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Psicointegración 25/11/11. Proponer, debatir, acordar, proyectos

Grupo Elron
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Psicointegración 25/11/2011

De Jorge Olguín.

Dentro del diálogo está la posibilidad de no estar de acuerdo. Desarrolló esto y también la planificación de los proyectos, relacionando ambas cosas en el sentido que implica ser capaces de elaborar argumentaciones sólidas. Resaltó la importancia de no necesitar la aprobación del otro, lo cual muchas veces impediría ser coherentes con lo que vemos correcto.

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Apéndice sobre la aprovación del otro (449 KB)

 

            Jorge Olguín: Muchas veces, en distintos talleres de autoestima se habla de aprender a decir “no”. Esto es sentir que uno puede decir “no” cuando la situación así lo indica sin tener temor de que la otra persona se enoje, se contraríe, etc. Porque, a veces, por baja estima, decimos “sí” por temor a que la otra persona se disguste con nosotros. Entonces, estamos pendientes de la aprobación del otro en lugar de nuestra propia aprobación. Y al decir “sí” no nos damos cuenta de que va en desmedro nuestro porque nosotros somos los perjudicados con tal de caer agradable al otro. Y se dan muchos casos así.

 

            También, en esos talleres, enseñan a debatir, no a discutir. Si bien pueden ser sinónimos -o el debate se considera una discusión- en Psicointegración debatir es un intercambio de ideas donde no se busca tener la razón sino proponer, plantear un punto de vista, a diferencia de una discusión propiamente dicha, que es un diálogo de sordos donde todos gritan, le espetan en el rostro al otro su supuesta verdad. Y es un diálogo de sordos.

 

            A veces nos cuesta -y eso también es por roles del ego- plantear a otras personas dudas, cuestionamientos o directamente nuestras opiniones y no sabemos cómo encarar esas cuestiones porque nosotros mismos nos enredamos en nuestra mente y nos anticipamos -o creemos anticiparnos- a lo que va a responder el otro: "Si yo digo tal cosa el otro va a responder tal otra".

 

            El diálogo no es una partida de ajedrez donde tenemos que anticiparnos varias jugadas. El diálogo tiene que ser abierto, no tenso, laxo en lo posible pero sí firme, sí con seguridad en lo que uno está planteando. Abierto también a la sugerencia del otro porque acordamos que nuestra verdad no es La Verdad, es una verdad parcial, es una verdad en la que nosotros podemos creer hasta tanto alguien nos haga ver, nos muestre, que hay un planteo mejor.

 

            Y la amplitud de criterio es aceptar ese otro planteo porque va a ir en beneficio nuestro también. Pero cuando estamos convencidos -no por ego sino por coherencia, por razonamiento, por sentido común- que lo que estamos planteando es lo correcto a veces pensamos que planteárselo a la persona que está equivocada es imponerle una verdad. Entonces, ¿cómo encaramos la cuestión? Primero, con voz pausada y tranquila, porque hay un refrán que dice que el que grita es el que está equivocado. Aparte, generalmente, el oído de un ser humano no está preparado para los gritos. Hay padres o madres que reprenden a sus chicos con gritos y, obviamente, es la peor manera porque el oído del niño no está acostumbrado al grito y no va a escuchar.

 

            Se trata en un debate, en un cuestionamiento o en una propuesta -ya sea laboral, afectiva- plantear una situación en forma calma y con la lucidez mental como para tener en claro los puntos que uno va a proponer. Seguramente, del otro lado va haber una contra respuesta a esos puntos diciendo: "No, esto es así y así y así". Y uno tiene que tener los puntos que uno presenta desarrollados como para evitar que del otro lado haya cuestionamientos. Pero que no se mal entienda: no se trata de que los puntos que uno propone sean la verdad absoluta -como dije antes- pero si uno está convencido -no desde el ego sino desde el sentido común, desde la coherencia- de que esa propuesta laboral que estamos haciendo o esa propuesta personal que estamos haciendo es la correcta, escucharemos -porque de eso se trata, de la amplitud de criterio- lo que nos digan del otro lado y les diremos: "Mira, entiendo lo que tú dices pero mi punto de vista es esto es así, así y así" porque seguramente van a preguntar del otro lado por esto, por esto y por aquello.

