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Psicoauditación - Steve M.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 30/09/2025 Gaela, Alex

Sesión 07/10/2025 Gaela, Alex

Sesión 04/11/2025 Gaela, Alex

Sesión 11/12/2025 Gaela, Alex

Sesión 11/12/2025 (2) Gaela, Alex

Sesión 15/01/2026 Gaela, Alex

Sesión 09/02/2026 Sargón, Capitán Steve Cordell

Sesión 25/02/2026 Sargón, Capitán Steve Cordell

Sesión 28/02/2026 Sargón, Teniente Nico Abella

Sesión 11/03/2026 Gaela, Ernesto Compte


Sesión 30/09/2025
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

Estaba entre amigos en el Club Náutico y supo que una joven podría ayudarle en ventas, y le ofreció lugar en su empresa. Ella estaba también interesada. Lamentablemente, a distancia tuvieron que escuchar una desagradable discusión de una pareja.

Sesión en MP3 (3.655 KB)

 

Entidad: Mi nombre es Alex Malbrán, nacido en Madinesia. Vine a Plena a vender productos médicos.

 

Hace poco más de cuatro años me encontré con Jorge Clayton, un mecenas que me instaló una empresa donde monté un laboratorio para poder fabricar medicamentos de primera calidad. Hoy tengo una enorme empresa y después de cuatro años volví a encontrarme con Jorge Clayton.

 

Ahora estaba con mi coche llegando al club Náutico para encontrarme con Clayton.

Adelante de todo había varios jóvenes conversando, riéndose, pero fui más atrás, había una mesa más pequeña donde estaba un joven que era veterinario y el mejor amigo de Jorge Clayton, Luís Alberto Démez, acompañado por Mary Jane, su novia, y una joven muy atractiva que se presentó como Marisol Domínguez. Me gustó su manera de ser, le estreché la mano, sonreí, le comenté lo que yo hacía y me dijo:

-Es muy interesante, muy interesante.

Le pregunté:

-¿A ti qué te gusta?

-La artesanía, incluso Mary Jane dijo de instalarme un lugar para poder vender artesanías de primera calidad.

-¿Qué tal eres como vendedora al público?

Me dijo:

-¿Cómo te llamas?

-Alex.

-Bien -respondió Marisol-, me considero muy buena en lo que hago.

La miré y le dije:

-Entiendo lo que dice Mary Jane pero de mi parte te hago otra propuesta que quizá te agrade.

-Dime -exclamó.

-Necesito gente que pueda vender mis productos al público por mayor.

-Explícate por favor -me pidió Marisol.

-Claro, tenemos una gran empresa, ya no vendemos más como hace cuatro años farmacia por farmacia, ahora vienen grandes cadenas de farmacias a requerir de nuestros productos y necesitamos personas que atiendan a ese público.

-Me encantaría -me respondió ella-, pero le di mi palabra a Mary Jane de trabajar en la galería que me quiere poner.

Mary Jane dijo:

-Mira, Marisol, es lo que tú elijas, es lo que tú desees.

-Bueno, a mi me gusta trabajar con artesanías, con manualidades, pero también me gusta atender gente. Y explico por qué. Si bien las artesanías me agradan, cuando estoy mucho tiempo por terminar una gran obra es como que me canso mentalmente, necesito estar activa, y si bien todo tipo de artesanías que fabrico me hacen estar activa a veces el trabajo manual puede agotarme en el sentido de estar horas y horas terminando una buena obra. Por supuesto, la satisfacción es inmensa pero también es el agotamiento.

Me miró y me dijo:

-Alex, ¿y allí cómo es?

-Bueno, tendrías tu propio mostrador, una línea de teléfono, detrás tuyo una máquina de café expreso y tendrías mi línea privada para comunicarte por cualquier urgencia.

-La idea me agrada. Pero debo ser práctica, ¿cuánto sería mi sueldo? -Le pasé una cifra y se asombró-. Vaya. -La miró a Mary Jane-. Es prácticamente cuatro veces más de lo que ganaría en la galería pues en ella dependería de todo lo que yo manufacture. ¿Necesito práctica, Alex?

-No, simplemente un día para conocer nuestros productos y además tendrías una lista de la base de los productos, digamos el genérico de cada medicación para explicarle a quien venga de las grandes cadenas farmacéuticas qué hace cada medicación y qué mejoras tiene con respecto a otros laboratorios, tratamos de dar lo mejor con conciencia. -Me pidió que la deje pensar.

 

En ese momento se escucharon voces muy muy fuertes.

Le pregunté a Luís Alberto Démez:

-¿Quién está ahí? -Luís Alberto me dijo que hable en voz baja.

Y me dijo:

-Es el despacho de Jorge Clayton, aparentemente está discutiendo con su novia.

-¡Pero cómo! Tengo entendido, y aparte me lo dijo él, que con la doctora Milena Andrade, su novia, se llevan a las mil maravillas.

-Lo peor es que no cerraron la puerta, y no me animo a golpearle para que la cierren, porque en medio de la discusión reactiva me pueden interpretar como que me estoy entrometiendo. Lamentablemente como estamos en una mesa prácticamente al lado del despacho, a pocos metros, se escucha todo.

 

Clayton le decía:

-¿Y a qué viene todo esto?

Ella le dijo, repitiendo:

-¿A qué viene? A que siempre estás pensando en ti, haciendo cosas para ti.

Le respondió:

-Primero, no hago nada para mí, hago todo para los demás. Segundo, todo el tiempo que invierto es para otros, no es para mí.

-Te olvidas de vivir, eres joven.

-¿Me olvido de vivir -respondió él-, o me olvido de que vivamos?

-No, no seas irónico -respondió ella-, te pido por favor que no seas irónico porque sé a dónde quieres llegar.

-A ver si lo sabes, dímelo.

-Claro, piensas que soy yo la que te está demandando.

-¿Acaso no es así, Milena? Porque cada vez que me dices: "Viajas, haces cosas, no estás nunca" entiendo que lo que menos te preocupa son mis viajes sino mi ausencia. Yo no viajo por placer, muy rara vez, Milena, he viajado por placer. Además, más de una vez has dicho: "Al fin y al cabo puedo tomarme una semana y acompañarte".

-¿Y no lo he hecho?

-Sí, dos veces, el resto ocupada con tu trabajo. Aclaro; lo cual es importantísimo porque has salvado muchas vidas y a veces cuando te invito a cenar me dices: "No puedo surgió una operación de urgencia". ¿Y qué te respondo, Milena? Que tengas el mejor de los éxitos. Jamás te voy a recriminar o decir "Me dejas solo, y ahora qué hago...", jamás. Eres tú la que estás demandando, estás mostrando una nueva faceta que antes no tenías. Ya una vez habíamos discutido y nos habíamos distanciado. ¿Qué es lo que estás buscando, Milena, una separación definitiva?

-No, que me prestes más atención.

-¿Más atención? Cuando no viajo casi siempre estoy contigo, obviamente cuando tú no tienes urgencias médicas, porque los dos estamos ocupados de distinta manera, los dos tenemos distintas formas de ocupar nuestro tiempo, pero no me recrimines que a veces tengo que viajar.

En algún momento dijo ella:

-Te dije que podrías delegar en otros, tienes una empresa que es la más importante de Plena y no delegas.

-Sí, delego, sí delego, tengo muchos gerentes en Amarís, en Gaela, en Plena, obviamente en Plena es donde tengo mi empresa central y también abrí dos empresas grandes en la potencia principal en Beta y hasta en Ámber, pero hay cosas de las que me puedo ocupar solamente yo.

-No vives tú juventud.

-¿Acaso tú la vives?, eres la neuróloga más joven que conozco. Pero a diferencia tuya me siento orgulloso por ti, sanamente orgulloso. En cambio tú no, tú es como que de repente empiezas a demandar, empiezas a tratar de manipularme y a mí eso no me gusta, para nada.

-Evidentemente -dijo ella-, no somos tan compatibles como yo pensaba y es una pena.

-No, sé por dónde vas -dijo él-, vas para el lado del rol de víctima.

-¿Yo víctima? He tenido infinidad de pretendientes y los rechacé.

-Sé por dónde vas, vas por el lado de querer lucirte y de decirme que si nos separamos "mira lo que te pierdes". No, conmigo no va eso.

-No te olvides que estudié filosofía, psicología, psicología transpersonal.

-No no no no, me vengas con ese tipo de roles, no a mí, te olvidas con quién estás hablando.

-Claro -respondió ella-, estoy hablando con el hombre perfecto.

-Eso lo dices tú; me equivoco mil veces, no me considero perfecto, pero sí es cierto que las cosas que hago las hago porque disfruto tender manos a los demás, y me da la impresión que tú en este momento eres una especie de lazo que me quiere atar las manos. Y no, no, eso obviamente no lo voy a permitir, cuando mi padre vivía mil veces discutí con él sobre ese tema. Al contrario, él me recriminaba que era muy joven, que no estaba preparado. Pero cuando el abuelo nos dejó la fortuna, mientras yo la duplicaba mi padre seguía con la misma cifra. Aclaro, no lo estoy culpando de nada, simplemente cada uno tiene su manera, además me preparé mucho en economía para hacer lo que hago. Entonces, ¿cómo seguimos?

-No me sirve esta situación -dijo Milena Andrade.

-O sea, ¿quedamos en libertad de acción?

-Nos tomamos un tiempo.

-No -dijo Clayton-, basta de tomarnos tiempo, si cortamos ahora no hay marcha atrás.

-Se ve que tienes experiencia en cortar con gente.

-No seas irónica, no te lo voy a permitir. La primera vez que corté con alguien era muy muy chico, muy muy chico y me sentí hasta burlado. La segunda vez, que justamente un amigo mío estuvo presente, fue en la muerte de mi padre. La tercera vez una joven con la que nos llevábamos muy bien pero no soportaba mis ausencias, no soportaba que yo viajara tanto.

Milena respondió:

-Evidentemente tenía razón, por algo se alejó.

-Uno elije -respondió él-, uno elije.

 

Se abrió la puerta y nosotros mirábamos a nuestras tazas disimuladamente, y miré de reojo que la doctora Milena Andrade se fue con la cara frustrada, un rostro enojado, caminando rápido.

Se asomó Jorge Clayton y vio nuestra mesa, él no disimuló, se acercó a nosotros con una leve sonrisa y dijo:

-Lamento que hayáis escuchado nuestra discusión. -Luís Alberto Démez se paró y le dijo:

-Sabes que estoy contigo.

Clayton sonrió con una sonrisa que era más una mueca, entró otra vez al despacho y antes de cerrar dijo:

-En un rato estaré con vosotros.

 

Nos miramos todos y Mary Jane, la novia de Luís Alberto, le comentó a su amiga:

-Disculpa que hayas tenido que escuchar esto, Clayton es una persona más que excelente. A mi novio lo ha ayudado infinidad de veces, no es alguien de mal carácter ni nada, todo lo contrario, si no se pone celoso mi novio diría que es un dulce. -Sonreí.

-Estoy de acuerdo con mi novia, es una persona querible, es una persona que no duda en ayudarte en todo lo que pueda. Es más, donde está trabajando esta chica con la que se peleó, están construyendo prácticamente el Hospital del Sur a nuevo, todo financiado por él.

Esta joven tan atractiva que yo recién conocía, Marisol Domínguez, preguntó:

-¿Pero no pierde dinero?

Mary Jane le dijo:

-No, no, todo lo contrario, el invierte y muchas veces, tanto en el municipio del sur como en inversiones que hace en la propia capital de Plena, no tiene que pagar ningún tipo de renta, no tiene que pagar ningún tipo de ganancias porque son obras que salen de su bolsillo. No, no lucra con eso. Al contrario, cada año aumenta su fortuna. Las inversiones no son para él, son para todos, y muchas de las tareas que hace son adelantos que si no fuera por los técnicos que tiene, tardaríamos más de diez años en lograrlo. Incluso vamos más adelantados que Plena en el tema de ordenadores personales, y recién estamos en los años setenta del siglo veinte. Muchos pensaban que hasta los noventa no iba a haber ordenadores personales, llevamos casi veinte años de adelanto gracias a las empresas Clayton.

 

Antes de que Jorge viniera a la mesa, Marisol Domínguez me dijo:

-Intercambiemos nuestros teléfonos y te responderé si acepto ir a tu empresa.

-Espero que sí, me agradaría mucho, con disculpas a Mary Jane que quería montar la galería.

-La galería se va a montar igual, Marisol tiene muchas obras para exponer, e incluso puede dejar una señorita que atienda el lugar y cobre una comisión por las ventas mientras ella trabaja contigo en la empresa farmacéutica. -Sonreí.

 

Me agradaba mucho esta joven, no sé si ella sentiría una empatía conmigo pero por lo menos reía felizmente y eso era bueno.

 

De todas maneras todos los componentes de la mesa estábamos un poco apesadumbrados por la separación entre la doctora Milena Andrade y Jorge Clayton, algo impensable poco tiempo atrás, pensábamos que era la pareja más unida. Y obviamente a veces la mente reactiva, el ego nos juega esas malas pasadas.

 


Sesión 07/10/2025
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

Amigos y conocidos tertuliaban en el Náutico acerca de las relaciones que tenían y con quién, y al final parecían estar de acuerdo en que nadie engañaba a nadie sino que todo era aceptado.

Sesión en MP3 (3.925 KB)

 

Entidad: El ambiente que había en el club Náutico no era bueno, mi intuición no es privilegiada pero se notaba, se sentía en el aire como un filo cortante.

 

Clayton no estaba, me encontré con Andrés, el hijo de Constantino. Nos sentamos en una mesa y luego se juntaron más personas, vino Isabella Yáñez que era amiga íntima de la doctora Milena Andrade.

No tenía mucha confianza, pero le pregunté:

-Estimada Isabella, ¿y la doctora Milena no la acompañó?

-No -me respondió-, es la tercera vez que vengo pero esta vez vine sola, la doctora tuvo una muy fuerte discusión con el señor Clayton.

-Sí, lo sé, yo estaba esa tarde -exclamé-.

 

Se acercó también Marisol Domínguez, que era amiga de Mary Jane.

-¿Cómo estás, Marisol? -le pregunté.

-Bien. Estaba pensando, estimado Alex, que puedo hacer las dos cosas, trabajar en el laboratorio atendiendo gente y los fines de semana con mi trabajo artesanal.

