| Índice | El planeta de los simios II ¿Cordura es adaptación? |
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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.
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Si una afirmación hiere tu sentido común, entonces no es verdad. La única verdad para ti es la que tú consideras como verdad. |
La teoría materialista que niega la existencia de un Creador comenzó con Charles Darwin y siguió con la Psiquiatría. La absurda teoría de que el hombre era sólo materia y podía ser comprendido totalmente con estudiar cosas materiales provino de Wilhelm Wundt. A pesar de que Wundt nunca probó ninguna de sus teorías había nacido la escuela de psicología experimental: todo era cuestión de células cerebrales. El hombre, por lo tanto, no era más que un animal que podía ser examinado en el laboratorio de las misma forma que una rana o un ratón. Todo el fundamento de la Psiquiatría se basa por completo en los siguientes datos: "Si se corta, se desgarra o se le da un shock a un nervio, éste puede hacer que el cuerpo físico reaccione. Como el nervio puede controlar la saliva, los nervios deben controlar la demanda de comida y la demanda de sexo. Por lo tanto los hombres son animales". EL PSIQUIATRA Y SU VISIÓN DEL HOMBRE El tratamiento psiquiátrico se basa fundamentalmente en la adaptación: “Un hombre es cuerdo en la medida en que se adapta al mundo”. Este absurdo concepto de la Psiquiatría reduce al hombre al nivel de los animales. Mientras el castor, adaptándose al mundo, desde tiempos inmemoriales construye el mismo dique de barro y piedras, el hombre, adaptando el mundo a sí mismo, ha pasado de los diques de barro y piedra a las monumentales represas que hoy son la gloria de la humanidad. El electroshock, las camisas de fuerza, el aislamiento, los cócteles químicos, y métodos similares siguen precisamente la concepción psiquiátrica del adaptamiento. Para la Psiquiatría un hombre está curado cuando puede ser manipulado y sometido como un animal. Es decir, cuando es un perfecto zombi.
Obviamente que el más adaptado es el que está muerto.
L. Ronald Hubbard encarnó con la misión de humanizar a la Psiquiatría erradicando sus crueles e inútiles métodos, y además darle una nueva tecnología basada en la segunda mente del hombre, la mente reactiva, y los engramas, algo desconocido hasta ese momento. Los psiquiatras, que vieron tambalear con estos nuevos descubrimientos su imperio de lucro y poder, no sólo los rechazaron sin siquiera investigar, sino que iniciaron una campaña de infamia contra Hubbard que incluso dura hasta nuestros días. Quienes hablan en contra de Cienciología, inconscientemente están ayudando a la Psiquiatría en este juego sucio.
El crimen imperdonable de la Psiquiatría no es en definitiva que en el pasado haya aplicado métodos crueles inservibles, sino que obcecadamente los siga aplicando en la actualidad, desconociendo los descubrimientos sobre la mente de L. Ronald Hubbard.
¡No lo puedo creer, en el futuro sigue habiendo psiquiatras!
Al comandante Taylor le voy a hacer una lobotomía especial.
