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Psicoauditación - Víctor T.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión 26/06/2018

Sesión 07/09/2018

Sesión 05/12/2018


Sesión del 26/06/2018

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Víctor T.

La entidad relata una anécdota en Umbro donde encontrándose en muy bajo tono, con una conversación con un viajero salió reconfortado en su interior, con su autoestima incrementada. En Sol 3 habría sido una Psicoaintegración.

Sesión en MP3 (3.556 KB)

 

Entidad: Me encontraba con la mirada perdida. Iba atravesando el campo esquivando los matorrales, esquivando las plantas con esas espinas puntiagudas que te hieren tanto como la vida misma. No soy pesimista pero a veces la vida te da bofetadas, ¡ah!, de un lado y del otro y otra vez y otra vez.

 

No podría decir que estaba huyendo, simplemente me estaba alejando de un lugar que fue muy hostil para mi persona. Sabía que no me perseguían porque para ellos yo era insignificante, ni siquiera tenía hoyuman, iba a pie. Por suerte tenía unas botas que no estaban tan gastadas pero de todas maneras los pies me dolían muchísimo, estaba extenuado. Había cargado mi cantimplora en un arroyo que había atravesado hace mil líneas atrás, pero estaba desfallecido de hambre. Escuché un hoyuman al paso, no iba a esconderme, si fuera un soldado o un guerrero, bueno ya estaba entregado. Y lo vi de lejos, un jinete. Obviamente me vio. Se acercó a mí y desmontó.

-¿Cómo estás?

Me encogí de hombros: -Cansado, hambriento.

-Mira, hay un par de troncos, sentémonos. Y tengo unas viandas, un poco de carne, un poco de pan y alguna bebida fuerte para que te entones un poco.

-Le agradezco. -Me senté y acepté su comida, que devoré. En un momento paré de masticar.

Y le dije: -Discúlpeme, parezco un maleducado, pero verdaderamente estaba desfalleciente de hambre.

-Come tranquilo.

Mientras comía lo observaba al hombre, de mediana edad, barba, mirada inteligente, pero tenía un rostro noble, no tenía esa mirada intimidante como los soldados de donde yo estaba. Estaba en silencio, me dejaba comer tranquilo y no me preguntaba nada.

Terminé de comer y le dije:

-Ahora sí le acepto un poco de esa bebida fuerte. -Tomé un sorbo y sentí como que mi interior quemaba.

-Un poco, nada más -me dijo-. Ya está.

Lo volví a mirar.

-¿No me pregunta nada? -El hombre se encogió de hombros y me respondió:

-¿Tú quieres contarme?

-No le quiero hacer perder tiempo.

-Para nada, no me haces perder tiempo. ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Vito, trabajaba en la feria feudal de la fortaleza Villa Real. Mis padres tuvieron una buena vida, trabajaban en la cocina y bueno, fallecieron. Yo no aprendí el arte de cocinar, trabajaba en la feria feudal llevando verduras, cereales, hortalizas, me pagaban apenas unos metales cobreados. -El hombre asentía pero no preguntaba. Seguí hablando-. Tenía un compañero, Darco, que era el dueño de un puesto, pienso que me apreciaba pero muchas veces sentía como me menospreciaba; a veces se me caía algún fardo que cargaba al hombro y me decía "¿Porqué siempre eres tan inútil?". Yo no me consideraba inútil yo veía que él no se esforzaba, solamente vendía. Tuvo la suerte de tener metales y conseguir un puesto. Pero no me gustaba que me maltrataran, pero era lo único que tenía, el único que me daba lugar.

El hombre preguntó:

-Entonces, Vito, tu compañero...

-Darco, se llamaba.

-¿Tu compañero Darco era en realidad tu compañero o tu patrón?

-Había sido mi compañero, nos criamos prácticamente juntos. Los padres de él siempre tuvieron un puesto, los míos estaban en la cocina de la fortaleza. Él tuvo más suerte. ¿Por qué me mira así?

-A veces no es cuestión de suerte -explicó el hombre-, a veces es cuestión de esfuerzo. Pero hablo en general, no lo digo por ti pues no te conozco.

