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Psicoauditación - Guillermo B.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 28/11/2016

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Sesión 08/02/2017

Sesión 01/03/2017

Sesión 07/06/2017


Sesión 28/11/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Guillermo B.

En Umbro tenía el poder de mento pero no lo había utilizado. Llegó la ocasión con unos maleantes. Su pareja no lo aprobó, se enfrió la relación por su don.

Sesión en MP3 (2.803 KB)

 

Entidad: Muchas veces nos pasa que descubrimos que podemos ser mejores en algo y, hipotéticamente, nos empapamos en euforia o nos fundimos en la vanidad o nos envuelve una capa superficial de ego.

 

Nada de eso me ocurrió. De repente me sentía extraño en el rol de Cantas sabiendo que parte de mí era mento, al igual que Karas, mi gran amigo. Pero las dos preguntas, los dos interrogantes más grandes eran, uno: ¿Por qué no sobresalió antes ese don? ¿Por qué no lo experimenté de niño? Y dos: De quién lo heredé, ¿de padre?, ¿de madre? Porque entiendo que al igual que Karas soy un semimento, esto significa que no tengo la herencia de los dos sino de uno.

 

Ya había pasado ese capítulo de la menta Arcadia persiguiendo a Osión, que usaba sus dones para el mal. Ya había pasado el capítulo donde Fondalar había salvado nuestro pellejo y reflexioné, reflexioné. Reflexioné que por pecar de ingenuo hacía las cosas mal.

Recuerdo cuando me impacté de Barbana, la noble que me invitó a su palacio. Primero me sorprendió porque una noble invitando a un labriego a que vaya con ella, hasta que !je!, me indicó que vaya a donde la servidumbre porque le faltaba gente para servir en su gran fiesta. ¿Me sentí humillado? Sí, pero más me sentí estúpido por haberme engañado porque Barbana en ningún momento me dio pistas; Azula, esta hermosa aldeana que muchísimas veces me hablaba, me daba infinidad de señales y era yo quien no le prestaba atención. Hasta ahora.

 

Y empezamos a salir. Nuestra vida siguió normal, trabajando con Karas.

Karas me decía:

-Te comenté más de una vez que voy a seguir mi rumbo.

Le respondí:

-Es tu decisión. Te extrañaré porque eres un gran amigo pero si buscas otros horizontes... Bueno, te deseo de verdad lo mejor.

 

Pero aún no se iba y era la tercera vez que me decía que estaba por marcharse. ¿Le retenía el apego al lugar? ¿Mi amistad? De a poco la aldeana Azula me fue entrando en mi interior en el sentido de que            empecé a sentir algo por ella. Nos besamos, luego en un lugar apartado ella se abrazó conmigo de una manera muy insinuante y le dije:

-Es demasiado apurado.

-¿No te sientes seguro? -me preguntó.

-Sí, pero por ti.

-Yo me siento segura.

 

Yacimos en el pasto y en medio del bosque intimamos, y para mí era algo nuevo, distinto, bello, sano, puro y sentía, no sé si fue en el desmedro del amor o no, pero sentía como cierta ternura, como que tenía que protegerla, la veía frágil, y luego quedaba extenuado, tendido en la gramilla y veía que ella estaba más entera y me reía por dentro pensando "¡je!, yo soy el que la tengo que proteger y apenas puedo con mi cuerpo". Y estuvimos así muchos amaneceres y muchos anocheceres.

Karas no me preguntaba nada, me decía:

-Cantas, te veo feliz.

Y yo le decía:

-Soy feliz, Karas.

 

Karas la miraba, a Azula. Me miraba con ojos sonrientes y me decía.

-Quizás es tu destino.

 

Y fueron pasando los amaneceres y un día fuimos ambos a tomar un par de bebidas, yo una bebida espumante ella una bebida dulce, en la taberna, en un lugar apartado. Y siempre cuando uno busca tranquilidad algo la altera. Aparecieron dos guerreros desconocidos que aparentemente no se fijaban en nadie, no provocaban a nadie. Se sentaron en un tipo de taburetes en el mostrador hasta que uno de ellos se fijó en Azula y lo golpeó con el codo al otro en las costillas. Se bajaron ambos y vinieron a nuestra mesa.

-A ver mocito -dijo uno de ellos-, ¿la joven trabaja acá en la casa o la tienes alquilada por el día?

Sin levantarme les dije:

-No trabaja en la casa ni la tengo alquilada, es mi pareja.

