| Índice | El planeta de los simios LII La terapia de aversión |
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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.
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Si una afirmación hiere tu sentido común, entonces no es verdad. La única verdad para ti es la que tú consideras como verdad. |
¿Qué es ese disparate de la terapia de aversión?
Yo estoy en contra de la terapia de aversión porque se pierde mucho tiempo, la lobotomía es más rápida…
Si la terapia de aversión sirviera para algo, hace rato que yo hubiera dejado de orinarme en la cama...
Julius, creo que al comandante Taylor le vendría bien la terapia de aversión para que deje de fumar…
Comandante, cada vez que pida un cigarrillo le voy a dar un mordiscón en la mano…
Me muero de ganas de fumar, pero si le pido un cigarrillo Zira me dará otro mordiscón. ¿Quién habrá inventado esta terapia tan estúpida?
Yo tenía mis dudas, pero ahora con este asunto de la terapia de aversión me doy cuenta de que los psiquiatras están completamente locos…
La terapia de aversión, y esto la Psiquiatría lo ignora supinamente, introduce un engrama contrario al que ya contiene la mente reactiva, los que al restimularse producen una condición de confusión mental que puede conducir al paciente directamente a la locura. La famosa película de Stanley Kubrick, “La naranja mecánica”, revela con toda claridad el resultado de este aberrante método. JORGE RAÚL OLGUÍN
Frente a los absurdos “tratamientos” de la Psiquiatría, tales como la lobotomía, los shocks eléctricos, las camisas de fuerza, las drogas de muerte o las terapias de aversión, por citar solamente algunos, la única suposición que cabe es que las autoridades responsables de la salud o están ciegos o están tan dementes como los psiquiatras. En cualquier sociedad que se precie de civilizada las prácticas psiquiátricas ya deberían figurar en los códigos penales como gravísimo atentado a la salud.
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Una producción Stanley Kubrick Sinopsis:
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terapia de aversiÓn y aberraciÓn por Horacio Velmont (según las enseñanzas de L. Ronald Hubbard) La denominada por la Psiquiatría “terapia de aversión” es una forma de terapia conductual en la que, para suprimir una conducta no deseable, se aplica un castigo o ciertos estímulos desagradables o dolorosos, como un choque eléctrico o algún fármaco capaz de inducir náuseas. Esta definición parte de ignorar la existencia de la mente reactiva y los engramas. Los engramas son similares a órdenes hipnóticas, con la diferencia de que el engrama por definición tiene dolor como parte de su contenido, lo que lo hace más profundo y compulsivo. Si a una persona se la hipnotizara y se le dieran órdenes para cumplir una vez despierto y mientras se le dan estas órdenes se le provoca dolor físico, entonces esas sugestiones hipnóticas serían técnicamente engramas. Es interesante analizar el tema de la película de Stanley Kubrick que se conoció con el nombre español de “La naranja mecánica” (Clockwork Orange) porque demuestra cabalmente lo aberrante que es este tipo de terapia. Veamos el argumento de la película: Es la historia de Alex de Large y sus “drugos”, un grupo de jóvenes del bajo mundo y de actitud extrañamente estrafalaria que se dedican a descargar su ira en el mundo y entre ellos mismos, siendo su principal interés la música de Beethoven, la velocidad y la ultraviolencia. Después de asesinar a una mujer Alex es traicionado por sus amigos drugos y dejado bajo la custodia de la policía inglesa. Para cumplir rápido su condena se presta como Conejillo de Indias para un tratamiento llamado “terapia de aversión o Ludovico”, que consistía en hacer que el individuo por medio de imágenes y drogas psiquiátricas sintiera un rechazo insoportable al mínimo contacto de violencia o de sexo, que se manifestaba con náuseas o ganas de morirse. Más tarde los jueces, comprobando la eficacia del tratamiento, le otorgan la libertad y de regreso a su casa se encuentra con la sorpresa de haber sido olvidado y cambiado por otro personaje a quien le han entregado su cuarto y todas las pertenencias, quedándole como único destino la calle, en la cual encuentra a todas las personas a las que les había hecho daño, las cuales toman venganza contra él, entre ellos también sus cambiantes amigos. Después de todas estas tribulaciones, Alex llega a la casa de un anciano inválido quien le brinda techo y comida, sintiendo lástima por aquel joven al parecer desprotegido. Pero este viejo no sospechaba que refugiaba en su casa al joven que un día lo había agredido y violado a su esposa haciendo que por este hecho ella se suicidara. Ocurre que un día Alex, mientras se estaba bañando, entona la canción “Singing in the rain” que es escuchada por el anciano con sorpresa, pues es la misma canción que entonaba mientras lo golpeaba. El anciano, al darse cuenta de quién era el joven que había cobijado sintió rabia y planeó venganza. Primero lo invitó a cenar habiéndole aplicado de antemano un sedante en su comida para poderlo dormir, luego invitó a dos personas más que sabían de la terapia de aversión a la que había sido sometido, después lo encerró en un penthouse con dos parlantes gigantes en el cual se escuchaba la 9ª sinfonía de Beethoven. Alex sintió los peores malestares, ya que en el tratamiento “Ludovico”, por un lado lo habían obligado a ver imágenes de la Segunda Guerra Mundial con espantosas escenas de torturas a prisioneros, y por el otro también lo habían obligado al mismo tiempo a escuchar la mencionada sinfonía de Beethoven. Alex no soportó la situación, que le provocaba tanto daño físico como mental, y desesperado se arrojó por la ventana del edificio quedando así muy malherido. Ya despertando en el hospital, Alex fue vendado y enyesado de pies a cabeza, recibiendo la visita de sus padres que prometieron devolverle su alcoba y sus pertenencias, aunque él les muestra indiferencia. También recibe la visita del psiquiatra que le aplicó el mencionado tratamiento, el cual le había traído dos parlantes gigantes, flores y una indemnización de parte del gobierno. El film concluye en el momento en que Alex recupera su modo de ser ultraviolento, y como era un joven muy fantasioso termina en su mente con una imagen del reino de los cielos y haciendo el amor con una mujer. Esta película fue rodada por Stanley Kubrick en 1971, estrenándose en Nueva York en setiembre, siendo objeto de fuertes críticas y análisis, los que siguen hasta la actualidad. Ni el autor del libro ni el director sospecharon que lo que habían descripto en el film era el mecanismo aberrativo de la mente reactiva y la dramatización de engramas. El personaje de Alex tenía obviamente engramas en su mente reactiva que lo impulsaban a la violencia, y esto es cierto porque alguien que no tiene engramas (clear) por naturaleza inherente