Índice

Psicoauditación - Núria J.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 26/4/08

Sesión del 5/5/08

Sesión del 7/8/09

Sesión del 1/9/09


 

Sesión del 26/4/2008

Médium: Jorge Raúl Olguín.

Entidad que se presentó a dialogar: Tethán de Núria J .

 

El thetán relató una vida en Perú donde su familia era pobre, aunque ella era feliz. Tuvo un desengaño amoroso que le afectó mucho. Un maestro le ayudó a comprender como afrontarlo, dándole diversas guías. Rehizo su vida aunque hasta esta descarga no lo había superado bien.

Sesión en MP3 (1.658 KB)

 

            Tengo en este momento sentimientos encontrados. Por un lado, gozo, placer de poder comunicar todo lo que pienso a través de este receptáculo que gentilmente se ha prestado. Pero por el otro miedo, incertidumbre por cosas que no quiero traer al presente en este momento, aunque sé que puede hacerme bien.

 

Tengo muchísimas vidas en las cuales he pasado crisis; vidas que directamente me arrepiento de haberlas tenido. Recuerdo una de ellas. Me llamaba Lucía Méndez. Estaba en Perú, cerca de lo que se conoce como Cuzco. Era una niña que crecí haciendo travesuras. Mi padre trabajaba en una chacra y mi madre armaba pequeños telares. Tenía un hermano, Joaquín, que ayudaba a mi padre. Yo crecía sin pensar en nada, tranquila, disfrutando, sin meterme en las cosas de los mayores. Y aunque veía que a veces discutían no le daba importancia. Era feliz.

 

Por supuesto que veía la diferencia entre los Pardo, allá en el centro del poblado, que tenían carroza y trajes lujosos. Miraba nuestra ropa y veía que era distinta, pero yo era feliz.

 

A medida que crecía me fui dando cuenta de que aún en esa época -y ya pasaron más de dos siglos- había diferencia de clases, desdenes, desprecios, y me di cuenta también de que lo que hacía mi padre, en realidad, le dejaba muy pocas ganancias. Esos tremendos campos que veía era apenas un pobre terreno pequeño.

 

Los telares de mi madre lo único que le dejaban eran callos en las manos y yo apenas -gracias a María, una maestra del poblado- sabía leer y escribir. Lo que no sabía era la gran fortuna que era eso porque la mayoría de la gente del campo ni siquiera sabía lo que era una letra.

 

Tuve muchas amigas del centro. Me acuerdo que mi padre a los 16 años -con mucho sacrificio- me compró un vestido para que pudiera ver las fiestas de los Salvamonte. Y ahí fue cuando conocí a Julio Ugarte. Me impactó con su mirada, cabello negro, rostro muy obscuro y ojos celestes-grises. Tenía una mirada que te hipnotizaba y empezamos a salir. Creo que me enamoré en el momento de verlo. Las niñas ricas no se metían pero miraban con una sonrisa rara que yo no entendía; aun así me entregué a él. Me sentía la joven más feliz. Corría descalza por los caminos, saltaba, gozaba, disfrutaba pensando que iba a llegar el atardecer para verlo nuevamente.

 

Y estuvimos así casi dos meses hasta que me costaba encontrarlo. Un día, cerca de la casa de los Salvamonte, veo bajar a la hija, Joaquina, cogida de su brazo y subieron a un carruaje, él peinado con el pelo abrillantado. ¡Ahí va la pareja! ¡Dentro de poco se casan!

 

Tenía un nudo en la garganta. Quería que la tierra me tragara literalmente. No pensaba. Tenía un zumbido en los oídos. Cuando me doy cuenta estaba sentada a un costado del camino y me voy para la casa caminando. Me lavo los pies con la regadera, me calzo y como el guisado. No comento nada. Trato de hacer un esfuerzo por no llorar, para que no se enteren, aunque ellos no se fijan en mí -cada uno estaba con su problema-. No tenía con quién hablar, y eso era lo más angustiante.

 

A los dos días viene un hombre grande, de más de 45 años. Sé que se llamaba Barbosa, que trabajaba con plantas y con hierbas. Le preguntaba y él me decía que había hierbas que sanaban el cuerpo y que había otras que sanaban el alma.

 

-Yo quiero esas.

 

Y Barbosa me decía: -No. Tú no quieres sanar el alma. Tú quieres olvidar un capítulo.

 

-Sí. Exacto, Don Barbosa.

 

-Y es al revés: no lo tienes que olvidar, lo tienes que tener bien presente. Eso es lo que te va a fortalecer.

 

-¡Tiene razón! ¡El odio me va a fortalecer!

 

-No. El odio debilita, el odio quita fuerzas. El amor y la comprensión fortalecen.

 

-Pero no le entiendo, Barbosa. ¿Qué amor le puedo tener a la persona que me usó y me traicionó?

-No hablo de él. Hablo de ti.

 

-No entiendo.

 

-Hablo del amor que tienes que tener por ti. ¿Por qué te menosprecias? ¿Por qué dices que te usó si tú también lo usaste a él? Se usaron ambos.

 

-Sí, pero me engañó.

 

-¿Qué te prometió?

 

-Nada. Yo doy todo, por supuesto.

 

-Salieron.

 

-¿Y usted cómo sabe eso?

 

-No lo sé. Lo intuyo.

 

-¿Usted me está queriendo decir, Don Barbosa, que yo debo quererme y que al quererme a mi misma me acepte y al aceptarme ya no  voy a tener ningún tipo de rencor ni odio por ninguna persona?

 

-Yo quiero decir que tienes que tolerar el error de los demás.

 

-¿Aunque lo hagan a propósito?

 

-No, hija, no te digo que seas cómplice. Tú no tienes que ser cómplice de quien te hace daño porque así eres cómplice del mal. Tienes que pensar que cada persona tiene un límite de comprensión.

 

-¿Pero qué me dice? ¡Si esa gente es inteligente!

 

-¿A qué le llamas inteligente? ¿A que andan en carruaje y tú tienes un pequeño sulqui?

 

-¿Qué me quiere decir, que para ser inteligente no hace falta leer ni escribir?

 

-No, porque saber leer y escribir te va a ayudar mucho aquí o el día de mañana si te vas a trabajar a Lima. Pero la sabiduría pasa por otro lado. No tienes que tomar ningún brebaje ni fumar ninguna hierba. Solamente aceptarte.

 

Mi vida cambió. A partir de ese momento me dediqué a estudiar. Ayudaba a mi madre sin protestar. Me reía de las burlas de las chicas de sociedad. Me daba cuenta que eran unas cretinas y les tenía compasión -no lástima- porque la lástima es de las personas creídas. Yo no era creída. Les tenía compasión, que es un sentimiento que va mas allá de la lástima.

 

A los 25 años estaba de maestra en Lima. Veía dos veces al año a mi familia hasta que conocí a otro maestro, pero no maestro de letras, era maestro de música. Tocaba la guitarra y tenía muchos chicos. No me encandilé como con el otro; me fue entrando poco a poco, lentamente, y yo también a él.

 

En esa encarnación viví hasta los 59 años. No tuvimos hijos pero fui muy feliz.

 

Lo que sí me quedó siempre fue ese sabor amargo de haber sido despreciada de joven, y aunque después haya logrado el éxito en el amor y haya tenido un trabajo digno y próspero, recién ahora que repaso todo eso puedo desahogarme un poco, porque como decía Barbosa -que sería un espíritu de Luz-: Es bueno aceptarse pero no está mal que otros te quieran también.

 

Este es mi punto de vista.

 

Sólo quería comentar eso por hoy. Gracias por permitírmelo.

 

 


Sesión del 5/5/2008

Médium: Jorge Raúl Olguín.

Entidad que se presentó a dialogar: Tethán de Núria J .

