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Psicoauditación - María Martha

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 23/11/2012

Sesión del 13/03/2013

Sesión del 29/04/2013

Sesión del 12/08/2013


Sesión 23/11/2012
Médium: Jorge Raúl Olguín
Interlocutor: Karina
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de María Martha

Explicó que su 10% se siente como perdida porque el entorno que la rodea cambió. Es preciso adaptarse a los cambios para seguir avanzando. Animó a su 10% a ser tolerante con quienes aún están por despertar. Por último, comentó que ahora es más prudente con los proyectos porque no sabe cuáles podrá sacar adelante y cuáles no.

Sesión en MP3 (1.953 KB)

 

Interlocutor: Bienvenido...

 

Entidad: Gracias.

 

Interlocutor: ¿Cómo te encuentras?

 

Entidad: Con un cansancio conceptual.

 

Interlocutor: ¿Por qué?

 

Entidad: Tuve la fortuna de que en distintas vidas he vivido mucho pero tuve el infortunio -qué irónico, ¿no?- de que a su vez en muchas de esas vidas he sufrido mucho y a veces es como que la vida se me hacía demasiado larga. A veces el vivir y entender que tu mente se siente joven y ver que tu cuerpo ya no es tan joven te hace permeable, hace que te invada cierta melancolía, hace que te vuelvas vulnerable y hace que no reconozcas lo actual, porque ves, porque percibes cómo todo ha cambiado. Y yo no voy a caer en el común denominador de pensar que todo tiempo pasado fue mejor porque en esta época tenemos una medicina que salva vidas que cuando yo era pequeña no había, aparatos que de pequeña ni hubiera soñado. De pequeña teníamos una radio que era lo único que nos llenaba el momento. ¿Quién hubiera pensado que luego vendría la televisión, las computadoras, aparatos de teléfono que te caben en la palma de la mano y que te puede comunicar a miles de kilómetros? Pero se perdió la naturalidad.

 

Interlocutor: El mundo ha evolucionado mucho pero el tema de los valores y todo...

 

Entidad: No, no hay valores.

 

Interlocutor: Respecto a la evolución interior del ser humano está bastante cuestionable. ¿Qué recomendación le darías a tu 10% para poder afrontar mejor estos tiempos?

 

Entidad: Mira, es verdad que en mi región la mujer estaba mucho más condicionada que el varón pero tú te acostumbrabas al respeto, en la mesa principalmente. En la mesa había un respeto... pero era acostumbrarte a disfrutar de la comida en familia. Quizá es el añorar, porque a medida que uno fue siendo adolescente molestaba a veces la firmeza y el maltrato de los adultos pero, inconscientemente, sabías que ellos también habían sido educados así por sus mayores, y a veces me molestaba esa injusticia del trato distinto entre la mujer y el varón. Pero hoy, viéndolo en la distancia del tiempo, obvio que todo es distinto, no existe más la cortesía, la caballerosidad, el mundo está muy revuelto; el trato es más de confianza pero no está mal la confianza para nada, no, no -no hay palabras en el plano físico para describir el concepto que quiero transmitir-, abuso de confianza podría ser pero tampoco es esa la palabra porque abuso de confianza se puede tomar como lo que es. Tiene que haber una palabra intermedia entre confianza y abuso de confianza, que es desubicación. Llamémosle desubicación. ¿Me entiendes?

 

Interlocutor: Sí.

 

Entidad: Porque el abuso de confianza se puede malinterpretar, no, no. Hablo de desubicación. Yo creo que hoy, tanto el varón como la mujer viven desubicados. Esa es la palabra: desubicados.

 

Interlocutor: ¿Y tú como te sientes? ¿Te sientes que encajas con la mayoría?

 

Entidad: No, me siento desubicada pero en otro aspecto.

 

Interlocutor: ¿Te sientes, quizás, un poco víctima de que el mundo esté como esté?

 

Entidad: No, no, no. He aprendido mucho en esta vida con mi edad, no, no. Me siento yo también desubicada pero desubicada...

 

Interlocutor: En cuanto a desorientación.

 

Entidad: ¡Je, je, je! A ver, los varones y las mujeres son desubicados en su forma de ser. Yo me siento desubicada en mi forma de estar.

 

Interlocutor: ¿Cómo sería eso? A ver.

 

Entidad: Como que me siento parada en este mundo, diciendo "¡Qué hago aquí con toda esta gente!". Pero mi espíritu es joven, porque a veces veo otras mujeres de mi edad que las ves como perdidas, como que su mente está perdida. Hay Maestros que dicen que lo emocional te afecta a lo físico y yo digo que lo emocional también te afecta a la mente.

 

Interlocutor: Puede llegar a afectar.

 

Entidad: Lo hablo como thetán...

 

Interlocutor: Sí.

 

Entidad: ...no como 10% encarnado. Y a veces mi parte encarnada se siente como perdida en este sinfín de cosas que pasan, no como que no tuviera un lugar de pertenencia, porque un lugar de pertenencia uno se refiere generalmente a nivel físico, un lugar de pertenencia a nivel de entorno, como que -no es fácil de explicar, ¡eh!- el entorno que te rodea no fuera el mismo que hace 30 años atrás y te sientes rara, extraña, distinta. Por esto hablaba de desubicada. No desubicada desde una postura mía, desubicada temporalmente. ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí?