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CIENCIOLOGÍA CONTRA LA PSIQUIATRÍA [1]
I LA PSIQUIATRÍA DESENMASCARADA
Si tuviéramos que señalar al principal paradigma del antiguo refrán "lupus homo lupus" (el hombre es lobo del hombre), la Psiquiatría estaría seguramente en el primer lugar. Horacio Velmont
Ron Hubbard, al investigar los abusos a los derechos humanos más fundamentales, se encontró con que la Psiquiatría era una de las profesiones donde en mayor medida dichos derechos se violaban. Esta conclusión no deja de ser curiosa en un campo que dice tener motivos humanitarios y ser líder en el tratamiento de la salud mental. Esta postura, sin embargo, es sólo una fachada, porque la realidad es que con ella ha logrado que los gobiernos la subsidien con superlativas sumas de dinero que al final y al cabo le han dado un poder casi omnímodo en la sociedad. En los hechos, la Psiquiatría no es más que un ladronzuelo de las arcas públicas. En la sociedad en general se recibe pago por un servicio o producto valioso, pero la Psiquiatría ha estado engañando a los gobiernos por mucho tiempo. En los primeros años del siglo XX, la Psiquiatría adquirió cierto prestigio por el mero hecho de que no se había logrado mucho en el campo del estudio de la mente. La Psiquiatría ocupó ese vacío y declaró arbitrariamente su posición de líder. En este campo no existía mucha competencia, ya que la Medicina estaba demasiado ocupada con los avances en el campo del tratamiento físico y virtualmente no tenía demasiado interés en el campo de la mente. Por lo tanto, por lo menos al principio, hubo muy poca oposición a estas nuevas teorías que aseguraban pomposamente tener la misma categoría científica que los avances de la ciencia que en esa época asombraban a la sociedad. Los gobiernos, interesados pérfidamente en el control de los pueblos, dieron su apoyo financiero a los psiquiatras que vestían batas blancas y realizaban experimentos en sus laboratorios con ratones, simios y perros. Sus artículos, rebosantes de supuesta erudición, estaban pergeñados con una terminología que se desarrolló con mucha rapidez, pero que era virtualmente incomprensible para el hombre de la calle y para el político. La premisa básica de la Psiquiatría afirmaba: 1) el hombre es un animal (de ahí los experimentos que se hacían con animales); 2) toda la actividad mental se origina en el cerebro (por eso se usaban tratamientos físicos para este órgano como la solución primaria); 3) el hombre responde a estímulos del entorno (en consecuencia su comportamiento puede manipularse mediante estos estímulos). La Psiquiatría nada hizo para alejarse de estos absurdos postulados y el resultado es que desde hace mucho tiempo se encuentra en un callejón sin salida. El hecho cierto es que estos individuos, que arbitrariamente se designaron a sí mismos expertos de la salud humana, nunca han descubierto que la mente consta de cuadros de imagen mental, que el cerebro sólo es un vehículo y que el hombre es un ser espiritual. A más de medio siglo de que L. Ronald Hubbard diera a conocer al mundo el descubrimiento de la mente reactiva y de los engramas, a través del best seller mundial "Dianética, la ciencia moderna de la salud mental", los psiquiatras aún lo ignoran y se siguen manejando con la única mente que conocen, la analítica. ¡que es absolutamente inocente de toda las aberraciones que le endilgan! Este tipo de descuidos podrían considerarse ridículos y aun cómicos si sus consecuencias no fueran tan desastrosas. La Psiquiatría no sólo ha cometido errores en la premisa fundamental, sino que sus instrumentos también son peligrosos: fármacos que alteran la mente, máquinas para administrar electrochoques, y por supuesto el bisturí del cirujano para extirpar partes del cerebro, creyendo que de esta forma absurda extirpará también la aberración. La pregunta obvia es qué puede hacerse en esas circunstancias tan lamentables. Los psiquiatras se han adjudicado una posición de líderes de la salud por el hecho de que en su momento no había otros candidatos, y ahora resulta que no tienen idea de lo que están haciendo ni tampoco de la razón por la cual no obtienen resultados. Estos individuos están desesperados y los hombres desesperados actúan con desesperación . Esta máxima es la única forma de comprender sus disparatados métodos. Ésta era la tremenda situación en que encontró Hubbard a la Psiquiatría a finales de la década de 1940, mucha arrogancia, mucha corrupción, poco interés por el individuo y flagrante incompetencia. Notó, con mucha indignación, que a pesar de todo lo que se decía sobre la atención psiquiátrica profesional, los pacientes incontrolables seguían almacenándose en condiciones terribles, se les seguían administrando drogas hasta dejarlos en estado vegetativo y con daños permanentes, se les castigaba aplicándoles electrochoques, chorros de agua fría o directamente se los aislaba en celdas de castigo en condiciones infrahumanas. También notó que la Psiquiatría no poseía instrumentos para tratar a los enfermos mentales y que lo único que les daba era alimentación, vestido y una celda acolchada para que no se suicidaran dándose la cabeza contra la pared. Sus palabras aún tienen plena vigencia: "Psiquiatría significa ineficiencia, mentiras y brutalidad inhumana. Su premisa básica se centra en la idea de que con suficiente castigo se puede restablecer la cordura de cualquier persona; y si todo lo demás falla se pueden cortar los lóbulos prefrontales del paciente". Con esto y más en mente, Ron Hubbard declaró que era deber de todo cienciólogo "exponer y ayudar a abolir todas las prácticas dañinas en el campo de la salud mental" . De aquí surgió la formación de la Comisión de Ciudadanos en Pro de los Derechos Humanos ("The Citizens Commission on Human Rights" [CCHR]).
