| Índice | El planeta de los simios LXIII El fetichismo |
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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.
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Si una afirmación hiere tu sentido común, entonces no es verdad. La única verdad para ti es la que tú consideras como verdad. |
¿Qué es esa tontería del fetichismo?
No soy un fetichista, pero eso sí, cuando veo un látigo y una botas de cuero me vuelvo como loco…
Te voy a confiar un pequeño secreto, para hacerlo necesito disfrazarme de payaso…
Estoy sorprendido, ¿cómo supo que justamente estaba buscando un disfraz de payaso?
¡Tra, la, la, qué contento que estoy!
Querido, para excitarme necesito que te cuelgues de la araña y grites como Tarzán…
A veces es muy difícil saber si se trata de un caso de fetichismo o de travestismo…
Según la Psiquiatría, el fetichismo es una perversión sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de la excitación y el deseo.
El fetichismo no es una perversión sexual, como pomposamente sostienen los psiquiatras, porque las perversiones sexuales no existen. Lo que existen son engramas que impulsan a determinadas conductas, y la prueba está en que cuando se eliminan de la mente reactiva la persona actúa conforme a su patrón óptimo, es decir, sin aberraciones, no importando cómo hayan sido catalogadas. JORGE RAÚL OLGUÍN
Cada persona disfruta el sexo de forma distinta a cualquier otro, y con el propósito de lograr el mayor placer posible puede tener las fantasías que desee y llevarlas a la práctica como le plazca, con el único límite de no dañarse a sí mismo o a otros. En el caso de existir engramas o roles del ego que dicten conductas incalificables –concepto muy elástico, por cierto– la solución es Dianética, Psicoauditación o Psicointegración. Esta última técnica, que equilibra la mente y hace a la persona el amo y no el esclavo de los yoes, puede verse en Psicointegración.
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Hemos escogido este texto extraído de Internet porque es un ejemplo típico de las vaguedades de los “especialistas” cuando abordan el tema del fetichismo sexual y su tratamiento, la mayoría de ellos totalmente disparatados. Enlace a la página (aristasweb.net) Fetichismo ¿opción sexual o enfermedad?
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FETICHISMO SEXUAL Y ABERRACIÓN por Horacio Velmont (según las enseñanzas de L. Ronald Hubbard) Con Dianética se solucionó el problema del diagnóstico, no siendo ya necesaria la catalogación de los trastornos mentales para encarar su tratamiento. ¿Qué significa esto? Supongamos que hipnotizamos a Pedro y le damos la orden poshinótica de que cuando despierte sentirá que la única forma de obtener el orgasmo es con la contemplación de zapatos femeninos, y que esto le sucederá cada vez que los vea. Como es notorio, una persona con una orden poshipnótica así la cumplirá inexorablemente en cuanto aparezca el restimulador, un zapato femenino. Con esta orden poshipnótica le hemos implantado a Pedro un engrama con el contenido verbal de excitarse sexualmente cada vez que vea esa prenda. En la vida real todas las aberraciones –técnicamente se denominan engramas– entran de la misma forma en la mente reactiva, con la única diferencia de que no hay un hipnotizador que las implante. Pero el resultado es el mismo, aunque más grave, porque en el engrama propiamente dicho, por definición, siempre hay dolor de por medio, emocional o físico. Ahora bien, supongamos también que Pedro va al Psiquiatra y le cuenta sus cuitas sobre los zapatos femeninos, que en cuanto los ve comienza a sentir un cosquilleo, lo cual naturalmente le provoca muchos problemas. ¿Qué hace el psiquiatra? ¡Pues pomposamente le diagnostica “fetichismo”, creyendo que de esa forma, dándole nombre al trastorno, podrá brindarle ayuda con el tratamiento “específico” (que por supuesto no existe) justamente para ese trastorno. ¿Pero qué haría después el psiquiatra cuando nosotros le digamos que la conducta de Pedro se debe simplemente a una orden poshipnótica que le hemos implantado sólo para hacer una prueba? ¿Y qué dirá luego cuando le informemos que todas las aberraciones, llámese fetichismo, voyeurismo, vaginismo, disfunción eréctil, etc., etc., entran en la mente reactiva de la persona de la misma forma como entran las órdenes poshipnóticas en un sujeto en experimentación? ¿Y qué pensará cuando le recalquemos que es innecesario el diagnóstico de cualquier trastorno mental porque todos tienen el mismo origen, la mente reactiva y la restimulación de su contenido engrámico, y que la solución es eliminar el engrama que lo origina? Bueno, creemos que por un momento se sentirá consternado, pero de inmediato rechazará esta “teoría” y probablemente