Pero también tengo la fortuna de poseer la percepción, de poder captar las cosas buenas, porque hay gente linda, entender que un hijo es una bendición, entender que al igual que en otras vidas has vivido décadas y décadas y sigues estando. Pero o te adaptas o desapareces. A veces me da la impresión como que el ser humano -más la mujer, ¡eh!, más la mujer- tiene que adaptarse como se adaptan las especies animales porque aquella especie animal que no se adaptó se extinguió. Entonces es como que tienes que seguir adaptándote porque si no te extingues.

 

Interlocutor: Siempre, siempre. Permanentemente. ¿Qué le dirías a tu 10% sobre algo que tuviera que cambiar? ¿Quizás alguna actitud o quizá prestar más atención en algo en particular?

 

Entidad: No. Aprender a tolerar no con palabras sino con pensamiento a aquellos que aún no han crecido. Cuando una era niña miraba a la gente grande y veía como que la gente grande estaba en el limbo, como que estaba en las nubes y a veces uno -que ya es grande- siente como que los jóvenes te miran como si tú estuvieras en un limbo, ignoran que tienes la mente joven y aunque tu cuerpo ya no sea el de aquella muchacha bella y atractiva tu mente es más sabia y te sientes joven, y puede molestarte quizás la mirada de aquellas jóvenes que te miran como si tú fueras pasada de moda, porque ahora lo que prevalece es la moda.

 

Interlocutor: Para ti veo que no es nada importante.

 

Entidad: No, para mí no.

 

Interlocutor: ¿En qué plano estás?

 

Entidad: En el plano 3 subnivel 9, y digo que todo eso es ficticio.

 

Interlocutor: ¿Hay algo que te gustaría concretar en esta encarnación, algo en particular?

 

Entidad: Antes soñaba en grande, ahora sueño en pequeño y a veces eso me molesta.

 

Interlocutor: Quizá sea una cuestión de estar más maduro y ser más realista.

 

Entidad: Sí, más realista pero lo digo en otro sentido. Cuando eres joven sueñas en grande porque tienes un montón de proyectos y cuando pasas los 60 años sueñas más en pequeño porque no sabes qué proyectos vas a cumplir y cuáles no. Entonces sí sientes como cierta angustia, lo digo como thetán, y reconozco que es un apego al plano físico porque aun siendo parte espiritual yo vivo las vivencias de mi parte encarnada, y claro que ahí hay un apego y no se me cae nada por reconocer eso. Y entonces cuando tú ves que tus proyectos son más estrechos, más limitados porque no sabes hasta cuándo tú puedes ejecutar estos proyectos es lógico que sientas añoranza, angustia o lo que fuera pero a su vez tienes la satisfacción de si has logrado cosas, de que tus seres queridos también las logran, y aunque ellos no se den cuenta tú te das cuenta de que son sabios y que quizá han aprendido más cosas que tú, y está bien que así sea. Esto es lo que tengo para decir. No tengo otra cosa para decir.

 

Interlocutor: Bien. Bueno, muchas gracias por estar aquí. Te envío toda la Luz a ti y a tu 10% y espero volvamos a contactarnos. Hasta todo momento.


Sesión 13/03/2013
Médium: Jorge Raúl Olguín
Interlocutor: Karina
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de María Martha

Es una entidad luchadora en el día a día. Desea hacer mucho más de lo que pueden sus fuerzas pero el plano físico pesa, pesa la edad, pesa el cansancio. También cansa ver por qué derroteros va este mundo que ya no es el de antes, desencanta. Kar-El nos dice que sigamos teniendo fe en esta sociedad, en este ser humano, porque de la misma manera que hay muchos seres que cometen actos hostiles, que son los más, también hay otros que salvan vidas, que se juegan por el otro, que tienden una mano. Vale la pena nuestro esfuerzo, no decaigamos.

Sesión en MP3 (2.447 KB)

 

Interlocutor: Bienvenido...

 

Entidad: Gracias querida hermana.

 

Interlocutor: ¿Cómo te encuentras?

 

Entidad: Gastada, cansada. A veces siento como que el tiempo pasa rápido como un carro en la autopista y cuando tú miras el almanaque te vas dando cuenta de que quieres hacer más cosas y a veces es como que ya el cuerpo no te da para hacerlo. A veces es como que rememoras cosas que podías haber cambiado, que podías haber modificado, que podías haber intentado hacerlas de otra manera y es como que los años pasan como cuando tú viajas en un tren y las estaciones pasan y van quedando detrás y tú sigues avanzando, y avanzando y tú miras tu rostro en el espejo y ves que ya no tienes el semblante de joven y ves que los chicos ya no son chicos ya son grandes, y quieres velar, y quieres cuidar y a veces es como que no tienes las fuerzas para hacerlo.

 

Interlocutor: ¿Hay alguna experiencia, alguna vivencia de alguna vida pasada que quieras recordar?, ¿hay algo que te esté pesando de alguna vida anterior o algo puntual en esta vida que quieras comentarnos y desahogarte?

 

Entidad: Mira, hay una vida en Murcia en la Península Ibérica, me llamaba Ariana, Ariana Sánchez Vicario. Crié tres varones, mi esposo falleció cuando yo tenía 30 años, cogió un tremendo frío en enero y una enfermedad en los pulmones y en el mes de marzo nos dejó. Yo quedé con tres criaturas de 9, de 6 y de 3 años. Tuvimos que vender la casa en la campiña y nos fuimos a vivir a la ciudad. Por suerte tenía dinero y compre una pequeña tienda con una vivienda detrás. Hacía ropa y no digo que me iba mal pero tenía una soledad tan grande.

