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Psicoauditación - Israel

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 01/03/2021

Sesión del 10/03/2021


Sesión 01/03/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Israel

La entidad relata una vida en Gaela. Su afición a beber y a consumir ocasionaba que lo apartaran de trabajos, relaciones. Estaba alejado de familia y gente que lo ayudaría, pero es que tampoco quería.

 

Sesión en MP3 (3.401 KB)

 

 

Entidad: ¿A qué le voy a echar la culpa al destino, a la gente que me rodeaba, a la gente que hoy me desprecia?

Yo tuve un buen pasar, nadie tiene que decirme nada, nada de nada. La gente se aleja porque dicen: "Esta persona está bebida o esta persona está drogada".

Yo no me meto en la vida de ellos, que no se metan en la mía.

 

Pasé por el restaurant de don Sancho, por la parte de atrás, obviamente, por el callejón:

-Sancho, ¿algo?

-¡Eh! ¡Algo, algo, algo, todos los días algo!

-Sí, algún emparedado, algo...

 

Me tiró un paquete con un poco de pan y unos embutidos, y comí. En el callejón había una canilla y abrí el grifo y tomé un poco de agua. Menos mal que no llovía, no tenía donde guarecerme.

 

Me acuerdo mi niñez, en Zabala. En Zabala estaba bien, yo era quizás un joven pretencioso. En Zabala no hay futuro, en Zabala los presidentes buscan su propio bienestar y no el del pueblo.

-Un día, cuando sea más grande, me voy a ir a Beta. Sí, me voy a ir a Beta.

Me acuerdo que madre me decía:

-Oseas...

-¿Qué?

-Oseas, escúchame.

-¿Qué madre, qué pasa ahora?

-Deja de soñar. Ayuda con las labores.

-Estuve trabajando toda la mañana, madre.

-Estuviste una hora, nada más. -No soportaba más que me mandaran.

 

Pero fui inteligente, fui juntando plata. Fui juntando plata, pasé la frontera y me fui a la costa oeste de Beta. Ahí conseguí trabajo.

Yo trabajaba bien, tenía que hacer presupuestos en una máquina de escribir. Al comienzo me costaba, después ponía el papel carbónico en medio de las dos hojas. Lo complicado era cuando tenía que hacer un triplicado con doble papel carbónico. Pero hacía bien los presupuestos, no tenía faltas de ortografía ni nada. ¿Y a quién le voy a echar la culpa? ¡Ja, ja, ja! A Rigoberto.

 

Rigoberto traía una petaca (Petaca son esas botellitas que se guardan en el interior del saco), y le pegaba un trago.

-¿Quieres, Oseas?

-No, yo no bebo.

-¡Ah!, pero hazte hombre.

-Yo no tengo que demostrar nada. A ver, pásame la petaca, vamos. -Y estaba tan buena que me la tomé toda.

-¡Eh! Oseas, ¿qué has hecho?, ¡te has tomado toda la petaca!

-Bueno, Rigoberto, me la has ofrecido, ¿no?

-Menos mal que tengo otra. Pero no, no te convido más.

-¿Qué problema hay?

 

Esta semana cobré, así que ahora estoy en la pensión, tengo mi piecita con una cama, con un velador, escucho un poco la radio, como algo, así no más. Y me tomo una media petaquita.

 

Pero después ya era una petaquita, y hubo días que llegaba tarde, y hubo días que llegaba con un tremendo aliento a alcohol.

El supervisor me apercibió:

-Mire, Oseas, usted es un buen empleado, pero ya van dos o tres veces que lo noto bebido.

-¿Bebido? Apenas he tomado un pequeño trago a la mañana, pero para ponerme así, ¿vio?, eficiente. Eficiente.

-Mire la hoja del presupuesto, tiene como cinco faltas de ortografía.

-Se traban las teclas, yo escribo rápido.

-No, está bebido y no puede escribir. -Pero me bancó, me bancó.

 

Pero pasó una semana, dos semanas. Rigoberto se lamentaba:

-¿Para qué te habré ofrecido?, ahora tomas a la mañana, a la tarde, traes la petaca al trabajo...

 

Y no me vio el supervisor, me vio el gerente tomando. Y me despidieron. Me dieron una pequeña gratificación por los días de trabajo y...

¡Qué me importa! Ya voy a conseguir otra cosa, yo soy bueno en lo que hago.