nos tildará de locos. De nada valdrá que le digamos que se trata de hechos absolutamente científicos, que las pruebas están apiladas en las organizaciones de Cienciología y que las puede consultar cuando quiera. Simplemente lo negará con todas sus fuerzas, porque aceptarlo sería admitir que estuvo equivocado toda su vida, y estar equivocado es no supervivencia, de modo que para sobrevivir tiene que negarlo. No es fácil darse cuenta de este círculo vicioso, y así el psiquiatra continuará engañándose a sí mismo y también a sus pacientes. Veamos ahora cómo puede entrar en la vida real un engrama que provoque “fetichismo”, es decir, “la excitación erótica y la facilitación y el logro del orgasmo a través de un talismán u objeto fetiche, sustancia o parte del cuerpo en particular”. El quirófano es un excelente escenario para ponerlo como ejemplo porque siempre hay un paciente cuya mente analítica está desconectada, una mente reactiva trabajando a pleno, dolor intenso de por medio que fija más profundamente el engrama, y por supuesto la conversación desaprensiva de cirujanos y enfermeras que no saben que el paciente está grabando todo en sus células como órdenes hipnóticas de alto poder. Que esto es así es fácil de comprobar: basta aprender la técnica Dianética (se necesita a lo sumo una semana) y luego poner al paciente en ligero trance (no hipnótico por supuesto) y llevarlo a recordar el incidente de la operación. No hay que sorprenderse de que lo relate de punta a punta con todo lo que sucedió en el quirófano, con todos los ruidos, con todos los olores y por supuesto con todo lo que se dijo. Veamos, entonces, cuál puede ser el diálogo que provoque “fetichismo”. – Juan, te veo desmejorado, ¿te pasa algo? – No, José, lo que ocurre es que estoy saliendo con varias mujeres a la vez y tanta actividad sexual me está agotando. – ¿Son hermosas, por lo menos? – Más o menos, pero ya sabes que me gustan todas las mujeres. – Lo que ocurre es que eres muy ansioso y en cuanto ves un par de lolas de inmediato quieres tener un orgasmo… Estos diálogos, que dichos en cualquier otro lugar serían completamente anodinos, en un quirófano pueden significar en el paciente un trastorno mental (en este caso de tener un orgasmo inmediatamente de ver un pecho femenino) si por accidente el engrama se restimula. Y ésta es la simple historia del fetichismo y el fracaso de la Psiquiatría en resolverlo. Nota: El siguiente relato figura en “Psicopathia sexualis”, de Richard Von Krafft-Ebing: P., de cuarenta años, soltero, cerrajero de profesión y con temperamento artístico, tuvo un padre que estuvo loco durante un tiempo y una madre muy nerviosa. Creció bien y era inteligente, pero pronto se vio afectado por tics y alucinaciones. Nunca se había masturbado. Amaba platónicamente y solía soñar con planes matrimoniales. A veces, aunque raramente, copulaba con prostitutas; nunca quedó satisfecho con dichas relaciones, más bien le disgustaban. Tres años atrás sufrió un percance económico que lo dejó en la ruina y, además, tuvo una enfermedad febril acompañada de delirios. Ambas cosas tuvieron un efecto desfavorable sobre su sistema nervioso, que ya lo predisponía negativamente de modo hereditario. El 28 de agosto de 1889, P fue detenido en Trocadero (París) cuando le cortaba por la fuerza los cabellos a una joven. Fue detenido con el pelo en la mano y un par de la tijeras en el bolsillo. Trató de disculparse alegando turbación mental momentánea y una pasión irresistible; confesó que había cortado pelo unas diez veces y que lo guardaba con gran placer. Al registrar su casa se encontraron sesenta y cinco postizos y trenzas de pelo, clasificados en cajas. P ya había sido detenido una vez, el 15 de diciembre de 1886, en circunstancias similares, pero fue liberado por falta de evidencias. P. afirmó que desde hacía tres años, cuando estaba a solas en su dormitorio, se sentía enfermo, ansioso, excitado y mareado, y entonces lo asaltaba el impulso de tocar los cabellos femeninos. Si lograba tocar con las manos el pelo de alguna muchacha, se excitaba de forma muy intensa, tenía una erección y eyaculaba, sin buscar ningún otro tipo de contacto físico con ella. De regreso a casa, se sentía avergonzado de lo ocurrido; pero el deseo de poseer pelo, siempre acompañado de un gran placer sexual, se había ido haciendo más intenso. Le parecía extraño que, con anterioridad, incluso durante sus relaciones más íntimas con mujeres, nunca hubiera experimentado tales sentimientos. Una noche no pudo resistir el impulso de cortar el pelo de una joven. Con la cabellera en su mano, ya en casa, el proceso sensual se repitió. Se sintió impulsado a restregarse el cuerpo con el pelo y a envolverse los genitales con él. Por último, bastante exhausto, se sintió tan avergonzado