El mayor tenía una niña a la que adoraba y yo pensé que se iba a casar pero a los 20 años quiso recorrer el país, quería hacer fortuna. Me quedé con los dos menores.

El menor, que después ya cumplió 18, me ayudó en el negocio y el de 15 lo hacía estudiar, sabía leer y escribir bien. Lo hacía estudiar historia, quería que fuera alguien y fueron pasando los años.

Me cogió como una especie de enfermedad en las manos cuando cumplí 40 años y apenas podía mover mis dedos, casi no podía trabajar. El del medio se casó tarde pero era una buena mujer la que tenía y ella es la que me remplazó en la tienda y fui envejeciendo.

Un día aparece un señor bien vestido -yo sabía apreciar la ropa- con una botas carísimas y lo miro bien al rostro y era Joaquín, mi hijo mayor. Lo abracé y después me puse a llorar y le reproché. Le dije: -Nos has dejado solos.

 

Interlocutor: ¿Qué te contestó él?

 

Entidad: Que había hecho fortuna para nosotros.

Le digo: -No estamos tan mal, te necesitábamos a ti no necesitábamos el dinero. Lo hiciste por ti no lo hiciste por nosotros, te comportaste egoicamente.

Le caían lágrimas de los ojos y me arrepentí de mis reproches. Se quedó con nosotros seis meses y contó que tenía una familia, una vivienda y que tenía empleados, que le iba bien pero que no podía trasladarlos aquí. Me preguntó si queríamos ir para allí, que íbamos a estar mejor pero los hermanos no querían irse.

Así que se marchó de vuelta y en lo que me restó de vida nunca más lo vi. Le desee lo mejor. Pero ten en cuenta la época, en esa época a veces ni las cartas llegaban, nunca tuve noticias. Mi cuerpo cada vez me respondía menos, a los 51 años desencarné y cuando me vi como espíritu vi que hice todo lo que podía.

 

Interlocutor: ¿Cuál crees que es tu misión en esta vida y cómo te sientes respecto a ella?

 

Entidad: Creo que mi 10% encarnado, al igual que en la vida anterior, hace lo que puede. Es otra región, otra familia, otras circunstancias, otra expectativa de vida por suerte, pero los años igual pesan. A veces uno no lo reconoce eso pero no somos los mismos que cuando teníamos 20, que cuando teníamos 30; no somos los mismos y es como que aquellos que fueron niños en una época, ahora son grandes y ya tienen su determinación, tienen su vida, tienen su pareja y a veces cometen errores y uno trata de orientar. Y bueno, eso.

 

Interlocutor: ¿Cómo te sientes respecto a eso?, sientes que puedes orientarlo o sientes que a veces quisieras hacer algo más y por algún motivo no puedes, o crees que no puedes.

 

Entidad: No, no puedo. O sea, hay un cansancio, primero, que hace que no puedas llevar a cabo tantas cosas, tantas cosas que quisieras llevar a cabo pero de todas maneras siento satisfacción por la vida. Está bien, al comienzo dije que muchas cosas las haría de otra manera pero también con los años aprendí que no sirve lamentarse, no sirve, no podemos retroceder.

 

Interlocutor: Cada situación es particular y uno intenta hacer lo mejor que puede en ese momento, quizás en otro momento, con otra experiencia, con otro conocimiento cree que si volviera para atrás, podría hacer las cosas diferentes pero lo importante es tener en claro que en cada momento tratemos de hacer las cosas lo mejor que podamos, de decidir a conciencia, de decidir desde el amor y no desde estar reactivos, no con roles de ego y tratar de vivir lo que hacemos cada momento con alegría porque pese a las dificultades que todos encontramos, siempre hay momentos hermosos y que realmente valen la pena.

 

Entidad: Lo que pasa es que a veces uno quiere -ahora o dentro de 20 años, en el siglo XXI- uno con los años que tiene uno es joven todavía, pero uno quiere irse el día de mañana sabiendo que todos sus seres queridos están bien.

 

Interlocutor: Te entiendo.

 

Entidad: Y a veces por preocuparnos por los demás no nos preocupamos por nosotros mismos, y eso no tiene que ver con el egoísmo eso tiene que ver con que a veces nos dejamos estar.

 

Interlocutor: ¿Y por qué crees que te dejas estar?

 

Entidad: Es una manera de decir, es como que buscamos el bien del otro y a veces es como que no nos cuidamos a nosotros mismos. Y porque es una manera de ser, porque es una forma de vida.

 

Interlocutor: Esta manera de ser tuya te viene de siempre o ha habido alguna vivencia que te haya hecho ser de esta manera.

 

Entidad: No, creo que en las distintas vidas he sido parecida. Uno, a veces, dice que en épocas pasadas -como en Murcia u otras vidas que me han tocado en el pasado- eran siglos más salvajes, podría decir, si se entiende, ¿no?

 

Interlocutor: Sí.

