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Psicoauditación - José A.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 18/04/2019

Sesión del 03/05/2019

Sesión del 17/05/2019

Sesión del 11/06/2019

Sesión del 11/07/2019

 


Sesión 18/04/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José A.

Tenía poderes de mento y podía obligar a los demás a actuar cómo quisiera sin que después recordaran nada. Decidió que todos olvidaran que era mento.

Sesión en MP3 (3.082 KB)

 

Entidad: Nunca me sentí como un niño normal, pero no me sentía responsable de ello, a ver, es como que los demás niños me trataban distinto y mis padres nunca me decían hijo, me decía Zízer, las dos veces con "z", Zízer. No digo que no me tuvieran cariño.

 

Trabajaba con padre en la granja y estábamos a instantes del poblado, a veces lo acompañaba en la carreta a buscar mercadería al almacén de ramos generales. Al comienzo los niños jugaban conmigo, como toda criatura en la zona ecuatorial, jugábamos a ser guerreros con espadas. Y me pasó más de una vez que perdía y me daban un golpe y sentía una tremenda indignación hacia quien había "peleado" conmigo, y después me sorprendía porque constataba que se caía de rodillas tomándose la cabeza. Y no me pasó con un amigo, me pasó con varios. Si perdía en un juego o discutíamos por algo me ponía como furioso y la otra persona se tomaba la cabeza o caían de rodillas o huían corriendo. Y por alguna razón empezaron a tenerme miedo.

 

Le comenté a madre y a padre. Les digo:

-Si yo nos les hago nada ¿por qué a veces cuando me enojo les duele algo?

-Se sentirán mal porque tú te enojas -me decía madre sin darme más explicaciones. Hasta la gente grande me miraba rara.

 

Al fondo de la calle, en el poblado había un tal señor Anastasio, era un hombre muy muy grande, a veces la gente le iba a consultar por cosas. El hombre no trabajaba, ya apenas tenía fuerzas para moverse de tan grande que era, pero la gente le traía alimentos y él a cambio les daba orientación sobre algún tema. Yo era chico todavía y con mucho miedo y mucho respeto lo fui a ver.

-Disculpe señor quería preguntarle algo. -A diferencia de otros señores no me miró raro, me miró con cariño.

-Adelante, Zízer.

-¿Me conoce?

-¿Cómo no te voy a conocer? Te has criado aquí, vienes siempre con tu padre a comprar al poblado. Dime que precisas.

-Mire, no sé cómo explicarle, yo juego con los niños y cuando pierdo ya sea una lucha con espadas de madera o en algún juego de escondite en el bosque me enojo y los otros niños es como que sienten dolor generalmente en la cabeza y no, no entiendo.

-Es que tienes un pensamiento muy fuerte.

-Sí, bueno, pero ¿y eso qué tiene que ver? ¿Por qué al otro le duele la cabeza? Es raro, ¿no?

-Zízer, tienes que tratar de no enojarte.

 

Cuando lo fui a ver al anciano, tenía seis de vuestros años y traté de cambiar mi carácter, de no molestarme cuando perdía en algo, de no molestarme cuando algo me salía mal, y es como que los niños empezaron a confiar en mí. Y así llegué hasta los doce de vuestros años.

Y había una niña que me gustaba. Diréis "¡Vaya, qué joven precoz!, a los doce años". Pero bueno... Y le pregunté si queríamos ser amigos. La familia de ella tenía muchos metales, el padre era un próspero comerciante.

Y me dijo de mala manera:

-Y por qué yo habría de salir contigo, Zízer, eres un simple granjero, no tienes nada para ofrecerme.

Le respondí:

-No entiendo, ¿cómo ofrecerte?, te estoy diciendo de ir a jugar.

-¿Y qué juegos tienes, tienes alguna espada de verdad?

-¡Pero soy un niño, cómo voy a tener una espada de verdad!

-Mis amigos tienen espadas de verdad que sus padres le compran, así que si no tienes una espada de verdad no seré tu amiga.

 

Hacía rato que no me molestaba. Me enojé con ella mucho y vi que se retorcía de dolor y me dio una pena tremenda. Y frené en mi pensamiento y noté que ella se había calmado. Y me asusté. ¿Hasta tal punto mi pensamiento le podía afectar? En ese momento anhelé, deseé con toda mi alma que ella se acercara a mí y me sorprendió sobre manera que sonrió y me dijo:

-Me agradas, no importa que no tengas espadas de verdad, seremos amigos. -Y me tomó de la mano. Quisiera que me diera un beso, pensé. Se acerco a mí me tomó de la mejilla y me dio un pequeño beso en la boca. Pegué un respingo, me... como que me sobresalté, como que me asusté.

Se llamaba Josera y empezamos a ser amigos. Y después de tanto tanto tanto tiempo lo volví a ver al anciano Anastasio y le conté.

-Ya tienes edad para que te cuente, si tus padres no te contaron.

-¿Contarme qué?

-¡Ah! Aparentemente te habían dejado abandonado en el bosque, en el bosque que está pasando la llanura extensa de la zona norte y después nos dimos cuenta que no te habían abandonado, estabas como oculto en la espesura y en el camino había dos cadáveres, un hombre y una mujer.

-Pero, pero a ver si entiendo, no, no...

-Mira, Zízer, aparentemente esas dos personas que mataron era tus verdaderos padres. Les dispararon con flechas, les dispararon desde lejos porque tenían miedo de acercarse.

-No entiendo, pero ¿y papá y mamá?

-Ellos te adoptaron. -Me quedé helado.

-¡Pero no son mis padres! Por eso no me decían hijo.

-No, no tiene nada que ver. Ellos te aman, ¿acaso te han mezquinado cariño, te han mezquinado afecto?

-No, me han criado bien, con amor, pero ¿por qué soy distinto, por qué ese poder del pensamiento?

-Porque aparentemente tus padres eran mentos.

-¿Qué es eso?

-Es una raza de seres humanos, Zízer, que tiene poder mental. Tú me comentaste muchísimo tiempo atrás que te enojabas con los niños y algunos caían de rodillas por el dolor fuerte de cabeza, eso se lo provocabas tú con tu mente. Y puedes hacer muchas más cosas.

Y le conté lo de Josera.

-Me había enojado con la niña y también pasó lo mismo, le provoqué dolor de cabeza, pero luego me dio como un arrepentimiento y deseé que estuviera conmigo, que me aceptara como amigo, y en ese momento se acercó a mí y me aceptó como amigo y luego pedí mentalmente que me diera un beso y me besó. -Fue la primera vez que le vi una mirada alarmante al anciano Anastasio.

-Tienes mucho más poder de lo que yo pensaba no solamente puedes provocar malestar en las personas si no que puedes ordenarles mentalmente que hagan lo que tú quieras.

-¿Pero señor, me está diciendo que ella me besó porque yo lo pensé mentalmente?, quiero decir que si le digo que se tire al lago, se tira al lago.

-Sí, pero por favor, por favor ten mucho cuidado, si la aldea se entera de tus dones...

