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Psicoauditación - Walter

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 06/01/2017

Sesión 02/02/2017

Sesión 02/02/2017

Sesión 19/02/2017

Sesión 23/02/2017

Sesión 28/03/2017

Sesión 24/04/2017


Sesión 06/01/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

Ya mayor, el Rey Anán -Gualterio-, repasa incidentes, anécdotas de su vida, éxitos, fracasos pero lo que más le ha marcado es la pérdida de su gran amigo, casi hermano. Siente nostalgia de las correrías y de la vida sencilla con él, la vida en palacio no... Y una noche atacan.

 

Sesión en MP3 (3.644 KB)

 

Entidad: Creo que la vida, en las distintas encarnaciones, tiene tantas sorpresas...

 

He conocido personas que dicen "Mi vida es una eterna rutina". ¿Qué es la rutina? Como Gualterio no la he conocido. He estado perdido, me he reencontrado conmigo mismo. Crecí, he tenido amigos, conseguí una esposa, conseguí un reinado, por momentos creí que perdí todo hasta que nuevamente me encontré conmigo mismo.

Pasé por un exilio, un exilio donde me sentí... me sentí poco menos que nada. Recuerdo que era un maestro con la espada, había llegado a tener tal vanidad que me hacía sentir invencible al punto tal de no cuidarme, ya prácticamente peleaba automáticamente y paraba los golpes de mi adversario automáticamente, por reflejos. Está bien, me habían enseñado que esto era lo correcto, me habían enseñado que uno cuando combate no debe pensar porque pensar te hace perder segundos. Hasta ahí todo bien. ¿Pero mi manera era automática total? O sea, uno debe ser un maestro de la espada, combatir sin pensar, pero también sin divagar, sin irse del combate, y de causalidad no recibí heridas.

 

Me fui interesando por otras cosas. Las tonterías de la juventud... Me veo en la corte, no quiero saber más nada de luchas con reinos vecinos, hay que ser estratega, hacer lazos. No me gustaba la comida de palacio, sí una buena carne con cereales, pero le decía a las cocineras que me preparen un guisado.

Marga me decía:

-Esa es comida de aldea.

-Mujer, prueba esto.

 

Entonces mi mano ya no manejaba más la espada, manejaba la cuchara, que la llevaba a mi boca, o la jarra metálica con bebida espumante. Cuanto más peso tenía, cuanta más barriga echaba más me costaba moverme, hasta que vino el desencadenante.

Estando en el exilio he pasado por vergüenzas. Un forastero llamado Netrel tuvo que defendernos. Es más, dijo:

-Si te hubieran atacado a ti quizá no me metía porque si no te sabes defender para qué llevas espada, lo hice por ella, que debe ser tu mujer. -Lo miré intrigado y me dijo: -Sí, porque perdí a la mía.

Le pregunté si se había vengado de quien la había matado, no me respondió.

 

Otra vez también estuvieron a punto de matarme y una joven a la que yo defendía lo golpeó de atrás al hombre que estaba a punto de matarme. Sentí vergüenza de mí mismo. Pero eso es historia pasada. Volví a palacio, tardó en irse todo mi miedo. ¿Cómo explicarlo? En un momento determinado, en el exilio, a lo lejos se veían unos jinetes: "Que me maten, que me maten a mí sólo. Salgo al encuentro".

 

Mi amigo Aranet, de vuelta al trono, otra vez con las prácticas de espada. Pero yo sentía que no era el de antes, yo sentía que ya no era el mismo. De todos modos me cuidaba, de todos modos madrugaba, a veces practicaba con mi propio criado, a veces con alguno de los bárbaros que estaban allí en la población. Y me respetaban. Varios de ellos eran muy buenos, a ver cómo lo explico; yo presentía que no se ponían a fondo "No lastimemos al Rey, ¡por favor!", yo me sentía más lento. La edad también, ya no era tan joven.

