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Psicoauditación - María G.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 13/10/2016

Sesión del 12/06/2018

Sesión del 30/08/2018


Sesión 13/10/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de María G.

En un mundo al límite del Universo penetraban entidades del Caos a alimentarse de la energía de los seres de la Creación. La entidad y el mejor psicoanalista del planeta relatan cómo ocurría y lo que percibía la gente.

Sesión en MP3 (2.623 KB)

 

Entidad: En distintas vidas estuve lidiando con algo que tenía en mi interior, supongo que en mi mente, algo que se dividía en infinidad de fracciones las cuales manejaban y manejan aún hoy mi vida como si yo fuera un títere de esas fracciones, hoy las llamáis roles de ego.

 

Recuerdo una vida como Sotela, era maestra. La civilización de nuestro mundo era similar a nuestro actual siglo XXI de Sol 3. Teníamos dos satélites, ya los habíamos conquistado de la misma manera que pasada la mitad de nuestro siglo XX conquistamos nuestra luna, si se le puede llamar de esa manera. A diferencia de Sol 3, en nuestro mundo -al que desde la más remota antigüedad se lo había llamado Términus, un nombre muy similar a vuestro latín. Desde la antigüedad no existía lo que vosotros llamáis religión pero había un miedo, un miedo en lo que hoy llamáis inconsciente. Hubo mucha gente que desde la antigüedad tenía ataques de locura, sentía voces dentro de su cabeza, o estaban solos en una habitación y tenían visiones sobre seres que ya habían muerto.

Nosotros creemos, en Términus, que existe el espíritu. Es más, uno de los mayores analistas humanos, lo que hoy en vuestro mundo se llamaría psicoanalista, quizás el más grande analista humano de Términus, Máximo, explicaba que existía un mundo espiritual con distintas categorías de seres conceptuales y quizá los seres más densos eran los que se dejaban visualizar ante nuestros ojos en formas horribles, horripilantes.

 

Recuerdo que yo había perdido a una hermana en un accidente de carro en una autovía hace años atrás, era la única familia que me quedaba, Mariela, la extrañaba muchísimo. Un fin de semana estaba cansada, tenía los ojos pesados, ya se habían marchado los alumnos y me iba para casa, vivía en las afueras de la ciudad. A mis treinta y seis años, a diferencia de muchos, rara vez había sentido voces y jamás había visto nada fuera de lo normal. Cuando llego a casa encuentro la luz encendida y sentada en una de las sillas estaba sentada Mariela, delgada, con el rostro chupado.

-¿Por qué me has dejado ir Sotela? -Me quise acercar para abrazarla y me dijo: ¡No!, no me toques, me has dejado ir.

-Pero Mariela, tú estás muerta.

-¿Cómo sabes? ¿Me has ido a ver? ¿Has visto mi cadáver?

-Me aconsejaron que no, me dijeron que no porque estabas muy lastimada, me iba a hacer mal, sabes que yo soy muy vulnerable a las emociones. Fíjate que en el colegio a veces los adolescentes me hacen llorar, soy muy vulnerable.

Pero Mariela, dura: -Y si no me has visto, ¿cómo sabes que era yo?

-Porque era tu carro, tu número de chapa, el camión había perdido los frenos y te embistió. Tu carro cayó de la autovía, quedó destruido, tuvieron que cortar las chapas y sacaron tu cuerpo en partes.

-Pero tienes dudas. Y así me quieres, así me extrañas. -Caí de rodillas.

-¿Pero dónde has estado todo este tiempo?

-¿Ahora te preocupas?, ¿ahora? Mira mi cara.

Miré sus ojos. Sus pupilas, dilatadas, empezaron a caer gotas de sangre por sus ojos y por su nariz. Mi mente se nubló y caí desmayada.