-¿Cómo dones, qué son dones? -pregunté.

-Como poderes, pero en realidad no son poderes, son dones que vienen contigo, con tu raza. -Me miré las manos, me miré mi cuerpo.

-¡Pero señor, yo no soy distinto!

-No, los mentos son iguales a cualquier otro ser humano, pero tienen algo en el cerebro, algo que hace que tengan una mente distinta cuyos pensamientos...

-Pero aparte, por las noches es como que siento ruidos y veo como siluetas.

-Vaya.

-¿Cómo vaya, que yo me vaya?, ¿quiere que me vaya?

-No, no, vaya es una palabra como de sorpresa como diciendo "¡Caray, mira este niño!"

-¿Pero qué significa eso de ver siluetas, de escuchar como ciertas voces?

-Es como que aparte tienes otro don, aparte como mento tienes otro don de que puedes percibir cosas que otros no.

-Hay leyendas que mis padres me dijeron de niño, de que hay como espíritus en la naturaleza que rodean las aldeas. ¿Usted piensa, señor, que yo estoy viendo eso o escuchado esos espíritus? ¡Pero eso me da un miedo tremendo!

-No tiene que darte miedo, Zízer, porque eso no te va a afectar.

-¿Ah, no? Pero a veces no puedo dormir al escuchar eso.

-¿Y nunca has deseado que se callen?

-Sí, más de una vez.

-¿Y qué ha pasado?

-Y no los he escuchado.

-¿Te das cuenta?, con tu pensamiento puedes dominar incluso a esos espíritus.

-Primero me sentí con un miedo casi llegando al pánico, pero después... después es como que me sentí omnipotente. ¿Esto significa que cuando crezca puedo mandar a cualquiera?

-No, Zízer, no puedes hacer eso, eso no sería bueno, tienes que hacerlo para ayudar a los demás.

-¿Hacer qué?

-Esos dones los tienes que usar para ayudar a otros. Tú de repente me has comentado que has deseado que la niña Josera te besara y te besó, el día de mañana puedes ir al banco donde guardan los metales y ordenarle al cajero que te de metales y que luego se olvide de que te los dio.

-¡Vaya, qué bueno!

-No, Zízer, eso no es bueno, ahí serías un ladrón, estaría mal que hicieras eso.

-Pero no dañaría a nadie, no sería un asaltante.

-No, Zízer, eso no se hace.

-¡Pero usted me dio la idea!

-No, no te di ninguna idea, fue un ejemplo que te di.

-O sea, que puedo hacer que todas las niñas de la aldea quieran salir conmigo.

-No, Zízer, eso no está bien. Hablaré con tus padres, los pondré al tanto.

-¿Qué es ponerles al tanto?

-Les contaré, les contaré que ya te he contado y que tú sabes quién eres.

-No, no lo hará. -Tengo que ir...

Lo miré con ojos fijos: -No anciano, te ordeno que no lo hagas. -El anciano es como que temblaba, cerraba sus puños, intentaba pararse (levantarse). No, anciano, siéntase. -El anciano se sentó-. Mírame. -El anciano Anastasio me miró-. Quiero que te olvides de lo que me has dicho, quiero que te olvides que soy de esa raza mento, quiero que te olvides de esta conversación. ¡Ahora! ¡Ya! -El anciano abrió los ojos y me miró cariñosamente.

-Querido Zízer, ¿qué buscas? -Pensé rápidamente en mi corta edad.

-Lo quería consultar porque hay una niña que me gusta, ¿cómo puedo hacer para que me acepte, sería bueno que le dé algunos regalos?

-Mira, querido niño, la amistad, la verdadera amistad no se compra con regalos, o te aceptan o no te aceptan, no puedes obligar a nadie a que te acepte si no quiere.

-¿Pero podría aceptarme?

-¿De quién hablas?

-Una tal Josera, que es hija de comerciantes.

-Y no sé si te aceptará porque tiene otro tipo de amigos.

-¿Cómo otro tipo de amigos?

-Claro, sale con niños ricos que tienen su propio hoyuman, su propio equino, tienen incluso sulquis para ir a pasear y tú no tienes nada de eso. Esto no significa que no te acepte por ser quien eres, es como que es una niña de estas jóvenes ricas caprichosas que...

-Pero yo le podría regalar cosas de valor.

-No, no podrías porque tus padres son granjeros, no tienen tantos metales. -Estuve a punto de equivocarme y decirles "pero yo puedo conseguir" y me callé, aparentemente el anciano Anastasio se había olvidado de todo. Le agradecí y saqué de mi bolsillo una moneda cobreada y le dije:

-Tome, por la atención.

-No, en el pueblo ya me traen alimentos, ¿cómo tú que eres un niño me vas a dar algo? No, no, no, puedes venir a conversar cuando quieras, pero eres un niño, ¿cómo te voy a cobrar? -Me abrazó, me acarició la cabeza y me dijo- Ahora ve, ve que seguro que tus padres esperan. -Me di vuelta y le dije:

-¿Mis padres me quieren, no?

-¡Pero claro!, ¿cómo no te van a querer?

-¿Puede ser que de cara sea parecido a mi padre?

-Pero obvio, ¿cómo no van a ser parecidos si tu eres su hijo? -Qué bien que mentía el anciano, pero lo había hecho olvidar y había olvidado todo lo que me había contado.

 

Así que yo era adoptivo, huérfano de pequeño y me adoptaron padre y madre que parecían más mis abuelos que mis padres porque eran grandes también. Pero es cierto, no podía quejarme siempre me habían dado amor, pero ahora me sentía como raro, tenía poderes, podía dominar a la gente.

A los dos días siguientes me pasó algo extraño, había un hombre grande que la gente lo respetaba mucho, era muy fuerte, era leñador y sin querer tropecé con él.

-¡Oye niño, por qué no mira por dónde vas!

-¡Y por qué no mira usted que es más grande, en vez de ser tan estúpido!

-¿Qué has dicho? -lo miré y le dije:

-Tú me tienes miedo, tú me tienes mucho miedo. -El hombre se pudo a temblar y me dijo:

-Discúlpame, discúlpame, Zízer, por haberme tropezado contigo. -Y se marchó corriendo. Me di cuenta que podía dominar hasta a un adulto. Y me sentía bien, muy bien. Y también podía dominar a esas entidades de la noche que me hablaban en mi cabeza.

 

 Llegué a casa y hablé con padre y madre:

-Quiero que nos sentemos a la mesa. -Los miré mentalmente y se sentaron en la mesa-. Quiero que me digan la verdad, ¿sabéis quién soy? -Estaban comiendo guisado.

-Sí, te encontramos en el camino, eres un mento.

-Quiero que os..., no antes, ¿Quién más sabe esto?

-Pocas personas en el pueblo.

-Escribid la lista de las personas que saben quién soy. -Lo escribieron. Lo bueno que hicieron por mí que a los seis años yo ya sabía leer y escribir. Los miré fijamente a padre y madre-. A partir de ahora os olvidaréis ambos mi origen, soy en verdad vuestro hijo.

