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Psicointegración 10-01-12. Proyectos y metas

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

 

Sesión 10/01/2012

De Jorge Olguín.

Habló de sueños y conveniencias, dos conceptos opuestos. Hay que aprovechar las oportunidades de la vida sin perder de vista los sueños. Y hay que tener sueños, aspiraciones, anhelos, y cuando se alcanza uno, hay que ir a por el siguiente. La meta es la búsqueda de otra meta: gozar mientras tanto se busca. Disfrutar cada paso dado.

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Jorge Olguín: En nuestra vida cotidiana daría la impresión que hubiera dos mangueras con dos chorros de agua enfrentados: los sueños y la conveniencia, la aspiración y la oportunidad.

Yo creo que la oportunidad es importante en nuestra vida cotidiana, porque es lo que el día de mañana nos va a permitir un buen pasar.

 

No por ello debemos sacrificar los sueños. A veces, y en muy contadas ocasiones, los sueños son las oportunidades porque elegimos el trabajo que nos gusta, porque tenemos la posibilidad de realizar el trabajo que nos gusta y a su vez estar bien económicamente. Pero en muchas ocasiones, cuando estamos estudiando, cuando estamos creciendo, por elección de nuestros mayores hacemos una tarea que no es lo que anhelamos pero, como medianamente estamos bien, no nos resignamos pero nos adaptamos a esa tarea y así va transcurriendo nuestra vida, a veces sin darnos cuenta que en nuestra vida física tenemos un tiempo limitado y los años pasan.

 

Los dos extremos no son recomendables. Es importante soñar y podemos llevar a cabo nuestro sueño pero si nuestro sueño de poetas -como de mil otras cosas- no nos da una estabilidad no dejamos de ser bohemios. También es un desequilibrio el tener una rutina diaria que nos daría un buen pasar económico pero estamos insatisfechos en nuestro interior.

 

A veces las piezas se acomodan solas. Esto es, con el pasar de los años uno va encaminándose hacia lo que uno desea hacer realmente, de corazón, y a su vez tener una estabilidad. Pero se da en contadas ocasiones. De todas maneras no es algo trágico el tener una labor que no sea lo que uno soñó porque a veces -de niño o de adolescente- se sueñan muchas cosas. La mayoría de los adultos, cuando fuimos niños pensamos: "de grande voy a ser tal cosa" y creo que es el 1% el que lo logra ese sueño. Incluso la importancia es relativa porque no es que de niños tengamos más imaginación; en realidad la imaginación no se pierde. Lo que pasa es que de grandes somos más realistas y es como que cerceramos un poquito esta imaginación pero el sueño lo seguimos teniendo.

Pero a veces incluso cambiamos porque tenemos otra perspectiva, porque de grandes es como que visualizamos desde la altura. Nosotros siempre decimos que el punto de vista del águila tiene una perspectiva mayor que el punto de vista que la hormiga, el águila ve mucho más allá por la altura con que ve las cosas. Entonces el adulto es como que tiene una perspectiva mucho mayor que el niño como para saber lo que le conviene y a veces, entre comillas o sin comillas, uno sacrifica ciertos sueños en pos de una mayor seguridad, digamos que cambia el orden de las prioridades en el adulto, cambia el orden de prioridades. Ya el sueño deja de ser una prioridad, la prioridad pasa a ser el buen pasar. Que no está mal, en tanto y en cuanto la persona no se sienta mal.

 

Muchas veces conversando con distintas personas les he dicho: "Si desarrollas una tarea que no te gusta hazla con el mayor amor posible y el tiempo se te pasará más rápido", y da resultado. Da resultado porque la persona es como que va cobrándole apego, afecto, a esa tarea y de las dos maneras da resultado, el afecto desde el espíritu y el apego desde un rol. Pero no deja de ser algo provisorio porque no deja de ser algo forzado o ficticio. Entonces, lo adecuado es sentir esa tarea como que somos los indicados para llevarla a cabo y que sea nuestro sueño porque, a veces, los sueños originales no se logran; tendría que haber lo que se llamaría, figurativamente, un golpe de timón como para que la vida se encarrilara a ese o al otro sueño.

 

Pero es importante también el mientras tanto. Hay un aforismo mío que dice "La meta es la búsqueda". Voy a desglosarlo, voy a desarmarlo para explicarlo. Si yo me trazo una meta, una vez que llego a ella, ¿qué? Me acuesto en el césped, me tomo un trago y me pongo a tocar la mandolina como la cigarra. Entonces no le veo objetivo a esa meta porque es como que llegué a esa meta y mi aspiración "c´est fini", se acabó. Lo ideal es buscar otra nueva meta.

