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Psicointegración. Mente reactiva y hostilidad

Grupo Elron
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Psicointegración

De Jorge Olguín.

Habló sobre los efectos de la reactividad en las personas; la habitual inconsciencia, incapacidad de razonar, el buscar objetivos sin importar los daños… También sobre la actitud ante alguien reactivo y la importancia de estar alerta y ser dignos.

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            Jorge Olguín: Me comunico con el plano físico para tratar de dilucidar las conductas humanas, las cuales están regidas por engramas y roles de ego que exacerban la mente reactiva, haciendo que el ser encarnado llegue casi a perder sus sentidos físicos. Un ser que está reactivo oye, pero no escucha; mira, pero no ve. Es decir, no está alerta sino disperso. Por eso decimos que el ser humano encarnado, con su mente reactiva a pleno, está dormido. Incluso puede tener sus dotes intelectuales al máximo, con un razonamiento pleno –aparente-, pero su mente reactiva no le va a permitir escuchar argumentaciones de las personas a las que va dirigida esa reacción. Es decir, va a tener su propio punto de vista formado reactivamente, y cualquier argumento que se le presente lo ignorará.

Son muy pocos los terapeutas en Sol 3 que conocen realmente el mecanismo de la mente reactiva, la que te permite hacer los mayores cálculos pero que si tiene una idea preconcebida es muy difícil que se lo cambien. Es más fácil partir con un cascanueces un diamante que cambiar un preconcepto reactivo, para que se entienda. No intento dar una clase sobre la mente reactiva; simplemente trato que se entienda cómo un 10% encarnado puede manejarse en la vida física. Los roles del ego son frutos de la mente reactiva y así como la mente reactiva aísla a la propia persona haciéndola que no escuche, que no vea, que no sienta, que no razone –porque no razona cuando mantiene ese preconcepto- los roles del ego hacen que la persona se transforme en manipuladora.

            El excelso Maestro Johnakan dijo hace mucho tiempo atrás que la mente reactiva que manipula abreva de la mente analítica porque para urdir, para tejer esa pura trama necesita elucubrar, razonar -como diríais vosotros en el plano físico- fríamente y, por eso, precisa de la mente analítica.

            Entonces, la mente reactiva impulsiva no razona porque se maneja únicamente por impulsos pero, a su vez, esa mente reactiva tiene frutos que se transforman en roles -papeles que la persona representa-. Y esa mente reactiva ya no es impulsiva sino una mente reactiva que argumenta, que piensa. Por eso digo que abreva de la mente analítica.

            Nosotros no podemos –o no deberíamos- culpar a quien es víctima de la mente reactiva impulsiva. Incluso hay países en Sol 3 que hacen leyes para aquellos seres que cometen actos muy hostiles poseídos por la mente reactiva, al punto tal que llegan a ser sobreseídos.

¿Pero qué sucede con la otra mente reactiva? Me refiero a esa mente reactiva que urde mentiras, que teje tramas, que trabaja sototerra, que manipula, que busca todos los medios limpios o no limpios para tratar de lograr su cometido. No importa a quién deje malparado, eso es lo de menos. Lo importante es llegar a su fin, a su cometido. La mente reactiva que teje tramas no es impulsiva pero tampoco tiene conciencia porque lo importante es su fin. No va a tener ojos más que para su fin, por lo que los medios no van a importar. Yo no comparto una frase vieja vuestra que dice: “el fin justifica los medios”. Es una frase muy trillada pero no es real, no es aplicable -no en todos los casos, por lo menos-. Y cuando la mente reactiva teje tramas no importa que deje un tendal en el camino a ambos lados del sendero; siempre va a ir en busca de un fin y los medios no van a interesar.

            Lo más importante de todo es entender que casi todos los que tenemos un 10% encarnado en el plano físico estamos presos de la mente reactiva en mayor o en menor medida. Algunos seres la tienen en una medida tan ínfima que no se nota: están siempre analíticos y atentos -o sea, no están en el estadío de “dormidos”- porque la mente reactiva y los roles del ego hacen que el ser encarnado esté muchas veces en el estadío de “dormido”, no estando alerta, no prestando atención a lo que verdaderamente vale la pena, metiendo las narices en el hormiguero… Se da cuenta que metió las narices en el hormiguero cuando le empiezan a picar y tiene la cara roja. Y eso es lo que hace la mayoría de los seres humanos: se da cuenta que está en la ciénaga cuando tiene el barro hasta la cintura.