 

Al día siguiente fui a visitar a todos los de la lista, que eran pocos, menos de una docena y a uno por uno los hice olvidar a donde me habían encontrado. Así que para toda la aldea yo era hijo verdadero de mis padres y nadie, nadie sabía que era un mento. Y recién tenía doce de vuestros años.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 03/05/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José A.

Se sentía invencible porque podía defenderse y manejar a los demás gracias a su don. Pero no estaba satisfecho. Y se sentía culpable.

Sesión en MP3 (2.334 KB)

 

Entidad: A veces, de un momento para otro, situaciones que te parecían nefastas, insoportables, angustiosas, enloquecedoras cambian, se modifican, mejoran o no es que mejoran, las comprendes, las entiendes, las aprovechas, las sufres, las exprimes y ya no te angustian, ya no te duelen, ya no te molestan, ya forman parte de ti.

 

Recuerdo que tenía seis años y visité al anciano Anastasio, le preguntaba cosas que no entendía y que me pasaban. Me decía: "Zízer, con el tiempo vas a entender".

Y lo entendí cuando seis años más tarde, a mis doce años, logré que una niña rica me besara. Pero todavía no entendía bien qué era lo que yo tenía hasta que el anciano me lo dijo. Me contó mi origen, mis verdaderos padres eran mentos tenían dones o poderes, llamadlo como queráis, y me adoptó una pareja de ancianos en la aldea, a los que consideré mis padres.

Pero fui entendiendo mis dones. Averigüé sobre la raza mento, podían hacer que a la otra persona le doliera la cabeza, que se desmayara, ¿pero sugestionarla como para que obedezca tus órdenes?, eso me pasaba a mí. Es más, recuerdo que una vez esta niña malcriada la besé con demasiada fuerza: "No quiero saber más nada de ti, eres demasiado brusco". Intencioné mentalmente que olvidara esa escena y al rato me dice "Recuérdame Zízer de qué estábamos hablando porque se me hizo como una laguna, como una amnesia". Y me di cuenta de que tenía el don de hacer olvidar las cosas.

¿Pero eran episodios inmediatos o eran mucho más? Entonces intencioné con el anciano Anastasio, que olvidara todo lo que sabía de mí. Y recuerdo que me miró y me dijo:

-No me recordaba de que estuvieras aquí, Zízer, ¿precisas algo?, dime que me has traído algo de comer...

Y le respondí:

-Justamente pasaba para saber si precisaba algo, prometo traerle.

-Gracias.

 

Y tampoco me convenía que mis padres adoptivos supieran, tampoco me convenía que gente del pueblo que hayan hablado con mis padres superan del origen. Y había una docena de personas que conocían mi origen, pero como yo no sabía no dejé no un solo habitante del pueblo sin hacerlo olvidar; para todos ellos yo era un joven, un joven que ya había cumplido dieciséis de vuestros años.

Y en ese lapso aprendí a obtener beneficios. ¿Qué está mal? Seguramente, seguramente. Iba al depósito bancario del poblado y hablaba con el que atendía delante y le decía:

-Tu jefe me ha llamado. -No dudaba, para él su jefe me había llamado. Cuando venía el jefe le decía:

-Tú me debes cien monedas plateadas. -Lo miraba fijamente y al momento me traía las cien monedas plateadas.

-Ahora estamos a mano.

-Estamos a mano, pero inmediatamente te olvidarás de que estuve. -Y cuando salgo le digo al joven de adelante-: Te olvidarás de que yo, Zízer, estuve aquí. -Me iba con las cien monedas plateadas y no quedaba nada registrado.

 

Ayudaba a mis padres adoptivos, me criaron con amor, no puedo decir nada de nada. ¿Tenía rencor porque me ocultaron mi origen? No, no. Pero vuelvo a lo que dije al comienzo, cosas negativas espantosas ahora yo las usaba a favor.

Recuerdo que desde que tenía seis de vuestros años escuchaba voces o de repente es como que veía sombras y me asustaba, me asustaba mucho.

 

Y una tarde hablé con el anciano Anastasio.

-¿Qué es lo que nos da vida? -Y el anciano me dijo:

-Mira, Zízer, ¿tú crees en aquel que está más allá de las estrellas?

-Por supuesto.

-Pero no lo ves.

-No lo veo.

-Pero sabes que está.

-Por supuesto.

-Una muy pequeñísima parte de él es lo que nos da vida a nosotros.

-No, eso no lo entiendo, ¿cómo?

-Claro, aquel que está más allá de las estrellas, pequeño Zízer, es más grande que todo este mundo.

-¿Más grande que todo Umbro?

-Sí, y que todas las estrellas juntas. Y él nos ha creado -Me toqué.

-Pero yo nací de una mamá.

-Claro, Zízer, pero él nos ha creado de manera incorpórea y entonces nos incorporamos en nuestro cuerpo cuando nacemos.

-¡Ah, tú hablas del alma!

-¡Ah! ¿Conoces esa expresión?

-Sí.

-Bueno, hay almas que se niegan a reconocer que han muerto sus cuerpos y vagan por el mundo, y eso es lo que tú ves y eso es lo que tú escuchas. -Por supuesto que cuando me fui le ordené mentalmente al anciano Anastasio que olvide lo que hablamos.

 

Y esa noche presté atención y cuando escuchaba voces, mentalmente le decía "Quiero que se aparezcan como fueron la última vez en su vida", y de repente se veía como una figura fantasmagórica. Y yo hablaba con esa figura:

-¿Quién eres?

-Me llamo Añac, fui un guerrero oriental.

-Pero tú estás muerto.

-No, ¿cómo voy a estar muerto, no ves que hablo contigo?

-No, tú eres un alma, un alma perdida. -Notaba como que se molestaba.

-Puedo atormentarte -me decía-, haciendo escuchar mi voz todas las noches.

Y en ese momento pensé "¿Por qué no puedo hacer lo mismo con él?". Y mentalmente le dije:

-¡Tú vas a estar bajo mis órdenes!

-Ordena qué quieres que haga.

-Hay una niña, una niña que se llama Josera. Quiero que la asustes esta noche. Y no vengas hasta mañana, o yo te voy a atormentar a ti.

Al día siguiente me crucé con Josera y me dijo:

-Zízer, tuve una tremenda pesadilla.

-¡Qué te ha pasado!

-Escuchaba como voces, pero sé que es un sueño, no puede ser real.

-Quédate tranquila, mentalmente rezaré con aquel que está más allá de las estrellas para que nada negativo te atormente.

-¿Puedes hacerlo?

-Claro que sí. ¿Pero qué me merezco como premio?

-Te daré un beso.

-No, eso es un consuelo.

-Entonces seré tuya.

-Ahora estamos hablando mi idioma. -Y estuvimos en el bosque hasta casi el anochecer. Cuando volvimos al pueblo la miré y le dije:

-Josera, olvida que has estado conmigo y olvida que has tenido esa pesadilla. -Me miró y me dijo:

-¿Qué haces aquí? Qué casualidad cruzarnos.