El segundo se sonrió, frotándose la barba. Ambos eran fornidos.

-¡Pues vaya lo que es la vida! Aquel que está más allá de la estrellas te recompensó bien, me parece que es demasiado mujer para ti.

-Creo que vuestras actitudes, vuestras palabras están de más.

-¿Y que vas a hacer al respecto?, veo que ni siquiera estás armado.

-¿Quien dijo que no?

 

Me paré, era un poco más bajo que ellos pero enfoqué la mirada en ambos. Yo no tenía el poder de un mento total pero se retorcieron de dolor de cabeza. En ese momento los aticé a ambos con un madero desmayándolos pero estaba tan fuera de mí que los seguí golpeando en la cabeza, en el cuerpo, hasta que la propia Azula me tomó de los brazos y me frenó. No los había matado pero seguramente les fracturé algún hueso del brazo, de la pierna, varias costillas.

¿Había reaccionado de más?, o pensaría, sino hubiera sido un semi mento me hubieran golpeado o matado, se la hubieran llevado, a Azula, la hubieran violado. Al fin y al cabo se lo merecían.

El dueño del lugar no quiso que pagara los daños rotos, un par de bancos, una mesa, ni siquiera mi bebida espumante, ni la bebida dulce de Azula.

-Está bien, está bien. -Me conocía de tiempo atrás pero nunca me había visto así, estaba impresionado, asustado o sorprendido-. Puedes irte, nosotros nos encargamos de esta escoria.

 

En el camino, Azula hizo la pregunta de rigor.

-¿Cómo has hecho?

-Cómo he hecho, ¿qué?

-Vi que te paraste y sentí que tu mirada era distinta y ellos estaban perturbados o con su cabeza embotada y en ese momento tuviste la oportunidad de golpearlos, pero qué fue lo que causó lo primero.

-Hubo un episodio tiempo atrás. Había en el poblado, que tú lo habrás visto infinidad de veces, un hombre que era mento y una joven menta que lo buscaba para vencerlo. Le relaté todo el episodio, que no se lo había relatado antes, por lo menos no en profundidad y ahí descubrí, le confesé que era parte mento, no sé si de madre o de padre.

Se separó un poco de mí.

-¿Y eso es bueno o malo? -Su pregunta me... no me incomodó, directamente me molestó.

-¿Es bueno o malo saber montar a caballo? ¿Es bueno o malo saber manejar una espada? ¿Es bueno o malo saber disparar una flecha?

-No es lo mismo -me dijo ella.

-Es lo mismo; hay guerreros diestros con la espada que la usan para saquear aldeas y otros para defender gente inocente. Este don que tengo ¿por qué habría de ser distinto?

-Porque no es normal.

-¿Normal para quién? En el norte, muy al norte y casi llegando al oeste con el borde del océano cerca de las montañas azules hay unos hombres que entre la muñeca bajo la mano, el antebrazo, hasta mitad del pecho tienen como una protuberancia que hace de alas, los famosos hombres alados. Son distintos, ni mejores ni peores. He conocido los lomantes, altos, quizá con una fisonomía que puede asustar pero son gente noble y buena. ¿Por qué un mento habría de ser distinto? He conocido un mento, Fondalar, que nos ha relatado un anochecer mientras compartíamos comida y bebida, que había salvado infinidad de vidas. Entonces, no entiendo tu pregunta "¿Es bueno o malo?". Buena o mala es la persona, no el don que posee. El don de mento, el don de manejar un arma, el don de galopar con el hoyuman, el don de actuar en los teatros de la zona ecuatorial, el don de saber labrar la tierra, ¿es bueno o malo? Me parece una pregunta tonta. Estaba molesto, de verdad.

-O sea, que me llamas tonta -dijo Azula.

 

No le dije que no, quedé en silencio, y como decís vosotros en Sol 3, el que calla otorga. Seguimos viéndonos pero no estaba cariñosa y yo cada vez más molesto.

Se lo conté a Karas. Le digo:

-Es como que me tuviera miedo. Me preguntó si era bueno o malo mi don.

Karas se rio y me dijo:

-Es como que si el sol que sale a la mañana es bueno o malo, porque en verano da demasiado calor y en invierno no. Es como si la nevada en el norte es buena o mala. Es.

 -Así pienso yo -afirmé-, pero no entiendo porque ella me rechaza.