que no salió de su casa en varios días. Tras unos meses de descanso sintió de nuevo el impulso de poseer pelo femenino, sin que le importase de quién. Cuando lo lograba, se sentía imbuido de un poder sobrenatural e incapaz de devolver el botín. Si no lograba el objeto de su deseo se deprimía mucho, regresaba a toda prisa a su casa y allí se extasiaba con su colección de cabelleras. Las peinaba y las mimaba, logrando así intensos orgasmos, satisfaciéndose a sí mismo con la masturbación. Si el pelo estaba expuesto para su venta en una caja de peluquería, no le hacía la menor impresión; necesitaba que estuviera colgando de una cabeza femenina. Cuando llevaba a cabo su acto solía encontrarse en tal estado de frenesí que tenía sólo una apreciación imperceptible de lo que estaba haciendo y luego no recordaba nada. Cuando tocaba el pelo con las tijeras le sobrevenía la erección y, en el instante de cortar, la eyaculación. Desde su percance económico, tres años atrás, sufría pérdidas de memoria, fatiga mental, terrores nocturnos e insomnio. P. lamentó profundamente su conducta. No sólo se le encontró pelo, sino gran número de horquillas, cintas y otros artículos femeninos de peluquería que se había ido procurado. Coleccionaba esas cosas de manera obsesiva, así como periódicos, pedazos de madera y otros objetos inservibles, de los que nunca se desprendía. También tenía un miedo extraño, para él inexplicable, de pasar por cierta calle; si trataba de hacerlo, se ponía enfermo. La opinión médico-legal lo consideró hereditariamente predispuesto y probó el carácter claramente involuntario e impulsivo de estos hechos delictivos; que eran actos inducidos por una idea imperiosa, acompañados de un sentimiento sexual anormal. Fue perdonado y enviado al manicomio.
Bibliografía: El planeta de los simios XIV (una de las mejores demostraciones de los extremos aberrantes a los que puede llegar el hombre cuando se le restimulan sus engramas es el uso de la tortura para arrancar confesiones). El planeta de los simios XIX (las conversaciones en torno a una persona inconsciente deberían considerarse como atentado a la cordura, especialmente si está anestesiada, porque se graban en sus células como órdenes hipnóticas de alto poder). El planeta de los simios XXIX (se devela que el tatuaje, lo mismo que el “piercing”, tiene origen en engramas, y que el aducido motivo de embellecimiento no es más la justificación analítica de la aberración). El planeta de los simios XXX (se devela que el físicoculturismo, lo mismo que el tatuaje o el “piercing”, tiene origen en engramas y que todos los intentos de justificarlo son falsos). El planeta de los simios XXXI (sin duda alguna la mutilación genital femenina constituye una de las más incalificables aberraciones de nuestro planeta, pero lo peor es que se escuda en supuestas tradiciones religiosas, lo que hace más difícil su erradicación). El planeta de los simios XXXII (la Psiquiatría está tan lejos de saber el origen de la automutilación como un microbio de llegar a comprender la teoría de la relatividad). El planeta de los simios XXXIV (el celibato sacerdotal, lejos de deberse a motivos espirituales, de la misma forma que cualquier perversión sexual tiene origen en la mente reactiva). El planeta de los simios XXXV (la dislexia, de la misma forma que el autismo, el daltonismo y otros trastornos mentales, tiene origen en la mente reactiva y la única curación posible es a través de Dianética). El planeta de los simios XXXVI (el machismo, entendido en general como el desprecio de la mujer, además de tener origen en la mente reactiva, parte de una base falsa, porque “hombre” y “mujer” son simplemente roles del espíritu que desaparecen al desencarnar). El planeta de los simios XXXVII (el antisemitismo es solamente un eufemismo para denominar a lo que no es más que un trastorno mental, más precisamente una enfermedad psicogénica originada en engramas). El planeta de los simios XXXVIII (la violencia escolar no desaparecerá mientras padres y maestros desconozcan la existencia de la mente reactiva, los engramas y la tecnología desarrollada por L. Ronald Hubbard para llevar a los niños hacia la cordura). El planeta de los simios XXXIX (tanto los que discriminan como los que luchan en contra de la discriminación están aberrados porque toda su conducta proviene de la mente reactiva). El planeta de los simios XL (los psiquiatras han inundado la Red con explicaciones disparatadas sobre el origen de la homofobia, y ni siquiera se han acercado a su verdadero origen, la mente reactiva, ni menos aún a su solución). El planeta de los simios XLII (sin duda alguna uno de los grandes males de la humanidad es el alcoholismo, pero esta adicción desaparece cuando se elimina el engrama que impulsa a beber). El planeta