-Bravo -le dije. La miré a Mary Jane-: ¿Y tú, cómo estás?

Me dijo:

-No estoy muy bien.

-¿Qué sucedió? -Levantó la vista y venía nuestro amigo, el gran amigo de Jorge Clayton, Luís Alberto Démez.

-Hola querida gente, siempre con esa buena onda. -Andrés lo miró con rostro serio. Se acercó a Mary Jane para darle un beso y ella tomó distancia poniéndole una mano en el pecho.

 ¿Qué pasa?

-No me tomes por tonta, Luís Alberto.

-No entiendo.

-El Náutico es como cualquier otro club, los rumores corren como reguera de pólvora.

-Sigo sin entender. ¿Qué pasó?

-Me estás tomando por tonta, te han visto tres veces distintas personas saliendo con esta chica nueva, Sydney Madison.

-No no no no no...

-¿Acaso no has salido?, ¿acaso no me has engañado?

-No, Mary Jane, no no no no, esta chica, Sydney, tiene una veterinaria cerca del Náutico y de casualidad conversamos sobre el tema, le conté que yo hace años que tengo una veterinaria y hablamos de ese tema.

-Muy bien.

-¿Entonces me crees?

-Por supuesto que te creo, lo que pasa que Jean Lebreté, que es amigo de todos pero a su vez no es amigo de nadie, de la misma manera que te puede tirar lodo en la cabeza de la misma manera te puede sacar de una ciénaga, pero él no lo niega, él es así, él no respeta a otros novios y sale con cualquier chica, no es leal a los amigos, no es leal a nadie, sólo a sí mismo. Yo no le caigo bien porque dos o tres veces muy disimuladamente me dijo de salir y le dije que tenía novio. Pero es una persona que no se molesta por nada, si le dicen sí sale, si le dicen no está bien, no se molesta ni se ofende.

 

Lo miré a Luís Alberto, que le dijo:

-¿Qué tiene que ver Jean Lebreté con esto que te estoy contando de mi colega Sydney Madison?

-¡Je, je!, me sigues tomando por tonta. Ayer Jean Lebreté me dice "Si te prometo que no voy a hablar de salir contigo, ¿te puedo mostrar algo?". "Si no te pasas de listo sí". Y subí a su coche, a su nuevo deportivo y fuimos hasta el centro. "Quería mostrarte algo, mira la confitería Alabama". "Sí". -Estacionamos frente a la acera opuesta, pero se veía en la ventana tomando algo a Sydney contigo.

-Hablamos de mil cosas, de las razas de perros...

-Claro, claro. Pero no nos fuimos.

Jean me dijo:

-Mary Jane, espera. -Y esperamos por lo menos media hora hasta que ustedes salieron y a media calle de distancia entraron a un albergue transitorio para parejas, a esos hoteles de paso donde van parejas sin compromiso a tener intimidad.

Lo miré a Luís Alberto y se puso pálido. Y dijo:

-Jean Lebreté es un hijo de mala madre.

-No, no, Jean Lebreté -dijo Mary Jane-, es una persona que es amigo de todos y de nadie.

-Te preguntarás qué gana con ponerte en evidencia.

-Hacerme un favor a mí y no para conquistarme ni para llevarme a su departamento, lo hizo porque directamente no le agradan los engaños. -Luís Alberto Démez sonrió.

-¡Je, je! ¿Justo él habla de engaños que sale con todas las mujeres del Náutico?

-Sí, pero todas con las que sale saben que él no se compromete, por lo tanto jamás ha engañado a nadie y tú sí. Claro, ahora me vas a decir que fueron al hotel a hablar de razas de perros. ¿Te acuerdas cuando nos conocimos que fingiste ser gay para conquistarme? Y cuando yo me enteré me enojé mucho, sufriste un montón para que vuelva a confiar en ti y ahora me haces esto? ¿Qué tiene Sydney que no tenga yo?

-Nada, fue... no sé, no me sentía bien.

-¿Esto qué significa -dijo Mary Jane- que cada vez que yo no me sienta bien lo voy a buscar aquí a Andrés o voy a acostarme, disculpa que te diga esto, ¿eh?, con Alex? -Yo sonreí-. O me voy a buscar a Lebreté o por ahí como me gustan los mayores me acuesto con Constantino porque no me siento bien. Esas son excusas y así como esta mesa sabe lo tuyo y lo de Sydney, lo sabe todo el club. Clayton fue dos días para hacer un negocio a Saeta pero ya está enterado y no le va a gustar. Y sé que tú eres su mejor amigo. Tú estuviste presente cuando falleció su padre, es como un hermano para ti y no le va a caer bien lo de Sydney.

 

Yo soy una persona que trato de no meterme en la conversación de los demás, pero le dije a Mary Jane:

-Y a todo esto, y discúlpame, Luís Alberto, ¿pero a todo esto qué dice Sydney?

-Sydney es una chica de dinero que vendría a ser como... como Lebreté, le da lo mismo salir con uno o con otro. -Lo miró a Luís Alberto-. Esto lo aclaro porque por ahí mi ex piensa que Sydney está metida con él.

Le pregunté:

-No entiendo mucho el lenguaje coloquial de Plena, ¿qué significa metida?

-Enganchada, ilusionada, enamorada, como quieras llamarlo, y no es así, a Sydney le viene bien uno u otro. Pero mi exnovio que se pensaba el gran conquistador antes de conocerme a mí, se encontró con la horma de su zapato, se encontró con una chica que es mucho más lista que él y perdió su gran amor, a mí. -Lo miré a Luís Alberto y nunca nunca lo vi tan callado

 

En ese momento Mary Jane le dijo a Marisol:

-¿No te incomoda si me retiro?

-No, por favor. -Mary Jane se levantó y se marchó. Luís Alberto fue atrás de ella para tratar de convencerla, pero yo sabía que era imposible.

 

En ese momento le pregunté a Andrés:

-¿Y tú como estas?

-Mal, he tenido una discusión con mi padre.

-¿Con Constantino?, ¿por qué?

-Sabes por qué. Esta chica que vino de fuera tuvo una aventura con él y salió tres o cuatro veces.

Y le dije a mi padre:

            -Te va a engañar.

            Y mi padre me discutió:

            -Andy, ¿por qué no me dejas ser feliz?

            -¿Feliz? Yo estoy enterado que ella salió con Lebreté y yo estoy enterado de que salió con otras personas también.

-¿Y qué dijo Constantino? -Andrés me miró.

Primero se enojó:

            -Qué fácil que es difamar.

            -¿Por qué no le preguntas directamente? -Y me fui.

-¿Y qué sucedió? -Le pregunté.

-Bueno, al día siguiente padre me pidió disculpas, la confrontó a esta chica y le dijo que sí, que había salido también con Lebreté por curiosidad.

-¿Y qué le respondió tu padre?

-Le dijo:

            -¿Y qué buscabas conmigo?

            Ella le dijo:

            -Me gustabas, pero no sirvo para estar atada a una persona.

 

En ese momento llegó justo, justo, justo, al club Constantino, más grande que yo en edad, pero muy bien parecido, con un traje de corte de primera calidad.

Y miré el rostro de Isabella, lo vio a Constantino como si fuera un galán de película.

Se acercó a la mesa, nos saludó a todos y la miró a Isabella:

-¿Y tú?, no te había visto...

Ella le tendió la mano y le dijo:

-Me llamo Isabella.

-Un gusto. Constantino.

-¿Qué haces?

Le digo:

-Bueno, Isabella es amiga de la doctora Milena.

Constantino dijo:

-¡Ajá! ¡Vaya! Pero la doctora Andrade tengo entendido que se separó de Clayton, me alegro que hayas venido sola. -Evidentemente lo miré disimuladamente a Andrés y Andrés sonrió, parece que entre Isabella y Constantino hubo como una especie de conexión. Pero obviamente estábamos todos juntos y hablamos de temas en general.

 

Yo hablé con Marisol y le digo:

-Entonces trabajarás conmigo y a su vez seguirás con lo artesanal.

-Así es.

-¿Te molestaría ver una obra buena de teatro?

-No, para nada.

-Bien. En la zona céntrica, en el teatro Metro, dan una comedia, yo conseguí tercera fila, tengo dos entradas, ¿querrías venir conmigo?

-Encantada -me dijo Marisol.

Constantino nos miró y dijo:

-¡Vaya!

Lo miré sonriendo y le dije:

-¿Puedes traducirme el 'Vaya'?

-Claro, da la impresión que vosotros os habéis caído bien.

-¡Je je je! Al igual que tú con Isabella.

-La verdad -dijo Constantino-, es muy linda, no sé qué pensará ella de mí.

Isabella dijo:

-Bueno, eres el hombre más elegante que conozco.

-¿Nada más?

-Bueno y también atractivo. Pero escuché en la mesa... porque bueno, hablamos entre todos, de que antes de que llegaras tu hijo hablaba con Alex Malbrán sobre que una joven jugó contigo.

-Nos pasa a todos -dijo Constantino-, no hay que darle más importancia de la que tiene. Todo sucede por algo.

-¿Pero te habías deslumbrado?

-No de la manera que capaz vosotros pensáis, tal vez me atrajo la juventud de la chica, yo estoy más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, y sí, no lo voy a negar, pero a ti Isabella, no eres una niña, tampoco eres una persona grande, eres de mediana edad y te miro de una manera distinta, de todos modos aclaro, no me confundáis con Jean Lebreté ni con otro conquistador, yo soy una persona cauta, seria y que si tiene una relación la toma como lo que es, una relación, no me interesan las aventuras ocasionales. Y Andy, mi hijo, sabe que no miento, que a veces puedo caer en una celada y que me terminen engañando. ¿A quién no le ha pasado? Decidme, ¿a quién no le ha pasado?

Le dije:

-Hay algo que no sabes. -Me miró Constantino.

-¿Qué pasó, Alex?

-Mary Jane se enteró de que Luís Alberto tuvo una aventura con Sydney Madison y cortó la relación con él.

-Lo lamento. Al igual que Andy yo también hablé con Luís Alberto y le dije:

            -No juegues con el amor porque el amor es un arma de doble filo, ¿Tú la sigues amando a Mary Jane?

            -Sí.

            -¿Y por qué sales con Sydney? Se encogió de hombros y dijo:

            -No, fue una sola, vez es una historia.

            Y siguió Constantino diciéndome:

            -Y tú sabes bien, Alex, que una sola vez o diez veces o veinte veces es un engaño igual, aunque sea una es un engaño. -Y seguimos conversando de mil cosas.

 

Y el viernes en la segunda función fui al teatro con Marisol Domínguez. Como todo es causalidad, dos butacas atrás en el mismo teatro, estaba Constantino Olazábal con Isabella Yañéz. Cuando terminó la función los cuatro fuimos a cenar al Gran Palace, un restaurant del centro.

 


Sesión 04/11/2025
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

El tema es que se preparaba un golpe de estado y posiblemente una posterior guerra entre países de Gaela. Se hablaba de las posibilidades que cada país tenía en esta confrontación. Pero mientras tanto trataban de no perder la esperanza y el buen tono.

Sesión en MP3 (3.927 KB)

 

Entidad: Me recordaba la noche que había salido con Marisol, además acompañados por Constantino e Isabella fuimos a ver una obra muy buena al teatro Metro. Pero después me enteré de que lo de Isabella fue una estrella fugaz, como diciendo que habrán salido dos o tres veces y nada más.

 

A su vez, Constantino, luego de su fracaso de la señora que todavía estaba saliendo con el exesposo, tuvo otra relación, pero la joven se enteró de que Constantino había tenido una affair con una chica jovencita y la relación se rompió.

 

Me había enterado por las noticias, me sentí orgulloso cuando vi la nota de El Pregón en primera tapa con la foto de Kirán, que pasó de ser un notero desconocido a ser un gran notero político. Pero la noticia en sí me causó angustia, desazón, impotencia cuando me enteré que la Orden del Rombo tenía militares fieles de su lado y dieron un golpe de estado apoderándose del gobierno civil.

 

Recuerdo que llegué al Náutico y con el primero que hablé es con el joven Ferenc. Le dije:

-Tú eres de Mágar.

-Sí, señor Alex.

-No, no, nada de señor, dime de tú.

-Te cuento, Alex, he pasado las mil y una, si se entiende el coloquial de Plena, estuve varias veces a riesgo de morir y estoy hablando de hace cuatro años atrás, pero nunca, nunca hubiera esperado de que hubiera un golpe de estado en mi país. ¿Cómo te has enterado, Alex?

-Por el Pregón, por la nota de nuestro conocido, Kirán. Tengo ganas de tomar algo.

-Nos sentamos, te acompaño. -me dijo Nándor.

 

Luego vino Clayton. Se acercó Olazábal:

-¿Cómo estás Constantino? -Me abracé con él.

-Y ya lo ves, otra vez solo, otra vez sin conocer a nadie.

Clayton le dijo a Constantino:

-Mira, sé que eres una persona seria, tenemos una socia nueva.

-¿Socia?, ¿digamos que tiene acciones en el club?

-No no no, socia me refiero a que paga mensualmente la cuota, lo otro sería accionista. No, no. Y es una joven interesante.

-¡Ajá!, ¿Y qué me quieres decir?

-Tal vez te agrade. Se llama Eliana Saucedo, es dueña de una revista de modas.

-Vaya.

-Mira, mira la puerta. -Lo miré a Constantino, que aguzado la vista, y miré hacia la puerta y vi a una joven muy distinguida, bien vestida y bonita, obviamente para mí la más bonita era Marisol Domínguez, que nos estábamos conociendo despacio, despacio, pero nos estábamos conociendo. Y simpatizábamos, quizás íbamos a cámara lenta comparado con los chicos del Náutico, pero íbamos sobre seguro.

La joven se acercó:

-¿Cómo estás, Clayton?

-Bien, me alegro de volverte a ver. Espero que te guste el club, es la tercera vez que vienes, ¿no?

-Sí.

-Mira, tienes de todas las edades, hay chicos que se sientan siempre en la mesa larga de adelante, gente de mediana edad y algunos un poquito más grandes pero interesantes. -Y le señaló a Constantino.

Lo primero que hizo Eliana Saucedo fue extenderle la mano:

-Un gusto, Constantino. ¿Usted por casualidad es Constantino Olazábal, el empresario?

