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Psicointegración 23/4/09. Sobreprotección

Grupo Elron
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Psicointegración 23/4/2009

De Jorge Olguín.

Psicointegración sobre la sobreprotección. Habló sobre la dependencia y la inseguridad que genera, que lleva a la falta de madurez si esta sigue durante años, provoca menor capacidad de discernimiento. Habló de la permisividad y de la superación de ambos problemas, de otros orígenes de falta de valoración, y dio diversos ejemplos.

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Jorge Olguín: Cuando somos pequeños, en este mundo físico, muchas veces nuestros mayores cometen errores por ignorancia, ignorancia que la sociedad toma como mala palabra cuando en realidad quiere decir no tener conocimiento de tal o cual cosa.

Cuando somos sobreprotegidos, cuando somos pequeños pensamos que está bien. Hay madres que nos sobreprotegen, que no nos permiten pelearnos con otro niño o, si es una niña, la vigilan hasta en la puerta de calle y no permiten en la criatura que se va gestando formar un carácter, formar una personalidad. Obvio que aparecen roles del ego de inseguridad en la criatura que se va gestando. Esos roles del ego se afianzan.

 

La sobreprotección normalmente no genera engramas, implantes hipnóticos porque no se está desvalorizando a la persona; al contrario, se le está prestando atención de por demás. Esa persona que va creciendo se puede hacer dependiente de los excesivos cuidados, dependiente del excesivo cariño.

 

El detractor puede decir: "El cariño nunca es excesivo porque el amor no tiene que tener límites". Ese "cariño posesivo" donde se compara a la criatura como si fuera una copa de cristal fino, que la tiene bien guardadita, que no te ensucies, que no juegues bruscamente, que qué amistades tienes y así sucesivamente... Y como la criatura, al ser pequeña, no tiene un espejo o con qué compararse toma como algo natural esa sobreprotección, una sobreprotección que genera enormes dependencias. Si esa sobreprotección sigue en la adolescencia se puede crear un adolescente o una niña adolescente con falencias: falta de comunicación en las relaciones de pareja, altibajos en las relaciones de amistad, dependencia incluso hasta por la soledad porque la persona puede llegar a pensar que el resto de la gente no nos entiende o que son compañeros que se burlan o que son compañeras que viven haciendo bromas cuando la joven, en ese sentido, está absolutamente seria y estructurada, estructurada justamente por esa sobre protección.

 

La sobreprotección -que es la sobrevaloración de una madre y ocasionalmente de un padre al niño o a la niña-, la sobrevaloración crea el efecto opuesto porque crea en la persona una falta de valoración. Me preguntaréis por qué, porque claro, yo, niño, niña, me acostumbro -entre comillas o sin comillas- a la sobreprotección y a la sobrevaloración de mis mayores, prescindo de mi propia valoración si tengo quién me apuntale, si tengo quién me respalde, si tengo quién pesque por mí. No sé si se entiende la parábola. Entonces, ¿para qué voy a pescar si tengo quién pesque por mí? Recordad la frase: "No les deis peces; enseñadles a pescar".

 

La sobreprotección vive dando peces pero, al no enseñar a pescar, esa persona después no sabe como desenvolverse. Esa persona puede ser un triunfador tal vez en lo económico y puede ser una persona que tenga falencias en lo efectivo. O viceversa: puede ser una persona que tenga triunfos en lo afectivo y fracasos en lo económico porque sus proyectos no le salen, porque no tiene -cree- la capacidad para lograr tal o cual objetivo. La persona puede estar llena de proyectos -porque la falta de valoración no le impide tener proyectos- pero o no los lleva a cabo porque no se da maña o piensa que son demasiado distantes para su capacidad.

 

Hay sobreprotecciones que dañan a ese niño, a esa niña de por vida porque o bien no sabe como iniciar una relación de pareja o bien no sabe como iniciar una relación de amistad o bien puede tener compañeros de trabajo que se aprovechen de su permisividad -acá no hablo de bondad, hablo de permisividad-.

 

Una de las raíces de la poca valoración es la permisividad hacia el otro. Cuidado: hay personas con muy alta estima y que son permisivos equilibrados. Yo puedo ser permisivo con un empleado porque me pide un favor y se lo concedo y bueno, estoy siendo permisivo. O de repente un día llegó tarde porque se atrasó en el tránsito y soy permisivo. Le digo: "Sí, está todo bien, ponte a trabajar, aquí no hay ningún problema". No hablo de esa permisividad sino de la permisividad desequilibrada, donde parece como que la otra persona nos leyera la mente de acuerdo a nuestros rasgos gestuales y entonces se aprovecha de la situación. Obvio que las personas que se aprovechan de la situación dejan mucho que desear y no vienen al caso en esta psicointegración pero generalmente la permisividad afectiva, la permisividad laboral con un compañero, la permisividad en la vida cotidiana sin equilibrio está causada por una baja valoración causada por una sobrevaloración en nuestra formación.

