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El planeta de los simios LX

El exhibicionismo

Grupo Elron

 

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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.

 

 


Si una afirmación hiere tu sentido común, 
entonces no es verdad. La única verdad para 
ti es la que tú consideras como verdad. 

 


¿Qué es esa tontería del exhibicionismo?

Yo no soy ningún exhibicionista, pero mi mejor chiste es éste: En el baile de altos oficiales del ejército, un joven capitán le dice a la esposa del general:

– ¿Me permite sacarla, señora?

– Sí, pero antes bailemos un rato...

A ver si lo entienden de una vez, no soy ningún

exhibicionista, exijo un taparrabos más grande…

Muchas veces los exhibicionistas no

miden las consecuencias de sus actos…

En ocasiones el exhibicionista utiliza un

truco para ocultar que no está bien dotado…

El exhibicionista goza con el susto que provoca a su

víctima, pero a veces el tiro le sale por la culata…

Solamente quienes están muy aberrados

pueden ver obscenidad en los cuerpos desnudos.

"El naturismo es una forma de vida en armonía con la naturaleza, caracterizado por la practica del desnudo en común, con la intención de favorecer el respeto por uno mismo, por los demás y por el medio ambiente". Federación Naturista Internacional.


L. RONALD HUBBARD

El exhibicionismo no tiene nada que ver con el nudismo, porque mientras el primero tiene origen en la mente reactiva y en la restimulación de engramas que dictan esa conducta aberrante, el nudista no busca provocar a otros con su conducta, sino por el contrario pasar desapercibido. Si hay provocación, hay aberración.

JORGE RAÚL OLGUÍN 

 

La compulsión a exhibir los genitales para provocar reacciones inesperadas en sus víctimas, tanto puede provenir de engramas que dictan esta conducta o por roles del ego, en cuyo caso la técnica para superarla esPsicointegración”.

 

 

 

Rogamos encarecidamente a quien lea este artículo sobre el exhibicionismo, que tenga en cuenta que solamente lo hemos transcripto como demostración clara de las vaguedades y disparates a las que puede llegar la Psiquiatría cuando habla de lo que no sabe, y no para que se lo tome en serio

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O P I N I Ó N


25 de septiembre del 2003

Patología del exhibicionismo

Frei Betto
IPS

Hay adultos que no superan nunca la fase de exhibicionismo propia de la infancia y quieren hacer siempre de la mirada ajena un espejo de su autoimagen.

Todos saben que el colmo del exhibicionismo es un caso de policía: mostrar, de modo agresivo, los órganos genitales en público. Es como una forma de decir: "Yo existo y poseo el objeto permanente del deseo ajeno". La sicología experimental considera, según los estudios de Dollard, Miller y Sears, que toda forma de agresión presupone una frustración. Según eso, la tendencia al exhibicionismo es un síntoma de inmadurez.

El exhibicionista no se soporta, se cree inferiorizado y por lo tanto necesita transformar la mirada ajena en lente de aumento capaz de ampliar su propia imagen. Él sólo se ve en la mirada del otro, pues ante sus propios ojos se siente emocionalmente castrado. De ahí su miedo a la soledad, no sólo a la soledad física, sino sobre todo a la soledad simbólica, de quien se siente como una llama apagada. El exhibicionista necesita sentirse siempre encendido, con su luz proyectada sobre los ojos ajenos.

En la formación de la personalidad, la fase del exhibicionismo señala el corte del cordón umbilical; es cuando el niño toma conciencia de la alteridad de las relaciones humanas. Quiere verse como ser independiente, dotado de voluntad propia y, al mismo tiempo, centralizando sus atenciones. Al darse cuenta de que no todas las miradas imitan a la de su madre, que se centra en él, el niño exige, por medio del exhibicionismo, que su presencia sea notada. Como alerta Piaget, el niño se vuelve objeto de su propia atención y reacciona como si no soportase la idea de que el mundo mira en otras direcciones. Se podría decir que se trata de un momento de cambio copernicano en la formación de la personalidad, en el que la autoimagen ptolemaica -la de quien se considera el centro del universo- se rompe ante el sorprendente descubrimiento de que hay incontables centros mirando en diferentes direcciones. Aunque no todos logran ingresar a la fase galileana; algunos se hacen adultos sin poder superar el universo emocional ptolemaico.