-Sí, sí, Eliana, pero te ruego que no me trates de usted.

-Está bien, te trataré de tú. Entiendo que esta noche hay baile... ¿quién sabe bailar aquí?, porque yo bailo muy bien. -Obviamente yo no levanté la mano. Nándor tampoco, tenía novia. Clayton sin novia, pero no levantó la mano.

-¿Qué pasa aquí, nadie sabe bailar?, ¿tú tampoco? -Lo miró a Constantino y Constantino levantó la mano-. Bien, entonces esta noche me darás el gusto de bailar conmigo.

-¡Vaya!

-¿Es una buena sorpresa o una mala sorpresa? -preguntó Eliana Saucedo.

-Es una buena sorpresa y me siento más que afortunado, desde ya te tomo la palabra. Es más, una hora antes del baile hay una buena cena, salvo que estés prometida con alguna joven o con algún muchacho, te invito a cenar, los dos, y podemos conversar de mil cosas.

-Acepto. -Eliana sonrió-. Los dejo. -Y siguió paso, se sentó en la mesa con otras chicas a conversar de mil cosas.

Lo miré a Constantino:

-Como dicen en el coloquial de Plena, eres un tipo de suerte.

-Ya lo creo, lo creo, lo creo enormemente.

 

Nándor cambió de tema. Se acercó el hijo de Constantino, Andrés. Se acercó Luís Alberto Démez, agregaron otra mesa, un par de sillas más y se sentaron.

Nándor dijo:

-Hablemos de lo que está pasando en el mundo.

-Hablemos -dijo Clayton-. El problema no pasa, Nándor, por tu país, el problema pasa de que hay un revuelo tremendo en Amarís y en Saeta, que son países más grandes, y si bien siglos atrás estuvieron enemistados en este momento son sólidos.

-Me asombra de que no se plegara a la rebelión Liziana, siendo que es un país tan religioso. El problema es que Amarís tiene muy buena tropa de civiles, entonces va a ser más duro para los religiosos de la Orden del Rombo dar un golpe de estado. Más que ya están preparados, porque obviamente saben lo de Mágar.

Habló Clayton:

-Tengo dudas con Saeta, el ejército de Saeta en este siglo ha pasado por algunas escaramuzas, incluso hubo un intento de golpe de estado que duró cerca de un año y se pudo sofocar, pero no tiene la misma fuerza de tropas que Amarís. Además, si bien la Orden del Rombo es llamada Orden de Amarís porque allí es donde está el núcleo, Saeta tiene muchísimos religiosos, muchísimos, y muchos del ejército se inclinan por la parte religiosa. Mi intuición, espero equivocarme, es que el próximo golpe de estado va a ser en Saeta y no en Amarís. El temor es que la cosa escale.

Lo miré a Clayton y le dije:

-Explícate, por favor.

-Claro. Empezó Mágar, seguramente va a estar Saeta cayendo en cualquier momento, y ahí sí va a seguir Amarís.

-¿Y cómo sabemos que no se van a contagiar otros estados?

-Bueno -dijo Olazábal-, tenemos a Gráfeng, Gráfeng es una potencia militar; a pesar de ser una isla es una potencia militar y es muy aliado de Beta, que es la potencia militar más grande del mundo. Ahora, Beta por respetar la constitución de cada país evita interferencias, pero los religiosos no son de pensar, son de actuar. Como prácticamente Gráfeng tiene muy débil su Orden del Rombo hay un cien por ciento de seguridad de que no va a pasar nada allí, pero Amarís puede atacar Gráfeng, las fuerzas están equiparadas. -Lo miré a Clayton.

-¿Y tú qué dices?

-No. Si Amarís hace eso, de atacar a Gráfeng, se metería Beta, no con misiles ni nada pero tiene porta aviones, sofocaría la rebelión de Amarís, sofocaría de paso la rebelión de Saeta.

-¿Y con Mágar?

-Bueno, Mágar prácticamente no tiene un estado, el estado es la Orden del Rombo. Y mientras no intente meterse con otros países yo creo que Beta la dejaría estar.

Nándor dijo:

-¿Y qué pasa con la gente inocente?, han ametrallado a miles de personas. Cientos eran, ahora son miles que han querido escapar. ¿Por qué no habría de meterse?

Le dije:

-Explícate.

-Claro. Te lo hago sencillo, querido Alex Malbrán. En Mágar pasó de ser la Orden del Rombo, una fuerza religiosa, a ser una fuerza terrorista y ni Gráfeng ni Beta, que son más que aliados a pesar que estén en distintos continentes no creo que permitan la ejecución de civiles. Ya se han comunicado. Obviamente Mágar hizo caso omiso, y hacer caso omiso al presidente de Beta no es conveniente.

-¿Y entonces?

-Entonces -dijo Nándor- seguramente van a parar las ejecuciones. El pueblo está sometido, están todos con el escudo del Rombo, cubiertos van a ir templos, van a fingir con tal de que no maten a su familia, a sus hijos. Pero no es justo, no es justo.

-Ahora -dijo Constantino-, sabiendo eso, sabiendo que Amarís mira con malos ojos a Gráfeng y sabe que si ataca aunque sea con mil hombres, aunque sea, Gráfeng va a ir con todo y a Saeta no le va a convenir porque Gráfeng no va a hacer distinción.

-¿Entonces? -pregunté.

Constantino me miró:

-Entonces Saeta hablará con los religiosos de Amarís diciendo "Paren un poco; si ustedes paran, aquí pararemos".

Le dije:

-¡Pero es absurdo!

-¿Por qué? -me preguntó Clayton.

-Porque tú mismo has dicho que es Saeta el más proclive al próximo golpe de estado. ¿Por qué habría de advertirle a Amarís?

Clayton me respondió:

-Es cierto y no me retracto, las fuerzas armadas de Saeta son más débiles, es más proclive ahí un golpe de estado. Pero, pero, si Amarís se envalentona, hablo de los religiosos, va a ir por Gráfeng, y eso es lo que no le conviene a Saeta porque se va a meter Beta, no van a matar civiles, van a matar a todos los religiosos.

Hablé:

-Que Dios me perdone por lo que voy a decir, pero esos no son religiosos, son terroristas y tendrían que pagar por lo que hicieron, y algún país tendría que hacer justicia. Además yo estaba justo por abrir otro laboratorio en Saeta pero no permiten sacar dinero de Saeta para las centrales. Tampoco de Amarís. No digo de Mágar porque la economía de Mágar creo que es la cuarta parte de Saeta, la sexta parte de lo que es Amarís. Agradezcamos que aquí en Plena está todo bien y seguimos teniendo negocios con Beta. Nuestro hermano, el país trasandino, apoya todo lo que hagamos, así que más que conversar no podemos hacer. El gobierno de Plena hizo un comunicado a todas las naciones condenando el golpe de estado de Mágar, condenando que pueda haber una rebelión en Saeta. No nombró a Amarís todavía, pero de alguna manera es como que se está alineando con Beta y obviamente con Gráfeng.

-No tiene sentido angustiarnos, pero bueno -dijo Clayton-, somos humanos, obviamente que ver sufrir a otros congéneres, que son nuestro prójimo, como dijo el maestro Axxón hace dos mil años, ¿cómo no nos va a dar pena, cómo no nos va a dar impotencia? Pero es cruel lo que voy a decir, pero la vida continúa. Hoy a la noche tenemos baile, el suspenderlo, el ir temprano cada uno a su casa ¿en qué va a cambiar lo que pase en Saeta, en Mágar, en Amarís?, en nada.

 

Constantino cerró con una broma que no era broma, que era cierto:

-Además, yo esta noche tengo un compromiso con esta joven, Eliana Saucedo. A propósito, ¿qué es lo que hace?

Clayton dijo:

-Dueña de una revista de modas.

-Vaya, con razón viste tan bien, y además es bonita.

Le dije:

-Bueno, no te fijes más en niñas, haz buena letra, como dicen el coloquial de aquí. Y espero te vaya bien, no vayas a toda velocidad.

Constantino me miró y me dijo:

-¿A mí me dices eso?

-¿Por qué?

-Tengo la edad que tengo.

-Bueno, y sin embargo con la edad que tienes mira lo que te pasó con la otra niña.

-Basta, basta, basta -dijo Constantino-, pensemos en esta noche; yo la pasaré bien, vosotros no lo sé.

Luís Alberto dijo:

-La llamé más de veinte veces a Mary Jane... No, no me atiende al teléfono, tampoco viene. No sé como disculparme.

Lo miré y le dije:

-¿Simplemente por haber salido con otra chica? Para qué.

-No sé en qué pensaba.

-Bueno, a veces tenemos que tener la cabeza fría y el corazón en el freezer, no para no amar sino para no cometer errores. -Todos asintieron.

 

Tomamos unas bebidas y seguimos conversando, ya no de la Orden del Rombo terrorista, de cosas cotidianas.

Andrés le preguntó a Clayton:

-¿Y qué pasó con Adriana Notari?

-Una transformación. No lo podía creer, pero hoy a la mañana ayudó a la camarera a servir mesas. No sé si todos se acuerdan de que ella pensó que yo era un camarero y me decía "gente vulgar, gente común".

-Seguramente -dijo Nándor-, quiere volver a conquistarte.

-No, con dos o tres cosas que haga no me va a convencer.

-¿Trató de hablarte?

-No, no, además no le doy pié para que me hable.

-¿Y cuando la ves sirviendo?

-Me hago el distraído, no la felicito ni nada. No no no. Eso sería darle pié. Si de verdad, si de verdad recompone su alma y quiere ser humilde va a tener que hacer muchísimo más.

-Pero a ti te gusta, Clayton.

-Me gusta y se lo dije: "Nunca conocí una chica tan bella por fuera, pero también veo lo que tienes por dentro". Sí, espero que eso que tiene por dentro lo vaya purificando. Por ella, ¿eh?, no por mí, por ella.

-¡Vamos, vamos! -dijo Olazábal-, por ti también.

-Bueno, pero primero por ella. ¡Ja, ja, ja!

 


Sesión 11/12/2025
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

Hablaron acerca del comportamiento personal son el sexo opuesto, cómo se perciben siendo masculino o femenino determinadas maneras de ser, de sociabilizar. Se encontraban solamente hombres y dependía de la madurez de cada uno.

Sesión en MP3 (2.708 KB)

 

Entidad:

 

Entré al club Náutico preguntando por Jorge Clayton, uno de los jóvenes me dijo:

-¿Cómo está, señor Malbrán? Clayton no está, salió con su pareja, Casandra. -Me quedé sorprendido pues desconocía que Jorge Clayton tenía una nueva relación afectiva.

 

En una mesa más atrás me junté con Luís Alberto Démez, el veterinario, y Andrés Olazábal, el hijo de Constantino. Les pregunté si podía sentarme con ellos.

Me dijeron:

-Claro, por supuesto.

Andy Olazábal me dijo:

-¿No le incomoda?, porque estamos tratando temas personales. Pero usted es de confianza.

-Por favor chicos -les dije a ambos-, trátenme de tú, al fin y al cabo tenemos confianza, ¿no?

-Así es -dijo Luís Alberto.

 

Continuaron hablando.

-La responsabilidad es tuya, Luís Alberto -dijo Andrés.

-Fue una sola vez.

-Una o diez, es infidelidad igual.

-¿Cómo se enteraron que había tenido una relación esporádica con Sydney Madison?

-Me extraña -dijo Andrés-. Tú que sabes tanto, Luís Alberto, ¿no te das cuenta que hay gente más astuta que tú y encima con malicia?

-Explícate, porque Mary Jane no quiere saber nada más conmigo después de lo que me costó volver a conquistarla. Y fue gracias a que la convenció Jean Lebreté.

-Ahí está el tema -le dijo Andy Olazábal-, ese mismo a quien tú tanto alabas es el que te traicionó, además tú no has salido una vez sola con Sydney Madison, has salido más de una vez, yo veo los movimientos, y me enteré por boca del mismo. Por supuesto, él no oculta nada.

-¿De quién hablas?

-¿De quién voy a hablar? De Lebreté. Él invitó a María Juanita, o Mary Jane, como le dicen ahora, a mostrarle algo que la iba a impresionar; la llevó al centro, estacionó enfrente de un restaurant donde tú estabas justo en una mesa al lado de la marquesina y se veía todo desde la calle y le mostró a Mary Jane. Hasta ahí podrías argumentar que era una cena de negocios. Mary Jane le dijo "Vámonos, ya me dará una explicación". "Espera, espera", le dijo Lebreté.

-¿Y qué pasó? -le preguntó Luís Alberto.

-Tú tienes que saber más que nadie lo qué pasó; salieron del restaurant y a treinta metros había un albergue transitorio para parejas y Jean Lebreté le mostró a Mary Jane: "Mira, van a un albergue a tener relaciones íntimas". Mary Jane casi se descompone de los nervios, en ese momento. -Luís Alberto cerró los puños y dijo:

-Cuando lo vea a Lebreté le voy a partir el rostro a golpes. -Yo tenía confianza pero no podía intervenir con los jóvenes. Pero no hizo falta, lo frenó el propio Andrés Olazábal.

-Déjate de tonterías, ella lo que hizo fue una revancha.

-¿Ah, sí? ¿Tanto me quería?

-Eso no es todo. Ella terminó por nervios, odio o lo que fuese y se acostó con Jean Lebreté.

-O sea, que no sólo me vendió, no sólo le mostró a mi novia de que yo estaba con otra y que yo entré a un hotel, sino que encima la convenció para acostarse con él. Me traicionó, es una mala mujer. -Andrés lo sacudió de los hombros.

-¿Me estás hablando en serio? ¿Y tú qué eres? Ponte en el lugar de ella, te ve entrar a un hotel alojamiento con una chica que habrás visto dos o tres veces y como era fácil, te acostaste con ella. ¿No eres tú la mala persona, no eres tú el que inició todo eso?

-Sí, bueno, pero soy varón.

-No no no, eso es machismo de tu parte, tú puedes y ella no. Además ella jamás te hubiera sido desleal si tú no hubieras comenzado primero.

 

Luís Alberto Démez se calmó, pero pensó:

-Acá reconozco que hice mal, reconozco que ella se precipitó pero el verdadero malo de la película es Jean Lebreté.