            Johnakan elucubró que es muy difícil estar alerta las veinticuatro horas de vuestro día. Incluso a su 10% encarnado -que es este receptáculo que ahora me alberga- muchos consultantes le han cuestionado ese tema diciéndole que estar alerta las veinticuatro horas del día es un “infierno” para muchos. Entonces, Johnakan le envió una orientación al cuerpo de ideas de este receptáculo -que es su 10% encarnado, y este receptáculo lo transmitió a los demás- que al comienzo cuesta mucho estar alerta las veinticuatro horas del día, vigilante, expectante, hasta que uno se empieza a acostumbrar y luego ya está atento a todo de la misma manera que respira, que come, que hace sus cosas cotidianas.

            Estar alerta no significa vigilar cada acto a cada segundo. Estar alerta significa no depender de roles de ego, acostumbrarse a tener una conducta atenta, gentil, a estar siempre de buena predisposición, de buena manera; pero lo más importante de todo es mantener la dignidad, no permitiendo que nos pasen por arriba.

            Una vez este receptáculo en una sesión comentó –porque él me permite que traduzca lo que piensa- que hay una gran diferencia entre dignidad y capricho. El capricho es posesivo, infantil, porque es absolutamente egoico. Por ejemplo: -¡Ah, no! Yo no voy a hacer tal cosa; que lo haga la otra persona primero. ¿Por qué yo tengo que ceder si yo tengo la razón? Eso es capricho porque por ser humildes no nos vamos a humillar y por reconocer que a veces uno está equivocado tampoco nos vamos a humillar. Eso es ser noble, el reconocer los errores.

Dignidad es otra cosa. La dignidad está exenta de ego pero también aprende a decir no. Es la famosa frase: “no permitas que el otro te haga lo que tú no le harías a él”. Dignidad es mantenerse con la frente alta aún en las situaciones más difíciles, es saber decir: -¡NO! Pero no el NO egoico caprichoso del ego, el NO digno. Por ejemplo: “En esto tengo razón. Y no es que no ceda por un falso orgullo. No cedo porque si cedo le estoy mostrando a la otra persona una imagen que no es y la otra persona puede tomar una actitud equivocada debido a una enseñanza equivocada”. La dignidad cede, es flexible como la varilla de junco, es gentil, es cortés, cede el paso, abre una puerta. La dignidad se puede comparar con el caballero paladín de la edad media que rescataba a la doncella.

Pero la dignidad también actúa de la manera opuesta girando ciento ochenta grados, transformándose en una muralla de granito, en una corteza absolutamente dura. No al error, no a la equivocación, no ser permisivo con el error, no ser permisivo con el mal. Eso también es dignidad. No permitir lo que uno considera que no está bien porque, entonces, la dignidad se derretiría porque nos transformaríamos en cómplices de ese error, y lo avalaríamos.

            Es muy difícil, a veces, evaluar qué está bien y qué está mal porque el bien y la dignidad no son estrictos, no son blanco o negro. Hay cientos, miles de matices. Entonces, cada caso se evalúa por separado. Tenemos que ver a qué decimos no y a qué decimos sí. Y podemos equivocarnos, porque somos espíritus falibles, ya que el único infalible es el Creador. Pero la dignidad nos permite estar firmes ante la tormenta.

            Quiero tocar otro tema.

            Toqué el tema de la mente que prepara tretas, la mente que trata de someter, la mente que busca objetivos y resultados, no importando el cómo. Toqué los roles del ego, que hacen que la persona se transforme en manipuladora. Toqué la persona que a través de esta mente no escucha argumentos y no ve lo que es obvio porque la persona que está reactiva no entra en razón. Sin ánimo de comparaciones, una persona muy reactiva no se diferencia de un animal con pensamiento no abstracto.