 

La tropa empezó a aceptarme, no hablo de la tropa de soldados, la tropa de los bárbaros que vinieron a ayudarnos, Me tenían aprecio, al fin y al cabo yo me había criado en Krakoa. A veces, por la tarde noche, dejaba el palacio y me iba a tomar bebida espumante con ellos. Me trataban como un igual, pero tratarme como un igual no era faltarme al respeto, al contrario; me tenían más respeto porque veían que no era un rey estirado, el que está en su trono dando órdenes no, no, no. Cuando atacaron a Aranet, que cayó al precipicio, yo sé que había un complot, que querían desestabilizar la paz y nunca encontré tanta lealtad como entre los bárbaros. Aparte del que disparó la flecha había uno, dos, tres, cuatro, cinco que estaban complotados, porque había flechas para mí, para el capitán de la guardia, y en el patio de armas fueron ahorcados.

 

No voy a ser hipócrita, debo a ser honesto, ¡ahhh! Sentí como... a ver, placer, ira, no me estoy contradiciendo, ira por los muertos que colgaban de la cuerda, impotencia, dolor, vacío, un vacío tremendo en el pecho porque Aranet era un hermano. Jamás me voy a olvidar cuando con el guilmo se revolcaba en la alfombra, cuando el guilmo lo vio se le abalanzó. Digo -¡Lo a va a despedazar! Se pusieron a jugar. El guilmo se comportaba como si fuera un perrito, era un bicho que de una dentellada te arrancaba un brazo. Y después con semejante bicho, con el bagueón.

Bueno, ese era Aranet. Ese era Aranet en medio de la realeza, comiendo con las manos, limpiándose la boca con su ropa, lanzando eructos. Era aceptarlo y quererlo así porque así era él y era tan grande su presencia como tan grande el vacío que dejó, y en honor a ese vacío, a esa pérdida tan grande, más me entrenaba, una, y otra, y otra, y otra. Podría decir que de nuevo, por segunda o tercera, había recuperado casi mi figura. -¡Ya está! -dije-, nunca más me dejo estar. Saldré a galopar, que me siga la guardia de seguridad. Saldré a correr por los jardines, jugaré con las criaturas pero no me dejaré estar nunca más, por respeto. Si Aranet me escuchara se enojaría, me diría: -No, por respeto a ti. Sé que lo diría, porque el respeto pasa por uno, es la única manera de lograr que los demás te respeten. Claro que lo diría.

 

El jefe de guardia me dijo:

-Traigo novedades del castillo de los Belicós.

-¿Los Belicós? Son pacíficos. Joan Belicó es un rey mayor.

-Bueno, se casa su hijo y nos ha invitado.

-¿Nos?

-Perdón, mi Rey. Usted, mi Rey, la Reina, vuestros hijos y toda la corte.

-La corte no me interesa, pero vosotros sí, la guardia que me acompañe. ¿Dentro de cuándo es?

-Dentro de treinta amaneceres, señor.

-Así que se casa el Príncipe Belicó. ¿Y quién es la... la afortunada?

-Una Princesa.

-¿De dónde es?

-No sé, mi Rey, un palacio más allá, más para el norte.

-¿Sabéis cómo se llaman?

-No, señor.

-Bueno, iremos, está bien que nos tengan en cuenta. Vete, lo consultaré con la Reina para ver que le podemos regalar.

 

Esa noche hablé con Marga.

-Se casa el hijo de Belicó.

-¿Te acuerdas, Anán, cuando el Rey nos visitó?

-¡Oh!, creo que yo era príncipe todavía y había un niño, un mozalbete. No, no, no, era niño, el único hijo. ¿Ese niño es el que se casa? ¿Pero qué edad tengo ya? ¿Qué pasó con todos los amaneceres que me perdí? -Me sorprendí porque Marga largó una carcajada, ella siempre era recatada para reírse, hasta se tapaba la boca-. ¿De qué te ríes?

-Los amaneceres se pasan viviendo, Anán, y hemos vivido mucho.

-¿Y estás contenta con eso?