 

Y me sentí mal conmigo mismo otra vez, este don que como dije al comienzo del relato podía envanecerme o hacerme sentir con euforia o con una capa superficial de ego. Ahora lo sentía como una carga. Seguí viéndome con Azula pero evitaba ir al bosque, alejarse de donde estaba la gente, no quería estar conmigo a solas.

Intenté besarla y le dije:

-Quiero estar contigo.

-Estoy distinta -me dijo.

-O sea, no te atraigo más.

-No, no, soy yo no eres tú.

 

Vosotros, en Sol 3, habréis escuchado mil veces esa frase "no eres tú, soy yo", una manera de sacarse al otro de encima. Y sentí que mi estima se derretía como nieve en la zona ecuatorial. Bajaba mi estima y mi molestia, esa rabia interna, esa impotencia, hasta sentía como cierto desprecio por Azula. ¿Qué le molestaba de mí, si yo ya se lo había aclarado? Los dones no son buenos ni malos, buenas o malas son las personas.

 

Y es todo por ahora. Es todo.

 

 

 


Sesión 12/12/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Guillermo B.

En Umbro. Luego de un desengaño, de una humillación con una noble volvió a su pueblo, allí estaba su amada. Un día la encontró con su amigo pero todo se resolvió de maravilla.

Sesión en MP3 (2.201 KB)

 

Entidad: ¿Qué es más difícil, adaptarse a un lugar, adaptarse a una nueva situación o adaptarse a uno mismo habiendo descubierto cambios?

 

Sentía como que era otra persona, con un don que no terminaba de asimilar si era un don o era algo negativo, que en el fondo no quería.

¿Y por qué? Porque vi lo poderoso que había sido Osión, el mento de las montañas, o Arcadia, la mujer menta. Es como cuando tú te vas de la zona ecuatorial y aprendes el arte de la espada, si eres bueno se corre la voz en los distintos poblados y siempre va a haber alguien que te desafía para luego poder decir "Yo, guerrero Tanto, he vencido a tal persona".

Lo mismo sucede siendo mento, por alguna razón te ves forzado a utilizar ese don -que además es un don a medias porque entiendo que uno de mis padres no fue mento- y que venga otro mento con malas intenciones y busque vencerte hasta aturdirte o directamente quitarte la vida. Por eso digo, ¿hasta qué punto uno quiere ese don si no lo sabe usar?

 

Ya se me había pasado la humillación que sentí con Barbana, la joven de clase noble. Me había deslumbrado pero yo pensé que era algo más, solamente me había encandilado con sus modales finos, delicados. Cuando me invitó a su palacio era para usarme como servidumbre.

Y de alguna manera, cuando te encandilas no miras lo que tienes al lado, cuántas veces Azula me había pasado inadvertida hasta que finalmente empecé a reparar en ella. Yo sé que ella estaba enamorada de mí, sin embargo cuando descubrí lo hermosa que era por fuera, por dentro, lo noble, aparte de amor me dio ternura y luego deseo, y quería expresarlo a través de abrazos, caricias.

Sentí que me rechazaba, pero ¿me rechazaba porque yo era un semi mento? ¿Por qué? El don se puede usar para bien o para mal. Tú tienes una daga, puedes degollar a alguien o puedes usarla para defender a alguien o para abrir una herida que supura, limpiarla con hierbas y luego dejar que cicatrice. El don es como la daga, no es bueno o malo, es quien lo porta, quien lo tiene.

 

Una tarde voy al poblado a buscar provisiones, cuando vuelvo me encuentro a Azula, apartada, hablando con Karas. Él solamente escuchaba. De repente me ven y Azula calla, deja de hablar. Sentí como un malestar en el estómago, ahora estaba cortejando a Karas. Me acerco con cara de pocos amigos. Karas sonríe, me desconcierta. Azula baja la vista. La saludo. Ella hace un gesto con la cabeza pero no abre la boca.

Karas me toma del hombro.

-Ven. Cantas.

-Traje las provisiones.

-Déjalas. Ven.

-¿Qué sucede? -le pregunto.

Quiero comentarte de Azula.

-¡Que! ¿Ha decidido estar contigo?

Karas me mira asombrado.

-¡Qué dices! ¡Qué pasa por tu mente! ¿Qué piensas? -lanza una carcajada-. Hombre, ven.

Nos sentamos en un tronco.

-Ella te ama, te ama tanto que le daba como cierto pudor confesarte algo.

 

Yo me imaginaba mil cosas.

