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Psicoauditación - Mirelle

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 07/07/2025 Gaela, Armand Basaldo


Sesión 07/07/2025
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Mirelle.

En Gaela, por sus estudios y su físico sabía lo que valía. Estaba bien colocada profesionalmente y tenía muy claro que era más que los demás que la rodeaban. Conoció a un joven con el que se sentía bien, pero al poco tiempo lo encontró lerdo.

Sesión en MP3 (3.647 KB)

 

Entidad:

-Señorita Isabella, señorita Isabella Toledo. -Me di vuelta, era el camarero del bar Deportivo-. Buenas tardes, señorita, quería saber qué va a tomar.

-Bueno, por favor un café con un poquito de leche, y si tiene algún poquito de pan dulce bienvenido sea.

-¡Cómo no! ¿Mantequilla?

-No, no, nada de eso.

-Permiso, señorita.

 

Me sentía orgullosa de lo bien que me trataban los camareros, no en todos lados iba una traductora pública nacional que sabía cuatro idiomas certificados por el notario público y solamente tenía veinte y dos años. Los jóvenes me miraban.

 

Además me consideraba una chica bonita, agradable, atractiva, pero no me era fácil conseguir una relación afectiva, no digo un novio, porque amaba la libertad y me daba la impresión de que tener una relación afectiva te quita esa libertad de hacer lo que quieres y menos que un varón me controle; a mí no me controla nadie, nadie.

 

Es más, empecé a estudiar de muy muy muy joven, ya directamente en la escuela secundaria teníamos dos idiomas, aparte de nuestro idioma natal, y luego aprendí un cuarto idioma.

 

Cuando fui a la universidad, obviamente, estudié economía, pero independiente de ello iba a un instituto privado que abonaba de mi bolsillo haciendo traducciones privadas a mis mismos compañeros, primero de la secundaria y luego de la facultad. ¿Que tenía que hacer un favor?; ¿porqué les voy a hacer un favor?, tienen que dar exámenes de idiomas. Bueno, venían a mí a casa.

 

Hasta que me independicé, me independicé y renté un pequeño apartamento, muy muy pequeño. Total, era para mí sola. Tenía mi propio vestuario, no usaba nada de ropa inútil, todo lo que usaba me servía, no me interesaban las marcas, sí me interesaba la calidad de la tela o la calidad del calzado aunque no fuera de marca y todo me quedaba bien. Obviamente usaba un buen maquillaje porque tenía que estar producida para ir al bar Deportivo: los chicos enloquecidos, muchos jóvenes.

-¿Cómo estás, Isabella?

-Bien.

-Por supuesto, como siempre. Tienes que darme una oportunidad alguna vez.

-¿Perdón?, ¿de qué hablas? Ya bastante tienes oportunidad por sentarte a mi mesa, ¿qué más deseas?

-Salir contigo, invitarte a bailar.

-¿A bailar? A bailar voy con mis amigas, por supuesto que voy con mis amigas.

-Eso está mal.

-¿Por qué va a estar mal?

-Por lo menos dime a dónde vas.

-Bueno, a uno que queda cerca del bar Deportivo, a la disco Dance club.

-¡Ah, pero esa es carísima!

-Bueno, es para los que pueden. ¿Tú no puedes?

-Claro que puedo.

-¿Y entonces? Nos vemos allí. Y si estoy de buen humor acepto bailar un par de temas contigo.

-¿Lentos?

-¡Aaah, lentos?, es pegajoso lento.

-Pero lentos puedo abrazarte.

-No no no no, ¿con quién te piensas que estás hablando? No no no, conmigo bailas ligero, y nada de acercamientos.

 

Mis amigas me preguntaban:

-Pero Isabella, ¿no hay ningún chico que te guste con el que puedas abrazarlo y algo más?

-Quizá. ¿Pero sabes cómo confío en ellos? Confío como si me afeitara la parte de las axilas con la parte de abajo muy afilada: cero confianza.

-Entiendo, entiendo lo que dices. Pero bueno, no todas somos fuertes como tú, yo soy débil, la semana pasa salí con Elmer.

La miré con desprecio.

