Supongo que no me vas a hacer pleito por tus palabras ni tampoco por las que te dije recién.

-¡Oh no!, lo dejaré pasar -dijo ella en broma. Ambos rieron. Continuaron hablando y hablando y hablando.

Mientras tanto Betty me decía:

-Así que eres de Mágar.

-Sí.

-¿Qué tal es allí?

-Mira, hay temas muy delicados para tocar.

-Ya sé, no hace falta que me lo digas: la Orden del Rombo.

-Pues sí -admití.

-Quédate tranquilo, aquí también está y ninguno de nosotros somos admiradores de ella.

-Bueno, eso me hace sentir bien. Te puedo asegurar que yo no la admiro en absoluto.

Roberto nos interrumpió.

-Ya tenemos que bajar, veo que no se han dado cuenta conversando, ¡je, je, je, je! Ni Jorge con Ana María ni Nándor con Betty.

-¡Hemos llegado! -Se extrañó Jorge-, los minutos se me han hecho segundos en tan grata compañía.

-No le hagas caso -aconsejó Ana María-, siempre habla en broma. -Era impresionante la desenvoltura que tenía Jorge, ya sea con Ana María o cualquier otra chica que conociese. Jorge la ayudó a descender tomándola de la mano, y luego no se la soltó. Betty hizo al revés, se colgó de mi brazo y no me soltaba. ¡Je, je!

Ana María lo miró a Jorge y le dijo:

-No te preocupes por mí, que no me van a raptar -insinuó.

Jorge, que en ningún momento perdía su aplomo, exclamó:

-¿Estás segura?, el raptor puede estar donde menos lo imaginas. -Todos festejaron el chiste y se dirigieron por la avenida Sarmiento hacia el Rosedal. Yo no conocía lo que era el Rosedal.

-Podríamos ir a bailar -sugirió Sergio.

-Sí, vamos. -Aprobó Beatriz.

-¿A dónde? -inquirió Roberto-, por aquí no hay sala de música.

-¿Cómo no hay? Está la confitera del Rosedal y tienen una discoteca fabulosa.

-Es cierto, qué esperamos entonces.

La tomé a Betty del hombre y le dije:

-¿Tú te llamas igual que Beatriz?

-En realidad no; me llamo Beatrice, no es un nombre de Plena, pero como no se acostumbra a decir Beatrice y que no me confundan con Beatriz, directamente Betty.

 

En medio del Rosedal un parque enorme, gigantesco. En la zona de Palermo había una discoteca, la sala se hallaba en semipenumbra, se habían puesto las mesas de tal manera que estaban prácticamente poco iluminadas. Nos ubicamos en una doble mesa en la parte de adelante, separados de la pista principal de baile y del mostrador por una pequeña pared. El camarero se acercó para anotar el pedido.

-Cuba libre para las mujeres y whisky para los varones -pidió Jorge consultando al grupo.

La música invadía el ambiente e invitaba a bailar.

-¿Tú prefieres esperar las bebidas, Ana María? -preguntó Jorge.

-Apuesto que tú quieres que vayamos a deslizarnos a la pista.

Jorge la miró y le dijo:

-¡Oye, eres maravillosa!, hasta me lees el pensamiento. -La tomó de la mano y se levantaron-. Con el permiso de ustedes...

-Concedido -bromeó Roberto.

Betty me cogió del brazo y me dijo:

-Nándor, no podemos ser menos que ellos. -Y salimos a bailar. Ya frente a los parlantes comenzamos a movernos al compás de la ruidosa música. Siempre yo parando la oreja escuchaba las palabras de Jorge:

-Tienes una figura preciosa.

-Y tú eres muy apuesto -respondió Ana María-. Las chicas deben enloquecerse por una mirada tuya.

-¡Oh! Te hablo en serio. -Puso cara de bueno-. Sólo me interesas tú.

-¿De verdad?

 

La canción terminó y se dejó oír una suave melodía. Betty me tomó del cuello y acercó su cabeza contra mi hombro. Jorge enlazó a Ana María y rodeó la esbelta cintura con su potente brazo.