Karas, como adivinando mi pensamiento, dice:

-Espera deja que te cuente, no te imagines nada, no saques conclusiones mentales. No es que tenga más confianza conmigo, te ama y le da vergüenza contarte lo que le sucedió. Cuando era más pequeña fue al poblado, había dos jóvenes simpáticos, a ella no le interesaban pero el hecho de que tenían un rostro noble y estaban medianamente bien vestidos entendió que no eran forajidos ni nada por el estilo. El más joven la ayudó pidiéndole permiso para llevarle las provisiones, ya que ella había venido a pie. Ella aceptó y en mitad del camino el joven suelta las provisiones y empieza a abrazarla, ella le dio una cachetada y sintió una punzada de dolor en la mente cayendo de rodillas. No entendió qué pasaba, el joven era un mento. Ella en ese momento desconocía lo que era un mento, no sabía el poder que tenía dentro suyo pudiendo hasta debilitar, confundir, desmayar a otra persona, y eso es lo que quería, desmayarla y luego violarla. Aturdida pero todavía despierta escucha un 'ziuu', una especie de sonido, y ve que el joven se retuerce con una flecha atravesada en su garganta y una joven de rostro algo oriental a cincuenta pasos de distancia le había disparado al joven que instantes después cayó sin vida. Azula tardó en recobrarse, su mente estaba aturdida. La otra joven vestida de guerrera la levantó, le dio agua de su cantimplora y le dijo "Te he librado de una buena". Fue la joven, la oriental la que le ayudó a llevar las provisiones asegurándose de que nadie más les seguía. El otro joven, el compañero de este mento, no se supo más nada, al ver que su compañero no estaba, se habrá ido del poblado. Pasó muchísimo tiempo pero Azula quedó con la idea de que un mento casi la somete por la fuerza. Me lo contó y yo sonreí. Le dije "Yo también soy semimento, igual que Cantas, no somos todos iguales". Atrás, en el desierto, yendo hacia el este donde están los dromedans hay unos seres mucho más grandes con bastante pelo en todo su cuerpo, se llaman lomantes, quien los ve piensa que son salvajes, sin embargo son tan o más inteligentes que nosotros e igual de pacíficos. Al contrario, es raro ver lomantes que saqueen aldeas. Algunos son nómadas, otros viven en grupos". Conversamos todo el tiempo que tú has ido al poblado y entendió.

 

Me sentí aliviado.

Karas me dice: -Ella te prejuzgó, tú también a veces prejuzgas. No se deben hacer juicios antes de tiempo. Yo me ocupo de las provisiones, ve con ella.

 

Me quedé congelado, como petrificado en el tiempo. Miré hacia la izquierda y Azula me miraba. Me acerqué, se acercó. Nos abrazamos, las lágrimas rodaban por su mejilla. Le besaba la mejilla, me besaba la otra mejilla. Le besaba la frente, le acariciaba el cabello. Me tomó de la nuca y alzándose en punta, de pies, me besó en la boca. Le respondí el beso tiernamente, suave, muy suave y le dije de todo corazón y con total sinceridad:

-Azula, te amo.

-Yo también -me respondió-. Yo también, Cantas.

 

Esa noche nos fundimos en un solo ser y todo lo demás desapareció de nuestras mentes. Mañana sería otro día, era cuestión de vivir el momento.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 08/02/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Guillermo B.

La entidad relata que en Ran II trabajaba con circuitos integrados en una empresa aeroespacial, bien pagado. Pero parecía haber algo extraño en lo que se fabricaba. Algo espinoso.

Sesión en MP3 (2.321 KB)

 

Entidad: Me habéis canalizado en un momento donde mis recuerdos de una vida lejana han salido a flote, me molesta, me incomoda. ¿Pensáis que en el plano suprafísico no existe el mal humor?, os contradigo, existe. O quizá me lo pasa mi rol de esa vida.

 

Me llamaba Serge Nauer, trabajaba con integrados, integrados de vehículos, integrados de distintas maquinarias, y como lo había hecho desde aproximadamente desde los dieciocho de los vuestros años, a mis treinta de vuestros años verdaderamente me consideraba que sabía bastante. No me pagaban muchos créditos, habían compañeros que eran conocidos del sobrino del jefe que ganaban más que yo, no me preocupaba, tenía antigüedad.