II
xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /> CHELMSFORD , EL SUEÑO ETERNO
Chelmsford es una palabra que tal vez los miembros de la Comisión de Ciudadanos en Pro de los Derechos Humanos de Australia nunca podrán olvidar. Para muchos fue su primer contacto con la maldad absoluta; y para todos fue una prueba de su valor y habilidad para resistir ante el escarnio, la incredulidad y la burocracia indiferente. Para los australianos en general la palabra Chelmsford es hoy en día sinónimo de locura, salvajismo y horror; de una psiquiatría destructiva, de experimentos grotescos que, como se publicó en una revista, "emulaban los experimentos realizados por el doctor Josef Mengele en la Alemania Nazi". El ministro de sanidad de Nueva Gales del Sur, Peter Collins, lo describió como "el episodio más negro de la historia de la Psiquiatría en este país". Y como testimonios mudos, cuarenta y nueve crematorios y cementerios cercanos a Sydney guardan a las víctimas de Chelmsford. El director del Hospital Privado de Chelmsford, en las Colinas Pennant, al noroeste de Sydney, era el doctor Harry Bailey, quien para 1963 había empezado a administrar lo que llamaba terapia profunda de sedantes , o con más frecuencia, terapia de sueño profundo. De acuerdo a la descripción de esta terapia que apareció posteriormente en el Sydney Morning Herald, este nombre era inadecuado: "Ante todo no es una terapia", ya que no ha demostrado tener beneficios terapéuticos; "tampoco es sueño; es un estado de coma inducido por grandes dosis de barbitúricos". La técnica de Bailey para tratar a los pacientes de Chelmsford que sufrían trastornos mentales, y que le eran enviados para recibir ayuda y cuidados, era en esencia simple aunque torpe. Los ponía en estado de coma durante un periodo hasta de dos semanas, durante el cual se les administraba diariamente dosis de terapia de electrochoques y/o neurocirugía, con frecuencia sin el consentimiento ni el conocimiento del paciente "dormido". Desde mediados de 1963 hasta 1979, tiempo en que este doctor reinó en Chelmsford como un autócrata, las muertes provocadas por este "tratamiento" fueron en aumento, además de los suicidios de pacientes que habían logrado salir vivos de la institución, aunque fue difícil verificar su número. A mediados de la década de 1970, la CCHR empezó a recibir informes de lo que sucedía en Chelmsford, y para 1978, después de investigar, había reunido evidencia sólida de seis muertes relacionadas con la terapia profunda de sedantes. En ese momento, la CCHR habló al público. A esto siguió una demostración muy elocuente de la renuencia de las autoridades a investigar lo que estaba sucediendo y el fracaso del establecimiento psiquiátrico para poner en vigor sus propias reglas. En realidad, esto fue un aburrido tiovivo de cartas y horas de cabildeo. Se entregó la evidencia al Colegio Real de Psiquiatría de Australia y Nueva Zelanda, pero no hicieron nada. También se entregó al Departamento del Procurador General del estado de Nueva Gales del Sur y no hizo nada. Se entregó la evidencia al ministro de sanidad y no hizo nada. Se entregó la evidencia a la Comisión de Salud y a la Junta Médica, pero mandaban a la CCHR de una oficina a otra. Mientras tanto, la CCHR empezó a recibir ataques en el campo de las relaciones públicas. La CCHR necesitó diez años de investigación persistente y de determinación indomable para que el gobierno de Nueva Gales del Sur nombrara una Comisión Real en 1988 para estudiar la terapia de sueño profundo en Chelmsford y en todo el Estado. Al final, después de concluir una averiguación de dos años y revelar una letanía de horrores, entre ellos la posibilidad de 183 pacientes muertos en Chelmsford -o en menos de un año después de haber salido de esa clínica-, se recomendó una reorganización completa y minuciosa de la atención a la salud mental y se hizo una declaración de los derechos de los pacientes mentales. ¿Cuál fue la posición de la Psiquiatría después de que la CCHR reveló lo que estaba sucediendo en Chelmsford? Ignoró lo sucedido tanto tiempo como pudo. Sin embargo, este comentario de una figura de importancia internacional resume de manera apropiada las preocupaciones de la Psiquiatría. El 6 de enero de 1981, Sir Martin Roth, Profesor de Psiquiatría en la Universidad de Cambridge, escribió a otro psiquiatra