-Sí, justo venía de hacer un recado -le dije-. Espero verte pronto.

-Sí, cómo no. -Y se marchó.

 

Me sentía poderoso, pero aparte podía manejar mentalmente a esas almas que renegaban, que no querían estar desencarnadas. Pero cuando vino ese guerrero, Añac, le dije:

-No la molestes más a Josera. Y cuando yo te convoque vendrás inmediatamente.

-Así lo haré, amo.

-No, dime Zízer.

 

Tenía el poder pero quería más. Es como que quería salir de ese poblado. Y a veces me sentía como con complejo de culpa, como ¿no estoy abusando de mi poder? Hice mía a Josera, le saqué metales al señor del banco...

Me había cogido como un complejo de culpa y al día siguiente me fui por el camino a pensar. Cuando en ese momento aparecieron tres hombres montados en hoyuman.

-Vaya, un joven solo seguro que trae metales con él. -Miré los tres estaban con grandes espadas. Desmontaron, sacaron sus armas-. A ver, a ver niño, cuántos metales tienes, antes de que te quitemos la vida. -Los miré a los tres y les dije:- Ustedes se odian, no se soportan el uno al otro, se odian tanto que tienen deseos de matarse.

 

Y en ese momento los tres se trenzaron en una tremenda pelea cayendo los tres heridos mortalmente. ¿Si me dio pena? Para nada, me hubieran matado si yo no hubiera tenido este don. Les revisé sus alforjas y tenían algunos metales cobreados, era poco, pero valía el esfuerzo que yo había hecho. Me sentía como invencible pero tenía que tener precaución, me tenía que alejar rápidamente de allí; cuando vieran a los tres hombres no iban a entender nada, pensarían "Se habrán peleado entre ellos para despojarse los metales el uno del otro", no sería nada extraño.

 

Estaba cansado, volví a casa. Madre me dijo:

-Zízer, amor te prepararé un rico guisado. -La abracé, le di un beso en la frente, lo acaricié a padre y comí con un tremendo apetito. Y esa noche me acosté sin voces, sin molestias y dormí plácidamente hasta el amanecer.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 17/05/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José A.

Había descubierto que tenía un poder mental ilimitado sobre otros, los podía dominar, avasallar, sojuzgar. De todas maneras estaba convencido de que no hacía mal. En un pueblo encontró a un mento. Se midieron.

Sesión en MP3 (2.179 KB)

 

Entidad: Me doy cuenta del tremendo poder que tengo, un poder donde puedo dominar mentes, comportamientos, situaciones. Incluso esas figuras de la oscuridad las puedo mandar, las puedo ordenar. Entonces ¿por qué tengo tanto miedo?, ¡de qué tengo tanto miedo! Estoy mal, tengo ganas de desgarrar las paredes, la corteza de los árboles. ¿Por qué tengo tanto miedo? ¡Puedo hacer que peleen guerreros y se maten entre ellos! ¡Soy Zízer!

 

Pero de noche, de noche me invade como cierta impaciencia, como cierta ansiedad, nervios, ¡oh! ¡Por qué!

Nadie puede hacerme daño, hasta esas figuras de la oscuridad que a veces me hablan las domino y les digo que se callen, que no susurren, que no me molesten. Y me doy cuenta de que mi actitud es irracional, cien por ciento irracional. ¡Ah!

 

Cuando cumplí dieciocho de vuestros años le dije a padre y a madre que iba a conocer nuevos lugares. Ya me había ausentado por varios amaneceres y les traía metales plateados y dorados.

-Hijo, ¿de dónde has sacado eso? -me preguntaba padre.

-He hecho intercambios de telas, he conseguido telas de seda baratas y las he vendido al triple del precio.

-¿Y cómo sabes tú de eso?

-Padre, las veces que me ausento aprendo de otros mercaderes.

 

Por supuesto que no era cierto. Por supuesto que podía controlar conductas y actitudes. Lo de las telas era un invento, pero por lo menos me marchaba dejando a mis padres adoptivos con metales como para sostenerse sin tener que trabajar tanto, siendo ya grandes. ¡Ja, ja, ja!

Me sentía misericordioso, sí, porque soy misericordioso con quien me trata bien. Mis padres me dieron amor, entonces yo les recompe... A ver cómo podría decirlo, les recompenso con lo mismo, pero guay, ¡eh! Aquellos que me quieren poner un palo en la rueda... ¡Ah! ¡Soy Zízer!

 

Y me marché. Recorrí lugares, tuve perfil bajo, iba a las posadas comía y bebía. Miraba al posadero y le decía: "Tienes que darme el vuelto del metal dorado que te di". Y me daba ochos metales plateados por los dos metales plateados que había gastado, y en su mente él pensaba de verdad que yo le había dado una moneda dorada. ¡Ja, ja! ¿Es aprovecharme? No, él tenía otros comensales que le pagaban.

 

Recuerdo que una vez vino en otro pueblo, a una posada un hombre de mediana edad, veía que tenía una alforja bastante bastante gorda, debería tener bastantes metales. Me acerqué a su mesa y le dije:

-No conozco a nadie aquí, le convido con una bebida espumante. -El hombre me miró y asintió. Traje dos bebidas espumantes y me senté con él. En ese momento lo miré a los ojos y le dije- ¿Qué tienes en tu alforja? -Y sentí una tremenda puntada de dolor, un enorme dolor en mi cabeza y me entró pánico. Me paré. Yo digo "serán... serán de vuelta estos seres del error, estos seres oscuros que me molestan", pero no percibía nada. Y veía que el hombre me miraba con una mirada fija, penetrante y me entró pánico-. ¿Por qué me miras así? -El hombre estaba totalmente sereno.

-Porque tú me querías doblegar mentalmente.

 

Confusión, una tremenda confusión. Nunca nadie sabía lo que yo iba a hacer.

-¿Quién eres? -le pregunté.

-¿Quién eres tú? -me preguntó él.

-Mi nombre es Zízer.

-Yo soy Darien.

-¿Tú me has provocado ese dolor?

-Así es, porque tú me querías doblegar, querías doblegar mi voluntad para saber qué tenía en mi alforja. Tus intenciones no eran buenas.

-¡Mírame! ¡Me vas a dar lo que hay en la alforja ahora! -Sentí un dolor penetrante otra vez en mi cráneo. ¡Aaah! Pero ya no sentía miedo, sentía furia, una furia que dirigía contra este Darien. ¡Ja, ja! Ahora es él el que se tomó la cabeza.

-¡Basta! -pidió. Y paré-. Eres igual que yo -me dijo Darien-, tienes un poder tremendo siendo tan joven.

-¿Igual que tú? -inquirí-, ¿qué eres tú, quién eres tú?

-Soy un mento -dijo Darien.

-¡Ah, vaya! -Desconcertado-. Un mento.

-Hay muchos mentos, muchísimos, pero pasan inadvertidos, como cualquier ser humano normal. Rara vez mostramos nuestro don y ninguno se aprovecha de la gente. ¿Por qué habríamos de hacerlo? Trabajamos, ayudamos.