 

¿Se corrige eso? Sí. Obviamente tiene que poner mucho de sí la persona. ¿Cómo se corrige? Se corrige entendiendo -y lo he dicho en otras oportunidades- que todos somos importantes y que somos únicos entre miles de millones de seres en este planeta. Somos únicos porque no hay dos como nosotros, porque cada uno tiene su formación. Hasta dos gemelos son únicos porque pueden tener experiencias distintas, de crianza, de amistades, de forma de pensar, dejando de lado que su alma es distinta. Pero no toco ahora el tema espiritual. Estoy tocando psicointegración, temas del ego y el ego, obviamente, hace de las suyas cuando la persona se desvaloriza a sí misma porque el ego aprovecha para hacer rol de víctima.

 

Sabemos que el rol de víctima manipula. Sabemos que el rol de víctima, cuando no encuentra un target, un objetivo a quien manipular -y esto parece inconcebible- la persona se llega a manipular a sí misma creándose complejos de culpa uno tras otro, uno tras otro, tras otro, tras otro, y así sucesivamente. Podemos, de alguna manera, manipularnos a nosotros mismos engañándonos, haciéndonos creer cosas que no son. Más abajo de la base no podemos ir. Entonces, si ya sentimos que estamos en la base no nos queda otra que empezar a trepar, el tomar conciencia de que somos únicos, el tomar conciencia de que somos importantes.

 

Es fácil hablarlo, es fácil escucharlo pero ya es más difícil digerirlo y es más difícil llevarlo a la práctica. Ninguna psicointegración da resultado de un día para el otro salvo que sea una persona que ya está justo a tiempo y absorbe -como la tierra seca absorbe el agua- las indicaciones. Pero todo lleva un proceso de tiempo. Lo importante es entender que la falta de valoración en muchos casos viene por sobreprotección.

 

En otros casos -y eso no lo había dicho- viene por malos tratos y en un tercer caso -y esto lo he constatado en muchísimos consultantes- viene en personas que en la niñez tuvo mezclas. Lo traduzco al español: sobreprotección mezclada con malos tratos. El detractor me dirá nuevamente: "Otra vez en lo mismo. ¿Cómo sobreprotección y a la vez malos tratos?". Seguramente no en el mismo momento pero generalmente aquella madre que sobreprotege puede a su vez causar malos tratos. O el maltrato lo causa el padre con indiferencia, con un dogma demasiado estrecho, con una mirada demasiado obtusa y entonces es como que se agudiza la falta de autoestima, es como que se profundiza la baja valoración que tenemos de nosotros mismos porque con la sobreprotección no nos dejaron actuar, no nos dejaron ser. Si encima tuvimos malos tratos quedamos un guiñapo, quedamos una piltrafa y tenemos que armarnos de nuevo y tenemos que encajar nuestras piezas como si nuestro cuerpo, como si nuestra psiquis fuera un gigantesco rompecabezas y se cayó y lo tenemos que volver a armar. ¿Lo armaremos bien? ¿Pondremos las cosas en su justa posición? Bueno, ése es el trabajo: volver a ser lo que fuimos y que nunca tuvimos que dejar de ser.

 

Generalmente los mayores sobreprotectores no lo hacen por maldad sino por ignorancia. Ellos creen que están haciendo bien. Obviamente no descarto que muchos casos sean crueles -conozco casos así-, sean directamente crueles. Conozco casos donde padres discuten delante de los niños sin darse cuenta que ahí sí le están implantando engramas, que es otro tema separado de la psicointegración. Pero sí, le están implantando engramas y la persona se condiciona y ¡cómo se condiciona! ¡Cómo se condiciona!

 

Es un tema muy muy importante el de la sobreprotección. Aquellos que fueron niños, niñas y se sintieron sobreprotegidos y hoy se sienten poco valorados tienen que entender lo tremendamente importantes que son porque son únicos. Y aquellos que son ya mayores y tienen hijos tienen que entender que la sobreprotección es nociva. No hagan con aquellos que ya están o van a venir lo que han hecho con vosotros. Incentívenlos con amor pero no los sobreprotejan. Esto no significa que los dejen -como se dice en el lenguaje del campo- "a la buena de Dios", "a la intemperie", "que se hagan solos". No se trata de eso; eso sería necedad. Se trata de proteger sin anteponer la palabra 'sobre'.

 

Información adicional:

La mente reactiva automàtica

El engrama

El ego y sus roles

Psicointegración