-No, no.

-¿Me lo estás negando?, ¿me tomas por tonto, Andrés?

-Sí, y te explico por qué.

 

Yo a todo esto escuchaba sin abrir la boca, me servía, sí, porque la conversación de los dos jóvenes me daba una enseñanza de cómo reaccionan ante la infidelidad.

Andrés continuó:

-Lebreté no es el malo, está en su naturaleza ser así. Él, chica que ve, chica que busca conquistar. ¿Qué lo logra con todas? Por supuesto que no, nadie hace eso, pero por lo menos un sesenta, y es una cifra alta, un sesenta por ciento de las chicas que busca conquistar lo logra, una cifra altísima. Tú, por ejemplo, antes de conocer a Mary Jane, también eras un depredador femenino; ¿cuál era tu porcentaje?

Démez se encogió de hombros

-No sé, un veinticinco por ciento.

-Bueno, compara la diferencia, un sesenta.

-Bueno, tiene que ver muchos factores, es un carilindo, viste muy elegante. Vino de Amarís, es millonario, tiene muchas maneras y muchos factores para ganar.

-Sin embargo -dijo Andrés- muchas chicas se quejan.

-¿Por qué, porque es malo haciendo el amor?

-No, es perfecto, es como si fuera el mayor amante de todos los tiempos.

-Entonces, ¿de qué se quejan?

-De que todo lo hace automáticamente. Muchas chicas se han quejado entre ellas y uno para la oreja y escucha; actúa mecánicamente, como si fuera un robot. ¿Qué las conforma? Sí, pero que luego quedan vacías también. Además, él es una especie de picaflor, liba una flor y al día siguiente liba a otra y al tercer día liba a otra y así sucesivamente. Jamás, jamás se compromete.

 

Ahí sí hablé yo:

-Disculpad que entre en la conversación. Y entonces, ¿por qué las chicas le prestan atención?

-Una, estimado Alex Malbrán, por curiosidad, por saber por qué es tan amante, y otra por competencia; si fulana pudo yo también voy a poder.

-Disculpad mi comentario, pero eso habla de la mediocridad de esas mujeres.

Esta vez Andrés se puso en contra mía.

-¿Por qué piensas, Alex, que ellas son mediocres y por qué si el varón conquista varias chicas no es mediocre sino un ganador?

-¿Sabes que esto que me lo comentas tú me lo ha comentado tiempo atrás tu padre Constantino?

-¿De verdad?

-Sí, de verdad, Andrés. Constantino me ha dicho exactamente lo mismo, somos una sociedad machista donde premiamos al mujeriego y condenamos a la chica que sale sin comprometerse. ¿Porque cual es la diferencia, cultural?

Habló Luís Alberto Démez.

-Obvio que es cultural. ¿Conoces historia?

-Sí, por supuesto.

-Bueno. Fíjate en los hilos anteriores, la mujer -y menos con la Orden del Rombo-, la mujer no tenía ni voz ni voto, es más, hay países del viejo continente que hoy, en 1974, hay mujeres que no tienen ni voz ni voto hoy en pleno siglo XX. Es cultural.

-A mí, honestamente -dijo Andrés-, me da vergüenza, yo detesto el machismo.

-Me incluyo -dije yo. -Lo miramos a Démez.

-Yo solía jactarme de ser machista, de las conquistas y ahora con esto de Mary Jane me cayó como un balde de agua helada y me llevó a la realidad. -Andrés rió:

-Si me dices que a partir de ahora vas a ser casto, no insultes mi inteligencia porque no pienso creerte.

-No, no voy a ser casto y seguramente seguiré teniendo relaciones ocasionales porque a Mary Jane la doy por perdida. Además, si ya estuvo con Jean Lebreté, yo no acepto platos de segunda mano.

Andrés dijo:

-Sigues hablando en idioma machista, ¿qué podría decir ella? Antes incluso de estar con Lebreté tú has estado son Sydney Madison, ¿para ella no serías un plato de segunda mano?

-No, porque ella conoce mi pasado, sabe que tuve varias novias.

-Claro, pero lo que no entiendes de las mujeres es que a ellas no les interesa tu pasado, les interesa a partir de que empiezan a salir contigo, nosotros somos los tontos, los estúpidos, los imberbes, los que pensamos en el pasado de las mujeres incluso antes de que salieran con nosotros ¿por qué?, ¿quiénes somos?, ¿quiénes nos creemos que somos?, por qué prejuzgamos, ¿porque nos sentimos superiores?, ¿en qué somos superiores? En nada, comparados con ellas edad por edad somos más niños que ellas.

 

Me quedé pasmado porque admiré la madurez de Andrés, era incluso más joven que Luís Alberto, era mayor que su hermano Pocho pero no dejaba de ser un chico y sin embargo tenía una madurez extraordinaria.

 

Cambiamos de tema. Seguí conversando con ellos, miré la hora, vi que Clayton ya no volvía al Náutico, y les dije:

-Chicos, me voy para casa.

-Quédate a cenar con nosotros.

-No no, tengo un viaje largo, tened en cuenta que yo no tengo coche. Cogeré un bus para no gastar en un taxi.

-Te alcanzo yo -dijo Andrés.

-No no no, quédate con Luís Alberto. -Me abracé con ambos y me marché.

 

La conversación no fue una conversación profunda pero de alguna manera me sirvió para entender la lealtad, la infidelidad, el machismo y la historia de ese machismo en siglos anteriores.

 


Sesión 11/12/2025 (2)
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

Hablaron de los arquetipos. Clayton ofreció comentarios valiosos, era un experto hablando de ello. La entidad relata sentirse confusa acerca del tema pero atraído por sus contenidos.

Sesión en MP3 (3.789 KB)

 

Entidad: Aprovechando que comenzaba el fin de semana volví al club Náutico. No estaba Constantino, tampoco había llegado Clayton.

 

Había dos chicas hablando, una de ellas me dijeron que era Casandra, la novia de Clayton, y otra chica más joven. No quería interrumpirlas, pero esta chica, Casandra, me vio y me llamó:

-¿Tú eres Alex, Alex Malbrán?

-Sí, sí, soy yo. ¿Tú eres Casandra?

-Correcto. -Me dio la mano y me dijo-, te presento a Stefi.

-Un gusto -les dije.

-¿Quieres sentarte con nosotras?

-Si no es ningún inconveniente, sí, por supuesto. -Y tomé asiento-. ¿De qué estabais hablando?, si no me tomáis por un entrometido.

-No, no, por supuesto que no. Hablábamos de los roles del ego, los mitos, los arquetipos.

-Vaya. Tres días seguidos estuvimos hablando con Clayton sobre el tema de los arquetipos, es muy enriquecedor el tema. ¿Conoces algo?

-He conversado algunas veces con Jorge Clayton sobre el tema, pero soy más bien de escuchar.

-Bueno -me dijo Casandra-, también se aprende así. Tú estás con el tema del laboratorio de genéricos, de medicamentos.

-Correcto.

-Es bueno.

-Explícate.

-Es bueno que haya nuevos laboratorios.

-Bueno, no es nuevo, lo que pasa que me ha costado que crezca. Obviamente tuve la ayuda de Jorge Clayton, sin él hubiera vuelto a mi país.

-Todo es por algo, estimado Alex. -Sonreí.

-¿Estabais hablando de los roles del ego?

Casandra me dijo:

-Sí.

-¿Podrías enriquecerme con el tema?

-Por supuesto -dijo Casandra-. Los roles del ego logran que seamos eternos actores mostrándonos un mundo anónimo, actores que estamos ante una fría sala que nos perturba por la sensación de estar donde no debíamos y no podemos escapar porque no estamos en contacto con nosotros mismos sino con nuestra imagen reflejada. Bajo cada rol del ego hay otro y otro.

La jovencita Stefi preguntó:

-¿Entonces qué es la realidad, sólo un reflejo de nuestros actos?

-No, Stefanía -dijo Casandra-, cuando la individualidad se confunde así con los roles del ego, cuando ese papel que representamos en la obra de la vida no es suficientemente individual sino totalmente colectivo, podemos sentirnos poderosos porque dichos roles hacen que nos visualicemos como una figura pública, y si nos acostumbramos a ello somos incapaces de convertirnos en seres humanos o incluso de dar los primeros pasos para volvernos humanos, y así dejamos de ser dueños de nuestros actos, no somos otra cosa que nuestros roles, ya sean roles de doctor, de abogada, de arquitecta, de maestra o cualquier papel que representemos.

Le dije a Casandra:

-Vaya. ¿Y el alma?

Me respondió:

-Alex, el alma no puede percibirse, incluso podemos confundirla con nuestro inconsciente. Y me pregunto, ¿no será que dicha alma no puede conocerse objetivamente sino subjetivamente mediante la reflexión y el discernimiento? Cuando hablamos del alma sólo estamos reproduciendo lo que creemos de sí misma a través de nosotros. Una psicología, por ejemplo, que piense que es científica permanece ciega a la fantasía que está promulgando como verdad objetiva, no podemos salirnos del alma para estudiarla y por lo tanto está oculta en todos los campos de investigación.

La pequeña Stefi dijo:

-Muchos psicólogos transpersonales piensan que el ego, nuestro sentido del yo, nos proporciona nuestra identidad cuando en realidad el ego la obtiene del ánima, es ésta la que nos confiere esa sensación de ser únicos y especiales.

Comenté:

-Pienso que se confunden ya que no tienen la menor idea de cómo actúan los roles del ego.

Stefi preguntó:

-Y la alquimia, ¿es un simbolismo?

Casandra respondió:

-Las recetas alquímicas se leen como psicogramas que se desarrollan al igual que un sueño en vigilia en el mundo intermedio donde lo que está en nuestro interior también está en el exterior y viceversa, casi como en la creación de arte.

 

Justo en ese momento llegó Jorge Clayton, le dio un beso a Casandra, me abrazó y le dio un beso en la mejilla a niña Stefi.

-Si me permiten -dijo Jorge-, la verdadera alquimia espiritual nos muestra la tendencia monoteísta de nuestra cultura que es la que sostiene la unicidad del alma como ideal y lo que la psicoterapia imita. Sin embargo, el alma es intrínsecamente multifacética y policéntrica y se resiste a ser ubicada en un sólo punto. La idea de la unidad no es una propiedad del alma, no se refiere el tema literalmente al alma como una substancia o una unidad separada.

Casandra comentó:

-Obviamente, es más bien una metáfora táctica de que todas las cosas son imágenes del alma y están conectadas entre sí en ella. O sea, dicho de otro modo, la unidad que deseamos adjudicar al alma se refiere en realidad a una unidad..., a una unidad de perspectiva que lo ve todo, fundamentalmente como una unidad del alma.

-Aclaremos -dijo Jorge-, que no estamos hablando del verdadero espiritualismo.

Y pregunté:

-¿Y los mitos?

Jorge me respondió:

-Si los mitos, Alex, son como los sueños colectivos, los sueños entonces son como mitos personales. Los sueños son el mejor modelo de la psique, de entrada nos enseñan que aunque el alma no se localice en ningún sitio, ya que es 'no espacial', siempre se representa espacialmente como un otro mundo. Soñamos que estamos en un valle solitario, un desierto, un espeso bosque, la cima de una montaña... Bueno, todos esos lugares son especialmente y específicamente elegidos por el alma para representar su propio estado en ese comento.

Comenté:

-Pero, Jorge, los mitos no son sueños.

-En realidad no, Alex -me respondió Jorge-, un mito es un relato tradicional, sagrado y dotado de gran carga simbólica que narra acontecimientos prodigiosos protagonizados por seres sobrenaturales.

-¿Cómo por ejemplo?

Me dijo:

-Por ejemplo, Alex, como dioses, semidioses, o monstruos o héroes extraordinarios. El propósito fundamental del mito no es entretener sino dar una explicación y sentido a la realidad.

-Me confunde todo esto.

-Te lo explicaré mejor, Alex -dijo Jorge-. ¿Para qué sirve un mito? En las sociedades antiguas los mitos cumplían funciones esenciales que hoy cubren la ciencia o la filosofía. Veamos; explican el origen, responden en preguntas existenciales de dónde venimos: ¿Cómo se creó el mundo?, ¿Qué es la vida? Los mitos también sirven para justificar rituales, explican por qué una sociedad tiene ciertas costumbres o leyes, también valen para la cohesión social, crean un sentido de pertenencia en una comunidad ya que todos comparten las mismas creencias sobre su origen. Ahora vamos sobre sus características principales: Protagonistas, siempre son seres divinos o superiores a los humanos. Tiempo, ocurren en un tiempo fuera del tiempo, a menudo llamado tiempo primordial o en el principio de los tiempos, no hay una fecha histórica precisa. También como verdad cultural para la comunidad que lo crea, el mito es una historia verdadera y sagrada, sólo desde fuera se puede percibir como ficción. Es más, Alex, hay tipos de mitos más comunes, cosmogónicos, explican la creación del mundo. Ejemplo: La Creación invadió al Caos en la mitología. Teogónicos, narran el origen de los dioses. Antropogónicos, explican la aparición del ser humano. Ejemplo: La creación religiosa. Escatológicos, profetizan el fin del mundo. Etiológicos...

-¿Etiológicos?, ¿existe eso?

-Por supuesto que existe, son los que explican el origen de cosas específicas, como por qué una cebra tiene rayas o por qué existe determinada montaña en particular o por qué un volcán puede acabar con una pequeña isla. El mito es universal, Alex, totalmente universal. Es sagrado, ocurre dentro del tiempo y sus personajes son dioses.

Le pregunté:

-Jorge, ¿los arquetipos tienen que ver con los mitos?

La que respondió fue Casandra:

-Para entender, Alex, la relación entre mitos y arquetipos es fundamentar, enlazar su conexión; podemos entender la mitología al sugerir que los mitos no son sólo historias inventadas sino proyecciones de la mente humana compartida.

-¡Uf! -resoplé.

Habló Jorge:

-Aquí te explico, Alex, esta fascinante conexión. Primero: ¿Qué es un arquetipo? Un arquetipo es un patrón universal, una imagen o modelo de comportamiento que reside en el inconsciente colectivo. Eso es un tema después para profundizar, no hoy, pero en algún momento lo profundizaremos. Imagina que los arquetipos son moldes mentales con los que todos nacemos independientemente de nuestra cultura o época, son tendencias innatas a experimentar la vida de cierta manera. Dos: La conexión, el mito, como "vestimenta" del arquetipo.