Me respondió:

-Si no te hubiera conocido siempre hubiera estado encerrada en palacio, quién sabe quién me hubiera tocado de esposo.

-Y no hubieras corrido peligro. ¿Te piensas que no me acuerdo? ¿Te piensas que no me acuerdo? No fui hombre para defenderte, sabes cómo me mortifica eso.

-¿Te puedo decir algo, Anán?

-Adelante.

-¿Qué ganas con recordar eso?, ya está. Estas practicando, entrenas, galopas, corres, te diviertes. Espero que solamente vayas con esa turba a tomar bebida espumante.

-Mujer, ya sé lo que piensas, porque hay bárbaros y hay bárbaras.

-He visto por la ventana que hay mujeres del poblado que se les sientan encima de ellos y toman a la par suya.

-No, a mí me respetan en ese aspecto.

-Y está bien que te respeten.

-Sí, mujer, escenas de celos, no. Acabo de decirte que apenas podía defenderte tiempo atrás, ¿y ahora me sales con que estoy atrás de alguna plebeya, de alguna bárbara? No, ese tipo de problemas no.

-Pero qué será de nuestra vida, ¿ya está?

-Seguiré practicando, nuestros hijos crecerán, seremos mayores como lo eran mis padres, me olvidaré de las cosas. Tengo mucha gente que me aprecia, me falta algo.

-Yo no te basto.

-¡Ay, mujer, no se puede!

-Yo no te basto.

-Sí, mujer pero es otra cosa, por favor, es otra cosa. Te amo, disfruto haciéndote el amor pero no eres mi... mi cómplice seguramente sí, mi cómplice, mi compañera, pero no eres compinche de aventuras.

-Claro, porque soy mujer.

-No, no me sé expresar.

-¿Alguien cómo el bruto de Aranet?

-Sí, sí; que quieres que te diga, me hace reír.

-¿Y yo no te hago reír?

-Estás compitiendo con una sombra, con un recuerdo.

-No, porque con los recuerdos no se puede competir.

-Porque los recuerdos se vuelven luz.

-Y yo ya no te ilumino.

-¿Qué has tomado hoy? ¿Has tomado un brebaje oscuro? Está bien, está todo bien, te amo. ¿Quieres que organicemos un baile?

-No, está bien. En treinta amaneceres tenemos esa boda con ese niño que ahora es hombre.

-Bueno mujer, iremos a lo de los Belicó, ya está. Estamos discutiendo, estamos peleando. ¿Puede ser?

 

Esa noche no pude dormir, me despertaba a cada rato. Bajé las escaleras, bajé a la cocina. Había un brebaje fuerte, era casi todo alcohol. Me tomé un sorbo muy, muy largo, que esto me haga dormir. Me cayó mal, sentía como un ardor en el pecho y en el estómago. Afortunadamente vomité todo, algo me había caído mal.

Y justo cuando pude conciliar el sueño, se escucha un tremendo griterío.

La tropa: -¡Nos están atacando!

Estaba en una especie de camisón, me lo saqué rápidamente, me vestí como pude: -No, no, eso no, alcánzame el cuero.

Me puse una especie de campera corta de cuero, las botas. Cogí una especie de espada y salí.

-¿Qué está pasando?

-¡Apure, mi Rey!

Habían abierto el portón principal. Miro: La figura de un felino imponente y un jinete tan imponente...

-No. No, no, no, no, no. Es magia, aquel que está más allá de las estrellas lo trajo. ¡Mujer, es el bruto!

-Sí, es Aranet.

-No, no, no; me niego a aceptarlo. No puede ser.

 

Mientras todos vitoreaban yo no entendía nada. ¡Aranet, vivo!

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 02/02/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

Su gran amigo no había muerto, como decían. Llegó al palacio a visitarle. Estaba comiendo con él pero aún no se lo creía, tal era su alegría que no creía que estuviera allí. Habría un casamiento en un reino cercano y quiso que su amigo le acompañara. Como rey lo nombró caballero y se empeñó en que vistiera bien. Fue pero en pleno festejo se marchó. Anán no sabía si volvería a verle.