-Esta música invita a soñar -comentó. Y la estrechó contra sí. Ana María no opuso resistencia, sentía la boca masculina en sus cabellos y una especie de cosquilleo le recorría el cuerpo, se notaba, se notaba-. Qué suave tienes el cabello -le susurró él al oído-, y que terso el rostro. -Le rozó la cara con los labios.

-Sí -respondió ella con nerviosismo-, me lo cuido mucho. -Echó la cabeza un poco hacia atrás y lo miró a los ojos.

 

Yo ya es como que leía el pensamiento de Ana María "No es guapo, pensaba, pero tiene ese mentón cuadrado y esos rasgos firmes, unos rasgos tan firmes que lo hacen interesante".

 

Jorge, como si estuviera conectado conmigo mentalmente, le dijo a Ana María.

-Me gustaría descifrar esa mirada.

-Observaba tus facciones.

-Interesante. ¿Estoy aprobado?

-No estás mal, no eres Apolo pero puedes pasar.

-Gracias por tu sinceridad -dijo él. Y la volvió a oprimir contra su pecho.

-¿No sabes bailar más separado?

-Es que así te llevo mejor y no pierdes el ritmo -le observó. Y vio que ponía gesto de inocencia. Entonces largó la carcajada-: ¿De qué te ríes? -observó Jorge.

-De tu cinismo.

-¡Oh! No digas eso. -Terminó la pieza y se fueron a sentar.

 

Betty me dijo:

-¿Nos sentamos?, ahora tengo sed.

 

Hacía una hora que había anochecido. Cuando salimos todos de la confitería fuimos hasta la casa de Roberto y luego Jorge acompañó a Ana María hasta su casa, vivía en Núñez. Betty vivía también allí. Fuimos los cuatro.

-Es un chalet precioso -ponderó él-. Y qué lindo jardín.

-Estoy muy contenta, muy contenta por la tarde que hemos pasado, debo darte las gracias.

-Al contrario -dijo Jorge-, quien debe agradecerte soy yo. -Ana María le tendió la mano, que él estrecho diciendo-: Gracias a ti pasé un bello momento. Ha sido un placer de verdad. Ahora debo irme.

-Buenas noches.

-Espera. -Jorge le retenía la mano.

-Qué. -Me imaginé lo que pensaba Jorge, si no era precipitado besarla. Y se decidió por hacerlo. La tomó en sus brazos y rozó sus labios suavemente con los de ella. Luego se apartó un poco-. No debiste hacerlo -susurritó ella.

-Eres un ángel. Déjame que te bese y me traslade al paraíso.

Ella se serenó un tanto y dijo con firmeza:

-Hasta mañana, Jorge, debes irte ahora. -Dio media vuelta y marchó hacia la casa. Él observó su andar hasta que la frágil figura desapareció tras de la puerta, luego se alejó como hipnotizado.

-Es deliciosa -murmuró-. ¿Qué haréis vosotros?

Yo dije:

-La casa de Betty estás a dos cuadras.

-Los acompaño, pero me quedaré a prudente distancia por si queréis despediros.

 

Betty llegó a la casa y me dijo:

-Nándor, hoy fue una tarde hermosísima. -Me tomó de las mejillas, me dio un beso en la boca y se marchó. -Me sentí como extasiado.

Jorge sonrió y dijo:

-¡Vaya! Tú la tienes más fácil que yo. -Me encogí de hombros.

-¿Y?

-Los que somos atractivos somos atractivos. -Largamos ambos la carcajada.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 12/11/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

Estaba en una ciudad nueva, aprendía las costumbres de la gente de allí, de sus nuevas amistades. Había nuevos sentimientos que manejar en aquel entorno.

 

 

Sesión en MP3 (3.314 KB)

 

Entidad: Muchas veces no aprendemos de nuestros errores, tampoco de nuestros aciertos. A veces aprendemos estudiando las conductas de los seres que nos rodean.