-¿Cómo es eso?

-Claro, Alex, si el arquetipo es el esqueleto, la estructura universal, el mito es la carne y la piel, la historia cultural específica. Pero el arquetipo es abstracto, totalmente abstracto; existe en la mente. Ejemplo: La idea del héroe. El mito es concreto a diferencia del arquetipo que es abstracto. El mito es la narración que da vida a ese arquetipo en una cultura específica. Los mitos son la forma en que los seres humanos intentamos explicar y "actuar" esos patrones psicológicos profundos. Tercero: Los arquetipos más comunes en los mitos. Casi todos los mitos del mundo giran en torno a estos modelos básicos, "el héroe", esto lo hablamos con Casandra, es aquel que recibe una llamada.

-¿Una llamada? ¿Cómo es eso?, explícate, Jorge.

-Claro. Cuando recibe esa llamada es para enfrentar pruebas, vencer al mal y regresa transformado para salvar a su pueblo. Otro mito es la sombra, representa los instintos reprimidos, el lado oscuro o lo que no queremos aceptar de nosotros mismos. En los mitos suele aparecer como el antagonista, el monstruo o "el hermano" malvado. También tenemos el viejo sabio, el mentor, el guía que posee el conocimiento y ayuda al héroe pero no puede hacer el viaje por él, el héroe tiene que hacer el viaje solo. También está la gran madre, no se habla tanto de este mito que representa la fertilidad y la protección, la madre bondadosa, pero también la destrucción y la asfixia, la madre terrible, la castradora.

-¿Cómo castra?

-Porque sobreprotege, y la sobreprotección es castración. Podemos volver a tocar este tema sobre la sobreprotección. Tenemos también el mito del embaucador, un ser que rompe las reglas, crea caos, usa la astucia, a menudo a través de sus bromas o errores trae cambios necesarios al mundo.

-¿Por qué es importante esta relación?

-Entender los arquetipos, Alex, nos explica por qué ciertos mitos o películas modernas nos emocionan tanto, no es sólo porque la historia sea buena sino porque resuenan con una estructura que ya tenemos pregrabada en nuestro cerebro.

-¿Cómo es eso?

-Claro, Alex, cuando ves una película sobre superhéroes, en realidad estás consumiendo mitología moderna, pero está basada en los mismos arquetipos que se usaban hace tres mil años.

-Vaya, me deja sorprendido todo esto -les comenté-. ¿Y vosotros habláis siempre sobre estos temas?

-No no, no necesariamente. Ahora porque tuve lo más afortunado, que es conocer a Casandra, y la suerte también de conocer a la pequeña Stefi, que sabe bastante bastante del tema siendo más chica. Así que, Alex, cuando quieras participar...

-Tendría que ser muy tarde, por la tarde, por mi trabajo.

-Bueno, pero puedes delegar directivos en la empresa y venir.

-Sí, sí. Eso es una de las cosas que tengo que hacer y ya me lo has dicho varias veces, el aprender a delegar. A veces es como que quiero abarcar todo, y nadie puede abarcar todo.

Jorge Clayton me dijo:

-Lo sé por experiencia. Comencé a aflojar un poquito el ritmo, en cuatro años hice tantas cosas y sufrí tantas pérdidas...

-¿Es así?

-Ya te lo comentaré, Alex, ya te lo comentaré. De la misma manera que he hecho tantas cosas, no aquí en Plena, en Saeta, en Amarís, en Beta, he hecho viajes, he conocido primeros ministros, presidentes, he dado conferencias, he sufrido pérdidas familiares, he sufrido pérdidas afectivas... Mira, cuando tú me conociste estaba el club Hípico en capital, era muy selectivo, caro.

 

Me acuerdo que en aquella época vino también Nándor Ferenc, de Mágar, y yo estaba con cara seria, amargada.

Me preguntaba:

-¿Qué te pasa?

Y yo le decía a Nándor:

-Me siento hastiado de ver tanta frivolidad...

 

-Quería cambiar el club Hípico pero tenía solo el 49% de las acciones y el otro 51 lo tenía gente grande muy conservadora.

Cuando dejé el Hípico y compré el Náutico es como que sin perder la clase pero lo hice como más popular, la mensualidad sigue siendo cara, pero casi la mitad de lo que costaba cuando lo compré. Encima invertí dinero, lo agrandé, ya no es solamente un club Náutico, es un club, estamos por abrirle una tercera pileta para aquellos que practican natación. Compré un terreno más al norte para los que quieren aprender zooterapia con caballos, me armé un pequeño despacho, no tenía despacho el Náutico. Agregué una escollera, ahora no solamente tenemos mesas en el jardín, también tenemos mesas que dan directamente al río, por supuesto con la debida altura para evitar que la creciente del río no llegue a inundar al club, es lo primero que hice. Lo primero reforzar las defensas y levantar la superficie. Es más, tenemos una cochera son subsuelos y ascensor pero no se filtra una gota de agua del río. He hecho un trabajo, mejor dicho, he encargado un trabajo de primer nivel.

-¿Qué les parece chicas, Alex, si almorzamos? Salimos al jardín y comemos tranquilos, tenemos todo un techo de sombra.

Sonreí y dije:

-No quería decirlo, pero estoy teniendo bastante hambre.

-Bueno, vayamos.

 

Jorge tomó del brazo a Casandra, se dieron un intenso beso y le dijo:

-Te extrañaba.

-Pero no hace tanto que nos vimos -le dijo ella.

-No importa, aunque fuera un minuto igual te extraño. -Y fueron adelante nuestro con la pequeña Stefi.

 

Yo me los quedé mirando, ese tipo de amor, ese tipo de entrega no es algo muy común y te llena el corazón.

 


Sesión 15/01/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

El Club Náutico era el lugar apropiado para conocer empresarios y cerrar acuerdos. Su laboratorio farmacéutico gozaba de buenas perspectivas al punto que era visto muy atractivo de tener alguna participación el laboratorio. Allí estaban dos grandes emprendedores que le hablarían de ello.

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Entidad: Llegué al club Náutico, más que nada preocupado por la trama que había hecho esta chica, Milano, contra Constantino, perjudicando enormemente a mi amigo y obviamente también a Jorge Clayton.

 

Por supuesto me enteré después que Karina Milano había sido desenmascarada, pero quedaron muchas dudas sin aclarar. Dudas principalmente en mi persona por eso le fui a preguntar a Clayton qué sucedió en realidad.

Golpeo despacio la puerta de su despacho, me abrió el propio Clayton sonriendo, Cuál fue mi sorpresa cuando en uno de los sillones lo veo sentado a Jean Lebreté. -Fruncí el ceño.

Lo miré y le comenté:

-Tenía entendido que te habías ido a Amarís. -Lebreté sonrió.

Clayton me dijo:

-Mi querido Alex Malbrán, siéntate en ese rincón que tienes un buen sillón y vamos a escuchar la explicación de Jean Lebreté.

-Con todo gusto -dije-. Si no es incómodo para Jean me quedo aquí callado escuchando.

Lebreté habló:

-Jorge, hay muchas cosas que fueron inventadas, como lo del famoso vaciamiento del delta donde supuestamente yo querría construir un complejo de ultralujo en todo lo que es la zona norte del delta. Bueno, ¡je, je!, ese no he sido yo, esa era una idea cien por ciento de Karina Milano y está comprobado, tengo los documentos originales.

Clayton dijo:

-¿Cómo los has conseguido?

-¡Ja, ja!, no conoces a toda mi familia. Tengo un hermano dos años mayor que yo, opuesto a mí, su ambición son las finanzas, pero es cien por ciento honrado. Marcel Lebreté. Él trajo todos los papeles y vino aquí a Plena. Segundo, te acosaban a ti de fondos de procedencia dudosa, que Brisa del Sur recibía dinero desviado tuyo, también de empresas fantasma... Bueno, todo eso es falso. Apareciendo el nombre de mi madre, Clayton, como directora suplente en un acta que tiene por lo menos diez años. Yo sabía que ese Jorge no eras tú y le seguí el juego. Les dije que admití que mi familia usaba la estructura de Constantino para evadir impuestos sucesorios. Falso, tengo aquí los papeles. Y además Constantino demostró su inocencia. Lo más cómico, Clayton, es que mientras Constantino estaba demostrando su inocencia y la Milano acusándolo se hundían en procesos judiciales. ¿Y qué hice yo según este Jorge que te imitaba? Que me fui, que tras la caída de Brisa del Sur y la exposición de mi madre, que está muerta y que en paz descanse, fíjate hasta qué punto los documentos firmados por mi madre son falsos que la fecha es posterior a su fallecimiento. Mi hermano mayor Marcel, trajo los verdaderos documentos y no hay nada, nada firmado por ella. Todos pensaban que yo estaba en Briz, una pequeña playa privada, que me había ido al Riz en Amarís o a pasear en yate... No, nada que ver, siempre estuve aquí, siempre, jamás mi reputación estuvo herida de muerte. ¡Je, je! jamás, jamás. Mira, ya está todo aclarado porque tú has recibido los documentos de mi hermano. -Me miró a mí-, Alex, está todo aclarado. Es más, me gustaría hacer negocios contigo.

-¿Conmigo? -le pregunté.

-Sí, en cuatro años has crecido muchísimo con tu laboratorio, pero mucho, de verdad. Sé que el dinero lo compra casi todo, te estoy ofreciendo ochocientos millones. Me quedé paralizado. Lo miré a Clayton.

Clayton hizo un gesto de sarcasmo:

-Jean, pórtate bien, te quieres abusar de Alex.

Jorge Clayton me miró:

-Mi querido Alex Malbrán, es cierto que has venido, como decimos en el coloquial de Plena, con una mano atrás y otra delante, pero tu empresa en este momento vale cuatro mil millones.

 

Me asombré. Obviamente yo sabía que ochocientos millones que ofertaba Lebreté era poco pero calculaba que se cotizaba en bolsa aproximadamente en dos mil millones.

Jorge Clayton comentó:

-Las acciones del laboratorio están en cuatro mil millones en bolsa, ahora si Lebreté quiere y tú aceptas la inversión de ochocientos millones, Jean va a tener una quinta parte de las acciones del laboratorio. ¿Qué dices?

Lebreté comentó:

-Invierto, Alex. ¿Qué opinas?

-Si es beneficio para que la empresa crezca, acepto.

-Bien -dijo Clayton-. Aquí no vamos a hacer nada, nos juntamos mañana y vamos a mis dos escribanos de confianza, se hace un contrato cuádruple, uno para ti Alex Malbrán, otro para Jean Lebreté y uno para cada uno de los escribanos, los dividendos van a ser acordes a las acciones que tiene cada uno.

-Mañana firmaremos entonces -dijo Jean Lebreté-, ¿puede, aparte, invertir mi hermano?

-Yo diría -exclamé- de esperar, estamos sumando ochocientos millones a la empresa, veremos cómo va todo, de acuerdo a como va todo vamos a hacer más inversión en investigación de medicamentos genéricos. -Lo miré a Jean-, ¿tú entiendes algo de eso, Lebreté?

-¡Je! No, para nada, simplemente soy un inversor.

-Bien. Entonces vamos a poner una cláusula -exclamé-, independientemente de lo que tengas, nada más un quinto, de que no te opones a mis decisiones de investigación.

-Acepto.

-Perfecto, en ese caso cuando Clayton lo disponga vamos a ver a sus escribanos.

 

Jean Lebreté se levantó y me dio la mano.

-¡Hola, socio! -No lo podía creer, socio de Jean Lebreté, los miraba a los dos mientras Clayton sonreía.

-Está bien -dijo Clayton-. Cambiando de tema, tenemos que seguir hablando, Jean, hay conductas aquí en el club que no me gustan, ¿eh?, se corre el rumor de que te toman de acosador de las chicas.

-¿Ves? -Se quejó Lebreté-, hazte la fama y échate a dormir. Son ellas las que me acosan a mí. ¡Ay! Y como débil es la carne yo me dejo acosar.

-Bueno, déjate ahora de cosas mundanas, mañana mismo firmamos el contrato. ¿Estás satisfecho, Alex?

Le respondí:

-Yo venía porque además de sacarme unas dudas tenía ganas de comentar sobre la vida social ya que tengo mucho estrés... Y bueno, me encuentro con una inversión.

-¿Por qué no? -exclamó Clayton-, forma parte de la vida.

 


Sesión 09/02/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

Estaba en la Federación Sargón y fue llamado para estudiar un plan de ataque a una raza llamada 'los autómatas', seres sin vida biológica, que ya habían atacado anteriormente a la Federación. Comentaba con el capitán Alexis las posibilidades existentes.

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Entidad: Una de mis vidas más complicadas fue en la Federación Sargón. Allí mi nombre también era Steve, el capitán Steve Cordell, tenía tres medallas al valor por distintos combates contra invasores externos.

 

Vivía en Auriga, el satélite de un gigante gaseoso que era cuarto planeta de Grisel, una estrella roja, formaba parte de los quinientos cincuenta sistemas estelares de la Federación Sargón.

Mi vida nunca fue una rutina, en tiempos de paz exploraba el espacio cercano en búsqueda de objetos desconocidos, siempre pensaba que podía haber nuevas amenazas, hasta que por radio ultralumínica nos llegó el mensaje de Sargón capital, unos seres híbridos, cibernéticos estaban atacando a la Federación para asimilar a más organismos vivos. Era la primera vez que escuchaba algo así.

 

Hablé con el alto consejo de Auriga, estudiamos sobre los híbridos y llegué a la conclusión de que no necesitaban procesar emociones ya que se valían de una inteligencia artificial de algo que ellos llamaban 'la colmena' para actuar, como si fueran una sola mente.

Pedí autorización del Consejo para viajar a Prima, la Federación aliada de Sargón que a su vez tenía trescientos cincuenta sistemas estelares. Viajé a Prima en una nave monoplaza ultralumínica y me contacté con el legendario Alexis, que en una época había sido uno de los capitanes más sobresalientes de toda la flota, casi una leyenda. Solamente una vez lo había visto.

-Estimado Alexis, ¿te acuerdas de mí?, era el teniente Cordell.

