Índice

Psicoauditación - José J

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 08/03/2017

Sesión del 24/05/2017

Sesión del 01/06/2017

 


Sesión del 08/03/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José J.

La entidad relata una vida en Gaela, tiempo después de Axxón. Tuvo que fingir abrazar la Orden de Amarís, no hacerlo significaba ser denunciado como que no creía en esta religión fundamentalista. Quedó con engramas que le afectan solamente recordándolo.

Sesión en MP3 (3.982 KB)

 

Entidad: A veces las circunstancias no son las cotidianas que conocemos, en cada vida hay una circunstancia inimaginable para quien es nuestro rol actual.

 

He pasado por distintas vivencias pero quiero repasar una en particular que me marcó mucho, o como diríais vosotros me ha implantado muchísimos engramas, pudiendo condicionar consciente o inconscientemente mi vida actual. Los condicionamientos pueden ser sutiles al punto tal de que no altera nuestra conducta o pensamiento o autoestima o trato con los demás, pero esos condicionamientos, a veces, son como una pequeña piedra que se mete dentro del zapato y te hace cojear y no te das cuenta hasta que tienes el pie lastimado.

 

Recuerdo que estaba enseñando historia. Era un afamado de historia y empezaba el curso, los alumnos pendientes. Una escuela ultra religiosa, ideal para un profesor de historia como yo, ateo, totalmente escéptico. Prácticamente descreía de lo que era la religión, pero vivía en un mundo, Gaela, donde imperaba la religión y donde el aparato -por así llamarlo-, gubernamental era dominado por la Orden del Rombo.

 

Me presenté a mis alumnos.

-Mi nombre es Domeni Salvi, soy profesor de historia. Nací aquí, en Liziana, que junto con Saeta y Amarís son los tres países con mayor preponderancia a respetar la Orden del Rombo. Repasando la historia sabéis, obviamente, que Axxón, con doble "x", fue un hombre extraordinario que vino a traer la Palabra, como él le llamaba "La Palabra del Padre", pero en aquel entonces la capital de nuestro país, Lizia, era un imperio y consideraron a Axxón un perturbador social. Formaron con maderos un rombo y lo clavaron en él torturándolo previamente, con látigos, con puntas metálicas arrancándole la piel a tiras. Sus seguidores dejaron escritos y paradójicamente la propia Lizia donde se fomentó la ejecución de Axxón fue la primera en crear la Orden del Rombo, pero prosperó principalmente en Amarís, por eso también se llama la Orden de Amarís. Y hace cuatrocientos cincuenta años en Saeta, nuestro país vecino, al sur, al suroeste hubo una tremenda persecución contra no religiosos muriendo miles de personas. Agregué: -Y era obvio, porque había que preservar el orden religioso, porque no hay nada más importante que la Orden de Amarís y el respetar las leyes y el sentido de la moral.

 

Hablé durante casi una hora y saludando a los alumnos me marché enojado conmigo mismo porque en cada clase debía comerme las palabras. Bogaba por una educación laica pero la mayoría de los países aún no estaba preparada para ese tipo de educación. La Orden del Rombo siempre fue fundamentalista.

Estudiando distintos tratados de la llamada Edad Media y Edad Antigua sabía que había sacerdotes que exorcizaban. Yo no solamente era escéptico en cuanto a lo religioso, también era escéptico en lo que era el mundo espiritual, jamás creí en demonios ni en entidades suprafísicas ni en nada de ello, siempre me pareció una tremenda incoherencia, un absoluto despropósito, somos lo que somos y cuando dejamos de ser, no somos nada.

 

A pesar de que ya tenía más de treinta años aún era soltero. Tenía novia, Andrea, con la que me llevaba más que bien, pero ella era creyente al punto tal de ser casi fundamentalista, hablaba de la Orden de Amarís y los ojos le brillaban, vivía leyendo libros religiosos. Aclaro que no solamente respetaba sino que amaba la figura de Axxón, verdaderamente Axxón había sido un gran líder del Amor muerto injustamente por los lizianos.

El problema fue después, la religión que él nunca quiso dejar fue el acabose, el atraso de las investigaciones científicas. La bendita iglesia de Amarís, esparcida por todo el mundo retrasó enormemente a la humanidad.

Pero hubo incidentes que me hicieron cambiar mi forma de pensar. Desde adolescente tenía cuatro amigos -éramos prácticamente el quinteto del descalabro con Valiño, Arduino, Sico y Danore; íbamos a bailar, salíamos con chicas, no nos extralimitábamos con el alcohol pero sí bebíamos alguna bebida espirituosa-, pero éramos decentes, en el sentido de que de jóvenes fumábamos un cigarrillo y bebíamos una copa o nos besábamos con alguna niña, pero éramos inocentes, no teníamos maldad. Cada uno evolucionó en lo suyo, uno arquitecto, el otro metalúrgico, otro carpintero, cada uno en lo suyo. A mí me decían el come libros, ¡jé, jé, jé! Era el único profesor de los cinco.

 

Es cierto, tenía prohibido hablar con mis amigos de religión. Sí, todos ellos eran religiosos, muy religiosos al igual que mi novia Andrea, y saliendo con ellos yo era el más religioso de todos. Me preguntaban por mis discursos, les decía cómo les enseñaba a los jóvenes, la verdadera historia de Lizia, del Rombo, del Maestro Axxón. Me querían y me admiraban.