-¿Y por qué si podemos hacer más cosas? -El hombre me miró de una manera extraña como enojado, pero a la vez como abatido.

-Es una pena -me dijo- que tú siendo tan joven te inclines por el mal.

-¿Qué?, ¿qué?, ¿de qué hablas?, ¿qué mal? No he matado a nadie. Es decir, varias veces me quisieron asaltar y los obligué a pelearse entre ellos. Y una vez un hombre solo, y le obligué a clavarse su propia daga. ¿Si he sacado metales? Sí. ¿Si de repente alguna joven requerí de su amor obligándola? Sí. Pero luego le borré su memoria, así que no se sintió lastimada.

-¿Te das cuenta de lo que dices? -exclamó Darien-, tienes un poder tremendo, superior al mío. Puedes obligar a la gente a olvidar, puedes someter a la gente a tu voluntad. Podrías hacer tanto bien, tanto bien... protección a las aldeas, entrenar a otros como nosotros.

-¿Qué?, ¿por qué habría de hacer eso, para que después me quieran vencer a mí? ¿Me has visto cara de tonto?

-¿Por qué querrían vencerte, Zízer, por qué querrían vencerte?, serías su maestro, te adorarían.

-¡Ah! Darien, me pueden adorar igual. En fin, esta conversación terminó. ¡Mírame!

-No lo lograrás.

-Mírame, Darien. ¿Qué tienes en la alforja? -Temblaba, se resistía y temblaba, intentaba provocarme dolor pero yo lo frenaba, es como que ponía una especie de cortina mental para que no me llegara ese efluvio suyo, pero el mío sí llegaba. Hasta que lo vencí. Y me dijo:

-Tengo un cuero, muy buen cuero para vender, y tengo varias monedas doradas.

-Quiero esas monedas. No te resistas, quiero esas monedas -Cogió las monedas y me las dio. Las guardé en uno de mis bolsillos. Lo miré y le dije- Tú recién me has visto, te he invitado a tomar algo, una bebida espumante. Ya le he pagado al posadero. No hemos hablado de otra cosa. En tu alforja llevas cuero, los metales los has gastado.

-Los metales los he gastado -repitió automáticamente Darien-. Me erguí y le dije con voz amistosa.

-Estuvo muy buena la bebida espumante.

-Te agradezco mucho joven, rara vez me invitan.

-Ya le he pagado al posadero, disfruta tranquilo. -Fui al posadero-. Te he dado una moneda plateada por las dos bebidas espumantes, quédate con el vuelto.

-Gracias, joven, muchas gracias. -Y me marché.

 

Me sentía extraño, era la primera vez que me cruzaba con un mento. Habría otros más poderosos, tendría que ejercitarme más. Al comienzo sentí ese punzante dolor en mi cabeza y luego lo pude frenar, Darien no tuvo ya poder sobre mí. ¡Qué bueno! Frené a otro de mi especie, vencí mentalmente a otro de mi especie, logré que me diera metales dorados, logré que se olvidara que me dio esos metales. Ya no estoy hablando de una persona común, he doblegado a otro como yo, lo he doblegado por completo. ¿Quién podrá detenerme? Nadie.

 

Pero reconozco que seguía teniendo ese temor, cuando llegaba la noche quería rasgar las paredes.

Una noche me agarró un ataque de ira, me desgarré la ropa, me rayé parte del cuerpo con mis uñas. Y al día siguiente estaba enojado conmigo, no puedo perder el control, soy poderoso, soy muy poderoso; puedo contra otros de mi raza. Tengo que vencer ese miedo, tengo que vencer ese temor. Lo puedo lograr, yo sé que lo puedo lograr. Yo sé que lo puedo lograr, lo voy a lograr. Lo voy a lograr.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 11/06/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José A.

Seguía molesto porque tenía que usar su poder para gobernar a los demás. Quería que fuera así, pero sin usarlo. Se encontró con un ejército. Probaría hasta dónde llegaba.

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Entidad: Qué difícil es lograr una armonía, como que dentro mío hay una confusión, como que en mi mente hay una batalla. Por un lado me siento pleno, fuerte, por otro lado me siento disconforme porque nadie puede resistirse a ese don que tengo en mi mente.

Pero he probado de ir a otras aldeas a comprar algo en un almacén de ramos generales y digo:

-Mi nombre es Zízer.

-Un segundo, estamos atendiendo.

 

Y así me pasa en muchos lados. No es que me traten con malos modales, me tratan como al común denominador. Aunque en realidad no es así.

 

Fue un personaje importante, un tal Kildar, un hombre que tenía varios campos al almacén de ramos generales y pasó directamente sin hacer la fila.

-¡Señor Kildar, bienvenido! Elija lo que usted desee.

 

Y ahí me di cuenta que hay gente que sin tener ningún don, solamente por el hecho de tener posesiones y metales es preferencial ante los ojos de los demás. Y eso es lo que me puso mal. Obviamente no pude con mi genio, los fui mirando a todos los clientes, los vendedores, al encargado y al importante señor Kildar.

Diréis "Es muy infantil". Los hice poner a todos de rodillas y al señor Kildar a andar por el piso (suelo) de ramos generales gateando con manos y pies, pero no se me iba la ira. Le dije al encargado:

-¿Cuál es vuestra mejor espada?

-Una de estilo muy bien labrada.

-Dádmela.

-Pero ésta está labrada por un artesano, no por el herrero, vale un metal dorado.

-¡Ah! Como el que te he dado.

-Claro.

-Perfecto. Entonces la llevo.

 

Chasqueé los dedos y es como que todos volvieron a su conciencia, ni los vendedores, ni los clientes, ni el encargado entendía porque el señor Kildar estaba gateando como un cerdo con las manos llenas de barro, ni él mismo lo entendía. Entonces yo me di vuelta.

-¡Ayudad al pobre hombre, no veis que se ha tropezado? -Y salí silbando. Pero por dentro sentía como una disconformidad, como que para lograr cosas tenía que utilizar mis dones. Entonces no es que se doblegaban a mí, a Zízer, se doblegaban a mi don.

 

He hablado con consejeros, a los que luego les hice olvidar dicha conversación, y les he preguntado:

-¿Cómo hago para que me acepten a mí? -Y me han dicho varios lo mismo:

-¡Pero si tienes el don! ¿Cuál es tu problema?, usas el don y te aceptan.

-Claro, pero porque les manejo la mente. ¿Cómo hago para que me acepten a mí? He tenido muchas niñas en mi cama, pero las he doblegado.

-Cuando te refieres a niñas, ¿qué quieres decir?

-Claro, no, no, niñas me refiero a adolescentes mayores, tengo un límite.

-Entiendo. ¿Y tú piensas que por ti mismo una adolescente no te aceptaría? -Me encogí de hombros.

-He probado un par de veces y me han ignorado.

-Pero eso le pasa a todo el mundo -dijo el consejero de turno-. No a todo el mundo le caemos bien, tampoco a todo el mundo le caemos mal.