En el niño se manifiesta el exhibicionismo por la desobediencia, necedad, travesuras, gusto en desafiar normas y costumbres, exposición al peligro físico. En su grito de independencia y vida, él suplica, inconscientemente, atenciones que compensen la pérdida inconsolable del cuidado materno, que hasta hace poco era permanente y protector. Trata de arrancar aplausos o indignación a quienes se le acercan, transformando el medio social -esa piscina en la que fue tirado contra su voluntad- en su escenario. En la escuela desafía a los profesores y hace lo indecible por conquistar la admiración de sus compañeros. En la calle se mete en líos y peleas y enfrenta desafíos -roba frutas en el predio del vecino, besa por la fuerza a su amiga, fuma, adopta modas extravagantes- como reivindicando para sí el estatus de héroe que hasta entonces fue monopolizado por las figuras materna y paterna.

Extensiones y frustraciones

En la edad adulta el exhibicionismo se caracteriza por la búsqueda incansable de bienes compensatorios a la castración emocional. La mansión, las joyas, el auto de lujo, las funciones profesionales o políticas... todos ellos son adornos para tratar de encubrir una personalidad enana que no consiguió afirmarse ante sí misma y que por tanto siempre se mide por la opinión ajena. En la esfera afectiva el exhibicionista da más valor a los atributos físicos que al compromiso objetivo y a la intensidad del encuentro subjetivo con el otro. Su contraparte es alguien que le mire, tratando de suscitar envidia ajena, como el niño que va a la escuela con reloj nuevo, no para saber la hora sino para que todos queden admirados de su objeto de ostentación.

En el ejercicio de un cargo de dirección, el exhibicionista siente una necesidad compulsiva de comprobar siempre su poder, destacándose por la arbitrariedad y transformando a sus subalternos en meros instrumentos de su soberbia. Se complace en exhibirse incluso cuando hace algún gesto magnánimo.

El exhibicionista no se confunde con el vanidoso, aquel que se reviste de cualidades imaginarias y se juzga íntimamente como el centro de las atenciones. Ni con el orgulloso, que se considera intelectual o socialmente superior, aún cuando asume la postura de parecer un buen oyente. El exhibicionista es, por desvío de carácter, un extrovertido, en el sentido etimológico y etiológico del término (inversión extroyectada). Él exporta hacia los otros su propia imagen, como si todos se sintieran más honrados al revestirse de ella.

Carente de sí mismo, siempre quiere sorprender, ocupar todos los espacios, contemplarse a sí mismo en el altar erigido por sus gestos espectaculares. No quiere ser sólo contemplado y adorado por los otros. Insiste en ser simultáneamente objeto venerado por la mirada ajena y por la suya propia. En ese sentido, en el centro de sus sueños no están los ideales que profesa o el amor que jura, sino su figura misma. Todas sus motivaciones "altruistas" comienzan y terminan en su ego.

Teniéndose como autorreferente, el exhibicionista es un eterno insatisfecho consigo mismo y, por tanto, un perfeccionista. Como si le faltase un miembro esencial de su cuerpo y fuera necesario recurrir a continuas artimañas para encubrir y compensar el defecto. Por eso, está siempre tratando de completarse, en el sentido mcluhiano del término, o sea, dotándose de aparatos - veloces, potentes, avanzados- que ensanchen la extensión de su cuerpo. De tal modo el exhibicionista se complace en suscitar la envidia de todos cuantos se le acercan y no soporta convivir con quien se muestra más capaz que él. Ni admite la indiferencia. En su universo hay lugar para un único sol, rodeado de satélites sin luz propia.

El ostracismo es la muerte del exhibicionista. Todo, menos el anonimato. Su infierno es la clausura, la carencia de bienes ostentosos, la reducción de estatus o la pérdida de poder. No actúa movido por principios. Su palabra vale hasta caer el pedestal que lo sustenta. Entre la autoimagen y la palabra, él salva la primera, pues su relación con el mundo es preponderantemente estética y no ética, como un actor que sólo cree en la fuerza del personaje si la escenografía causa impacto.

El exhibicionista nunca demuestra señales de debilidad, condescendencia o tolerancia. Revestido de supuesta omnipotencia, se desculpabiliza de toda acción inescrupulosa, como si le incumbiese la misión histórica de innovar los patrones morales. Por lo mismo, no se avergüenza de sus errores ni se duele del sufrimiento ajeno, pues está convencido de que los demás no merecen la suerte de poseer, como él, la estrella de la exhuberancia ilimitada.

En la vida diaria el exhibicionista no dialoga, se impone. Cuando escucha es con la mente centrada en sí mismo y no en los argumentos del interlocutor. Cuando habla, cree más en la fuerza simbólica del sonido de su voz que en la lógica de su argumentación.

