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Psicoauditación - Luís Alberto

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 06/01/2014

Sesión del 19/12/2019


Sesión 06/01/2014
Médium: Jorge Raúl Olguín
Interlocutor: Karina
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Luís Alberto.

La entidad relata una anécdota en la que confió en una persona, le dio comida, le dio trabajo, le ayudó a integrarse y fue pagado con traición y difamación. Aunque sabe que obró como debía se acarreó engramas de rencor. En el diálogo Karina recomienda estar atento ante quien confiar.

Sesión en MP3 (2.144 KB)

 

Interlocutor: Bienvenido...

 

Entidad: Gracias por permitir expresarme. Aprovecho esta oportunidad para dialogar contigo.

 

Interlocutor: Gracias por estar aquí. ¿Cómo te encuentras?

 

Entidad: Si bien arrastro engramas también arrastro dudas. Y tú avalarás mi concepto a través de este receptáculo o corregirás a tu manera lo que veas que puede no estar acertado.

 

Interlocutor: Mira, yo te voy a escuchar y con mucho gusto voy a orientarte en lo que tú necesites. No soy, quizá, quien para corregirte. Adelante.

 

Entidad: En una vida pasada tenía un buen trabajo. Era un excelente herrero en la península Ibérica, a kilómetros de Madrid. Me llamaba Alberto Salazar Núñez. Mi negocio era próspero. Sabía incluso no solamente el trabajo de un herrero de hacer herraduras para los caballos sino que también templaba buenas espadas.

Había quedado viudo...

 

Interlocutor: ¿En qué época fue? ¿Qué año aproximadamente?

 

Entidad: Poco más de tres siglos. Y había un señor pobre que lo veía en las tiendas del mercado a veces pidiendo sobras de comida y lo corrían a pedradas. Lo recogí en mi tienda y le pregunté si quería ayudarme en mi trabajo en la herrería. Me dijo que sí, que él incluso años atrás había trabajado así.

Estuvo años conmigo. Él se llamaba Martín. Verdaderamente sabía trabajar, incluso tenía una forma de atender a la gente muy buena.

En una tienda del pueblo le había comprado ropa, se había recortado la barba. Parecía otra persona. Y estuvimos años trabajando juntos. Jamás me aprovechaba de nadie, le pagaba bien. Al cabo de cinco años se llegó a comprar una humilde vivienda pero vivienda al fin, cuando lo conocí estaba en la calle como limosnero.

Pasado un tiempo veía que yo no tenía tantas ganancias, yo veía que él gastaba parte de su dinero. Se iba a las afueras del poblado, a un recinto donde había mujeres de vida alegre.

 

Interlocutor: ¿Gastaba de su sueldo, el sueldo que tú le pagabas?

 

Entidad: Sí. Estaba bien. Era su problema. A mí eso no me molestaba.

Una mañana veo a un noble, el Marqués de Cuéllar, que quería darle un poco más de filo a su espada. Y me la deja.

-Bastante me ha costado. Me da la impresión que la hoja es de mala calidad.

-¡Oh, no, señor! Démela. O sea, no tendrá ningún coste.

-¡Por supuesto! Mañana la vendré a buscar.

Tengo muy buena memoria. Si bien no llevo anotaciones a pesar de que sé leer y escribir y sumar y restar, era una espada valiosa pero no recuerdo habérsela vendido al Marqués de Cuéllar.

Cuando vuelve Martín le digo distraídamente:

-Ha venido el Marqués de Cuéllar. ¿Te acuerdas de esta espada que le hemos vendido?

-¡Ah! Sí, sí. Pero hace bastante, hace como cuatro meses de esto.

Lo miré a los ojos y le dije: -Pues yo no recuerdo de haberla vendido.

Se quedó callado y me respondió: -Pues tampoco me acuerdo el día.

La trabajé yo personalmente la hoja y al día siguiente se la entrego. Como era un noble accesible le digo:

-Señor, con todo respeto, la he dejado mucho mejor que antes. Pero no recuerdo habérsela vendido.

-Pues claro que no. Su socio me la ha vendido y le he pagado bastante bien.

Sin darme las gracias se montó en su caballo y se marchó.