-Le sigo contando -exclamé-. No me sentía cómodo, parecía una mulena de carga y estaba cansado del maltrato de quien había sido mi compañero, pero eso no fue lo que causó mi alejamiento sino la posibilidad de una guerra en gran escala; la fortaleza de Villa Real estaba dirigida por un hombre con muchas ansias de poder, Andahazi, y cobraba protección a otros reinos para defenderlos de posibles ataques de hordas del norte y los anexaba bajo su ala, bajo su mando, y tengo entendido que ya tenía como veinte reinos bajo su protección y si bien cada reino obedecía a su monarca, en realidad toda la tropa de soldados de todos los reinos estaban bajo el mando real de Andahazi, el señor de Villa Real.

-¡Ajá! Continúa.

-Bueno. Tres, cuatros o cinco reinos no se unieron y tengo entendido que hay otras fuerzas que se unieron para combatir a este hombre que tenía hambre de expansión, apetito de poder.

-Entiendo lo que quieres decir.

-¿De verdad lo entiende?

-Sí, Vito, lo entiendo. Son gente que piensa que van a vivir eternamente y buscan expandirse, formar imperios y quizás al día siguiente ya están enterrados. De verdad que es irónico. Pero sigue, sigue comentándome.

-Bueno, obviamente detesto la violencia pero no soy cobarde, no soy cobarde para nada, simplemente que no me gusta la violencia, me gusta la armonía. Y en la feria feudal empezaron a faltar víveres porque se alimentaba más a la tropa. Venía gente de los reinos, para mí sometidos, reinos sometidos que decían que en su feria feudal les pasaba lo mismo, que incluso los soldados golpeaban o sometían a latigazos a quienes se quejaban de hambre. Entonces lo que hice fue escaparme. Cada diez amaneceres una carreta con granos iba a las aldeas vecinas, aldeas también sometidas por el señor de Villa Real, y en una de las horas de descanso me escondí bajo unas bolsas en una carreta de granos y no me descubrieron. Cuando estábamos a muchas líneas de distancia de la fortaleza salté de la carreta con una alforja donde llevaba apenas nada y una cantimplora. Y me siento insignificante.

-¿Por qué? -me preguntó el hombre.

-Porque no tengo nada, porque no tengo familia y el que era mi compañero en realidad ahora se había puesto en el rol de patrón y me menospreciaba. Estoy solo.

-¿Y piensas que por estar solo eres insignificante?

- Y sí.

-¿A mí cómo me ves?

-No sé, parece un señor importante.

-¿Me ves ropas finas? ¿Me ves prendas delicadas?

-No, lo veo con un ropaje de cuero común.

-¿Y entonces por qué piensas que soy importante?

-Bueno, tiene un hoyuman.

-¡Pero cualquiera tiene un hoyuman! A ver, ¿por qué más piensas que soy importante?

-Por su apostura, por su mirada.

-La apostura, la mirada es algo externo. A ver, Vito, ¿por qué más piensas que puedo ser importante?

-Por su seguridad, por su manera de hablar, de mostrarse.

-Bueno, eso es algo interno, eso es algo que se trabaja.

-¿Y cómo puedo trabajarlo si es como que soy como introvertido, como tímido?

-Insisto, Vito, eso se trabaja. ¿Por qué piensas que tú no eres importante? ¿Por qué piensas que no puedes ser importante como yo? ¡Si es que yo fuera importante!

-¿Acaso no lo es? -le pregunté-, ¿usted no se considera importante?

-Sí, pero no lo digo por vanidad, lo digo por convencimiento.

-Está bien -admití-. ¿Cómo puedo yo sentirme importante si no tengo nada?

Me respondió el hombre:

-¿Acaso piensas que las posesiones son las que te hacen importante? ¿Piensas que un rey no muere al igual que un labrador?

-Sí, eso ya me lo han dicho varias veces, pero en el mientras tanto, mientras un rey come un manjar y se baña en una tina de agua tibia perfumada, nosotros nos tenemos que bañar en el arroyo, y si es invierno estamos desahuciados o nos congelamos en el agua del arroyo. No es lo mismo.

-¿Entonces piensas que la importancia te la da la pulcritud, también?

-Bueno, el estar aseado te hace sentir mejor, ¿no?

-Sí, pero eso no es todo. Primero: ¿hay otro como tú?

-¿En qué sentido? -pregunté.

-¡Claro! ¿Conoces a alguien como tú?

-No.

-Ahí tienes, eres único.

-¡Ah! Pero eso es una respuesta con trampa, todos son únicos, pero hay gente más valiosa que otra.