Lo que más teme el exhibicionista es enfrentar las situaciones- límite de la vida. Para él el dolor, el fracaso, la necesidad y la muerte son insoportables y, con miedo al sufrimiento derivado de la decisión de asumirlas, se escabulle, como si el lado trágico de la vida no le mereciera respeto. Huye sicológicamente cuando surge en su camino alguna forma de limitación o de necesidad. Es lo que el sicoanálisis freudiano califica como negación. Imita al avestruz, ocultando la cabeza en su propio ego, como si la vida fuera siempre fiesta, y nunca féretro. Pero como en la vida la culpa que se contrae por omisión es incomparablemente mayor que la cometida por trasgresión, el exhibicionista lucha con sus eventuales sentimientos de culpa accionando el mecanismo de proyección de su autoimagen.

Ante la miseria ostenta riqueza; frente a la corrupción se constituye en paradigma moral; entre tantos hambrientos malgasta salud; en una situación de debilidad arremete como fiera. Se ofrece como referencia catártica a todos los que viven en necesidad. En él todo es completo y los necesitados lo miran como el niño al Superhombre que encarna sus fantasías omnipotentes.

Karen Horney mostró que tales proyecciones alucinatorias, en las que se pierden los límites entre sueño y realidad, son típicas de situaciones sociales conflictivas en las que el individuo sólo reencuentra su equilibrio síquico alienándose. Por eso, el sistema capitalista manipula esa alineación colocando a las personas en condiciones de perpetua frustración -riquezas inaccesibles, etc.- y, al mismo tiempo, ofreciéndoles satisfacciones ficticias, como en la publicidad y en las telenovelas.

El exhibicionista es, por carácter, detallista. Desde la hebra de pelo fuera de lugar hasta el cuadro torcido en la pared, todo le irrita cuando no corresponde a su gusto, pues él quiere verse en el orden circundante. El mundo es extensión de su figura. Y el caos es su infierno, porque estropea el escenario cuyo centro ocupa él.

En suma, el exhibicionista no se admite como uno entre los demás. Todos, quiéranlo o no, están obligados a contemplar su venerable figura -fuente de vida y de placer... de él-, corriente aprisionadora para quienes se dejan subyugar, espada mortal para quienes se atreven a mirar en otras direcciones.

 

 

 

 

 

EXHIBICIONISMO Y ABERRACIÓN

 

por Horacio Velmont

 

(según las enseñanzas de L. Ronald Hubbard)

 

La Psiquiatría caracteriza al exhibicionismo como un trastorno consistente en necesidades sexuales y fantasías sexualmente excitantes, intensas y recurrentes, ligadas a la exposición de los propios genitales a una persona extraña, sin que se pretenda luego tener relaciones sexuales con el desconocido, aunque muchas veces el exhibicionista se masturba al tiempo que se muestra (o cuando se imagina que se expone). Este trastorno se presenta por sus características solamente en hombres y las víctimas son mujeres y niños. Las consecuencias médico legales de esta conducta son frecuentes y no son pocos los arrestos por tal causa.

La Psiquiatría no tiene ni siquiera la menor idea del origen del exhibicionismo, y entonces divaga, no sólo definiendo sus síntomas, sino también cuando explica lo que supone puede estar originándola.

No es necesario perder tiempo analizando tales divagaciones, pues basta decir que se trata de un trastorno psicogénico originado en engramas que impulsan a la persona a esta conducta, y que desaparece definitivamente cuando, mediante la terapia Dianética, se localiza el incidente en el cual le fue implantado y se lo elimina de la mente reactiva.

Veamos como puede provocarse en una persona esta compulsión a exhibir los genitales.

Supongamos que alguien tiene un accidente en el cual queda desmayado, en cuyo caso la mente reactiva comienza a grabar todo lo que ocurre en el entorno, y que los paramédicos que acuden en auxilio de la víctima, ignorando que todo lo que digan se grabará en sus células como órdenes hipnóticas de alto poder, entablan el siguiente diálogo mientras lo auxilian:

 

– Ayer vi en el noticioso del mediodía que atraparon a un exhibicionista que en un colegio de niñas se sacó los genitales y se masturbó frente a ellas.

– ¿Por qué alguien hará algo así?

– La exhibición de los genitales produce en ciertas personas un goce tremendo, especialmente al ver el susto de sus víctimas.