Tenemos dos tipos de maestros: Los grandes maestros, tratando de imitar su manera de ser, y los pésimos maestros, que generalmente son una gran mayoría, rodeados de ego, de manipulaciones, que nos indican cómo no tenemos que ser.

Y después hay un tercer tipo de personas, como en el caso de Jorge, que buscaba de alguna manera tratar de conquistar un amor por él, por sí mismo, no por su fortuna.

 

Estando en Mágar siempre pensé "¡Ay! Nándor, Nándor, quién tuviera fortuna como para poder conquistar el mundo", y viendo a Jorge de Wynot me quedé pensando "¿Estoy conquistando el amor o estoy comprando el amor?", porque sabemos que el amor no se compra. Se puede comprar la pasión, se puede comprar un momento, pero no se puede comprar una vida.

 

Jorge era una persona segura, aprendía cosas de él, pero también me cuestionaba otras porque pensaba "¿Es necesario probarse? ¿Es necesario -no necesario, importante- saber si te quieren por ti o por tu fortuna?". Y claro, me puse en el lugar de él y seguramente yo haría lo mismo. Seguramente yo haría lo mismo.

 

La noche anterior había estado deliciosa. Al día siguiente vi que llamó por teléfono a su amiga:

-Hola, Ana María, me gustaría verte luego, Nándor y Betty van a salir.

Ella le respondió:

-Lo siento -denegó-, vine muy cansada del trabajo.

-Haz un esfuerzo, sal un rato, no trates de esquivarme.

-¿Yo, esquivarte a ti? -interrogó ella-, no tengo porque hacerlo.

-Quizá no te gustó que te besara anoche en el jardín.

-Ya me había olvidado del hecho, Jorge, no es conveniente que me lo recuerdes.

-Está bien, pero espero que no estés enfadada conmigo.

-No sé porqué se te ocurren esas cosas -contestó Ana María con indiferencia. Yo escuchaba la conversación atentamente pero no como... como metido, si se entiende la palabra, sino tratando de... de aprender las costumbres de Plena, tan directas, tan... a veces tan impulsivas, ¿no? Y sí, es verdad que Ana María se mostraba indiferente.

Jorge le dijo:

-Pues voy a pensarlo si tú no sales ahora.

-¡Oh! Tú ganas, dame tiempo a que me cambie.

-Bien. En media hora te pasamos a buscar.

-Conforme -dijo ella. Y colgó. Una mueca de contento se notaba en los labios de Jorge. Subió a su cuarto para cambiarse de ropa.

-Nándor, ¿te cambias?

-Ya me he vestido, yo hace más de media hora que he arreglado con Betty. -Habíamos desayunado. Un desayuno exquisito que nos había preparado la madre de Jorge,

-¿Salen? -preguntó la señora.

-Sí, mamá. -La señora se acercó. Tendría unos cuarenta años y se hallaba muy bien conservada, se adivinaba bondad en su rostro-. ¿Con alguna amiga o con tu prima Beatriz?

-Con alguna amiga -respondió él.

 

Betty, que estaba en la casa de Ana María, luego me comentó que la madre de ella también era una persona agradable, bondadosa. Y le preguntó dónde iba.

Le dijo:

-Me viene a buscar el muchacho que conocí ayer, se llama Jorge. Parece que tiene interés.

-No digas eso, todos los hombres tiene interés en las chicas -y luego agregó-, pero él parece buena persona. -Madre e hija rieron.

 

Veinte minutos después se dejaba oír el agudo sonido del timbre.

Betty le dijo a Ana María:

-Son ellos.

La mamá de Ana dijo:

-Debe ser él. Abro yo. -Fue presurosa hasta la puerta y tiró del picaporte-. Hola. Pasa, por favor. ¿Y tú?

Le dije:

-Mi nombre en Nándor, soy el amigo de Betty. -Pasamos.

-Estás muy bonita, Ana María -exclamó Jorge.