 

No sé cuánto tiempo estuve sin sentido. Me desperté en la oscuridad, recordé el episodio y me sobresalté, corrí y presioné el botón, la luz inundó el lugar, la silla estaba acomodada, no había rastro de Mariela. ¿Eran roles de ego esas entidades espirituales que hablaba el analista humano Máximo? No era sencillo contactarse con Máximo pero tenía un amigo, Irdino, que a su vez conocía a Justo, uno de los mejores informáticos de Términus, cuatro años menor que Máximo, Justo era su hermano menor. Por medio de Irdino, el fin de semana me comuniqué con Justo quien a su vez me contactó con Máximo.

 

Máximo era bastante alto, más de un metro ochenta, cabello oscuro, tez morena, ojos oscuros. Le conté el episodio y le expliqué. Su teoría es que hay seres espirituales negativos.

Máximo me dijo:

-Por favor Sotela, toma asiento.

Se sentó enfrente mío y mirándome fijo me dijo:

-Creo que en este caso es algo más grave.

-Por favor Máximo, no me asuste.

-Mi intención no es asustar, mi intención es divulgar lo que está pasando. ¿Te gusta de noche ver las estrellas? -Asentí con la cabeza-. ¿Sabes que cada una es un Sol -Asentí nuevamente-, y que tienen sistemas planetarios? ¿Pero qué ves? ¿Qué ves?

-Veo miles y miles de estrellas -respondí.

-Muy bien. ¿Qué ves cuando miras a tu derecha?

-Nada, oscuridad.

-¿Y cuando miras a tu izquierda?

-Miles, quizá millones de estrellas.

-¿Sabes que esas estrellas conforman una Galaxia? -Asentí-. ¿Sabes por qué los antiguos, a este mundo le pusieron Términus? -Me encogí de hombros mostrando ignorancia-. Entiendo que le pusieron así porque es un planeta terminal.

-¿En qué sentido? -inquirí.

-En que estamos en el borde de la Galaxia, en el borde de lo que es la Creación.

-¿Y qué hay más allá?

-Absolutamente nada, el vacío más puro y absoluto, pero moran entidades.

-¡Ahora entiendo! Yo soy maestra pero me especializo en historia, desde siempre la humanidad ha tenido miedo a los etéreos, como se llamaba a esos seres invisibles que se metían en nuestra cabeza, en nuestros sentidos.

-Bueno, esos etéreos existen más allá de la Galaxia.

-Quiero preguntar algo.

-Adelante, Sotela.

-Si el Universo está compuesto por millones de galaxias, ¿por qué hacia nuestra derecha no se ven más galaxias?

Máximo hizo una pausa y dijo:

-Porque este mundo, como otros tantos del borde, no está solamente en el borde de la galaxia sino en el borde del Universo.

 

Sentí como náuseas en el estómago, como cuando tú estás en un lugar muy alto y miras hacia abajo y sientes como un vértigo y te tienen que sostener. Por suerte estaba sentada.

 

Máximo intuyó mi pensamiento y se adelantó a mi pregunta.

-Tú pensarás: ¿Si los etéreos moran en esa oscuridad absoluta por qué los sentimos en Términus? Porque se alimentan de nuestros miedos, de nuestros temores, de lo que tú llamas esas partículas que te manejan y te manipulan.

 

La respuesta de Máximo no me dejó tranquila, quedamos en que nos veríamos de nuevo. Antes de irme conversé con su hermano menor, con Justo, era de rostro más delgado, a pesar de ser menor tenía algunas canas, los ojos eran un poco más claros y luego hablé con Irdino. Irdino era más joven, más relleno de cuerpo, intranquilo, siempre su mente ocupada con las cuentas pero tanto Irdino como Justo sabían la hipótesis de Máximo, que los etéreos que durante miles de años han atormentado a esta humanidad en Términus moraban allí, en esa oscuridad más allá del Universo. O sea, que no sólo teníamos que lidiar con esas partículas, a las que hoy llamáis roles del ego, sino que encima esos mismos roles que fomentaban nuestros temores eran un festín para esos etéreos. Pero antes de irme, Máximo dijo: -Podemos impedir que nos atormenten.