– No sabía eso, ¡ya mismo voy a un colegio de niñas y me saco los genitales afuera y me masturbo!

– Si quieres hazlo, pero en el caso que te cuento estaba el padre de una de las niñas que era policía y le dio una paliza.

– Si el goce es tan grande como dices, el riesgo valdrá la pena.

– ¡Ah, tú siempre el mismo chistoso!

 

Diálogos anodinos como éstos pueden provocar en forma impredecible compulsiones exhibicionistas en una persona desmayada, porque no es necesario que las órdenes engrámicas sean claras para que la irracional mente reactiva provoque aberraciones de la conducta.

Además, cuando un engrama se restimula también se restimula toda la cadena de incidentes similares, con lo que el peligro de la dramatización aumenta.

Si este incidente más tarde se activa, esa persona puede tener unos tremendos impulsos de cumplir tales órdenes hipnóticas, sin saber que le fueron implantados en esa oportunidad por los paramédicos que la atendieron.

Quizás vaya al psiquiatra, pero como éste no sabe nada de mente reactiva ni de engramas ni de restimulación, quizás le recete algún fármaco para inhibirle esos deseos sexuales anómalos, con lo que, por un lado, lo transformará en adicto a las drogas y, por el otro, le arruinará su sexualidad y también la vida.

Pero también es posible que aparezca en su camino Dianética, en cuyo caso estará salvado porque el auditor lo ayudará a limpiar su mente reactiva, y cuando lo haga esa compulsión desaparecerá, así como otras que pueda tener por ahí, con la consecuencia de que podrá vivir una vida feliz y también una sexualidad plena.

Y ésta es toda la sencilla historia del exhibicionismo.

 

 

 

Bibliografía:

 

El planeta de los simios XIV (una de las mejores demostraciones de los extremos aberrantes a los que puede llegar el hombre cuando se le restimulan sus engramas es el uso de la tortura para arrancar confesiones).

El planeta de los simios XIX (las conversaciones en torno a una persona inconsciente deberían considerarse como atentado a la cordura, especialmente  si está anestesiada, porque se graban en sus células como órdenes hipnóticas de alto poder).

El planeta de los simios XXVIII (se devela que el “piercing”, que es la costumbre de perforar determinadas partes del cuerpo para decorarlas con algún tipo de joya, tiene origen en engramas que ordenan compulsivamente esa actitud irracional).

El planeta de los simios XXIX (se devela que el tatuaje, lo mismo que el “piercing”, tiene origen en engramas, y que el aducido motivo de embellecimiento no es más la justificación analítica de la aberración).

El planeta de los simios XXX (se devela que el físicoculturismo, lo mismo que el tatuaje o el “piercing”, tiene origen en engramas y que todos los intentos de justificarlo son falsos).

El planeta de los simios XXXI (sin duda alguna la mutilación genital femenina constituye una de las más incalificables aberraciones de nuestro planeta, pero lo peor es que se escuda en supuestas tradiciones religiosas, lo que hace más difícil su erradicación).

El planeta de los simios XXXII (la Psiquiatría está tan lejos de saber el origen de la automutilación como un microbio de llegar a comprender la teoría de la relatividad).

 

El planeta de los simios XXXIV (el celibato sacerdotal, lejos de deberse a motivos espirituales, de la misma forma que cualquier perversión sexual tiene origen en la mente reactiva).

 

El planeta de los simios XXXV (la dislexia, de la misma forma que el autismo, el daltonismo y otros trastornos mentales, tiene origen en la mente reactiva y la única curación posible es a través de Dianética).

El planeta de los simios XXXVI (el machismo, entendido en general como el desprecio de la mujer, además de tener origen en la mente reactiva, parte de una base falsa, porque “hombre” y “mujer” son simplemente roles del espíritu que desaparecen al desencarnar). 

 

El planeta de los simios XXXVII (el antisemitismo es solamente un eufemismo para denominar a lo que no es más que un trastorno mental, más precisamente una enfermedad psicogénica originada en engramas).

El planeta de los simios XXXVIII (la violencia escolar no desaparecerá mientras padres y maestros desconozcan la existencia de la mente reactiva, los engramas y la tecnología desarrollada por L. Ronald Hubbard para llevar a los niños hacia la cordura).

El planeta de los simios XXXIX (tanto los que discriminan como los que luchan en contra de la discriminación están aberrados porque toda su conducta proviene de la mente reactiva).

El planeta de los simios XL (los psiquiatras han inundado la Red con explicaciones disparatadas sobre el origen de la homofobia, y ni siquiera se han acercado a su verdadero origen, la mente reactiva, ni menos aún a su solución).