que estaba pidiendo una encuesta: "Los cienciólogos y otras organizaciones obtuvieron municiones para muchos años y décadas por venir. Por lo tanto, es absolutamente necesario mantener esto en secreto por el momento, hasta que estas atrocidades se puedan explicar dentro del contexto de la práctica contemporánea de la Psiquiatría mediante una declaración preparada con mucho cuidado por las universidades y por grupos interesados". El trabajo implacable de Cienciología por descubrir la verdad logró compensaciones. La terapia de sueño profundo se prohibió en Nueva Gales del Sur. Chelmsford se cerró y, lo que es aún más importante, muchas de las víctimas sobrevivientes que habían recibido terapia de electrochoques presentaron sus casos ante la Junta de Compensación a Víctimas del Crimen. Hasta la fecha, el tribunal de esta junta ha reconocido, en más de treinta casos, que los pacientes en verdad fueron sometidos a actos de violencia, y les ha otorgado la compensación correspondiente. Dos de los psiquiatras que trabajaron en Chelmsford finalmente enfrentaron cargos criminales en 1992, y la CCHR continuó su trabajo, dando a conocer los abusos de la Psiquiatría en el Hospital de Townsville, en el estado norteño de Queensland. Por prácticas con horribles similitudes a la terapia de sueño profundo, sesenta y cinco muertes se atribuyeron a "tratamiento ilegal y negligente" después de que la CCHR provocó una investigación por parte del gobierno. Y por último, ¿qué fue de Bailey? Nunca se le enjuició. En septiembre de 1985 se suicidó con las mismas drogas que había administrado a sus pacientes. En su nota de suicidio culpó a los cienciólogos diciendo: "Al final han triunfado".
III campos de esclavoS de la psiquiatría
En la década de 1970, un vendedor de vidrios para ventanas se perdió en una zona semirural en las afueras de Johannesburgo, Sudáfrica. Cuando se detuvo a pedir información en lo que parecía un solitario complejo minero vio algo terrible: una mujer nativa, desnuda y aterrorizada, trataba de huir de un guardia uniformado. El vendedor era cienciólogo y mencionó a la organización lo que había visto. La edición sudafricana de la revista Freedom empezó a investigar, y lo que surgió fue un artículo que por mucho tiempo ha sido el siniestro símbolo de la ambición y crueldad de la Psiquiatría. Lo que parecía un complejo minero abandonado era uno de los trece centros psiquiátricos propiedad de la Compañía Tenedora Smith-Mitchell, un grupo que para mediados de la década de 1970 recibía aproximadamente la tercera parte del presupuesto para salud mental en Sudáfrica. Nueve de ellos eran para pacientes de color; cuatro para pacientes blancos. Lo que descubrió la CCHR fue impactante. En 1976, más del 70 % de los pacientes mentales de raza negra en Sudáfrica estaban en manos de este grupo. Los Hospitales Smith-Mitchell tenían más de 10.000 pacientes y a los de raza negra se les trataba como animales obligándolos a realizar trabajos forzados 12 horas diarias para llenar los bolsillos de sus celadores. La alimentación era mínima, los pacientes dormían en esteras colocadas sobre pisos de cemento, y en algunas instituciones sólo había una enfermera para un número de 300 a 1000 pacientes. Tampoco tenían equipo médico, y por lo menos moría un paciente diario. Los medios de comunicación describieron estos hospitales con mucha precisión como "campos ocultos de esclavos" y "almacenes de humanos". La mayoría de estos campos draconianos estaban ocultos y rodeados por cercas alambradas. Los pacientes que causaban problemas se volvían más tratables después de una visita al hospital estatal más cercano donde se les administraba terapia de electrochoques sin anestesia. Como era de esperarse, después de que estos hechos repulsivos se revelaron en las publicaciones de Cienciología, surgió una ola de indignación del público tanto en Sudáfrica como en otros países. La Organización Mundial de la Salud y la Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos investigaron y confirmaron los abusos que la CCHR había descubierto. Otro resultado directo del trabajo de la CCHR, aún más importante, fue que en 1991 las Naciones Unidas publicaron por unanimidad y por primera vez una serie de principios para proteger a los enfermos mentales y mejorar la atención mental: una Declaración de Derechos de Salud Mental.