-¡Ah!, pero no me conforma tu explicación, en realidad yo no quiero caer bien, quiero mandar, quiero ser quien dé la orden.

-Pero eso no lo logra nadie salvo el rey de alguna región, y tú no eres rey.

-No, pero podría llegar a serlo. -Al igual que a los demás consejeros, con el que hablaba le tomé el mentón, lo miré a los ojos-: Te olvidarás de lo que hemos hablado, te habré preguntando intranscendente. -Y me marché.

 

La mayor prueba fue en una región distante, porque cada vez me alejaba más de la pareja de ancianos que me había adoptado. Me encontré con un ejército de soldados bastante bastante grande, por lo menos había quinientos soldados, y al lado del jefe, el que uno se daba cuenta que era el que mandaba, una mujer montando un caballo negro. Primero pasaban de largo, me ignoraban. La mujer habló con el que supuestamente mandaba, hicieron parar a la tropa y ambos se acercaron a mí.

-¡Oye, tú!, ¿de dónde eres?

-De una aldea, al sur.

-¡Vaya, qué hermosa espada que llevas!

-Es artesanal, la pagué, un metal dorado.

-¡Ja, mira tú! -exclamó la joven-, mi general lleva una espada común y tú, un aldeano, una espada artesanal. Te dejaremos seguir, pero tendrás que hacer un pago.

-Dime -exclamé tranquilo.

-Le regalas la espada artesanal a mi general y luego te marchas.

-Hagamos una cosa -dije yo-. ¿Qué te parece si matas a tu general y me nombras a mí tu general? -El hombre lanzó la carcajada, la mujer no, me miró de manera misteriosa.

-¿Quién eres?

-Mi nombre es Zízer. ¿Y tú cómo te llamas?

-Randora. Quizá no hayas oído hablar de mí, pero prácticamente fui la dama de la fortaleza de Villa Real. -Negué con la cabeza.

-No... no escuché hablar de Villa Real. Sé que tiempo atrás hubo una batalla pero no le presté atención, era bastante lejos de mis tierras.

-Pues supuestamente perdimos y ahora tengo hombres nuevos y vamos en busca de otros que quieran unirse. -El hombre le dijo a Randora:

-Jefa, déjame matarlo y sigamos viaje. -La mujer levantó la mano haciéndolo callar.

-¿No tienes miedo de nada? Mi general quiere matarte.

-Mucha gente quiso matarme y te demostraré porque no pueden, si me lo permites.

-Adelante -dijo la mujer, con una mueca burlona. Lo miré al general.

-Tienes un miedo tremendo, bájate ya del hoyuman. -El hombre se bajó temblando-. Me tienes miedo, tienes un pánico tremendo, sabes que con mis manos que trituran las rocas puedo arrancarte la cabeza.

-¡No, por favor, no lo hagas, no lo hagas!

-Tienes demasiado miedo, un miedo tremendo, escucha como te late el corazón, escucha como te late el corazón más fuerte, más fuerte, más fuerte, más fuerte... -Y el hombre cayó sin vida de un ataque cardíaco. La mujer estaba pálida.

-¿Cómo has hecho eso, eres un mento?

-Así es. -Sin prestarle atención a la tropa hurgué la ropa del general y tenía algunos metales que me los puse en mis bolsillos. Mi caballo era mejor que el suyo, me puse a la par de Randora-. -Y bien, ¿me aceptas como tu general? -La mujer era bastante lista.

-Si te digo que no, me dominarás mentalmente, hasta podrás acabar conmigo y podrás dominar a toda la tropa mentalmente. Si te digo que sí, incluso podrás hacer lo mismo, quizá no eliminarme pero quedar a cargo de todo, de los quinientos hombres.

-Así es -asentí.

-Claro, pero ahora me toca preguntarte: ¿Y qué ganarías con eso?, ¿qué harías, saquear aldeas? Tú no precisas eso, por el don que tienes, que vi; puedes entrar a cualquier almacén de ramos generales, a cualquier banco y llevarte los metales que quieras, no precisas saquear nada. ¿Entonces para qué te serviría esta hueste?

-Está bien -asentí-. ¿Cuál es tu plan?

-Reconquistar Villa Real.

-¿Para qué?

-Porque tengo muchos enemigos. Me alié con una persona que no estaba en sus cabales, fue un mal estratega y perdimos. Tuve que huir. Al hombre lo maté y ahora junté bastantes metales dorados y tengo una tropa nueva...

-Que obviamente -la interrumpí-, no te es leal a ti si no a tus metales dorados. -La mujer se encogió de hombros.

-Sí, pero lo importante es que los tengo.

-Está bien, ¿y qué ganaría yo?

-Compartiríamos la fortaleza una vez que la conquistemos. Aparte, con tus dones sería mucho más fácil.

-Está bien. Y una vez que la conquistemos por qué no te elimino y me quedo yo con todo.

-¿Y para qué? -dijo la joven-, tendrías una fortaleza, podrías tener una guarnición de cinco mil soldados.

-¿Y qué más?

-Serías más que un rey, un emperador, tendrías varios reinados, que es lo que quería ser ésta persona, veinticuatro reinados.

-¿Y qué más?

-No te aburrirías. -Me encogí de hombros.

-Posiblemente. ¿Qué alternativa me das?

-Ser tu compañera, me agradas. -Me quedé pensando rápidamente, era la primera mujer que me decía que yo le agradaba sin haber usado mis dones. Pero tampoco era tonto.

-¿Cómo sé que no lo dices para obtener lo que quieres?

-¿Cómo te lo puedo demostrar? Me agradas como persona, me agradas como hombre. Y no seas hipócrita, no me digas que yo no te gusto como mujer.

-Por supuesto. He tenido chicas más jóvenes en mi cama a las que yo les llamo niñas, pero tú eres una mujer madura y debes saber bastante del amor.

-Ahí te equivocas -me dijo Randora-, del amor no sé nada ni me interesa. Ahora, si tú me dices de intimar, sí, puedo enseñarte bastante.

-¡A mí, ja, ja, ja! Yo soy Zízer, tuve docenas de mujeres.

-Claro, ¿pero cómo?, las ordenado con tu mente, hacían lo que tú querías.

-Así es.

-¿Entiendes bien, Zízer?, lo que tú querías, pero tú no sabes lo que ellas quieren. -Me quedé pensando.

-Muy zorra, muy astuta.

-Unámonos, conmigo no corres riesgos, no puedo hacerte daño. Tú tienes un don, has matado a mi general sin tocarlo, murió de pánico, un pánico provocado por ti.

-Está bien. Pero al igual que vosotros yo también duermo, ¿cómo sé que no me clavarás un puñal mientras duermo?

-¿Y por qué sería tan tonta?, si tú eres un arma, todo tu ser es un arma, tu mente es un arma, desconozco cuales son todos tus dones. Pero hipnotízame, busca dentro mío y dime que te diga la verdad.

-No, no hace falta -dije-, no hace falta. Si fueras mentirosa no te atreverías a decirme eso, ¡je, je!, salvo que te pases de lista. Así que sí voy a hacer la prueba. Mírame, mírame fijamente. ¿Cómo te llamas?