 

Y me quedé con esa... me quedé con esa esperanza. Me quedo con esa esperanza de que esas partículas llamadas roles se integren y dejemos de ser vulnerables para que nada suprafísico nos atormente.

 

 

Nota: Los seres llamados etéreos en aquel lugar son los aquí llamados primordiales. Aunque están referenciados en Grupo Elron desde 1999. Hasta la Sesión con el Maestro Morgan-El y con Johnakan Ur-El no se empezaron a estudiar convenientemente.

 

 


Sesión 12/06/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de María G.

En Umbro era niña y sus padres eran déspotas, pero si por sus padres era físicamente flagelada, por su hermana era psicológicamente lastimada. Por su carácter se acostumbraba a ello.

Sesión en MP3 (3.020 KB)

 

Entidad: Los engramas son implantes causados por diversas emociones que a su vez son frutos del ego, emociones provocadas por malas elecciones, por situaciones incómodas, por situaciones muy difíciles, por vivencias extremas aunque generalmente los engramas son provocados por terceras personas que nos pueden llevar a un abismo de sensaciones. Hay una vivencia que voy a tratar de relatar de una manera objetiva para evitar emociones perniciosas y a su vez evitar dañar al receptáculo puesto que siente lo mismo que siente el rol al relatar, al sentir, al vivenciar distintas situaciones.

 

Mi nombre era Melisa, decían que tenía poco carácter. Yo creo que mi problema era más de timidez, creo que mi problema era de baja estima. Y había una razón; vivíamos en la zona desierta, una zona donde había varias poblaciones pero pocos viajeros se animaban a atravesar el desierto, aparte no sabían montar los drómedans.

Tenía una hermana dos de vuestros años más grande que yo, Randora. Nuestros padres, ¡mmm!, cómo lo podría decir, trabajan con el comercio de pieles de animales y si bien la región donde vivíamos era salvaje no justificaba el trato que nos daban. Me corrijo, el mal trato que nos daban. Cualquier error, el poner una taza de bebida espumante fuera de lugar, el no llenar bien un plato de guisado, para padre ya era un indicador de recibir una bofetada. Pero como decís vosotros en Sol 3, el ser humano es un animal de costumbre y al igual que vuestras ovejas, porque no voy a endulzar el relato, al igual que vuestras ovejas nos acostumbrábamos, por lo menos yo, Randora era más rebelde. Como vuestro refrán de un gran maestro que dice que la oveja se acostumbra, el lobo se adapta. Por lo tanto la oveja se somete, el lobo no.

 

Obviamente éramos niñas, no nos quedaba otra que someternos a la crueldad de padre y a la tolerancia de madre para con padre. Padre nos daba una bofetada y madre miraba para otro lado. ¿Lo justificaba? Quizás. ¿Entre ellos se llevaban bien? Quizá. No discutían. No discutían porque madre asentía en todo, padre era el que llevaba la voz cantante. ¿Si hacíamos trabajos arduos? Sí, por supuesto. Caminábamos doscientas líneas hasta el pozo más cercano para acarrear agua. Caminábamos tres mil líneas, había ¡oh, milagro!, un pequeño bosque y traíamos leña. No teníamos callos en las manos, directamente, a veces teníamos la manos sangrantes del trabajo pesado que hacíamos. ¿Quejarnos? No, jamás. ¿Que tuve engramas? ¡Buf! ¿Qué puedo decir? Obvio que el mal trato te produce engramas.

Pero voy más allá. Necesitaba amor, comprensión, entendimiento, cómplices, pero cómplices en el buen sentido porque para vosotros cómplice es una mala palabra, es alguien que se asocia con otro para cometer un delito. No, no, hablo de el compinche, el cómplice para poder dialogar, para poder contar lo que uno siente aunque sea sufrimiento. "¡Bueno pero tenéis a vuestra hermana Randora!". Imposible. Randora era cerrada, osca, hablaba con monosílabos, como si... Me voy a corregir después de la frase esta, hablaba con monosílabos como si el castigo no le afectara. Y ahora me corrijo: Sí, el castigo le afectaba y se cerraba más, como una de vuestras ostras. Entonces, era imposible entender lo que pensaba. ¿Si su cara reflejaba odio? No, era neutra. ¿Reflejaba sufrimiento? No, tampoco. Yo, al contrario, era un libro abierto, se me notaba desganada, sufrida, dolorida, molesta y eso me perjudicaba porque era blanco de las bofetadas de padre.