no es violento. ¿Qué hace el psiquiatra del cuento? ¿Le elimina esos engramas de violencia? Por supuesto que no, sino que encima de ellos les graba otros engramas contrarios a la violencia. El pobre Alex en el fondo sigue siendo violento, pero se encuentra impedido de ejercer actos de violencia por los engramas implantado en la “terapia de aversión”. Desde ya que opera como restimulador fundamental la música de Beethoven, precisamente la 9ª Sinfonía. Cuando Alex es atado por el anciano y obligado a escuchar esa música se le restimulan todos los engramas y obviamente entra en un estado de locura que lo impulsa a arrojarse por la ventana. Esta terapia de aversión se pretende usar para liberar a la persona de fobias como el miedo a volar, a las alturas, a los espacios abiertos, a los espacios cerrados, a los animales, etc., pero lo único que hace en definitiva es implantar otros engramas tan aberrantes como los que ya tiene el pobre paciente. El manicomio está lleno de personas con este tipo de engramas con órdenes contrarias, que los despistados psiquiatras denominan “esquizofrenia”. Con esta terapia también se ha pretendido “curar” a los homosexuales: consistía en aplicar descargas eléctricas al paciente cuando se excitaba con la imagen de una persona de su mismo sexo (en Estados Unidos se abolió en 1973). Y ésta es toda la simple historia de la “terapia de aversión” de la Psiquiatría.
Bibliografía: El planeta de los simios XIV (una de las mejores demostraciones de los extremos aberrantes a los que puede llegar el hombre cuando se le restimulan sus engramas es el uso de la tortura para arrancar confesiones). El planeta de los simios XIX (las conversaciones en torno a una persona inconsciente deberían considerarse como atentado a la cordura, especialmente si está anestesiada, porque se graban en sus células como órdenes hipnóticas de alto poder). El planeta de los simios XXVIII (se devela que el “piercing”, que es la costumbre de perforar determinadas partes del cuerpo para decorarlas con algún tipo de joya, tiene origen en engramas que ordenan compulsivamente esa actitud irracional). El planeta de los simios XXIX (se devela que el tatuaje, lo mismo que el “piercing”, tiene origen en engramas, y que el aducido motivo de embellecimiento no es más la justificación analítica de la aberración). El planeta de los simios XXX (se devela que el físicoculturismo, lo mismo que el tatuaje o el “piercing”, tiene origen en engramas y que todos los intentos de justificarlo son falsos). El planeta de los simios XXXI (sin duda alguna la mutilación genital femenina constituye una de las más incalificables aberraciones de nuestro planeta, pero lo peor es que se escuda en supuestas tradiciones religiosas, lo que hace más difícil su erradicación). El planeta de los simios XXXII (la Psiquiatría está tan lejos de saber el origen de la automutilación como un microbio de llegar a comprender la teoría de la relatividad). El planeta de los simios XXXIV (el celibato sacerdotal, lejos de deberse a motivos espirituales, de la misma forma que cualquier perversión sexual tiene origen en la mente reactiva). El planeta de los simios XXXV (la dislexia, de la misma forma que el autismo, el daltonismo y otros trastornos mentales, tiene origen en la mente reactiva y la única curación posible es a través de Dianética). El planeta de los simios XXXVI (el machismo, entendido en general como el desprecio de la mujer, además de tener origen en la mente reactiva, parte de una base falsa, porque “hombre” y “mujer” son simplemente roles del espíritu que desaparecen al desencarnar). El planeta de los simios XXXVII (el antisemitismo es solamente un eufemismo para denominar a lo que no es más que un trastorno mental, más precisamente una enfermedad psicogénica originada en engramas). El planeta de los simios XXXVIII (la violencia escolar no desaparecerá mientras padres y maestros desconozcan la existencia de la mente reactiva, los engramas y la tecnología desarrollada por L. Ronald Hubbard para llevar a los niños hacia la cordura). El planeta de los simios XXXIX (tanto los que discriminan como los que luchan en contra de la discriminación están aberrados porque toda su conducta proviene de la mente reactiva). El planeta de los simios XL (los psiquiatras han inundado la Red con explicaciones disparatadas sobre el origen de la homofobia, y ni siquiera se han acercado a su verdadero origen, la mente reactiva, ni menos aún a su solución). El planeta de los simios XLII (sin duda alguna uno de los grandes males de la humanidad es el alcoholismo, pero esta adicción desaparece cuando se elimina el engrama que impulsa a beber). El planeta de los simios XLIII (uno de los miedos más populares es el de viajar en avión o aerofobia, y como todas las fobias su origen es la mente reactiva y la dramatización de engramas del tipo “nunca vueles o morirás”). El planeta de los simios XLIV (la aracnofobia, de la misma forma que la aerofobia, constituye una de las fobias más populares, pero sin perjuicio de que el miedo a las arañas sea inherente al hombre, también puede ser provocada por engramas, en cuyo caso es sumamente aberrativo). El planeta de los simios XLV (las fobias en general, de la misma forma que todas las aberraciones, tienen su origen en la mente reactiva y desaparecen cuando la persona llega al estado de clear, es decir, cuando mediante la terapia dianética se la libera de de engramas). El planeta de los simios XLVI (la Psiquiatría para mantener su vigencia inventa nuevas fobias, como la llamada “fobia social”, pero en definitiva es “el mismo perro con distinto collar”, porque todas proceden de la restimulación de engramas). El planeta de los simios XLVII (de todo el catálogo de las fobias realizadas por la Psiquiatría, la más ridícula e inútil es sin duda alguna la clasificación por tipo de animal: cinofobia, miedo a los perros; elurofobia, miedo a los gatos; ictiofobia, miedo a los peces, etc.). El planeta de los simios XLVIII (la claustrofobia integra una de las infinitas categorías de aberraciones clasificadas erróneamente por la psiquiatría porque siempre va asociada a otras fobias). El planeta de los simios XLIX (los síntomas que la Psiquiatría atribuye al trastorno que denominan “ataque de pánico”, tales como náuseas, palpitaciones, desmayos, etc., no son más que los artilugios que utiliza la mente reactiva, como mecanismo de supervivencia, para salvar al organismo de una situación de peligro, real o imaginaria). El planeta de los simios L (la misoginia es un trastorno mental de la misma entidad que el ataque de pánico, la claustrofobia o la zoofobia, por citar solamente a tres, porque todos ellos provienen de la mente reactiva). El planeta de los simios LI (la cleptomanía tiene origen en la mente reactiva y en engramas que dictan imperativamente esa conducta y la prueba está en que cuando la persona llega a clear la compulsión a robar cosas desaparece definitivamente).