Estaba solo, había tenido un muy doloroso fracaso amoroso. Ahora había conocido a una joven, Adela Zouto, era microbióloga y nos estábamos conociendo. Pero vivía solo y con los créditos que me depositaban me alcanzaba y podía ahorrar, por lo cual, honestamente, no me despertaba ninguna envidia -como decís vosotros en vuestro mundo-, los acomodados de turno, los privilegiados. No me despertaban envidia mientras me dejaran trabajar tranquilo.

 

¿Pero qué sucede con el ser humano en distintos mundos? En Ran II, donde yo vivía, sucedía lo mismo que en Sol 3; podían ganar el doble de créditos que yo, trabajar menos horas, estar menos controlados pero siempre, siempre, siempre, siempre, siempre algo les molestaba de mí, el que fuera aplicado, el que a veces aún mordiéndose los codos tenían que pedir ayuda con respecto a un trabajo que no les salía bien, y honestamente de buena manera y de buen corazón los ayudaba, pero en lugar de agradecerme es como que se mordían los labios de tener que pedirme ayuda.

Me fueron haciendo hueco. Me fueron haciendo hueco en el sentido de que en el comedor de la empresa prácticamente me sentaba solo en una mesita, había una mesa grande con la que podía compartir pero hablaban entre ellos. De repente yo tocaba un tema y asentían con la cabeza y seguían con su tema, yo era invisible para ellos.

 

Un día me llamaron de arriba, de arriba se entiende del jefe.

-Mire, Nauer, hubo quejas de que sus productos tienen fallas.

Le digo:

-Señor, justamente tengo a mi supervisor directo que antes de entregar los integrados revisa todo lo que yo hago y -honestamente me abrí con el jefe y le dije- honestamente es uno de los pocos que me apoya, justamente.

-Su supervisor fue dado de baja ayer y antes de irse dijo que por amistad a su persona no le controlaba los productos defectuosos. Debido a eso ni siquiera le pagamos indemnización. Para evitar un juicio usted, Nauer, tendrá su indemnización pero...

-O sea, ¿ni siquiera me van a dar recomendación?

-¿Recomendación?, gracias que no pierde la indemnización. De todas maneras, hoy puede trabajar todo el día.

Me rebelé y dije:

-No, no es necesario.

 

Presenté mi móvil, el lector de mi móvil acepta un formulario donde yo renunciaba y leyó otro formulario donde me integraban una suma de créditos a mi cuenta electrónica. Constaté que estaba todo en orden. Me dio la mano, que para mí fue invisible pues no le extendí la mía. Saludé correctamente: -Buenas tardes. Y me marché desolado porque a pesar de estar trabajando tantos años y de que me hayan hecho varias veces hueco, vacíos, desprecios, maledicencias -como decís vosotros en Sol 3-, uno es un animal de costumbres y ahora estaba solo en casa. Busqué por la web distintos empleos. Tenía un amigo, un amigo de la facultad que no nos habíamos dejado de ver, con él y otros compañeros, nos reuníamos cada tanto a cenar.

En aquel entonces yo estaba en pareja. Me encontré con él y dos amigos más. Me preguntaron por mi pareja. Les dije:

-No salgo más hace casi un año. Salgo con una chica llamada Adela, tiene un carácter un poco frontal, una manera de ser quizás no igual a la mía, quizá de más carácter que yo, seguramente exigente pero si tengo que destacar una virtud en Adela es que es frontal, y frontal es estar en la acera opuesta de lo hipócrita, pero claro, tienes que aguantarla si es frontal. Ojalá en mi ex-trabajo hubieran sido frontales y no falsos.

Mi amigo principal me preguntó:

-¿Qué te sucedió? -le conté todo.

Me dijo:

-Mira, estoy trabajando en una empresa de investigación espacial, ¿tú dices que trabajas con integrados?

-Sí -asentí.

-Pues justamente precisamos a alguien allí, si quieres puedes presentarte mañana, dices que vienes de parte mía.

-Pero encantado de mil amores, no me importa incluso lo que me paguen.

 

Me dio una cifra, era casi el doble de lo que yo ganaba en mi antigua empresa. Me pasó la dirección, me la anoto en mi móvil y al día siguiente me presenté con ropa formal. Muy gentilmente la señorita de recepción me envió a la sección dos. Me atendió un señor bastante mayor.

-Usted es Nauer.

-Sí, señor.

-Bien, obviamente va a empezar en grado 1. Quizá le lleve años llegar al grado 2 y años llegar al grado 3 pero haciendo las cosas bien, aquí tiene futuro.