Hubo algo que colmó la nada paciencia de padre. Llevé una mulena para cargar más leña. Pisó mal, no me preguntéis por qué, se mancó la pata delantera. Padre me hizo sacar toda la ropa de abrigo, porque era invierno, y en medio del patio me dio veinte latigazos. ¡Las marcas, la sangre que me corría por la espalda!

¡Sorpresa! Por primera vez madre dice:

-Déjala, hay que curar a esa niña.

 

Y sí, me acostó en mi catre boca abajo y me tiró un puñado de sal gruesa en las heridas. Honestamente, no llegué a desmayarme del dolor, fue una de las pocas veces que madre me atendió. Me limpió las heridas con agua tibia y de una caña sacó granos dulces, muy similar a vuestro azúcar, que es coagulante, y me la puso en las heridas, en las distintas rajaduras de la espalda.

No me podía poner ropa, se me pegaba a la espalda, estaba aterida de frío pero prefería soportar el ardor de la manta en la espalda que el frío tremendo que hacía en mi habitación. ¿Si Randora se compadeció de mí? No, lo único que me dijo:

-Tienes que aprender a no ser tan torpe.

 

¡Jo!, vaya palabra de aliento, vaya palabra de aliento de mi hermana. No es consuelo. Y no me prejuzguéis, no me prejuzguéis. A la semana siguiente cometió un error Randora y le dieron latigazos, padre era especialista en esto, no tantos como a mí, cinco o seis latigazos nada más. ¿Si Randora se quejó? No, en absoluto. ¿Lloró? Menos. ¿Le tiró padre sal gruesa en la herida? Sí, era perverso. ¿Se quejó Randora? Para nada. Es más, no permitió que madre la lavara con agua tibia y le pusiera esa especie de azúcar coagulante. Lo único que dijo:

-Esto va a cicatrizar tarde o temprano.

Admiraba de alguna manera el coraje que tenía Randora. ¿O era rencor, odio, ira, ira silenciosa disfrazada de coraje? No sé, no sabría decir.

 

Cuando cumplí catorce de vuestros años, dieciséis años Randora, nos mandaron por única vez hasta un poblado cercano a buscar elementos en grandes almacenes. Tardamos casi medio día en volver y nos encontramos con la sorpresa de hallar tendidos el cadáver de nuestros padres. Me abracé al cadáver de mamá, lloré, lloré, lloré, lloré, lloré, mis ojos eran como un grifo que perdía, de tantas lágrimas que corrían por mi mejilla.

Levanté la vista y miré a Randora: Un rostro pétreo, ni una sola lágrima. -Hay que ir hasta el poblado, hay autoridades que se ocuparan de esto e investigarán quien ha asesinado a nuestros padres. Y que investiguen qué falta en la casa porque algo deben haber robado, si no no se explica la causa de la muerte de ellos si no es por un robo.

 

Vinieron las autoridades, un hombre grande y otro más joven, que eran la ley del poblado y varias personas más. Curiosos, más que otra cosa.

Una mujer dijo:

-Son niñas, no pueden estar solas.

Pero Randora tenía respuesta para todo.

-En el poblado tenemos un tío y un primo, vamos a vivir con ellos.

