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Psicointegración - Euforia vs. Estrés

Grupo Elron
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Psicointegración 05/11/2014

Por: Jorge Raúl Olguín.

 

 

La euforia y el estrés pueden formar una espiral que dependiendo de cómo se transita por ella puede llevarnos a lo más bajo o a lo más alto. La euforia y el estrés se generan en uno mismo o se contagian de otros. Por nuestro libre albedrío podemos elegir personas positivas que nos ayuden en nuestros proyectos o personas negativas que nos quiten energía y nos hundan.

 

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Jorge Olguín: Muchas veces hablamos de proyectos a corto o a mediano plazo, proyectos que nos provocan euforia y como dije en varias oportunidades la euforia, entre comillas, potencia las endorfinas. Esas endorfinas provocadas por la euforia hace que no seamos permeables a lo negativo externo y de esa manera no somos vulnerables emocionalmente.

Pero ante casos donde la rutina impera, donde la rutina predomina, donde hay falta de proyectos por determinadas circunstancias, la adrenalina, entre comillas, se apaga, la adrenalina ya no nos hace ese cosquilleo en el estómago. Ante situaciones estresantes la euforia no aparece y si esas situaciones estresantes son acompañadas de rutina, el cuadro se agrava aún más.

                                                                                            

Podemos ser estudiosos del tema de la euforia, las emociones, de cómo las emociones positivas pueden hacer que nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros sentidos sean un escudo ante circunstancias adversas de la misma manera que habiendo emociones negativas todo nuestro ser, cuerpo, mente, espíritu sean vulnerables. Nuestro ser interno, aquel que llamamos espíritu, le va a afectar, obviamente. Pero el perjudicado va ser nuestro cuerpo, va a estar sensible, vulnerable ante esos estadíos emocionales adversos llegando a enfermarnos. Y no como dicen algunos -o muchos- que las emociones negativas provocan enfermedades no, no las provocan, sencillamente al estar vulnerables somos receptores, amplios receptores, como grandes antenas, y ante el menor problema lo potenciamos no a propósito, nosotros no queremos pasar por esas circunstancias negativas, queremos tener un sendero libre, no nos interesa que haya obstáculos en ese camino pero no podemos aislarnos del entorno, aparte no debemos aislarnos, estamos justamente aquí para convivir con nuestro prójimo, tender una mano en lo posible y si alguien nos tiende una mano porque estamos caídos, aferrarnos a esa mano hasta tanto podamos estar bien.

 

Dicen que la euforia se contagia. Sí, lo comparto. Podemos tener días con ánimo negativo y estamos con otra persona que tiene una elevada euforia y podemos contagiarnos de la misma. Parece irracional porque a la otra persona la euforia le fue provocada por alguna razón, por algún episodio positivo que haya acontecido en su vida o bien por un proyecto a corto plazo que se esté por producir. ¿Y por qué nos contagia esa euforia si nosotros no tenemos el mismo proyecto o no pasamos por ninguna situación emocional buena? Porque directamente hay una empatía y absorbemos parte de esa euforia aunque el proyecto no sea nuestro, aunque esa situación pasada tan agradable no haya sido vivida por nosotros.

Mas de la misma manera que se contagia la euforia se contagia la vibración densa. Es más, aquellos que contagian la euforia se están brindando, los que contagian vibración negativa nos están absorbiendo energía. La diferencia es abismal, digamos que es el otro punto, el punto opuesto de la circunferencia, está del otro lado, de los ciento ochenta grados.

 

Pero no siempre, como dije al comienzo, esa adrenalina, entre comillas, se apaga porque nos absorban nuestra energía, porque nos demanden o porque haya gente tóxica cerca, relaciones afectivas, amistades, familia, lo que fuera. No, no siempre es así, a veces es nuestro propio estilo de vida que no es que nos haya sido impuesto sino que se dio la circunstancia, porque de repente elegimos un camino que nos parecía agradable, abierto y nos adentramos en un laberinto donde de repente no encontramos la salida y damos vueltas en círculos, metafóricamente hablando, y al dar vueltas en círculos no vemos un horizonte a donde marchar. Entonces nuestra vida se transforma en un laberinto cerrado donde no se visualizan proyectos ni a corto ni a mediano ni a largo plazo, donde las situaciones de euforia son cada vez menos, menos, menos hasta que deja de haber situaciones de euforia. Y ahí viene lo que también mencioné antes, la rutina, haciendo que ese cuadro se agrave más, donde hay un laberinto que no se le encuentra la salida.

 

Tenemos las herramientas para modificar esa situación porque uno de los dos tesoros que Dios nos ha brindado es el libre albedrío. Lo que pasa es que el libre albedrío en muchas ocasiones puede ser ficticio porque no podemos separarnos de determinada persona por una cuestión económica, no podemos renunciar a determinado trabajo exactamente por lo mismo y ahí ya estamos hablando de algo puramente físico, lo económico, y es totalmente molesto que algunos terapeutas digan "Tienes que estar con determinada persona o tienes que cumplir con determinada función en ese trabajo porque tienes que aprender algo de tu pareja, de tu amigo, de tu madre, de tu jefe", porque esos terapeutas tienen un librito que lo han aprendido de memoria como un niño de la primaria, y como los telemarketer -los que están en el mercadeo- que tienen un sellito en la frente y repiten cual loros lo que les han enseñado y no te dan ninguna solución. Escapad de ese tipo de terapeutas.

 

No es que uno tenga que estar permanentemente en determinada situación, con determinadas personas, en determinada labor porque haya algo que aprender, puede ser así pero no siempre es así porque si hacemos caso a eso nos transformamos en autómatas, porque esa lección puede ser eterna y nunca se aprende.

 

Entonces retrocedo, vuelvo al tema de libre albedrío. Tenemos esa herramienta, tenemos la opción de trazar nuestro destino. Podrá llevarnos mucho, poco y a veces el tiempo que nos lleve es insufrible pero a no hacerlo, a no planificarlo, a no trazarlo la diferencia sirve, porque 'mucho tiempo' es menos que toda la vida física. Entonces hay que programar, idear la manera de romper con esa rutina, la manera de salir de ese laberinto.

Sucede que a veces están mezclados los afectos. Entonces a veces la libertad cuesta porque muchas veces sacrificas esa libertad por afectos. El tema es que esos afectos en vez de darte vida no te apaguen porque nosotros no somos un aparato que se pone en Off, en On, en Off, en On. Cuando nosotros nos ponemos en Off ya no hay marcha atrás, no hay On. No en la misma vida, no.

 

Entonces, como dije alguna vez hace muchos años atrás, pongamos en esa balancita de platillos los pros y los contras en las decisiones a tomar y pongamos el corazón en el freezer, a ver que resulta. A veces no hay soluciones definitivas, a veces hay soluciones provisorias, soluciones pasajeras. Sería como aquella persona que trata de batir un record bajo el agua y de repente sale a superficie y ¡Ahhh!, chupa aire para llenarse los pulmones. A veces esas soluciones provisorias, esas soluciones pasajeras te permiten chupar aire para que puedas pensar, razonar, ver las cosas más impersonalmente, más de lejos con perspectiva. Es como que tienes un tiempo más para decidir qué hacer o qué no hacer.

 

Gracias por escucharme.