 

Entidad: Pero tú ves la sociedad cómo está hoy... No, hay temas que no quiero tocar, no, pero ves la gente... Me da la impresión como que la sociedad ha retrocedido, como que los valores se han perdido, como que se ha perdido el respeto, como que los jóvenes de hoy no son iguales que cuando yo era una niña, el respeto por los mayores, los códigos, los valores... A veces es como que una se siente desencantada de todo eso, muy desencantada, hablo de la sociedad no de la familia, ¿eh?, hablo de la sociedad, hablo del mundo. Uno se entera de situaciones y sucesos ingratos que son muy desagradables en la sociedad en que vivimos. Entonces, uno dice qué les dejamos a nuestros descendientes, ¿les dejamos un país, un mundo, una región salvaje?... Pero no estamos en el siglo XVIII, estamos en el siglo XXI y sin embargo tú ves las calles, ves las cosas, hay aparatos modernos que no había en otras épocas pero no hablo de eso, hablo de valores, de conductas. Hay progreso pero ¿para qué? Hay más corrupción también con el progreso.

Y ese es el cansancio también, no solamente los años. Como thetán, como espíritu superior te puedo decir que también hay un cansancio suprafísico de percibir todo eso, te desencanta, te desencanta mucho, mucho.

 

Interlocutor: Quisiera consultarte si puedes contactar con algún guía espiritual o entidad angélica en el plano que tú te encuentras.

 

Entidad: Bueno, hay una entidad que quiere hablar y expresarse y yo me retiro.

 

Interlocutor: Te envío toda la Luz y me gustaría, que nos encontráramos para charlar en otro momento, me gustaría escucharte más animada, ¿sí?

Te envío toda la Luz, y siempre "Todo es por algo" y vale la pena nuestro esfuerzo, no decaigas.

Hasta todo momento.

 

...

 

Otra entidad: Hola, ¿cómo estás?

 

Interlocutor: Bienvenido...

 

Otra entidad: Querido 10%, soy Kar-El, entidad angélica, tu Yo superior. Le quiero decir a ese hermoso ser que se ha contactado recién que tiene las herramientas y que no debe prejuzgar a la sociedad. Sabemos por experiencia que a veces pareciera que el mal fuera más contagioso que el bien, como que el mal se extendiera como reguero de pólvora. El mal no es más fuerte que el bien y nunca lo va a ser, el bien seguramente tiene un talón de Aquiles, que es permisivo, porque el bien no abusa de su libre albedrío, en cambio el mal no se fija en ello e invade, contagia, contamina. Se trata de hacer mancomunión entre todos aquellos seres que están encaminados hacia la Luz y poner cada uno su granito de arena y contagiar y transmitir.

 

Interlocutor: En cuanto a que el bien es permisivo, podemos decir que no hay que permitir que en el amor y en el tratar de hacer el bien seamos permisivos, o sea porque el amor en realidad no debe ser permisivo, podemos caer en esa...

 

Kar-El: Pero el bien es permisivo, es permisivo en el sentido que el bien nunca se impone, se propone. En cambio, lamentablemente, el mal muchas veces...

 

Interlocutor: Fuerza, fuerza situaciones.

 

Kar-El: ... utiliza, entre comillas, a muchos seres encarnados para imponer, para someter, para vejar, para lastimar a otros.

 

Interlocutor: ¿Cuál sería la ventaja, entonces, de la Luz, del bien?

 

Kar-El: La ventaja del bien es que el bien se lleva en el interior de cada espíritu, de cada entidad angélica y de cada ser encarnado, y ese ser tiene que despertar, entender, darse cuenta de que puede lograrlo y que puede vencer esas tentaciones, esos impulsos negativos para evitar cometer actos hostiles. Sigo teniendo fe en esta sociedad, en este ser humano, porque de la misma manera que hay muchos seres que cometen actos hostiles, que son los más, también hay otros que salvan vidas, que se juegan por el otro, que tienden una mano.

 

Interlocutor: Digamos que también tenemos que aprender a ver lo positivo.

 

Kar-El: Que es lo que enseño, que es lo que yo enseño.

 

Interlocutor: Bueno, muchas gracias por estar aquí.

 

Kar-El: Gracias a ti, querido 10%, por hacer de interlocutora. He vivido mucho, milenios, siempre tendiendo manos, siempre ayudando. Tal vez este sea mi último ciclo de encarnación y no significa que os deje sin seguir cooperando pero a veces cooperando desde lo alto, desde vuestra visión, podré ser más útil. Y estoy en el interior de cada uno de vosotros transmitiendo mi Luz verde. Gracias.

 

Interlocutor: Gracias a ti y ambos sabemos que esta la última vez. Hasta todo momento.


Sesión 29/04/2013
Médium: Jorge Raúl Olguín
Interlocutor: Karina
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de María Martha

La entidad relata una vida donde deseó estar más tiempo con sus seres más queridos. Tuvo alegrías, también sufrió por apegos a su familia pero comenta que fue una vida feliz. Pero aún en la vida de ahora hay recuerdos anteriores presentes.

Sesión en MP3 (1.884 KB)

 

Interlocutor: Bienvenido...

 

Entidad: Bueno, aquí estamos.

 

Interlocutor: ¿Cómo te encuentras?

 

Entidad: ¡Oh! Con un sin fin de dudas, de preguntas, cuestionamientos.

 

Interlocutor: ¿Por qué te cuestionas tantas cosas?

 

Entidad: ¡Ah! Tuve una vida anterior muy conflictiva. Encarné en Asunción, en Paraguay.

 

Interlocutor: Sí.