Rigoberto estaba con la cabeza gacha:

-Lo lamento, Oseas, pero no tienes conducta.

 

La pensión era buena, tenía tres pisos. Lo importante era pagarle bien al casero, pagarle bien la renta de la pensión, que era más barato que rentar un apartamento.

Y me hice amigo de varios: El zurdo, otro que se llamaba Coipo, otro que le decían el ganso.

-¿Qué haces a la noche?

-Y duermo. ¿Qué voy hacer?

-¡Qué aburrido! Ven con nosotros. -Y fui una noche.

-Miren, traigo la petaca.

-¡Ja, ja, ja! Petaca... Eso es para niños. Prueba esto. -Tenían un pequeño polvo.

-¿Y esto?

-Esto se aspira, y te pone la mente más ágil.

 

Y probé. Y me sentí..., pero como el más inteligente de los hombres. Por la mente tenía números, imágenes, paisajes, personas, conversaciones.

Ahí fue cuando la conocía a Elcira. Elcira era mecanógrafa, pero de las buenas, ¡eh!, no como yo que escribía una tecla 'tac tac tac', no, escribía bien. Y trabajaba en un diario. Ese día me vio bien.

-¿Has tomado algo?

-No, no, un poco con los muchachos, pero nada, nada. -Y empezamos a salir.

 

Y la cosa se dio que al mes la invité a la pensión. Y bueno, quedó embarazada.

Y le dije:

-Yo soy caballero, yo me hago cargo. Vamos al juez civil y nos casamos.

Pero ella me veía cada vez más alcoholizado, y me decía:

-No sé como... como me embarazaste.

 

Y a los dos meses tuvo una pérdida y la llevé de urgencias al médico. Y bueno, y perdió la criatura. Ella quedó con un trauma, quedó..., no quería saber más nada de mí.

Me dijo:

-No es por lo que pasó con la criatura, es por las malas juntas.

-¿Qué malas juntas? ¿Por el ganso, por el zurdo, por todos esos? Son gente extraordinaria.

-Son gente drogadicta y te llevan por mal camino. Es peor que el alcohol todavía.

 

Y no conseguía trabajo. A la semana el casero me echo de la pensión, menos mal que en el callejón había como una especie de entradita, que me escondía ahí, me ponía unos cartones. Y cuando llovía, como había un techito no me mojaba. Y después me iba a lo de Sancho, en la parte de atrás y me daba alguna cosa para comer.

 

Recuerdo que vino uno de mis hermanos, y me dice:

-Oseas, pensé que estabas en una oficina, pensé que estabas en una pensión, estás alcoholizado y drogado. Mira, yo consigo un pasaje y volvemos a Zabala, con la familia.

-¡Ja, ja, ja! ¿A qué, a que otra vez me estén encima?, ¿que trabaje, que haga esto, que haga lo otro?

-Pero Oseas, si no tienes ni siquiera para comer.

-Es mi problema, no el tuyo. ¿Qué te metes con mi vida ahora? ¿Porque eres mi hermano ya te crees que eres familia? Los muchachos es familia, que me divierto a la noche con ellos.

-¿Te diviertes, te diviertes, Oseas?, te estás destruyendo la vida. Salías con una chica, te dejó. Perdiste el trabajo por beber en el mismo. ¿Qué es de tu vida? Vives en un callejón, el dueño del restaurante te da alguna sobra de lástima.

-Puedo cantar.

-¿Cantar?, pasar papelón.

-Puedo cantar en la plaza, me tiran unas monedas en la gorra.

-¡Ay, ay, Oseas, Oseas! Ven conmigo, tengo una casita, te dejo ahí tranquilo.

-¿Qué voy a ser, tu inquilino?

-No, somos hermanos. Mi invitado.

-Yo no preciso limosna de nadie.

-Yo parto mañana a la mañana.

-Que te vaya bien, saludos a la familia. Yo a Zabala no vuelvo, ¿para qué, para estar peor que acá? -Mi hermano sonrió.

-¿Peor que acá?, ¿peor que estar en la calle?, ¿peor que estar con esa gente?

-Esa gente son mis amigos, los quiero más que a ti. -Me miró como..., no con desprecio, con lástima. Ojalá me hubiera mirado con desprecio porque eso me hubiera inflado el ego, ¿pero con lástima a mí?, ¿quién se cree que es? Y claro que quiero más a mis amigos que a la familia. Me dio la espalda y se marchó-. Pero vete, vete, vete a casa con la familia. Vete, tómate un camión y vete.