Muchos me dirán: "Pero ahí se pierde el incentivo".

-¿Por qué?

-Claro, porque anhelo una meta, una vez que llego que trato de tener la recompensa, me tocas el hombro y me dices: -Bueno allá a lo lejos tienes otra meta.

-Bueno, guardo mis petates, me pongo la mochila al hombro y vuelvo a caminar hacia la otra meta. Cuando llego a la nueva meta, he llegado. ¡Allí tienes otra meta más!

 

Y en realidad esto está bien porque quedándonos a dormir en los laureles por supuestos éxitos obtenidos no tiene sentido. Lo he dicho en varias oportunidades: que si nos quedamos la corriente nos arrastra hacia atrás, o como dice José Hernández en el "Martín Fierro": "Al camarón que se duerme se lo lleva la correntada". Entonces está bien tener distintas metas, pero vuelvo a la pregunta: ¿Pierdo incentivo, entonces? Porque entonces es como que en realidad es como que no hay una meta real porque el buscar una meta es como la caña por encima del conejo donde se le muestra la zanahoria y el conejo va saltando para comer la zanahoria, pero si le quitan la zanahoria, si me quitan el incentivo porque es una meta que no se alcanza nunca como el horizonte, ¿dónde está la gracia? Eso es porque se enfoca desde una manera equivocada. Por eso el aforismo "La meta es la búsqueda", esto es, "gozar el mientras tanto".

 

Y es un ejemplo que di muchísimas veces. Tengo que cerrar un negocio y tengo que viajar a la costa; es un viaje de cinco horas en bus. Subo, me acomodo en el asiento al lado de la ventanilla y cada diez minutos miro la hora. ¿Será posible? El chófer no pisa el acelerador. El chófer, el conductor, tiene un horario. O sea, aunque yo mire mi reloj cada diez minutos, aunque yo deje de leer mi diario y mire hacia adelante a ver si el chófer conversa con alguien o por qué se detiene el tiempo se me va hacer, entre comillas, infinito, porque mi misma ansiedad lo va hacer infinito. Como aquel que está esperando una noticia y el teléfono no suena. ¿Por qué no me relajo? ¿Por qué no miro por la ventanilla, el campo, los árboles, divago mentalmente, dormito, descanso, espero? El tiempo se me va hacer más placentero y más corto porque cualquiera de las cosas que yo decida hacer el micro bus va a llegar a la misma hora a destino. Entonces, ¿porqué no gozo el mientras tanto? Eso del bus también se aplica para la vida.

 

La meta es importante y la otra y la que sigue y la que sigue pero lo ideal es gozar el camino a la meta. Yo me trazo recibirme en una materia importante y tengo quizá tres años por delante. ¿Por qué no gozo el aprendizaje de las distintas materias para recibirme? ¿Por qué no disfruto de ese conocimiento que voy a ir adquiriendo en la universidad? O de repente mi fábrica está creciendo y yo me trazo llegar hasta el límite de dividendos. ¿Por qué no gozo el mientras tanto? ¿Por qué la mayoría de la gente se pierde el goce de la búsqueda? Incluso en una conquista: 'Voy a conquistar a esta persona'. Y en lugar de pensar cuando le doy el primer beso, ¿por qué no gozamos el diario o porque no gozamos la salida, la cena, la copa de licor? La mayoría de las personas es como que fuimos educados, entre paréntesis, condicionados, porque la misma educación que es buena -siempre es buena la educación- condiciona. Digamos que el espíritu permite ser condicionado y siempre miramos el punto final, nunca miramos el trayecto. Vamos corriendo hacia la meta para cortar la cinta con el pecho, en el caso de llegar primeros, pero no disfrutamos la carrera. Es muy raro que disfrutemos la carrera.

 

Nos invitan el fin de semana a un camping y miramos el reloj, miramos el almanaque, no vemos la hora que llegue el domingo. Y pasa el miércoles, pasa el jueves, pasa el viernes y capaz que no disfrutamos esos días de entre semana esperando que llegue el ansiado domingo, que a las siete de la mañana se levanta una lluvia torrencial y se suspendió todo y no fuimos a ningún camping, pero no disfrutamos en la semana esperando ese domingo frustrado. Pero ese domingo no tiene la responsabilidad; nosotros tenemos la responsabilidad por no haber percibido lo bonito de los días previos. Y eso se aplica a todo: se aplica a una labor, a un amor, a un proyecto. Esto es "La meta es la búsqueda" hasta tanto el proyecto mayor no se logre, por una cuestión de que aún no es el momento, por una cuestión de que aún no se dispone del dinero, por una cuestión de que todavía no están dadas las condiciones; mientras tanto disfruto lo que voy haciendo. Porque si no mi vida es vacía, es sin sentido, porque estoy soñando todo el tiempo en ese momento y no me permite disfrutar el aquí y el ahora, que también es importante, es absolutamente importante.