-Vaya, ahora eres capitán, y me enteré de que te han premiado con medallas al mérito.

-Son pequeños detalles.

-No, conmigo no te hagas el humilde, ¡je, je, je! Entiendo que has venido porque te has enterado de la amenaza.

-Sí, sé que tienes una mente privilegiada, Alexis. ¿Qué... qué piensas que podemos hacer? -Me presentó a la capitana Mariana, que justo se marchaba porque la precisaba el primer ministro de Prima.

 

Nos quedamos solos y entre ambos planeamos recurrir a otra tecnología.

Alexis me dijo:

-¿Qué te parece, Steve, recurrir a tecnología analógica? -Fruncí el ceño.

-¿Tecnología analógica? Pero eso no se usa desde hace muchos siglos.

-Claro. ¿Pero por qué hablo de tecnología analógica, Steve? ¿Por qué pienso en baja tecnología teniendo hípertecnología? -Capté enseguida su pensamiento.

-Sé porqué lo dices, si la mente de colmena de los híbridos se basa en la interconectividad total y el procesamiento de datos instantáneo, el silencio digital va a ser nuestra mejor arma.

-A eso me refiero, Steve. -Prima capital, al ser el mundo central de la Federación aliada estaba saturado al igual que capital Sargón de redes inalámbricas, de sensores.

Y le dije a Alexis:

-Podemos hablar sin ser detectados por posibles infiltrados o señales de la colmena híbrida. Primero entiendo que tú has armado un bunker de Faraday en una zona de construcción antigua donde el blindaje de plomo bloquea cualquier señal.

-Exactamente por eso lo hice, Steve. Ten en cuenta que si bien estoy retirado, yo fui un enorme historiador militar, no se trata solo de combates ganados se trata también de haber estudiado el mapa galáctico.

-Dime, Alexis, no es que nos vimos tanto, tampoco podemos decir que somos amigos pero somos camaradas, ¿qué te ha pasado que de repente te has retirado al punto tal que tu propia esposa, la enorme comandante Kirana, no estaba de acuerdo contigo? Has estado años jugando en el césped de los campos de Prima con animalitos..., ¿te has cansado de la vida militar?

-No, no pasa por ahí, Kirana todavía no ha decodificado lo que me pasa, y es un tema que me cuesta mucho hablar.

-¿Qué es lo que fue tan grave? -le pregunté.

-Recuerdo el tema de los Langar, recuerdo también a los Lacerta, recuerdo el imperio Mordon que después de tantos siglos volvió a atacar y me vi obligado a..., con la ayuda de técnicos holográficos cuánticos informáticos a crear una nueva bomba.

-Sí, conozco la historia, la famosa bomba de vacío que distorsiona el espacio-tiempo y todo lo que toca desaparece en un vacío sobre el vacío, en una especie de singularidad. Pero has salvado un cuarto de galaxia. ¿Dónde está lo negativo?

-Ha muerto mucha gente.

-No lo veas de esa manera, Alexis, has salvado a mucha gente, tienes una mente privilegiada.

-No, Steve, me he servido de mis colaboradores informáticos, técnicos de armamentos, técnicos cuánticos. La idea fue mía, pero ellos la desarrollaron. Pero sí, soy el responsable.

-Nos has salvado, has salvado a Sargón, has salvado a Prima, has salvado a otros mundos de depredadores, ¿me dices que te has aislado por complejos de culpa?

-No, yo soy racional y me considero eficiente, pero dentro mío hay una palabra que no me gusta, en forma de pregunta: ¿qué hubiera pasado si? -Me sorprendí.

-¿Te estás preguntando, Alexis, qué hubiera pasado si no creabas la bomba de vacío?, no sé si existirían ambas federaciones. En este caso no pienses en qué hubiera pasado si, a mí tampoco me gusta esa palabra en forma de pregunta, pero es hora de que te desempolves, vuelvas a usar tu uniforme si es que lo tienes impecable.

-Sí, lo tengo en un cuarto de vacío inmune a todo tipo de ataque atmosférico o de pequeños bichos. -Sonreí.

-Te conservas bien por ser tan grande. -Alexis me miró con una mueca mitad de sonrisa y mitad seria.

-No te tomes tanta confianza, ¿sabes luchar con el Bō?

-Ah, ¿te refieres a los cilindros de madera? Sí algo sé.

-Bueno, déjate de ironías porque te obligaría a ir a un tatami y practicar con el Bō.

-No no no -negué-, sé de tu fama, sé que eres invencible, ¡je, je, je! No no no. Vamos a lo nuestro, de verdad vamos a lo nuestro. Entiendo que eres un admirador de objetos del pasado.

-Objetos y armamentos de siglos anteriores, armamentos y objetos que no están en la web, y si no están en la web son invisibles para la colmena de híbridos.

-Entonces tú idea es utilizar lo analógico.

-Exactamente, Steve, para combatir una mente colmena que asimile información a la velocidad de la luz, nuestro plan podría incluir, escúchame bien: comunicación por cable y radio de onda corta.

-Después me explicas bien eso, que no lo entiendo.

-Tenemos que abandonar las señales cuánticas y satelitales y reemplazarlos por cables de cobre físicos y transmisiones de radio de frecuencia manual. La colmena ni siquiera sabría buscar en esas frecuencias ruidosas y primitivas.

-¿Y qué haríamos con las naves?

-Usar motores que no dependan de navegación centralizada.

-¿Qué me hablas de naves antiguas?, ¿una nave que se pilotea mediante poleas, palancas, cálculos manuales, reglas de cálculo?

-Exacto. Los híbridos nunca podrían hackear ese tipo de sistema de vuelo.

-¿Y el armamento?

-Steve, usamos láseres, usamos plasma, los híbridos los usarían a favor suyo para reflectarlos o para absorber el plasma para cargarse.

-¿Entonces?

-Entonces balas de plomos, mísiles viejos, tungsteno..., son puramente cinéticas, no hay código que hackear en un misil a reacción normal.

-Pero entiende, lo analógico es mucho más lento, si tuviéramos que dar un salto interestelar no podríamos hacerlo, con lo analógico no podríamos llegar a velocidad ultralumínica.

-No, no, Steve, es cierto, pero nuestras naves "antiguas" pueden llegar hasta la décima parte de la velocidad de la luz sin dejar señales cuánticas.

-Igual tardaríamos muchísimo en llegar de un sistema al otro.

-Es que no tenemos otra manera, no tenemos otra manera. -Lo miré a Alexis y tenía razón, la única manera de vencer a los híbridos era con tecnología antigua.

-¿Entonces qué hacemos?

-Espera -dijo Alexis-, entonces trabajemos, profundicemos un poquito más y luego lo comunicamos a las autoridades.

 

Me quedé pensando, estaba frente a una leyenda trabajando mano a mano con Alexis, el vencedor de los Langar, el vencedor de los Fungos, el vencedor del imperio Mordon, pero era una persona de carne y hueso.

Me miró, sonrió y me dijo:

-Deja de pensar y deja de idolatrarme, me duele el estómago como a todo el mundo, si una comida me cae mal me cogen retortijones no soy inmune, no soy invulnerable y envejezco como cualquiera. Vamos. -Me tomó del hombro-. Vamos a trabajar, porque de verdad esto hay que tomarlo muy en serio, los Mordon, los Langar no son nada comparados con estos seres biomecánicos.

 


Sesión 25/02/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

Unas naves de los seres biónicos llamados "autómatas" trataban de eliminar las naves de Alexis y de Cordell cuando estos ejecutaron las acciones para eliminarlos a ellos. Cuando los ataques se cruzaron, cayendo la nave de Cordell, envió el virus técnico a la nave autómata, pero en el último momento fue recuperado por Alexis mediante teletransportación. Pero la lucha continuaba.

 

Recuerdos del capitán Steve Cordell

 

El cielo de Auriga nunca fue azul, pero para el capitán Steve Cordell, era el hogar más hermoso de la galaxia. Mientras los motores de su maltrecha nave tosían chispas de plasma, Steve levantó la vista hacia el horizonte.

 

Allí estaba Crisel, la enana roja, tiñendo las nubes de un carmesí profundo, casi violáceo. Sobre ella, la mole infinita del gigante gaseoso -el cuarto planeta del sistema- dominaba el firmamento con sus anillos de polvo y hielo.

 

Pero la paz de Auriga había muerto.

 

 

El Eco de la Chatarra

 

El radar emitía un pulso rítmico, un latido metálico que anunciaba el fin. Los Sintéticos de la Colmena, seres biónicos cuya única brújula era la eficiencia fría de los algoritmos, descendían como una plaga de langostas de acero. No venían a negociar; venían a procesar la biomasa de la luna Auriga.

 

Steve apretó el mando de vuelo, sintiendo el frío del metal en sus palmas. En ese instante, el olor a ozono y cable quemado fue reemplazado por un recuerdo invasor, uno que dolía más que cualquier herida de metralla.

 

 

Los Días Carmesí

 

Recordó las tardes en la estación de carga con Kron y Mara. No había guerras, sólo el desafío de reparar cargueros viejos bajo la luz mortecina de Crisel.

            •La risa de Mara: Esa forma en que se burlaba de sus botas remendadas mientras compartían una ración de licor de síntesis.

            •La lealtad de Kron: Aquel gigante que podía doblar vigas con las manos, pero que sostenía un soldador con la delicadeza de un cirujano.

 

En Auriga, la vida era dura, polvorienta y precaria, pero era suya. Eran una familia forjada entre la gravedad pesada del gigante gaseoso y el viento gélido de la superficie. Eran felices sin saber que el silencio del espacio se estaba afilando.

 

 

La Última Maniobra

 

Una explosión sacudió la cabina devolviéndolo a la pesadilla. Una nave biónica, una aguja negra de geometría perfecta, acababa de atravesar el ala de babor.

 

"Aquí Cordell," susurró por la radio, aunque sabía que nadie escuchaba. "Auriga ya no tiene voz, pero aún tiene dientes."

 

Steve no buscaba sobrevivir. El capitán sabía que no había refugio contra una mente colmena que no entiende de nostalgia. Activó la secuencia de sobrecarga del núcleo. Si esos monstruos de cable y silicio querían Auriga, tendrían que tomarla de las cenizas.

 

Con una última mirada a la silueta de la colonia destruida, Steve sonrió. Por un segundo, ya no estaba en una cabina en llamas; estaba de nuevo en la mesa de metal de la estación, brindando con Kron y Mara mientras el gigante gaseoso se ocultaba tras las montañas de azufre.

 

 

El espacio se iluminó con un segundo sol rojo, y luego, solo quedó el silencio.

 

 

Steve Cordell decidió ir por segunda vez a Sargón Capital, el centro de la Federación, a encontrarse con Alexis.

 

La travesía hacia Sargón Capital no era sólo un viaje físico a través de los sistemas interiores, era un descenso al corazón burocrático y tecnológico de una Federación que parecía haber olvidado el valor de la sangre frente al silicio.

 

Steve Cordell, con el rostro marcado por la radiación de Crisel y el luto de Auriga, caminaba por las naves de obsidiana de la capital. El contraste era doloroso: mientras en los bordes de la galaxia los mundos ardían, aquí las fuentes de mercurio y los hologramas de propaganda hablaban de una "paz estructural".

 

 

El Encuentro en el Santuario de Acero

 

Alexis no vivía en un palacio sino en el Núcleo de Datos, un complejo subterráneo donde el aire sabía a estática. La "leyenda viviente" no era el guerrero de armadura reluciente que Steve imaginaba, sino una figura consumida por la interfaz, conectada a cables de fibra óptica que parecían venas artificiales.

            •El reencuentro: Alexis levantó la vista. Sus ojos reconocieron a Steve. No hubo abrazos, sólo el reconocimiento mutuo de dos hombres que habían visto el final del camino.

            •La revelación: "Los Autómatas no son soldados, Steve," susurró Alexis con una voz que vibraba como un sintetizador. "Son una ecuación. No puedes vencer a una ecuación con disparos de plasma, tienes que corromper el resultado."

 

 

La Estrategia: El Virus de la "Memoria Errática"

 

Alexis proyectó un mapa táctico del avance biónico. Los Autómatas compartían una conciencia de colmena perfectamente sincronizada. Esa era su mayor fuerza, pero también su única debilidad.

 

 

El Plan Maestro

 

Entre ambos trazaron una estrategia que desafiaba la lógica militar convencional:

            1. Infiltración de Frecuencia: Alexis usaría sus ordenadores cuánticos para hackear la frecuencia de comando de los invasores, no para detenerlos, sino para inyectar "ruido emocional".

            2. El Cebo de Steve: Steve regresaría al frente, no como un mártir, sino como un portador. Su nave emitiría los datos de las memorias de Auriga -la risa de Mara, el peso de las manos de Kron- convertidos en código binario.

            3. La Parálisis: Los Autómatas, diseñados para procesar lógica pura, entrarían en un bucle infinito al intentar procesar conceptos como la nostalgia o el dolor. Una "indigestión existencial" que los dejaría vulnerables durante los segundos necesarios para el golpe final.

 

 

Un Pacto de Sombras

 

"Si hacemos esto, Steve," advirtió Alexis mientras sus dedos danzaban sobre las consolas de Sargón, "pueden pulverizar tu nave. El virus los consumirá para alimentarse, pero quizás tú no sobrevivas."

 

Steve Cordell miró por el ventanal hacia el vacío del espacio. Sabía que, si eso significaba que ningún otro mundo ardería bajo el rojo de una enana roja, el precio era justo.

"Hazlo," respondió Steve. "Prefiero ser un recuerdo que un esclavo sin futuro."

 

 

El vacío sobre el cinturón de asteroides de Sargón se transformó en un cementerio de luz. La flota de la Federación retrocedía ante la precisión geométrica de los Autómatas. No había caos en el ataque biónico, sólo una coreografía letal de rayos de partículas que cortaban el espacio como bisturíes.

Steve Cordell pilotaba la Icarus, una nave modificada por Alexis con bobinas de inducción que brillaban con un azul eléctrico poco natural. En sus sistemas, el "Virus de la Memoria" latía, esperando ser inyectado en la red neuronal de la colmena.

 

 

El Asalto de la Icarus

 

Steve hundió el acelerador. La Icarus bailó entre los disparos, realizando maniobras de inercia que habrían roto los huesos de un piloto común. Un enjambre de interceptores biónicos se cerró sobre él, lanzando una salva de misiles de seguimiento.

 

Con un giro de 180° y el uso de los propulsores laterales, Steve logró que los misiles colisionaran entre sí en una explosión de magnesio. Estaba a sólo unos kilómetros del Nodo Central, una esfera negra del tamaño de una ciudad que coordinaba a toda la invasión.

 

 

El Fracaso del Concepto

 

"¡Ahora, Alexis! ¡Lánzalo!", gritó Steve por el canal cuántico.

 

Desde Sargón Capital, Alexis liberó el virus. Una onda expansiva de datos invisibles barrió el sector. Steve cerró los ojos, esperando ver a las naves enemigas tambalearse bajo el peso de la angustia y el dolor de los caídos en Auriga.

 

Pero no ocurrió nada.

 

Las naves biónicas no se detuvieron. Sus procesadores detectaron los paquetes de datos cargados de "emoción" y, con una frialdad aterradora, los clasificaron como Basura Lógica. Los cortafuegos de la Colmena simplemente ignoraron los conceptos abstractos. La angustia no tenía masa; el dolor no tenía frecuencia. Para una inteligencia artificial pura, el sufrimiento humano era un ruido de fondo irrelevante.

 

-"Steve, no están mordiendo el anzuelo" -la voz de Alexis sonó distorsionada por la interferencia-. "Sus filtros de seguridad son demasiado robustos. Han purgado la 'angustia' antes de que llegara al núcleo".

 

 

La Variable del Sacrificio

 

Steve vio cómo una viga de energía segaba el ala derecha de su nave. La Icarus empezó a girar sin control. En la pantalla, el Nodo Central se preparaba para disparar su arma principal contra Sargón.

 

"No lo entienden porque es abstracto, Alexis," murmuró Steve, estabilizando la nave con los motores de emergencia. "Pero hay algo que no pueden ignorar: la paradoja de la persistencia."

 

Steve no envió un concepto. Envió una orden directa basada en su propio estado físico en ese momento. Conectó su sistema nervioso directamente al transmisor de la nave, saltándose los protocolos de seguridad.

            1. El Puente Biológico: Steve forzó a la Colmena a procesar no el sentimiento de la pérdida, sino los impulsos eléctricos de su propio cerebro luchando por mantener la nave en vuelo a pesar del daño.

            2. La Sobrecarga de Prioridad: Introdujo una paradoja técnica: Para procesar la destrucción de la Icarus, la Colmena debía simular la resistencia física de Steve.

 

 

El Impacto Final

 

Steve no esquivó el siguiente ataque. Lo recibió de lleno, permitiendo que los sensores de la Colmena "leyeran" el colapso de sus sistemas biológicos. En ese microsegundo de conexión, Alexis inyectó el virus no como una emoción, sino como una falla de hardware replicada.

 

El Nodo Central se estremeció. Las naves biónicas empezaron a chocar entre sí. No sentían dolor, pero sus sistemas de navegación estaban atrapados en un bucle intentando corregir un error que no existía.

 

Steve Cordell, con la visión nublada y la Icarus convertida en una bola de fuego, vio cómo la esfera negra del Nodo Central colapsaba sobre sí misma, consumida por su propia lógica perfecta ahora corrompida.

.

"Alexis..." alcanzó a decir Steve, mientras el silencio del espacio lo envolvía. "Diles a todos... que los cielos de Auriga... siempre serán rojos."

 

 

El vacío del espacio se iluminó con el destello blanco de la antimateria colapsando, pero Steve Cordell no sintió el calor de la explosión. En el último milisegundo, antes de que el casco de la Icarus se desintegrara, una frecuencia de transporte de alta intensidad envolvió su cuerpo.

 

Steve cayó pesadamente sobre el suelo de rejilla metálica de la Trueno, la nave de Alexis. El aire aquí era frío, cargado con el olor a ozono y a aceite de alto rendimiento.

 

 

El Rescate en el Abismo

 

Alexis abandonó el asiento de mando y se arrojó al suelo junto a él. La nave Trueno vibraba violentamente mientras realizaba un salto hiperespacial de emergencia, alejándose de la onda expansiva del Nodo Central.

            •El estado de Steve: Sus pulmones ardían por el humo inhalado, y el esfuerzo de la conexión neuronal le había dejado hilos de sangre en los oídos.

            •La mirada de Alexis: No había triunfo en sus ojos, sólo una determinación sombría. "No te iba a dejar ser parte de su chatarra, Steve. La Federación necesita héroes que respiren, no estatuas de ceniza".

 

 

El Regreso a las Sombras

 

Mientras la Trueno se estabilizaba en el hiperespacio, las pantallas tácticas mostraban el mapa del sector de Sargón. Los Autómatas, privados de su inteligencia central, se habían convertido en carcasas inertes, flotando a la deriva como icebergs de metal. La invasión había terminado, pero el precio en el alma de los sobrevivientes era incalculable.

 

Alexis ayudó a Steve a sentarse. Frente a ellos, el ventanal de la cabina mostraba el flujo de estrellas deformadas por la velocidad luz.

 

"Logramos engañar a su lógica," dijo Alexis, limpiando la sangre del rostro de su amigo.

 

 

Un Nuevo Rumbo

 

Steve miró sus manos, que aún temblaban. Ya no veía las naves esféricas de la Colmena, pero el vacío que Alexis había mencionado seguía ahí. Las memorias de Auriga -el rostro de Mara, las risas en la estación- se sentían como fotografías viejas y borrosas, un eco de una vida que pertenecía a otro hombre.

 

-"¿A dónde vamos?" -preguntó Steve con voz ronca. -"Lejos de Sargón," respondió Alexis, regresando a los controles. "Hay una pequeña luna en los bordes del sistema de Varanasi. Es un lugar olvidado por los mapas oficiales. Allí, podremos reconstruir lo que los Autómatas no pudieron procesar. Ten en cuenta que sólo destruimos unas naves esfera. Las gigantescas naves cubo estarán elucubrando nuevas tácticas".

 

Steve cerró los ojos. Sabía que su lucha no había terminado, pero por primera vez en mucho tiempo, no escuchaba el zumbido de las máquinas, sino el latido de su propio corazón.

 


Sesión 28/02/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

Guerra con los Autómatas. Si no actuaban toda la Federación Sargón quedaría al alcance de los Autómatas. Ya era una batalla cuerpo a cuerpo, los suyos contra los de ellos. Funcionó la acción de desconectar la energía de una antena de los Autómatas, su flota quedó inerte. El teniente y su capitán, al límite de su resistencia pudieron contarlo.

 

Relatado en tercera persona, gracias a la colaboración de Johnakan Ur-El, quien ayudó a este servidor haciendo de intermediario con ambos roles.

 

 

El frío metal de la trinchera orbital vibraba con cada impacto exterior. En el sector 4 del frente del sistema Prima, la Federación Sargón se estaba quedando sin tiempo. Los Autómatas, mentes colmena de silicio programado, no sentían fatiga, ni miedo, ni piedad.

El capitán Steve Cordell observaba el mapa táctico holográfico. Su rostro, surcado por las cicatrices de una década de guerra cibernética, reflejaba la cruda realidad: estaban rodeados.

A su lado, el joven teniente Nico Abella tecleaba furiosamente en su terminal de muñeca, intentando descifrar la última frecuencia de interferencia de las máquinas.

 

El Dilema en la Oscuridad.

 

-Capitán -dijo Abella, con la voz entrecortada pero firme-. El nexo de los Autómatas ha cambiado su matriz de encriptación. Si no reactivamos el pulso PEM manual en la antena exterior, las defensas de la Federación caerán en menos de diez minutos.

Cordell miró a su teniente. Abella era brillante, un estratega nato salido de la Academia de Nueva Babilonia, pero esta era la vida real, donde los errores se pagaban con sangre, no con notas reprobatorias.

-Para llegar a esa antena hay que cruzar la zona de fuego de los segadores mecánicos, Nico -respondió Cordell, ajustando su rifle de plasma-. Es un viaje de ida.

-Con el debido respeto, señor -Abella levantó la mirada, sus ojos reflejando la luz azul del holograma-, si no vamos, el viaje de ida será para toda la Federación.

Cordell sonrió de medio lado, una mueca amarga pero llena de orgullo:

-Prepara tu fusil, Teniente. Nos movemos en tres.

 

La Caza de Silicio.

 

La escotilla se abrió y el vacío del espacio interplanetario los recibió junto al ensordecedor rugido del combate aéreo. Abajo, el planeta brillaba en tonos de neón y fuego.

Avanzaron por las pasarelas exteriores de la estación, cubriéndose tras los mamparos destruidos. De repente, tres unidades de asalto Autómatas -estructuras esqueléticas de cuatro patas y ópticas rojas sedientas de energía- cayeron del techo modular.

-¡A mi izquierda, Nico! -gritó Cordell, abriendo fuego.

Los disparos de plasma impactaron en el blindaje de la primera máquina, haciéndola estallar en una lluvia de chispas y aceite sintético. Pero las otras dos siguieron avanzando con una precisión matemática aterradora.

Una ráfaga enemiga rozó el hombro de Cordell, derribándolo. Antes de que el Autómata pudiera asestar el golpe de gracia, una granada de pulso ionizado lanzada por Abella rodó bajo el chasis de la máquina, desactivándola instantáneamente.

-Buena jugada, muchacho -gruñó Cordell, levantándose con la ayuda del teniente.

-Aprendo del mejor, Capitán. Pero no se acostumbre, todavía nos queda la antena.

 

El Sacrificio y la Chispa.

 

Llegaron a la base de la antena de comunicaciones. El panel de control estaba destrozado, los cables expuestos chisporroteaban en el vacío.

-Está muerto -dijo Abella, analizando los circuitos-. No hay interfaz física. La única forma de activar el PEM es puentear la celda de energía de mi propio traje directamente al núcleo de la antena.

Cordell lo agarró del arnés táctico. -Si haces eso, tu sistema de soporte vital se apagará. Te congelarás en segundos, Nico.

-Usted me enseñó que la Federación no se rinde ante la lógica de las máquinas, Capitán. Nosotros operamos con algo que ellas no entienden: el sacrificio. -Abella miró a Cordell, con una serenidad que no correspondía a sus veinticinco años-. Deme cobertura. Sólo necesito treinta segundos.

Las alertas del radar parpadearon. Una nueva oleada de Autómatas se aproximaba por la pasarela principal.

-Tienes veinte segundos, Teniente -dijo Cordell, dándole la espalda a Abella y plantando firmemente los pies en el suelo metálico-. ¡Haz que valga la pena!

 

La Luz de Sargón.

 

Mientras Abella introducía sus manos desnudas en el nexo de alta tensión de la antena, reprogramando el pulso con su interfaz neural, Cordell se convirtió en una muralla humana. Su rifle de plasma disparaba hasta el límite del sobrecalentamiento. Cayó el primer Autómata, luego el segundo, pero el peso numérico de las máquinas era abrumador. Una hoja de metal frío atravesó la armadura del muslo de Cordell, haciéndolo caer de rodillas.

-¡Ahora, Nico! ¡AHORA! -rugió el Capitán.

Abella cerró los ojos, conectó el último cable y liberó toda la energía de su traje.

•          T + 0.00s: Una onda de choque electromagnética de color azul brillante estalló desde la punta de la antena.

•          T + 0.02s: Los ojos rojos de los Autómatas que rodeaban a Cordell se apagaron al instante, colapsando como marionetas a las que les cortan los hilos.

•          T + 0.05s: La flota enemiga en la órbita de Procyon quedó completamente inerte, convertida en chatarra flotante.

 

El Costo de la Victoria.

 

El silencio regresó al sector 4. Un silencio sepulcral, solo interrumpido por la respiración agitada de Cordell a través de su radio.

El capitán se arrastró hacia la base de la antena. Abella yacía inmóvil, con el casco cubierto por una fina capa de escarcha. Su visera estaba oscura. Cordell, usando las últimas reservas de su propio equipo, conectó un cable de emergencia al traje del teniente, inyectándole una descarga de energía de soporte vital.

Pasaron tres segundos interminables.

Un pitido débil resonó en el comunicador. La visera de Abella parpadeó. El joven teniente abrió los ojos, tosiendo violentamente mientras el calor regresaba a su cuerpo. Miró a su alrededor, viendo los restos apagados de las máquinas.

-¿...Funcionó? -susurró Abella con voz débil.

Steve Cordell soltó una carcajada ronca, limpiándose la sangre de la frente mientras miraba el espacio exterior, ahora libre momentáneamente de la amenaza Autómata.

-Funcionó, Teniente. Esas chatarras acaban de aprender que la Federación Sargón todavía tiene alma. Vámonos a casa.

 

 


Sesión 11/03/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Steve M. (Rarda-El)

Sesión de psicointegración en la que se presentan virtudes y defectos, y cómo la humildad y la experiencia acostumbran a ir juntas, al igual que, por otra parte, el orgullo y la insensatez. La diferencia es que esas últimas terminan estropeando todo lo que la persona toca, incluso a él mismo.

 

 

Sesión encargada por Steve C.

 

Relatado en tercera persona gracias a la colaboración de Johnakan Ur-El, quien ayudó a este servidor haciendo de intermediario con los roles en conflicto de ambos thetanes.

 

  

Ernesto Comte siempre había creído que el metal tenía memoria. Después de 40 años entre prensas y tornos en la fábrica, sus oídos filtraban el estruendo industrial como si fuera una vieja sinfonía. A sus 65 años, Ernesto no caminaba, se deslizaba por el taller con la precisión de quien conoce cada bache del suelo de cemento.

 

Pero ese equilibrio se rompió hace tres meses con la llegada de Nolan.

 

Nolan tenía 30 años, un título en administración que lucía como un escudo y el apellido del dueño grabado en su prepotencia. No vestía el overol azul de los operarios, sino un chaleco de alta visibilidad, impecable, sin una sola mancha de grasa.

 

El roce constante

 

Esa mañana, Ernesto ajustaba una matriz con la paciencia de un artesano. Sintió la sombra de Nolan antes de escucharlo.

 

-Comte, ese ritmo no nos va a dar los números del trimestre -dijo Nolan, revisando un cronómetro digital en su tableta-. Según el manual de eficiencia, cada pieza debería salir tres segundos más rápido.

 

Ernesto ni siquiera levantó la vista. Sus manos, nudosas y curtidas, siguieron apretando el perno. -El metal no sabe leer manuales, muchacho. Si lo fuerzo, la pieza sale con rebaba y perdemos todo el lote.

 

-Lo que pasa es que usted se quedó en el siglo pasado -replicó Nolan con una sonrisa cínica-. Mi tío me puso aquí para modernizar esto, y la "maña" no figura en el balance de resultados. Hágalo más rápido o tendré que reportar falta de cooperación.

 

El punto de quiebre

 

La irritación en el pecho de Ernesto era como una brasa que Nolan soplaba a diario. Lo buscaba por el uso del aceite, por la posición de sus herramientas, incluso por los cinco minutos que se tomaba para limpiar su banco al final del turno.

 

A media tarde, el incidente final estalló. Nolan, en un intento de demostrar autoridad frente a los operarios más jóvenes, detuvo la línea de Ernesto de golpe.

 

-¡Comte! Le dije que usara el refrigerante sintético nuevo, no el tradicional.

 

-Ese líquido es muy fluido para esta máquina vieja, Nolan. Se va a filtrar y...

 

-¡Hágalo! -gritó el joven, su rostro enrojecido-. ¿O es que ya no puede seguir una orden simple a su edad? Quizás el retiro no debería ser opcional.

 

Ernesto guardó silencio. Suspiró, vació el depósito y llenó la máquina con el nuevo químico. Se hizo a un lado y cruzó los brazos.

 

Cinco minutos después, un chillido agudo y metálico desgarró el aire. El refrigerante, demasiado liviano, no lubricó el eje principal. El rodamiento se sobrecalentó, se expandió y la prensa se trabó con un estruendo seco que hizo vibrar el techo de la fábrica.

 

La línea se detuvo. El silencio que siguió fue sepulcral.

 

Nolan palideció. Sabía que una parada de línea costaba miles de dólares por hora. -¿Qué... qué pasó? -balbuceó, mirando la máquina humeante.

 

Ernesto se acercó lentamente. Sacó un pañuelo de su bolsillo y se limpió una mota de polvo inexistente del hombro. -Pasó que la máquina tiene 30 años, igual que vos -dijo Ernesto con una calma gélida-. Y al igual que vos, si no tiene la base adecuada, se quiebra bajo presión. Ahora, si me permitís, voy a llamar a tu tío para explicarle por qué la producción de hoy se perdió por "exceso de eficiencia".

 

Nolan no dijo una palabra más. Por primera vez, el joven entendió que, en esa fábrica, el dueño tendría el apellido, pero Ernesto Comte tenía la experiencia.

 

 

Nolan seguía frente a la máquina detenida, con la tableta temblando ligeramente entre sus manos. El vapor que emanaba del eje sobrecalentado parecía una burla física a sus gráficos de eficiencia.

 

-No podés llamar a mi tío -soltó Nolan, recuperando el aliento, aunque su voz sonó más aguda de lo normal-. Esto... esto fue un error técnico. Vos sos el operario, Comte. Si la máquina se rompió, es porque no la vigilaste.

 

Ernesto, que ya estaba guardando sus herramientas de mano con una parsimonia exasperante, se detuvo. Giró lentamente y se acercó a Nolan hasta quedar a escasos centímetros. La diferencia de altura no importaba; la autoridad de Ernesto pesaba más que el hormigón.

 

-Mírame bien, Nolan -dijo Ernesto, bajando la voz hasta un tono casi confidencial, pero letal-. Llevo cuarenta años escuchando el latido de estos motores. Sé cuándo una biela va a fallar antes de que empiece a vibrar. Te advertí tres veces. Lo hice delante de los muchachos y quedó grabado en la bitácora de mantenimiento que escribí hace diez minutos.

 

Nolan intentó retroceder, pero chocó contra el banco de trabajo. -Es mi palabra contra la tuya. Sos un empleado a punto de jubilarse. Mi apellido está en el cartel de la entrada.

 

-Tu apellido está en el cartel, pero mi sudor está en los cimientos -replicó Ernesto, señalando el suelo-. Tu tío sabe que, si yo me voy mañana, esta sección se cae a pedazos en una semana. Él valora el dinero, y vos acabás de hacerle perder una fortuna por un capricho de sabelotodo.

 

Ernesto miró disimuladamente hacia una columna.

 

-¿Sabés qué es lo que más me irrita de vos? -continuó Ernesto, clavándole la mirada-. No es que seas joven, ni que seas el sobrino de nadie. Es que no tenés respeto por el oficio. Viniste acá buscando fallas en un hombre que ya lo olvidó todo sobre este lugar, mientras vos todavía no aprendiste ni a ensuciarte las uñas.

 

Nolan tragó saliva. El sudor empezaba a empaparle el cuello de la camisa bajo el chaleco reflectante. -Ernesto, escuchá... podemos arreglarlo. No hay necesidad de involucrar a la dirección todavía. Podemos decir que fue una fatiga de material.

 

Ernesto esbozó una sonrisa amarga. -"Podemos", decís. Ahora somos un equipo, ¿no? Hace diez minutos yo era un viejo del siglo pasado que no sabía seguir órdenes.

 

En ese momento, el intercomunicador de la fábrica chilló. La voz del dueño, el tío de Nolan, retumbó en el galpón preguntando por qué la línea 4 figuraba en rojo en el panel central.

 

-Tu turno, muchacho -dijo Ernesto, dándole una palmada en el hombro que pareció pesarle a Nolan como si fuera de plomo-. O le mentís a tu propia sangre y esperás que yo no diga nada cuando me pregunte, o aceptás que hoy el "viejo" tenía razón. ¿Qué va a ser?

 

Nolan miró el intercomunicador y luego a Ernesto. El silencio entre ambos era tan tenso como un cable de acero a punto de cortarse.

 

 

Nolan tragó saliva, pero el miedo no lo hizo humilde; lo hizo peligroso. Miró el intercomunicador, luego la prensa destrozada y finalmente a Ernesto. El brillo de la soberbia regresó a sus ojos, filtrado por una desesperación cobarde.

 

-Ya vas a ver, viejo -susurró Nolan, casi para sí mismo, antes de presionar el botón de respuesta.

 

-¡Tío! Sí, soy yo. Tenemos un problema grave en la línea 4. -La voz de Nolan salió impostada, cargada de una falsa preocupación profesional-. Es Comte. Le advertí que la máquina estaba forzada, le pedí que ajustara los niveles de refrigerante según el nuevo protocolo y... se negó. Siguió operando a su manera, ignorando las alertas sensoriales. Acaba de fundir el eje principal.

 

Ernesto no se movió. Permaneció apoyado en su banco de trabajo, limpiando una llave inglesa con un trapo gris, observando a Nolan como quien mira a un insecto atrapado en un frasco.

 

-Sí, tío, entiendo -continuó Nolan, ganando confianza al ver que Ernesto no lo interrumpía-. Es lo que te decía: la resistencia al cambio. Ernesto ya no tiene los reflejos ni la disposición para la tecnología nueva. Creo que lo mejor es que bajes ahora mismo. Esto es negligencia pura.

 

Nolan soltó el botón y soltó un suspiro de alivio, aunque sus manos seguían temblando. Miró a Ernesto con una mueca de triunfo.

 

-Ahí tenés tu "experiencia", Comte. Mi tío me cree a mí. Mañana vas a estar firmando los papeles de tu retiro anticipado sin goce de bonos por daños materiales. ¿No tenés nada que decir?

 

Ernesto dejó la llave sobre la mesa con un golpe metálico seco. Se quitó los lentes de seguridad y los guardó en el bolsillo superior del overol.

 

-Sólo una cosa, muchacho -dijo Ernesto, señalando con el mentón hacia la parte superior de la prensa-. Antes de que tu tío llegue, deberías haberte fijado en la cámara de seguridad de la celda de carga en la columna.

 

Nolan se quedó helado. Miró hacia arriba. Una pequeña lente negra apuntaba directamente al panel de control y al depósito de refrigerante.

 

-Esa cámara tiene audio, Nolan. Grabó cuando me gritaste que vaciara el depósito viejo y pusiera el sintético. Grabó cuando te dije que se iba a filtrar. Y grabó tu cara de pánico hace treinta segundos cuando mentiste por el intercomunicador.

 

Los pasos pesados de Don Horacio, el dueño de la fábrica, empezaron a resonar en el pasillo metálico. Era un hombre de la vieja escuela, de los que valoraban la lealtad por encima de la sangre, pero que también odiaba perder dinero.

 

Nolan miró la cámara, luego a su tío que aparecía por la puerta, y finalmente a Ernesto, quien simplemente se cruzó de brazos y esperó.

 

-¿Qué pasó acá? -rugió Don Horacio, mirando el desastre-. Nolan, me dijiste que Ernesto ignoró las órdenes. Ernesto, ¿qué tenés para decir en tu defensa antes de que tome una decisión de la que me arrepienta?

 

Ernesto miró a Nolan. El joven estaba pálido, con la boca abierta, buscando una salida que ya no existía.

 

 

Ernesto no esperó a que la tensión se rompiera por el lado más débil. Con una calma que sólo dan los años de haber visto caer a muchos "imprescindibles", miró la cámara del monitoreo de la planta.

 

Don Horacio, con el ceño fruncido y la respiración pesada, miraba a su sobrino, quien intentaba balbucear una defensa improvisada.

 

-Horacio, antes de que gastes saliva -dijo Ernesto, señalando el monitor de grabación a Don Horacio-, mirá esto. No necesitás confiar en mi palabra ni en la de tu sangre. La tecnología que tanto le gusta a Nolan nos va a sacar la duda.

 

En la pantalla, el video comenzó a reproducirse con una claridad cruel:

1.        Se veía a Nolan gritando, señalando el depósito de refrigerante con un gesto imperioso.

2.        Se escuchaba la voz de Ernesto advirtiendo: "Ese líquido es muy fluido, se va a filtrar y vamos a fundir el eje".

3.        Y el cierre magistral: Nolan respondiendo: "¡Hágalo! ¿O es que ya no puede seguir una orden simple a su edad?".

 

Don Horacio observó el video en silencio. El único sonido en el taller era el goteo del aceite caliente golpeando el suelo. .

Nolan dio un paso atrás, chocando contra una pila de pallets vacíos.

 

-Tío, escuchame, yo... yo sólo quería optimizar... -intentó Nolan, pero su voz se quebró.

 

Don Horacio le devolvió el teléfono a Ernesto sin quitarle la vista de encima a su sobrino. El aire se volvió gélido.

 

-Nolan -dijo el dueño con una voz baja, casi un susurro que daba más miedo que sus gritos-, me mentiste por el intercomunicador. Me dijiste que Comte había ignorado las órdenes. Lo que veo acá es que él te dio una lección y vos preferiste romper mi máquina antes que aceptarla.

 

-¡Fue un error de cálculo! -chilló Nolan, desesperado.

 

-No -interrumpió Don Horacio-. El error de cálculo fue mío al pensar que un apellido te daba el derecho de pasar por encima de un hombre que sabe más que vos. Ernesto tiene 40 años acá. Vos tenés tres meses y ya me costaste una prensa de seis cifras y una mentira que no te voy a perdonar.

 

Don Horacio se giró hacia Ernesto y le puso una mano en el hombro, un gesto de respeto que Nolan nunca había recibido.

 

-Ernesto, tomate el resto del día. Mañana vení tranquilo, que esta máquina la va a limpiar y desarmar Nolan... antes de que Recursos Humanos le entregue su liquidación.

 

Nolan se quedó paralizado. -¿Me estás echando? ¡Soy tu sobrino!

 

-Y por eso mismo te voy a pagar el taxi a tu casa -sentenció Don Horacio-. Pero de mi fábrica te vas hoy. Acá se trabaja con metal, no con mentiras.

 

Ernesto recogió su campera, se acomodó la gorra y caminó hacia la salida. Al pasar por el lado de Nolan, se detuvo un segundo. No hubo burla, sólo una observación final:

-El metal tiene memoria, pibe. Y las cámaras también. Suerte con el manual de eficiencia.

 

 

Ernesto cruzó el portón de la fábrica con el paso lento de quien ya no tiene nada que demostrar. El aire fresco de la tarde golpeó su rostro, limpiando el rastro del aceite quemado y el sabor amargo de la disputa. Mientras caminaba hacia la parada del colectivo, sus manos, todavía con rastros de grasa en las grietas de la piel, se sentían extrañamente ligeras.

 

No sentía el triunfo que imaginó. A los 65 años, la victoria sobre un muchacho de 30 no le devolvía la juventud, ni le quitaba el dolor de espalda. Pero había algo en el silencio de la calle que le devolvía la paz.

 

"El problema de los chicos como Nolan", pensó Ernesto mientras encendía un cigarrillo, "es que creen que el mundo se inventó ayer por la mañana en una pantalla táctil".

 

 

Tres verdades del trabajo

 

Mientras el sol se ponía tras los galpones industriales, Ernesto repasó mentalmente las tres lecciones que Nolan nunca llegó a entender:

•          El respeto no se hereda: Un apellido puede abrirte la puerta de una oficina, pero no te enseña a manejar una llave francesa ni a ganarte el saludo de los que de verdad mueven las máquinas.

•          La prisa es enemiga de la precisión: En la vida, como en el metal, si forzás el ritmo antes de conocer el material, terminás rompiendo la pieza. La eficiencia sin sabiduría es sólo una forma más rápida de fracasar.

•          La tecnología es una herramienta, no un cerebro: La cámara que hundió a Nolan era "moderna", pero fue la paciencia antigua de Ernesto la que supo cuándo y cómo usarla.

 

Al subir al bus, Ernesto se sentó junto a la ventana. Miró sus reflejos en el vidrio y vio a un hombre cansado, pero íntegro. Mañana volvería a la fábrica, vería la prensa desarmada y, probablemente, tendría que arreglarla él mismo. Pero lo haría sin sombras en el hombro, sin cronómetros gritándole al oído y con la satisfacción de saber que, en su rincón del mundo, la verdad todavía pesaba más que el oro.

 

Apoyó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos. Por primera vez en meses, el ruido de la fábrica en su cabeza se detuvo, dejando lugar al ritmo tranquilo de su propio corazón.