 

            O sea, que cuando iniciamos un debate ya tenemos que tener incorporado en nuestra respuesta el porqué planteamos tal cosa.

            -Este negocio puede funcionar.

            Obviamente que te van a preguntar: -¿Por qué?

            -Por esto, por esto y por aquello.

            -Claro, ¿pero no puede ser que esta parte no funcione como es debido?

            -No, no. Eso también esto lo tengo cubierto con esto y con aquello.

 

            Entonces, uno va, de alguna manera, ofreciendo, mostrando nuestra manera de pensar, de planificar, de proyectar con argumentos lógicos. Si digo “irrebatibles” muchos lo pueden interpretar como que al decir irrebatibles ya es egoico porque sonaría como ser dueño de la verdad ante el oído de muchos. A veces uno puede tener su ego integrado e igual tener argumentos irrebatibles, como por ejemplo:

            -Hoy, en el hemisferio sur, está haciendo treinta y tres grados de temperatura. Sal en camisa, no te pongas un abrigo.

            -¿Porqué?

            -Porque vas a sudar a lo loco.

            Ése es un argumento irrebatible y es un argumento con sentido común -lo estoy explicando de una manera absolutamente básica- pero ese mismo argumento de "ponte una camisa porque hace calor; hace treinta y tres grados" vale también para propuestas laborales, para propuestas personales, para convivencias en pareja.

            -Es conveniente que vivamos juntos porque, de esta manera, ambos pagaremos menos alquiler, menos renta.

            -¿Y podremos convivir? ¿Nos llevaremos bien?

            -Bueno, se trata de probar.

            La felicidad, la convivencia, no está asegurada. El camino se demuestra andando, dice el refrán.

 

            -Entonces, ¿cómo sé si ese chocolate nuevo me gustará?

            -Mira, tu paladar no es igual al mío. A mí me ha gustado. Tienes una sola manera de saber si te gusta o no: probándolo. Pruébalo.

            Obviamente no es lo mismo un chocolate que una propuesta de trabajo.

            -¿Te parece que esa fábrica va a andar? ¿Va a funcionar correctamente de la manera que tú la encaras?      

            -Claro. Abrámosla y empecemos a fabricar.

 

            No es lo mismo porque un chocolate puede no gustarte y decir: "No, está bien. Mi paladar no es igual al tuyo" pero una vez que tú has invertido en una fábrica y esa fábrica al mes vemos que no está produciendo significa que tus ítems, tus puntos no eran los correctos.

 

            Pero hay algo que no han tenido en cuenta: Cuanto más compleja sea la propuesta más tiene que haber un estudio de esos puntos. No es lo mismo un chocolate que te digo "Abre tu boca" y te doy a morder una porción a instalar un bufete de abogados o una fábrica o una oficina. No es lo mismo. Entonces, cuanto más compleja sea la propuesta más se tiene que estudiar los puntos. ¿Vas a hacer un pedido? Lo primero que tienes que preguntar es si han aumentado los precios -seguro que sí-, qué cantidad vas a invertir y el material tiene que ser no perecedero. Se trata de evaluar.

 

            Entonces, cuando tú encaras una propuesta, un debate, un pedido, en visión laboral, en visión de amistad, en visión de pareja, en visión de cambio de hábitat, etc., eso se tiene que estudiar. Se tiene que estudiar bien donde están los pro y las contras y, en lo posible, ir viendo que haya la menor cantidad de contras posible porque casi siempre -y no tiene que ver con la ley de Murphy esto ni con la entropía-, en todo cambio, siempre puede haber un detalle que a uno se le escapa, como en los documentos que uno firma -la famosa letra chica: "¡Ah!, pero este artículo no lo había visto"- y tú te has enterrado en el pantano hasta el cuello.