 

Eso, de la misma manera, se aplica para el pasado y el presente. Una vez en una cena había 32 profesionales de distintas ramas en una mesa larga -esto era en Costalera Norte, Buenos Aires- y les pregunto a todos los profesionales, golpeando con un tenedor la botella que me presten atención. Les digo: -Chicos -era gente grande-, chicos, les hago una pregunta: cuéntenme cinco instantes de vuestra vida de plena felicidad. No es válido contar casamientos, uniones, cumpleaños, nacimientos, no es válido. Saquen de la lista nacimientos, cumpleaños, reuniones, uniones, casamientos; saquen de la lista. Cinco instantes.

 

La gran mayoría no me supo decir, quizá alguno haya nombrado un día. Había gente mayor de sesenta.

 

Les digo: -Si multiplicamos 60 por 365 días, ¿que no me digan un toque de felicidad? ¡Vamos mal!

 

Y uno me dice: -¿Y tú tienes un día de felicidad?

 

Y digo: -Sí, ayer.

 

-¿Qué pasó?

 

Le digo: -Fuimos a comer a un Mall, a un shopping mall, con mis dos hijas y mis dos yernos y lo pasamos re bien.

 

-Pero no me dices nada; eso es un instante común.

 

-Yo lo disfruté; para mí fue un momento de felicidad.

 

-¡Ah!, era eso.

 

Le digo: -Y tú, ¿qué esperabas? ¿Un viaje en crucero? Es una felicidad. ¿Qué esperabas?

 

-¡Ah! Pero eso lo he vivido mil veces.

 

-Pero no lo has nombrado.

 

Los instantes de felicidad son muchísimos y algunos son cortitos pero la gente hace al revés del águila: el águila está en la cumbre y mira hacia abajo y tiene una perspectiva muy larga y hacer al revés es como la hormiga que mira hacia el cielo y pierde de vista el objetivo porque entonces esa sí que era una meta inalcanzable, que comparéis la felicidad con sueños exóticos, estar en Honolulu bailando el "Hula Hula". Si le preguntas a un nativo de Honolulu te dirá: ¡Por favor, quiero una ciudad de América! O sea, a veces daría la impresión de que al ser humano nada le conforma: el que está en el campo quiere estar en la ciudad y el que está en la ciudad dice 'quiero disfrutar el campo, el verde, los árboles, el arroyo'. Sí, es que todo es válido. Entonces, la meta es la búsqueda significa que justamente la búsqueda es lo válido. Eso no significa que ignoremos una meta real pero gozar el mientras tanto hace que todo el tiempo seamos felices, de alguna manera. No será una felicidad extrema ni un goce desproporcionado pero estamos en buena sintonía en todo momento. ¿Que vamos a tener problemas? ¡Sí! Un dolor de oídos, un dolor de muelas, un dolor de estómago puede ser un inconveniente que nos corte ese momento de dicha, ese momento placentero. Me invitan a un recital y yo tengo un tremendo dolor de muelas y obvio que no voy a ir. ¿A qué? Aparte voy a perjudicar a mis compañeros porque voy a ser un mal acompañante. Pero son episodios aislados; hablo de la generalidad.

 

La meta es la búsqueda, gozar el mientras tanto. Entonces, yo me trazo una meta, una meta que a mí me va a dar estabilidad y a su vez voy a disfrutar lo que hago porque es un proyecto mío. Es un proyecto que disfruto, planifico, trato de buscar gente que me refuerce ese proyecto pero el sueño de ese proyecto no debe distraerme de lo que estoy haciendo ahora porque entonces sería negativo, no solo negativo sino que me frustraría, el sueño del proyecto al proyecto en sí. Porque si yo me dejo estar pensando "en" no voy a llegar "a" porque no voy a tener las bases "para". Entonces, trato mi proyecto mentalmente, llevo mi proyecto a papel, hago mis números con respecto a lo que proyecte pero hasta tanto no estén dadas las condiciones voy a disfrutar lo que esté haciendo ahora, la labor que esté haciendo ahora. Esto no solo va para lo laboral sino que va para todos los órdenes de nuestra vida.