Tuvimos un enfrentamiento de palabras. Finalmente dijo "No preciso de ti" y se marchó.

 

Interlocutor: Me imagino tu tristeza y enojo también en ese momento.

 

Entidad: Hay un refrán muy antiguo que vosotros hasta el día de hoy lo usáis que dice "Cría cuervos y te sacarán los ojos".

 

Interlocutor: Bien pero resulta que tú en ese momento decidiste lo que era mejor, decidiste rescatar esa persona, decidiste darle un trabajo. Si de aquí en más esa persona malgastó su dinero, fue desleal, fue desagradecido es una lección kármica de la que esa persona tendrá que hacerse cargo y lo va a tener que resolver. Tú actuaste de buena fe.

 

Entidad: Seguramente que sí. Lo que pasa que...

 

Interlocutor: ¿Te quedan engramas de traición en realidad?

 

Entidad: ...tú no conoces...

 

Interlocutor: ¿Te han quedado engramas de traición, de deslealtad en esta encarnación?

 

Entidad: Totalmente. Lo que pasa que en esa vida, como en ese presente muchos no conocen lo que es el mundo espiritual, las lecciones kármicas y tú en ese momento te sientes como desamparado, como traicionado, la deslealtad te hiere pero ahí no termina la historia.

Meses después me entero que en el otro lado del poblado hay una nueva herrería y trabaja Martín con un joven y el joven con cara inocente, aleccionado por Martín se encarga de decir a todos que mis materiales son de mala calidad y me quedo sin clientes...

 

Interlocutor: Eso es completamente injusto obviamente.

 

Entidad: ...prácticamente. Como la gente es ignorante, sin desmerecer a los que eran mis clientes... Pero digo lo que veo, lo que siento.

 

Interlocutor: Creo que es una situación la que te ha sucedido que creo, estoy convencida, que con distintos matices se ha venido repitiendo a lo largo de la humanidad y son situaciones que vemos a veces con más frecuencia de la que quisiéramos. Pero lo importante son las decisiones que tú tomas, más allá de las decisiones y los actos de los demás lo importante son tus decisiones.

 

Entidad: Tenía clientes leales que me comentaban que había puesto un lugar muy próspero, es como que se daba maña para convencer a sus clientes de que él tenía mejores herraduras, las mejores espadas.

Y si bien yo me esmeraba, como si Dios se ensañara conmigo, tenía como una enfermedad degenerativa en las manos y casi no podía trabajar. Y me enojaba. Me enojaba con Dios diciendo "¿Cómo me castigas a mí? Martín era un ser que no tenía para comer, lo saqué adelante, me termina robando y ahora es próspero. Y yo que te fui leal siempre, querido Dios, me das esta enfermedad. No entiendo".

Meses después tuve que cerrar la tienda y por suerte tenía mis ahorros y no precisaba trabajar. Pero no puedo decir que yo sea bueno ni que sea malo, tenía como un nudo en la garganta y me molestaba enormemente que mientras yo estaba refugiado en mi casa, si bien tenía dinero incluso para años, porque tenía mis ahorros, no soportaba el éxito del desleal. Por un lado me enojaba conmigo mismo porque decía "No debo pensar así, cada cual es responsable de sus actos". Pero en ese momento hubiera querido que un rayo lo partiera en dos. Y me hago cargo de lo que digo. ¿Qué puedo decir?

 

Interlocutor: Puedo decirte que tú eres un buen ser y que en esos momentos que tenías esos pensamientos estabas invadido por la mente reactiva.

 

Entidad: No lo dudo, no lo dudo.

 

Interlocutor: Lo importante es que tú no te condiciones de ahora en más en cada encarnación y tienes todas las posibilidades por delante. Que no te dejes condicionar como thetán por aquellas malas experiencias.

 

Entidad: Totalmente. Uno a veces queda marcado. Como te decía recién, mi vida actual es completamente distinta, todo es completamente distinto a aquella época. Pero muy inconscientemente te quedan como engramas de dudas con respecto al entorno con el que te rodeas. No hablo de lo afectivo, ¿eh?, hablo de en lo personal, de la gente que conoces.