 

Habló sobre los problemas del 10% que influencian al 90%. A la parte encarnada le resulta más difícil ser estable cuando hay varias dificultades. Habló del amor personal y de sus efectos cuando se ve truncado. Detalló algunas cosas que pueden llevar de nuevo al equilibrio. Habló sobre la evaluación del karma y de las vivencias difíciles.

Sesión en MP3 (1.815 KB)

 

 


Sesión del 7/8/2009

Médium: Jorge Raúl Olguín.

Entidad que se presentó a dialogar: Tethán de Núria J .

 

Relató una vida en Suecia. Su infancia fue buena, pero en poco tiempo murieron su madre y un amigo, sintiéndose desamparada. Explicó otras malas experiencias cuando un novio le engañó y le abandonó, la muerte de su padre, y el intento de conseguir otro novio que no fructificó. Finalmente la aldea fue atacada y murió.

Sesión en MP3 (2.857 KB)


Sesión del 1/9/2009

Médium: Jorge Raúl Olguín.

Entidad que se presentó a dialogar: Tethán de Núria J .

 

Explicó que cuesta relatar experiencias difíciles. Tuvo una encarnación en Gaela. Era estudiante de historia, Explicó detalles de sus conocimientos de la historia y de la situación del planeta durante su vida, donde si bien había muchos avances tecnológicos la sociedad era decadente, corrupta, desidiosa y caminaba hacia su destrucción, y lo comparó con la situación actual de nuestro planeta Tierra. También relató unas dificultades con su pareja.

Sesión en MP3 (3.104 KB)

 

Me encuentro aquí comunicado con el plano físico. Uno como entidad espiritual a veces se pregunta: -¿Por qué determinadas vidas que han dejado marcas muy profundas no son vivenciadas de inmediato a la primera oportunidad?

No está en mí en este momento hacer un debate pero puedo dar muchas razones de tener miedo de tocar una vida, donde la esperanza era nula. El argumentar que si bien otras vidas posteriores fueron muy difíciles y crueles, dejaba mayor esperanza, el entender que no era solamente yo, que había millones de entidades espirituales que se quedaban sin hogar.

Al igual que muchos seres que en este presente encarnan en Sol 3, hace miles y miles de años encarne en Gaela.

Gaela es un planeta que está en el otro brazo de la galaxia. Es similar a Sol 3, con una estrella amarilla y está a una distancia de su estrella similar a este planeta donde hoy reside mi 10% encarnado como mujer. Era un planeta tan parecido que hasta la distribución entre agua y tierra era similar, con seis continentes e infinidad de países… Hasta la forma geográfica era similar.

Nací en un país llamado Plena en el denominado nuevo continente. Mi nombre era Dalia. Estábamos en el año 2100 de la era de Axxón, donde a partir de su nacimiento se empezó a contar la nueva Era, con un sistema de calendario muy similar al actual de Sol 3.

Me interesaba muchísimo la historia de Gaela. Estudié los distintos países del viejo continente: el gigante llamado Dosbi; el que había perdido 2 guerras, Grafent, donde en un viejo pasado nacieron los más grandes filósofos; Porísido, un país muy mítico, con castillos en medio de la espesura como Papina; su país vecino –Magar- cuya capital estaba dividida por un río; la gran isla que había sido un viejo imperio –Amber-; el país que hizo famoso a los espadachines –Amarís- y el país que estaba en la punta del viejo continente, un país de poetas románticos –Zaeta-. Del otro lado de Zaeta estaba Lizia. Lizia había sido un tremendo imperio que había sometido a medio continente, pero los emperadores no son eternos… En la actualidad se llamaba Liziana. Y Nebrón, el país donde había nacido Axxón, considerado por muchos como el hijo del Creador. En el nuevo continente la imperturbable Beta -uno de los países más poderosos de Gaela- y la Nueva Beta -que había sido colonizada por Amber y se había independizado tras una gran guerra-. Abajo de Beta estaba Zavala, a la que Beta le había sacado territorio dos siglos antes. Y allá, en el sur muy lejano, Plena, que estaba separada de Larrebedo por una alta cordillera, aunque Larrebedo y Plena eran países hermanos.