 

Queremos planificar una mejor vivienda, en un mejor lugar, y es un sentido, una expectativa de vida, pero mientras tanto trataré de adecuarme adonde estoy viviendo, a la región donde estoy y voy a disfrutar dentro de lo posible el lugar donde estoy hasta tanto pueda trasladarme al lugar soñado que, quizás, ese lugar soñado sea transitorio y al cabo de un tiempo busque otro lugar, porque también los lugares son metas. Eso no significa que nos transformemos como aquellos seres prehistóricos en nómadas y andemos de lugar en lugar. Pero no debemos establecernos y echar raíces como si fuéramos árboles; nuestras raíces deben ser ideológicas, morales, afectivas, de educación a nosotros y a los que nos siguen a nosotros. Ésas son las raíces que debemos echar, las importantes, mucho más importantes que el lugar en sí. Raíces de amor, raíces de educación, raíces de lealtad, lealtad con nosotros mismos en el sentido de no traicionar nuestros propios sueños pero no enojarnos, no disgustarnos si los sueños no se dan a la celeridad que uno quisiera porque, como ya fue dicho, nuestro libre albedrío interactúa con el libre albedrío de los demás y a veces hay otros que pueden tomar decisiones que no sean convenientes para nosotros, directa o indirectamente esas decisiones ajenas pueden ser obstáculos para nuestras decisiones porque hay un choque de intereses. Eso no significa que nuestras condiciones no se den pero debido, quizá, al choque de intereses haya demoras en concretar situaciones, proyectos, sueños, lo que fuera; nunca dejar eso de lado. ¿Por qué digo que las raíces morales, educativas, de lealtad son más importantes que las raíces físicas o de establecerse? Es relativo. Si de repente yo, ser, unidad biológica, me encuentro en determinado lugar, en determinada labor que verdaderamente es lo que yo sueño, en una vivienda que es la que yo deseaba, en una vecindad, barrio o región donde me encuentro a gusto plantaré banderas como hacen los exploradores y me quedaré pero jamás diré "de aquí no me muevo" porque no sé dentro de un tiempo qué puede suceder porque a veces nuestra vida misma no depende de nosotros. Y parece un contrasentido porque yo siempre digo "nosotros somos dueños de nuestro propio destino; el destino no está trazado sino que nosotros lo trazamos con nuestras decisiones".

 

Pero, como dije antes, como a veces nuestras decisiones pueden chocar con decisiones de los demás -porque a veces para lograr un proyecto depende de más de uno- entonces, cuando un sueño a conseguir depende de muchos, puede haber conflicto de intereses. En ese caso tenemos que ser lo más amplios de criterio que podamos e ir evaluando situaciones sin desesperarnos y, como dije antes, gozar el mientras tanto. Teniendo la fórmula de gozar el mientras tanto, de disfrutar lo que uno está haciendo, ahora va a ser más llevadero todo hasta que ese proyecto -que nunca voy a decir proyecto final porque siempre puede haber otro proyecto, como siempre hay otra meta- se logre.

 

¿Cómo hacer para que sueños ajenos no desvirtúen nuestros sueños? Primero que no voy a tratar de invalidar sueños ajenos. Ahora, si esos sueños son incompatibles con los míos, pero incompatibles totalmente, se supone que no voy a permitir que interfieran con los míos porque si hay una incompatibilidad que ya es imposible de mezclar, como el agua y el aceite, pueden estar en un mismo recipiente pero no se van a mezclar, va a haber una substancia heterogénea. Para evitar ese conflicto de intereses voy a dar prioridad a mis sueños y mientras tanto me voy a adaptar pero voy a intentar disfrutar lo que estoy haciendo para no entrar en crisis, aunque en realidad crisis significa oportunidad y cambio. Pero debo esperar esa oportunidad de cambio cuando sea el momento porque cuando en un taller de autoayuda se habla de crisis o de oportunidad de cambio se toma literalmente: "¡Ah! ¡Entonces las crisis son buenas porque eso significa un cambio para mejor!". Siempre tenemos que mentalizarnos de que todo cambio es para mejor pero no siempre es el momento; a veces debemos esperar.