Asimismo, es muy ilustrativo el tema de la justificación expuesto en “Origen de la estupidez”.
Nota: Incluyo seguidamente un artículo escrito por un militar, el Tte. Coronel David Grossman, que da la pauta de la tremenda ignorancia que existe en los medios científicos en general y en particular –en este caso en los medios castrenses– sobre el verdadero mecanismo mental, ya que cuando se habla de “condicionamiento”, éste en realidad no existe, porque lo que existe es la implantación de engramas en la mente reactiva. Además, confunde el patrón de comportamiento de la mente analítica (que es un aprendizaje consciente) con el “condicionamiento” (en realidad grabación engrámica), que es algo totalmente distinto. El famoso caso de los perros de Pavlov no reaccionaban de la manera que lo hacían porque estaban condicionados, sino porque les habían implantado engramas. Desde ya que este tipo de artículos son peligrosos porque más confunden que aclaran. Como dice el refrán: “No aclares que oscurece”. Cuando uno conoce los descubrimientos de L. Ronald Hubbard, plasmados en “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”, no puede menos de sonreír ante tamaña sarta de tonterías. El Tte. Coronel David Grossman es experto en la psicología de matar. Se jubiló del Ejercito de los Estados Unidos en febrero de 1998. Actualmente enseña Psicología en la Arkansas State University (Universidad Estatal de Arkansas; dirige el grupo de investigación de matalogía en Jonesboro, Arkansas y ha escrito el libro titulado On Killing: ThePsychological Cost of Learning to Kill in War and Society (En Cuanto a Matar: El costo psicológico de aprender a matar en la guerra y sociedad) publicado en inglés por Little, Brown and Co, 1996. CAPACITANDO PARA MATAR Tte. Coronel David Grossman Este artículo es una adaptación de un discurso presentado en Bethel College, North Newton, Kansas, Estados Unidos de América, en abril de 1998 y fue traducido al español con el permiso expreso del autor por Lic. Jonathan Beachy. ¿Por qué están disparando los chicos a sus compañeros de clase?¿Estamos capacitando a nuestros hijos para matar? Yo procedo de Jonesboro, Arkansas. Viajo alrededor del mundo entrenando a personal médico, policial y del ejército estadounidense acerca de las realidades de la guerra. Intento hacer bien consciente a los que portan fuerza mortal acerca de la magnitud del acto de matar. Hay un número importante de personal policial y militar que actúa como los "cowboys", nunca se detienen para pensar quiénes son y para qué están entrenados. Tengo la esperanza de ayudarles a realizar un control de la realidad. Así, pues, yo un viajero mundial, experto en el campo de "matalogía" y la mayor masacre escolar en la historia de los Estados Unidos ocurre en mi propia ciudad de Jonesboro, Arkansas. Me refiero a la muerte por tiros de cuatro niñas y un profesor en el patio de un colegio básico el 24 de marzo. Fueron heridas otras diez personas, y están detenidos, acusados de homicidio, dos muchachos de 11 y 13 años de edad. Mi hijo es alumno de uno de los colegios de la ciudad; por eso mi tía, que vive en Florida, me llamó ese día y me preguntó, "¿Eso ocurrió en el colegio de José?" Y dijimos, "No hemos escuchado nada." ¡La tía supo las noticias antes que nosotros! Prendimos la televisión y descubrimos que los tiros ocurrieron no tan lejos de nosotros, pero no en el colegio de José. Estoy seguro que casi todos los padres en Jonesboro abrazaron a sus hijos esa noche yal meterles en la cama les decían, "¡Gracias a Dios no eras vos!" Pero había también un gran sentimiento de culpa pues algunos padres en Jonesboro no podían decir eso. Pasé los primeros tres días después de la tragedia en el Colegio Westside Middle (donde ocurrió el hecho) trabajando con los consejeros, profesores, estudiantes y con los padres. Jamás había pasado algo así a ninguno de nosotros. Yo formo a personas para reaccionar a los traumas en el ejército, pero ¿cómo se responde a los chicos después de una masacre en su colegio? Yo era el guía principal para los consejeros y los religiosos en la noche después de los tiros. Al día siguiente hicimos participar, en grupos, al equipo docente. Luego los consejeros y religiosos, en conjunto con los profesores, hicimos participar a los estudiantes. De esa manera les permitíamos desahogarse de todo lo que había sucedido. Solamente las personas que han vivido en conjunto un trauma pueden dar al otro la comprensión, la aprobación y el perdón que son necesarios para comprender lo sucedido, para luego iniciar el largo proceso de intentar comprender el por qué del evento. El virus de violencia Para comprender lo que hay detrás de Jonesboro y Springfield y Pearl y Paducah y todos las demás epidemias de este "virus de violencia", hace falta que entendamos primeramente la magnitud del problema. Desde 1957, cuando la FBI (Oficina Federal de Investigación) comenzó a guardar los datos, hasta 1992, se duplicó la tasa de homicidios per capita. No obstante, se ve una imagen mayor del problema en el ritmo de los intentos de asesinato, es decir, la tasa de asaltos con arma mortal. Esa tasa, en los Estado Unidos, ha aumentado de unos 60 por 100.000 en 1957 a más que 440 por 100.000 para la mitad de esta década. Pero a pesar de la gravedad de esta realidad, sería peor si no fuera por dos factores mayores. El primero es el aumento en la tasa de encarcelamientos de delincuentes violentos. Prácticamente se cuadruplicó la población carcelaria entre 1975 y 1995. Según el criminalista John J. DiIulio "docenas de análisis empíricos...no dejan duda alguna que el aumento en el uso de las cárceles ha prevenido millones de crímenes serios. Si no fuera por nuestro índice enorme de encarcelamiento (la tasa