-Gracias. Ven, que te presento a mamá.

-Será un placer -exclamó Jorge. Vestía un traje gris claro y una camisa crema. Yo vestía un traje negro. Estábamos impecables.

-Mamá, quiero que conozcas a Jorge, trabaja en la oficina con Roberto. Y él es su amigo, Nándor.

-¿Nándor?, nombre raro.

Le respondí a la señora:

-Es que vine de Mágar.

-Bienvenido entonces a Plena. -La señora se acercó observándonos. Le tendió la mano a Jorge, que le estrechó-. Encantada, joven. Mi hija me dijo que es usted muy simpático. -Me miró a mí-: Y tú igual. ¿Te acostumbras a Plena?

-De a poco señora, de a poco -le respondí-. Y es un gusto conocerla.

Jorge se dirigió a Ana María.

-Te dije que eras bonita, pero has de saber que tu madre es más bella que tú.

-No le escuches mamá, lo dice para ganarse tu simpatía.

-¡Ja, ja, ja! Tú sabes que es verdad lo que dije, Ana María. -La mamá, Etel, sonrió complacida. En verdad era de rasgos más perfectos que su hija, y la madurez en vez de restarle belleza la hacía más interesante.

-Es usted muy galante, Jorge. Siéntense, les voy a alcanzar una copa de coñac.

-Ya nos vamos mamá -dijo Ana María-, si empiezan a conversar se va a hacer muy tarde.

-¡Oh! Está bien, de todos modos la invitación queda en pié.

-Con todo gusto señora, ha sido un placer conocerla.

 

Luego de despedirnos salimos a la calle.

-¿Vamos a bailar? -inquirió Jorge.

-Prefiero caminar, dicen que es un buen ejercicio -exclamó Ana María.

-¿Qué dices, Betty?

-Sí, me encanta caminar. ¿Y a ti?

Respondí:

-Más que a vosotros, conocer Plena es algo maravilloso.

-Entonces vamos a la ciudad deportiva.

-¡Fabuloso! Vamos.

 

Tanto Betty como Pocho eran como una especie de confidentes, ambos iban al club hípico y luego me relataban las cosas que pasan allí.

 

A pesar de ser día lunes la sala de fiesta del club hípico se hallaba bastante concurrida. Paula Aguirre Irazábal departía amablemente con sus amistades luciendo orgullosa su modelo exclusivo de nombre, en color beige, y su ostentoso collar de brillantes.

-¿Quién opinas qué ganará el campeonato abierto de polo, Cuca? -inquirió, por decir algo.

-Pienso que Santa Ana, es un gran equipo.

-No -objetó Quique, anhelando lucirse ante Paula-, es mejor Coronel Suárez.

-Estoy contigo, chico.

-Gracias, Paula, pero no me llames chico.

-¡Ja, ja! ¿Y qué eres? -preguntó despectiva.

-Te llevo dos años, ¿no? -aclaró Quique con orgullo-, soy mayor que tú.

-No lo había notado -dijo ella, con indiferencia.

-No discutáis -intervino Rolo-. Deseo pedirte que bailes conmigo, Paula.

-Lo siento, estoy cansada. -Ni se dignó a mirarlo.

-Por favor, sólo una pieza -insistió suplicante Rolo.

-¡Uf! Me cansas. Saca a bailar a Cuca.

Rolo quedó indeciso, deseaba tener a Paula en sus brazos y a la vez quería ser indiferente. Al fin dijo:

-Pues bien. ¿Bailas, Cuca?

-Pide por favor -exclamó ésta al notar que no le pidió de primera intención.

-Por favor -pidió, acostumbrado a que lo pisoteen. Cuca se levantó y marcharon hacia la pista. En ese momento apareció Pocho en la sala, y Paula apenas lo vio se levantó como impulsada por un resorte.

-¡Qué sorpresa! -Más que sonrisa era una mueca-, no esperaba verte hoy en el club. -Pocho se hallaba extrañado de la amabilidad de Paula. Pero poco a poco, acostumbrado a no usar la cabeza tampoco la usó ésta vez y no pensó en el por qué.