-Muy bien, excelente, Domeni, verdaderamente te tendrías que haber hecho sacerdote.

-¡Oh! No, no, prefiero enseñar a los jóvenes a entender, respetar y amar a la Orden de Amarís.

 

No tenía otro camino que ser hipócrita porque hubiera perdido a mis amigos. Y hasta podían haberme denunciado aquellos que me palmeaban, que me querían, que me abrazaban, que tenían un afecto casi incondicional por mí, podían traicionarme por su mente cerrada, fundamentalista.

 

Todo empezó con Danore. Danore enseñaba religión en un templo y un día llega a casa, estábamos solos escuchando música suave, música de ópera, armonía, tomando una pequeña copa y de repente Danore me dice:

-Escucho voces.

-¿Escuchas voces? ¿En qué momento, en el templo?

-En el templo, en casa. Tengo un vecino, Marcelo, que a veces no me saluda, es una persona huraña, será porque es viudo y las voces me dicen "Es bueno para nada, tendría que atropellarlo un carro, ¿no te parece?". Y en ese momento siento impulsos de empujarlo debajo de un carro.

Lo miré alarmado.

-¡Oh! Pero Danore, ¿cómo sientes ese impulso?

-Es loco, yo sé que es loco. Lo hablé con un prelado y me dijo que en la antigüedad había demonios que atacaban a los enviados.

-¿Enviados?

-Sí, a los que buscaban transmitir la Palabra de Dios y de Axxón, como yo.

Le dije:

-¿Pero atacado, cómo?

-Se meten en tu mente, te poseen, los demonios te poseen. Y no quiero contarte más cosas.

-Pero no entiendo por qué no, somos amigos, queda entre nosotros.

-No, no lo entenderías.

-¡Como no lo voy a entender, Danore! Soy profesor de historia.

-No, no, no. -Tomó de un sorbo la copa y se marchó.

 

Nos vimos a la semana siguiente, estaba pálido, ojeroso. No me permití tocar el tema con Valiño, Arduino y Sico pero no hizo falta, se enteraron por el propio Danore y esa noche nos juntamos todos en casa, los cinco.

Danore dijo:

-El prelado me hizo un exorcismo, yo estaba en el piso, me retorcía con espasmos epilépticos, hasta me salió un tipo de espuma por la boca.

-Espera, espera -lo interrumpí-, ¿cómo sabes que no era epilepsia?

-Me he hecho electroencefalograma, resonancia nuclear magnética, tomografía axial computada, mi cerebro está normal, quizá la parte del hipocampo tenga algunas manchas, como pequeñas isquemias, incluso tengo un par de marcas como secuelas en ambos cortes pre frontales. Pero hace meses atrás no los tenía, fueron provocados por los demonios.

-Está bien. ¿Y qué pasó con el exorcismo? -Pregunté.

-Me sacó siete demonios y ahora estoy bien.

 

Pero yo no veía que estuviera bien, yo miraba el gesto de Danore y su mirada era huidiza, como que -honestamente- estaba perdiendo la razón.

-¿Sigues profesando en el templo?

-No, no, me dijeron que me tome unos días de descanso.

-¡Aja! Está bien.

-¡Mira!

-¿Qué tengo que ver? -Pregunté.

-Mira a Sico.

Lo miré a Sico. Valiño y Arduino también lo miraron. Sico nos miró a nosotros encogiéndose de hombros.

-¿Qué pasa conmigo?

-Mírenlo, está poseído.

-Hombre, estoy bien, no tengo nada.

-Tienes una figura detrás tuyo, una figura demoníaca con cuernos, peluda que se mete dentro tuyo. -Bebió su copa y se marchó.

-Espera, espera -le dije-, ¿puedes ir solo hasta tu casa?

-¿Por qué no?, ya estoy bien, me exorcizaron. No hay nada más grande que la Orden de Amarís.

-Por supuesto que no, pero ¿puedes ir solo?

-¡He dicho que sí! -casi gritó-. Y se marchó.

Valiño, Sico y Arduino me miraron:

-¿Qué pasa?

-Mi hipótesis es que una entidad oscura se ha apoderado de él.

-¿Pero tan así?

-Esto que voy a decir no me compromete, yo respeto la Orden de Amarís pero el tema de los exorcismos es algo que no comparto, porque creo en el libre albedrío y si un ser humano tiene libre albedrío ningún demonio puede meterse en la persona.

-¿Y entonces?

-Entonces pienso que el propio Danore tiene conflictos internos, y al tener conflictos internos él mismo se abre, se presta con los exacerbados roles del ego que tiene, su baja estima. Y él quería seguir creciendo en la Orden de Amarís y hace años que está en el templo y no lo suben de categoría y hay gente más nueva que ya tiene otros grados y él sigue enseñando a los fieles, lo cual no está mal, pero se siente como con rencor y eso es alimento para esos seres oscuros inmateriales.

-Bueno, para eso está el exorcismo -dijo Arduino.

-¡Es que no! Según mi opinión el libre albedrío es para todo ser, hasta para los demonios.

-¡Ah, bueno! -¡Ah, bueno! repitió Valiño-. ¿Y entonces cómo la sacas a esa cosa?