más alta de todas las naciones industrializadas), sin duda la tasa de asaltos con arma mortal y de homicidios sería aún mayor. La tecnología médica es el segundo factor que mantiene la tasa de homicidios a un nivel inferior a lo que pudiera ser. Según el Cuerpo de Servicio Medico del Ejercito Estadounidense, la misma herida que hubiera matado a nueve de cada diez soldados en la Segunda Guerra Mundial, habría matado solamente uno de cada diez en Vietnam. Así, pues, con una estimación muy conservadora, si tuviéramos la tecnología médica del nivel de 1940, la tasa de homicidios sería diez veces mayor a la actual. La magnitud del problema se ha mantenido baja por el desarrollo de pericias y técnicas sofisticadas de salvar vidas, tales como rescates por helicópteros, operadores en líneas telefónicas de emergencias, paramédicos, uso de resucitación cardio-pulmonar, centros especializados en atender traumas y medicamentos nuevos. No obstante, aún así, la tasa de crímenes está en un nivel fenomenalmente alto y ésa es la verdad alrededor del mundo. Según el Centro para la Justicia en Canadá, entre 1964 y 1993 los asaltos per capita aumentaron casi cinco veces, los intentos de homicidio aumentaron casi siete veces y los homicidios en sí se duplicaron. Se ven tendencias similares en otros países en la tasa de crímenes violentos per capita denunciados al Interpol entre 1977 y 1993. En Australia y Nueva Zelandia se aumentó la tasa de asaltos aproximadamente cuatro veces y la tasa de homicidios prácticamente se duplicó en ambas naciones. Se triplicó la tasa de asaltos en Suecia, y aproximadamente se duplicó en Bélgica, Dinamarca, Inglaterra-Gales, Francia, Hungría, Holanda y Escocia. El aumento de homicidios en estas naciones era similar, pero el aumento era menos en que en las anteriores. El virus de violencia atraviesa el mundo entero. La explicación debería ser algún factor nuevo que está sucediendo en estos países. Hay muchos factores presentes y ninguno debería ser descartado. Por ejemplo, la proliferación de armas de fuego en nuestra sociedad. Pero la violencia se está aumentando en muchas naciones con leyes muy rigurosas sobre las armas. Y aunque no deberíamos jamás quitar importancia al abuso de niños/as, la pobreza, o el racismo, hay un solo variable nuevo presente en cada una de estas naciones que está produciendo exactamente el mismo fruto: la violencia en los medios de comunicación que se presenta como diversión para los niños. Matar va contra la naturaleza Antes de jubilarme del ejército pasé casi un cuarto de siglo como oficial de la infantería del ejército y como psicólogo; aprendía y estudiaba como capacitar a personas a matar. Créenme, somos muy buenos en eso. Pero no es algo que se genera naturalmente; hay que enseñar a la persona para matar. Y tal como el ejército está condicionando a personas para matar, nosotros sin discriminar estamos haciendo lo mismo con nuestros hijos, pero sin la protección. Después de las matanzas de Jonesboro, el director del American Academy of Pediatrics Task Force onJuvenile Violence (Grupo de Estudio de la Violencia Juvenil de la Academia Americana de Pediatría) llegó a la ciudad y dijo que por naturaleza los menores no matan. Es una destreza aprendida. Y la aprenden del abuso y la violencia en el hogar y de modo persuasivo aún más, de la violencia como diversión en la televisión, las películas y los juegos de video interactivos. El matar requiere una capacitación pues hay una repugnancia interior a matar a nuestro propio género. La mejor manera de ilustrar eso es compartirles mis propios estudios en el ejército sobre el matar. Todo el mundo sabe que no se puede discutir ni dialogar con una persona asustada o enojada. El achicamiento de las vías sanguíneas, la vasoconstricción, ha cerrado literalmente la parte frontal del cerebro--esa masa grande de materia gris que le hace un ser humano y le distingue a usted de un perro. Cuando las neuronas se apagan, la parte central del cerebro se encarga; el proceso de pensar y los reflejos suyos y de un perro ya no son distinguibles. Si alguna vez ha trabajado con animales tendrá cierta comprensión de lo que sucede con seres humanos asustados en un campo de batalla. Las reacciones en el campo de batalla y del crimen violento proceden de la parte media del cerebro. Dentro de la parte media del cerebro Dios formó una resistencia poderosa que va en contra del matar a nuestro propio género. Con pocas excepciones, cada especie tiene la resistencia, grabado en el "disco duro", de matar a su género en las batallas de territorio y de apareamiento. Cuando los animales con astas y cuernos se pelean uno contra el otro, golpean cabezas de una manera inofensiva. Pero al pelear con cualquier otra especie, pasan al costado para destripar y acornear. Las pirañas morderán a cualquier objeto, pero luchan entre sí con unos golpecitos de la cola. Los cascabeles también morderán a cualquier cosa, pero solo luchan uno con el otro. Casi todos los especies tienen "archivado en el disco duro" esa resistencia de matar a su propio género. Al estar abrumados con enojo y miedo, nosotros los seres humanos golpeamos frontalmente con esa resistencia de la parte central del cerebro que generalmente no nos permite matar. Solamente a los sociópatas –quienes por definición no tienen esa resistencia– les falta ese sistema innato de inmunidad a la violencia. Durante toda la historia humana, cuando los humanos se pelean entre sí, hay siempre esta toma de actitud. Los adversarios hacen ruidos fuertes y se inflan con el fin de desalentar al enemigo. Se fugan y se someten. Las batallas antiguas eran nada más que competencias de empujones. La mayoría de las matanzas no ocurrían hasta el instante en que uno