IV LA CCHR Y LAS INSTITUCIONES PSIQUIÁTRICAS DE EE.UU
Desde finales de la década de 1960, la CCHR ha investigado una serie interminable de abusos psiquiátricos en EE.UU. En 1976, por ejemplo, presentó a los legisladores de California evidencias y testigos para documentar las muertes inexplicables de más de cien personas en las instituciones psiquiátricas estatales de Camarillo y Metropolitana. Estos testimonios llevaron a una investigación de la legislatura del estado de California que tuvo como resultado cambios administrativos de importancia en ambas instituciones. En 1990 se descubrieron abusos del mismo tipo en la institución psiquiátrica estatal Patton, en San Bernardino, California. La CCHR descubrió que el número de muertes se había quintuplicado desde que el director de la institución había asumido el cargo. De nuevo, la legislatura de California investigó y obligó a que el director ejecutivo renunciara. La CCHR también obtuvo la aprobación de leyes en el estado de California en 1976 para restringir el uso de electrochoques y lobotomías. Estas medidas prohíben el uso de estas prácticas bestiales en niños y exigen que los psiquiatras den información completa a sus pacientes adultos sobre los efectos dañinos de estas prácticas y sobre las beneficiosas alternativas que existen antes de que den su consentimiento a estos procedimientos.
V LOS PSIQUIATRAS Y LOS ABUSOS SEXUALES
Aunque las atrocidades de Chelmsford y los degradantes campos de salud mental de Sudáfrica son ejemplos flagrantes de la desesperación de los psiquiatras, existe una forma menos dramática de abuso que, sin embargo, está más extendida y que gracias a los esfuerzos de la CCHR ha llegado a los titulares de los periódicos en EE UU: nos referimos al abuso sexual en la Psiquiatría. La explotación sexual de los pacientes, ya sean hombres, mujeres o niños, es un problema creciente entre psiquiatras y psicólogos del que no se había hablado debido al control tan especial y poderoso que los profesionales de la salud mental tienen sobre sus pacientes. Menos del 5 % de los pacientes atacados sexualmente por sus terapeutas hacen algo en su contra. Y se han registrado casos en que los psiquiatras han usado sus instrumentos de trabajo, el electrochoque y los sedantes fuertes, para silenciar a los pacientes de quienes han abusado sexualmente. Aunque los informes sobre este tipo de abusos en instituciones se han divulgado bastante, las investigaciones de la CCHR y la publicación de cada vez más artículos sobre esto en los periódicos demuestran que el problema no se limita a quienes han estado bajo tratamiento psiquiátrico institucional. Van desde terapeutas individuales en poblaciones y ciudades hasta personas con puestos de importancia. Por ejemplo, a principios de 1992, John Hamilton, subdirector médico de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana, dejó su puesto y su licencia fue cancelada por un año después de haber tenido relaciones sexuales con una paciente que tuvo el valor de presentar una queja. Es irónico que Hamilton haya escrito y editado el manual de la inspección de socios de la A.P.A. En los últimos diez años, la A.P.A. ha suspendido o expulsado sólo a 113 psiquiatras por abusar de sus pacientes. Son acciones leves, si consideramos los descubrimientos de los grupos de trabajo de California que muestran que, aproximadamente el 66 % de los que han sufrido abusos sexuales por parte de los profesionales de la salud mental, experimentan repercusiones emocionales serias y que el 1 % cometen suicidio. Es obvio que aquí el problema intrínseco es que los psiquiatras, como los médicos y los abogados, alegan a todo volumen que un sistema de inspección interna en la profesión se encarga con firmeza de las