-¿Con Elmer?, ¿ese pegajoso? ¿Pero por lo menos la pasaste bien?

-Bueno, más o menos.

-A mí más o menos no me sirve, si yo saliera con un chico tendría que ser excelente.

-Mira quién viene allí. -Miré, se acercaba un joven con una ropa deportiva que se notaba que era de marca, muy elegante, no tenía esa mirada de otros chicos que iban como con mirada de ave de presa en busca de las niñas, mirada indiferente como de persona superada.

-¿Quién es?

-Honestamente, no sabemos, viene aquí seguido, se llama Andrés.

-¡Ah! Mira tú. -Lo vi sonreír cuando saludó a una amiga nuestra, a Elena.

Le dije a mi amiga:

-Escúchame, Elsa, habla con Elena y dile que nos presente a este joven. -Disimuladamente Elsa habló con Elena y trajo al joven a nuestra mesa.

 

Sonrisa pero con voz seria:

-¿Cómo están? Me presento, mi nombre es Andrés.

Le tendí la mano:

-Isabella.

-Muy lindo nombre, aparte no es muy común.

-Bueno, nombre poco común para chica poco común. -Hizo como un gesto de que iba a sonreír pero se frenó, no sonrió. No me hubiera gustado que se burlara de mi nombre yo estaba orgullosa del mismo, Isabella.

 

Pero se puso a conversar con nosotras Elsa no entendía nada, él hablaba de temas raros. Por suerte yo estaba preparada porque mi estudio era superlativo y mi conocimiento a la misma altura.

-Continúa Andrés, ¿de qué hablabas?

-Bueno, hablo de la situación mundial, hablo de que la Orden del Rombo yo lo considero una tiranía camuflada de religión.

-Bueno, en ese estamos de acuerdo, yo no soy adicta a la Orden del Rombo, es más directamente ese tipo de religiones que son tipo sectas no me gustan. Cuéntame más.

-Bueno, ¿qué puedo decir?, tuve la suerte de conocer a Amarís, tuve la suerte de conocer Saeta.

-Vaya, así que tus padres te han pagado un viaje de algunos días.

-No no no, fui por negocios.

-¡Ah, pero qué bien! O sea, ¿que tu empresa te paga los viajes?

-Sí.

-¿Y qué haces?

-Economía.

-¡Vaya, al igual que yo! Además soy traductora pública.

-Vaya -dijo Andrés-, aparte del idioma de aquí, de Plena, ¿cuántos idiomas sabes?

-Tres más.

-Coméntame.

-Bueno, el de Beta que es el mismo de la isla del antiguo continente, también el de Liziana.

-¡Qué bien!

-Obviamente tú también los hablas, ¿no?

-Y bastante fluido. He estado un par de veces en Liziana y también en Beta y también en Amarís. -Me sorprendía porque no se jactaba de ello.

-¿Y ganas bien en tu empresa?

-Sí...

Tal vez me pasé de entrometida, pero le dije:

-¿Y cuánto ganas?

-Honestamente, no me fijo -dijo Andrés-, pero gano bien. ¿Y tú? -Lo miré.

-Si supieras lo que yo gano...

-Honestamente no lo sé, si quieres dímelo. -Y le pasé una cifra. Se asombró.

-¡Vaya! Te felicito, Isabella, la verdad te felicito, ganas bastante.

 

La cuestión que día por medio Andrés venía y nos poníamos a conversar.

Me dijo:

-Este fin de semana voy al Dance Club.

-¡Ah! Pero qué casualidad, yo soy asidua de esa disco, tal vez nos encontremos allí. ¿Cómo no te he visto antes allí?

-Bueno, entre tanta gente y en penumbras es muy difícil encontrarse, a veces me puedes encontrar sentado a la barra tomando una bebida.

 

Y así fue. El fin de semana nos encontramos en la barra, me invitó a bailar, bailaba muy muy bien música rápida, de repente tocaron un tema lento y no se engolosinó, dice:

-Si quieres nos sentamos.

-No -le dije.

-¿No te incomoda bailar lento?