Yo vivía en Plena. De pequeña era feliz jugando con mi máquina de hologramas. Mi abuelo me decía: “Dalia, cuando yo era chico apenas existían ordenadores, pero esto no, que ni sé cómo se maneja”. Yo me reía de mi abuelo porque no entendía su manera de pensar, o tal vez estaba acostumbrado como entidad espiritual a que mi 10% fuese una niña caprichosa, consentida, amada por sus padres con un amor desequilibrado que no ponía límites. Y el abuelo Jonás, con su amor incondicional, tampoco le decía nada pero le contaba historias del bisabuelo Radúl:

-Cuando yo era chico, querida Dalia, mi padre Radúl me decía que en su época ni siquiera había ordenadores y jugaban tranquilamente en la acera.
-¡Pero, abuelo, esto fue siempre así!
-No, esto no fue siempre así. Tú ves ahora –aunque seas muy niña todavía-adolescentes que se inyectan droga a plena luz del día, gente tirada en las calles, toneladas de basura -que como hay huelgas nadie recoge-, el aire absolutamente contaminado, gente que se muere en todos los continentes…
-Pero, abuelo, papá dice que hay medicación para todo eso, y que cada 6 meses nos tenemos que tratar.
-Cuando mi padre Radúl era joven, la medicina no estaba tan avanzada pero no había ni la décima parte de enfermedades que hay ahora, ¡sin contar las guerras y muertes! Mi padre tenía la esperanza de que ese fundamentalismo religioso se acabara, pero fue cada vez creciendo más, tanto en Occidente como en Oriente. Fíjate sino la orden de Amarís, que empezó con amor y los seguidores de Axxón que oraban y míralos ahora... están como en la edad media, persiguiendo a los que no piensan como ellos… ¡Este mundo es un caos!

Dos años después el abuelo fallece. Me quedé con ganas de saber más historias de mi bisabuelo al que solo conocí por holo-foto. Por supuesto, podía ver holo-películas del abuelo, de la abuela y del bisabuelo, poniendo los cristales en mi aparato, pero no me entretenían.

Me gustaba este mundo, a pesar de todo. Y fui creciendo. Cuando tenía 17 años conocí a Boleno. Él era estudiante de física. Le gustaba estudiar profundamente y me hablaba del tema pero no entendía nada… A mi me gustaba la historia y nadie me sacaría de ello.

Los grandes imperios cayeron cuando Nebrón se libró de las garras de Lizia, cuando murió el último emperador de Lizia. En la vieja Porísido hoy sólo quedan restos de monumentos…

Salí dos años con Boleno hasta que contrajimos enlace. Nos fuimos a vivir a un apartamento en pleno centro de Plena. Yo estaba acostumbrada a estar en las afueras de la ciudad y me lloraba mucho la vista por la descomposición de la basura. Aparte leía en las holo-noticias los secuestros, las muertes -ayer habían matado a 2 maestras en una escuela de los suburbios y uno de los chicos alegó que fue un acto de insanía y lo soltaron a los 2 días. Al contrario, la familia pidió indemnización por un maltrato psicológico al niño, que tenía 17 años y sabía lo que hacía, pero las mismas leyes estaban corruptas. Hoy se mataba cualquiera con cualquiera-.

Un día, con un primo Sabilón subimos en un helio-taxi, nos rozó otro helio-coche particular y éste, en una maniobra imprudente, le disparó, haciendo que el otro se estrellara, donde seguramente sus ocupantes murieron. La cabina del chofer estaba separada con un vidrio que impedía ver bien su rostro. Nosotros poyamos en un panel nuestra tarjeta, y cuando se nos descontó el gasto del viaje, nos bajamos.

-¡Vamos a hacer la denuncia!- dije-.
-¿A quién vamos a denunciar? ¡Ya se ha ido! ¡No vimos su rostro! ¡No nos metamos en problemas!