fechorías de sus miembros, no necesitando de personas externas a ella, en especial de los encargados de imponer la ley. Sin embargo, la realidad es otra. Existen dos factores: un compañero de profesión es, después de todo, un igual y un miembro del mismo grupo, y si no está motivado por ideales profundos, se siente al menos incómodo al reprender a sus iguales; y lo que tal vez sea más pertinente, si los juicios son demasiado duros es inevitable que reciban publicidad, lo que pone a la vista del público los trapos sucios de la profesión. La publicidad negativa es un anatema para una profesión que ya pisa terreno inseguro, y al verse ante esta terrible amenaza sus miembros tienden a cerrar filas. Por consiguiente, sabiendo que la comunidad psiquiátrica ha demostrado una y otra vez que no es capaz de controlar sus propias acciones, hace tiempo que la CCHR siente que es justo que los que violan la ley se enfrenten a juicios criminales. Por lo tanto, ha tomado la responsabilidad de ver que esto suceda. Las víctimas de abusos psiquiátricos no tienen ningún otro recurso, ya que prácticamente no hay nadie más que esté dispuesto a defender sus derechos, tal vez por el estigma social que va ligado a los problemas mentales. No obstante, cada vez más personas recurren a la CCHR al esparcirse la noticia de que los cienciólogos sí se preocupan por esto. La CCHR ha sido responsable del enjuiciamiento de un gran número de psiquiatras, psicólogos, empleados de la Psiquiatría y de instituciones psiquiátricas que cometen crímenes. Más de sesenta y cinco de esos individuos fueron encarcelados, y la tendencia clara es que se está sentenciando a un número cada vez más creciente. Aunque el abuso de las mujeres pacientes es común, las investigaciones de la CCHR han revelado que la mayoría de estos casos incluyen actos aún más degradantes contra los niños. Uno de los primeros casos que investigó la CCHR fue el de un psiquiatra del Condado de Orange, California, James Harrison White, que había abusado sexualmente de un joven de quince años. White fue sentenciado en 1990 a seis años y ocho meses de prisión. Un Delegado del Fiscal Superior de Distrito, Dennis D. Bauer, escribió a la CCHR: "Felicito a la Comisión y a su personal por su energía inagotable y su generoso compromiso para resolver uno de los problemas más descuidados y secretos de la sociedad, la 'Psiquiatría experimental'". Ese mismo año se presentó otro caso relativo a la Granja Hogar Infantil, un centro residencial para niños con problemas emocionales y de conducta en Oregón. Tres hombres, William Henry Dufort, psiquiatra y director, otro psiquiatra y un asistente social, fueron acusados de abuso sexual y/o sodomía a los muchachos bajo su cuidado. Dufort fue acusado de cuarenta y tres cargos y sentenciado a cuarenta y ocho años de prisión. El 27 de julio de 1992, Alan J. Horowitz de Schenectady, Nueva York, fue sentenciado de diez a veinte años de prisión por sodomía contra un paciente psiquiátrico de nueve años el año anterior. Se afirma que ha abusado de un gran número de niños desde California a Israel y a Nueva York en los últimos veinte años. El problema está muy generalizado. Cada año, la CCHR investiga un gran número de crímenes de este tipo y no cesa de trabajar para lograr que se aprueben leyes más estrictas contra los psiquiatras que violan a sus pacientes, en particular para que las relaciones sexuales entre psicoterapeutas, y otros practicantes de la salud mental y sus pacientes lleguen a considerarse ilegales. Después de muchos años de esfuerzos de la CCHR, se aprobó una ley así en California en 1989. Para 1992, diez estados ya tenían leyes similares y Cienciología trabajaba en forma activa para que otros estados también las promulgaran.