-Randora.

-¿Qué es lo que quieres?

-Poder.

-¿Qué precisas de mí?

-Tu ayuda.

-¿De verdad te gusto?

-Me atraes.

-Bien. ¿Tu idea es matarme?

-No, ¿por qué haría eso?, nos podemos servir el uno del otro.

-¡Despierta! -Randora estaba segura, no tenía temor de haber dicho ninguna cosa negativa.

-¿Y bien?

-Has pasado la prueba. Eres mala.

-¡Vaya, para eso no precisas un don! Jamás dije que sería buena. Quiero conquistar Villa Real, seremos aliados. Sé que tú tienes el don, no lo uses conmigo, si quieres tenerme vas a disfrutar más dejándome ser yo -dijo la mujer.

 

Le dijo a los demás soldados que había encontrado al mejor estratega de todo Umbro, el mejor general. Los soldados me vitorearon y me uní a ellos con mi espada artesanal. En el camino Randora me decía:

-Dentro mío tengo como un mal estar, ansias de venganza. ¿Y tú?

-No, yo no, yo tengo como cierto recelo de que a veces entidades que están con aquel que está más allá de las estrellas bajan y se meten en mi mente y me dicen cosas. Las escucho. -Randora me miró y preguntó:

-¿Escuchas entidades invisibles? Mira que alguna vez me ha pasado.

-Sí, pero aprendí a dominarlas. Tengo un poder tal que incluso a esos seres de la sombra sé cómo manejarlos, hasta más de una vez envié alguno de esos seres de las sombras a molestar a seres vivos.

-Vaya, pero noto en tu cara que igual estás incómodo.

-Sí, porque no sé cómo... por ejemplo mis oídos físicos; me puedo poner un paño en mis oídos para no escuchar, pero los oídos mentales, no sé de qué manera nombrarlos, no tengo como taparlos y a veces esas voces me invaden por la noche y no me dejan tranquilo. Les mando mi ira mentalmente, gimen, pero vienen otras y otras, como que les gusta el dolor, y eso me molesta muchísimo. Entonces es como que soy un ser dual, me siento el más poderoso de todo Umbro, pero a su vez vulnerable con esas entidades que me hacen sentir sus voces en mi cabeza, y no sé como sacármelas. -Y Randora me dijo:

-¿Y no será que tu mismo don, al ampliar tu mente, justamente hace que escuches esas voces? Quiero decir, ¿si no tuvieras ese don no escucharías las voces y estarías tranquilo?

-Sí, pero perdería mi poder.

-Bueno, todo no se puede. -me dijo la mujer. Era bastante inteligente, y obviamente yo no iba a sacrificar mi poder. Igual no lo podría hacer, no sabría cómo para no escuchar esas voces.

 

Apuramos el paso. Randora me dijo:

-Zízer, más adelante hay una ciudad grande. Íbamos a invadirla para buscar comida, provisiones, pero ahora estás tú, has salvado a la población, no precisamos derramar sangre.

 

Ya estaba pensando en hacerme una corona dorada de emperador, el emperador Zízer con Randora a mi lado, como mi pareja. Seríamos invencibles, in ven ci bles.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 11/07/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José A.

La entidad relata una vida en Aerandor III. Fue menos tenido, ignorado, despreciado por sus padres. Ellos estaban por su hermano mayor, el príncipe. Se generó odio y resentimiento.

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Entidad: Hay cosas que me molesta que me digan, que nací en cuna de oro, que tengo todo lo que quiero, que tengo el poder. ¡Sí! Me ven y me temen pero no saben de mi vida, no saben lo que pasé, no saben lo que sufrí, no saben las humillaciones que sufrí. Sí, soy el rey Morden, prácticamente el más poderoso de todo Aerandor III. ¡Sí!

 

¡Qué fácil! ¡Hipócritas, que fácil que ven todo! Me hago mala sangre al tener que relatar estas cosas, estas vivencias. Y me duele la cabeza, es como que se me nubla la vista, a veces es como que pierdo el entendimiento de la ira que me ciega.

-¡Ah!, pero te desquitas con tus súbditos.

¡Ay! Qué fácil que es hablar, que fácil que es opinar, que fácil que es hablar por el otro sin haberlo vivido, sin haberlo sufrido, sin haber entendido nada. Colgaría a toda esa gente que habla o que piensan que justifico mi conducta. Y si la justifico, ¿qué?, ¿a quién le tengo que dar explicaciones?

 

Mi padre era el rey Alisio, mi madre la reina Augusta. Mi padre era un... para todos un buen rey, orgulloso pero buen rey. Mi madre siempre fue noble y él se casó enamorado de ella. Pero mi madre es como que era que en la intimidad tenía el control, fría en todos los aspectos, hasta sus caricias eran gélidas, hubiera preferido que no me acaricie nunca.

Y su voz chillona:

-¡Ay! Morden, Morden, otra vez te has equivocado en tus tareas.

-¿Qué pasó, mi amor?

-¡Ay, Alisio! ¡Ay! Este hijo, nada que ver con su hermano mayor, nada que ver. Crono es muy... es muy bueno, Crono nunca nos hace hacer mala sangre. Encima aún siendo príncipe fíjate como estudia, fíjate como practica con la espada.

-Eso no es nada, mi amor.

-¿Por qué Alisio?

-Porque aparte mira, el físico que tiene salió a ti querida.

-En eso tienes razón, Alisio, Morden salió a ti tiene más panza que cabeza.

-Bueno, mujer, soy tu rey, tampoco me digas así.

 

Y yo escuchando esa conversación. Me vigilaban y al menor error, a la menor equivocación. Tenía un maestro que me enseñaba a leer y a escribir, a sumar, a restar, filosofía. ¿Para qué quiero filosofía, para qué quiero filosofía?

Y nunca sería el rey porque Crono era bueno en todo, era simpático, agradable, bueno con los soldados, lo respetaban, no precisaba ser severo, grosero para que lo respeten aún simpático como era.

Y envidiaba su simpatía. Pensaban que yo era resentido... Y si era resentido, ¿qué?

Mi padre me despreciaba:

-A ver, Morden, a ver, ven conmigo Morden, espero que vayamos a cazar perdices en el bosque. Obviamente vamos a ir con la guardia, pero espero que no te caigas del caballo como la última vez, estás demasiado gordito tendrías comer más frutas y verduras.

-¡Ay! Alisio, déjalo, déjalo, ¿no ves que no puede cambiar?, él es así.

 

Mi madre Augusta... ¡Ja! En el fondo los odiaba a los dos.

Me consumía la ira de noche, cuando me acostaba me daba vueltas de un lado para el otro en la cama. Esas voces que me volvían loco, esas voces, voces que me decían "Eres bueno para nada, por algo tus padres no te quieren. Nunca vas a ser rey, Crono te opaca, Crono es diez veces mejor que tú".

¿Si me castigaban? No, no me castigaban, me ignoraban. Creo que ese era el mayor castigo.