 

Y me quedé. Pero claro, ya no tenía ni un cobre. Y los que eran mis amigos me dicen:

-A ver, Oseas, si te pones con algo.

-Si no tengo trabajo.

-Y entonces no hay más.

-Pero un poquito para aspirar.

-No, no hay más.

-¿Saben lo que pueden hacer con ese polvo? -Y me fui. Y me fui.

 

Pero al día siguiente estaba como con un mal estar que me retorcía.

Hablé con un médico del hospital, y me dijo:

-Es una abstinencia por la dependencia.

-¿Qué abstinencia? Algo me cayó mal.

-No, señor Oseas, nada le cayó mal, le sacamos sangre y en la sangre están los análisis. Usted vivía drogado y alcoholizado.

-Yo vine para que me medique, no vine para que me rete. -Me di media vuelta.

Y el doctor me dijo:

-Tendría que internarse.

-¡Je, je, je! Internarme, internarme, ¿pero qué estoy loco?, a los locos los internan.

-No es por eso, a un centro de rehabilitación.

-¿Pero que estoy cojo, estoy manco?, ¿de qué me tengo que rehabilitar?

 

La cuestión que pasé unos días retorcido, me golpeaba contra las paredes, no podía más.

 

Un día cogí un palo, fui donde estaban los muchachos. Había uno solo, el zurdo.

-Dame por favor un poco de ese paquete.

-No. Si no traes plata, no. -Lo golpeé con el palo, le arranqué de la mano el paquete y salí corriendo.

Me gritó:

-La próxima vez que te veamos te vamos a disparar. -Me preocupé. Así que mis amiguitos estaban armados. ¡Je!

 

Se puso a llover encima y me resbalé, me golpeé la nuca. Cuando me desperté me habían robado el saco, los zapatos y obviamente el polvo. Y sentí unos dolores tremendos en el costado, capaz que me patearon la espalda estando inconsciente. Estuve varios días para reponerme, de callejón en callejón.

 

Sancho se apiadó de mí:

-Tengo un pequeño depósito que guardo las escobas, los enseres, los baldes. No te dejo en la cocina porque sé que te vas a comer las cosas, pero te puedes quedar ahí. Te voy a traer algo de comer y cuando estés más repuesto te vas. -Le agradecí.

 

Y un día caminé por la avenida, la avenida Tercera, y había un hombre pintando enfrente, un hombre joven.

-¡Ah! Es una pinturita -le dije.

-Gracias. ¿Andas con laburo?

-¿Con qué?

-Si tenes trabajo.

-No, qué voy a tener.

-¿Querés laburar?, ando precisando un peón. Te pago por horas, no hay problema.

-¿Cuánto me pagas? -Me dijo.

-¡Vaya!, al final estoy bien acá y gano más que en esa oficina que hacía los presupuestos.

-¿Cómo te llamas?

-Oseas -le dije-. ¿Y tú?

-Yo soy Pedro Cárdenas, estoy hace un año aquí.

-¿De dónde eres?

-De Plena.

-¡Plena! ¿A dónde queda Plena?

-Al sur del continente, abajo de todo.

-¡Ah! Plena, sí, sí, escuché hablar qué sé yo, ¿Y están tan mal ahí que viniste acá?

-No, estamos bien, pero acá se precisaba bastante mano de obra, de pintura, de albañilería y... ¿Sabes hacer algo?

-Aprendo.

-Bueno. Acordáte, esto es un sueldo mínimo, si aprendés el oficio te pago más. Yo el año que viene me vuelvo para Plena, si querés te llevo conmigo.

-¿Y qué voy hacer en Plena?

-Lo mismo que acá, pintura, albañilería. Nadie te manda.

-¿Cómo no? Tú me mandas.

-Sí, pero no pasa nada, no pasa nada, Oseas. -Y empecé a tener plata de vuelta. Me gustaba el trabajo y lo aprendí rápido, ¿eh?

-¿Tenés dónde vivir? Yo estoy alquilando una pensión y tengo otra cama. -Lo miré medio raro.

-¿Qué voy a dormir en la misma pieza contigo?

-Quedáte tranquilo, pibe, no pasa nada, no pasa nada. Tengo una noviecita que veo de vez en cuando.

-¡Ah!

-Y le puedo conseguir una amiguita para vos.