            Como dije al comienzo, una persona puede hacer cálculos infinitesimales, puede elucubrar las cosas más complejas pero si está reactiva, aún teniendo una mentalidad elevada, no va a ver lo obvio porque como decís vosotros en el plano físico: “se va a mantener en sus trece”. Uno le puede mostrar frente a su rostro: -¡Esto es así! Y no lo va a ver porque va a estar “ciega”.

¿Cómo se actúa en esos casos? Obviamente es imposible dialogar con una persona reactiva y hacerle entender el punto de vista coherente, lógico. Se puede esperar a que la persona esté analítica. Pero si la persona -como una especie de falsa autodefensa manipulada por su propio ego- se pone la armadura lo único que hay que hacer es apartarse, porque no hay otra. Pero voy a profundizar ese tema porque es importante. ¿Qué significa que la persona se coloque una falsa autodefensa? Generalmente, nosotros, al estar encarnados, cuando sabemos que enfrente tenemos un acto hostil tratamos de ponernos una coraza para no lastimarnos, más si no estamos seguros de que nuestro ego se va a ofender o va a montar en cólera o se va a sentir mortificado o dañado o perjudicado o venido a menos. Entonces, como no estamos seguros de la fortaleza de nuestro ego –el ego tiene fortaleza únicamente para hacer rol de víctima- para protegernos nos ponemos una armadura, como que nada nos afecta. Pero lo hacemos por un instinto de conservación. Hay personas que como les encantó ese rol de manipulación también causado por su ego. Cuando uno trata de dialogar amablemente, aún estando la otra persona analítica, automáticamente la persona se ataja y se pone reactiva de un segundo para el otro, y transforma su gesto inmediatamente y es imposible acceder. Entonces, no se puede acceder nunca porque cuando está reactiva no escucha, no razona, no ve nada, no siente. Cuando está analítica, automáticamente se transforma en reactiva. Es imposible encontrarle el “punto débil” porque cuando la persona está analítica no es que tenga punto débil, es que entiende, escucha, ve, siente. Simplemente es una expresión metafórica. Se trata de entrarle a la persona en coherencia, no buscarle su punto débil, porque eso sería manipulación de parte nuestra.

Y hay personas que no presentan ese punto débil porque están siempre reactivas. Lo que tenemos que evitar nosotros es copiar conductas. Por ejemplo, que nos moleste la actitud de la persona, que nos moleste lo que diga de nosotros, que nos moleste su opinión, que nuestro entorno se entere de sus comentarios, etc. ¿Acaso el Maestro Johnakan no dijo que no debemos vivir de la aprobación de los demás porque el que vive de la aprobación de los demás es el ego? Si uno es íntegro –o, por lo menos, trata de ser íntegro- no le tiene que importar la aprobación de los demás en absoluto.

Hay una diferencia -y esto también lo dijo Johnakan- entre culpabilidad y responsabilidad: culpable es quien hace las cosas a propósito y no le importa. Y responsable es quien cometió un error como acto fallido o sin querer o algo que se escapó a su manejo. Eso es ser responsable: hacerse cargo de esos errores pero no sentir culpa, porque son dos cosas distintas. Culpable es quien manipula porque lo hace a propósito y, como dije antes, no le importa que deje un tendal de gente caída, ni le importan las cabezas que pisa para llegar a su meta porque le interesa el fin y no especula con los medios. No le importa si el otro es infeliz; tan sólo quiere lograr su cometido. Eso es culpable. Responsable es cuando tratamos de hacer las cosas bien y, de repente, podemos cometer un error –porque, como dije antes, somos espíritus falibles, encarnados o no encarnados- y, entonces, somos responsables de ese error. Nos tenemos que hacer cargo de esos errores pero no sentir culpa porque no lo hicimos ex profeso, a propósito. Ésa es la gran diferencia entre quien manipula y quien busca hacer las cosas bien.

No copiar conductas de la persona manipuladora, no ser permisivo con la persona manipuladora, pero tener un equilibrio porque si bien yo dije antes que la dignidad cede hay que ver en qué momento se dice no, porque, a veces, en un gigantesco debate o discusión hay más de una persona involucrada y si dos son los que debaten puede haber terceras personas que sin comerla ni beberla caigan víctimas de esa confrontación. Entonces, uno tiene que tratar de ser equilibrado. ¡Qué difícil!