-Lo que diga, señor.

-No necesito obsecuentes.

-Señor, no soy obsecuente, simplemente trato de ser obediente y ordenado, y no digo a todo que sí.

-Bien. -Me miró con una mirada más suave.

-Mi nombre es Arnold, soy encargado.

-¿Qué grado tiene?

-No importa mi grado, soy el encargado de toda la planta. Si hay algo que funciona mal, si hay algo que no entiende me lo hace saber. Lo que no quiero son las quejas.

-Señor, yo no soy de quejarme.

-Bien. El joven que está aquí -lo llamó-, acompaña a Nauer y enséñale los integrados, lo que tiene que hacer. Tengo entendido que trabajó en una empresa anterior pero esto nuevo, esto es investigación espacial.

-Está bien señor, lo que no entienda lo preguntaré.

-Bien, andaremos bien entonces.

Me dio un puntero y me hizo firmar en una superficie electrónica: -Listo, ya está registrado.

 

Fui a mi nivel, los integrados eran distintos. Ese día, honestamente, lo molesté al joven porque le pregunté veinte interrogantes: Cómo se encastraban, cómo funcionaban, el armado... Tuvo mucha paciencia, pero al tercer día ya estaba práctico. El mismo jefe de planta, Arnold, me dijo:

-Hay personas que demoran hasta quince días en tener su facilidad, así que adelante Nauer, no me falle.

-No, señor.

 

Tenía compañeros, no eran nefastos como mis excompañeros tampoco eran la mar de simpáticos, hacían lo suyo, saludaban. También teníamos una planta comedor bastante más grande que en la empresa donde yo estaba y con una comida de mejor calidad que directamente no la descontaban del sueldo, formaba parte. Bien. Y encima ganaría más. ¿Qué podía pretender?

Vosotros en Sol 3 decís "Pero no todo son rosas, a veces las rosas traen espinas". A veces, en realidad no hay rosas que no tengan espinas.

 

 Una tarde vi un integrado que no conocía, el joven no sabía decirme de qué se trataba, quizá llegó a mi sección por error. Llamó a un empleado del grado 2.

-Disculpe la molestia, soy Serge Nauer, aquí me llegó un integrado que no entiendo ni siquiera qué integra.

Me lo sacó de las manos -yo diría casi bruscamente-, y me dijo:

-Esto no es de tu grado. Si alguna vez llegas a ver un integrado así me lo haces saber.

-¿Tu nombre?

-Dorme.

-Bien, Dorme, se lo haré saber.

 

Quiero ser honesto, Dorme no me gustaba para nada, Dorme tenía una mirada cruel diría yo, más cruel que mis excompañeros, y de la forma que me sacó de las manos casi arrancándome el integrado diciéndome "Esto no es de tu grado". ¿Qué era lo que había encontrado ahí? Conocía todo tipo de maquinarias, maquinarias agrícolas, de transporte, maquinarias de rieles, maquinarias aeronáuticas. Sería algo nuevo en investigación espacial, pero ¿por qué tanto misterio? El joven compañero me dijo:

-A mí también me llegó una vez una pieza así y estuvieron a punto de echarme porque quise averiguar. Mi recomendación, Nauer, es que no pregunte.

-Está bien.

 

A la mañana siguiente vino el jefe de planta, Arnold. Me preguntó si había sucedido algo.

-No, no; simplemente encontré una pieza integrada que no correspondía a mi sección y nada, pregunté qué era y me dijeron que no era de mi grado, y nada más.

-Bien. Bien. -Dio media vuelta y se marchó.

 

Quería preguntar más cosas. Honestamente, si había una cosa que me molestaba eran los misterios, pero tenía un trabajo firme por ahora, no seguro, ganaba casi el doble que en el anterior, no me descontaban el almuerzo y estaba en una empresa de investigación espacial, salía con alguien que parecía una buena joven... No podía quejarme, todo iba sobre un camino de rosas. Pero creo que ya lo dije antes, ¿no?, en las rosas siempre hay espinas.

 

Me quedo pensando, en las rosas siempre hay espinas.

 

 


Sesión 01/03/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Guillermo B.

En donde trabajaba, en investigación espacial había visto aparatos extraños, desconocidos. Lo comentó con otros y los militares se lo llevaron. Antes de desaparecerlo probaron con un lavado de cerebro. Su conducta cambió.