 

Entidad: Me llamaba Miguelina, Miguelina Serbando Aguilar. Estábamos en la parte del campo. Había habido una guerra y había muerto mucha gente. Éramos once hermanos, siete mujeres y cuatro varones. Tres de los hermanos murieron en la guerra, una guerra muy injusta. Una guerra que se llamó "La guerra de la Triple Alianza".

 

Interlocutor: ¿Qué efectos ha tenido este hecho para ti?

 

Entidad: Estudié mucho religión en esa vida porque me había enamorado justamente de un joven, Jorge Dimas, que era justamente de uno de los países que habíamos entrado en guerra, él era abogado, obviamente no había participado. Él tenía varios escritos presentados a favor de la paz, a favor de no pelear entre países limítrofes sino que la batalla tendría que ser contra los realistas, no entre nosotros. América del Sur había vencido a los realistas pero luego por intereses creados hubo guerras entre países vecinos, eso era algo intolerante.

 

Interlocutor: Haber vivido en aquella época imagino que no habrá sido nada fácil. ¿Te han quedado engramas de temor, de inseguridad? O dime tú cómo lo viviste y de qué manera repercute, si aún lo hace, actualmente.

 

Entidad: Mira, con Jorge Dimas hemos tenido cuatro hijos, los cuatro varones, y ellos estudiaron en el país de mi esposo. Todos han estudiado abogacía.

Mi esposo me dice:

-Vamos, salgamos de aquí que tendremos un futuro mejor en Buenos Aires.

Me alejé de mi familia y me fui con él y los cuatro niños. Esos niños estudiaron, crecieron, se casaron con jóvenes provincianas. Hicieron fortuna.

Mi esposo enfermó por problemas pulmonares, era muy débil en la parte pulmonar y Buenos Aires era una ciudad muy húmeda y desencarnó joven, a los 41 años.

Yo quedé viuda y los chicos estaban cada uno en una provincia distinta, o sea, que quedé sola. Obviamente tenía dinero para mantenerme pero les escribía cartas, solamente uno de ellos me contestaba, uno de ellos, Juan José, el único que me contestaba. Por las noches lloraba, digo: -Nunca fui una madre demandante, nunca les impuse lo que yo quería sino que los dejaba a su libre albedrío. Quizás sus esposas, de esos celos tontos, los alejaban a los chicos de mí. El único que vino a Buenos Aire fue Juan José con su esposa y su hijo Vicente...

 

Interlocutor: ¿Se quedaron?

 

Entidad: ...que yo no lo conocía, tenía dos años y no lo había conocido, lo cubría a besos. Se quedaron, se quedaron. Él consiguió un trabajo con Álvaro Budeño, que era un abogado importante, cerca de la Plaza Mayor y tenía bastantes consultas.

Y aparte de ahí fui bastante feliz. A mis otros hijos no los vi pero él me llevaba en una pequeña calesa, allá le llamaban sulki, y me llevaba a pasear desde Plaza Mayor hasta los Bañados de Flores, era un paseo muy, muy lindo. Los Bañados de Flores era todo campo. Tú no sabes lo que es actualmente Buenos Aires, donde estaban los Bañados de Flores, es todo ciudad, edificios de 100 metros de altura. Es impresionantemente grande ahora pero en aquella época era todo campiña.

 

Interlocutor: Coméntame si es posible que haya quedado algún engrama de soledad quizá por aquellos hijos que nunca te escribieron.

 

Entidad: Tuve un engrama de no...

 

Interlocutor: De abandono, digamos, más bien, ¿no? Quizás...

 

Entidad: El fallecimiento de Jorge, luego el hecho de Juanjo se haya venido. Y Vicentito.

 

Interlocutor: ¿Él pudo borrar toda esa tristeza que venías acumulando, de alguna manera, o compensarla?

 

Entidad: Como thetán hay una cosa que aprendí, que una alegría no borra una tristeza anterior ni algo bueno compensa algo malo, lo malo queda grabado. La agonía de las soledades de cada noche quedan grabadas y claro que compensa de alguna manera, claro que compensa. Yo prácticamente parecía una dama noble, que mi hijo me llevaba a pasear. Mi nuera era una buena mujer, una buena ama de casa. Hacía unas empanadas de locro que se te hacía agua la boca. Fue una época muy linda dentro de todo.

Uno siempre anhela. No pude ver más a mis hermanas pero no porque no pudiera viajar porque Juan José decía: -Cuando quieras vamos.

Íbamos en una diligencia y en cuatro días estábamos pero tampoco me daban los huesos para moverme tanto, se ve que sufría de problemas en las articulaciones porque a veces me molestaba incluso hasta cerrar las manos. Y aprendí a tomar mate. Una paraguaya tomando mate, ¡je je!

-Y nunca entendí esa guerra que había pasado -le dije a Juan José.

Le digo: -Una guerra estúpida donde han muerto tíos tuyos.

Y Juan José pensaba igual que el padre. Decía: -Nadie gana las guerras, mueren hermanos. No, no tiene ningún sentido.

Y me sentía sanamente orgullosa de ese hijo. Y a los otros los extrañaba, sentía como cierta angustia, me costaba tragar. Por momentos lo que vosotros llamáis el ego se apoderaba de mí y despotricaba, gritaba mentalmente contra ellos, después me arrepentía y lloraba. Tenía la lágrima fácil, ¿no?, como dicen ustedes.

 

Interlocutor: Entiendo.

