Índice

Psicoauditación - Zen-El

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 19/08/10
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Zen-El, thetán

 

Relató una vida en un planeta donde las principales decisiones las tomaban los ordenadores. Si bien esto traía muchos beneficios limitaba demasiado el libre albedrío. Explicó que no le dejaban establecer la relación que él quería, creándose diversos engramas.

 

Sesión en MP3 (2.807 KB)

 

 

            Entidad: Estoy gozoso de poder conceptuar a lenguaje hablado a través de este receptáculo para plantear distintas ideas y sumar, de esa manera, conocimiento, no sólo a quienes me escuchen y entiendan el mensaje sino también fortalecer, de alguna manera, la percepción de mi propio 10% encarnado, David. Mi nombre, como Thetán, es Zen-El y estoy en el plano 4, subnivel 4.

 

            Hay distintos planetas en nuestra galaxia muy similares a Sol 3, el que vosotros llamáis Tierra. Tienen que coincidir distancias de su estrella, tamaño del planeta, composición atmosférica, etc. para que la vida se dé de una manera similar adonde estoy encarnado hoy. Las costumbres, a veces, son tan distintas en los diversos mundos que sería casi imposible aceptar esas nuevas ideas. También hay mundos muy parecidos donde hubo alguien especial que en la antigüedad se apareció dando mensajes de Luz, como aquí en Sol 3 hace dos mil años lo hizo el Maestro Jesús.

 

            Hace mil de vuestros años encarné en un mundo situado a 1.600 años-luz del Sistema Solar. Mi nombre era Tyrus Akia. Había nacido en Poblalea, la capital de Hirsea, en el continente norte de Albelián 3. Era un planeta muy similar a Sol 3, orbitando alrededor de una estrella amarilla que era 1.1 veces más grande que el Sol (apenas un poco más grande), a 155 millones de vuestros kilómetros.

 

            Corría el año 2.130 de la era de Lazlok (un supuesto Mesías que vino a dar Mensajes) al igual que el Maestro Jesús en Sol 3. La vida era placentera en el sentido de que había avanzado bastante la medicina, principalmente en el estudio de la genética. Prácticamente no había misterios en lo que llamáis el ADN.

 

            Un sistema planetario de ordenadores se encargaba de elegir por nosotros. ¿Cómo era eso? Desde pequeños, a los pocos meses de vida, se nos implantaba debajo de la nuca lo que vosotros llamaríais un “chip” que hacía una lectura completa de nuestros genes y la red planetaria de ordenadores se encargaba de decidir qué podíamos estudiar, qué tarea era eficaz para nosotros, que compañera de vida amorosa era compatible, qué deporte sería más útil para nuestra actividad fuera de los estudios, qué programa de holovisión nos era más útil para nuestro aprendizaje o qué lectura holográfica era más importante para nutrir nuestro conocimiento.

Vosotros tenéis un refrán que dice: “El hombre es un animal de costumbres”. Y es verdad. Aclaro que nosotros, en Albelián 3, éramos Homo Sapiens y nuestro ADN no se diferenciaba del vuestro. No había un solo Gobierno. Al igual que vosotros, estábamos divididos, pero más bien políticamente. Religiosamente estábamos mejor, al no haber tantos fundamentalismos, y eso se lo debíamos agradecer al sistema de ordenadores. Cuando digo que el hombre es un animal de costumbres quiero decir que cuando tú naces en un mundo donde todo está ya presentado así, para ti está bien, y lo aceptas. Un hombre terrestre de sesenta o sesenta y cinco años para arriba se crió sin televisor, no existía lo que vosotros llamáis internet, no existían los celulares móviles, etc. pero para él estaba bien porque era lo que conocía.

 

            Mi vida era bastante placentera. Era hijo único y mis padres eran cordiales. De alguna manera es como que los ordenadores se encargaban de “dirigir” nuestra conducta. Teníamos libre albedrío. Podíamos optar por cosas que nos gustaran, es decir, una ropa, un hobby, escuchar determinada música, etc. Aun si el sistema de ordenadores nos indicaba que tal música era la indicada, el escuchar otra distinta no infringía ninguna ley. No era tan estricto Albelián… Y tanto mi país, Hirsea, en el continente norte, como otros países del continente sur o del continente este tenían distintas costumbres en cuestiones particulares. A todos nos unía la red planetaria de ordenadores en cuanto a alinear nuestras costumbres. Entonces, si bien teníamos libre albedrío, éste era limitado. Pero nunca cuestionábamos nada porque los beneficios eran extremadamente altos, o sea, si tú tienes “todo servido en bandeja” no tienes de qué quejarte.