-Hola. -Saludó nervioso.

-Hola, querido. ¿Me invitas a bailar, Pocho?

-Sí, sí, cómo no. -Se deslizaron a través de la pista lentamente.

 

Paula se apretó contra él sonriendo, durante cinco minutos le habló de diversos temas y luego le preguntó, como al descuido:

-¿Has visto a Jorge Clayton?

-¿Te refieres al duque de Wynot? -inquirió a su vez, Pocho.

Ella puso un rostro indiferente.

-Sí, simple curiosidad, como hace más de un mes que no aparece...

-¿Por qué le dices Clayton?

-Bueno es el primer nombre. Jorge Clayton Wynot, ¿no?

Pocho respondió:

-No tengo noticias de él, no sé donde se encuentra.

-¿Es cierto que se marchó a Europa?

-Creo que sí -titubeó Pocho.

-Tú sabes algo más -le intimidó Paula-. ¡Dímelo! -En verdad Pocho se acobardaba ante ella, pero había prometido al duque que callaría. Y a él le tenía más miedo.

-No sé nada -dijo-, no sé nada.

-No quieres decirme. -Lo miró despectiva-. Vamos a sentarnos -ordenó-. ¡Y encárgame ya un whisky!

-Sí, sí, enseguida.

 

Betty, por el camino terminó de relatarme todo lo que había pasado en el club hípico. Le pregunté:

-¿Por qué Pocho se deja tratar así por Paula?

-Tú no sabes lo qué sucede, ¿no?

-Si no me lo explicas.

-Paula está recontrametida con Jorge.

-¿Qué significa metida?

-Metida, entusiasmada.

-¿Enamorada?

-¡Uf! Enamorada es mucho decir, más bien diría encaprichada.

-Qué pena la gente así. Y tú, ¿cómo es que vas al club hípico?

Betty lo miró.

-¿Qué sabes tú de Jorge?

La miré.

-O sea, que tú sabes el secreto.

-Por supuesto. Si voy al club hípico...

-Pocho también sabe el secreto y prometió no contarlo.

 

Estaba anocheciendo cuando los cuatro llegamos a la ciudad deportiva.

-¡Oye, esto es bastante lindo! -comentó Jorge.

-¿No lo conocías? -preguntó Ana, con asombro.

-Pues no -respondió-, jamás había venido por aquí.

-Cuando terminen las obras de construcción -exclamó ella-, todo esto va a ser una maravilla. Bravo por el club Boca Juniors.

-¿Tú eres de Boca?

-No, de San Lorenzo de Almagro -dijo ella-. ¿Y tú?

-¿Yo? No, no simpatizo por ningún club de fútbol en especial.

-Es extraño -dijo ella-, eres el primer muchacho que conozco que no tiene un club favorito. ¿No te gusta el fútbol?

-Sí, pero no le presto mucha atención, me llaman más otros deportes, como el tenis, el polo, etcétera.

-Yo juego a tenis en el club -aclaró Ana María-, y lo hago bastante bien.

-Pues espero que en breve me concedas el honor de jugar conmigo.

-Te advierto que debes practicar mucho antes de medirte conmigo -bromeó ella.

-No te preocupes, lo haré.

Betty me miró.

-¿Y tú, qué te gusta?

-El fútbol, el tenis, el polo... Yo creo que hay que tener mucho dinero para eso. No... no me llaman la atención.

 

Seguimos caminando. Atravesamos un puente, pudimos apreciar por debajo varias parejas andando, en bote en el lago artificial. Cruzamos un anfiteatro y luego otro puente.

-Es grande la ciudad. -Jorge observaba todo con atención-. Aquí reina la tranquilidad.

-Es cierto -exclamó Ana-, sólo se escucha el 'plaf' de los remos en el agua.

 

Seguimos por un camino casi paralelo al lago. Al final llegamos a una especie de muelle, allí nos detuvimos.