 

Entidad: Y bueno, viví bastante. Viví bastante por como tenía los huesos, viví hasta los 58 años. Y aparte de Vicentito otra nietita más, otra nietita más, que se llamaba Sara.

Le digo: -¡Qué nombre, qué nombre! Sara. Un nombre bíblico.

Y bueno, eso es lo que tengo para contar de esa vida, una vida bastante agitada donde me quedaron engramas, a veces de desamparo, como que uno quiere tener cerca a sus seres querido sean hijos, hermanos, lo que fuera y no, no, a veces no se puede, ¿no? Y claro que te quedan engramas, te quedan engramas de... no sé cómo explicarlo, no es de desamparo no, no, tampoco de desarraigo son engramas así raros, de como que sientes que quieres tener el agua entre los dedos y el agua se te chorrea, se te escurre de los dedos, así.

 

Interlocutor: ¿Crees tú que quizá sea necesario trabajar un poco sobre el tema de los apegos?

 

Entidad: No, no sé, no creo. No creo porque yo dije que no era demandante ni tampoco molestaba cuando eran chicos, los dejaba hacer sus cosas, sus correrías. Eran pícaros de chicos, ¿eh? Pero no, no creo. ¿Qué madre no va a extrañar a los hijos, no?

 

Interlocutor: Eso es obvio, pero tú como thetán y ahora viéndolo desde lejos y pensando que fue un rol todo lo bello que nos has relatado de aquella vida, ahora nos encontramos en una encarnación nueva, distinta donde a veces esos engramas que arrastramos de vidas anteriores, esas vivencias nos dejan como alguna marca y a veces sentimos, tenemos sensaciones extrañas y no sabemos exactamente por qué. ¿Te pasa a ti con el tema de esos engramas de soledad, de desapego de aquella experiencia, de aquella vida anterior que de alguna manera puedas estar arrastrando a esta encarnación? ¿Sientes por momentos algún tipo de tristeza y no sabes bien por qué? Y tú como thetán, ¿crees que es posible por eso, por aquella vivencia?

 

Entidad: Mi rol es distinto al de aquella Miguelina, es distinto. Pero a veces sí hay como anhelos inconscientes que uno no sabe de dónde vienen, no sé si tristeza, quizás anhelo, quizás eso pero no sé si trabajar. Yo quiero hacer las cosas bien nada más, yo quiero hacer las cosas bien.

 

Interlocutor: Sé que lo vas a hacer.

 

Entidad: Ya hablaremos nuevamente porque tengo más interrogantes.

 

Interlocutor: Ha sido un gusto tenerte aquí y te envía toda la Luz a ti como thetán y a tu 10%.

 

Entidad: Te la acepto porque la necesito. Gracias.

 

Interlocutor: Hasta todo momento.

 


Sesión 12/08/2013
Médium: Jorge Raúl Olguín
Interlocutor: Karina
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de María Martha

La entidad relata que en distintas vidas ha sufrido por un exceso de amor a los demás. En el diálogo Karina expresa que debemos amarnos a nosotros mismos tanto como a los otros, esto es equilibrio. No hacerlo es no respetarnos a nosotros mismos y quedar expuestos a ser víctima de los demás.

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Interlocutor: Bienvenido...

 

Entidad: Gracias.

 

Interlocutor: ¿Cómo te encuentras?

 

Entidad: Con cansancio mental de tantas vidas donde he sacrificado años, donde muchas veces no he recibido recompensas. Si supieras en cuántos lados he encarnado desde Méjico pasando por Lima (Perú), Bogotá (Colombia)... Estuve en Cuenca, en Asunción (Paraguay). He estado en La Paz (Bolivia). Estuve en Europa, encarné también en Roma (Italia), muchas veces en la península Ibérica en Córdoba, en Almería, en Países Vascos, en Cataluña.

 

Interlocutor: ¿Cuántas encarnaciones has tenido?

 

Entidad: Doscientas veinte. Siempre con cansancio porque en distintas vidas he trabajado... Tal vez como thetán yo mismo elijo encarnar en familias humildes como no para revertir karmas sino para que mi parte espiritual experimentando a través de la parte física se logre una vez por todas esa fortaleza que no llego a conseguir, porque en el plano físico es verdad que hay un cansancio por la edad pero en el plano espiritual también hay un cansancio conceptual de que en cada vida te sacrificas, ayudas, ¿y qué obtienes a cambio?, nada.

 

Interlocutor: Pienso que el tema pasa por comprender que el servicio es útil, que tenderle una mano al otro es útil...

 

Entidad: Sí, pero tienes soledad...

 

Interlocutor: ...pero que el sacrificio por sí solo no te sirve a ti ni como thetán ni a tu parte encarnada ni le sirve a nadie.

 

Entidad: Mira que yo me he sacrificado muchas veces, he ayudado. Ni las gracias me han dado. Entonces, ¿qué puedo decir? ¿De qué puedo alegrarme? Gente que uno quería que fueran amigos y luego te dan la espalda, familiares que también se alejan. No te reconocen nada de lo que has hecho y entonces te sientes como incomprendida, como que...

 

Interlocutor: ¿Tú sientes que esta situación se repite en las últimas encarnaciones?

 

Entidad: Sí, en distintas vidas...

 

Interlocutor: Entonces, cuando hay una repetición, a menos que no haya algún cambio o alguna modificación, la repetición continúa.

 

Entidad: Sí, ¡pero claro!