 

Ellos, que eran mayores -el tío viudo tenía cerca de cuarenta y cuatro de vuestros años y el primo veinte y dos de vuestros años-, fueron los que heredaron la propiedad de nuestros padres, nosotras el hecho de ser menores nada. De todas maneras más de una vez vi las alforjas de Randora y me sorprendió ver un montón de metales plateados y dorados. Nunca me atreví a preguntarle de dónde los sacó. Yo sabía que padre y madre tenían muchísimos ahorros desde antes de que nosotras naciéramos y pensé que los asesinos se habían llevado todos los metales. Me sorprendió ver que Randora tenía metales guardados, quizá cuando padre estaba trabajando ella hurtaba de a poquito algún que otro metal para que padre no se dé cuenta, lo cual me parecía raro porque padre todas las noches contaba los metales como esas personas mayores que cuentan metal por metal, metal por metal para... para nada, porque piensan que quizá con la mirada ese metal se va a duplicar. ¿Ignorancia no?

 

Tío era una persona bonachón, nada que ver con nuestro padre, su hermano. Supongo que él sabría de los malos tratos que teníamos pero no dijo nada.

En el poblado era comerciante. No nos hacía trabajar, comíamos abundante comida. El que era un poco cerrado era nuestro primo, más misterioso, por así llamarlo. A veces salía a pasear por el poblado con Randora y hablaban entre ellos. A mí nunca me llevaban, como si fueran cómplices de algo pero no como dije al comienzo, en este caso cómplices para hacer daño, pero nunca observé nada extraño.

El ser humano es una persona tan rara, tan rara porque me costaba acostumbrarme a vivir en el poblado donde había gente a cada rato. Nosotros estábamos a tres mil, cuatro mil líneas del poblado y no me terminaba de acostumbrar. La cama era mucho más calentita que el catre que teníamos en casa de nuestros padres, las ventanas tapiadas, no entraba frío. Tendría que decir "¡Oh!, pero esto es el paraíso comparado con el infierno donde vivíamos antes", pero tenía como una especie de melancolía. Pero ¿qué era tonta yo?, ¿extrañaba el frío, el mal trato, los latigazos?

 

A veces no entiendo al ser humano porque no me entiendo a mí misma, no termino de entenderme. Me dan algo mejor, puedo salir adelante y extraño ese pasado obtuso, negativo, un pasado terrible. Es para darse la cabeza contra la pared. Es como que nos negamos a veces a aprender, nos negamos a veces a subir ese escalón que nos va a mostrar la luz con más claridad.

Pero hablo por mí, no hablo por Randora, su rostro no dejaba ver si estaba mejor, si estaba peor, si estaba igual; a ella le daba lo mismo, su rostro era igual.

 

Pero una tarde en uno de los armarios de nuestro primo vi una especie de metal plateado con una raya como que ya lo habían fabricado un poco defectuoso y mi corazón empezó a palpitar más fuerte y más fuerte y más fuerte y me agitaba y me costaba respirar porque ese metal era como una especie de amuleto que tenía papá. ¿Por qué lo tenía nuestro primo?

No, no me quedé callada, tampoco lo confronté. Se lo conté a Randora y Randora me gritó:

-¿Te piensas que es el único metal con fallas? ¡Por qué no aprendes a mirar!, tejes tantas historias en tu mente... ¿Quieres volverte loca con tus historias raras? ¿Qué piensas, qué el primo es uno de los asesinos? -negué con la cabeza-. Habla.

-No, no, simplemente me sorprendió.

-Bueno, cállate entonces. Cállate, Melisa, y deja de pensar tonterías -Bajé la cabeza- y ayuda al tío a servir la comida.

 

Randora no iba a poner un plato ni que se cayera de rodillas, es como que yo era la esclava de la casa ahora, un trabajo que antes tenía el primo. Aunque ¿trabajo?, eran dos hombres, ahora éramos cuatro.

Randora le dijo al tío:

-Para que no te ocasionemos gastos voy a trabajar contigo en los almacenes. -El tío aceptó.

-¿Voy yo? -le dije, también.

-No -dijo Randora-, tú te quedas acá, limpias la casa. Cada uno tiene que servir en lo que sabe y tú sirves para eso y yo para atender a la gente.

 

Me sentí como dejada de lado, me sentí como lastimada por mi propia hermana. ¿Si el desdén de mi hermana hacia mí me provocaba tanto dolor como los latigazos de padre de tiempo atrás? Otro tipo de dolor, otro tipo de cicatrices. Las otras quizá con el tiempo se curaban, éstas... ¡Ja, ja, ja! Estas eran más difícil.

 

Voy a tomar un poco de aire y dejar descansar a este receptáculo que me alberga, no quiero provocarle más dolor de pecho del que le estoy provocando.

 

Gracias por escuchar.

 

 

 


Sesión 30/08/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de María G.

Quedó con su hermana cuando mataron a su familia pero no se entendía con ella y marchó para cambiar de entorno. Encontró gente que le dijo quién era su hermana.

Sesión en MP3 (3.486 KB)

 

Entidad: Es cierto que a veces pecamos de ingenuas o quizá no, quizá confiamos en la gente de nuestro entorno porque son quienes conocemos. Ahora ¿qué es más cercano que una hermana? Tenía catorce años cuando asesinaron a nuestros padres para robarles. Crecimos huérfanas.

Mi hermana me dice:

-Melisa ¿por qué lloras?

-Hemos sido maltratadas...

-Y lloras, ¿lloras de verdad o eres hipócrita? -Mis lágrimas impedían ver bien el rostro de Randora.

-¡Cómo voy a ser hipócrita! -Sentía como que algo me desgarraba dentro mío del dolor.

 

Fuimos a vivir con el tío y un primo. No es que sea cien por ciento intuitiva, era una joven que creía en la gente pero además creía en quienes tienes cerca porque normalmente son los que te aman, los que tú amas. Y me entero de que un jinete, un desconocido, mató a nuestro primo porque estaba a punto de ultrajar a mi hermana. ¡El primo! No es que lo conocía tanto pero me parecía un ser tan tierno, en el sentido de que no te negaba nada y estando juntos nunca vi que le faltara al respeto. Me sentía tan confundida... Y Randora llorando y llorando. ¡Ay! El tío, pobre, no sabía si consumirse de dolor o consolar a Randora.

 

Pero después fui creciendo y no terminada de entender el comportamiento de Randora tan frío, tan calculador, ¡era mi hermana! Y como decís vosotros, fui atando cabos, no me cerraba, esto es, no terminaba de encajar el rompecabezas con el asesinato de nuestros padres, cómo que había algo malévolo planificado, no me terminaba de cerrar lo del primo.

 

Randora trabajó con el tío y yo me quedé en casa haciendo las cosas del hogar: limpieza, preparar la comida. A ver, a mí siempre me gustó la gente directa pero Randora no es que era directa, era hiriente: "A ver, Melisa, ya que no sirves para otra cosa, por lo menos cocina, limpia. Espero que por lo menos eso lo sepas hacer.

Y después murió el tío, no sé si fue por algo que comió. Nunca me quedó en claro eso. Randora quedó al cargo de todo por ser dos años mayor que yo y fue cuando empezó a tratarme, no digo mal porque ya me trataba mal. Y mientras Randora estaba con el tío en el trabajo, yo a veces colaboraba en algunos vecinos en mis ratos libres y me daban unos metales y junté bastantes metales. Sí, sí. Y honestamente quería irme, quería irme del poblado, había perdido a mis padres, al tío, al primo. Y mi hermana ¡je, je, je! sólo era de nombre, honestamente sólo era de nombre. No, no podía decir, no podía decir que nos llevábamos bien, directamente me daba cuenta que yo era una molestia para ella. Y de repente es como que la luz me vino a mi mente: mis padres eran una molestia para ella, mi primo era una molestia para ella, mi tío era una molestia para ella. ¿Cómo terminaron? Entonces cogí los metales los guardé en una alforja y en el momento de más trabajo de mi hermana ensillé un hoyuman, monté el equino, en una segunda alforja llevé ropa de repuesto y los metales entre mis ropas y me marché. No voy a relatar ahora lo que llegó a continuación, que fue muy muy tremendo.

 

Fui de poblado en poblado, trabajé en distintas posadas tuve la suerte de que he tenido patrones que me respetaron. Era buena mesera, me daban propinas y trataba de ahorrar lo más que podía. Y mientras iba creciendo escuchaba rumores sobre mi hermana, que verdaderamente era muy dañina, tremendamente dañina. Y mi rompecabezas se terminó de armar porque fui averiguando, porque fui investigando, porque fui atando cabos y me di cuenta que de alguna manera, porque sin pruebas todo son hipótesis, pero ella había sido responsable de todas las muertes. ¿Por qué? No hay una explicación del por qué. Hay gente que da la vida por un ser amado y hay gente que le quita la vida a un ser amado. ¿Que por dentro somos iguales? No, ni por fuera ni por dentro somos iguales. Pero cómo, ¿aquel que está más allá de las estrellas no nos hace iguales a todos? Evidentemente no; hay gente que vive para ayudar, hay gente que vive para dañar.

 

En lugar de ir al norte donde decían que allá estaba el futuro, que había en la zona ecuatorial lugares para trabajar donde pagaban más metales, fui al sur, y había un poblado de mujeres que trabajaban la tierra pero a su vez eran guerreras. Me aceptaron. Les pregunté si eran las famosas amazonas de las que todo el mundo hablaba.

-No. Existen esas amazonas -me dijo una de ellas-, están muchísimo más al sur, más de cien amaneceres de viaje pero no les tenemos nada que envidiar. A diferencia de ellas nosotras tratamos con todos pero sabemos defendernos. Además, no tenemos nada contra los varones, nos juntamos con ellos pero nuestra comunidad es exclusivamente de mujeres.

 

Y aprendí dos cosas: aprendí el uso de la espada y lo más importante, aprendí a respetarme.

Ya tenía dieciocho de vuestros años, habían pasado dos desde que me marché y cuatro desde que había quedado huérfana de padres y me quedé cuatro años con esta comunidad. Cuando me fui hacia el norte ya no era Melisa la soñadora, era Melisa la que se respetaba a sí misma, la que se hacía valer, la que había aprendido a decir 'No' cuando era no, la que había aprendido a poner un 'Alto' cuando debía hacerlo. Así que a mis veinte y dos años me fui para el norte, le dije a la comunidad de mujeres:

-Han hecho muchísimo por mí, no las olvidaré.

Me respondieron:

-Eres hermosa por fuera y por dentro, tampoco te olvidaremos. Al contrario, esperamos volverte a ver. -Asentí con la cabeza y me marché.

 

Había aprendido a labrar la tierra, había aprendido muchísimas cosas, pero como dije antes lo más importante, además del arte de la esgrima era respetarme a mí misma. Y pasaron años y años y años, que como dije antes no voy a relatarlos, no ahora.

Hasta que en un camino me encontré con una mujer hermosa que perseguía en su equino a una niña hasta que la alcanzó y tomó las riendas de su hoyuman. No vi peligro para la niña, al contrario, daba la impresión que el caballo de la niña estaba debocado y la joven la frenaba. -Me presenté.

Me dijo:

-Me llamo Marya.

-¿Quién es la joven? -inquirí.

-Se llama Ciruela, tiene visiones.

La niña habló:

-No, no son visiones, puedo ver, puedo ver lo que va a pasar. Y si toco a una persona, más.

Pregunté.

-¿Eso es un don? -la joven habló.

-Tiene dones muy peligrosos, tiene poderes.

En ese momento la niña acercó su equino al mío y me tomó de la mano, sentí como una especie de cosquilleo en mi mano.

Me miró.

-Lamento lo que te ha pasado.

-¿Qué?

-Lamento lo que te ha pasado -repitió la niña.

-¿Qué me ha pasado?

-Has perdido a tus padres, los han matado. A tu primo lo han matado, a tu tío lo han matado.

-No, al tío... parece que murió de un problema estomacal, no sé.

-No, lo han matado. Y tienes una hermana.

-Sí, así es, tengo una hermana -asentí. La niña rompió en llanto-. ¿Qué pasa?

-No puedo ver su figura, veo como algo negro como algo oscuro. Ella es oscura,

Le pregunté:

-¿A qué te refieres con oscura? No es de la comunidad de los oscuros que están al norte cerca del mar.

-No, no, no -dijo la niña llorando-, oscuro es su interior, ella es la muerte, es la maldad pura

La joven bella la reprendió: -Ciruela, no le digas así.

-¿Es cierto que tienes una hermana?

-Así es -asentí-, pero la niña no se equivoca, es cierto que es perversa pero hace muchísimo, muchísimo tiempo que no la veo y me enteré de tantas cosas en distintos pueblos... Mi hermana se llama Randora y me enteré que ha cometido tropelías en distintos poblados, vengo siguiendo sus pasos.

La joven me miró y me dijo:

-Y si la encuentras ¿qué piensas hacer?

-No sé, honestamente no sé.

La niña me miró y exclamó:

-¡Quieres matarla! Quieres acabar con el mal, pero tienes un corazón dulce, tierno, no puedes hacerlo porque al fin y al cabo es tu hermana. Hay una lucha interna en ti, sabes que es el mal pero no la puedes matar. -La niña me sorprendía, con sólo tocarme sabía todo eso.

De repente como que puso los ojos en blanco y se puso a gritar:

-¡Van a perder la batalla, van a perder! Tengo que ir, déjame ir, Marya.

Le pregunté a la joven:

-¿De dónde eres, Marya?

-Soy la prometida del rey Anán, estamos esperando porque unos soldados fueron a buscar al príncipe, al príncipe Gualterio.

-¿El rey Anán?, es conocido. ¿De qué batalla está hablando la niña?

-Hay un señor llamado Andahazi que se considera el amo de toda Villa Real y quiere apoderarse de toda la región. Tiene más de veinte reinos que lo apoyan y pocos reinos que intentan frenar su expansión. Ven con nosotras a nuestro castillo, está lloviendo fuerte y está frío.

-Está bien, no me vendrá mal un poco de comida caliente.

La joven Marya le dijo a la niña Ciruela:

-Volvamos, está lloviendo fuerte, te va a hacer mal.

-No, no.

-Te llevaré obligada. -Tomó las riendas del equino de la joven y ese momento qué hizo la niña: levantó la mano, el caballo de Marya se encabritó y la tiró al suelo. La niña aprovechó ese momento para partir al galope. Desmonté rápidamente para socorrer a la joven Marya, afortunadamente no se había golpeado mucho.

-¿Estás bien? -asintió que sí.

-¿Me habías dicho que te llamas Melisa?

-Así es.

-Ven conmigo entonces, vayamos al castillo.

-¿Y qué pasa con la niña? -pregunté.

-Es imposible obligarla, tiene poderes, poderes tan grandes que puede hasta que una persona se incinere por dentro y se prenda fuego. Y esto de hoy es nuevo, no sabía que tenía ese don de poder no solo percibir lo que va a pasar al otro lado si no también al tocar a alguien saber lo que le pasó en su vida.

-Está bien, ¿pero a dónde irá la niña? -La joven Marya se encogió de hombros pero no porque no le importara sino porque estaba impotente, no podía hacer nada por la niña. Dijo:

-Supongo que irá al frente de batalla.

-¡Pero deliraba!

-No sé si era un delirio o una percepción, pero decía que los buenos estaban perdiendo la batalla.

-¿Los buenos? -pregunté.

-Claro, soldados de mi prometido, ardenios, oscuros, bárbaros que apoyan al guerrero Aranet combatían contra ese tirano y según esta niña estaban perdiendo.

 

En ese momento no me preocupaba tanto por la batalla sino por lo qué pasaría con la niña, una tremenda tormenta con rayos, una fuerte lluvia, un clima muy, muy frío y la niña supuestamente desprotegida. Marchamos al trote largo hacia el castillo del rey Anán, el prometido de la joven que iba a mi lado.

 

Gracias por escucharme.