 

Sesión en MP3 (2.916 KB)

 

Entidad: Estaba sentado a la mesa. No comía, sólo miraba. Se me acerca por mi lado izquierdo Albano.

-Mi rey -me dice-, ¿le apetece otro bocado?...

-¿Cómo?

-...porque prácticamente no ha degustado la pequeña ave que le pusimos cocida con legumbres.

-¡Ah! No, no, no, está bien.

-Pero no tengo problema en cambiarle.

-No, no, no, está bien.

Del otro lado, Marga:

-¿Qué sucede?

-Nada, ¿por qué?

-Porque no comes.

-Sí, pruebo un bocado de vez en cuando. Alcanzadme el paño, que me seco las manos.

-Pero mi amor, tienes las manos limpias.

-Bueno, dejádmelo acá.

-Lo tienes sobre tu rodilla derecha.

-Bien.

-Yo sé lo qué le sucede. -Levantó la cabeza y lo miró a Aranet.

-¿Qué me sucede?

-Estás estúpido. -Había como diez, doce personas, todas se asombraron de que Aranet me hablara así.

-¿Pero qué dices?

-No paras de mirarme.

-Es que no... No entiendo cómo estás vivo.

-Hace dos amaneceres que vine, me has preguntado cien veces, diez veces te he contado la historia.

-Cuéntamela una vez más.

-¡Pero cállate, hombre! Come algo. -Me ordenaba Aranet a mí, al rey Anán.

Cojo una pata de ave y la como. Y lo miro.

-Te habías caído al precipicio, me dijeron. Albano, ¿había muerto?

-Sí, mi rey.

-Pero está aquí.

-Sí, mi rey.

Aranet lanzó una carcajada.

-¿Ahora de qué te ríes?

-De que el rey se pone estúpido y todos los demás están estúpidos con el rey porque no lo quieren contradecir: "Aranet vuela. -Sí, mi rey".

-Bueno, tampoco me hagan chistes. ¿Pero cómo fue?

Aranet se paró y sacó la espada:

-Voy a abrirte la cabeza, algo tienes adentro, se te metió algún gorgojo de las hierbas que te está comiendo el cerebro.

-¡Estoy contento!.

-Pues no lo parece -me dijo Aranet.

-Me resulta extraño...

-Sí, eso sí me parece.

-...de verte aquí. ¿Tú qué dices, Marga?

-Que comas.

 

Comí la pata de ave. Tomé una cuchara, comí las legumbres. Cogí el paño, me sequé las manos.

-¿Qué es esto, un brebaje oscuro? El brebaje claro, quiero. El espumante, hay que festejar.

-Festejamos anoche -me dijo Aranet.

-Festejemos de nuevo, esto es grande, esto es... ¿Ese koreón que está afuera es otro?

-Sí, Gualterio, es otro.

-Gualterio es mi hijo, yo soy Anán.

-Sí, Gualterio, es otro gato.

-Pero es igual.

-Albano -dijo Aranet.

-Sí.

-Llénale el vaso.

Cogió el vaso metálico y le sirvió hasta arriba:

-¿Para usted?

-No, Albano, para tu rey.

Me lo dio. Tenía razón, estaba contagiando a todos con mi obnubilación. Bebí la bebida de golpe.

-¡Ah! Ahora sí. Bien. Marga, ¿tú te has ocupado de...?

-Sí, Anán, me he ocupado de la ropa.

-¿Le han tomado las medidas de los pies? ¿Le han tomado los hombros?

-Sí, me lo has dicho como veinte veces.

-Me voy a dormir, mañana partimos. Pero esperad, esperad. Albano, una espada.

-Aranet me dice:

-¿Quieres practicar ahora?

-No, no, no. Al este, al sureste hay un gigantesco lago, por esas casualidades de la geografía está dentro de mis tierras.

-Sí, ¿qué hay con eso?