 

Interlocutor: ¿Y no será que tenemos que empezar a pensar qué tenemos que cambiar nosotros para romper esa repetición?

 

Entidad: Pero ¿por qué tenemos que cambiar nosotros? En cada vida trato con distinta gente y todos reaccionan igual. Entonces, ¿qué significa?, ¿que una tiene que ser mezquina y no dar ni nada para que los demás no se aprovechen de una?

 

Interlocutor: De mezquino a sacrificarse por los demás al extremo, son dos cosas bien opuestas. Quizás el aprendizaje esté...

 

Entidad: ¿Cómo medimos un término medio? ¿Cómo hacemos la medición de ese término medio?

 

Interlocutor: ¿Quieres comenzar por comentarme alguna de esas vivencias y lo vamos charlando?

 

Entidad: Sí. Me llamaba Elvira Costas Ancíes, estaba en Paraguay, en Asunción. Mi padre siempre se jactaba. Decía:

-Nosotros descendemos los Costas, ¡los Costas!

Pero mí papá era un campesino, o sea... ¡Los Costas! Los Costas... El bisabuelo era alcohólico, había lapidado la fortuna, quedaba el nombre nada más, "Los Costas", porque teníamos una hacienda. Y ni siquiera en Asunción, era en las afueras. Los Costas, los Costas, ¿pero qué quedó de los Costas? Ni la ropa quedó. Ni el calzado quedó de los Costas y yo tenía que emplearme en casa de familia y trabajaba bien, ¡eh!, era muy buena trabajando. Tenía sesenta años y tenía una vitalidad...

Y bueno, trabajando en casa de familia yo crié a mis hijos. Tenía cuatro hijos: El Vicente, el Jacinto, el Horacio y el Serapio, cuatro varones. Los cuatro bien casados con buenas mujeres, eran tres mujeres de Asunción y una de Buenos Aires. Y todos bien casados y me dieron nietos.

Pero yo seguía trabajando. A lo último ya no podía mover las manos, tenía como una cierta artrosis o cosas así pero me hubiera gustado, no sé, haber tenido algo de dinero, poder haber descansado. Nunca juntaba, nunca juntaba y yo había ayudado a mis hijos, ¿eh?, después cada uno de mis hijos tenía su casa y yo seguía trabajando para una familia. La casa mía yo la vendí y repartí la plata entre ellos.

 

Interlocutor: Pero si ellos tenían su casa ahí ha sido una responsabilidad tuya el haber vendido tu casa. Digamos, es uno que a veces se pone en el lugar de víctima. Tenemos que aprender a corrernos del lugar de víctima porque si no vamos a seguir siempre siendo víctimas de los demás.

 

Entidad: No, no, no me pongo en lugar de víctima. Yo digo que yo vendí mi casa, se la di a ellos. Ellos tuvieron su casa, todos bien casados, con nietos. Todo los demás bien pero yo solita después. A lo último no me venían a ver y cuando la señora se murió el hijo directamente me echó, me dio plata, me despidió. Me dio plata. No había, como ahora, indemnización, todo eso, con papeles pero me dio bastante dinero. Y bueno, tenía un primo. Tenía un primo en Buenos Aires, un primo, Carlos, también de apellido Costas y me recibió lo más bien en su casa. Vivía en los Bañados, vivía en los Bañados de Flores. Estábamos a una hora de carreta de lo que es el puerto, ¿no?, y tenía como una pequeña hacienda y me recibió bien, me recibió bastante, bastante bien. Era viudo, tenía dos hijas. Las hijas eran buenas, ¿eh? Las dos estaban casadas pero siempre lo venían a ver al padre.

Y yo me quedé allí y lo ayudaba. Yo sabía también preparar hierbas y todas esas cosas y cuando él tenía algún achaque o alguna cosa mala yo lo ayudaba, le preparaba algún té, alguna cosa así. Y bueno, me reía porque yo a veces cuando me quejaba, me quejaba en guaraní y él me decía: -No entiendo nada, hablá en castellano ¡ché! -me decía. ¡Ja, ja, ja!

Y bueno, no vayas a pensar mal, o sea, siempre me tenía respeto. Digamos como que nunca me dijo nada fuera de lo debido, ¿eh? Pero bueno, a veces la gente murmura como diciendo "Mira esta vieja viviendo sola en la casa del primo". ¡Ah!, la gente es así. Allá por los Bañados de Flores todos murmuran, todo el mundo murmura. No sabes lo que es allá, no sabes lo que es allá.

 

Interlocutor: Pero que uno debe actuar a conciencia y no esperando la aprobación de los demás porque los demás viven sus vidas y no la tuya. Entonces no comprenden lo que a ti te pasa, ni lo que tú sientes.

 

Entidad: ¡Ah! Tú dices... Pero anda, tienes que ir a la feria y que todos estén murmurando y te estén mirando y se golpean el codo unos con otro: -Mírala ahí, la viejita.

 

Interlocutor: Pero las épocas ya han cambiado y ya no es tan así.