-¡Ah! Está bien, me quedo tranquilo. No, pensaba otra cosa.

-Sí, me imaginé -dijo Pedro.

 

Pero le empecé a fallar. Ahora que tenía plata volví con esos vagos.

Levanté la mano y le dije:

-Tengo plata, ¿eh?

El zurdo me miró y me dijo:

-¿Te acordás que me pegaste con un palo y me sacaste el polvo? Sos tan estúpido que te resbalaste y te golpeaste la nuca, estaba con tanta bronca que te pateé la cabeza, el cuerpo y menos mal que no se había roto la bolsita con el polvo.

Lo miré y le dije:

-También me sacaste el saco y los zapatos.

-No, eso habrán sido los vagos del callejón. ¿Y ahora qué quieres?

-Tengo plata.

-¿Estás trabajando?

-Sí.

-Bueno, sale tanto.

-Eeeh, yo pagaba la mitad.

-Sí, pero eras de la barra, ahora sos un desconocido.

-Un desconocido, o sea, que ya no somos amigos.

-No, ahora eres un cliente.

Luché con toda mi voluntad y le dije:

-Lo voy a pensar. -Y me marché.

 

Y al día siguiente le pude cumplir a Pedro Cárdenas. ¿Pero por cuánto tiempo aguantaría, por cuánto tiempo?

 

Cárdenas en la comida tomaba vino.

-¿Tomás un poco, Oseas?

-Sí, medio vasito. Más no.

-Me imagino por qué.

-No entiendo.

-Tenés los ojos enrojecidos, se ve que bastante tiempo atrás le pegabas bastante al alcohol y a otras cosas también. No soy ningún tonto, conozco a la gente.

-¿Y ahora me vas a juzgar? -le dije.

-No -respondió Pedro-, pero acá hay que estar en andamios, en escaleras. Si venís borracho y te caés y rompés la cabeza, yo tengo seguro, tengo seguro para mí y para los peones que están conmigo. Pero el seguro no cubre ebriedad. O sea, que si un día te veo borracho no trabajas, y yo no pago por semana ni por mes, yo pago por día. Si no trabajas te jodiste.

-¿Qué quiere decir te jodiste?

-Te perjudicaste.

-¿Por qué hablas con un lenguaje tan raro?

-¡Ah! Es el lenguaje coloquial de Plena. Así que está en vos, Oseas, está en vos, vos sos el responsable de tu vida, nadie más que vos.

 


Sesión 10/03/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Israel

 

De todas las cosas que no le gustaban había una, la más dura: Trabajar. Y otra: No le gustaba que le mandaran. Y así perdía los trabajos que le conseguían.

 

Sesión en MP3 (2.387 KB)

 

 

Entidad: -¡Oseas, Oseas! -Miré para arriba, Pedro Cárdenas estaba sobre los andamios-. ¿Qué esperas? Hoy llegaste cuarenta minutos tarde, ¿qué pasó?

-Me quedé dormido.

-¿No habrás bebido?

-Conocí a una chica y discutimos, dice que yo tenía malos modos. Y me fui a la taberna a tomar un trago.

Pedro me dijo:

-Mira, Oseas, cuando te conocí estabas sin trabajo, tienes tu familia en Zabala, me contaste que una tal Elcira te dejó porque estabas con malas juntas. Te di trabajo, no lo valoras, no lo cuidas, no veo que estés juntando dinero. ¿Esa chica quién era?

-¡Ah! Una que conocí. Le pagué un par de copas y íbamos a tener un rato de intimidad, y aparentemente el par de copas que le pagué le parecía poco.

-A ver si entiendo -dijo Pedro-, no era una amistad, era alguien que te quería vender amor.

-¡Ja, ja, ja! Vender amor, vender amor, lo dices de una manera tan... tan delicada. Sí, era una de la calle.

Pedro me miró y me dijo:

-¿Y con una de la calle discutes? Si está en ese tema trabajan en eso, y no venden amor, venden su persona. Y de qué te sirve comparar un momento de distracción, te gastas tu sueldo, ¿para qué? Y encima después te encaprichas y bebes. El trabajo va a atrasado, yo tengo que terminar según el presupuesto hasta el tercer piso y no sé si en cuatro días lo voy a terminar esta parte. Voy a tener que contratar a alguien más y voy a perder parte de mi ganancia.

-Y bueno -exclamé-, ¿para qué pones tan poco plazo con el patrón? -Cárdenas se molestó.