de los adversarios se daba vuelta y corría; y, aún así, la mayoría era por apuñaladas en la espalda. Todos los historiadores militares antiguos relatan que la gran mayoría de las matanzas ocurría en la caza cuando el adversario huía. En una época más moderna, la Guerra Civil de los Estados Unidos, la tasa de disparos fue increíblemente baja. Patty Griffith demuestra que el potencial de matar de un regimiento corriente de la Guerra Civil era de quinientos a mil hombres por minuto. El índice actual de matar era solamente de uno a dos hombres por minuto por regimiento (The Battle Tactics of the American Civil War [Las Tácticas de Batalla de la Guerra Civil Estadounidense]). En la Batalla de Gettysburg estaban cargados 90 por ciento de los 27.000 mosquetes recogidos de los muertos y moribundos después de la batalla. Ésta sí es una anomalía, pues ocupó 95 % del tiempo para cargar el mosquete y solamente 5 % para dispararlo. Pero aún más asombroso, de los miles de mosquetes cargados, más de la mitad tenían cargas múltiples en el cañón –había uno que tenía 23 cargas en el cañón. En realidad el hombre corriente cargaba su mosquete y lo alzaba al hombro, pero no era capaz de matar. Él era valiente, se paraba hombro a hombro con otro soldado, él hacía lo que le enseñaban, pero en el momento de la verdad no era capaz de apretar el gatillo. Y por eso, bajaba el arma y volvía a cargarlo. Un porcentaje minúsculo de los que disparaban apuntaban para acertar. La gran mayoría disparaba por encima de la cabeza del enemigo. Durante la Segunda Guerra Mundial, el general de la brigada del ejército de los Estados Unidos, S. L. A. Marshall encargó a un grupo de investigadores el estudio de lo que hacían los soldados en la batalla. Por primera vez en la historia preguntaban a soldados individuales qué hacían en la batalla. Descubrieron que solamente 15 a 20 % de los que portaban fusiles eran capaces de disparar contra un soldado enemigo expuesto. Ésa es la realidad en el campo de batalla. Solamente un porcentaje pequeño de soldados es capaz y dispuesto a participar. Los hombres están dispuestos a morir, están dispuestos a sacrificarse por su patria; pero no están dispuestos a matar. Es una percepción fenomenal de la naturaleza humana; pero al darse cuenta de esa realidad, los militares sistemáticamente se ocupaban en el proceso de intentar solucionar ese "problema". Desde una perspectiva militar, una tasa de disparos de 15 % entre los portadores de fusiles es como una tasa de alfabetización de 15 % entre bibliotecarios. Y lograron solucionar el problema. Ya para la Guerra de Corea, unos 55 % de los soldados estaban dispuestos a disparar para matar. Y en Vietnam la tasa alcanzó más de 90 %. Los métodos de esta locura: la insensibilización La manera que los militares aumentan el índice de matar en combate debe enseñarnos algo, pues es la misma que utiliza nuestra cultura hoy día con nuestros hijos. Los métodos de capacitación que los militares utilizan son la brutalización, condicionamiento clásico, condicionamiento operante y modelos a imitar. Explicaré esos métodos en el contexto militar y mostraré la manera que estos mismos factores están contribuyendo a aumento fenomenal de violencia en nuestra cultura. La brutalización y la insensibilización ocurren al inicio de la instrucción para nuevas reclutas. Desde el momento en que se baja del autobús es objeto de abuso físico y verbal: un sinfín de planchas, horas interminables en posición firme o de correr con cargas pesadas y en todo momento hay profesionales bien entrenados que se turnan para gritarle. Con el fin de que pierda toda individualidad, le rapan la cabeza, y les llevan en manadas desnudas o vestidos todos iguales. La brutalización está diseñada para deshacer todos los valores y normas que tiene; y acepte nuevos valores como la destrucción, la violencia y la muerte para su manera de vivir. Al final uno está insensibilizado a la violencia y la acepta como una destreza normal y esencial para sobrevivir en su brutal mundo nuevo. Con nuestros hijos ocurre algo muy similar a esa insensibilización hacía la violencia; es por medio de la violencia en los medios de comunicación, pero en vez de jóvenes de 18 años se inicia a los 18 meses cuando por primera vez una criatura es capaz de discernir lo que ocurre en la televisión. A esa edad una criatura puede mirar algo que ocurre en la televisión e imitar la acción. Pero recién a los seis o siete años de edad funciona la parte del cerebro que le permite comprender la fuente de la información. A pesar deque los niños pequeños tienen cierta comprensión de lo que significa fingir, su desarrollo mismo no les permite distinguir con claridad entre la fantasía y la realidad. Cuando el niño pequeño ve a personas disparadas, apuñaladas, violadas, brutalizadas o asesinadas escomo si fuera que realmente ocurre a él. Permitir que una criatura de tres, cuatro o cinco años esté mirando una película "salpicadura", que por los primeros 90 minutos esté aprendiendo relacionarse con un personaje y luego por los últimos 30 minutos esté mirando, indefensa, mientras que ese amigo esté cazado y brutalmente asesinado es el equivalente moral y psicológico de presentar a su hijo a un amigo, permitir que juegue con el amigo y luego descuartizar al amigo frente al hijo. Y eso ocurre a nuestros hijos centenares de veces. Tranquilo, les decimos. "Vaya, es para divertirse. Mira, no es verídica, es una película." Y ellos asienten con la cabeza pequeña diciendo "está bien". Pero ellos no pueden distinguir. ¿Se puede recordar un momento en la vida suya o de los hijos cuando los sueños, la realidad y la televisión fueron todos mezclados? Así es en ese nivel del desarrollo psicológico. Eso es lo que los