 

            Se trata de estar alerta, se trata de no estar condicionado. Se trata de encarar las cosas con euforia porque, como sigo siempre, la euforia es buena consejera porque la euforia te protege de toda vibración negativa, hace que estés alerta pero -porque siempre hay un pero- la euforia tiene que ser equilibrada.

            -¿Cómo la euforia equilibrada? ¡Si la euforia levanta nuestro ánimo aún más que el amor!

            -Claro, pero la euforia debe ser equilibrada porque una euforia egoica…

            -¡Ah! ¿Hay euforia egoica?

            -Sí, hay euforia egoica.

          

            El triunfalista, por ejemplo. Vayamos al fútbol: Un equipo que está en mitad de tabla un día ganó 4-0 y el técnico, los jugadores y la hinchada dicen: "Podemos enfrentarnos al mejor equipo ahora".

 

            No, esperad. Han ganado un partido…

 

            Cuidado con la euforia triunfalista porque la euforia triunfalista te ciega. La euforia triunfalista ciega. Entonces, la euforia no tiene que ser triunfalista porque lo triunfalista es exitista. A la semana siguiente ese equipo volvió a perder y era como yo decía: "No servimos para nada…". Eso es exitismo.

 

            El exitismo es opinar que eres el mejor cuando ganas y eres el peor cuando pierdes. No evalúas a la persona, vas evaluando el resultado segundo a segundo. Eso es exitismo. Eso es ceguera espiritual.

 

            Cuando uno encara un proyecto lo tiene que encarar con euforia sana, euforia lógica. Todo cambio tiene que ser encarado con euforia porque, si no, no hagamos el cambio. Porque si yo ya vengo derrotado pensando: "No, este cambio no me va a servir", "este negocio no me va a rentar" no lo hagas en ese caso porque tú ya estás perdiendo de entrada. Todo tiene que ser encarado con euforia pero tampoco con euforia ciega de que los números te den los resultados negativos: "¡Ah, pero yo tengo euforia y me va ir bien igual porque yo tengo euforia!". No. Te vas a dar contra la pared. Entonces tiene que haber una conjunción de euforia y de números positivos -ambas cosas- y que no haya ninguna euforia triunfalista que te haga ver esos números positivos más grandes de lo que son: "Voy a ganar mil, no un millón". Cuidado con eso. Y quizá los primeros meses que encares algo -ya sea una fábrica o una convivencia de pareja- quizá sean incómodos esos primeros meses porque la fábrica todavía no está dando dividendos y la convivencia... "¡Oh, tenemos un solo baño y está ocupado!".

 

            La persona pesimista va a decir: "¿Para qué me embarqué en instalar esta fábrica?", "¿para qué traje a casa a esta persona? Ahora dirige toda mi vida".

 

            Si pensamos así es que somos pesimistas y siempre vamos a fallar. Otros dirán: "No, no, perdón. ¿Esto no es ser realista?". No, porque se puede ser realista y optimista a la vez. No se trata de desvalorizarnos ni desvalorizar al otro ni desvalorizar nuestros proyectos ni nuestro trabajo ni nuestra pareja ni la convivencia ni nada. Obviamente el realismo tampoco tiene que ser triunfalista en extremo. Si vemos que al cabo de equis tiempo esa convivencia no pasa de lo mediocre o esa fábrica verdaderamente no da dividendos no significa que nuestros números se equivocaron porque tanto la convivencia como el abrir un negocio también depende de terceros, depende de la venta de auto partes, depende de que tu pareja quizás ese carácter que  mostraba cuando salían se desarrolló en mal carácter conviviendo, esa delicadeza que tenía saliendo ya no la tiene conviviendo.

 

            Y no somos adivinos porque no existe la adivinación. Entonces, aún con los mejores números, podemos fracasar. Lo que tenemos que evitar es idealizar los proyectos, idealizar la pareja, idealizar el viaje, etc. porque podemos frustrarnos. La mejor manera de no frustrarnos es no crearnos falsas expectativas. Tener las expectativas justas, conocer o por lo menos intentar conocer a la persona con la que vamos a planificar convivir o conocer cómo funciona una fábrica. No es que, de repente, yo soy carpintero y abro una fábrica de auto partes porque me dijeron que es así. Cuando encaro algo es porque yo tengo que tener un mediano conocimiento de causa de lo que voy a hacer pero, por sobre todas las cosas, cuando hago una propuesta  a alguien que está frente a mí -que aquí está el quid de la cuestión- la tengo que hacer con claridad, con el convencimiento de lo que yo voy a proponer y sin creerme el dueño de la razón, poniendo el oído abierto al otro pero también sabiendo decir “no” -como dije al comienzo- cuando la contra propuesta del otro no me convence. Y entonces quedamos en cero, como estamos. Ni gané ni perdí.

 

            De eso se trata todo, de proponer, de tener amplitud de criterio, oído para escuchar pero también la autoestima de carácter como para decir “no” cuando algo no nos conviene a nosotros también. No estamos perjudicando al otro, directamente quedamos neutros. De eso se trata, de amplitud de criterio y de tener un criterio sin ego.


 

Apéndice sobre la aprobación del otro (449 KB)

 

 

 

            Jorge Olguín: A veces, aún estando convencidos de que diciendo “no” y siendo lo correcto, nos sentimos mal.

 

            Yo vengo y te digo a ti: -Préstame mil de aquí a viernes.

            Y tú dices: -No, no tengo.

            -Escúchame: ¿Cómo no tienes si acabo de ver tu billetera y tienes un poquito más de mil?

            -Sí, pero el lunes me viene un pedido y tengo que pagar novecientos ochenta.

            -¿A qué hora viene el pedido?

            -Nueve y media, diez de la mañana.

            -¡Bah! ¡Vamos, hombre! A las ocho y media estoy en tu casa y te llevo la plata. Pero préstamelo, que ahora lo necesito, este fin de semana.

 

            Obviamente, el lunes no voy porque te he manipulado. Lo correcto era que tú me digas:

            -Mira, no puedo prestártelo.

            -¡Ah! ¿No me lo puedes prestar? ¡Já!

            -No puedo confiar en ti.

            -No sé para qué vine a perder tiempo. Me voy.

            Y tú te quedas: "¿Por qué le dije no?. Se ha enojado conmigo".

 

            Pero, ¡qué te importa! Si yo te estaba manipulando... Pero tú, en esos egos contradictorios, buscas justificar mi actitud manipuladora: "Estuve mal", "seguramente me traía el dinero antes de las nueve". Eso es muy peligroso, el justificar.

 

            Y ahora voy a cambiar de tema. Hoy, veinticinco de noviembre, tengo entendido que es el día de la violencia de género. Hay muchas mujeres que son cómplices del mal -¡perdón, mujeres! ¡Las amo!- pero hay muchas mujeres que justifican al varón sometedor o golpeador: "Algo habré hecho para que se ponga así".

 

            Hay mujeres que denuncian y que luego retiran la denuncia. Y capaz que esa mujer al mes está muerta, o a la semana. Mucho cuidado con justificar el error. Mucho cuidado con las justificaciones al otro: "Por algo lo habrá hecho", "por algo me trató así", "por algo se enojó". Cuidado con las justificaciones. Cuidado con ser cómplices del error. Mucho cuidado con ser cómplices del error. Ser cómplices del error es ser parte del error. Los actos hostiles jamás deben justificarse: "Seguramente hizo eso porque yo lo provoqué". Mucho cuidado con eso.