-Volvemos al comienzo. ¿Por qué piensas que no eres valioso, porque no sabes cocinar? Seguramente yo tampoco se cocinar. ¿Sabes montar a hoyuman?

-Sí.

-Bien, bueno, ya sabes hacer algo. ¿Sabes sembrar, sabes cosechar?

-¡Ah, bueno! Eso sí, por supuesto.

-Bien, ya sabes hacer algo más. ¿Sabes distinguir algunas plantas de las otras?

-Sí, también; sé las plantas que hacen bien al estómago, despejan la parte respiratoria para que en invierno puedas respirar bien, sé cómo hacer zumo de plantas para enfermedades de la piel, plantas curativas para cuando tienes heridas.

-¿Ves?, ¿ves? -me dijo el hombre-, ¿te das cuenta que sabes hacer algo y muy bien? Tranquilamente en un poblado podrías abrirte un pequeño negocio de plantas. ¿Has tenido alguna pareja? -Me encogí de hombros.

-Nadie se ha fijado en mí porque, como dije antes, no les intereso a las jóvenes.

-¿Y porque no piensas que todo pasa por ti?

-No, no, no lo interpreto, señor.

-Claro. ¿Cómo te sientes respecto a ti mismo?

-Bueno... Como que nadie me presta importancia.

-¿No será que tú no te prestas importancia y eso lo transmites a los demás sin darte cuenta? ¿No será que no te sientes seguro?

-Y seguramente que es eso.

-Me entero de que sabes hacer un montón de cosas con las plantes, sabes cual es cada cual, sabes cual es una planta que te puede mejorar el estómago, los pulmones, la piel.

-También conozco plantas que paran los vómitos o la diarrea, pero con eso no voy a conquistar una joven.

-No, pero forma parte de tu persona. Cada uno es importante en algo. Hay gente que es importante combatiendo con espada.

-Yo apenas la sé manejar.

-¿Y piensas que aquel que es campeón de espada puede obtener las mejores jóvenes?

-Y sí, es como que las jóvenes admiran al paladín.

-Bueno, yo he conocido jóvenes que han salido con un paladín y a los veinte días se han desencantado porque era una persona ordinaria, torpe, maltratadora. ¿Tú eres maltratador?

-¡Pero no, señor, por supuesto que no!

-Bueno. ¿Te das cuenta de las virtudes que tienes? ¿Te sientes noble?

-No, cómo voy a ser noble, no tengo ningún título.

-No, no hablo de títulos; la nobleza interna. ¿Eres leal?

-Sí, por supuesto, jamás traicionaría a nadie.

-Bueno, eres noble. Eso es una virtud que quieren las jóvenes. ¿Eres leal?

-Sí.

-¿Eres fiel?

-Por supuesto.

-¿Eres confiable?

-¡Pero totalmente!

-Eso vale mucho más que ser campeón de espada. ¡Y sabes trabajar con plantas! ¿Eres joven?

-Sí -admití.

-¿Tienes algún problema físico?

-No, quizá estoy un poco delgado porque no estoy bien alimentado.

-Eso se corrige.

-¿Y cómo hago para sentirme mejor?, porque usted, señor, me habla... ¿pero de qué depende?

-De tu aceptación, depende. De que tú sepas que eres importante.

-Pero usted lo dice para hacerme sentir bien.

-No, no. Primero porque no acostumbro a mentir, segundo porque no tengo porque hacerte sentir bien ni yo quedar bien contigo. Digo lo que es. Eres importante, eres útil en muchas cosas y lamentablemente te has topado con gente que te marcó lo que no sabías hacer, por ejemplo cocinar. Y en realidad tampoco es cierto; sabes cocinar.

-No, no sé cocinar, nunca estuve en una cocina.

-¿A no? ¿Sabes servir agua?

-Sí.

-¿Sabes preparar zumos de plantas?

-Sí.

-¿Sabes cocinar plantas para poder hacer un plato apetitoso?

-Sí, le puedo poner determinados hongos, trabajar cocinando cereales, hortalizas, algunas raíces que son deliciosas.

-Mírame -lo miré, al hombre-, sabes cocinar. No cocinarás como cocinarían tus padres pero sabes cocinar. E incluso comida más sana que la que cocina el común denominador. ¿Te das cuenta que puedes hacer muchas cosas? Puedes sembrar, puedes cosechar, puedes cocinar... ¿Sabes leer y escribir?

-Sí, de pequeño aprendí.