-Para nada. -Me abrazó, lo tomé del cuello y él me abrazó de la cintura. Puse mi mejilla contra la suya. Y en ese momento me invadió un aroma de un perfume importado, pero no era de esos perfumes fuertes que terminas rechazando, era un perfume suave, pero consistente a la vez.

 

Y me sentí muy muy cómoda, él no buscaba abrazarme para apretarme contra él intencionadamente, bailaba normal no se sentía excitado por el roce con mi cuerpo, Por un lado me agradó que no sea como los demás, pero por el otro me sentí como qué raro que no lo excite. Y empecé a jugar con él, a abrazarlo, a recorrerle su cuello con mis manos. Y él como si nada, movía el rostro para jugar con mi mejilla contra su mejilla. En un momento corrí la cara y casi se tocan nuestros labios, ahí sonrió.

-No juegues conmigo, Isabella. -Vaya, que no era tonto, era listo, muy muy listo.

 

Y en un momento muy suavemente muy suavemente abrió levemente su boca y sus labios jugaron con mis labios. No fue un beso, fue prácticamente un roce de dos o tres minutos donde saboreaba mis labios y yo saboreaba los suyos. En ese momento me dio un deseo tremendo de besarlo con toda mi fuerza y seguir un poco más allá.

Finalmente fuimos a un reservado, nos sentamos a ese reservado pedimos dos bebidas más y nos besamos con mucha intensidad hasta que luego lo invité a mi apartamento. Y pensé, bueno si me arrepiento no lo invito más y listo.

Esa noche se quedó en mi apartamento y si le tuviera que dar un puntaje del uno al diez a la intensidad de esa noche le doy once, fue más que perfecta.

A la mañana siguiente cuando abro los ojos sentí correr la ducha del baño, él se estaba duchando y lo vi a través del cristal, que no era transparente, pero se veía su figura. Y pensé, ¿con este ejemplar de persona estuve toda la noche? ¡Wow! Espero que salga a ver qué me dice.

 

Salió ya vestido con ropa interior. Me sonrió levemente y me dijo:

-¿Cómo estás, Isabella, has amanecido bien?

-Sí, ¿y tú?

-Sí, por supuesto.

 

Pero estaba descolocada, yo pensaba que me iba a decir: "¡Ah! ¡Isabella, qué noche que me hiciste pasar, qué maravilla, no quiero perderte! Nada de eso, nade de eso.

Por un lado me ponía contenta porque digo, bueno no es de estos buitres que van a la presa, pero lo veía no indiferente porque estaba empático y simpático, pero su tono de voz era neutro, tendría que estar excitado, contento... Nada que ver.

-¿Quieres que te invite a tomar algo?

Le dije:

-No, no, voy a mi trabajo que tengo bastantes traducciones. ¿Y tú?

-Me voy a mi empresa, en la empresa directamente tengo una cafetería y allí mismo tomo algo.

-¿Queda lejos?

-No no no, en el centro. Después tengo otra empresa más grande, donde también voy, en la provincia, fuera de Ciudad del Plata.

-¡Ah, pero mira tú! ¿Y a veces te mandan a la de provincias?

-Sí sí sí, no tengo problemas.

 

La cuestión es que salimos durante un mes. Me besaba de una manera tan, tan sabia, me ponía tan bien. Pero ya había pasado un mes y era demasiado tiempo, la aguja estaba en rojo, no sea cuestión de que me enamore. Y no no no, porque ya estaba sintiendo algo y no quería, no quería.

 

Hasta que una mañana le dije:

-¿Te parece que desayunemos juntos?, día de semana.

-No hay problema, yo no tengo problema con mis horarios.

-¡Ah mira tú! Yo tampoco -le dije-. Y tomamos algo. Le tomé de la mano y dije-: Mira, Andrés, yo soy una persona muy dedicada a mi trabajo, como traductora pública ahora estoy estudiando un quinto idioma y estoy ganando muy muy bien, tengo mis ahorros, vivo bien y no quisiera que esta amistad que estamos teniendo me impida concentrarme en mi trabajo.

Andrés frunció el ceño:

-No entiendo a que te refieres, ¿qué es lo qué quieres decir, Isabella?

-Que no hay problema que sigamos como amigos, pero esto de vernos dos veces por semana en mi apartamento...

Se encogió de hombros y me dijo:

-Si quieres puedes conocer el mío.

-No, no me entiendes, hablo de que... ¿esto qué consideras que es una relación? -Volvió a encogerse de hombros.

-Entiendo que sí.

-Pues yo entiendo que no porque a mí me quita libertad.

-¿Entonces qué me estás queriendo decir, Isabella?

-Que sigamos como amigos. Además, soy traductora pública y me gustaría conocer a una persona que esté como mínimo a mi altura.

-A tú altura, ¿en qué sentido, en conocimiento? Conozco mucho.

-Eres lerdo, hablo a mi altura económica. Alguien que no precisa de una empresa que lo envíe a hacer mandados o recados a otro país, alguien que pueda mantenerse por sí mismo.

-Entiendo -dijo Andrés.

-A eso me refiero, Andrés. ¿Cuánto ganas tú? -Me dio una cifra que era inferior a la mía-. ¿Ves?, con esto no puedes ni siquiera comprar un apartamento.

-Bueno, entiendo que tú tampoco con tu sueldo.

-Lo mío no es un sueldo, yo soy profesional.

-Pero rentas.

-Bueno, por ahora. Pero estoy juntando dinero y en brevedad me voy a comprar apartamentito de un ambiente.

-O sea, ¿que tú pones el dinero por delante de los sentimientos?

-¡Je, je, je! ¿Tú dices que tienes sentimientos por mí, Andrés?

-Mira, Isabella, he pasado ya por dos o tres situaciones similares, entonces es como que soy muy cauto antes de enamorarme. Pero contigo disfruté, me sentí bien, pero si tú deseas a alguien de más categoría, te dejo el camino libre. -Dejó unos billetes en la mesa que pagaba con creces el desayuno. Le tendí el rostro para que me diera un beso en la mejilla y me dio la mano.

-Nos vemos en cualquier momento, yo suelo venir aquí al bar Deportivo. -Se levantó, hizo una mueca que pareció una sonrisa y se marchó.

 

A la tarde, cuando terminé de trabajar, me encontré con Elsa y con Elena.

Elena me dijo:

-¿Qué pasó con Andrés?

-Nada, le dije la verdad -Y le conté todo, todo lo que habíamos hablado-, porque yo soy una persona importante.

-¿Importante o prepotente?

-Importante, Elena. Y este Andrés me parece una persona muy agradable, con él la pasé muy bien, pero una persona que viaja simplemente por hacer recados y que gana menos que yo, no me sirve. -Elena lanzó una carcajada-. No entiendo porqué te ríes así tan irónicamente.

-Isabella, ¿Andrés te dijo su apellido alguna vez?

-No, ¿por qué?

-¿Entonces no sabes quién es?

-No.

-Es el hijo de Constantino Olazábal. -Me quedé pensando.

-Conozco un Constantino Olazábal, junto con el joven Jorge Clayton son dos de las mayores fortunas de toda Plena. Es más, de la mitad del continente. ¿Me estás diciendo que este Andrés es Andrés Olazábal, el millonario?

-¿Millonario? Multimillonario. -Me quedé pálida, pálida.

-Y cuando yo le dije que ganaba tanto, ¿por qué dijo que ganaba menos que yo? -Elena me dijo:

-Tú que crees saber tanto... Te lo hizo a propósito, porque él no desea que lo amen por el dinero, él desea que lo amen por él. Es muy amigo mío, lo quiero mucho, pero no como varón sino como amigo de verdad. Ha tenido muchas frustraciones, por eso nunca cuenta quién es.

-Tonta de mí -exclamé-. ¿Así que es multimillonario? Veré de reconquistarlo.

-Olvídate, Isabella, ¿con todo lo que nos contaste que le has dicho?

-¿No me va a hablar más?

-No, sí, sí te va a seguir hablando, pero olvídate de tener algo con él, olvídate.

 

Y me quedé pensando, ¿qué fue esto, una lección de vida? ¿Andrés Olazábal? O sea, que estuve con uno de los jóvenes más deseado del país, por no decir del continente. Bueno hasta allí me llevó mi prepotencia, hasta allí.