 

Interlocutor: Creo que en lo personal quizá parte de la lección a aprender de aquella encarnación es aprender a ayudar, está perfecto ayudar, pero quizá la lección sea estar más atento y estar más seguro de tu entorno directo.

 

Entidad: Sí. Permíteme decir una cosa. A veces puedes estar atento y hasta tener los ojos que tiene una mosca, que puede facetar a todos lados, y por ahí recibes una estocada desde atrás donde no puedes ver.

 

Interlocutor: Aprendamos a estar atentos a las cosas que sí están a nuestro alcance.

 

Entidad: Sí. Eso sí. Y de verdad que lo llevaré a cabo.

 

Interlocutor: Con eso no te digo que te persigas, simplemente estar alerta y ver en quien confiar.

 

Entidad: No tengo dudas de ello. Y eso no significa que me cierre con todos, por supuesto que no. Eso sería necedad, obviamente. Aparte no puedes prejuzgar a uno por la actitud de otro.

 

Interlocutor: La confianza se entrega en base al obrar del otro.

 

Entidad: Te agradezco enormemente tus palabras. Me siento mucho más desahogado y me voy en serenidad.

Gracias.

 

Interlocutor: Toda la Luz para ti. Espero que nos volvamos a contactar.

Hasta todo momento.

 

 


Sesión 19/12/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Luís Alberto

La entidad comenta que no tener autoestima impide apreciar valía de otros. Confundir lo sencillo con lo simple le hizo perder a alguien que quería.

Sesión en MP3 (2.592 KB)

 

Entidad: No he podido quejarme. Mis padres, Udo y Sara, son joyeros, me han dado todo. Preguntaréis, ¿me malcriaron? No, no, no. Es más; a pesar del dinero que tenían nunca me mandaron a un colegio privado, fui a una escuela pública en Cáposta, Magar. No me faltaron juguetes de pequeño, es más, tenía una habitación muy grande llena de todo tipo de juegos y me aburría, me aburría en mi soledad.

 

Recuerdo que de joven, de muy joven, conocí a Nandor. Nandor era, ¿cómo podría decirlo?, un niño que se maravillaba de lo que para mí era común, de lo que para mí era sencillo. Sus padres trabajan en la ropa, el papá era sastre y la mamá costurera. Nandor, lo que tenía, que era un buen amigo, pero quizá me llegaba a molestar de que el par de veces que le invité a casa miraba mis juegos aburridos como... como maravillado. Una vez estuve a punto de regalarle un juego y recordé las palabras de mi padre: "Nunca regales nada porque todo cuesta dinero".

 

Un día ya siendo más grande, teniendo doce años, le digo:

-Padre, tenemos dinero de sobra, ¿por qué tantas veces me has dicho "No regales nada", acaso somos mezquinos? -Se sentó, me hizo sentar enfrente de él y me dijo:

-Estos cinco minutos que te dedico a ti es pérdida de dinero para mí de estar trabajando en la joyería, pero me van a ser útiles. Mírame -Lo miré-, y préstame atención -Le presté atención-. A ver, Bela Xador, ¿cómo te sientes con tu estudio? -Me encogí de hombros.

-Me siento bien, soy uno de los mejores de mi curso.

-¡Ah! Y el día de mañana lo aplicarás en mi negocio. Trabajarás conmigo, no te faltará nada. -Pero lo que mi padre no entendía que ahora tampoco me faltaba nada pero no me sentía pleno, me sentía vacío.

 

Tenía muchos amigos, por interés, que me decían: "Invítame a tu casa a jugar con tus maravillosos juegos". El único que de alguna manera, dentro de lo admirado que se sentía por mi habitación de juguetes era Nandor Ferenc, pero sabía que él sentía aprecio por mi persona a pesar de que sabía que yo era muy reticente a los afectos. Las veces que me decía:

-Bela, eres el único en que puedo confiar.

Le respondía:

-Gracias, Nandor, gracias.

 

Pero a los trece años mi padre armó un tremendo negocio de joyería en un edificio torre, en Séntez, y nos mudamos de Cáposta, no lo vi más a Nandor.