de los simios XLIII (uno de los miedos más populares es el de viajar en avión o aerofobia, y como todas las fobias su origen es la mente reactiva y la dramatización de engramas del tipo “nunca vueles o morirás”). El planeta de los simios XLIV (la aracnofobia, de la misma forma que la aerofobia, constituye una de las fobias más populares, pero sin perjuicio de que el miedo a las arañas sea inherente al hombre, también puede ser provocada por engramas, en cuyo caso es sumamente aberrativo). El planeta de los simios XLV (las fobias en general, de la misma forma que todas las aberraciones, tienen su origen en la mente reactiva y desaparecen cuando la persona llega al estado de clear, es decir, cuando mediante la terapia dianética se la libera de de engramas). El planeta de los simios XLVI (la Psiquiatría para mantener su vigencia inventa nuevas fobias, como la llamada “fobia social”, pero en definitiva es “el mismo perro con distinto collar”, porque todas proceden de la restimulación de engramas). El planeta de los simios XLVII (de todo el catálogo de las fobias realizadas por la Psiquiatría, la más ridícula e inútil es sin duda alguna la clasificación por tipo de animal: cinofobia, miedo a los perros; elurofobia, miedo a los gatos; ictiofobia, miedo a los peces, etc.). El planeta de los simios XLVIII (la claustrofobia integra una de las infinitas categorías de aberraciones clasificadas erróneamente por la psiquiatría porque siempre va asociada a otras fobias). El planeta de los simios XLIX (los síntomas que la Psiquiatría atribuye al trastorno que denominan “ataque de pánico”, tales como náuseas, palpitaciones, desmayos, etc., no son más que los artilugios que utiliza la mente reactiva, como mecanismo de supervivencia, para salvar al organismo de una situación de peligro, real o imaginaria). El planeta de los simios L (la misoginia es un trastorno mental de la misma entidad que el ataque de pánico, la claustrofobia o la zoofobia, por citar solamente a tres, porque todos ellos provienen de la mente reactiva). El planeta de los simios LI (la cleptomanía tiene origen en la mente reactiva y en engramas que dictan imperativamente esa conducta y la prueba está en que cuando la persona llega a clear la compulsión a robar cosas desaparece definitivamente). El planeta de los simios LII (la terapia de aversión es uno de los más aberrantes “tratamientos” de la Psiquiatría, sólo superado en disparate por la lobotomía y el electroshock). El planeta de los simios LIII (la masturbación es un placer inocente que los lobos rapaces de la Iglesia pretenden erigir en pecado para hacer sentir culpables a sus fieles y así manipularlos mejor). El planeta de los simios LIV (la Psiquiatría, al ignorar la existencia de la mente reactiva y los engramas, brinda explicaciones banales sobre los motivos por los cuales no se debe infligir castigos corporales a los niños). El planeta de los simios LV (la ludopatía o adicción al juego, que tanta perplejidad causa en los psiquiatras, es uno de las tantos trastornos que se curan con Dianética). El planeta de los simios LVI (el sexo no está exento de cierta dosis de sadismo y de masoquismo, y su práctica, salvo casos extremos, claro está, no es censurable cuando las partes libremente lo acuerdan). El planeta de los simios LVII (la ninfomanía o la compulsión que tienen algunas mujeres de tener sexo reiteradamente se debe e engramas que dictan esta conducta y desaparece cuando se los elimina de la mente reactiva). El planeta de los simios LVIII (el síndrome del Casanova o del Don Juan tiene el mismo origen que la ninfomanía y el mismo método de curación, la limpieza de la mente reactiva de su carga engrámica). El planeta de los simios LIX (sin duda alguna, la necrofilia o compulsión a tener sexo con cadáveres es una de las más aberrantes perversiones que puede provocar la mente reactiva). El planeta de los simios LX (el exhibicionismo, que es la compulsión a mostrar los órganos genitales en público, tiene origen en la mente reactiva, y se cura cuando se elimina, a través de la terapia dianética, el o los engramas que lo provocan). El planeta de los simios LXI (la disfunción eréctil, o impotencia sexual masculina, salvo los casos excepcionales de lesión orgánica, se origina en la mente reactiva, y su tratamiento pasa, como todos los trastornos psicogénicos, por la terapia dianética). El planeta de los simios LXII (las explicaciones dadas por la Psiquiatría sobre el vaginismo son erróneas porque si no implantan un engrama son tan nocivas como lo puede ser un vaso de agua pura de manantial).
Asimismo, es muy ilustrativo el tema de la justificación expuesto en “Origen de la estupidez”.
* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación
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