Sesión en MP3 (2.733 KB)

 

Entidad: Es cierto que cuando pierdes un trabajo o sientes que los que eran compañeros te hacen un hueco te sientes desamparado. Por suerte pude entrar en investigación espacial en el grado uno llegando a ver integrados desconocidos.

 

Al igual que muchos, cuando tuve mi primer fracaso amoroso fui a visitar a un genetista. Pensaréis, ¿cuál es la relación? ¡Je, je! Que Raúl Iruti, aparte de genetista era asesor, por llamarlo de alguna manera, muchos lo consultaban sobre distintos temas existenciales, afectivos, de soledad. Cuando le comenté que había visto integrados desconocidos me comentó:

-No eres el único. No eres el único, pero no le comentes a nadie esto que me comentas a mí.

 

Una vez me crucé en el laboratorio genético de Raúl y su socio casi hermano Alexis Anasio, con Osmar Belami. Me sorprendí, porque nos habíamos hecho muy amigos con Belami, supongo que él también vendría por problemas. Belami había trabajado en la clínica de su padre y había tratado con nanobots especiales una enfermedad de un gran amigo salvándolo, pero su padre lo despidió porque era un tratamiento no probado con humanos todavía. De alguna manera todos consultábamos a Iruti. Había empezado a salir con Adela Souto, microbióloga, y le comenté mis sospechas, lo que pasaba, al fin y al cabo era mi actual pareja.

 

Vino un militar de alto cargo y me citaron en otro edificio, fuera del edificio de investigación espacial. Me sentía intimidado porque en el lapso de veinte días habían pasado muchísimas cosas; un corte de la red dejando toda la población desvalida, pues en todo Ran II se trabajaba con dinero electrónico. Hubo manifestaciones, represiones hasta que la última, directamente, los soldados disparaban a matar.

Y se proclamó en todo el planeta la ley Marcial. Lo que no entiendo por qué me venían a buscar.

-Nos han comentado que has visto integrados desconocidos -dijo el hombre de más alto rango, un hombre que ya había visto en diarios electrónicos y en noticieros.

Negué:

-Yo trabajo, cumplo mi horario.

Y el militar agregó:

-Y hablas de más. Así que desaparecerás.

Esperaba lo peor para mí cuando recibí una llamada, era Adela.

-¿Dónde estás, Serge?

-No puedo hablarte ahora.

Al mismo tiempo, el militar de alto rango recibió una llamada en su móvil.

-No es factible, pero ya tiene varios sujetos. Está bien. Sí. Bien, lo haremos.

Cortó la comunicación. Me miró con sorna y me dijo:

-Señor Nauer, nos será más útil de esta manera.

 

Me llevaron al laboratorio de Raúl Iruti. Raúl Iruti me miró con una mirada fría, helada.

-Así que has comentado cosas, bien ya no comentarás más nada. Probaremos contigo lo último, lo nuevo, unos nanobots especiales que emiten una vibración y tu cerebro dejará de ser tuyo.

 

Recordad lo que dije al comienzo, cuando pierdes un empleo y tus compañeros te hacen un hueco quedas en una situación de desamparo. Pero aquí, en el caso de Raúl Iruti era como un asesor espiritual, un maestro que brillaba en su interior, que manaba bondad y ahora veía su mirada fría, helada y me iba a hacer como conejillo de indias en su experimento. Su propio socio, Alexis Anasio, estaba más que extrañado viendo cómo me llevaban los soldados a un lugar, me ataron, me pusieron una inyección.

Había dos doctores, Raúl Iruti los ordenó:

-Dejadme con el paciente. ¡Ahora! Y cerrad la puerta.

-Su socio Alexis quiere pasar.

-No, no pasa nadie.

 

Para colmo de males, mientras me estaba adormeciendo me enteré de que Raúl Iruti era la mano derecha del militar de alto rango que aparentemente, a su vez, estaba trabajando para alguien que no era de este mundo, porque es fácil sumar uno más uno dos: Integrados desconocidos, nanobots desconocidos, genética desconocida... Uno tiene oídos, uno escucha.

Antes de dormirme me quedé solo con Raúl Iruti y vi que cogía distintos instrumentos... Oscuridad. Nada.

 

Cuando desperté me sentía igual. Abrí los ojos, lo vi a Raúl y al militar de alto rango. El militar me miró a los ojos:

-No veo cambios.

-Los hay -dijo con seguridad Iruti. -Dime cómo te llamas.

-Serge Nauer.