-No te menosprecies a ti mismo, eres una persona importante, Vito.

-¿Quién es usted que sabe tanto?

-No, no sé nada, aprendo cada día. Dejaré que sigas tu camino ¿No te molesta si te doy algo, un obsequio?

-¿Para qué?

-¿Tiene que haber un para qué, tiene que haber un por qué? ¿Nunca te ha pasado en tu vida que a veces quieres obsequiar algo a alguien por... porque te sale de tu interior?

-Sí, me ha pasado.

-Bueno.

El hombre me lanzó una pequeña bolsita que la tomé con la mano, la abrí, había metales cobreados y plateados.

¿Y esto?

-Es un obsequio de mi parte. No pares en el próximo poblado, sigue un poco más, sigue un poco más para el oeste y tranquilamente podrás asentarte en cualquier lugar y podrás tener tu propio negocio.

-¿Qué gana usted con esto?

-¿Por qué tendría que ganar algo? Si gano algo es mi satisfacción de serte útil.

-Insisto, ¿qué gana con serme útil?

-¡Lo dije! La satisfacción de poder ser útil con alguien.

-¡Es que no me conoce!

-Con lo poco que hemos hablado te conozco. Eres honesto, fiel, leal, honrado, noble, noble internamente, trabajador y amante de la paz. ¡Vaya que eres importante!

-Me hace sentir bien señor.

-Mi hoyuman no te lo puedo dar, pero tienes un pueblo cercano donde puedes comprar uno. Pero no te estaciones en ese pueblo, sigue más para el oeste.

 

Le tendí la mano, me la apretó de manera firme.

-¿Cuál es su nombre, señor?

-Fondalar.

-Gracias, Fondalar, me siento mucho mejor. -El hombre marchó en la dirección opuesta-. Mire que para ahí se va para la fortaleza Villa Real. -Se encogió de hombros.

-Me tiene sin cuidado. Cuídate.

-Usted también, señor. Usted también, Fondalar.

 

Y seguí mi camino. Y estaba con mucho mejor ánimo.

 

 

 


Sesión del 07/09/2018

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Víctor T.

Marchó de Villa Real porque no estaba de acuerdo con lo que estaba ocurriendo, tampoco se sentía bien allí. Sabía que el reino de Anán estaba en contra de aquello y tenía algo que contarle acerca de la fortaleza.

Sesión en MP3 (4.030 KB)

 

Entidad: Recuerdo cuando trabajaba en la feria feudal de esa fortaleza magnífica llamada Villa Real. ¡Je! Recuerdo también que muchas veces me decía a mí mismo "Debo cultivar mi carácter, debo cultivar mi voluntad, debo tener más perseverancia en las cosas que hago y por sobre todas las cosas no desanimarme, todo lo contrario, ir subiendo escalón tras escalón, tras escalón. ¿Qué puede pasar, que uno tropiece y caiga hacia abajo y de repente al erguirse se encuentra que está en el punto de partida, como que fue rodando escalón tras escalón hacia abajo y tener que empezar otra vez de cero? Cuesta, cuesta.

 

Pero una vez, en las veces que salía a repartir granos, un señor de una edad indefinida pero muy muy sabio me dijo:

-Si te rascas la nuca mirando el campo y diciendo ¡Todo esto es lo que tengo que sembrar! y lo miras de un lado y del otro no lo vas a sembrar nunca, pero si siembras hoy diez líneas, mañana diez más, pasado otras diez verás que en un momento determinado tendrás el campo sembrado.

No entendí el mensaje puesto que le respondí:

-De qué campo me habla, señor, soy un don nadie en la feria feudal.

-¿Porqué te calificas de don nadie? -me dijo el hombre-. Si tú piensas que eres un don nadie ¿cómo puedes hacer creer a los demás que eres importante si tú mismo no lo sientes?

-Pero de qué me habla señor, tengo un compañero, Darco, que me vive menospreciando.

-No es tu problema, es un problema de él. Es su apreciación, no la tuya. Piénsalo. Entiende que al igual que todos los demás seres de este mundo eres único e hijo de aquel que está más allá de las estrellas.

El hombre se marchó y me costó mucho digerir esas palabras, me costó mucho entenderlo.

 

Hasta que vino el gran problema de que el actual señor, el amo, el dueño de todo Villa Real buscaba apoderarse de toda la región con métodos nada buenos, y no es que yo fuera cobarde con respecto a una posible futura batalla, simplemente que entendía que estaba en una fortaleza gobernada por una persona que no estaba en sus cabales.