VI LAS DROGAS PSIQUIÁTRICAS
Cuando se descubrió el LSD por accidente, no se guardó en un estante. Su creador la desarrolló y a partir de la década de 1950 fue promovida por psiquiatras y psicólogos notables. Para mediados de la década de 1960, empezó a volverse popular en las universidades. Sin embargo, más o menos en esa época, como se publicó en la revista Freedom, el gobierno de EE UU empezó a administrarla a sus soldados sin dárselo a conocer. Los resultados de estos experimentos incluyeron la muerte, defectos congénitos en los hijos de estos soldados y reacciones psicóticas de por vida en algunas de las víctimas. Gracias al trabajo de Cienciología, que localizó a muchos de estos desafortunados veteranos, el ejército llevó a cabo un programa para encontrar y notificar a todos los que fueron inducidos con engaño a participar en estos programas secretos de la Psiquiatría sobre el control mental. Las drogas psiquiátricas han sido el blanco de la CCHR por mucho tiempo, pues alteran la mente y tienen efectos secundarios muy poderosos y peligrosos; los psiquiatras que carecen de verdaderas respuestas a problemas que no entienden las han usado mucho. Desde el Valium, la "droga maravilla" de la Psiquiatría en la década de 1960, (hasta que se descubrió que causa ira violenta y adicción pronunciada) hasta el Ritalin, la droga destructiva que se usa en la actualidad con más de un millón de niños en EE UU, las drogas psiquiátricas sólo han desestabilizado cada vez más a los individuos en nuestra sociedad. El Ritalin, una poderosa droga similar a las anfetaminas que los psiquiatras recetan a niños considerados hiperactivos de todas las edades, ha hecho que niños esencialmente normales y saludables se depriman y pierdan energía, y en ocasiones los ha vuelto violentos o los ha hecho adictos con tendencias suicidas. De hecho, los adictos a la heroína compran Ritalin en la calle. Por medio de un programa educativo para padres de familia y de campañas informativas para lograr la prohibición de esta droga, la CCHR hace saber a la sociedad de sus peligros. La CCHR también ha denunciado una y otra vez a la droga maravilla más reciente, el Prozac, que causa violencia, inestabilidad mental permanente y la muerte. La Administración de Alimentos y Drogas de EE UU ha recibido más informes sobre reacciones adversas causadas por esta droga desde que se introdujo en 1987, que de ninguna otra droga en la historia. Sin embargo, aún se receta a millones de personas en todo el mundo. La CCHR ha llevado a cabo una campaña masiva para despertar la conciencia del público, dar a conocer los hechos y exigir que esta droga se retire del mercado. Sin embargo, una batalla no sólo tiene un lado y Cienciología ha sido blanco de ataques intensos y continuos por parte de empresas multimillonarias que producen drogas psiquiátricas. Es de esperarse, si se considera que el Prozac es la droga que más dinero produce de todo el arsenal de drogas de Eli Lilly y Compañía. Han utilizado los medios de comunicación masiva, que son fácilmente manejables, para bombardear a la Cienciología desde todo ángulo posible. Sin embargo, como ya se dijo, estos ataques eran de esperarse y la organización no se ha dejado intimidar.