Y allí fui creciendo. A mis dieciséis años conocí a Ada y a Aneska. Eran dos jóvenes distintas: Ada era solícita, buena, sé que gustaba de mí y a veces es como que me perseguía. Ada es de posición humilde, ¿no será que gusta de mí por mi dinero? Aneska era distinta, también era familia de plata, y era indócil, segura de sí misma, y eso me atraía de ella, pero no era accesible.

Empecé a salir con Ada.

 

Mis padres... mis padres eran como adolescentes; mi padre tomaba su coche convertible y salía con mamá como si fueran dos novios. No me disgustaba, lo importarte era no cruzarme con ellos en las discos nocturnas porque eran capaces de acercarse a mis amigos y hacerme pasar vergüenza, pues se comportaban como niños. Sí, esos serios joyeros de día, de noche eran como niños. Pero se llevaban bien padre Udo y mamá Sara.

 

Recuerdo la noche que llevé a Ada a casa y ¡je je!, nos besamos, nos abrazamos y más, se quedó a dormir hasta el día siguiente. ¿Si mi experiencia fue buena? Sí, fue buena, me sentía bien.

Pero muchas veces pensaba en Aneska, Aneska era distinta. Y es raro, se empezó a fijar en mí cuando me vio siempre en compañía de Ada.

Hasta que una tarde, en uno de los bares que iba con mis amigos, me habló:

-¿Qué tienes que hacer el fin de semana? -Me encogí de hombros. Nunca tenía compromisos, está bien que siempre salía con Ada pero no era algo obligatorio.

Le respondí:

-Nada, ¿por qué?

-Hay un museo que quiero que conozcas. -Accedí a ir con ella. Esa noche nos besamos y algo más. Y empezamos a salir. Cuando Ada se enteró me pidió explicaciones y le respondí:

-No tenemos ningún contrato firmado.

-Pensé que era algo implícito -me había respondió Ada.

-Implícito, ¿qué?, ¿que nos besamos?, ¿que hicimos el amor? ¿No fue algo que acordamos? -Y me di media vuelta y la dejé.

 

Con Aneska era todo un torbellino; íbamos a un lado, íbamos al otro, íbamos a bailar, íbamos a una sala de juegos de adultos, salíamos con otras parejas que yo no conocía.

Sí, es cierto que yo me cuidaba con la bebida, Ada tomaba en demasía. Recuerdo que una noche, en la disco, éramos como quince, prácticamente la disco era para nosotros, bailábamos en el medio de la pista. Aneska había tomado y tomado y tomado, y de repente bailaba con uno, bailaba con otro y se besaba con uno y se besaba con otro. La tomé del brazo y nos sentamos.

-¿Qué haces?, te estás besando con todos.

-¡Nos estamos divirtiendo!

-Pero eso no es divertirse -le dije-, te estás besando con todos, estás saliendo conmigo. -Y me respondió algo parecido a lo que yo le dije tiempo atrás a Ada:

-Estamos saliendo como amigos, la estamos pasando bien. O por lo menos la estábamos pasando bien, pero veo que eres un amargado. Yo no firmé nada contigo, cuando nos divertimos nadie es leal a nadie, muchas veces estuve contigo y esta noche puedo amanecer con quien yo quiera. -Me di media vuelta y me marché. Le dije:

-No me llames más.

-¿Para qué habría de llamarte? -me dijo, mientras yo caminaba hacia la salida.

 

Pero me sentí como estafado. Y al día siguiente pensaba, pero no en Aneska, pensaba en..., a ver..., me sentía estafado, ¿y cómo se habría sentido Ada para conmigo? ¿Acaso Aneska no estaba haciendo lo mismo que yo hice con Ada?

Traté de no llamar a Ada porque era como... como rebajarme, como ser menos, al fin y al cabo yo era Bela Xador, el hijo de los joyeros, ¿cómo iba a buscar a Ada?

Me crucé varias veces en distintas discos con Aneska y su gente, básicos, vacíos, con mucho dinero y con nada en la cabeza, y me preguntaba "¿Y yo cómo era? En la primaria había sido el mejor en el curso y después de los trece, cuando mis padres se mudaron a Séntez y dejaron Cáposta, ¿cómo... cómo fue mi vida? Estaba a punto de cumplir diecisiete y yo mismo me sentía tan vacío como los amigos de Aneska.

Y me daba cuenta de que no me quería, me daba cuenta de que mi autoestima estaba por el piso. Es más, me daba cuenta que había elegido a Ada -porque estúpidamente, lo reconozco, estúpidamente la sentía menos que yo-, porque tenía menos dinero, y me daba cuenta que era una enorme tontería medir a la gente por lo que tiene y no por lo que es.

 

Ahí fue cuando la empecé a valorar. Estaba tan envuelto en mis roles de soberbia que ahí vino lo que es la añoranza, el extrañarla.

¿Si Ada era bonita? Era distinta, no tenía esa elegancia artificial de Aneska, era más natural, más ella, más sencilla, entendiendo que sencilla no significa simple. Y ese fue mi error, yo confundí sencillez con simpleza. Recuerdo que me crucé con Ada. a los pocos meses, y estaba en compañía de un joven, un joven que parecía respetuoso, que la llevaba de la mano pero muy cortés le corría la silla cuando se sentaba a una mesa, se pedían una bebida en el bar.

Yo, del mostrador los miraba y hubiera querido estar en el lugar del joven. Pero me enceguecí o me encandilé con el brillo artificial de Aneska, un brillo de mentira, toda ella era artificial. Y ahora era imposible para mí enmendarlo, todo por confundir lo sencillo con lo fácil, por prejuzgar, por valorar mal a las personas por lo que tienen y no por lo que son.

 

Pero recién a los diecisiete años, muy joven todavía, había aprendido el error y esperaba no repetirlo en el futuro, pero lucharía por revertir la situación con Ada. Pero ahora ella salía con otra persona, y Ada no era Aneska, que a la noche, a la disco, bebida, pasada de alcohol, le daba lo mismo dormir con uno o con otro. Me di cuenta de que la vida me sacudió jovencito como para que aprendiera la lección.

¿Cómo podría lograr de vuelta el amor de Ada si ni siquiera me sentía seguro de mí mismo? Por algo al comienzo no me atreví a encarar a Aneska, me parecía que era mucha mujer para mí. Después me di cuenta que era un resplandor sin importancia, mucho después me di cuenta.

 

Lo conversé con varios amigos, sin nombrar a Ada, diciendo qué me pasaba con determinada chica. Me respondían:

-Bueno, Bela, hay muchas chicas en todo Magar, son las chicas más lindas de todo Gaela. -Sí, sí, pero no en los lugares que yo frecuentaba, tendría que cambiar la situación.

Uno de los jóvenes me dijo:

-¡Tanto problema por una chica, Bela! Acepta las cosas como son pero empieza primero por ti.

-Espera, no te entiendo, ¿en qué sentido primero por mí?

-Es como que dudas de todo, es como que dudas de ti mismo. Conocí a tus padres son redivertidos.

-Son infantiles -le dije.

-No son infantiles, son redivertidos, son gente entre cuarenta y cincuenta años y se comportan como si fueran jóvenes. Me encantan. Ojalá mis padres fueran así y no tan aburridos.

-Pues a mí no me gusta que sean así, no sé, es como que tengo exacerbado el sentido del ridículo.

-¡Ay, Bela, Bela! Empieza por aceptarte a ti mismo.

 

Me quedé con esas palabras. Este amigo no era alguien que me conocía tan profundamente y sin embargo me dijo la verdad, empezar por aceptarme a mí mismo para después lograr que otras personas me acepten. ¡Ja, ja, ja!

¡Vaya trabajo!, vaya trabajo que tenía por delante. Me imaginaba como una estatua de mármol y me imaginaba un doble de mi persona, yo mismo con un mazo y un cortafierro haciendo de escultor y yo mismo siendo la estatua. ¿Cómo haría para no dar un mal golpe y que el mármol se fracture? ¿Cómo haría para crecer interiormente sin quebrarme? Una tarea nada fácil, pero tendría que dar el primer paso, si me quedaba parado nunca iba a avanzar.

 

Gracias por escucharme.