-La persona, con su propia voluntad. Pero...

Sico dijo:

-¿Pero qué?

En ese momento a Sico le cogió una tremenda tos, Valiño y Arduino se apartaron.

-¡Hombre! -Rió Sico-. Es una tos, parad, a mí no me ha tomado ningún demonio.

Los ánimos se fueron calmando y concluí mi opinión.

-Sólo la voluntad de la persona, si tiene temple y convicción y verdaderamente se alimenta de la Luz puede expulsar esas entidades oscuras. Pero esas entidades son inteligentes, porque no solamente la bondad tiene inteligencia, la maldad también, la crueldad también.

-Pero -argumentó Sico-, la sabiduría jamás puede ser mala.

-No, no hablé de sabiduría, hablé de inteligencia. El sabio es compasivo. Axxón, el gran Maestro, era sabio. Yo hablo de inteligencia. Si esos seres oscuros son inteligentes, lo primero que van a atacar, y ya lo hicieron con Danore, es su mente. Fíjate lo que comentó, que en la resonancia le salió que tenía pequeñas isquemias, y depende en qué parte del cerebro las tenga le puede hasta afectar en su descernimiento hasta incapacitarlo.

Mis tres amigos estaban pálidos.

-¿Y qué podemos hacer al respecto?

-Yo a las dieciséis horas salgo de la facultad, si queréis a las diecisiete nos encontramos, tomamos un café y vamos a la clínica a ver al médico que atendió a Danore y le planteamos mi opinión, no sé si estáis de acuerdo con ello.

-Sí, sí, sí -dijo Arduino.

-También acuerdo -asintió Valiño.

Sico me miró y dijo:

-Estoy contigo.

 

Obviamente lo comenté con Andrea, mi novia, y me dijo:

-Ten cuidado con esas cosas. A ti, principalmente, Domeni, que eres profesor de historia y religión, esas entidades te pueden tener en la mira.

-Por supuesto, mi amor, por supuesto.

 

Ella, como mis amigos, como mis alumnos, como mi familia ignoraban que yo era un escéptico ateo. Seguía siendo ateo en cuanto a la religión pero no en el sentido de no creer en Dios -por eso el lenguaje es tan pobre-, a ver, era escéptico en cuanto a la Orden en sí, a las aberraciones y muertes a lo largo de la historia que se cometieron en nombre del Rombo, pero no era escéptico en cuanto a las entidades inmateriales, los demonios. Con Danore había comprobado que existían y que se aprovechaban de las mentes débiles para alimentarse de sus miedos, temores, horrores, inseguridades, rencores, fracasos, ira, lujuria. Yo mismo a veces tenía temor por alguna pequeña envidia que mi ego me planteaba, u odio hacia ciertos sectores fundamentalistas, no sea cosa que estas entidades se aprovechen de lo vulnerable que yo también era. Desconocía la palabra "engramas" en el rol de Domeni Salvi, pero sabía que tenía muchos engramas; el primero y principal, engrama de soledad. Engrama de tener que ser hipócrita ante de todo el mundo, fingir que adoraba una religión que no sentía dentro de mi corazón pero tenía que hacerlo porque mis queridos amigos o mi amada Andrea no hubiera dudado en traicionarme. Compartía con mis amigos o vivía con mis enemigos.

 

Le estoy provocando un tremendo dolor de garganta a este receptáculo por la angustia que me acoge, por la tremenda angustia que tengo.

Disculpadme, me retiro.

 

 

 


Sesión del 24/05/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José J.

La entidad relata un episodio, en un pueblo de Umbro, donde después del viaje se encuentra con varias personas y comparten mesa y experiencias dolorosas de sus vidas. Comenta que le quedaron numerosos engramas.

Sesión en MP3 (3.880 KB)

 

Entidad: Es obvio que ninguna vivencia se parece a otra, ningún relato se parece a otro. A veces podemos escuchar las vivencias de un amigo, de un conocido y pueden semejar a situaciones que hemos pasado nosotros, pero siempre va a haber un detalle que nos va a diferenciar. Lo mismo sucede con vidas anteriores donde tuvimos otras familias, nacimos en otra región o en otro mundo, en una época que no se identifica con la actual y entendiendo que los problemas actuales, por más graves que sean, siempre van a ser más benignos, supuestamente, que en otras regiones donde hemos encarnado.

 

Mi nombre era Darío, había encarnado en Umbro. Mis padres trabajaban en un teatro itinerante, por así llamarlo, eran una compañía de diez personas que iban por la zona ecuatorial de Umbro, de poblado en poblado, quedándose diez, veinte amaneceres en cada lugar.

Podría decir que yo nací en un carromato, porque fue cierto. Los primeros diez días de vida fueron críticos, no sabían si vivía o no. Y bueno, supongo que mi naturaleza o aquel que está más allá de las estrellas decidió por mí que tenía que vivir. Y crecí. Crecí viendo como desarrollaban historias inexistentes o agrandaban historias reales de batallas, de andanzas, de aventuras, ¿o por qué no?, comedias.

Pero no todos los pueblos eran civilizados. Cuando cumplí diez de vuestros años, en un poblado nos atacaron a piedrazos. Decíamos:

-¡Qué sucede! -En el poblado nos rechazaban porque decían que éramos unos buscavidas, que no servíamos para trabajar. Me hace sentir absolutamente mal.

 

Me disculpo, pero no soy el primer thetán que al hacer un relato hago toser a este receptáculo que me alberga y que tan gentilmente está decodificando a lenguaje hablado mi concepto.

 

Supongo que esa fue la primera señal. Teníamos tres carretas, que no eran rápidas, incluso en la huída una de las carretas rompió una rueda. Ninguno de la compañía de teatro era ducho en disputas, menos en combate. El mayor de la compañía se quiso interponer y lo golpearon muy mal, estuvo muy, muy grave. Por suerte respetaron a las mujeres.

Y así viví, de pueblo en pueblo hasta mis catorce años, equivalentes de Sol 3.

Fue en esa época que atacaron a la compañía unos delincuentes que pensaban que teníamos fortuna en metales dorados, plateados, cobreados, y no solamente mataron a todos..., sí, mataron a todos, si no que antes ya abusaron de las mujeres y dos jovencitas. Madre tuvo la suerte -la suerte es una manera de decir-, de que quiso montar un caballo, un hoyuman, se encabritó la bestia y ella cayó de espaldas y golpeó la nuca contra una roca falleciendo instantáneamente. A padre directamente lo golpearon hasta matarlo.

A mí me ignoraron, pude arrastrarme entre las rocas. Estaban tan impotentes los asaltantes que al no encontrar la fortuna que ellos pensaban incendiaron todo, se llevaron con ellos a los animales, dejaron un pequeño hoyuman que yo aproveché para montar. Y sí, entre el resto de las brasas había quedado sano un libro, era un libro de la compañía que contaba historias.

Mi duelo fue, con algunos metales que tenía, comprar un cuaderno de hojas en blanco y un lápiz y empezar a escribir historias.

 

Andaba por la zona ecuatorial hasta encontrarme con alguna otra compañía a la que le contaba mi historia. Y me pagaban unos metales cobreados, apenas me alcanzaba para comer por las historias que luego ellos podían interpretar en los tablados improvisados de los teatros de la zona ecuatorial.

Y fui de poblado en poblado, incluso me dijeron si quería actuar. Les dije:

-No, yo solamente escribo historias.

 

En una compañía grande vieron el libro de mi ex compañía, el libro grande, que tenía decenas de historias. Al hombre le encantó, pero era el único recuerdo que tenía. Me dijo:

-Darío, el recuerdo no te va a dar de comer. Te pagaré diez metales plateados por el libro. -¡Tanto!, pensé yo, diez metales plateados era una fortuna. Y no dudé, se lo vendí. Me hizo un papel con su firma para que lo lleve conmigo como comprobante de que las monedas eran por la venta de un libro.

 

Al poco tiempo me marché, me fui a otra zona. Cuando cumplí veinte años, en medio de un camino me encontré con un joven llamado Uriel. Tomamos algo en el camino, le conté mi historia. Me miró y me dijo:

-De algún modo es parecida a la mía.

-Cuéntame, Uriel, ¿qué te pasó?

-Cuando era pequeño, asaltantes mataron a mis padres. Yo tenía una granja, quedó al cuidado de mis tíos, que fueron los que me criaron. Y luego, cuando fui más grande, vendí todo. Me fui a la zona del desierto, conocí a unos luchadores acróbatas que me enseñaron un tipo de lucha, pero -le caían lágrimas de los ojos mientras lo relataba-, pero decían que yo no podía aprender porque la ira y el dolor me consumían.

Me identifiqué enormemente con él. Le digo:

-Yo sé que el sufrimiento de uno no es el consuelo del otro, pero compartimos dolores similares. Tengo la posibilidad de decir "te entiendo, entiendo tu dolor" porque no te lo dice alguien que te lo dice de compromiso. Pasé por lo mismo.

-¿Hacia dónde vas? -le pregunté.

-Hacia un poblado llamado Furca, ahí hay posibilidad de trabajo.

-Voy para el mismo lado -le dije. Fuimos al paso con nuestros hoyumans.

-¿Qué tienes allí, en la alforja?

-Un cuaderno de notas -le respondí a Uriel. Escribo obras de teatro.

-¡Ah! ¡Vaya, qué interesante, vaya, qué interesante!

-Mira -le propuse-, puedo escribir tu historia adornándola, cambiando tu nombre, haciéndola incluso más dramática.

Uriel me miró y me dijo:

-¡Más dramática! ¿Qué puede ser más dramático que la muerte de tus padres cuando eres un niño?

Le respondí:

-No me mal interpretes, acuérdate que a mí me pasó lo mismo. En un teatro - tengo experiencia en el tema a pesar de que nunca actué, siempre presencié-, de repente un guerrero combate con tres malhechores y los vence. En el teatro no son tres, son diez o treinta, y con una espada tan grande que es alta como él y solamente con el movimiento de la espada caen los treinta. Digamos como que en el teatro juegas con la fantasía.

-No sé -me dijo Uriel-, no sé, me parecería una falta de respeto para mis padres.

-Nada más piénsalo. -Estaba un poco herido por mi respuesta.

Y me dijo:

-¿Y por qué no haces tú lo mismo? ¿Por qué no escribes una fantasía con tu vida?

-La hice. ¿Sabes leer?

-Sí -me dijo Uriel.

-Cuando lleguemos al poblado te presto mis notas. De verdad que no hay obligación. Y no te sientas ofendido.

-No, no estoy ofendido, es que estuve con esa gente en el desierto que me entrenaban en una lucha acrobática y había un anciano que más de una vez me decía "Tienes ira, la ira alimenta el dolor. Tienes dolor, el dolor alimenta la ira". Era un círculo vicioso. Y yo me engañaba a mí mismo porque cada día me levantaba pensando que ya está, que quedaba solamente un recuerdo sin emociones, pero con el correr del día, y más hacia la noche, mis pensamientos me invadían, me volvían loco.

-Parece que hay un denominador común -le dije-, porque es a la noche cuando yo tengo más recuerdos, cuando más me duele el pecho, cuando más tengo acidez en el estómago, y quizá tengo la ventaja de que he conocido muchas compañías de teatro y es como que al escuchar historias me evado de la realidad, pero después me quedo solo en la oscuridad, a veces duermo en medio de la campiña, a veces sobre una colina, a veces cuando tengo metales en una posada, pero siempre solo, y ahí no puedo evadirme de la realidad.

 

Nuestras historias era distintas, Uriel en una granja, yo en un teatro itinerante. Ambos habíamos sufrido pérdidas, si vamos al caso. Y obviamente que no se lo dije porque no se trata de competir, Uriel tuvo la fortuna que fue criado por sus tíos con amor y hasta pudo conseguir bastantes, bastantes metales vendiendo su granja. En el caso mío, bueno, logré vender ese libro que para ese hombre era tan valioso... Pero ahora habría que trabajar y veríamos en Furca, en este pueblo que íbamos, qué posibilidad habría de trabajo.

Finalmente llegamos, nos alojamos en una posada. Dejamos los hoyumans en la cuadra, le dimos algunos metales plateados.

-¡No! -me dijo Uriel-, no, metales plateados no; con un metal plateado te compras un hoyuman, déjale un par de metales cobreados nada más. -Lo miré, Uriel me mira y me dice: -Darío, tienes que entender el valor del dinero, un sólo metal plateado vale como diez metales cobreados, un sólo metal dorado vale como diez metales plateados y como cien metales cobreados. No puedes dejarle un par de metales plateados al encargado de la cuadra, al encargado del cobertizo.

 

Bueno, por lo menos me enseñó el valor del dinero. Entonces lo que me había pagado ese hombre por el libro era muchísimo, era el equivalente a cien metales cobreados.

Le dijimos al hombre que buscábamos un trabajo. Me dijo:

-Pregunte en el los almacenes.

Había un almacén enorme en el centro de Furca, el dueño se llamaba Obregón.

Me dice:

-En realidad necesito hombres fuertes para cargar fardos, para cargar provisiones. Tengo una empleada, Ordenza, pero atiende a la gente, y los empleados se van porque dicen que mi paga es poca.

Propuso una paga, a mí me pareció bien, Uriel se encogió de hombros y dijo:

-Sí, está bien. -Y nos empleamos los dos en el almacén de Furca.

 

Siempre dije que no existe la casualidad, existe la causalidad. Se cruzó con nosotros un joven de aspecto extraño envuelto en un traje marrón, a veces se cubría la cara con una capucha, su nombre era Ezeven. Le pregunté al patrón, a Obregón:

-¿Quién es el joven?

-Me alquila una de las habitaciones. Lamentablemente no tengo más habitaciones, así que salvo que quieran dormir en el cobertizo, y se ahorran la posada. -El cobertizo era donde se guardaban los hoyumans.

Le hicimos una propuesta a Obregón:

-No nos importa trabajar un poco más, pero nuestros hoyumans que tenemos en el cobertizo del pueblo ¿los podemos traer aquí?

-Sí, por supuesto, pero les descontaré de vuestro sueldo lo que coman los animales.

-Está bien -aceptamos el trato. Y luego volvimos a hablar de Ezeven: -¿Qué hace Ezeven?

-Es una figura que atrae a gente. -Nos contó que trabajaba en el teatro que había llegado al pueblo y que era la mayor atracción porque mediante un truco hacía como que levitaba.

-No entiendo -Uriel me dijo:

-Lo que dice el señor Obregón es que Ezeven hace unos trucos que parece que flotara en el aire.

-¡Vaya! Bueno, lo iremos a ver cuando tengamos franco.

 

Y lo fuimos a ver. Las historias que relataban eran muy buenas, pero les faltaban un remate. Las gentes más iban para ver Ezeven, eran pocos instantes que levitaba en el aire, pero la gente se enloquecía y pedían más, más, más, más.

Luego, en una parte, hablé con Ezeven. Le dije:

-Disculpa que te incomode -le digo-. Yo soy escritor de historias de teatro, no sé si son buenas, pero me gustaría si las puedes leer. No creo ser buen escritor...

-Permíteme. -Tomó mi cuaderno, lo ojeó, no lo leyó todo. Me miró a los ojos con sus ojos profundos, indescifrables, y me dijo:- ¿Por qué tienes tanta baja estima, Darío? -lo miré intrigado.

-No entiendo.

-Tus historias son muy buenas. ¿Por qué te consideras que eres un mal escritor?, esto es excelente. Hablaré con la compañía. Si escribes historias puedes estar con nosotros. -Le dije que sí.

 

Cenamos todos juntos, Uriel, Ezeven y yo. Luego se nos juntó el patrón, Obregón, y una joven que era empleada, Ordenza. Y salvo Uriel, que la conocía, volví a relatar mi historia. Ordenza, mientras relataba, le caían lágrimas, le daba pena por lo que me había pasado. Ella relató que también había tenido una vida bastante difícil. Ezeven, con rostro inescrutable, él no contó su vida pero se interesó de que yo conozca el mundo del teatro. Uriel, luego contó su vida.

Y lo miramos a Ezeven.

-No, mi vida no tiene importancia, es común y corriente, una vida sencilla.

 

Ignoraba en ese momento que lo que había pasado Ezeven era infinitamente peor a lo de Uriel, a lo mío, a lo de Ordenza porque no se trataba de muertes lo que había pasado Ezeven, se trataba de abandonos, de desprecios, de la propia familia que lo rechazaba. Y a veces -y acá hablo de mí, Darío-, a veces te causa más dolor no una pérdida de alguien que no está sino cuando sientes que has perdido alguien en vida, que la persona está muerta para ti porque te rechaza, porque no te acepta, porque no entiende tu forma de ser, porque no entiende tus maneras, porque siempre va a estar negada a tus proyectos, a tu historia, a tus ideas. Entonces, ¿qué produce más dolor, qué produce más desencanto, una pérdida material o cuando no te tienen en cuenta, no te consideran porque piensan ellos que eres poca cosa o que eres distinto? Y a veces pasa eso, no te identificas, la gente se identifica con guerreros, yo era un simple escritor.

 

Recuerdo que antes de conocer a Uriel en el camino, había una joven herida, se llamaba Durana. La habían golpeado, no habían llegado a ultrajarla. La socorrí, tenía un tobillo no quebrado pero que le dolía bastante, apenas podía caminar, la monté en mi hoyuman. Y caminando tomé mi hoyuman de las riendas y la llevé hasta donde vivía. Los padres me agradecieron por haberla traído porque en el camino podía haber encontrado otros maleantes. Me invitaron a quedarme, me quedé unos días. Recuerdo que la segunda noche la joven me besó, le correspondí. No llegamos a más porque al tercer día me dijo:

-Discúlpame, el beso fue de agradecimiento, no me atraes.

 

Y después me analicé a mí mismo: Qué me dolió más, ¿que yo no le haya gustado o que me diga tan brutalmente "No me atraes"? Como decís vosotros en Sol 3, ¿se ofendió mi ego o me dolía que yo no le gustase? Yo creo que era más sus palabras, la forma, la manera. Sí, estuvo agradecida de que la haya socorrido, pero después no me prestó más atención. Al cuarto día ya me sentía incómodo y me despedí de la gente.

-Gracias por haberme hospedado.

-Gracias a ti, si no hubieras traído a nuestra hija quizá la hubieran atacado otros, y vaya a saber si estaría viva.

-Hice lo correcto.

La miré a la joven, la saludé inclinando la cabeza y ni le tendí la mano, ni le hablé. Monté mi hoyuman y seguí camino.

 

Y a eso me refiero, ¿qué cosas te causan más dolor, las pérdidas verdaderas o la conducta mezquina de algunas personas o las maneras, los modos, las formas? Porque yo puedo decir "Mira, honestamente, esto no me interesa, me parece muy bueno pero no me interesa", y no decir "Esto que me estás ofreciendo es en vano, no sirve, sirve únicamente para la basura". Hay maneras, hay formas. Y me he cruzado con mucha gente que no tenía maneras, que no tenía formas. Como le llamáis vosotros, "diplomacia".

 

Y eso me ha acarreado muchísimos engramas que me corroen por dentro, mucho, muchísimo.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión del 01/06/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José J.

Era bueno escribiendo historias, guiones y consiguió mejorar la comunicacion con un grupo de personas. Un amigo suyo era prejuzgado de asesino por muchos cuando resultó que no lo era. La entidad comenta que quedó con engramas en aquella vida y reflexiona acerca de que las apariencias no siempre indican cómo es la persona.

Sesión en MP3 (2.824 KB)

 

Entidad: A veces la vida es como caminar por la cuerda floja y si no eres equilibrista caes al abismo, abismo de dudas, de idas y vueltas, de persecuciones a uno mismo, autoreclamos podría llamarlos, lo que diríais complejo de culpa. Podría haber hecho las cosas de otro modo, estaría mejor, ¿pero cómo lo sé? Otros dicen "Alguien guía tu sendero". En realidad el sendero está trazado, lo que podría guiar serían tus pasos. Pero, ¿y el autodeterminamiento? ¿Y el libre albedrío?

 

En el rol de Darío, en Umbro, cuando llegué al pueblo de Furca pude estabilizarme. Os había comentado que era escritor de teatro y que tenía mucha baja estima porque no valoraban mis escritos.

Me dio lugar para vivir Obregón, el dueño del almacén de Furca. Inicialmente mi idea era trabajar en el almacén porque Obregón precisaba bastantes ayudantes para cargar bultos. Ya tenía una joven, Odenza, que atendía a la gente adelante, pero el depósito era bastante grande. Pero bueno, conocí a Ezeven y su compañía de teatro, y vio mis escritos y me alentó, me contactó y pude escribir historias para esa compañía y me hice de amigos, Uriel, la propia Ordenza. Y apreciaba al señor Obregón, pero sabía que el día de mañana me iría con la compañía de ese poblado porque las compañías son ambulantes y uno, a veces, no siempre, no, no, no, no siempre; pero a veces uno se apega a determinadas amistades, amistades que comparten el tiempo, una conversación, una infusión caliente o en verano una bebida espumante. Eso no es negativo, eso no significa depender de la aprobación del otro, es sencillamente el anhelar alguien que converse a tu nivel, a la par, que sea franco, sincero, que tú le puedas contar tus cosas, tus debilidades, y la otra persona te cuente las suyas; no le vas a resolver sus problemas, la otra persona tampoco los tuyos, es simplemente compartir. Pero bueno, el día de mañana partiría con la compañía porque verdaderamente tenía facilidad para escribir historias de teatro y justamente había poquísimos guionistas. Ahora, Ezeven estaba al margen de todo, él no precisaba guión, él no precisaba historias, su número donde echaba fuego por las manos, su número donde flotaba en el aire, yo intentaba encontrar las cuerdas o pequeños hilos invisibles hechos con un material tan resistente que apenas se veían. Y sí, a pesar de que mis historias eran atrapantes, la gente iba en gran número, aunque sea pocos instantes, para ver flotar a Ezeven.

Pero Ezeven también tenía un lado misterioso. Todos contábamos nuestras cosas, como dije antes; yo lo comentaba con Uriel, Uriel me dijo que unos asaltantes mataron a sus padres cuando era pequeño, que ya siendo más grande dejó la granja y le dejó una parte a sus tíos que fueron quienes lo criaron. Ordenza misma contó parte de su vida, cómo buscaba su propia aprobación, ¿no? Pero Ezeven no soltaba prenda, como decís vosotros, lo único que decía:

-No tiene sentido que os cuente mi vida porque no perdí a nadie, pero perdí a todos.

Una frase que podía significar un montón de cosas. Y a veces desaparecía, él decía que iba a meditar.

 

Obregón era mayor que nosotros, pero ganamos de alguna manera su confianza. Y estando una tarde, casi noche, con Uriel, con Ordenza, Obregón nos dijo:

-¿Os habéis enterado de que ya van tres cadáveres de jóvenes aldeanas que aparecen una en el bosque, otra al lado del arroyo? -Todos nos quedamos en silencio y yo lo relacioné con Ezeven que desaparecía por las tardes, por las noches.

Cuando iba a hablar, Obregón me frenó con la mano y me dijo: -Yo sé lo que piensas Darío.

 

Hablé con Ezeven. Ezeven me dijo:

-Estoy tan intrigado como vosotros, pero el hecho de que no cuente mis cosas y a veces me aísle del entorno no significa que sea un asesino. -Es más, prometió colaborar en encontrar al asesino que a su vez, antes de matar a las jóvenes, las ultrajaba.

 

Y sí, yo también había pensado en Ezeven porque es fácil prejuzgar, que como dicen los Maestros de Luz es juzgar antes de tiempo, condenar antes de saber la verdad o de tener alguna prueba. Porque los seres humanos tenemos esa ¡je, je!, esa facilidad de señalar con el dedo en lugar de dejar la mano en el bolsillo, ¿no?

 

A la noche siguiente nos reunimos para comer un guisado. Ezeven no quiso comer, dijo que había merendado abundantemente en la posada y se marchó.

Se escucharon unos gritos. Tanto Uriel como Ordenza salimos corriendo hacia el lugar, Obregón detrás nuestro, y había una joven con sus ropas desgarradas, pero estaba bien. Obregón nos apartó pidiéndonos permiso obviamente y habló con la joven.

-¿Qué sucedió?

-Un joven encapuchado me quiso llevar al corral donde están los hoyumans, me tapaba la boca. Le mordí la mano, creo que le saqué sangre y me puse a gritar. Como vio que en algunas casas encendían velas salió corriendo, pero mira cómo me dejó la ropa.

-¿Cuál es tu nombre? -dijo Obregón.

-Tina -comentó la joven. -Una joven bastante atractiva, pero hacerle una cosa así me daba repulsión y sentí a su vez odio por ese desconocido.

 

Lo miré a Obregón, a Uriel, a Ordenza y volví a pensar en Ezeven. Ezeven siempre andaba con un ropaje largo y a veces se cubría la cabeza con una capucha.

A la joven la vio el médico, vio que solamente tenía unos magullones y en sus uñas había sangre, al igual que en su boca, pero la sangre no era de ella; había rasguñado y mordido en una mano a la persona que la había atacado, eso era bueno. Volvimos al almacén -dejamos a la joven con el médico, le dio a tomar unas hierbas tranquilizantes, el hombre-, y estaba Ezeven tomando una bebida. Le miramos sus manos ni una sola marca, su rostro ni una sola marca, su ropa en perfecto estado. ¡Ahhh!, respiré tranquilo. Supongo que al igual que todos porque creo que todos pensamos de vuelta en Ezeven.

Nos miró:

-¿Qué pasó? ¿De dónde venís? -le contamos de la joven Tina, del ataque.

-¿Tina? ¡Tina de nuestra compañía! ¿Dónde está?

-En lo del doctor -Se levantó-.

-¡Aja!

Fuimos detrás suyo. Fue a pasos largos y rápidos.

Llegó a lo del doctor. Nosotros detrás.

-¿Dónde está la joven? -El doctor le hizo pasar, nosotros detrás. Tina se abrazó a Ezeven.

-No sabes lo que me pasó, un hombre así con una capucha como la tuya me atacó, le pude arañar el rostro y le mordí la mano. Va a ser fácil detectarlo.

-Te dije, Tina, que no salgas de noche. ¿Por qué no te quedaste en la carpa con la compañía?

-Quería estirar un poco las piernas, me sentía como asfixiada adentro.

-Sabes que este poblado es peligroso, ya hubo tres mujeres muertas. -Se abrazó con Tina y nos dijo a nosotros:- Volved al almacén, yo llevaré a la joven hasta la compañía de teatro.

 

Volvimos con vergüenza por haber pensado otra vez mal de Ezeven, por haber prejuzgado, porque eso es lo que hacemos y nos enojamos cuando nos prejuzgan a nosotros, nos molestamos cuando nos ignoran o cuando dudan de nuestra capacidad, de nuestra lealtad, de nuestra formalidad, pero nosotros sí podemos dudar de los otros. No es justo, obvio que no es justo.

 

En el rol de Darío me quedaron muchos engramas, engramas de prejuicios que quizás en las vidas subsiguientes no te condicionan de la misma manera, pero es como que de alguna manera tú te sientes no vigilado pero observado quizá por otros si haces bien tu desempeño, si tu comportamiento es correcto... Y te sientes molesto cuando te miran, cuando te observan como diciendo ¡Qué les importa de mí! Ahora, obvio, si estás en un trabajo y tu jefe te observa es correcto que lo haga sin que por ello tenga que estar encima tuyo respirándote en la nuca. Pero cuando otros que no son jefes ni patrones y tú no eres empleado de ellos y quieren controlar todo lo que haces, ¿qué les pasa? Y después claro, me pongo en lugar de ellos.

 

Y en esa vida en Furca, Umbro, uno de alguna manera también prejuzgó, también señaló, quizá no con el dedo, mentalmente señaló. Y en la vida real no pasa así, a veces el que tiene más carita de inocente resulta ser el culpable y a veces no, a veces el rostro dice cómo es el interior de la persona. Un rostro "torcido", a veces te muestra un alma torcida, pero no todas las veces. Es azar. Es como el juego, rara vez ganas, rara vez aciertas. Y así es la vida.

Por eso dije al comienzo, es como si caminaras por la cuerda floja. Si no eres equilibrista practica primero. En este caso, practicar es estudiar, esmerarte en tu trabajo. Y a veces es como que estás en el palo enjabonado, que tratas de llegar a la punta y ¡rrrr!, te resbalas. Y sí, así es la vida.

Y agrego encima el drama de terceras personas que te ponen piedras en el camino, te obstaculizan, porque a veces no dependes solo de ti. ¿Cuántas veces tienes más capacidad que otros, y otros por no mérito propio, por acomodo, por conocer a alguien logran un empleo o una venta sin tener los méritos suficientes? Y esto no lo digo por envidia ni mucho menos, simplemente es que me desagrada la injusticia. No soy envidioso, me pone feliz la felicidad del otro, yo quiero que todos igualen para arriba, que yo sea próspero, que mi vecino sea próspero también. No soy feliz si el otro se cae. Sé que hay gente que sí. Yo no soy así. Pero eso no quita que me moleste que otros sean al revés, aún teniendo de todo te ponen obstáculos para que tú te caigas. ¿Por qué si mi triunfo no les va a opacar el suyo? No se conforman con salir adelante, su dicha es salir adelante y que el otro se caiga en una ciénaga. Y uno se pregunta por qué hay gente así, ¿acaso no somos todos creados por aquel que está más allá de las estrellas de la misma manera, con las mismas oportunidades? Bueno, no. Bueno, es cierto que no. No es lo mismo el que nació en un palacio que el que es un obrero o un campesino o quizás un artesano que está en un escalón más alto. Pero mientras pueda trabajar y ser feliz y tener una pareja estable y tener una familia o amigos con los que conversar, como dije antes, no hacen falta los lujos, los lujos por sí mismos no te hacen feliz. Y eso es lo que muchos no entienden.

 

El jefe de la compañía decidió quedarse treinta amaneceres más en Furca, podía estar con mis amigos más tiempo, estaba feliz. Ahora, la pregunta final de esta sesión es: ¿la felicidad son fracciones de vida o es una continuidad? Porque yo entiendo que son fracciones porque no hay una felicidad perpetua, y tú te adaptas a los malos momentos, como dice un gran Maestro de Luz "Adaptarse no es acostumbrarse porque cuando te acostumbras te sometes a las circunstancias, en cambio cuando te adaptas vas por encima de las circunstancias". Eso lo dice el gran Maestro Johnakan.

 

Gracias por escucharme.