-¿Poco plazo? Si vinieras a tiempo y trabajaras como se tiene que trabajar podríamos haber terminado, pero vamos con mucho atraso. El otro día faltaste porque te sentías mal, trabajé solo. Te voy a ver y no estabas y habías ido a tomar unos tragos.

-Me sentía mal de la garganta -le dije-, y con los tragos se me pasa.

-Eso es mentira, con los tragos no se pasa nada, hay medicación. Y no hay que tomar alcohol, parece como que a propósito te dispusieras a hacerte daño. No, la verdad que no entiendo tu manera de ser. -Me encogí de hombros.

-No hace falta que me entiendas: yo trabajo, me pagas. Y está bien, no tenemos porqué ser amigos.

Me miró y me dijo:

-Eres un descarado, a mí tampoco me interesa ser tu amigo, pero si no trabajas no cobras. Hoy por ejemplo vas a cobrar tres cuartos de día.

-¡No es justo!

-¿No?, ¿no es justo? Estoy aquí charlando contigo y yo también estoy perdiendo mi tiempo -argumentó Pedro.

-Bueno, ¿qué hago, por dónde empiezo?

-¿Qué estabas haciendo ayer?

-Dando yeso en el cielo raso del segundo.

-Bueno, tienes todas las herramientas, cámbiate y ve. -De mala gana fui. Escuché que murmuraba-: Y encima se enoja. -Le iba a contestar pero me aguanté.

 

Estaba cansado de los malos tratos de la gente. Pedro Cárdenas se pensaba que me hacía un favor, ¡el favor se lo hacía yo!, me pagaba menos, la verdad que me pagaba menos.

Me puse a trabajar mientras pensaba "¿Y si me vuelvo a Zabala?... Pero para qué, ¿para que mi familia me controle, me diga lo que tengo que hacer?". No, no me interesa.

Debo reconocer que estoy un poco mejor con Cárdenas, por lo menos ya no tengo que pedir comida en la parte de atrás del restaurante, en el callejón, que me daban sobras. Pero por lo menos estaba libre, acá tengo que cumplir con un trabajo, las órdenes... Si llego diez minutos tarde por una pavada aguantar los gritos de Cárdenas. ¿Pero qué se piensa?, si no fuera por mí sería otro muerto de hambre. Y se cree patrón. ¡Es un vulgar albañil, pero qué se piensa!

 

Terminé la parte del yeso y vi que en algunas partes estaba como que estaba resquebrajado. Bajé y le conté a Cárdenas.

Subió a mirar.

-Te enseñé cómo se prepara el yeso, te enseñé. Le pusiste demasiado yeso al balde, poco agua, fraguó rápido. No tira bien, después se resquebraja. Coge un pincel y mójalo, se va a ir extendiendo y va a tapar las grietas.

-Pero pierdo más tiempo así, si le pongo menos yeso y más agua va a tardar más en fraguar.

-Sí, y ahora mira el tiempo que estás perdiendo. Tienes que trabajar bien el material. Con el cemento de las paredes lo mismo, le pones cal, le pones arena y apenas un par de puñados de cemento, sino se resquebraja, porque el cemento tira a la cal y se cae el revoque. Aparte tienes que cepillar bien y luego humedecer el fondo para que la mezcla pegue. Y aprende a salpicar con la cuchara la mezcla. Hay una parte del primer piso que hay que rehacerla. Pícala con cuidado, prepara el pastón en el piso y te doy la llana después para que después lo dejes bien alisado. No lo termines, deja un centímetro adentro, después se le da el revoque fino. -Y se bajó y se fue al andamio.

 

¿Pero este que se piensa, que yo soy un experto?, ¿que yo sé hacer un pastón?, ¿el yeso? Me va a tener que pagar mucho más ese hombre.

 

 La verdad que estaba con una impotencia, con una bronca tremenda. Pensaba en mi familia que me mandaba, Pedro Cárdenas que me manda... Todo el mundo me quiere mandar". Después me dice: "No, pero Oseas, cuídate, mira que estás en Beta, es un país de prosperidad". ¿País de prosperidad? País de prosperidad para los que son de Beta, no para los que son de Zabala.

 

Al mediodía cuando almorzábamos se lo dije a Pedro:

-Tratan bien a los que son de acá.

-Eso no es cierto. Yo soy de Plena, mucho más al sur. Tú estás en un país limítrofe, en Zabala, yo estoy a nueve mil kilómetros de distancia, y a mí nadie me trata mal.