 El planeta de los simios XLI (es un error enfocar la lucha solamente contra una de los trastornos mentales del hombre, como lo es el tabaquismo, ya que al liberar a la mente reactiva de engramas se solucionan definitivamente todas las aberraciones).

El planeta de los simios XLII (sin duda alguna uno de los grandes males de la humanidad es el alcoholismo, pero esta adicción desaparece cuando se elimina el engrama que impulsa a beber).

El planeta de los simios XLIII (uno de los miedos más populares es el de viajar en avión o aerofobia, y como todas las fobias su origen es la mente reactiva y la dramatización de engramas del tipo “nunca vueles o morirás”).

El planeta de los simios XLIV (la aracnofobia, de la misma forma que la aerofobia, constituye una de las fobias más populares, pero sin perjuicio de que el miedo a las arañas sea inherente al hombre, también  puede ser provocada por engramas, en cuyo caso es sumamente aberrativo).

El planeta de los simios XLV (las fobias en general, de la misma forma que todas las aberraciones, tienen su origen en la mente reactiva y desaparecen cuando la persona llega al estado de clear, es decir, cuando mediante la terapia dianética se la libera de de engramas).

El planeta de los simios XLVI (la Psiquiatría para mantener su vigencia inventa nuevas fobias, como la llamada “fobia social”, pero en definitiva es “el mismo perro con distinto collar”, porque todas proceden de la restimulación de engramas).

El planeta de los simios XLVII (de todo el catálogo de las fobias realizadas por la Psiquiatría, la más ridícula e inútil es sin duda alguna la clasificación por tipo de animal: cinofobia, miedo a los perros; elurofobia, miedo a los gatos; ictiofobia, miedo a los peces, etc.).

El planeta de los simios XLVIII (la claustrofobia integra una de las infinitas categorías de aberraciones clasificadas erróneamente por la psiquiatría porque siempre va asociada a otras fobias).

El planeta de los simios XLIX (los síntomas que la Psiquiatría atribuye al trastorno que denominan “ataque de pánico”, tales como náuseas, palpitaciones, desmayos, etc., no son más que los artilugios que utiliza la mente reactiva, como mecanismo de supervivencia, para salvar al organismo de una situación de peligro, real o imaginaria).

El planeta de los simios L (la misoginia es un trastorno mental de la misma entidad que el ataque de pánico, la claustrofobia o la zoofobia, por citar solamente a tres, porque todos ellos provienen de la mente reactiva).

El planeta de los simios LI (la cleptomanía tiene origen en la mente reactiva y en engramas que dictan imperativamente esa conducta y la prueba está en que cuando la persona llega a clear la compulsión a robar cosas desaparece definitivamente).

El planeta de los simios LII (la terapia de aversión es uno de los más aberrantes “tratamientos” de la Psiquiatría, sólo superado en disparate por la lobotomía y el electroshock).

El planeta de los simios LIII (la masturbación es un placer inocente que los lobos rapaces de la Iglesia pretenden erigir en pecado para hacer sentir culpables a sus fieles y así manipularlos mejor).

 

El planeta de los simios LIV (la Psiquiatría, al ignorar la existencia de la mente reactiva y los engramas, brinda explicaciones banales sobre los motivos por los cuales no se debe infligir castigos corporales a los niños).

El planeta de los simios LV (la ludopatía o adicción al juego, que tanta perplejidad causa en los psiquiatras, es uno de las tantos trastornos que se curan con Dianética).

El planeta de los simios LVI (el sexo no está exento de cierta dosis de sadismo y de masoquismo, y su práctica, salvo casos extremos, claro está, no es censurable cuando las partes libremente lo acuerdan).

El planeta de los simios LVII (la ninfomanía o la compulsión que tienen algunas mujeres de tener sexo reiteradamente se debe e engramas que dictan esta conducta y desaparece cuando se los elimina de la mente reactiva).

El planeta de los simios LVIII (el síndrome del Casanova o del Don Juan tiene el mismo origen que la ninfomanía y el mismo método de curación, la limpieza de la mente reactiva de su carga engrámica).

El planeta de los simios LIX (sin duda alguna, la necrofilia o compulsión a tener sexo con cadáveres es una de las más aberrantes perversiones que puede provocar la mente reactiva).

 

 

Asimismo, es muy ilustrativo el tema de la justificación expuesto en “Origen de la estupidez”.

* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html


Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación