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Psicoauditación - Oteb V.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 21/01/2017

Sesión del 29/01/2017


Sesión del 21/01/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Oteb V.

La entidad nos detalla como era su estrella, Ran, y su mundo, Ran II, a diez años luz de Sol 3. En aquellos momentos el estado prohibía tener más de dos hijos por pareja, pero sucedió, casi.

Sesión en MP3 (2.540 KB)

 

Entidad: Voy a utilizar un término vuestro del plano físico. Por un lado, como seres espirituales conceptuamos encarnar para gozar, disfrutar, percibir los cinco sentidos físicos. Por el otro, quizá lo toméis como broma, parecemos masoquistas, como que nos gusta sufrir o tal vez la atracción por el plano físico es tan grande que la aceptamos aun sabiendo las consecuencias.

 

Mi nombre era Rendo Javier, tenía ciento ocho años, treinta y seis de los de Sol 3. Estaba en la región sur de nuestro planeta, Ran II, casado con dos hijos y mi esposa embarazada otra vez. Éramos un mundo joven, un mundo cuya estrella, Ran, tiene apenas seiscientos millones de años. Nuestro mundo, de quinientos millones de años, era un mundo joven, no había pasado etapas de cambios atmosféricos o geológicos. Lo sabía muy bien, era profesor de historia, y además me interesaban los objetos antiguos desconocidos. Más de una vez, buscando personalmente en distintas expediciones, habíamos encontrado pequeños artefactos que no eran de origen de nuestra civilización y muchas veces he comentado, en distintos cursos, que habíamos sido visitados por seres de otros mundos. Ran II no era un mundo religioso, la sociedad era pragmática y no creían en lo que no veían, no creían en aliens.

 

No me podía quejar de mi trabajo. Mi trabajo era bueno, me deja buena remuneración electrónica, nos sentíamos cómodos no teniendo papel moneda puesto que nuestro dinero era virtual. El problema de la gran sociedad era que para que nuestro mundo sea -supuestamente- perfecto, todos los gobiernos del planeta se habían puesto de acuerdo en que todo matrimonio no podía tener más de dos hijos salvo casos excepcionales donde la mujer tuviera trillizos, cuatrillizos o más. Con mi esposa estábamos más que preocupados, todo hijo que superara el cupo, el gobierno se lo llevaba de bebé, los llevaba a un centro educativo y ese bebé se criaba sin padres, perdía la identidad, era solamente un número, era imposible volver a encontrarlo porque no te informaban y si ese niño o niña crecía y de adulta quería buscar a sus padres le era prácticamente imposible. Es cierto que en nuestros grandes ordenadores existía una base genética y quien sabía manejarla bien entendía que podía encontrar a su coincidencia genética, pero se castigaba, porque ese joven varón o joven mujer perdía todo acceso a todo ordenador. Lo mismo al revés, si los padres fuesen a la base de datos buscando coincidencias genéticas se les impedía el acceso.

 

¿Qué era una sociedad cruel? No, eran reglas, seguramente reglas más perversas en Sol 3. Rara vez hubo guerras en Ran II, las hubo pero el porcentaje era mínimo. El hecho de que no fuera un mundo de creencias religiosas lo hacía más coherente, no había sacerdotes que señalaran con el dedo a quienes amaban la ciencia, no existían creacionistas si bien es cierto que nuestro mundo se alimentaba de mitos, de creencias no religiosas y de leyendas.

 

Mi esposa trabajaba como ayudante adjunta en mi clase de historia, pero en poco tiempo se le notaría su embarazo. La anotarían, la pondrían en un fichero electrónico, dejarían que haga su vida normal, la atenderían en la mejor clínica y luego del parto nos quitaban al bebé. No se puede echar culpas que ella me dijera "Tú no te has cuidado", porque el cuidado era mutuo y de común acuerdo entre las partes. Los dos no nos habíamos ocupado de ser más precavidos, nuestra sociedad tenía infinidad de maneras de prever que la mujer quedase embarazada.

Y tuve sentimientos encontrados. Era racional, era coherente, tolerante, con una enorme dosis de paciencia pero el embarazo me volvió irracional; odiaba a la sociedad, odiaba a que nos arrebataran algo que se había gestado -"alguien" que se había gestado, me corrijo-, y nos afectaba a nuestra relación porque siempre conversábamos sobre mil temas, especialmente sobre historia. Ella me apoyaba en mis descubrimientos sobre objetos antiguos desconocidos, pero ahora nos rodeábamos de largos silencios que afectaban a nuestra relación, prácticamente no teníamos intimidad. Diría como que consciente o inconscientemente nos rechazábamos el uno al otro. Por las noches me asomaba al dormitorio y escuchaba el sollozo silencioso de ella. Yo no sollozaba, caían las lágrimas por mi rostro con un dolor tremendo en el pecho sabiendo que había un tercer hijo que jamás, nunca sería nuestro. Ya nada sería lo mismo.

 

Me dediqué -para, como decís vosotros en Sol 3, para tratar de tapar el cielo con las manos-, me dediqué a mi trabajo. A mis alumnos les hablaba de objetos antiguos, ellos me contestaban en confianza:

-Jamás hemos visto nada, no creemos que haya vida inteligente en otros mundos.

Les respondía:

-Todo lo contrario, la mayoría de los mundos tienen sistemas estelares más antiguos que el nuestro. Es más, a diez años luz(Nota), nuestro super telescopio ha descubierto una estrella amarilla de casi cinco mil millones de años, casi diez veces más antigua, siempre hablando en años de Sol 3. Nuestro mundo giraba alrededor de su estrella en ciento veinte y dos días por lo cual nuestra edad en años era tres veces la de Sol 3.

 

Me sentía ambiguo, tenía tanto dolor que hasta había perdido las ganas de vivir. Y si bien nosotros como sociedad no éramos religiosos, todos o casi todos interiormente creíamos que alguna esencia intangible había creado este universo, y quizá fue esa esencia -cosa que no creo porque no se va a ocupar de algo tan pequeño como nosotros, pero uno nunca sabe-, quizá fue esa esencia intangible la que hizo que mi esposa se desgarrara en un grito de dolor. Fui corriendo al dormitorio y vi que estaba manchada de sangre. Llamamos urgente al servicio médico de urgencia, valga la redundancia, había tenido un aborto espontáneo, no provocado. La atendieron, estuvo un día internada, le dieron el alta y medicación.

El estado no nos castigó puesto que al abortar ella no habíamos roto la regla de no tener más de dos hijos por pareja. Sí nos advirtieron, quedaba un antecedente en nuestra hoja, pero nada más.

 

Mi esposa sufrió durante meses una tremenda depresión, pidió permiso a las autoridades en el trabajo. Me era difícil consolarla pues yo también estaba triste pero muy, muy egoístamente, muy egoístamente aliviado, la sociedad no nos había quitado el hijo, la fatalidad. El destino, pero no la sociedad. Mi trabajo era ahora consolarla y recomponer una relación tan maravillosa como la que teníamos. Ella era inteligente, coherente como yo, usaba el sentido común y era muy tonto acusarnos uno al otro por algo que tampoco habíamos provocado a propósito. Nos quedaba un gran trabajo por delante, y mucho más por contar en esa vida como Rendo Javier, de ciento ocho años, treinta y seis de Sol 3.

 

Gracias.

 

 

Nota: La estrella Ran es Épsilon Eridani. A 10.47 años luz de Sol 3.

 

 


 Sesión del 29/01/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Oteb V.

En Ran II, él y su esposa salían de la pérdida de un hijo. Ella no lo llevaba bien. Un asesor humano, genetista puso las cosas en su sitio y pudieron seguir adelante fortalecidos.