 

            No todos estaban de acuerdo. Tenía compañeros de curso que estudiaban determinada materia indicada por los ordenadores y les era más placentera otra materia. Y la podían estudiar. Insisto: no se infringía ninguna ley en tanto y en cuanto esa materia que nos podía agradar no entorpeciera el curso de la materia que nos habían indicado porque hasta las notas de calificaciones eran controladas por el centro de cómputos.

 

            Cuando cumplí veinte años conocí a Naria, una belleza joven muy espiritual. Al igual que muchos de vosotros en Sol 3 creíamos en el mundo espiritual pero también se formaba mucho mito en torno a ello. No existía en todo el planeta Albelián lo que vosotros llamáis médium. El mundo era muy lógico debido a la lógica que nos implantaban los ordenadores. Y aquí está el tema: el implante. Como Zen-El, del plano 4.4, entiendo que la palabra implante nos lleva a engramas porque no hay implante bueno. Es decir, si a mí me implantan “ser feliz”, ¿cómo sé yo si soy feliz o me han implantado esa felicidad engrámicamente?

 

            Salí unos meses con Naria Honi. Era una joven excepcional, amplia de criterio. Yo estudiaba investigaciones genéticas. Ella estudiaba leyes para los ordenadores. Los delitos cometidos en Albelián eran mínimos. La red de ordenadores traía mucho beneficio pero muchas veces me cuestioné mentalmente si los ordenadores no podían leer tu mente y hasta qué punto podíamos optar. Nos elegían la materia a estudiar, el trabajo a efectuar, qué amigos eran más compatibles, qué programas holográficos deberíamos ver, con qué pareja relacionarnos, etc. ya que a través de los chips en la nuca sacaban las compatibilidades.

 

            Lo que vosotros llamáis enamoramiento era lo que yo sentía por Naria. Si bien aún no habíamos intimado a nivel sexual habíamos intercambiado sensuales besos. Le comenté a mis padres que Naria, a mi gusto, era la mujer de mi futuro. Mis padres, muy diplomáticamente, me dijeron: -Bien, Tyrus, es cómo tú digas. ¿Pero no sería conveniente ir a tu ordenador holográfico y pasar tu número de serie y el de esta chica, Naria, a ver si coinciden?

 

            Sentí lo que vosotros llamáis “adrenalina en el estómago, como un síntoma de rebeldía, pero lo hice. Salió una compatibilidad del 38% (3.8 sobre 10) cuando lo mínimo era 7 sobre 10, o sea, un 70%. Por debajo de ese puntaje la relación no solamente no era recomendable sino que por debajo del 60% no era permitida, para el beneficio de toda la Humanidad en Albelián 3.

 

            Vosotros pensaréis: ¿Y por qué no salen igual sin declarar que están saliendo? Porque así como vosotros, según vuestro sistema legal, cuando formáis una familia os casáis en un registro civil aquí, para formar una familia, había que hacer una línea frente a una red de cómputos, pasar los datos y que los escáneres lean nuestros chips. Al no ser compatibles denegaban la unión directamente. Y si uno se unía sin presentarse ante la red de ordenadores cualquier compra, viajes, etc. que se hiciese directamente se cancelaba todo. Éramos lo que vosotros llamaríais “parias.

 

            Estuve una larga noche sin dormir hablando con Naria. Tanto sus padres como los míos pensaban que íbamos a ser infelices. ¿Pero cómo explicarle a nuestro corazón que una máquina decidía por nosotros? ¿Cómo hacerle entender a nuestro interior que el amor no razona? ¿El amor tiene que razonar?

 

            Mientas tanto, mis engramas me corroían el alma. Entendía que ese sistema de Albelián 3 era un sistema que me hacía infeliz. Y no solamente me pasaría en Hirsea sino en otros países de Albelián también.

 

            Al día siguiente, cuando abrí los ojos a mi ciudad, Poblalea (la capital de Hirsea), la veía distinta, fría, yerma, indiferente… Y eso me condicionaba muchísimo porque me condiciona todo aquello que no me permite optar.

 

            Quedamos en contacto permanente. Con vosotros, con todo mi amor desde el plano 4.4, Zen-El, Thetán de David.