Betty me cogió del cuello y me besó largamente. Luego distanciamos nuestros rostros y le dije:

-Me gustas, me gustas mucho.

-¿Y entonces por qué pones esa cara?

-No soy una persona de mundo como lo puede ser Jorge, no es que no tenga experiencia pero no me gustaría ser usado. -Betty se molestó.

-¿Por qué me prejuzgas, Nándor? Yo soy auténtica, no soy como esa Paula del club hípico, que busca aparentar con collares de brillantes y todo eso.

-Discúlpame entonces. -Quedó molesta pero seguimos conversando.

 

Jorge tomó a Ana María de los hombros y la acercó contra él.

-Quiero besarte -susurró.

-No, no lo hagas. -Juntó sus labios con los de ella libándolos cual abeja hace con la miel. Ana le colocó las manos sobre el pecho y lo separó un poco, respiraba agitada-. Te advierto una cosa, a mí no me besa todo el que conozco.

-Yo no pienso eso -contestó Jorge-, sólo sé que es más fuerte que mi voluntad el deseo de besarte.

-No creas que me besarás cuando tú quieras. ¡Y no me abraces!

-No te abrazo -dijo Jorge, ciñéndola con firmeza.

-¿Y qué es lo que haces, si no?

-No hables. -La besaba.

-No me beses.

-No lo hago.

-Cínico, eso es lo que eres.

-Tú tienes la culpa, pues me gustas muchísimo.

-No te creo.

-Debes hacerlo.

-¿No puedes hablar sin besarme?

-No. -Me di cuenta que Ana María se sentía empequeñecida entre los brazos de Jorge, él la dominaba con su altura-. Suéltame -pidió.

-Con una condición.

-¿Cuál?

-Prométeme que seremos novios. -Alzó la cabeza sorprendida-. Promételo -repitió él.

-No, no lo haré. Y no me beses -dijo. A pesar de pensar todo lo contrario no la obedeció y la estrechó contra sí besándola sabiamente. Ana estaba doblegada y sólo atinó a decir-: Está bien, te lo prometo.

-¿Seremos novios?

-Sí -susurró.

-No sabes lo feliz que me hace esa palabra -exclamó Jorge.

Ella lo interrumpió con un ademán:

-Debo advertirte algo.

-Dilo.

-Jamás, pero jamás te perdonaré si me engañas. Tómalo como quieras ahora, pero piénsalo bien en el futuro, sería ridículo observarte ahora, pues recién nos conocemos y no sé hasta dónde llegará tu interés.

-Escúchame bien -dijo él-, debo confesarte que mis intenciones hacia ti son las mejores y que aparte me gustas muchísimo. Ten fe en mí.

-Tú también me gustas -dijo ella-, sólo que no pensaba que todo fuese tan rápido. Estoy contenta, me agrada como eres, me agrada todo en ti. -Jorge la tomó de la mano y siguieron caminando.

 

Nosotros íbamos detrás. Betty me decía:

-Quizá veas un contraste, la resistencia que pone Ana María y cómo yo soy, espontánea, besándote.

-No te estoy prejuzgándote -dije.

-No, no lo digo por eso, Nándor, quizá piensas "Qué difícil que es Ana María y que fácil que es Betty".

-No es eso.

-De la misma manera que tú me has dicho "Espero que no me uses", yo te digo "Espero que no me decepciones". No es que yo sea más espontánea que Ana María, seguramente en algún momento a Ana María la han engañado y entonces es como que tiene heridas internas.

Le dije:

-Pero Jorge no tiene la culpa de ello.

-Obvio que no -dijo Betty-, obvio que no, pero hay un refrán que dice que paga justo por pecador. Jorge va a tener que tener buena conducta.

-Mira, Betty, yo lo conozco hace poco. Aparte, tú y yo sabemos su secreto, él busca hacerse querer por él mismo. Jamás, jamás engañaría a Ana María.

 

Nos abrazamos y seguimos caminando detrás de ellos.