Me sentía perdida en una sociedad tan corrupta. ¡Apenas teníamos el 2% de agua potable en todo Gaela! A veces se me caían lágrimas, no por las historias que el abuelo me contaba sobre el bisabuelo Radúl, sino sobre lo que era la historia del siglo pasado, lo felices que eran. Yo no entendía cómo podían vivir sin las máquinas actuales, y ellos tampoco entendían cómo en un siglo anterior pudieron haber vivido sin los viejos televisores, que para nosotros eran cosas caducas. ¡Nada reemplazaba a la holo-visión en distintas dimensiones!

Pero era la época en la que me había criado, aún sabiendo que lo moderno era lo mejor. El hecho de ser historiadora -aunque todavía no me había recibido- me hacía ver que había más enfermedades ahora que hace 2000 años atrás, a pesar de los avances de la medicina. No hacía falta una gran guerra para que se acabe con la humanidad; la humanidad estaba acabando por si misma. El aire estaba absolutamente contaminado, a tal punto que en las ciudades prácticamente quedabas casi ciega por la irritación. Décadas y décadas planificando la “no quema de combustible” y a los gobernantes no les importaba, como si ellos no tuvieran a su vez hijos o nietos...

Boleno pensaba distinto a mí. Él decía: -¡Esto es lo que es y que hay que aceptarlo! Yo hasta tenía el temor de engendrar hijos y por eso me inyectaba para mantenerme estéril. Boleno me acusaba de ser una persona egocéntrica y que no pensaba en su felicidad. En dos años y medio, seis veces estuvimos separados… y volvimos a juntarnos… y otra vez a separarnos… y otra vez a juntarnos… ¡La séptima vez yo no lo soporte más! Ya estaba trabajando como historiadora, pedí que me mandaran al norte, y me trasladé a Beta -sabía hablar su idioma-. Beta era el gran país, pero cuando entré en él me llevé la gran decepción de saber de que estaba todo tan o más contaminado que en Plena. Había una enfermedad nueva, desconocida, y los biólogos no entendían como la gente en 48 horas se moría tras una tremenda hemorragia… era algo que fagocitaba el cerebro de la gente, algo nuevo y que quizás se trajo en alguna nave exploradora de algún cometa…

Dos años después me entero de que Boleno había fallecido, tras una penosa enfermedad que duró un año. Y obviamente me sentí mal, pero...

Hice grandes escritos en los holo-periódicos, pero nadie prestaba atención. ¡Es como que el mundo era zombi! ¡Es como que la gente no vivía! Había una gran espiritualidad en grupos aislados, pero no prosperaban.

Conocí a un tal Jorfan, que decía que canalizaba a seres suprafísicos. Decía que era la reencarnación de Axxón. Jorfan vivía en Plena pero también tenía una propiedad en Beta.
Una sola vez conversé largamente con él y me dijo: -Dalia, ya no tiene sentido predicar. Este mundo ya está perdido, pero nosotros seguiremos en otros mundos -o tal vez en esta misma Gaela- dentro de miles de años, cuando nosotros, los parásitos de este planeta, ya estemos extinguidos como seres encarnados.
-Por algo no quise tener hijos- murmuré.
-Pero no pierdas la esperanza porque seguiremos estando, seguiremos...

Desencarné a los 40 años, siendo que la expectativa de vida era de 120 -o había sido de 120 años-. Habíamos retrocedido mucho, en desidia, en dejadez, en indiferencia… Había grandes ciudades con basura en todas ellas, no había sitio donde poner los desechos, los mares estaban contaminados…

Después de miles y miles de años -hoy encarnada como Nuria- estoy en este mundo tan hermoso, con muchísimos problemas -hasta de identidad conmigo misma- de no saber a veces qué decisiones tomar, de no saber a veces de que mano cogerme… Pero como entidad espiritual también tengo miedo de que con Sol 3 pase lo mismo que con Gaela, y lamentablemente a eso se encamina la humanidad.

Si me quedaron engramas de esa vida, no podría decir si eran engramas… solamente pregunto: -¿La desesperanza es un engrama?

Gracias por escucharme.