-Bueno, Aranet, es un lago tan grande que de la orilla parece un mar. En el medio hay una isla, la isla Baglis. Es una isla gigantesca, tiene como veinte mil líneas por veinte mil líneas, no es cuadrada pero calcula más o menos veinte mil líneas por lado, y vive gente que me pagan impuestos. En el centro hay un gigantesco castillo que tiene por lo menos doscientas líneas por cien líneas, con tres niveles de altura, con más de diez habitaciones, está desocupado.

-Sí, eso lo sabía, no esperaba otra cosa.

-No entiendo por qué dices eso, Aranet.

-Porque está destruido, nadie lo ha cuidado, nadie lo habita.

-Es hora de que haga algo por ti. Te voy a dar el castillo.

Aranet se envaró:

-¿Para qué?

-Pues... quiero nombrarte caballero.

-¿Para qué?

-Para que seas noble.

-¿Para qué?

-Para que te respeten.

-Ya me respetan, los que no me respetan se quedaron sin cabeza.

-El lago, la isla, el castillo, todo tuyo. -Me puse de pie. Aranet se iba a parar-. No, no, no, arrodíllate.

-¿Ante quién?

-Ante mí.

-De verdad, te afectó la bebida o sigues estúpido. No me arrodillo ante nadie.

-No es para que me rindas pleitesía -Levanté la espada, sacó la suya y me frenó-. No, no es para combatir, es la costumbre ponerte la espada en cada hombro y en la cabeza y nombrarte caballero.

-Pues déjate de tonterías. ¿Quieres nombrarme caballero?, hazlo, pero nada de arrodillarme.

-Es inusual.

-Yo soy inusual -retrocó Aranet.

-¿Qué hago Marga? Es un personaje.

-Tú eres un personaje.

-Adelante de todos los testigos, de la reina, eres Caballero de Baglis.-Aranet miraba para todos lados.

-¿Qué miras? ¿Quién falta?

-Las trompetas -me dice.

-Aranet, esto es serio, eres noble.

-Yo me veo igual, con mis andrajos.

-Mañana tendrás la ropa, mañana tendrás todo.

 

Marga me había contado que el hombre que le tomaba las medidas sufría como un condenado a la horca cada vez que le apoyaba el hilo para medirlo a Aranet. Aranet lo tomaba del cuello: "No me toques, no me manosees". Era imposible con Aranet pero el hombre insistía, pero no porque tuviera paciencia, estaba aterrado, y finalmente lo logró. Es más, a pesar del gigantesco tamaño de Aranet la ropa le quedaba apenas un poco holgada para que pueda moverse.

 

Cuando al día siguiente lo vi vestido, con las botas, la espada brillante al costado derecho...

-¡Pero te ha hecho el pantalón bastante holgado! ¿Se equivocó?

-No, yo se lo pedí. ¿Cómo monto, si no, al Koreón?

-Pero vamos a ir a la boda, iremos en carruaje, nos acompañará una guardia. A lo sumo, si quieres, monta en un hoyuman pero no lleves el felino este.

-El gato va conmigo, se quedará por las afueras. -No había manera de convencerlo.

 

Y finalmente partimos. La travesía fue sencilla, no hubo ningún incidente en el camino. Marga iba en una calesa con su dama de compañía, yo iba con un hoyuman trotando al lado del koreón de Aranet.

Hasta que avistamos la fortificación de los Belicós, se asombraron cuando vieron semejante felino.

Aranet desmontó, se puso frente a frente a la cara del felino y le dijo:

-Quédate por los bosques, cuando te necesite lanzaré uno de mis silbidos y tú vendrás a la carrera. -El bicho sacó semejante lengua y le lamió la cara.

Pocas veces le vi reír, a Aranet, de una forma tan genuina, tan sincera. Quizá cuando mucho tiempo atrás luchaba en el piso con el guilmo, el canino. Hasta parece que le cayeran mejor los animales que los seres humanos. A disgusto dejó que el koreón se fuera y fuimos caminando con nuestra guardia y cientos de soldados de los Belicós.