-¿Te interesa trabajar dónde estabas, en investigación espacial?

-Sí.

-¿Qué piensas de lo que has descubierto?

-No pienso, no le doy importancia.

Raúl Iruti se dio vuelta viendo con mirada triunfal al militar.

-Es otro, es dócil. -Se dieron la mano.

-Son más útiles así -dijo Raúl Iruti.

El militar hizo un saludo de alto rango y se marchó.

Me quedé de vuelta con Raúl Iruti.

-¿Qué me has hecho?

Raúl Iruti se acercó a mí.

-Nada.

-Y por qué siento como que ya no tengo la curiosidad, me da lo mismo todo y estoy como vacío de ansiedad.

-Te traté con una medicación especial.

-Has esclavizado mi mente.

-Para nada, eso es lo que cree el militar, sigues siendo el mismo. Es increíble lo que puede el efecto placebo.

-Entonces, ¿no has experimentado conmigo? -Me agarró un absceso de tos de la misma ansiedad.

-Cálmate, cálmate, Serge.

-¿Soy el mismo?

-Eres el mismo. Pero eso lo sé yo y no lo sabrá más nadie, ni siquiera Adela, tu novia, porque si llegan a pensar... Ni siquiera tu jefe de planta, Arnol.

-¿Cómo sabe el nombre?

-Sé todo -dijo Raúl Iruti-. Ni siquiera Osmar Belami, a nadie, o ya no te traerán aquí, directamente irás a la planta de desechos.

-Entonces mis sospechas son ciertas, existe... -Me tapó la boca con la mano.

-Nada, nada. Trabaja, muéstrate de forma automática. Si Adela te pregunta le dices que te interrogaron y que tú no sabes nada. Si te pregunta por los integrados desconocidos, fue imaginación tuya.

Me quedé pensando.

-Entonces, ¿el resto de la gente que han traído?

-A nadie se le ha lavado el cerebro, a nadie se le ha cambiado la mente.

Yo sé... -me atreví a preguntar-, pero los soldados que me trajeron me dijeron que había dos compañeros de ellos que eran traidores y que había una especie de resistencia. ¿También les has hecho una especie de efecto placebo?

-Lamentablemente no -afirmó Iruti-. Lamentablemente no, y no eran traidores, eran soldados de alto rango para probarme y les inyecté una proteína especial con los nanobots y les programé su cerebro. Salieron como autómatas. Con eso me gané la total confianza del militar de alto rango.

-¿Pero lo que has hecho es hostil?

-Sí. También es hostil cuando en la antigüedad se abría un cuerpo para sacar un tumor y salvabas una vida. ¿Por qué no piensas en grande, Serge?

-Entiendo. ¿Volveremos a comunicarnos?

-Yo me contactaré. Tú no me llames por nada. Cumple tu horario, come, duerme, puedes navegar por la red visitando lugares inofensivos, cumple los horarios, no salgas después de hora.

-Pensé que me había defraudado.

-Hay algo que tienes que aprender, todos podemos defraudarte, lo importante es que tú, Serge, no te defraudes a ti mismo no creyendo en tu persona, no creyendo en tu ser porque muchos que están cercanos a ti pueden fallarte y bueno, no todos piensan igual. El problema es que tú te falles a ti mismo.

-Es ilógico lo que dices, ¿cómo podría fallarme a mí mismo?

-No creyendo en ti, pensando que no puedes, pensando que no eres lo suficiente apto para determinada tarea, determinada relación, determinada amistad, determinado círculo.

-Entiendo.

-Y ahora vete y compórtate, tratando de no mirar a nadie a los ojos. Muéstrate automático. ¿Puedes hacer eso?

-Sí, puedo. Recuerdo que de pequeño me gustaba mucho todo lo que eran las imitaciones, imitaba distintas personas.

-Bueno, ahora imita a un autómata y vete, vete.

 

Abrió la puerta y salí. Me di vuelta y vi la mirada fría, helada. Bajé la vista, pasé al lado de Alexis Anasio sin saludarlo.

No había desaparecido, no habían experimentado conmigo pero en Ran II el peligro estaba más latente que nunca.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 07/06/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Guillermo B.

Se sentía mal, su vida privada se fue con su pareja y no conseguía recuperar la estabilidad. Un amigo genetista y asesor espiritual le devolvió la confianza en sí mismo con el compromiso de que no culpara a nadie de todo ello. Debía esforzarse y trabajar las relaciones.

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