Recuerdo que me camuflé en una carreta de granos, en medio de todos los granos, que iba a una aldea y así pude escapar de Villa Real. Tenía algunos ahorros, me empleé en una posada pero el dueño era demasiado tacaño, demasiado trabajo y muy pocos metales pagaba. La única ventaja, "la ventaja", es que tenía comida y bebía gratis y un aposento en un camastro en un cuarto de atrás, todo maloliente. Habré estado ocho o diez días hasta que finalmente me marché.

 

Un señor, bastante entrado en años, lo encontré a un borde del camino, lo habían asaltado, le habían robado sus metales.

-Ven, te llevaré al poblado, allí te atenderán.

-No, ya no tengo tiempo. -Miré entre sus ropas y su herida era bastante grave-. ¿Quieres hacerme un favor? Toma. -Tenía escondida entre sus ropas una bolsa con metales que evidentemente quienes lo asaltaron no la habían visto.

-Señor, quiero llevarlo al poblado.

-No me queda tiempo, no llegaré al anochecer, no hay nadie que pueda hacer nada por mí. Déjame descansar apoyado en este árbol. Acepta esos metales y allí -Levanté la vista, había un hoyuman- es mi hoyuman.

 

Al poco tiempo el hombre partió hacia aquel que está más allá de las estrellas.

Monté el hoyuman y marché. Pasé por varios poblados, en todos ellos se hablaba de lo mismo, de que habían reinos que estaban divididos, la mayoría apoyaba al señor de Villa Real. Tuve la precaución de no contarle a nadie que yo venía de allí, me hubieran tomado por un espía o vaya a saber qué. ¡Ah!

Me sorprendí cuando vi la bolsa que me dejó el pobre hombre, tenía bastantes metales cobreados, plateados y hasta algunos dorados. Tan escondida estaba la bolsa entre sus ropas que los asaltantes no lo vieron. Yo no era diestro, no era muy diestro con la espada, pero en el siguiente poblado estuve viendo algunas en un almacén de ramos generales, vi una bastante buena, de buen metal y de buen peso. Me compré un cinto con funda para la espada y me sentí un poco más... importante.

Lo que es la mente, por llevar un arma que apenas sabes usar te sientes mejor. ¡Je! Qué tontería ¿no?

 

Y en cada poblado lo mismo: "Se avecina una gran batalla, hay una resistencia de muy pocos reinos pero con gente muy importante".

Había escuchado hablar de Ligor. No sé si era cierto o una leyenda de que Ligor montaba dracons, unos animales voladores que echaban vapor ardiente por su boca. En la resistencia había un tal Aranet, un guerrero casi legendario amigo íntimo del rey Anán, en la fortaleza habían nombrado varias veces al rey Anán, pero no lo tenían en cuenta, aparentemente su reino no entraba en batalla.

 

Sabía donde quedaba el reino y me dirigí hacia allí. Pasaron poco más de diez amaneceres hasta que alcancé a divisar un castillo bastante imponente. Una pequeña tropa me cortó el paso, me di a conocer:

-Mi nombre es Vito. Quisiera hablar con quien esté a cargo. -En ese momento había una joven montando en un hoyuman blanco, miré a los soldados y vi que todos la saludaban con respeto.

-¿Quién eres? -me preguntó la joven.

-Mi nombre es Vito, trabajaba en la feria feudal de Villa Real, pero no penséis mal de mí, sé que se avecina o ya hay una batalla y yo estaba en contra del amo de toda esa fortaleza porque me parece una persona que no está en sus cabales.

La joven hizo una seña y la acompañé. Nos escoltaban los soldados.

-¿Discúlpame, tú quien eres? -La joven estaba seria pero su rostro era simpático.

Me dijo:

-Mi nombre es Marya, soy la prometida del rey Anán.

-¡Vaya! -Me sentí como intimidado.

-Trátame normalmente.

-No, eres la futura reina, mi señora.

-Ven. -Entramos a palacio.

-¿Podré hablar con el rey? -pregunté.

-Recién se está reponiendo.

-¿Qué le pasó?

-Es una larga historia -me dijo la joven-, aparentemente fue envenenado pero ahora está bien. Estamos a la expectativa vigilando porque su hijo, el príncipe estaba perdido y estamos esperado a la tropa que regrese, lo fueron a buscar.

-¡Vaya!

-Pero debes tener hambre -asentí con la cabeza.

-Sí, mi señora.

-Ven.

 

Le hizo señas a un soldado, me llevaron a la cocina y me sirvieron una comida caliente y una bebida que tenía gusto a frutas. Comí bien y sentí después como una modorra y eso que no había tomado alcohol pero era por el cansancio de todos estos días recorriendo caminos, poblados, caminos, senderos, poblados.

Estaba a punto de dormirme en mi asiento cuando se escuchó un griterío y un galope de hoyumans.

-¡Vienen los soldados con el príncipe! -Gritó uno.

 

Salí de la cocina. Estaba la joven que me hizo una seña que espere. Llegó la tropa con un muchacho, me quedé callado escuchando el diálogo.

-¿Qué te ha pasado? -preguntó la joven.

Y a quien le decían el príncipe exclamó: -¡Quienes sois vosotros!

-Tienes que tomar esto -dijo la joven.

-No tomaré nada si no me dicen primero quienes sois. -Lo tuvieron entre cuatro soldados y le dieron a beber algo. Era una escena que me incomodaba. ¿Qué estaba pasando, porqué lo forzaban al príncipe? Le dieron a beber dos o tres veces, finalmente el joven es como que se desmayó y lo recostaron en un cómodo sillón. La joven se acercó y me dijo:

-No pienses mal, tanto el rey como su hijo han sido envenenados. Y con el joven pasó algo peor, aparentemente perdió la memoria porque no nos recuerda, le deben haber afectado más que a mi prometido unos hongos alucinógenos que afectan incluso a la memoria.

-Mi señora -exclamé yo-, no tienes por qué darme explicaciones, simplemente venía a informar al rey sobre la batalla.

-Ya sabe todo, fue bastante tropa de aquí a la batalla. Mi prometido no fue porque estaba fuera de estado, como ahora está el príncipe. Ya se va a recuperar.

 

No pregunté más nada porque aparte no correspondía, pero paraba la oreja escuchando a los soldados y me fui enterando de las cosas: El rey estaba separado de la que había sido su esposa y que ella en venganza mediante una mujer que se hizo pasar por cocinera le envió un preparado con un hongo o unas plantas alucinógenas, incluso venenosas para matarlo y que por error el príncipe también había comido.

Me quedé dos días, atendido. A la única que veía de la nobleza era a la señora que me atendía con una deferencia tremenda, muy muy atenta. La joven tenía modales delicados pero su carácter era firme.

-Habías dicho que te llamas Vito.

-Sí, mi señora.

-No hace falta que hagas reverencias cada vez que paso, quédate tranquilo. ¿Qué trabajo hacías donde estabas? -Me encogí de hombros.

-De todo un poco, transportaba granos en una carreta, ayudaba en la feria feudal con las hortalizas, las legumbres, las verduras, las frutas, hacía de todo un poco, a veces ayudaba con el abono para enriquecer la tierra... O sea, trabajos sin importancia, insignificantes.

-No -me corrigió la joven, la joven noble-, todo trabajo dignifica, todo trabajo dignifica. Hasta un herrero puede templar la mejor espada, el carpintero construir la mejor casa, el albañil ayudar a hacer el mejor palacio. Lo único que no dignifica es el sacarle cosas al otro, el vejar a una joven.

Negué con la cabeza: -Jamás haría eso, mi señora. Siempre me sentí alguien de poca importancia pero si de algo puedo enorgullecerme es de ser honesto, leal. Iba a decirle leal a quien sirvo pero en realidad. donde yo estaba, el amo es una persona demente, se llama Andahazi.

-Lo sé -dijo la noble joven.

 

En el tercer amanecer el joven recuperó la memoria. Habló toda una tarde con la prometida de su padre, el rey, le contó todo lo que había hecho, por donde había andado. Quería enterarse de cómo iba la batalla.

La joven le dijo:

-No tenemos novedades pero sé que ya llevan bastante tiempo combatiendo.

El joven príncipe se acercó a mí. -Lo miré: delgado, fuerte.

-¿Y tú?

-Como le expliqué a la noble señora, venía a ver a tu padre a comentarle cómo estaba Villa Real.

-Cuéntamelo a mí. -El príncipe lo decía de manera imperativa, pero no por malos modales, era su manera.