medios de comunicación están haciendo con los menores. The Journal of the American Medical Association (La Revista de la Asociación Médica Americana) publicó un estudio definitivo epidemiológico sobre el impacto de la violencia televisiva. La investigación demostró lo que ocurrió en numerosas naciones después de la llegada de televisión comparado con naciones y regiones sin televisión. Las dos naciones o regiones comparadas son idénticas demográfica y étnicamente; un solo variable es diferente: la presencia de la televisión. En cada nación, región, o ciudad con televisión, hay una explosión inmediata de violencia en el patio de recreo y dentro de 15 años hay una duplicación de la tasa de asesinatos. ¿Por qué 15 años? Es que lleva ese periodo de tiempo para que la brutalización de criaturas de tres a cinco de edad alcance la "edad principal de crimen". Es que lleva ese período de tiempo para cosechar lo sembrado cuando se brutaliza y insensibiliza a un niño de tres años. Hoy día los datos vinculando la violencia en los medios de comunicación a la violencia en la sociedad son superiores a los que vinculan el cáncer y el tabaco. Centenares de estudios científicos válidos demuestran el impacto social de la brutalización por los medios de comunicación. La citada revista concluyó que "la introducción de la televisión en los años 50 causó una duplicación subsecuente en la tasa de homicidios. Es decir, la exposición a la televisión por largos plazos durante la niñez es un factor causal detrás de aproximadamente la mitad de los homicidios cometidos en los Estados Unidos, o sea, aproximadamente10.000 homicidios anualmente". El artículo también dice que "... hipotéticamente si la tecnología televisiva nunca hubiera sido desarrollada, hoy día anualmente habría 10.000 homicidios menos, 70.000 violaciones menos y 700.000 asaltos perjudiciales menos" (10 de junio de 1992). Condicionamiento clásico El condicionamiento clásico es como el famoso caso de los perros de Pavlov que uno estudia en la primera materia de Psicología. Los perros aprendían a asociar el toque de la campana con la comida y al estar condicionados, los perros no podían escuchar la campana sin salivar. Los japoneses eran maestros en el uso de condicionamiento con sus soldados. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial los presos chinos fueron ubicados de rodillas, en una zanja, con las manos atadas por detrás. Y uno por uno, unos pocos soldados japoneses elegidos entraban en la zanja para matar "su" prisionero a puñaladas de bayoneta. Es una manera horrorosa de matar a otro ser humano. Sobre la orilla de la zanja un sinfín de otros soldados jóvenes les animaba a la violencia. Comparativamente pocos soldados actualmente mataban en esas situaciones, pero por medio de la exigencia que los demás los observaren y los animaren, los japoneses eran capaces de utilizar esta clase de atrocidades para condicionar, de manera clásica, a una multitud de espectadores. Les condicionaban a asociar el placer con la muerte y el sufrimiento humano. Inmediatamente después se invitaba a los soldados espectadores a tomar sakí, la mejor comida que habían disfrutado durante meses y a las así llamadas chicas de consuelo. ¿El resultado? Aprendían a asociar el hecho de cometer actos violentos con el placer. Los japoneses descubrieron que esa clase de técnicas tenía una eficacia extraordinaria para facultar rápidamente a cantidades numerosas de soldados a cometer atrocidades durante los siguientes años. El condicionamiento operante (que vamos a considerar enseguida) le enseña a matar, pero el condicionamiento clásico es un mecanismo sutil, aún poderoso, que le enseña a disfrutarlo. Esta técnica es tan censurable moralmente que hay muy pocos ejemplos de su uso en la capacitación moderna militar en los Estados Unidos, pero hay ejemplos bien definidos de la manera en que los medios de comunicación lo hacen con nuestros hijos. Lo que está pasando con nuestros hijos es lo contrario de la terapia de aversión que se presentó en la película "A Clockwork Orange." En esa película se le ata con correas a una silla a un brutal sociópata, asesino masivo y le obligan a mirar películas violentas mientras que le inyectan una droga que le da náuseas. Así que él está sentado con náuseas, con arcadas y vomitando mientras que está mirando las películas. Después de centenares de repeticiones él asocia la violencia con las náuseas y limita su habilidad de ser violento. Nosotros estamos haciendo precisamente lo contrario. Nuestros hijos miran imágenes gráficas del sufrimiento y de la muerte humana y ellos aprenden a asociarlas con su gaseosa favorita o algún caramelo o el perfume de la novia. Después de las matanzas en Jonesboro una de las profesoras del colegio me contó como respondieron los alumnos cuando ella les informó de lo ocurrido en el otro colegio. "Ellos se rieron," me dijo ella consternada. Una reacción similar ocurre todo el tiempo en los cines cuando hay violencia sangrienta. Los jóvenes se ríen y aplauden y siguen comiendo sus palomitas y tomando sus gaseosas. Hemos criado a una generación de bárbaros que han aprendido a asociar la violencia con el placer, tal como los romanos aplaudían y merendaban mientras mataban a los cristianos en el Coliseo. El resultado en un fenómeno que funciona de una manera similar al SIDA; yo lo llamo SIDVA --Síndrome de Inmuno-Deficiencia de Violencia Adquirida. El SIDA nunca ha matado a nadie. Destruye el sistema inmunológico y luego resultan fatales otras enfermedades que no le deberían matar. La violencia televisiva por sí sola no le mata. Destruye el sistema inmunológico a la violencia y le condiciona a derivar placer de la violencia. Y una vez que está en las cercanías de otro ser humano y es el momento de apretar el gatillo, el Síndrome de Inmuno-Deficiencia de Violencia Adquirida puede destruir su resistencia proveniente de la parte media del cerebro. Condicionamiento operante El tercer método que los militares utilizan es el condicionamiento operante; es un procedimiento muy poderoso de estímulo-respuesta, estímulo-respuesta. Un ejemplo benigno es el uso de simuladores de vuelo para pilotos. Un piloto en formación se siente frente a un simulador de vuelo durante un sinfín de horas; al encenderse cierta luz de advertencia, se le enseña a responder de una manera específica. Al prenderse otra luz de advertencia, se requiere de él otra respuesta. Estímulo-respuesta, estímulo-respuesta. Un día el piloto realmente está volando un avión jumbo; el avión está estrellándose y están gritando unas 300 personas detrás de él. Él está mojándose, está perdiendo la cabeza de susto, pero hace lo correcto. ¿Por qué? Porque ha sido condicionado para responder en forma refleja a esta crisis particular. Cuando una persona está asustada o enojada responderá como ha sido condicionado a responder. Los menores escolares ensayan a formar fila y salir del colegio en el caso que haya un incendio. Un día ocurre tal hecho y a pesar de estar asustados fuera de sí, hacen precisamente lo que su condicionamiento les ha enseñado y se salvan la vida. Los militares y las fuerzas de orden público han convertido el matar en una respuesta condicionada. Por ese medio han aumentado sustancialmente la tasa de disparos en el campo moderno de batalla. El entrenamiento para soldados de la infantería de la Segunda Guerra Mundial utilizó blancos en forma de círculos concéntricos; hoy los soldados aprenden a disparar contra siluetas en forma de hombres que saltan a su campo de visión. Ese es un estímulo. Los aprendices tienen unos centésimos de un segundo para abordar el blanco. La respuesta condicionada es disparar al blanco, y luego ese cae. Estímulo-respuesta, estímulo-respuesta, estímulo-respuesta –los soldados o la policía hacen la repetición centenares de veces. Más tarde, cuando el soldado está en el campo de batalla, o el oficial de policía está haciendo su recorrida y alguno le saca un arma, él disparará en forma refleja y disparará para matar. Sabemos que 75 a 80 por ciento de los disparos en el campo moderno de batalla resultan de esta clase de capacitación estímulo-respuesta. Ahora pues, si uno se siente un poco molesto por esto, ¿cuánto más nos debería preocupar el hecho deque cada vez que un niño se divierte con un juego de video interactivo de apuntar y disparar, él está aprendiendo precisamente el mismo reflejo condicionado y las mismas destrezas motriz? Yo era testigo experto en un caso de homicidio en Carolina del Sur pidiendo moderación para un chico que enfrentaba una sentencia de pena capital. Intentaba explicar al jurado el hecho de que los juegos de video interactivo habían condicionado al chico a disparar un arma para matar. Él había gastado centenares de dólares en juegos de video aprendiendo a apuntar y disparar, apuntar y disparar. Un día él y su compañero decidieron que sería divertido robar una pequeña tienda. Entraron, y él apuntó una pistola38 chata a la cabeza del cajero. El cajero giró para mirarle y el acusado en forma refleja le disparó de unos dos metros. La bala tomó al cajero entre los ojos -- un disparo bastante notable con ese arma a esa distancia -- y le mató a ese padre de dos niños. Después consultamos con el acusado acerca de lo que pasó y por qué lo había hecho. Obviamente no era parte del plan matar al cajero (había seis cámaras de video presentes). Él dijo, "No sé. Fue un error. No tenía que suceder". En el mundo de la milicia y del orden público a menudo la opción correcta es no disparar. Pero el chico nunca, nunca, nunca pone monedas o fichas en la máquina de video con la intención de no disparar. Siempre hay algún estímulo que le pone en marcha. Y cuando él se emocionó, y sus latidos cardíacos aumentaron, y la vasoconstricción apagó la parte frontal del cerebro, ese chico respondió precisamente alo que había sido su condicionamiento: en forma refleja apretó el gatillo, disparando con precisión tal como había hecho todas las veces que jugaba los juegos de video. Este proceso es extraordinariamente poderoso y espantoso. El resultado es que cada vez habrá más seudopsicópatas caseros que matan en forma refleja sin mostrar ningún remordimiento. Nuestros hijos están aprendiendo a matar y aprendiendo a disfrutarlo; y luego nosotros nos atrevemos a decir, "¡Ay! ¡Dios mío! ¿Qué pasa?". Uno de los chicos (y eran chicos) que supuestamente participó en los disparos en Jonesboro tenía bastante experiencia en disparar armas verídicas. El otro no practicaba disparos, y a nuestro entender casi no tenía experiencia anterior en disparar. Entre los dos, esos chicos dispararon 27 tiros a una distancia mayor a 30 metros y alcanzaron a 15 personas. Eso sí es un disparo extraordinario. A menudo encontramos situaciones como ésta –chicos que jamás en la vida alzaron un arma de fuego real pero que tienen una precisión de disparo increíble. ¿Por qué? Los juegos de video. Modelando papeles a imitar En el ejército uno se confronta de inmediato con un modelo a imitar: el sargento de instrucciones. Él es una personificación de la violencia y agresión. En conjunto con los héroes militares esos violentos modelos a imitar siempre han sido utilizados para influir las mentes jóvenes e impresionables. Hoy día los medios de comunicación proveen modelos a imitar para nuestros hijos, y se puede ver eso no solamente en los sociópatas rebeldes de las películas y los programas de televisión, sino también en los aspectos imitadores de los asesinatos de