El Estoicismo
por Jorge Raúl Olguín.
El estoicismo es una corriente filosófica creada
por un mercader fenicio llamado Zenón de Citio
(335 - 264 a.C.)
La misma no consiste en satisfacer la curiosidad
de los sabios, sino en tratar de llegar a
captar el conocimiento de la virtud y su enseñanza,
mediante el ejercicio de la misma. Los estoicos
definían como virtudes a las tres principales
divisiones de la filosofía corriente de aquella
época: la lógica, la física y la ética. Sostenían que
la virtud en sí y la aceptación de la adversidad
eran el medio de lograr la felicidad. Admitían la
existencia del alma, pero de forma corpórea,
material. Decían que no podían explicar su
influencia sin esa cualidad. El mismo Platón
había escrito: "Un ser es lo que tiene poder de
actuar o ser actuado" y los estoicos agregaban:
"Y la acción sin contacto es inconcebible. Todo
lo que existe es capaz de obrar, de actuar y de
ser accionado". En lo que se refiere al alma
humana, el estoicismo la interpreta como una
cualidad de la mayor pureza e intensidad, pero
concebida como sutil corriente de aire o gas
(pneuma).
(2º Parte)
En lo que respecta a religión, los estoicos amaban
y creían en un Dios omnipotente, rector de un
mundo que había creado de sí mismo. Hay que
destacar un pensamiento de Zenón: "El mejor
templo de Dios es el corazón del hombre y la
mejor oración, el deseo de amarle".
La escuela estoica de Atenas se desarrolló
entre el 300 a.C. y el 200 d.C.
El estoicismo parecía una corriente precursora
cristianismo, aunque este último es una religión
y no una corriente filosófica. El imperio romano,
considerado el mundo civilizado, fue de a poco
degenerando y empobreciéndose. Aparecieron
las hordas bárbaras de las regiones del norte que,
en lugar de imponer sus ideas, adoptaron la
nueva religión.
(3º Parte)
Los ritos paganos y los mitos nórdicos se fueron
disipando y dieron lugar al surgimiento de un
nuevo poder: el papado, de fuerza irresistible.
La Iglesia predomina sobre todo y sobre todos. El
dogma reemplaza a la filosofía. La ciencia queda
estancada y así transcurren los siglos sin que una
chispa de discernimiento ilumine el negro
firmamento del pensamiento humano.
Una muestra de ello se ve cuando el emperador
Justiniano cierra la escuela filosófica de Atenas
y luego presiona al Papa Virgilio a que concuerde
en un todo con él. Al no lograrlo, lo destierra a
una isla en el mar de Mármara y convoca un
concilio ecuménico en Constantinopla. Corre el
553 y, en confabulación con la curia, cambia
muchas palabras del mensaje de Jesús, logrando
distorsionar el evangelio y sembrando sin piedad
el sometimiento de las masas mediante el temor
religioso a un "castigo divino".
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