Como dije antes, mi padre, el rey Alisio, no era un mal rey, era bueno, tenía cada vez más tropa porque tenía una enorme feria feudal, no cobraba altos impuestos y a pesar de que madre lucía las mejores joyas, podía darse ese gusto.

Recuerdo que me compraron una ropa, unas botas.

-Alisio, fíjate. (Mi madre). Ese pantalón no le entra. Por lo menos dos tallas más grande. ¿Qué comes hijo, qué comes, Morden?

 

A mí no me gustaba la comida que comían ellos, una picadita de acá, una picadita de allá, un poco de ave, un poco de pescado... Yo iba a la cocina y me servía a escondidas un plato de guiso, papas, arvejas, zanahorias, carne.

Un día fue mi madre, la reina, a la cocina:

-¿Qué pasa aquí, cómo le permitís a mi hijo comer esa bazofia?

-Mi reina, es el príncipe.

-No es el príncipe, Crono es el príncipe. Él... Él es Morden.

 

Sí. Cuando no eran indiferentes conmigo me despreciaban, me despreciaban, me hacían sentir nada. Me dolía mucho el pecho, es que era como un dolor crónico, un dolor que me consumía. A veces me tocaba el pecho y el corazón tac, tac, tac me latía a más de cien por minuto y me hacía doler la cabeza y aparecían esas voces. Pero generalmente pasaba de noche, como que alucinaba, pero no, no, me daba cuenta que la misma ira, la misma impotencia me hacía escuchar lo que no quería escuchar.

 

Recuerdo que un reinado vecino nos atacó. Papá ni se inmutó. Alistó a la tropa, le dijo al jefe de la guardia que se defiendan y que cuando veían que las tropas enemigas aflojaban que salieran de la fortificación y atacaran.

Crono tenía ¡quince años! y participó de la primera batalla. Tuvo una herida.

Vencimos al enemigo, vencimos. Digo yo: vencieron.

La cara de padre, días enteros llorando.

-Han tocado a ¡mi hijo!, ¡mi hijo! -no decía mis hijos, decía mi hijo, por Crono.

 

El rey vecino murió y años más tarde, cuando yo cumplí quince, volvieron a atacar. Padre hizo la misma estrategia.

Crono le dijo de participar. Padre le dijo:

-No, basta, basta. Te dejé participar siendo mozalbete porque estaba inconsciente y a la vez orgulloso, pero basta.

 

Pero Crono tenía mucho carácter, más carácter que padre y participó. La tropa enemiga cayó derrotada nuevamente. Los soldados regresaron con cara larga, no se animaban a hablar con el rey.

El jefe de la guardia, adelante mío le dijo:

-Mi rey, el príncipe Crono está mal herido. -Ambos salieron corriendo, mi padre, el rey Alisio y mi madre, la reina Augusta. Instantes después murió.

 

Hubo una semana de duelo. En ese lapso mi padre estaba consumido, tremendamente consumido.

Debo reconocer que sentía dolor a pesar de la envidia que había sentido por mi hermano mayor, pero a mí siempre me había tratado bien, creo que era el único que me había tratado bien con respeto, con cariño, con afecto. Y las veces que iba a cazar con él disculpaba mis errores, o si montaba mal nunca se burló, nunca se rió de mí. De ahí el dolor que sentía por haber perdido a mi hermano. Y después me di cuenta de que yo era el heredero.

 

Diez años estuve tratando de hacer buena letra, obedeciendo, tratando de comer menos y conservar la silueta. Sí, pude adelgazar, pude adelgazar. Crecí en estatura, me sentía más fuerte, pero es como que olfateaba, es como que sentía, es como que presentía que todavía estaba ese desencanto de padre y la indiferencia de mamá Augusta.

Una vez los escuché hablando detrás de una cortina:

-¡Ay! Alisio, ¿tú no extrañas a Crono? Morden no es ni la mitad de lo que era Crono. ¿Qué nos espera el día de mañana cuando no estemos? ¿Qué va a pasar con el reinado? Y ya es tarde para que tengamos otro hijo, no tenemos la edad. Va a acabar con el reinado, es un inútil. Mi amor.

-Mujer, no digas eso, en el fondo es inteligente. Quizás un poco corto de luces, pero algo de inteligencia tiene.

 

Otra vez me dolía el pecho, otra vez me sentía con una ira tremenda.

¿Por qué voy a ser hipócrita? No los quería a mis padres, no los quería para nada, no es que les deseaba la muerte pero me daba lo mismo si estaban como si no estaban.

 

Y cuando cumplí veinticinco años, en menos de dos días, seguramente por un problema cardíaco, papá Alisio murió. Madre en total silencio ofició la ceremonia del entierro de padre.

Pero yo era el legítimo rey y la postergué:

-Madre, ¿qué pasa con mi ceremonia?

-¡Pero hijo! Tu padre...

-Mi padre ha muerto, soy el rey. Quiero los mayores lujos, las mejores prendas para mí. Ahora. -Mi edecán me ayudó a vestirme-. No quiero esa corona, quiero que me hagan una corona nueva. Mientras tanto nómbrenme.

-Mi rey, no hace falta nombrarte, automáticamente a la muerte de tu padre, el rey Alisio, eres el rey.

-Quiero la ceremonia. -Me hicieron una ceremonia con pompas, baile. En el salón posterior mucho licor, baile, mujeres.

 

Madre horrorizada:

-¡Hijo, qué haces!

-Cállate. -Era la reina madre-. Si no te gusta ve a tus aposentos.

 

En el fondo es como que me desquitaba por toda esa indiferencia. Permití que a padre lo enterraran con honores, pero no me cayó una sola lágrima.

Hablé con el jefe de guardia:

-Quiero que la tropa se entrene bien.

-Mi rey, la tropa está bien entrenada.

-Quiero ver combates simulados.

 

A partir de ese momento el reinado cambió, pero no como dijo mi padre.

Lo primero que hice fue atacar al reino vecino que dos veces nos había atacado. Matamos a los nobles. El reinado fue anexo al nuestro, su parte feudal pasó a pagarme impuestos a mí. La tropa de ellos formaba parte de nuestra tropa.

¡Ja, ja! ¿Padre se pensaba que iba a ser un inútil?, mi reinado era mucho más poderoso, con el tiempo sabrían quién era el rey Morden. ¿Débil? ¡Ja, ja! No, débil no, simplemente que no perdonaría, no perdonaría. Tomaría prisioneros únicamente a quienes atacáramos y se rindieran, pero si alguien nos atacaba a nosotros no, nada de prisioneros, no piedad, no compasión. Conmigo no la habían tenido mis padres.

 

Escuchaba comentarios que decían que no era como mi padre, que me estaba transformando en un tirano. Eran comentarios indirectos, si hubiera escuchado algún comentario directo, al autor del mismo le hubiera cortado la lengua yo personalmente, porque ahora era rey, el rey Morden, mucho mejor rey de lo que hubiera sido Crono, mi hermano fallecido.

 

Gracias por escucharme.