Jonesboro que son inspirados por los medios de comunicación. Es ese aspecto de los crímenes juveniles que las redes de televisión prefieren no comentar. Investigaciones en los años 70 demostraron la existencia de "suicidios agrupados" en los cuales los informes de suicidios de adolescentes por televisión fueron la causa directa de numerosos suicidios imitadores de adolescentes impresionables. En alguna parte de cada población hay chicos que tienen el potencial de suicidarse y que dirán a sí mismo, "¿Y qué? Yo voy a enseñar a esa gente que me maltrataba. Ya sé cómo salir en la tele también". Debido a esas investigaciones hoy día los canales de televisión generalmente no informan sobre suicidios. Pero los efectos de la apariencia de jóvenes asesinos en la pantalla de la televisión es la misma: En alguna parte hay un chico con el potencial de violencia que dirá a sí mismo: "¿Y qué? Yo voy a enseñar a esa gente que me maltrataba. Ya sé cómo salir en la tele también". Así es que hay asesinatos agrupados imitadores que se extienden por los Estados Unidos como un virus diseminado por el noticiero nocturno. No importa lo que haya hecho una persona, al salir su imagen en la TV se le convierte en una persona famosa y alguien en algún lugar le emulará. La historia de los disparos de Jonesboro se inició en Pearl, Mississippi unos seis meses antes. En Pearl un joven de 16 años fue acusado de matar a su madre y luego irse a su colegio para disparar contra nueve estudiantes. Murieron dos de ellos, una su ex novia. Dos meses más tarde el virus llegó a Paducah, Kentucky; allí un joven de 14 años fue arrestado por matar a tres estudiantes y herir a otros cinco. Un paso muy importante en la diseminación de este virus de crimen imitado ocurrió en Stamps, Arkansas. Ocurrió 15 días después de Pearl y unos 90 días antes de Jonesboro. En Stamps un chico de 14 años, quien estaba enojado con sus compañeros, se escondió en el bosque y disparaba contra los niños que salían del colegio. ¿Suena conocido? En ese caso fueron heridos solamente dos niños, por eso el mundo no llegó a escucharlo. Pero a nivel local, la cobertura televisiva era excelente y es probable que dos chicos en Jonesboro, Arkansas la vieron. Y luego llegó a Springfield, Oregon y a muchos otros lugares. ¿Es eso el precio que queremos pagar para el "derecho" de las redes de televisión de convertir a jóvenes acusados en personas famosas y modelos a imitar por medio de la exaltación de sus fotos en la televisión. Nuestra sociedad necesita informarse acerca de estos crímenes, pero cuando se transmiten las imágenes de jóvenes asesinos en la televisión se los convierte en modelos a imitar. Los niños corrientes de edad preescolar pasan 27 horas semanales mirando la televisión. Este grupo de niños tiene más comunicación directa con la televisión que con los padres y profesores en conjunto. El logro máximo para nuestros hijos es salir en la televisión. La solución es fácil, y sale directamente de la literatura de suicidiología: los medios tienen todo el derecho y la responsabilidad de contar la historia, pero no tienen ningún derecho de glorificar a los asesinos presentando sus imágenes en la TV. Control de la realidad El 60 % de los hombres en la TV participan en violencia: 11 por ciento son asesinos. Contrarias a las tasas corrientes, en los medios de comunicación la mayoría de las víctimas de homicidio son mujeres. (Gerbner 1994). En un pueblo en Canadá en el cual la TV llegó por primera vez en 1973, después de la exposición se documentó un aumento de 160 por ciento en la agresión, los golpes, empujones y las mordeduras entre los estudiantes del primer y segundo grado. En dos comunidades similares sin TV no hubo cambio en la conducta de los estudiantes (Centerwall 1992). Quince años después de la apariencia de la TV en los Estados Unidos se duplicaron los homicidios, las violaciones y los asaltos. (Asociación Médica Americana). Veinte por ciento de los estudiantes de colegios suburbanos aprueban que se dispare contra "alguien que le haya robado algo" (Toch y Silver 1993). En los Estados Unidos aproximadamente dos millones de adolescentes portan cuchillos, armas de fuego, cachiporras o navajas. Unos 135.000 los llevan al colegio (America by the Numbers). Anualmente los estadounidenses gastan más de US$ 100 millones en armas de fuego juguetes. (WhatCounts: The Complete Harper's Index © 1991). Desaprendiendo la violencia ¿Cómo se vuelve a casa desde ese lugar tenebroso y solitario al cual hemos viajado? Un camino viola las libertades civiles. Durante los últimos años la ciudad de Nueva York ha logrado un progreso notable en bajar la tasa de crímenes, pero es posible que lo haya realizado al costo de ciertas libertades civiles. Las personas que son temerosas dicen que están dispuestas a pagar ese precio. Otro camino sería simplemente apagarla; si no le agrada lo que está en la televisión, utilice el interruptor. No obstante, si los padres de las 15 víctimas de disparos en Jonesboro hubieran protegido a sus hijos de la violencia televisiva, hubiera sido totalmente en vano, pues había dos chiquilines cuyos padres no simplemente la apagaban. La noche de los disparos en Jonesboro los religiosos y consejeros estaban trabajando en pequeños grupos en la sala de espera del hospital, dando consuelo a los parientes y amigos de las víctimas. Luego se dieron cuenta de que allí había una señora callada, sentada, solitaria. Un consejero se acercó a la señora y descubrió que ella era la madre de una de las niñas que había sido asesinada. Ella no tenía amigas, ni marido, ni familia con ella. Se sentaba allí sola en el hospital; la pérdida la dejó sin sentido. "Yo vine acá para saber cómo recuperar el cuerpo de mi nena," dijo ella. |