-Su alteza -le dije-, te contaré... -Me interrumpió con la mano.

-Nada de su alteza, dime directamente Gualterio y habla tranquilo. Ponte cómodo.

 

Era imposible ponerme cómodo delante de un príncipe, pero le conté como estaba conformada la fortaleza, la cantidad de hombres que tenía, le comenté que había un túnel, un pasadizo que iba a doscientas o trescientas líneas bajo tierra por donde podían escaparse en el caso de que la cosa fuera mal para ellos.

Me atreví a preguntarle:

-¿Y tú, estás bien?

-Estoy bien.

 

Había escuchado lo que le había comentado a la dama, que incluso pensaba que su nombre era otro y que había conocido a una joven -paradoja de la mente porque el príncipe había perdido la memoria-. Ahora la había recuperado pero también se acordaba del tiempo que tuvo la amnesia, se acordaba de todo lo que hizo bajo otra identidad y se acordaba de una joven, una joven que lo había hechizado, pero no con hongos alucinógenos si no con su belleza.

Por fin me sentía cómodo, el joven príncipe era humilde, no quería que le diga "Su Alteza" sino que lo llame por su nombre, Gualterio. Y la joven dama, la prometida del rey, no quería que le diga "Mi Señora", solamente Marya.

Y finalmente bajó de sus aposentos el rey, todavía con un aspecto algo enfermizo pero se le notaba fuerte.

 

Me presenté, me incliné.

-No hace falta que te inclines -me dijo-, y no me digas majestad, llámame Anán. Mi prometida me adelantó todo lo que le contaste y que no estás de acuerdo con todo lo que planifica ese hombre demente.

-Así es, señor.

-Insisto, no me digas señor.

-Es muy difícil tratarlo por el nombre, señor.

-Has dicho algo importante, has comentado que hay un túnel que muy pocos conocen.

-Así es.

-Bien, bien.

-¿Esto que comento puede ayudar en algo? Es simplemente un túnel.

-Sí, ese túnel puede ser una salida de escape o también puede ser una entrada. -Algunas cosas no querían tratarlas delante mío puesto que no me conocían bien, pero la joven le dijo a su prometido:

-Anán, no hace falta que mandes más tropas, Aranet se llevó bastantes soldados, sólo nos queda esperar.

 

Me quedé con ellos. Le pregunté al príncipe -que tenía, yo sentía como que había un poquito más de confianza que con el rey, el rey me imponía más respeto-, y le pregunté al príncipe:

-¿Qué puedo hacer, en qué puedo ayudar? -Le comenté lo mismo que a la joven lo que yo sabía hacer, pero él no me prestaba atención, miraba a un costado. Me toqué la espada-: ¿Miras esto? -La saqué y se la cedí por el mango.

-Es buena. ¿Sabes usarla? -Me encogí de hombros.

-¡Je! Mi príncipe, Gualterio, lo único que puedo decirte es que psicológicamente me siento más protegido, pero apenas la sé usar.

-¿Entonces quieres hacer algo útil? Ayúdame. Ven. -Fuimos al patio de armas, estaba desconcertado.

-¿Qué quieres que haga?

-Practica conmigo.

-Pero qué voy a practicar, te voy a entorpecer.

-Entonces yo te ayudaré a ti.

-¿Tú me ayudarás, alteza?

-Nada de alteza; Gualterio.

 

Y amanecer tras amanecer, atardecer tras atardecer supuestamente gastaba mis energías practicando con el príncipe. Pero en realidad no gastaba mis energías cada día me sentía más fuerte, más ágil, más rápido de reflejos, con más confianza. Sentía que había ganado un amigo, joven, apenas un muchacho pero con una fuerza tremenda, una rapidez impresionante y una seguridad alucinante.

El rey y su prometida nos veían practicando y volvían a sus aposentos. No es que no nos daban importancia, es que para ellos era algo natural. ¿Sería que había encontrado mi hogar? ¿Sería que había encontrado mis amigos? Yo no tenía familia, ¿serían mi nueva familia? No lo sabía, sólo sé que en ese momento estaba agradecido a aquel que está más allá de las estrellas.

 

Gracias.

 

 

 


Sesión del 05/12/2018

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Víctor T.

La entidad relata cuando en Umbro cambió de entorno después de una gran batalla contra un ser despiadado. Ahora todo le permitía ser cómo él era, bondadoso con los demás.

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