 

Entidad: ¿Pero sabes una cosa? La viejita era coqueta, la viejita se compraba vestidos, la viejita era coqueta con sus achaques y sus manos que no las podía ni mover. ¡Ah! La viejita era coqueta y se cuidaba. Me había comprado unas alpargatas lindas de lona, de lona negra, cómodas pero elegantes. No, no; no andaba como esas pitucas de otros barrios que andaban con esas sombrillas de colores y andaban en estos carruajes tirados con un solo caballo, todo bien herrado, bien lustradito. Yo no iba a andar gastar plata en lustrar un caballo, ¡por favor! Pero sí, era bastante coqueta. Allá en los Bañados de Flores no se decía coqueta, se decía pituca: -¡Ja, ja, ja, mira la vieja pituca!

Nunca supe lo que era pituca pero era como si fuera coqueta, de estas que te engalanás, que te perfumás, que te arreglás.

Y bueno, después extrañé a mi hijo, no lo vi más porque perdimos el rastro.

 

Interlocutor: ¿Qué sugerencia le harías a tu 10% encarnado para esta encarnación?

 

Entidad: Es otra vida, es otra circunstancia, son otros momentos. El Edgar es una persona distinta, él está en su mundo, él tiene su mundo, él vive en su mundo y es como que... Pero es sano, ¿entiendés? Él es sano pero está en su mundo. Y a veces un poco ingenuo. Yo le digo: -No seas tan ingenuo.

Es como que él no tiene que sufrir, él tiene que hacerse valer porque hay mujeres buenas y mujeres que no son tan buenas. Entonces uno tiene que hacerse valer. Ojo, yo no me meto, pero uno tiene que hacerse valer. Esa es la idea.

 

Interlocutor: ¿Y tú no crees que si te hubieras hecho valer en encarnaciones anteriores no hubieras sufrido tanto?

 

Entidad: Yo di, yo me brindé, yo di. Es lo que enseñan, que hay que brindarse, que hay que darse y hay que amar a los demás. Y yo amé a los demás, porque eso es lo que dice un Maestro, hay que amar a los demás. "Ama a tu prójimo", dice el Maestro, ¿no?

 

Interlocutor: "Como a ti mismo". Un pequeño detalle.

 

Entidad: No entiendo.

 

Interlocutor: Que no solamente decía ama a tu prójimo sino que dice "Ama a tu prójimo como a ti mismo".

 

Entidad: Y, ¿sí?

 

Interlocutor: Que debes amarte y respetarte a ti.

 

Entidad: No, primero hay que amar a los demás, enseñan, ¿no?

 

Interlocutor: Primero hay que amarse uno.

 

Entidad: ¿Pero eso no es egoísta?

 

Interlocutor: Amarse no debe ser egoico sino desde respetarse, desde tenerse en cuenta, en consideración. Entonces el equilibrio está en poder amar al otro de la misma forma que me amo yo. Si yo no siento respeto por mí, me dejo pisotear, pues no me estoy amando. Entonces ahí caigo en la posibilidad de ser víctima de los demás...

 

Entidad: Ahora caigo.

 

Interlocutor: ...porque me expongo, me estoy exponiendo, no me hago respetar.

 

Entidad: Sí, sí. O sea tengo que hacerme valer. Eso dices, ¿no?

 

Interlocutor: Exacto. Que lo mismo que tú deseas para tu hijo tienes que hacerlo tú también para ti.

 

Entidad: Mira, una vida pasada en una región de España cercana a Portugal tenía una cuñada que era una arpía, una vieja arpía que decía "Yo me hago valer", pero era una déspota. Entonces, eso no era hacerse valer. ¿O sí? Era una déspota. Ella se quería, claro que se quería pero no quería al prójimo, no quería al prójimo. Ahí es como que hizo al revés. ¿O no?

 

Interlocutor: Ahí es amarse uno más que a los demás.

 

Entidad: Claro, dice: -¡Yo me hago valer! Y yo exploto a mi empleado.

Tenía plata y se la llevó toda a la tumba. ¿Para qué?

 

Interlocutor: Bueno, ahí has mencionado dos ejemplos extremos: Tú que siempre has amado a los demás y te han maltratado en vidas anteriores, justamente porque pones a los demás por sobre de ti mismo. Y esta señora que tú mencionas, que se amaba a sí misma y no le importaban los demás.

 

Entidad: Una vieja arpía.

 

Interlocutor: Entonces el tema pasa porque haya igualdad de ese amor y respeto por uno y amor y respeto por el otro.

 

Entidad: Dolores. ¡Ella daba dolores de cabeza! Se llamaba Dolores. ¡Je, je, je! ¡Ella daba dolores de cabeza! Bueno, pobre mujer, pobre mujer.

 

Interlocutor: Te sientes más aliviada al haber podido...

 

Entidad: Sí, me siento bien, me siento bien con ganas y te agradezco querida, te agradezco.

 

Interlocutor: Eres un ser muy lindo, muy dulce y...

 

Entidad: ¡Ah! Me da vergüenza que me digas eso.

 

Interlocutor: Y bueno espero que puedas poner en práctica ese equilibrio del que hemos estado hablando.

 

Entidad: Llevar a cabo, dices, ¿no?

 

Interlocutor: Claro, para que ya no tengas que padecer, digamos. El tema es aprender la lección.

 

Entidad: No, está bien, yo aprendo la lección y a veces aprendo cosas y estudio y aprendo cosas. Todavía aprendo cosas.

 

Interlocutor: Siempre todos aprendemos mientras estamos aquí.

 

Entidad: Sí. Bueno, ahora me voy. Hasta pronto, ¿eh?

 

Interlocutor: Te mando toda la Luz a ti y a tú 10%. Hasta todo momento.