Sesión en MP3 (2.645 KB)

 

Entidad: Dentro de poco voy a cumplir ciento nueve años, casi treinta y siete años de Sol 3. Mi nombre es Rendo Javier, amo mi mundo, amo Ran II, respeto sus leyes, admiro que no sea un mundo de creencias absurdas. De alguna manera se le da prioridad a la ciencia, a la investigación y por sobre todas las cosas se evita depredar al planeta, pero el hecho de que la sociedad no permita tener más de dos hijos por pareja, a veces trae consecuencias donde por descuido -nunca por desidia, ¿eh?-, o porque uno tiene la mente en el trabajo. No es excusa, pero la consecuencia es que mi esposa había quedado embarazada y nos quitaban a la criatura una vez nacida, la llevaban a un centro comunitario donde jamás la veríamos, so pena de castigo.

 

El destino, por llamarlo de alguna manera, eligió por nosotros: tuvo un aborto espontáneo y perdió el embarazo. Eso no quitó que fuéramos apercibidos, que quedara en nuestra hoja de servicios la nota. Pero eso es la parte anecdótica, la parte profunda es que ella cambió, nuestra relación no fue la misma, me evitaba; la abrazaba y buscaba una excusa para escurrirse de mis brazos.

Recuerdo que le dije:

-Mira, Nilda, conozco un asesor que nos puede orientar.

Me respondió agriamente:

-Rendo, nos puede orientar, ¿a qué? ¿A que una no sienta el dolor? ¿A que una no sienta que no todo está bien? ¿A que deje de sentirme vacía por dentro?

-Mi amor, tenemos dos hijos, yo te amo.

Se quedó sentada en un sillón y asintió.

 

Sin perder tiempo pedí turno con el asesor. Nos encontramos con un hombre de ciento treinta y cinco años, serían cuarenta y cinco de Sol 3, alto, de ojos inescrutables pero de rostro muy amable, de mirada comprensible.

No habló conmigo se dirigió a mi esposa:

-¿Tu nombre es?

-Nilda.

-Mi nombre es Raúl Iruti. ¿Exactamente por qué vienes?

-Bueno, mi esposo Rendo Javier me comentó que era importante ver a un asesor para que nos oriente y...

La cortó con un gesto amable:

-¿Pero tú, Nilda, por qué has venido?

Negó con la cabeza:

-No sé, tal vez con la esperanza de encontrar una solución.

-Empieza por contarme qué sucedió.

-Bueno -dije yo-, estamos casados con dos hijos...

Raúl Iruti levantó la mano de nuevo:

-Me interesa que lo cuente ella.

Y contó entre lágrimas, haciendo un repaso de que la sociedad pragmática, para evitar superpoblación no permite tener más de dos hijos por pareja. Comentó sobre el embarazo accidental.

-Nada es accidental -comentó Raúl Iruti-, pero continúa.

 

Nilda siguió el relato hasta que pasó lo que tuvo que pasar, o lo que no tuvo que pasar, o lo que sí tuvo que pasar.

Terminó el relato y dice:

-¿Está bien que haya pasado de esta manera?

Iruti dijo:

-Todo depende de qué ángulo percibas el tema.

-No entiendo -dijo Nilda.

-Claro. Supón que el embarazo seguía, les quitaban la criatura. En el resto de vuestra vida hubieran criado dos hijos sabiendo que hay un tercer hijo que jamás verían.

-¿Y qué? -espetó de mal modo Nilda-, ¿sabiendo que está muerto es un alivio? ¿Sabiendo que no nació es una tranquilidad?

-Eso lo dices tú, Nilda, yo digo que todo depende de la perspectiva que tengamos con respecto a determinada problemática. También sé que entre vosotros hubo una especie de grieta de parte tuya.

-Siento como odio.

-Explícame ese odio.

-Sí, rabia, como que no puedo cambiar las cosas, impotencia.

-Bien, interpreto que no sientes odio, interpreto que sientes impotencia. De acuerdo a las leyes de la sociedad hubo un embarazo, de ninguna manera iba a estar bien. Y no estoy tratando de consolarte, simplemente te digo que la desgracia que pasó o lo que hubiera sucedido de otra forma también hubiera sido negativo, pero no podemos dar marcha atrás en el tiempo. Sería absurdo y necio decir "lo hubieran pensado antes", no, no de parte mía, no, porque son palabras vanas.