No trata de improvisar porque la palabra “improvisar”, en el plano físico, suena como “a ver qué hago bueno” o “voy a probar esto”, como si fuera ese juego vuestro llamado “ruleta”. ¿Qué posibilidades tengo? Una de treinta y seis. Insisto: el idioma es pobre, por eso dije “improvisar”. Pero se trata de evaluar cada situación en cada momento y ver cómo se obra en ese momento, para dónde uno toma partido en ese momento.

A mí, la palabra “pecado” no me gusta porque es una palabra religiosa, pero la voy a utilizar. El peor de los pecados de la persona encarnada es creerse víctima de las circunstancias. Nosotros no somos víctimas de las circunstancias. A veces, nosotros, hacemos malas elecciones, optamos por cosas equivocadas porque somos falibles. Entonces, lo importante es que si la barca está por zozobrar, mover el timón a tiempo, y si vemos que el timón está muy duro y así y todo la barca tiene un noventa por ciento de posibilidades de zozobrar, llevar siempre con nosotros un chaleco salvavidas, que sería nuestra dignidad. Nuestra dignidad hace que caigamos siempre de pie; no permite que nos tumben. Nuestra dignidad es como uno de esos muñecos de feria que uno los golpea y vuelven a pararse. Así actúa nuestra dignidad.

            Y nuestra dignidad –y no hablo del capricho egoico- nos debe permitir ser íntegros con nosotros mismos, tratar de convencer a la persona que esté equivocada a que vuelva a su cauce racional. Pero si la persona no lo desea porque optó por otro cauce, aún nosotros sabiendo que se va a estrellar, por misericordia, lo que nosotros podemos hacer es decirle “mira, en ese camino tienes una pared en la que te vas a estrellar”. Si la persona aún sigue en ese camino ya tenemos que deslindar, porque ya no somos responsables. Nuestra responsabilidad terminó en la advertencia, en la orientación; si no, dejamos de ser dignos para transformarnos en serviles. Ya dijo el Maestro Johnakan mucho tiempo atrás la diferencia entre Servicio y servilismo: el Servicio es tender una mano pero si la persona no quiere coger tu mano no le puedes implorar que te la agarre. Al fin y al cabo, el que se está ahogando es la otra persona, y se debe respetar su libre albedrío. ¿Quiere ahogarse? Bueno, le dices: “pero mira que corres riesgos”. Pero si no te tiende su mano a la tuya ya deja de ser tu problema. Seguir insistiendo sería no solamente servilismo sino necedad. ¿Acaso no dijo el Maestro Jesús: “no le tiréis perlas a los cerdos”? No es una ofensa contra el ser humano encarnado. La frase quiere decir que uno busca enseñar pero si la otra persona no quiere aprender, se cierra el libro y se busca a otra persona que sí tenga la avidez de aprendizaje; si no, no sirves tú como instructor porque tu vanidad te transforma en necio al querer confrontar con el necio. Y sería un diálogo de sordos porque ninguno escucharía al otro. Y eso no sirve.

            Esto que dije en esa pequeña sesión no es una fórmula mágica de comportamiento ni va a impedir que haya más confrontaciones; simplemente es tratar de llevar a cabo lo que desde mi plano humildemente enseño sobre el peligro de la mente reactiva -que deja ciega y sorda a la persona-, sobre el peligro de los roles de ego manipuladores que disfrazan la verdad y la realidad, y que no solamente manipulan al otro sino que manipulan a todo el entorno porque la persona egoica sí busca la aprobación de los demás y la mejor manera de lograr eso es decir en todo su entorno sus miserias: “me han hecho esto, me han hecho aquello... ¿A ti te parece? ¡Mira cómo estoy!”. Y la persona se hincha de ego porque eso es lo que busca: la aprobación. Entonces, nosotros, desde la otra acera, tenemos dos opciones: o seguirle el juego y transformarnos como ellos o  puedo hacer lo opuesto, por mi dignidad: “yo sé quién soy, tengo mi conciencia tranquila, trato de ir en busca de la Luz como ser encarnado y sé que en un momento dado lo lograré. Pero no voy a permitir, por dignidad, que nadie me ponga el pie. Ése es el secreto.

            Con vuestro permiso, os dejo. Hasta todo momento.

 

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