 

Siempre tenemos algún anhelo o más de un anhelo. Nuestro afán es que cada anhelo se cumpla, se haga realidad, pero supongamos que tengamos diez anhelos y pensamos en el anhelo número diez y cumplimos el anhelo uno, cumplimos el anhelo dos pero tenemos la mente en el diez: va a pasar como el domingo de camping, que no vamos a disfrutar los días de la semana esperando el domingo que seguramente va a llover a cántaros, va a llover muchísimo. Quizá ese anhelo diez no se dé porque cuando lleguemos al anhelo cuatro, cinco o seis ya estamos cubiertos y no queremos más. Entonces, ¿por qué perdimos días, meses o años pensando en un anhelo final en lugar de ir disfrutando cada uno de ellos? Ese es el secreto, que cuando hay un conflicto de intereses con el entorno no nos pongamos mal, disfrutando cada momento y en lo posible no permitiendo -porque a veces no depende de nosotros- que decisiones ajenas nos hagan infelices porque la felicidad es una decisión nuestra: no pude ir aquí, apenas pude ir acá; bueno, acá es donde voy a disfrutar. Ese aquí al que no llegué, veré, pero que ese aquí no me permita disfrutar el acá, que ese futuro no me impida disfrutar este presente. No me voy a desconectar de ese futuro, lo voy a tener latente y voy a hacer -cuando uno dice "lo imposible" en realidad es una frase mal dicha porque lo imposible no se puede hacer, porque justamente es imposible- un poco más de lo posible para lograr ese anhelo futuro pero, mientras tanto, y lo estoy viendo desde distintos puntos de vista, voy a tratar de pasarlo bien en lo que estoy haciendo.

 

La sociedad -como el idioma hablado es pobre, es mucho más pobre que el concepto- "pasarlo bien" lo toma como sinónimo de disfrutar y desinteresarse de todo lo demás. Es un problema de la sociedad el que piense así. Yo no pienso de esa manera: para mi pasarlo bien es disfrutar el momento sin perjudicar a terceros, sin perjudicarme a mí mismo, sin perjudicar mis sueños ni mis proyectos. ¡Eso es pasarlo bien! Porque muchos piensan que pasarlo bien es "disfruto y no me intereso por nada más", como aquel que va en un carro en un día lluvioso y pasa por una zanja y salpica a los peatones, y qué me importa si les ensucié toda la ropa. No, eso no es pasarlo bien, eso es ser hostil. Pasarlo bien es disfrutar el trabajo, los afectos, la familia, las amistades, compartir con terceros y no antagonizar en lo posible. La alegría, la felicidad, la bondad, el conocimiento se comparte pero no se obliga. De repente, yo tengo determinado conocimiento o, como el águila, puedo ver más allá, y le digo a la hormiga: -Mira, por este camino hay un pantano.

-Bueno, yo creo que no, y voy a seguir.

No puedo forzarla, a la hormiga, a esa persona que no ve, que no ve en cuanto a discernimiento, porque estoy cortando su libre albedrio. Mi tarea termina orientando a la persona, advirtiendo a la persona que por ese camino va a un final equivocado; más de eso no puedo hacer.

 

Y esa es la verdadera dicha y la verdadera felicidad. Que mi felicidad no impida la felicidad del otro y que mi felicidad sea indicarle al otro un camino similar al mío de felicidad:

-¿Quieres lograr esto? Mi humilde respuesta es que podrías hacer esto, esto y esto.

Que la persona lo haga ya escapa a nosotros porque nuestra tarea está cumplida: es orientar, no forzar, porque estaríamos cometiendo un acto hostil. Podemos forzar a aquellos que no tienen discernimiento adulto, como, por ejemplo, un niño muy chiquitito que tiene que tomar una medicación y sí, de alguna manera vamos a forzar su libre albedrío porque el niño no entiende:

-Tienes que tomar esto para bajar la temperatura porque estás en estado febril.

O a una persona muy mayor que lamentablemente su decodificador ha perdido el conocimiento, ha perdido la coherencia y sí, de alguna manera lo tienes que forzar. Pero ahí ya no sería un acto hostil porque sería en beneficio de la persona. Pero una persona que tiene un razonamiento, una coherencia similar, tiene su libre albedrío que debemos respetar. A lo sumo le advertimos:

-Tienes una venda en los ojos; allí hay un precipicio.

Que la persona siga caminando y caiga al desfiladero ya escapa a nosotros.

 

Gozar el mientras tanto, disfrutar en lo posible y contagiar ese disfrute, esa vibración. Y todos los proyectos posteriores, cuanto más disposición de buena vibración tengamos, más pronto se van a lograr, aun independientemente de cómo armamos esa estructura:

-No, no, no, pero sin la estructura, por más buena voluntad que tengamos...

Claro, pero cuando tenemos esa predisposición, esa voluntad, ese convencimiento de un proyecto y tenemos la seguridad, la firmeza, porque, aparte, esa firmeza nos da a nuestra tarea actual, va a ser mucho más fácil. Está comprobado; va a ser mucho más fácil ir al paso siguiente, va a ser mucho más fácil. Pero si no disfrutamos el paso actual, el paso siguiente se va hacer lejano como el horizonte. Ese es el secreto, ese es el verdadero secreto.