-Y qué nos recomienda -dijo Nilda.

-Primero, que la impotencia que sientes es válida pero también usa el sentido común, estas leyes son anteriores a vosotros, fueron puestas hace bastante tiempo atrás, estas leyes tienen bastante tiempo. Ciento ochenta siglos llevamos, estamos hablando de dieciocho mil años, desde que el ser humano tiene los primero escritos.

 

Aclarando de parte mía, como Rendo Javier, que dieciocho mil años equivalían a seis mil años de Sol 3, esa era nuestra edad en nuestro almanaque como sociedad, seis mil años de Sol 3 desde que el homo sapiens empezó a contar la era.

 

Siguió hablando el asesor Raúl Iruti.

-Y fíjate, apreciada Nilda, que recién en los últimos doscientos años se aprobó esta ley para evitar superpoblación. Somos un planeta especial, no depredamos especies, evitamos talar bosques, selvas, protegemos las fuentes naturales. No somos un mundo perfecto pero estoy seguro que a diferencia de otros mundos la diferencia entre los más pobres y los más ricos no es tanta. Deja de sentir tanta impotencia y lástima por ti misma. Los dos son importantes, el hecho de que estén criando dos hijos, por lo que me anticipó Rendo, sanos, inteligentes te tendría que dar, Nilda, una alegría en tu corazón, y que tu impotencia no te separe de Rendo.

En un impulso, Nilda me abrazó. El asesor Raúl Iruti nos miraba sonriente.

-Gracias por sus palabras. -Seguíamos abrazados.

Iruti nos dijo:

-El que ahora estéis abrazados no significa punto y aparte, profundizad el diálogo, pongan la fuerza en su trabajo, en la pareja, en los niños... Y obviamente, no podemos retroceder el tiempo pero sí prever el futuro. Yo, aparte de ser asesor, tengo otro estudio y puedo trabajar para prevenir que haya un nuevo embarazo.

-¿Cómo, otro estudio? -Miré un cuadro de la pared: "Raúl Iruti. Genética Avanzada". Me asombré-. ¿Usted es el doctor Iruti? ¿El doctor Raúl Iruti, el genetista? ¡Pero ha recibido varios premios!, usted y su compañero... ¿Cómo se llama?

-Alexis, Alexis Anasio. Somos compañeros y somos prácticamente hermanos.

-¡Vaya! ¿Y también trabaja como asesor?

-Es lo que me gusta, ambas cosas me gustan.

-¿Se interesa, aparte, por la historia?

-Me intereso por todo -dijo Raúl Iruti. ¿Sabe que aparte de ser profesor de historia estudio objetos antiguos, objetos antiguos que son desconocidos como que no fueran hechos por nuestra civilización? -Me encogí de hombros y dije-: ¡Va! Sé que la sociedad no cree en leyendas, en mitos...

Otra vez levantó la mano y dijo:

-No tengo creencias religiosas pero uso el sentido común; si hay objetos de miles y miles de años con una mano de obra desconocida dudaré de que sean objetos construidos en Ran II.

 

Me brillaban los ojos, había encontrado una persona que entendía mi punto de vista.

-¿Podremos seguir en contacto?

-Tienes mis datos -me dijo Raúl Iruti. Puse mi tarjeta de crédito en un lector que Iruti tenía y le descargué el precio de la consulta. Nos dimos la mano. Nilda en un gesto lo abrazó. Él la miró a los ojos y le dijo:

-Eres importante. Rendo te ama, apóyate en él y permite que él se apoye en ti, no te cierres.

-No lo haré -dijo Nilda. Nos fuimos abrazados del edificio.

 

Otra historia comenzaba, distinta. Nuestro horizonte brillaba con una nueva luz. Gracias por escucharme.