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Psicoauditación - Thule- Arturo - Ra-El-Dan

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 27/08/2018

 

 


Sesión 27/08/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Raeldan

El rey de Thule escapaba con su familia lo que quedaba de su ejército. Llegaron a una isla donde descansar y rehacerse. La reina y el príncipe estaban bien.

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Sesione relacionada

 

Entidad: Cientos de jinetes llegaban para la costa, el rey de Thule era seguido por sus impecables enemigos. Estaban fatigados, deshechos de la caminata, los mismos caballos largaban espuma por la boca, no podían más. Lograron escapar en dos embarcaciones, pero no era sencillo para el rey de Thule y la poca gente que le quedaba, el viento hacía que las dos naves estaban a punto de zozobrar. Hasta que finalmente llegaron a Britania.

Pero claro, Britania se caracterizaba porque tenía unos acantilados altísimos. Pero había una pequeña bahía, pero de ese lado, unos bretones con lanzas, con arco y flechas los atacaron. El mismo rey de Thule ordenó cambiar el rumbo de las dos embarcaciones.

-Viajemos para la desembocadura.

-¡Cómo, mi rey!

-Sí, allí desemboca el río Támesis.

-¡Pero mi rey, mirad la niebla! -Y perdieron el rumbo y el viento soplaba implacable. El vigía gritaba:

-¡Nos acercamos a unas rompientes, girad el timón! -Pero no, no hubo caso, las naves quedaron destrozadas.

Llegaron a la orilla.

-Mi rey, protejamos al pequeño -le dijo su esposa.

 

La bruma, esa enemiga en el agua, en este momento los protegía de los bretones. No podían luchar contra el mar pero seguramente sí contra los bretones, de otra manera se ahogarían en la marea alta. Los pudieron vencer, los bretones se escaparon momentáneamente. El rey de Thule, su esposa y el pequeño príncipe pudieron descansar. Pero los nativos no habían cejado en su empeño, se estaban agrupando para atacar nuevamente, pero el mismo vigía que había avisado de las rompientes le avisó al rey que los estaban vigilando.

Los pocos caballos que quedaban fueron montados por el rey, la reina, el pequeño príncipe, algunos vasallos; el resto de los soldados a pie marchando hacia el norte. ¡Ah! Era difícil.

-¿Dónde estamos, mi rey? -preguntó el segundo al mando-. Veo unas ciénagas, tengamos cuidado.

El mismo vigía se dio vuelta.

-Los lugareños le están siguiendo a pie pero están frescos, tienen arcos, flechas, y lanzas, pueden disparar a distancia.

El rey envió a su segundo. Habló con el principal de los bretones y les dijo:

-Vamos a morir muchos en la batalla, somos menos pero somos guerreros.

Los bretones no ceden y le dijeron:

-Aquí no, esta es nuestra tierra. Hay una isla distante. -El rey miró a su esposa y a su pequeño hijo y aceptó, prácticamente se sentía un exiliado, y se marcharon. Iban por pequeños canales, los caballos prácticamente jadeaban del cansancio, no podían más.

-Mi rey -El rey miró a su esposa-, nuestro hijo monta en fiebre.

-Ponle un paño de agua fría en la frente. No podemos hacer otra cosa que seguir.

 

Cruzaron el canal por completo y llegaron a la isla, una isla pequeña, boscosa.

-¡Ah! -El rey dio un suspiro, la miró a la reina y le dijo:

-Este, este va a ser nuestro futuro hogar, los bretones aquí nos dejaran en paz. ¿Cómo está nuestro hijo?

-Mejor, lo veo saludable, tiene buena contextura física. -El rey se abrazó con la reina, mirando al pequeño-. ¿Qué opinas, mi amor, sobreviviremos aquí?

-Claro que sí, claro que lo haremos.

Ambos miraron al pequeño príncipe y el rey dijo:

-El día de mañana él será rey, este pequeño, Arturo.

 

Gracias por escucharme.