Índice

Psicointegración. Circunstancias y rol de víctima

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

 

Psicointegración

De Jorge Olguín.

Habló sobre el rol de víctima consciente e inconsciente y su mayor o menor voluntad de manipulación, y también sobre nuestra capacidad de afrontar las circunstancias negativas y la actitud ante ellas.

Sesión en MP3 (1.611 KB)

 

            Jorge Olguín: Muchas veces ejercemos distintos roles, pues el ego interpreta que es una barrera ante agresiones externas. Lógicamente, como el ego es un protagonista, no entiende que ese mismo protagonismo crea más antagonismo desde el otro lado.

          Uno de los roles más difundidos es el rol de víctima. El rol de víctima en todos los casos es manipulador. Sucede que hay dos tipos de manipulación: la consciente y la inconsciente. El rol de manipulación consciente es el más peligroso, pero no peligroso para la persona que ejerce el rol sino para los demás.

Muchas veces, en una relación de pareja, una de las partes, cuando el otro llega tarde le dice al otro: “¡Oh, mira a la hora que has venido! ¡Si a mí me pasaba algo a ti te iba a remorder la conciencia; tú hubieras sido el culpable!”. Eso lo hace para que la otra persona se replantee su conducta -que seguramente no hizo nada- y diga: “¡Oh! Verdaderamente la otra persona no se merece esto. ¿Por qué no llegué antes?”. Y tal vez no llegó antes porque no había terminado una reunión o porque no había terminado su trabajo, y la otra persona aprovecha para manipular.

            No sucede solamente con las relaciones de pareja sino también con las personas mayores. Las personas mayores manipulan mucho a sus hijos o a quienes tienen a su alrededor. Si bien hay muchas personas que sufren trastornos o determinadas enfermedades muchas veces los roles de víctima potencian las enfermedades en forma de placebo o en forma real. Por ejemplo, en forma de placebo –hablo de los hipocondríacos- es como que se “enferman” más de lo que es para poder manipular más y mejor. Y hay algunas personas que, directamente, su propio ego les hace hacer un rol de víctima tan exacerbado que realmente potencian su mal. He visto personas mayores que llegan a tener temblores de manos, de pies, de cuerpo para ser más atendidas, llegando incluso a desvanecerse, lo que en psicología se llama “desmayos histéricos” que son provocados -sí, son provocados-, y eso lo puedo debatir con cualquier profesional de la salud.

La persona que hace rol de víctima se apoya tanto en su papel que luego no puede vivir sin él porque se acostumbró tanto a manipular a los demás que no encuentra otra manera para llamar la atención. Generalmente son personas que tienen baja estima y entienden que la única manera de hacerse notar es llamando la atención mediante roles de víctima.

            Después está el otro caso: el rol de víctima inconsciente. La persona que no manipula, la persona que trata de lograr salir adelante pero que se siente perseguida por las circunstancias. Entonces, de alguna manera, manifiesta un rol de víctima inconsciente. El rol de víctima inconsciente es más fácil de revertir porque el hecho de que la persona no lo haga ex profeso, con su mente analítica va a razonar que eso es perjudicial para sí misma.

            Ahora voy a hacer un diálogo inexistente entre el terapeuta y la supuesta persona que ejerce un rol de víctima inconsciente para que se entienda mejor.

            -¡Ah! Para usted es sencillo porque usted no está pasando por mi problema. Tengo problemas en mi trabajo, con mi pareja, en lo personal...

            -Está bien. Lo acepto, lo entiendo y lo reconozco. Pero también entiendo que sentirse víctima de las circunstancias no va a ayudar a solucionar el problema.

Acá no estoy diciendo de hacer la vista gorda a los problemas y no confrontarlos. No estoy diciendo eso. Estoy diciendo de buscar analíticamente la mejor manera posible para mejorar la situación.

Hay cosas que podemos cambiar y hay cosas que no podemos cambiar. No se trata de resignarnos y decir: -Bueno, si no las podemos cambiar, ¿para qué nos vamos a preocupar? Siempre tenemos que ocuparnos y buscar hasta la última instancia para modificar determinada situación. No sirve de nada transformarnos en un paño de lágrimas porque eso no solamente nos obnubilaría sino que nos quitaría la claridad como para poder intentar modificar determinada situación. Seguramente nos pasa a todos. No creo que haya alguien que este exento de todo eso. Seguramente nos pasa a todos, que las circunstancias nos perjudicaron. A veces, ex profeso, hay terceras personas que han actuado en contra nuestra. Levante la mano el que no lo ha sentido alguna vez así... ¡Yo no levanto la mano!
            Lo importante es saber que uno es importante y que tiene que agotar todas las instancias como para lograr revertir determinada situación. Y la que no se puede revertir, como dije antes, tratar de paliarla lo mejor posible.

            Sentirnos víctimas nos resta fuerzas. Sentirnos víctimas nos quita energías. Cuidado porque nos podemos acostumbrar a sentirnos cómodos en ese rol. Podemos llegar a pensar: “Bueno, más de esto no puedo hacer. Me cruzo de brazos”. Y cruzarse de brazos no es absolutamente recomendable. Para nada. Siempre hay que actuar en consecuencia.  Siempre. En todos los casos hay que actuar. Se trata, justamente, de intentar modificar situaciones que sean incómodas, de alcanzar las expectativas con las que soñamos, de alcanzar las metas que proyectamos. Y nos va a pasar lo mismo que a todos en esta sociedad: alcanzaremos un porcentaje de ellas; no todas las metas porque es imposible lograr todo de todo. Lo importante es gozar el mientras tanto.

El consultante me dirá: -Claro, es sencillo. Es como si usted tuviera un dolor de muelas y yo le dijera: “Bueno, hasta que vaya al dentista, goce”. ¿Cómo va a gozar con el tremendo dolor que tiene? Está bien. Se supone que hay casos extremos donde la circunstancia es demasiado grave, donde los actos en contra son demasiado hostiles y no se puede gozar esa circunstancia porque uno está pasando por situaciones absolutamente dificultosas y es lógico que no se va a gozar el mientras tanto hasta que la persona pueda salir adelante.

            Pero se trata de tomar las cosas “fríamente”, como si estuviéramos afuera de la escena y viéramos desde arriba la situación buscando la mejor manera para solucionarlo en la índole que fuera, en lo laboral, en lo afectivo, en lo personal, etc. Nunca debemos sentirnos perseguidos por las circunstancias. Repito: en muchas ocasiones las circunstancias actúan en contra nuestra, a veces por causalidad y otras directamente por terceros abiertamente hostiles. Entonces, hay que buscar la mejor herramienta para evitar esa circunstancia. No siempre se logra en primera instancia pero lo importante es tratar. El rol de víctima es uno de los papeles más difíciles con los cuales debemos enfrentarnos.

            El rol de víctima consciente de la persona que busca manipular es muy difícil de revertir porque la persona se siente cómoda en ese rol y busca manipular de la manera que sea. Incluso hay personas que son hostiles y acrecientan su hostilidad mediante el rol de víctima. Viven manipulando porque es su forma de ser. Pero yo me refiero al otro rol de víctima: el rol de víctima inconsciente. La persona que se siente presionada por esto, por aquello, por lo otro.

Creo que no se puede solucionar todo a la vez; es como si de repente una biblioteca se derrumbara y quisiéramos manotear todos los libros. Es imposible. Tratemos de apilar de uno en uno. Tratemos de ir paliando las circunstancias de a una en una. No vamos a ser más fuertes sintiéndonos víctimas; al contrario, seguramente correremos el riesgo de que bajaremos la autoestima y con una estima debilitada las herramientas van a ser inferiores para tratar de modificar ese destino que no está trazado. No por lo menos para nosotros.

            Sólo me resta decir: “Manos a la obra”.