VII EL FRAUDE DE LA PSIQUIATRÍA
Es obvio que lo que motiva a los que hacen fraude es la codicia, una categoría criminal que con frecuencia se encuentra en las filas de la Psiquiatría. De acuerdo a las investigaciones de la CCHR, el sistema de salud mental está lleno de este tipo de personas. En 1992, en una audiencia ante el Comité Especial para Asuntos Relacionados con Niños, Jóvenes y Familias de la Cámara de Representantes de EE.UU se escucharon un gran número de casos de abuso presentados ante el comité por la CCHR y otros grupos. Estos incidentes iban desde casos en que niños y adolescentes fueron sometidos a prácticas psiquiátricas innecesarias, hasta instituciones que contrataban "buscadores de fortunas" para que secuestraran pacientes que pudieran retener contra su voluntad; hacían esto para obtener el dinero de sus seguros. De hecho, los seguros han sido un aspecto importante de los fraudes de la Psiquiatría, en particular en los hospitales privados. Por ejemplo, la gran cadena de hospitales psiquiátricos, Empresas Médicas Nacionales (NME) y su organización subsidiaria, Institutos Psiquiátricos de América, han sido investigados en Texas, Florida y Nueva Jersey por oficiales que van desde fiscales generales hasta comisionados estatales de seguridad. La información de la CCHR ha ayudado en estas investigaciones. En 1992 diez compañías de seguros levantaron demandas por fraude contra NME y por pisotear los derechos de los pacientes mentales. Pero NME no es la única empresa culpable de estos crímenes. También se han investigado otras organizaciones, por ejemplo, Centros Comunitarios de Psiquiatría, la Corporación Médica Constituida y la Corporación de Hospitales de Norteamérica. Los abusos generalizados de la industria que la CCHR y otros investigadores han descubierto, incluyen: hacer que los pacientes salgan a la calle en cuanto se agota su seguro, después de los treinta días que la mayoría de las compañías de seguros están dispuestas a pagar por pacientes internos; pagar a los trabajadores sociales, a los asesores escolares, al personal de emergencias y crisis, y aun a los ministros por mandarles pacientes; abusar de los niños con terapia violenta; diagnosticar sin tener suficientes detalles; y múltiples tratamientos innecesarios. El abuso de los niños y de los débiles es algo común. Sin embargo, el fraude se manifiesta de muchas maneras que reflejan los muchos planes creados por los que participan en él. En 1989, la CCHR descubrió y dio a conocer documentos que prueban que dos instituciones psiquiátricas de Los Ángeles que habían recibido miles de dólares del gobierno sólo existían en papel. Ya sea que la CCHR enfrente fraudes, abusos físicos o mentales, comportamiento contrario a la ética, o el envenenamiento de niños mediante la administración de drogas, los encargados del cumplimiento de la ley, los políticos, los grupos de derechos humanos y las víctimas que no podían enfrentarse solas a estas prácticas salvajes, reconocen el trabajo incansable de la CCHR contra los crímenes de la psiquiatría. En 1986 las Naciones Unidas reconocieron el trabajo de la CCHR en un informe que declaraba: "La tarea principal de la CCHR ha sido lograr reformas en el campo de la salud mental y preservar los derechos del individuo que se mencionan en la Declaración Universal de Derechos Humanos". "La CCHR ha sido responsable de muchas reformas importantes. Por lo menos treinta decretos en todo el mundo han sido anulados por las acciones de CCHR, que de otra manera habrían impedido aún más los derechos de los pacientes de enfermedades mentales, o le habrían dado poder a la psiquiatría para confinar, contra su voluntad, a individuos y grupos minoritarios". La Psiquiatría también ha reconocido la labor de CCHR, aunque no necesariamente con tanta admiración. De hecho, con las revelaciones de CCHR en Sudáfrica, Australia, EE UU, Alemania, Canadá, Italia, Francia, Suiza y otros países, la Psiquiatría no tuvo otro remedio que darse cuenta de que encaraba en Cienciología a su peor enemigo.
VIII COMISION DE LOS CIUDADANOS EN PRO DE LOS DERECHOS HUMANOS
De Estados Unidos a Australia, de Sudáfrica a Alemania, implacablemente, Cienciología ha puesto al descubierto los crímenes y la opresión de la Psiquiatría, y lo ha hecho en su búsqueda de una civilización "donde el hombre sea libre para elevarse a mayores alturas", como leemos en los propósitos de la organización. En 1969, Cienciología estableció la Comisión de Ciudadanos en Pro de los Derechos Humanos. A partir de entonces, se ha expandido por todo el mundo. En la actualidad, la Comisión Internacional de Ciudadanos en Pro de los Derechos Humanos, ubicada en Los Ángeles, supervisa oficinas en casi todas las ciudades importantes de dos decenas de países que incluyen EE UU, el Reino Unido, Francia, Alemania, Noruega, Suiza, Dinamarca, Suecia, Sudáfrica, Canadá, Italia, España, México, los Países Bajos, Israel, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Grecia y otros.
[1] Extractado de artículos de L. Ronad Hubbard. * Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación
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