 

Alguna vez había visto al viejo Belicós. Al joven Royo no lo conocía, me pareció como demasiado noble, demasiado poco curtido, no me lo imaginaba en un combate, en una guerra, en una batalla, escalando montañas, atravesando pantanos, no, no me lo imaginaba. Me estrechó la mano de una manera tan blanda...

Y allá estaba la familia de la prometida, una joven muy atractiva pero no atractiva de bella, ¡eh!, que lo era, si no por su porte, algo que irradiaba en ella.

Le comenté a Aranet:

-Mira que bella que es la novia... ¡¡Aranet!!

 

¿Habéis visto unos monumentos en una ciudad perdida al noreste? ¿Estatuas que tienen miles de años? Bueno, así parecía Aranet: el rostro pétreo, ojos acerados, no se le movía un solo músculo. Miré su vista, miraba a la novia, luego bajó la mirada.

Todos se dieron la mano, se saludaron. Aranet saludó al joven Royo, le llevaba más de media cabeza de altura, su mano era dos veces la mano de Royo, lo sacudió cuando le dio la mano.

La joven le extendió la mano a Aranet, Aranet no le dio la mano, hizo un gesto de cortesía agachando la cabeza, inclinando su torso y dio dos pasos hacia atrás sin mirarla.

 

-¿Qué le pasa a Aranet? -le pregunté a Marga.

Se encogió de hombros: -No sé.

-¿Aranet, puedo hablar contigo?

-No.

-Quería preguntarte...

-No.

-Lo que pasa es que, tenemos que...

-No.

 

Quizá la caída al precipicio, la cura posterior le afectó de tal manera que estaba como trastornado, porque no entendía.

La novia también estaba pálida. En un momento veo que discute con su novio y se van aparte. Aranet había desaparecido de mi vista.

Lo llamo, a Albano.

-¿Dónde está Aranet?

-Salió de la fortificación.

-¡Cómo, salió?

-Salió, mi rey.

 

Le digo a Marga que me espere. Vamos con Albano corriendo hacia la puerta, los soldados nos abren. A lo lejos veo a Aranet que emite un silbido, se le acerca el enorme felino, lo monta y se va al paso.

-Queda mal que lo sigamos y abandonemos... Soy un rey, estoy invitado.

 

Aranet habrá quedado mal del golpe cuando fue herido con la flecha, desconcertado. Desconcertado desde que volvió, desde que renació. Como en Sol 3, que había una mítica ave que renace de las cenizas, Aranet es como que renació de las cenizas, pero volvió distinto. No entiendo por qué vino y se va.

Y resignado volví para la fiesta.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 02/02/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

La entidad destaca que si bien en Ran II se mantenía un estricto control global de la natalidad no dejaba de haber problemas humanos por tal causa, había otros problemas que afectaban a las personas. Relata su propia situación familiar.

 

Sesión en MP3 (2.344 KB)

 

Entidad: No hay ninguna vida que sea sencilla, creo que todas las vidas han sido dramáticas porque hay distintas categorías de dramas; el drama de una batalla, el drama de una separación, el drama de una pérdida, el drama de una incertidumbre.

 

Mi nombre era Elmer, casado, con dos hijas, feliz. Trabajaba en lo que me gusta, estudiaba desde pequeño astronomía, las ondas gravitatorias... Desde pequeño, desde niño estudiaba lo que era el electromagnetismo.

Mi madre, de pequeño, me preguntaba:

-Elmer, hay un trabajo que te va a dejar créditos. El resto de las cosas, ¿para qué las quieres saber?

Desde pequeño, ¡eh!, mi respuesta fue:

-Amo saber, amo entender todo, cómo funciona un universo, el equilibrio universal, la sociedad. He estudiado historia.

 

Me maravillé sobre los componentes pequeños que se podían hacer con el grafeno. Llegaba a casa y era feliz con mi esposa y mis hijas, nos cuidábamos.