-Porque no lo ves, porque cuando vas caminando te miran de espaldas y dicen: "¿Y este individuo, qué viene a hacer acá?". Aparte, ¿qué trabajo has conseguido?

-Soy pintor y albañil, estoy en la construcción.

-Pero no eres un ingeniero.

-No te entiendo, Oseas. Disculpa que sea grosero, pero eras un muerto de hambre, te pudrías de infeliz y vienes a decirme eso de ingeniero. ¿Y tú qué eres? No sabes hacer un pastón, no sabes trabajar con cemento, no sabes trabajar con yeso, la pintura le puedes dar una primera mano, la terminación se la tengo que dar yo, no sabes dar una terminación. Si pintas una puerta le tienes que sacar la cerradura, si no queda la parte de la cerradura sin pintar. No sabes hacer nada. De favor te doy un trabajo. -Me molesté.

Terminé de comer y le dije:

-Hagamos una cosa: Métete tu trabajo por el trasero. Me pagas los días que trabajé. -Sacó plata del bolsillo.

-Hoy de casualidad te pago medio día, porque no has trabajado el medio día entero. Ayer, antes de ayer es lo que te queda.

-¿Y con esto qué hago?

-Es lo que trabajaste. No tengo problema en darte un recibo. ¿Quieres una recomendación? Te la doy de favor.

-El papel de la recomendación ya sabes que puedes hacer. -Me levanté de la mesa, me fui al mostrador, me pedí un coñac, me lo tomé de un sorbo y le dije al mesero-: Lo paga Cárdenas. -Y me marché.

 

Ya no tenía para pagar la pieza donde vivía. Me iba a quedar ahí, en un costado del callejón. Pero por lo menos era libre, no tenía nadie que me molestara.

¡Progresar, progresar! Si estoy en situación de calle es porque yo quiero, porque no quiero que me manden. Y a veces pongo excusas.

 

Recuerdo que fui a una iglesia. En la iglesia me dijeron:

-Mira, la Orden de Amarís ayuda a la gente, ayuda mucho. Puedes quedarte aquí, tenemos un lugar para gente en situación de calle, pero vas a tener que cooperar. ¿Sabes cocinar? -Me encogí de hombros-, por lo menos para ayudar a gente desamparada.

-¡Je, je, je! ¡Como yo!

-Bueno, tendrías un catre, una frazada y comerías con los demás.

-¿Y cuál sería mi trabajo?

-Ayudar con la comida.

-¡Ah! Eso es fácil, eso es fácil. ¿Y cuánto me pagarían?

-No, no has entendido, Oseas, la Orden de Amarís no paga, te da un lugar donde vivir, te da comida, te saca de la calle.

-¿Y cómo voy a prosperar?

-¿Y qué hacías antes?

-Trabajaba de albañil, pero me pagaban una limosna.

-Pero por lo menos trabajabas. ¿Por qué lo dejaste?

-¿Pero en todos lados tengo que dar explicaciones, en todos lados?

El religioso me miró y me dijo:

-Mira, hay mucha gente haciendo fila, que quiere hacer tu trabajo.

-¿Trabajo? En el trabajo se paga.

-Decídete, no tenemos todo el tiempo. Y tampoco tenemos lugar para todos.

 

Tampoco era tonto yo, no me servía discutir con el religioso. Le dije que sí, que estaba perfecto, lo que pasa que había pasado por un mal momento, y que me disculpe que le había levantado la voz.

-Está bien, está bien. Ahí tienes las cosas. Ahí está el experto cocinero, basta que le digas qué tienes que hacer y te va aconsejar.

-Espero que no me mande.

-Aquí nadie manda a nadie, simplemente le preguntas si tienes que pelar patatas, si le tienes que poner mantequilla a tal cosa. Lo normal. Y es solamente al mediodía y a la noche. Por la tarde puedes pasear o recostarte en el catre.

 

Me pareció bueno, no tenía que romperme tanto el lomo. El problema que no recibía dinero. Pero bueno, algo era algo, después ya vería que haría. Por ahora trabajaría en esta parroquia de la Orden de Amarís. Mal no estaba, algo es algo, y por lo menos ya no estaba en la calle.

 

Lo que no soportaba que me mandaran, y acá parece que no te mandaban los religiosos. Eran gente buena, o pavota, pero no te mandaban.