Nuestro mundo tenía sus ventajas y sus desventajas, vivíamos en una sociedad exenta de lo que es la religión, respetábamos la vida animal, respetábamos el medio ambiente: los bosques, las selvas, los ríos, los mares. Pero siempre hay algo que, como dice un excelso Maestro, una gota de tinta negra tirada con un gotero en un vaso de agua transparente la tiñe toda hasta dejar el agua turbia, una gota, una. Nuestra gota de tinta era que en nuestra sociedad los matrimonios no podían tener más de dos hijos. Si por descuido, por accidente, llamadlo como queráis, la mujer quedaba embarazada las autoridades apenas nacía la criatura se la llevaban a un centro de cuidado donde la atendían a las mil maravillas, bien alimentada, instruida, pero sin conocer jamás a sus padres.

Si por medio de un ordenador quisiéramos averiguar quién era ese hijo o hija que nos sacaron teníamos una penalidad. Lo mismo, si ese niño o niña querían saber quiénes eran sus padres, también tenían una penalidad.

Pero uno se adapta a las circunstancias y nada de eso me quitaba mi felicidad, amaba a mi pareja, a mis hijas, a mi trabajo y a mis otros trabajos.

 

Tenía ciento veintiséis años, el equivalente a cuarenta y dos años terrestres. El año en nuestro mundo era mucho más corto.

Justo ese año, el que estoy relatando, mi esposa empezó a comportarse de una manera extraña, sus horarios no eran los mismos, ella trabajaba de enfermera.

Y un día me pide el divorcio. Y como mi trabajo era mucho más complejo que el de ella y mis horarios mucho más extensos, se quedó con la tenencia de las niñas, a las cuales podía visitar. A diferencia de Sol 3 no precisaba pasarle dinero para alimentos, nos manejábamos con dinero electrónico, no existía papel moneda y automáticamente de mi cuenta todos los meses me descontaban determinada cantidad de créditos a la cuenta de mi ex-esposa para la manutención de las niñas. Pero claro, me entero que después se casó con un señor que trabajaba en seguridad, que a su vez tenía dos niños que no estaban con él, estaban con la ex-mujer. Pero como decís vosotros en Sol 3, ese sentimiento machista de decir "Lo que me descuentan por el ordenador, el dinero electrónico, es prácticamente tres veces lo que necesitan las niñas para comida, para vestirse, para sus salidas y su educación, tres veces más, y el hombre, en seguridad, la nueva pareja, ganaba mucho menos". Entonces con ese pensamiento machista, yo me hacía la idea de que estaba manteniendo a mis hijas, a mi ex y a la pareja de ella, y me sentía como un tonto. Pero era la ley, la acataba. Nunca me interesó consultar a un abogado.

 

Había perdido no sólo el afecto sino también el respeto por la que había sido mi pareja -y para que se me entienda bien, el perder el respeto, el tener una falta de respeto, en la sociedad de Sol 3 se entiende como increpar a la persona con palabrotas, para nada-, si alguna vez me cruzaba era lo más cortés posible. Jamás le recriminé nada, respeté su decisión. La falta de respeto hacia ella era interna, si se entiende, porque no todo el mundo entiende que cuando le faltas el respeto a alguien no es faltarle el respeto literalmente, porque no todos lo entienden, no todos tienen la mentalidad de entender eso. Mi falta de respeto hacia la persona era interna, yo no le tenía respeto, sin embargo las veces que tenía que ir a buscar a las niñas mi respeto era total y absoluto, y lo vuelvo a repetir, porque la falta de respeto hacia ella era sólo mía, interna.

 

Hay un excelso Maestro que dice que el concepto es más elaborado, más complejo que el lenguaje hablado y -para que se me entienda-, hay que pasar por el embudo de este receptáculo que me alberga y es muy difícil traducir el concepto mental a través del lenguaje hablado. Por eso, en este mundo, en vuestro mundo, hay gente que se ofende por un tono de voz, por una mirada que se interpretó mal... Con el concepto no pasa eso porque el concepto es transparente, complejo pero transparente.

 

¿Cómo siguió la historia? Quedó embarazada. ¡Ah! -diréis-, pero es un matrimonio nuevo. No. Él, este hombre que trabajaba en seguridad ya tenía dos hijos, ella conmigo tenía dos niñas, al quedar embarazada rompía la ley.

Llegó a término, la atendieron en un excelente sanatorio, no donde ella trabajaba, el gobierno dispuso donde y no vio a su bebé. ¿Si sentí dolor por ella? No soy hipócrita, no, no sentí nada. ¿Si estuve contento por lo que le pasó? No, porque no me considero una persona cruel, estuve indiferente. Como decís vosotros, ¿fue un karma? No lo sé, no quiero meterme en ese tema, en nuestra civilización la ley del karma, mucho no se acepta, de la misma manera que no se acepta la religión, somos muy pragmáticos.

Sé que el hombre estuvo mal, sé que faltó a su trabajo, casi lo despiden. Ella estuvo muy mal, tan mal que desatendió a las niñas y automáticamente el gobierno se comunicó con mi abogado y las niñas estuvieron conmigo.

 

Obviamente yo seguí con mi trabajo, contraté a una señora viuda con unos antecedentes excelentes que hizo de ama de llaves, de cocinera, cuidando la casa y cuidando a las niñas. Y eso entonces no me impedía seguir con mi trabajo. ¿Qué pasó con la madre de las niñas? Algo se habrá bloqueado en su cabeza al tener la pérdida de esa criatura que no las quiso ver más. Al comienzo las niñas la extrañaban, luego es como que... Dicen que el tiempo borra todos los dolores. Entre nosotros, no lo comparto. El tiempo no borra los dolores, habrá técnicas para que los dolores sean neutros pero no es que el tiempo los borre, simplemente que se van diluyendo.

 

Las niñas fueron creciendo con amigas nuevas. Como ya no necesitaba darle la manutención ya no me descontaban de mi crédito, así que el dinero que ganaba era todo mío. Al contrario, había recibido un aumento por unos descubrimientos que había hecho. Amaba a mi trabajo más que nunca, a mis niñas y obviamente, me sentía solo afectivamente, a nivel de pareja, pero el tiempo dispondría de eso.

Había temas graves igual para preocuparse porque en distintas regiones del planeta algo o alguien se había metido en la red electrónica. Tened en cuenta que en todo el planeta, en todas las regiones nos manejábamos con dinero electrónico, no había papel moneda, entonces que de repente regiones durante dos o tres días se queden sin red era el caos. Hasta muchos propusieron que los bancos emitieran papel moneda como reserva, con el aval de oro. El oro en nuestro mundo era tan valioso como en Sol 3.

 

Es todo por ahora. Les habló Elmer, de la región suroeste de Ran II.

 

Gracias.

 

 


Sesión 19/02/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

El rey Anán estaba dolido. Su mejor amigo le pasó por encima sin tenerlo en cuenta delante de todos. Después de reflexionar entendió que más allá de las formas está el fondo, y que en el fondo había un ser maravilloso, la persona más leal que jamás conoció.

 

Sesión en MP3 (2.278 KB)

 


Sesión 23/02/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

Anán tuvo la más triste despedida, se quedaba sin su amigo, estaría cerca pero no estaría con él. Tampoco Aranet era como antes, había cambiado después de la guerra con el reino vecino para rescatar a su amor.

 

Sesión en MP3 (2.864 KB)

 


Sesión 28/03/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

La entidad relata haber tenido dificultades en sus relaciones pero a raíz de conocer a alguien que podría haber venido desde otro universo y saber cómo vivió allí cambió su perspectiva en el aspecto que siempre pensamos que nuestras penas son mayores que las de otros.

 

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Sesión 24/04/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

Era el rey. Podía tenerlo todo. Lo tenía todo menos la atención de su esposa, la reina. Se sentía solo. Ni la inminente llegada de su más querido amigo, Aranet, le levantaba el ánimo. Pero se le abrió un camino nuevo que no se atrevía a caminar...

 

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